NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

sábado, 29 de octubre de 2011

Dom 30 X 2011. Para que les vean: Primeras cátedras, sagradas vestimentas


Publicado por El Blog de X. Pikaza

31º domingo de tiempo ordinario. Mt 23, 1-12. Lección de (anti)-jerarquía, contra el mal rabinismo eclesial, a favor de la comunión cristiana, según el evangelio de Mateo; contra unos líderes cristianos atrapados ya por el poder de la apariencia (la apariencia del poder) que destruye las comunidades.
Mateo ha escrito esta página famosa para criticar a unos jerarcas eclesiales, deseosos de copar las primeras cátedras de la comunidad, y de convertir su ministerio eclesial en profesión lucrativa, el primer negocio rentable del cristianismo.
No ha inventado el tema de conjunto, ni ha fijado sus matices, pues se apoya en la tradición de las palabras de Jesús, tal como habían sido formuladas por el evangelio de Marcos, pero añade unas sentencias propias, y las pone en boca de Jesús, construyendo así la más intensa diatriba anti-jerárquicas de la historia cristiana

Mateo había “diseñado” su palabra esencial sobre Pedro y sus llaves (16, 17-19) y también la sentencia sobre el “poder fraterno” de las comunidades (cf. 18, 18-20). Pues bien, ahora condena la conducta de aquellos “jerarcas” que convierten su servicio en ocasión de medro (para que les vean), y en carrera de honores (primeros asientos, cátedras primeras), en una Iglesia que tiende a convertirse en pirámide de ascensos y dominaciones.


Este pasaje tiene una gran fuerza simbólica (retórica, hiperbólica), y así deben entenderlo los lectores, partiendo de la iglesia de Mateo (hacia el 80 dC), aplicando su crítica y mensaje, si conviene (¡y quizá conviene mucho!) a la Iglesia actual. Yo he querido leerlo sobriamente, retomando apuntes de clase en la Pontificia de Salamanca, primero en conjunto, y luego destacando sus dos partes principales.

El lector atento sabrá sacar las conclusiones pertinentes, no sólo en lo que puede aplicarse a la Iglesia (cosa que resulta más fácil: ¡ver la mota en el ojo ajeno!), sino (y sobre todo) en lo que toca a su (mi) persona (¡fijándome en la viga de mi ojo!: cf. Mt 7, 4-5)

.
Texto: Mateo 23,1-12. No hacen lo que dicen

a. En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo:
En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos:
haced y cumplid lo que os digan;
pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.

Lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros,
pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente:
alargan las filacterias (vestidos sagrados) y ensanchan las franjas del manto;
les gustan los primeros puestos en los banquetes
y las primeras cátedras (asientos) de honor en las sinagogas;
que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros (rabi).

b. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar Maestro (Rabi),
porque uno solo es vuestro maestro (didaskalos), y todos vosotros sois hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra,
porque uno solo es vuestro Padre (Abba), el del cielo.

No os dejéis llamar directores (Kathêgêtai), porque uno solo es vuestro director, Cristo.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

A. CONTRA EL PODER SAGRADO (Mt 23, 6-7)

Normalmente se piensa que el poder es signo de Dios y que Jesús habría venido a sancionarlo y sacralizarlo. Pues bien, según dice Jesús en el evangelio de Mateo, la iglesia no tiene más signo divino que la fraternidad (todos hermanos) y el servicio gratuito a los expulsados del sistema (hambrientos, extranjeros, enfermos y encarcelados: Mt 25, 31-46).

Por eso, no hay en ella lugar para dirigentes, rabinos o padres patriarcales, pues sólo Dios es Padre verdadero y Cristo su Maestro y Dirigente (cf. 23, 8-10). Lógicamente, Mateo no acepta ningún poder y gloria que vaya en la línea de una jerarquía impositiva. Por eso critica a los escribas y fariseos, diciendo que ellos:

1. Hacen todo para ser vistos por los hombres:
2. ensanchan sus filacterias y alargan los flecos
3. buscan el puesto de honor en los banquetes
y los primeros asientos en las sinagogas,
4. y los saludos respetuosos en las plazas
y ser llamados por los hombres Rabí (Mt 23, 5-7)

Visión general

En un primer momento, parece que esta crítica se eleva contra gentes de fuera, los “hinchados rabinos judíos”, que serían vanidosos, amigos de poder…, en contra de los buenos cristianos humildes. Nada de eso. Conforme a la dinámica del evangelio de Mateo, estos “escribas y fariseos” a los que Jesús critica (pudiendo ser también judíos-judíos), son también y sobre todo unos “jerarcas judeo-cristianos”, “rabinos” o maestros de dentro, de una iglesia que ha iniciado ya su carrera de honores (hacia el 80 dC).

