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sábado, 18 de febrero de 2012

Liturgia y Contemplación: SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Publicado por Cipecar

Lecturas: Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25; Salmo 40, 2-3. 4-5. 13-14;
2ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 18-22

Evangelio: Marcos 2,1-12:

“Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:
– «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
– «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»
Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:
– «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle levántate, coge la camilla y echa a andar"?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados... »
Entonces le dijo al paralítico:
– «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»
Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:
– «Nunca hemos visto una cosa igual”.
vv. 1-2: Entró de nuevo en Cafarnaún; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra.


La narración se desarrolla en Cafarnaún adonde vuelve de nuevo.
Al poco tiempo es un tiempo indefinido muy común en los evangelios que no tienen muy en cuenta la cronología.
En casa, sin duda, en la de Pedro como nos lo dicen los restos arqueológicos de Cafarnaún; se presentan unas excavaciones modélicas que dicen arqueológicamente: Aquí se hospedaba Jesús. La habitación más importante se convirtió en iglesia, lugar de reunión desde el s. I-II.
… tantos… ni siquiera ante la puerta había sitio. La novedad y el posible beneficio gratis tuvo que causar una gran conmoción.
La Palabra que les anuncia equivale en el lenguaje evangélico al Evangelio o Buena Nueva. Basta recordar la parábola del Sembrador.
vv. 3-4: Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.

Traen un paralítico entre cuatro.
Cuatro amigos traen a un paralítico en una camilla. Ni cortos ni perezosos se suben al tejado, hecho con ramas de palmera, abren un boquete y descuelgan la camilla con el paralítico.
Es un caso simpático de la adaptación catequética del detalle del tejado al que subieron al paralítico.

Marcos, como vemos, simplemente dice que practicaron una abertura y descolgaron la camilla.

Lucas nos dice que subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús (Lc 5,19)

Tejas: Lucas es urbano y pone tejas, cuando en Cafarnaún el techo era de ramaje, pero para los efectos es igual.

En las excavaciones han aparecido las escaleras de piedra adheridas al edificio, aptas para subirse al terrado. Por una de esas subirían los portadores al paralítico para dejarlo delante de Jesús.

v. 5: Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados.”

Es fácil hacer una composición de lugar, quedándose junto a Jesús que estaría admirado, de la fe de los portadores. El pasó a la acción diciendo al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados.
Hoy en día no nos llama la atención semejante frase por lo mucho que la hemos oído. En el pueblo judío en su tiempo sonaba claramente a blasfemia pura y dura.
En primer lugar, llama la atención que Jesús se fije en la fe de los portadores; da la sensación que el pobre paralítico no era capaz de tener fe.

En segundo lugar, es la única sanación que Jesús ejerce que comienza por el perdón de los pecados; aquí parece insinuarse que para sanarlo, primero Jesús tiene que librarlo de los pecados

En tercer lugar, Jesús declara los pecados perdonados. ¿Por quién? Hasta aquí ha sido discreto y en esta frase se entiende que Dios es el agente del perdón de los pecados.

En Lc 5,17 se nos aclara la circunstancia en la que se dio el encuentro teológico siguiente. Lucas nos dice que un día que estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén.
Uno se pregunta qué hacían estos contrarios ideológicos venidos incluso de Judea y de Jerusalén. ¿Vinieron quizás a inspeccionar cómo enseñaba y qué hacía ese auto-proclamado rabino de Nazaret?
vv. 6-10: Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?» Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: “¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla y anda?"

Los escribas- teólogos que estaban sentados cavilaban con su teología en sus cabezas: Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios? Si ellos son teólogos, Jesús es perspicaz y se dio cuenta de lo que pensaban en su interior.
Es una acusación muy seria está pensada y lanzada por los teólogos contemporáneos. Una tal blasfemia era merecedora de pena de muerte.
Se establece un debate en el que Jesús queda vencedor. Los vencidos se lo guardaron para acusarlo en el juicio a Jesús como uno de los casos tipificados como blasfemia.
Es de las escenas más tensas que aparecen en los evangelios.
La viveza de la narración casi está exigiendo un testigo ocular de la discusión; bien pudo ser Pedro la fuente de esta información.
¿Qué es más fácil? Cualquier sacerdote de hoy puede contestar que es mucho más fácil absolver de los pecados a un pecador que levantar de la camilla a un paralítico.
Para que sepáis: Quiere hacerlo público y claro su punto de vista. ÉL tiene poder para perdonar los pecados. Aquí aparece el milagro o la señal como prueba de su condición de enviado por el Padre.
En eso nos asemejamos a los escribas de su tiempo; en cambio, para Jesús, el Enviado del Poderoso Abba es lo mismo lo uno que no otro, porque el poder del Señor le hacía obrar curaciones, como dice Lucas.
vv. 10-11: Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."

La potestad de Jesús para perdonar los pecados se demostró con la poderosa señal que hizo. Se dirigió al paralítico diciendo: “A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.
v. 12: Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»

Marcos con una sobriedad excelente nos narra los efectos de esta sanación fulminante:
Quedaron todos admirados

Glorificaban a Dios

Jamás vimos cosa parecida.

Señor Jesús, damos esa confianza en ti. Si nos falta fe para llegar a la cuota necesaria, fíjate en la fe de tu Iglesia y conforme a tu Palabra danos… lo que necesitamos para levantarnos de las camillas que nos tienen fijados en el suelo, que podamos liberarnos y coger esa camilla esclavizante.

Señor Jesús, en esta escena anticipas lo que vas a ser para nosotros; serás el propiciatorio donde nuestros pecados queden perdonados. Gracias por tu valentía en la proclamación del Mensaje acercándote a la esfera de la blasfemia. Concédenos recibir de ti el perdón y la capacidad para glorificar al Padre por ello.

Señor Jesús, gracias porque perdonas nuestros pecados, nos sanas de nuestras enfermedades y dolencias. Provocas en nosotros la acción de gracias cuando te sentimos que actúas en nuestras vidas. Llénanos de tu Espíritu Santo para que no cesemos de glorificar al Padre en tu Nombre.