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jueves, 29 de diciembre de 2011

30 XII 2011. Navidad ampliada. Una foto de familia


Publicado por El Blog de X. Pikaza

La iglesia celebra este día la Sagrada Familia, Familia de Jesús, formada por todos los hombres y, en modo especial, por los más necesitados, a quienes él llama sus hermanos (Mt 25, 31-46). En otro lugar dice que sus hermanos/hermanas y madres (sin lugar para padres-patriarcas) son aquellos que “cumplen” la voluntad de Dios (Mc 3, 31-35).

Con esa ocasión quiero retomar el argumento que inicié en días anteriores, a partir de un libro de Moxness, que "ponía a Jesús en su lugar" (18 XII 11). Me gustaría imaginar su foto de familia, con cuatro "hermanos" de origen (Santiago, Josefo, Judas y Simón)y, al menos, dos hermanas (cuyo nombre no ha "querido" recordar Mc 4, 3). La que presento como foto de portada es quizá algo convencional: Están los siete, todos y todas, muy modosos y guapos, sobre todo las hermanas (Jesús debe ser el primero de la izquierda, seguido de Santiago). María y José no salen, pero están representados en todos los belenes del mundo, donde podrá verlos quien lo quiera.

¿Por qué no hay belenes con Jesús algo más grande y todos sus hermanos..., quizá junto a la mula, el burro y las ovejas?
¿Por qué se representa a Jesús con María y José... e incluso con Juan Bautista, pero la piedad ha olvidado a sus hermanos y hermanas, que algo influirían en su vida?
¿Qué nos puede enseñar el hecho de que Jesús nació y creció en el seno de una familia extensa de "hermanos" que pueden entenderse de maneras distintas, pero fueron de verdad sus hermanos...?
¿Por qué no suelen relacionarse los hermanos de origen (carne) de Jesús con sus hermanos mesiánicos)
Para estudiar el sentido carnal (hermanos, hermanastros o primos) sigue siendo básico el libro de J. P. Meier, Jesús, un judío marginal I (VD, Estella 1998), alabado por el mismo Papa Benedicto XVI

Así quiero evocar la familia de origen de Jesús (no la otra y más verdadera, en la que todos somos sus hermanos/as). Quiero verle como niño que crece y se independiza (rompe con un tipo de pasado), entre hermanos y hermanas, en un contexto de amor y de conflicto creativo.

Quiero empezarle imaginando como hijo de padres piadosos (quizá también conflictivos, por lo que sabemos de José), y como hermano en el grupo de siete magníficos hermanos "de la foto", busca la voluntad de Dios, rompiendo incluso con sus mismos padres y distinguiéndose mucho de otros hermanos como Santiago. En ese contexto quiero comentar aquí dos temas complementarios:

a) Una escena de la infancia de Jesús que se deja “perder” en el Templo buscando la voluntad de Dios, enfrentándose para ello con sus padres, separándose de sus hermanos... En ese contexto se plantea el tema de las relaciones de generación y de fraternidad difícil, con lo que implican de recuerdo hermoso, de ruptura y quizá de recreación (en una perspectiva distinta, en lo que será la Iglesia o comunidad más extensa de hermanos de Jesús).

b) Una reflexión sobre Santiago, el hermano más "saliente" de Jesús, su familiar más conocido.. Ese Santiago,tan distinto de Jesús, enfrentado con él y luego creador de una Iglesia en la que algunos piensan que quiso manipular su identidad constituye una figura esencial de la Navidad ampliada. ¿Cómo pudo tener Jesús un hermano así, que pareció incluso “aprovecharse” de Jesús para fundar una Iglesia distinta?

Presento estas reflexiones en el contexto de la gran Misa de Familia, que muchos obispos y fieles de España celebran este día en Madrid, como gesto de afirmación eclesial (en una línea que algunos suponen cercana a la Iglesia de Santiago, pero de un Santiago abierto a los gentiles). Entre la foto de familia los hermanos de Jesús el año 30 y la Misa de Familia de la Castellana de Madrid el 2011 hay un camino, que los lectores del blog podrán imaginar.