Alguien podrá objetar que esta palabra no se aplica a los “ministros oficiales” que actúan según ley, (que se enaltecen y elevan no por sí mismos, sino por aquello que representan), sino contra los particulares que se elevan sin tener encargo alguno de la comunidad. Pues bien, en contra de eso, este pasaje se dirige a unos ministros cristianos “oficiales”, que quieren elevarse precisamente por aquello que representan.

Jesús se opone así a unos dirigentes oficiales que han empezado a comportarse ya como jerarcas (en línea legal y doctrinal: como un tipo de escribas y fariseos rabínicos, también criticables y criticados por el judaísmo rabínico y talmúdico), creando en la Iglesias unos honores, jerarquías y divisiones que no provienen de Jesús, sino de una mala interpretación de Moisés.

Más aún, leídas desde una perspectiva “judía” (en diálogo con el judaísmo) estas palabras deben tomarse con una gran humildad, con gran reserva. He dicho ya que estos escribas y fariseos pertenecen probablemente a una comunidad judeocristiana a la que el Jesús de Mateo está criticando. Pero, de hecho, muchos lectores cristianos piensan que este Jesús habla de “escribas y fariseos judíos”, por lo que, normalmente, se ha pensado que él critica a los malos judíos, no a los cristianos (que estarían libres de este pecado).

-- Significativamente, el judaísmo (al que Jesús habría criticado aquí) ha terminado siendo menos jerárquico y estamental que el cristianismo. Pensemos sólo en las críticas (mucho mas duras que las de Jesús) que el Talmud del siglo IV-VI ha dirigido contra los siete tipos de malos escribas y fariseos… Por otra parte, los judíos rabínicos, a los que Jesús habría criticado aquí, ellos no tienen obispos, ni papas, ni sacerdotes superiores, no tienen “jerarquía”, sino que son comunidades de hermanos iguales.

-- Han sido precisamente los cristianos los que más han caído (al menos en plano oficial) en aquello que Jesús critica en este pasaje. Para leer un comentario de estas palabras bastaría acercarse a los sermones de un santo tan “dulce” como Antonio de Padua (amigo de peces, látigo de obispos…).

Comentario. Los tres poderes falsos

Este pasaje alude en primer lugar a ciertos escribas y fariseos judíos, a quienes Jesús condena por su ostentación y prestigio (cf. 23, 1-3), expresado en vestidos, rangos y gestos externos, pero a través de ellos habla a la iglesia. Al Jesús de este evangelio no le importan los fariseos (judíos) como tales, sino los cristianos dominados que buscan honor y poder de apariencia.

Ciertamente, Jesús no condena aquí el buen judaísmo de la honradez y devoción profunda, sino un mal cristianismo de gestos externos y formas, que pueden acabar dominando en la iglesia:

--1. El poder de los vestidos (con su magia sacral) ha tardado más en introducirse, pero ha terminado siendo muy importante en algunas iglesias muy sacralizadas: Se visten para que les vean; para que les vean actúan

-- 2. El poder de las comidas y “doctrinas”. Buscan la presidencia en banquetes (primeros puestos) y en las reuniones doctrinales y comunitarias (primeras cátedras en sinagogas e iglesias). Ciertamente, aquí no se critica una labor eclesial de los obispos, pero se critica su forma de buscar la presidencia y de imponerse, en plano doctrinal y disciplinar.

Todo nos permite suponer que el Jesús de Mateo (lo mismo que el de Marcos y Lucas) no habría aceptado la mística de la jerarquía que desarrolla pronto San Ignacio de Antioquia (y gran parte de la Iglesia posterior), mandando que obispo monárquico ocupe el primer asiento (prôtoklisia) en la mesa comunitaria y la primera cátedra (prôtokathedria) en la enseñanza.

