NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

sábado, 10 de diciembre de 2011

III Domingo de Adviento (Jn 1,6-8.19-28) - Ciclo B: ENCENDER LA ESPERANZA



Estamos en Adviento. Así llamamos a las cuatro semanas anteriores a la fiesta de Navidad y que sirven de preparación a la misma. Preparación que ha de ser fundamentalmente interior, pero que se nota en la calle. Entre las manifestaciones más visibles están el número de bombillas que adornan distintos lugares de las ciudades y de los pueblos. Luces multicolores que anuncian un ambiente alegre y festivo. El que haya tantas lucecitas como habitantes en la ciudad puede convertirse en símbolo. Como si cada ciudadano debiera encender una luz en su interior. Luz que aleje la obscuridad y derrame claridad sobre nuestra vida. Para encender esta bombilla es preciso contar con un interruptor. Interruptor que puede ser el hacer las paces con alguien con quien estoy enfrentado, el visitar a un enfermo, el apoyar a un inmigrante o a una persona con problemas, el entregar un donativo para una causa solidaria, etc. Acciones de esta naturaleza sirven para prepararnos a la Navidad, para darle al interruptor y que se encienda la luz.

Estamos en el Adviento, en el 3º domingo. Por eso, al comienzo de la misa hemos encendido la tercera vela de las cuatro colocadas junto al altar. La liturgia se sirve de esta imagen para animarnos a la preparación. Sobre estas cuatro velas se cuenta una simpática historia. Sucedió que, mientras estaban ardiendo, mantuvieron el siguiente diálogo: dijo la primera, “yo soy la paz”. Pero la sociedad no consigue mantenerme encendida. No se esfuerza por protegerme”. Y disminuyendo su llama, se apagó lentamente. A continuación habló la segunda: “Me llamo fe. Lamentablemente no intereso a los hombres. Ellos no se preocupan de Dios, ni del mundo espiritual. Por eso no tiene sentido que me siga quemando”. Terminadas estas palabras, vino una ráfaga de viento y la vela se apagó. La tercera se expresó en voz baja: Yo soy el Amor. No me quedan fuerzas para seguir ardiendo. La gente me margina, tan solo se ocupa de si misma. Incluso se olvidan de quienes viven a su alrededor”. Dicho esto, se apagó. En ese momento entró una muchacha, vio las tres velas apagadas y gritó:”ustedes deben estar encendidas y ardiendo hasta el final”. Entonces, la cuarta vela, dirigiéndose a la joven, dijo: “¡No tengas miedo!. Mientras yo esté ardiendo, con mi llama podremos encender las otras velas”. Acto seguido, la muchacha, cogiendo la cuarta vela, de nombre Esperanza, encendió las otras tres, que estaban apagadas. De un modo simbólico se nos invita a que en nuestro interior ardan la paz, la fe, el amor y la esperanza. No podemos dejarlas apagar y menos en vísperas de la Navidad.

Estamos en Adviento y las lecturas que hemos escuchado insisten en la preparación a la venida de Jesús, para que nazca en nosotros, en nuestro mundo, en nuestra sociedad. Sobre todo el evangelio, que nos presenta a Juan el Bautista, quien se preparó y preparó a la gente para que recibiese el Mesías, al Salvador, a Jesús. ¿Quién es este Jesús? Ya Isaías, siglos antes, nos dibuja una fotografía magistral: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor”. Como se ve, un programa y una tarea estimulante, que por un lado nosotros tenemos que imitar y por otro disfrutar.

San Pablo en la segunda lectura desgrana una serie de consejos oportunos a sus cristianos de Tesalónica. Probablemente a nosotros nos daría los mismos: “Estad siempre alegres”, “sed constantes en la oración”, “dad continuamente gracias al Señor”, “no apaguéis el espíritu”, “examinadlo todo y quedaos con lo bueno”.

Juan el Bautista no era un charlatán, ni siquiera un predicador. Era un testigo de Jesús, es decir, alguien que le conoce directamente, que no habla de él hablar por hablar, sino de alguien o algo sobre lo que tiene conocimiento y experiencia. Con razón se afirma que el cristianismo no necesita tanto de maestros, de gente que sabe, sino de testigos, de gente que vive.

Recordemos que con la llama de la esperanza podemos encender las demás velas. Recordemos que para encender la luz de nuestro interior necesitamos dar al interruptor. Descubramos a Cristo, quien, a pesar de estar en medio de nosotros, tal vez no le conozcamos suficientemente.