1. JESÚS SE DEJA PERDER EN EL TEMPLO

La tradición de Lc 1–2 ha situado a Jesús en un contexto de piedad sagrada israelita. Así aparece no sólo en los relatos de la “purificación y LA presentación” (Lc 2, 21-40), sino, de un modo especial, en la historia edificante del “niño perdido y hallado en el templo” (Lc 2, 42-50; cf. 1 Sam 2-3). En ella se supone que Jesús conocía las tradiciones de Israel y era capaz de dialogar con los sabios, buscando su propio camino:

El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando." Él les dijo: "Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?". Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos (Lc 2, 40-51).

- La escena, de tipo simbólico, destaca la piedad de los padres y la ciencia de Jesús, muchacho sabio, dialogando con los maestros de Jerusalén. Esa historia parece indicar que conocía cosas que no se aprenden por tradición de familia o de escuela, sino por reflexión y decisión interior (cf. Lc 2, 40). Jesús aparece casi como “niño prodigio” o como adolescente sabio que, a los doce años, cuando un judío se vuelve responsable de sí mismo, obligado a cumplir los preceptos de la Ley, dialoga con los sabios del templo de Jerusalén, como un “bar” o “ben” “mitzvah”, un “hijo de los mandamientos”.

- Los niños judíos actuales celebran esa fiesta de mayoría de edad a los doce/trece años. No se sabe cómo y cuándo se celebraba exactamente en tiempos de Jesús, pero es claro que Lucas quiere evocar un tipo de celebración donde Jesús aparece, en su mayoría de edad, como alguien que puede responder y responde de sí mismo, como un “niño sabio” que permanece por unos días en Jerusalén (en la casa de su Padre Dios), para volver, sin embargo, con sus padres a Nazaret, creciendo así en sabiduría de las cosas de Dios. Sobr el trasfondo del tema: N. Krückemeier, Der zwölfjährige Jesus im Tempel (Lk 2.40-52) und die biografische Literatur der hellenistischen Antike, NTS 50 (2004) 307-319.

a. Comparación con F. Josefo.

Una anécdota semejante aparece en la autobiografía de F. Josefo, historiador judío algo más joven, que se describe a sí mismo como un auténtico niño prodigio:

– Yo fui educado con un hermano mío, llamado Matías, hijos los dos del mismo padre y de la misma madre; progresaba mucho en la instrucción, destacaba por mi memoria e inteligencia; y cuando apenas había salido de la infancia, hacia los catorce años, todos me valoraban por mi afición a las letras, pues continuamente acudían los sumos sacerdotes y las autoridades de la ciudad para conocer mi opinión sobre algún punto de nuestras leyes que requiriera mayor precisión (Autobiografía II, 8-9).

Josefo se presenta de manera más pretenciosa que Jesús, pues no sólo dialoga (pregunta y responde), sino que enseña, de manera que a los catorce años actúa como “maestro de los maestros de la ley”. Hay además una diferencia esencial:

- Josefo pertenece a una de las familias sacerdotales ricas de Jerusalén, de manera que no tiene más obligación ni tarea que estudiar.

– Jesús ha nacido en una familia de “campesinos obreros”, de manera que su ocupación directa será el trabajo, no el estudio (cf. Mc 6, 4) .

Josefo pudo seguir su etapa de “formación teórica” hasta los dieciséis años, para completarla con una educación práctica, pero no en el trabajo material, como Jesús, sino realizando una especie de “turismo sapiencial”, a través de las tres “sectas” o filosofías (tendencias vitales) del judaísmo de su tiempo (fariseos, saduceos y esenios), para hacerse finalmente discípulo de Bano, un bautista anacoreta, culminando su formación a los diecinueve años (Aut II, 10-12).

- Josefo era un buscador curioso, hijo de papá, “burgués del pensamiento”. Tenía la vida asegurada, en plano económico y social. Por eso podía dedicarse al lujo de estudiar y experimentar en los diversos caminos de la educación judía, sin implicarse totalmente en nada de aquello que hacía.