-- 3. Una carrera de honores: “Buscan los saludos en las plazas…”, convirtiendo así el ministerio en carrera de honores… Les gusta llenar las plazas con su presencia “sagrada”, imponerse a las gentes por la magia de las apariencias.

En contra de lo que dice Jesús, para establecerse como una sociedad jerárquica, y adaptarse al entorno cultural jerárquico del helenismo y del Imperio Romano, la iglesia posterior ha invertido el evangelio. Posiblemente tenía razones para ello… (así se dice); pero el coste ha sido grande: ella ha dejado de ser iglesia comunión (federación de comunidades), para convertirse en iglesia jerarquía, bien unificada y dirigida bajo el mando de administradores, que despliegan un modelo de autoridad más imperial o romano que cristiano

.
B. QUE NADIE OS LLAME PADRE, PUES TODOS SOIS HERMANOS (Mt 23, 8-10)

Como había destacado ya el evangelio de Marcos (cf. 3, 31-35; 10, 28-30), Jesús ha roto los esquemas de dominación de la sociedad jerárquica de su entorno, creando una fraternidad igualitaria y universal donde son importantes los ancianos en cuanto necesitados o personas, pero no como garantes poderosos de una tradición establecida, que margina o rechaza a los impuros y pobres.

Desde este fondo ha de entenderse la evolución y problemática posterior de la iglesia, reflejada en este pasaje, propio de la tradición anti-jerárquica de Mateo (que empalma perfectamente con el mensaje y carisma de Jesús). Parece que han surgido (están surgiendo ya en la Iglesia) personas que desean sentarse en una cátedra de autoridad doctrinal (sinagogas) y social (banquetes), haciéndose llamar rabinos (maestros, grandes), como acabamos de indicar, convirtiendo de esa forma el mensaje del Reino en objeto de imposición y triunfo propio. Oponiéndose a ese riesgo, Mateo retoma el mensaje central de Jesús y proclama, en su nombre:

a. Pero vosotros no os dejéis llamar rabí;
porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos.

b. Y no llaméis a nadie padre vuestro en la tierra,
porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.

c. Ni dejéis que os llamen dirigentes,
porque uno es vuestro Dirigente, el Cristo (Mt 23, 8-10).

Contra los tres poderes

Éste es un pasaje anti- jerárquico, pero profundamente evangélico, que define, en clave negativa, las relaciones de servicio dentro de una iglesia donde no puede haber rabinos, padres o dirigentes. (De un modo imaginativo, podríamos comparar estos tres poderes malos de una Iglesia en busca de jerarquía con los tres poderes de la sociedad moderna: Legislativo, judicial, ejecutivo…):

a. Rabí, rabinos. El falso poder del rabinato. El judaísmo que empieza después de Jesús se ha configurado como la federación de sinagogas, y se constituye en torno a los rabinos, maestros que recrean la tradición y se elevan como autoridad, siendo así reconocidos (ratificados) por la Misná. Ellos destacan el “saber” legal, en línea de hermenéutica textual y fidelidad a las tradiciones que conforman la identidad del pueblo.

Ese nuevo judaísmo (que ha durado hasta nuestro tiempo) ha sido federación de sinagogas, con maestros que trazan la vida del pueblo, sin obispos o señores sacrales como aquellos que han surgido y triunfado en la comunidad cristiana. Humanamente, los rabinos han sido autoridad ejemplar, en diálogo y respeto, sencillez y estudio, entre las diversas escuelas de la tradición nacional. A pesar de eso, Jesús ha rechazado ese modelo de “rabinato” que ha empezado a imponerse dentro de la Iglesia.

Jesús rechaza el rabinato pues no quiere que la iglesia sea sociedad de sabios, dirigida por expertos escribas y maestros. Un dominio de sabios rompe la fraternidad; un poder de escribas abaja a los iletrados. Todo intento de imponer en la iglesia una casta de escribas, haciendo a los demás puros oyentes, destruye el evangelio.

b. Padres, poder patriarcal. Jesús no quiere que en la iglesia haya padres, pues ellos nos impiden descubrir al Padre del cielo. Diciendo no llaméis a nadie padre, Mateo supone que algunos lo están haciendo ya; se llaman, de manera que con ellos empieza surgir en la iglesia una veneración jerárquica (el padre está junto al rabino y dirigente), donde el poder sagrado aparece como signo de Dios.

