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lunes, 30 de julio de 2012

En las horas difíciles



¿Quién no pasa por temporadas malas? ¿Quién vive en un mundo de porcelana? ¿Quién camina sin horas oscuras? A todos nos llegan momentos en los que los problemas se agolpan. Unas veces es en forma de conflictos que nos llenan de preocupación. Otras veces nos golpean fracasos inesperados. Hay ocasiones en que nos falla la gente, hasta sin quererlo, sin poder evitarlo, tal vez sin saberlo... Y entonces nos invade la inquietud, nos martillean las sienes con la preocupación, las preguntas, las dudas y el sin sentido... Aprender a ser fuertes en esos momentos no es hacernos impermeables o impasibles. No es revestirnos de una capa de dureza que nos haga inmunes a las tormentas. No es compensar los problemas con otras satisfacciones, ni negar que existen, pues muchas veces son dolorosamente reales. Ser fuertes es ser capaces de caminar, aun heridos; de creer, aun agitados; de amar, aun vacíos.


En las horas difíciles - La fuerza se realiza en la debilidad

«Llevamos este tesoro en vasijas de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros. Apretados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes la muerte de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo...» (2 Cor 4, 7-10)No es más fuerte quien no llora, o quien no tiembla, o quien no vacila. No es más fuerte quien más grita o quien menos duda. No es más fuerte quien golpea con más contundencia. Es fuerte quien está dispuesto a arriesgarse, aunque en el camino el corazón se le atraviese una y mil veces. Quien se atreve a hablar en tiempos de silencio. A ser tenido por idiota por aventurarse a amar sin medida. Porque quien así vive y actúa no tendrá mucho descanso, pero sí una vida intensa, y apasionante, y apurará la humanidad en sí mismo y en los otros.

-->Le pido a Dios que me enseñe a arriesgarme.
-->Que no me deje refugiarme en terrenos seguros, en espacios cómodos y fáciles. Que me ayude a sonreír cuando la vida me pueda, a cantar aun cuando el corazón solloza, que en mi debilidad me haga fuerte.


El camino del amor

Cuando te llama el amor, síguele,
aunque sus caminos sean ásperos y empinados.
Y cuando sus alas te envuelvan, entrégate,
aunque te pueda herir la espada oculta entre sus plumas.
Y, cuando te hable, créele,
aunque su voz perturbe tus sueños
como arrasan el jardín las ráfagas del viento norte.
Pues, a la vez, el amor te corona y te crucifica.
A la vez, él te hace crecer y te poda.
Y mientras te eleva a las alturas y acaricia
tus más tiernas ramas que tiemblan al sol,
baja, también, a tus raíces y las sacude
para que no se agarren a la tierra.
Te desgrana para sí como a granos de maíz,
te trilla hasta dejarte desnudo,
te aventa para limpiarte del salvado,
te muele hasta la blancura,
te amasa hasta dejarte dúctil.
Y luego te manda su fuego sagrado,
para que te conviertas en pan sagrado
para el sagrado festín de Dios.

Kahlil Gibran



En las horas difíciles - Caminar en medio de la tormenta

«Este día, al atardecer, les dice: pasemos a la otra orilla. Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se inundaba. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Él, habiéndose despertado, increpó al viento y le dijo al mar: ¡Calla, enmudece! El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ¿Por qué tenéis tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?» (Mc 4, 35-41)

¿Alguna vez has caminado en medio de la tormenta? Cuando el viento se hace incómodo. Cuando la lluvia te cala hasta los huesos y el alma. Cuando cada paso supone un esfuerzo. Cuando muy lejos, en el horizonte, en el tiempo, suspiras por el calor del lugar seguro... Sólo si has pasado por el vendaval puedes apreciar en todos sus matices la calma. Sólo si te has visto superar las condiciones adversas eres consciente de todo lo que puedes llegar a hacer. Sólo entonces estás preparado para comprometerte con tantas causas que te van a arrojar en medio de torbellinos. Pero no idealices las tormentas: el corazón estará frío, los pies cansados, el espíritu abatido, el sentido escondido. Aun así, sigue adelante. Con la guía de quien es calma en la tormenta, luz en la oscuridad, paz en la guerra. Sigue adelante.
Releo la escena despacio, intentando imaginarla.


-->Me veo como los discípulos, en las horas de zozobra.
-->Le pido a Dios fuerza para caminar siempre.
-->Le pido a Dios valor para afrontar los retos
-->Le pido a Dios fe cuando todo es oscuro.

Adora y confía

No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que,
pese a todo,
acepta los designios de su providencia.
Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado,
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás lo veas.
Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz que brote,
y conserva siempre sobre tu rostro,
una dulce sonrisa,
reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca,
antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda:
cuanto te deprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en el nombre
de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso,
cuando te sientas apesadumbrado, triste,
adora y confía.

Teilhard de Chardin