- Jesús, en cambio, será un “buscador vital”, alguien que explora en la vida de trabaja y sufrimiento de la gente de su entorno. No ha podido dedicarse a recorrer las “sectas” o filosofía, pues no tiene tiempo ni medios para ellos; no puede estudiar en instituciones caras, ni dedicarse a la administración, ni viajar a Roma como “embajador” de unos sacerdotes, para ser recibido por la gran Popea, mujer del César (de Nerón) (Ibid III, 13-16). Así estudiará y aprenderá en la escuela más realista y exigente: la escuela de la vida y del trabajo, que le pone en contacto con la vida real, como seguiremos viendo.

b. Jesús, dejar la escuela, aprender en la vida

Lo que distinguirá a Jesús no es el estudio y conocimiento teórico de la Escritura, pues en su tiempo había muchos rabinos cultos como Josefo (o como Hilel y Filón) que la conocían de un modo preciso y podían comentarla siguiendo las leyes de la exégesis entonces normativa. Pero, sin ser especialista, hombre de estudio (¡y precisamente por no serlo!), Jesús ha sido y sigue siendo para los cristianos aquel que mejor ha conocido y explicado la Escritura, desde la experiencia de su vida, después de haber estado con los “sabios” del templo, a los doce años.

– Hay un tipo de escuela que enseña a ignorar, como suponen las discusiones posteriores de Jesús con los escribas o letrados, que conocen la “letra” de la Ley, pero no su vida interna. Quien sólo estudia en las escuelas y universidades oficiales de sistemas económicos, estados e iglesias corre el riesgo de “no saber”, esto es, de olvidar las raíces y tareas verdaderas de la vida.

– Hay una vida real que nos obliga a “salir” de cierto tipo de escuelas. Precisamente para llegar hasta el fondo de esa vida, Jesús ha tenido que salir del círculo de letrados y sacerdotes (de la escuela y templo), entrando en el mundo real trabajo de los pobres y expulsados de Galilea. Desde ellos y con ellos (para ellos) ha conocido la Escritura. Por eso, cuando Lucas acaba diciendo que el Jesús adolescente de doce años dejó el templo y fue con sus padres, estando sometido a ellos, está suponiendo, al menos implícitamente, que asumió la vida de trabajo de su familia.

Algunos apócrifos muy leídos en la Iglesia, como el Protoevangelio de Santiago, han destacado la influencia del estudio y la piedad en la educación piadosa de Jesús (a quien tienden a poner siempre con el libro en la mano). En contra de eso, pensamos que Jesús conoce la Escritura (que es el Libro de la Vida), pero no ha descubierto su sentido de manera teórica y detallada, en la línea de los especialistas, sino en la experiencia concreta del trabajo y sufrimiento, con los hombres y mujeres de su tiempo. Eso le permite destacar algunos rasgos menos importantes para otros.

1. La Escritura es voz de exigencia y llamada: no sirve para justificar lo que existe, sino para transformarlo, desde la perspectiva del banquete final donde todos han de ser llamados, conforme a la parábola de la viña que ha de dar fruto para todos.

(3) La Escritura es libro de experiencia. No se entiende con la ayuda de otros libros, sino con la propia la vida. Su secreto o sentido más hondo no se aprende por estudio, sino en el encuentro personal con la realidad.

2. SANTIAGO, EL HERMANO DE JESÚS

La familia de Jesús está formada básicamente por María y José, como se indica en todos los comentarios de esta fiesta; pero como sabe y dice Mc 6, 3, tenía al menos seis hermanos/hermanas, entre los que destaca Jacobo/Santiago . No se puede entender su vida (es decir, su familia) sin evocar la función de esos hermanos, las “disputas” y diferencias que Jesús pudo tener con ellos.

1. El más “sabio” de la familia no era Jesús, sino Santiago

Jesús debió nacer en una familia aldeana de nazoreos piadosos y erudito. Él destacó al principio con trabajador, y por eso se le llama el “tekton”, es decir, el artesano o carpintero, es decir, alguien que “aprendió” el sentido del tejido de la vida desde abajo, desde aquellos a los que no llega el salario mínimo, o viven al borde del paro, como hoy se diría.

Pero tuvo un hermano “más sabio”, como parecen mostrarlo las tradiciones sobre Santiago, primer “obispo” de Jerusalén, posible autor de una carta-tratado escrita en su nombre (Sant), mientras que él (Jesús) parece que no escribió nunca un tratado, sino sólo unas palabras de libertad en la arena, en defensa de una mujer acusada de adulterio (Jn 8). Es posible que Santiago no escribiera esa carta, ni fuera tan culto…, pero la tradición le presenta como versado en la Ley, conocedor de la Escritura, en su sentido más literario.

