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sábado, 25 de febrero de 2012

El tiempo oportuno: I Domingo de Cuaresma (Mc 1,12-15) - Ciclo B



Las imágenes y los testimonios de los que padecieron la Tragedia de Once necesitan ser contempladas en oración y no solo mostradas, una y mil veces, en la pared de la pantalla, que es tan dura como la pared con la que chocó el tren. Uno ve por televisión las escenas repetidas y vuelve a chocar contra el sinsentido. Y el dolor y la indignación rebotan. Al escuchar esta mañana la carta que nos escribió la familia de Lucas sentí que este es el comunicado que tenemos que escuchar hoy. Esto es lo que nos dice la familia:
“Se nos fue Lucas, nuestro hijo, hermano, sobrino, nieto, padre, amigo. Se nos fue. No alcanzó toda la fuerza que tuvimos, apoyados desde muchos lugares, para buscarlo y encontrarlo. Y vamos a despedirlo con una tristeza infinita, pero bañada por la luz que nos deja. Pasamos los días más difíciles de nuestra vida, y nos espera la soledad de no encontrar nunca más su sonrisa, esa que salía fácil, cercana, adorable.
Por eso, queremos pedirles, con toda sinceridad y de corazón que nos ayuden a hacerlo solos, entre quienes lo queríamos.
Dennos la tranquilidad de no tener que escondernos, de no tener que evitar las cámaras, de no tener que correr para subirnos a autos. Ninguna imagen vale violentar un momento tan sagrado. Entiéndannos.
En los próximos días, probablemente el lunes, leeremos un comunicado en un lugar a confirmar para cerrar este capítulo, pero para abrir otros. Pero por hoy, sábado, les rogamos que contribuyan a la paz en la que queremos celebrar una vida tan corta como feliz. Lu, Luquitas, el Chimu, el Menghi, nuestro amadisimo atorrante se lo merece.
Paolo Menghini, María Luján Rey, Lara Menghini Rey y Paz Menghini Dorola”.

Lo que me tocó de la carta es cómo los que más aman y sufren son los que tienen el sentido del tiempo oportuno. Es el tiempo del que habla Jesús. Ese es el “momento tan sagrado” del que hablan los papás y las hermanas de Lucas y al que nos invitan a “acompañar dejándolos solos”. Uno dice cómo respetarlos dejándolos solos si lo suyo es tan público, tan de todos. ¿Se puede acompañar de otra manera que poniendo micrófonos y cámaras de televisión? Si. Se puede acompañar rezando. Ellos nos piden que los entendamos –“entiéndannos”. No nos piden que pensemos en otra cosa. Nos escriben para que pensemos en ellos y los entendamos, nos piden que “contribuyamos a la paz con la que quieren celebrar una vida tan corta como feliz”. Por eso esta contemplación. Para estar un rato acompañándolos de lejos y desde muy cerca. Con nuestras lágrimas y nuestro respeto por la grandeza con que lucharon denodadamente mientras pensaban que su hijo estaba vivo -No alcanzó toda la fuerza que tuvimos, apoyados desde muchos lugares, para buscarlo y encontrarlo-, y ahora que se les fue – Se nos fue Lucas, nuestro hijo, hermano, sobrino, nieto, padre, amigo. Se nos fue-, quieren despedirlo como “Lu, Luquitas, el Chimu, el Menghi, nuestro amadisimo atorrante se lo merece”.
Después, nos dicen, de “cerrar este capítulo” abrirán “otros. Pero por hoy, Sábado”, nos ruegan que “contribuyamos a su paz”. Y tienen la grandeza de hablar de “celebrar una vida” que califican con dos palabras “tan corta como feliz”.
De corazón les tenemos que agradecer tanto estas palabras. Que las digan ellos. No las puede decir nadie más. Si las dijera otros serían una bofetada. Pero como las dicen ellos son un evangelio. No se podían decir ayer, porque todo era búsqueda desesperada. No se podrán decir “probablemente el lunes”, cuando den el otro comunicado. O quizás sí. Ellos las dirán cuando quieran. Y será, como este Sábado, el momento justo para la palabra justa.
La familia Menghini Rey no desea aislarse. Se sintieron apoyados desde muchos lugares, quieren que les “ayudemos” a hacer la despedida solos. Solos de cámaras violentas, no solos de sentimientos. Nos ruegan que los “entendamos” y que “contribuyamos” a su paz. Todo esto es como decir que “recemos” con ellos. Eso es rezar: apartarse de la acción para meterse con el corazón en lo que pasa, deseando el bien, intercediendo, celebrando agradecidos la vida, llorando con infinita tristeza la muerte.
“Ayudar al otro dejándolo solo” sólo es posible si uno reza.
“Entender al otro” en lo que nos pide con sinceridad y de corazón, sólo es posible si uno se toma un tiempo para rezar.
“Contribuir a la paz del otro”, sin meterse, sólo es posible en la oración.
Poder “celebrar una vida tan corta como feliz” sólo nace de la oración. Del que no reza salen otros sentimientos.
Escribir una carta pública que nos involucre a todos poniéndonos a la distancia justa y marcándonos los tiempos oportunos, es algo que nace de corazones que rezan. Quizás sin saber lo que pedían, pero sintiéndolo con las entrañas, donde gime el Espíritu que nos dejó Jesús.
Los Menghini Rey, que ahora están rezando, nos piden que hoy, sábado, recemos con ellos.
Con esta oración:
“Se nos fue Lucas, nuestro hijo,
hermano, sobrino, nieto,
padre, amigo.
Se nos fue.
No alcanzó
toda la fuerza
que tuvimos,
apoyados desde muchos lugares,
para buscarlo
y encontrarlo. Y vamos a despedirlo
con una tristeza infinita,
pero bañada por la luz
que nos deja.

Pasamos los días más difíciles
de nuestra vida,
y nos espera la soledad
de no encontrar nunca más
su sonrisa, esa que salía fácil,
cercana, adorable.

Por eso, queremos pedirles,
con toda sinceridad y de corazón que nos ayuden
a hacerlo solos,
entre quienes lo queríamos.
Dennos la tranquilidad de no tener que escondernos,
de no tener que evitar las cámaras,
de no tener que correr para subirnos a autos.
Ninguna imagen vale violentar
un momento tan sagrado.
Entiéndannos.

En los próximos días,
probablemente el lunes,
leeremos un comunicado en un lugar a confirmar
para cerrar este capítulo, pero para abrir otros.

Pero por hoy, sábado, les rogamos
que contribuyan a la paz
en la que queremos
celebrar una vida tan corta como feliz.
Lu, Luquitas, el Chimu, el Menghi,
nuestro amadísimo atorrante se lo merece.