Pues bien, el Jesús de Mateo se opone de forma tajante a esa pretensión, recuperando la mejor tradición del evangelio, no para negar a los padres de familia, sino para recrear su figura desde la comunidad, pues el nombre de Padre sólo se puede atribuir a Dios, conforme a los principios del mejor judaísmo: Dios Padre abre un hueco de silencio y misterio como Yahvé en el judaísmo, de manera que nadie puede llamarse ni ser Padre en la comunidad.

Según el evangelio, en la Iglesia deben superarse las mediaciones patriarcales y emerge Dios, unificando en su amor a los hermanos, hermanos y hermanas, varones y mujeres, sin distinción de sexo o jerarquía.

Yahvé era Nombre indecible, absoluta soberanía y trascendencia de Dios, de modo que nadie podía hacerlo suyo o pronunciarlo. Para los seguidores de Jesús, el Nombre de Dios es Padre: por eso, le conocen y pueden nombrarle, pero nunca atribuirse ese nombre como propio, llamándose ellos padres, tomando sobre sí los rasgos de Dios sobre la tierra. Los cristianos han descubierto y venerado de tal forma el misterio del Padre sobre el cielo, descubriéndose hijos (libres), que no pueden ya inclinarse ante ningún “padre” del mundo. Toda jerarquización (sacralización) es anticristiana.

c. Dirigentes. Jesús dice que no haya en la Iglesia “dirigentes” (personas que tienen la capacidad de guiar a los demás, asumiendo así una autoridad particular, por encima de ellos). La palabra y función que aquí se critica (kathêgêtês, dirigente) tiene un sentido cercano al maestro, aunque con un matiz de dirección socia (de dominio comunitario) más que de poder doctrinal. Se trataría de un “poder ejecutivo” más que magisterial.

La prohibición de emplear ese título matiza así una con palabra más griega (helenista) lo que decía la primera prohibición en forma judía: no llaméis a nadie rabino... Pero el matiz es distinto: este kathêgêtês (dirigente) no es simplemente un "grande" (rabí) que sabe, sino alguien que quiere guiar a los demás en los caminos de la vida, pudiendo convertirse en iniciador jerárquico, elevándose sobre los demás (cf. 23, 11-12). Mateo reacciona duramente: Jesús no necesita dirigentes.

Conclusión. Una iglesia de hermanos

Las tres advertencias se entienden en forma quiástica (circular): la primera (sobre el rabino) y la tercera (sobre el kathêgêtês) resultan paralelas; en el centro queda la alusión al padre, que se expande en forma positiva y se aplica al pasaje siguiente del evangelio de Mateo: el grande entre vosotros sea vuestro servidor... (Mt 23, 11).

En contra de una tendencia normal de todas las sociedades, Jesús no ha fundado su grupo en rabinos y sabios, pues quiere que todos los miembros de su iglesia sean iguales (hermanos). Nadie puede elevarse como director o guía, intermediario o broker de los otros, pues todos tienen acceso directo a Dios Padre y al Cristo que es Rabi y Kathêgêtês, en relación contemplativa.

La finalidad del evangelio (de la Iglesia) no es la eficacia de un sistema político, militar o económico (que necesita buenos funcionarios, dentro de un escalafón de poder), sino el despliegue del amor fraterno, en comunión de hermanos. Por eso, aquello que en línea de organización podría resultar positivo para otras instituciones (que necesitan buenos administrativos, jerarcas eficaces, ministros capaces de mandar bien, desde arriba), acaba siendo destructor y negativo para los cristianos.

El objetivo de la iglesia no es que las cosas funcionen bien como institución (con buenos mandos), ni es superar a las demás instituciones en conocimiento o número, sino expandir y celebrar gratuitamente la gracia y el amor de Cristo, buscando el bien de todos (incluso de los otros grupos sociales) tanto o más que el propio. El objetivo de la Iglesia es la fraternidad, ni la creación de una buena empresa.

((Además de los comentarios a Mt, cf J. P. Meier, "Antioch", en Id. Antioch, 45-72; R. E. Brown, Las iglesias que los apóstoles nos dejaron, DDB, Bilbao 1986, 121-142)).