Eso supondría que en la misma familia de Jesús había algunos que formaban parte de un tipo de élite de estudiosos. También Judas, otro posible hermano de Jesús, aparece en el Nuevo Testamento como autor de una carta de tipo judeo-apocalíptico (Judas); pero la autenticidad de esa carta parece menos probable.

Sea como fuere, la tradición de la iglesia antigua (avalada por Pablo y Hech 15), y por el mismo F. Josefo (Ant 20, 197-203), supone que Santiago no era un “inculto mesiánico”, sino un erudito, un “estudioso de la religión” en el sentido radical de la palabra. Ciertamente, él pudo haberse iniciado en el conocimiento de la Ley tras la muerte de Jesús. Pero es más sencillo suponer que la conocía previamente. Eso nos llevaría a pensar que Jesús nació en una familia donde, al menos, alguno de sus hermanos valoraban el estudio y cumplimiento de la Ley, en el sentido piadoso del término.

Así lo ha destacado R. Bauckham, Jude and the Relatives of Jesus en the Early Church, Clark, Edinburgh 1990; B. Chilton y Craig Evans (ed). James the Just and Christian Origins (Supplements to Novum Testamentum 28), Brill, Leiden 1999; B. Chilton y Jacob Neusner (ed), The Brother of Jesus: James the Just and His Mission, Westminster, Louisville 2001. Mc 15, 40 dice que Santiago era el menor (tou mikrou), quizá para distinguirle del Santiago Zebedeo, que sería el mayor. Pero es posible que ese apelativo sea signo de humildad (los cristianos han de ser «menores»: Lc 9, 48) o, incluso, de cierto descrédito, en la línea de Mc 3, 31-35, mostrando así que ese Santiago, a quien algunos toman como el mayor de los seguidores de Jesús (cf. EvTomás 12), sería precisamente el más pequeño, el menos importante. Se supone que al principio no creía en su hermano Jesús (cf. Mc 3, 31-35; Jn 7, 3-10), pero Pablo afirma expresamente que Jesús se le apareció tras la muerte (1 Cor 15, 7) y le presenta honrosamente como hermano del Kyrios (cf. Gal 1, 19). Lucas le incluye implícitamente entre los fundadores de la iglesia, el día de Pentecostés (cf. Hech 1, 13-14).

2. Santiago, el hermano que quiso “convertir” a Jesús

No conocemos bien las relaciones entre Santiago y Jesús, los dos hermanos, durante el tiempo de su vida. Pero, según lo que dice Mc 3, 20-21.31-35, Santiago parece haber sido el dirigente de aquellos que pensaban que Jesús estaba loco, de forma que quiso agarrarle a la fuerza para llevarle a casa. De manera muy significativa, Jn 7, 5. 10, el evangelio más piadoso, dice que los hermanos de Jesús no creían en él, de manera que no iban juntos ni siquiera a celebrar fiestas religiosas de Jerusalén.

Este enfrentamiento de hermanos no tiene nada de anormal, sino que forma parte de la misma historia humana (sin necesidad de llegar a los extremos de Gen 4: Caín y Abel). Todo nos permite suponer que Jesús y Santiago estuvieron enfrentados por la forma de entender la “la ley”… y la libertad, los derechos de Israel y los derechos de los pobres.

Sea como fuere, Santiago no subió a Jerusalén con Jesús para proclamar el Reino de Dios, para celebrar la gran fiesta de la reconciliación universal… por la que mataron a Jesús. No estuvo a su lado cuando le mataron, no le defendió ante Caifás y Pilato.

Sólo después, pasado un tiempo, Santiago se “convirtió” a Jesús, es decir, aceptó su movimiento (como afirma Hch 1, 13-14). Se hizo cristiano, pero un cristiano muy especial, separado y distinto de la línea de Pedro y de los Doce, y mucho más de la línea de Pablo y de los “helenistas”. Se hizo cristiano, pero a su modo… de tal forma que no sabemos si se convirtió de verdad a Jesús crucificado… o si quiso “convertir” a Jesús, presentándole como buen israelita, de buena familia.

Sea como fuere, tras la persecución de los primeros cristianos helenistas, que tuvieron que dejar Jerusalén (cf. Hech 8, 1) y tras la huída de Pedro (y posiblemente de los Doce: cf. Hech 12, 17), Santiago quedó en la ciudad como figura dominante, al frente de una iglesia con una interpretación mesiánico/judía de la Ley.

Los “cristianos de Santiago” (cf. Gal 2, 12) mantenían comunión con otros grupos cristianos, como sabe Hech 15 y Gal 1-2, pero su teología y estructura se parecía mucho a la otros grupos proféticos y apocalípticos judíos que anunciaban la llegada de Dios en Jerusalén (aunque los de Santiago añadían que Dios vendrá y se manifestará por Jesús, Mesías crucificado). Santiago se mantuvo con su grupo en Jerusalén, en los años centrales del cristianismo naciente (del 40 al 60 d. C.). Todo nos permite suponer que era buen conocedor de la Ley, antes de convertirse a Jesús. Era, sin duda, hombre de letras.

3. Santiago ¿el primer hereje cristiano?

Este Santiago parece haber sido “más teólogo” que su hermano, más de ley y libro. Lo cierto es que aceptó a Jesús como Mesías y fundó la primera comunidad escatológica cristiana, al estilo judío, una qahal o asamblea mesiánica, como muestran los testimonios conservados al fondo de Mateo, en Juan y del Apocalipsis y, sobre todo, en la carta que se escribió a su nombre (cf. Sant 1, 1).

Sea como fuere, Santiago y los “hermanos” de Jesús formaron la primera iglesia estrictamente dicha, la congregación de «los pobres» (cf. Gal 2, 10; Rom 15, 26), con un obispo-inspector (Santiago) y un grupo de presbíteros a su cabeza, conforme al estilo de otras comunidades judías (como la de Qumrán).

Esta iglesia tuvo una aguda conciencia, sagrada y mesiánica, organizativa y legal, en una línea que Mc 3, 31-35 ha criticada (pensando que ella quería entrometerse en la vida de otras iglesias). El auténtico «papa» o intérprete del evangelio no fue aquí Pedro (como dirá Mateo 16, 18-20, rechazando quizá las pretensiones de los judeo-cristianos), sino el mismo Santiago, como supone la tradición de Hech 15 e incluso Ev. Tomás 12.

Esta iglesia de Santiago fue el primer experimento cristiano a gran escala (tras la dispersión de los Doce). Pero también ella acabó fracasando o quedó marginada, quizá por conflictos internos (reflejados en los textos actuales Mt y Jn) y por la oposición de otro tipo de judaísmo dominante, pues Anás/Anano el Joven, Hijo de Anás (el que hizo matar a Jesús, siendo suegro dominante de Caifás, el año 30 dC), siendo Sumo Sacerdote el año 62/63 dC, le hizo matar, porque le molestaba su libertad frente al templo (cf. F. Josefo, Ant XX, 197).

A diferencia de los cristianos de Pablo e incluso de Pedro, estos “cristianos de Santiago” aceptaron a Jesús Mesías, pero conservaron una teología anterior y (en parte) ajena a Jesús. Santiago podía saber más que Jesús (conocía mejor la Ley, en plano escolar), pero que Jesús la transformó de un modo más radical. En el comienzo del cristianismo está por tanto la historia de dos hermanos que tenían visiones un poco distintas de la Ley… y que pudieron colaborar, siendo, sin embargo, diferentes.

Éste Santiago forma parte importante de la historia de la familia de Jesús.

– Cf. R. Bauckham, Jude, 2 Peter, Word P. Dallas 1990; Jude and the Relatives of Jesus en the Early Church, Clark, Edinburgh 1990; James and the Jerusalem Church, en [Id. (ed.)], The Book of Acts IV. Palestinian Setting, Eerdmanns, Grand Rapids MI 1995, 415-480; P.-A. Bernheim, James, the Brother of Jesus, SCM, London 1995; L. T. Johnson, Brother of Jesus, friend of God. Studies in the Letter of James, Eerdmans, Grand Rapids 2004; J. L. León Azcárate, Santiago, el hermano del Señor, Verbo Divino, Estella, 1998; É. Nodet y J. Taylor, Essai sur les origines du Christianisme, Cerf, Paris 1998; F. Vouga, Los primeros pasos del cristianismo. Escritos, protagonistas, debates, Verbo Divino, Estella 2001. He desarrollado el tema en Historia y futuro de los papas, Trotta, Madrid 2006.