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domingo, 14 de abril de 2013

Domingo III de Pascua: Elegir la ruta

Publicado por Entra y Verás

El capitán de un crucero decidió cambiar el sistema de navegación de su barco, pues quería encontrar con mayor rapidez y precisión las rutas que le llevasen a los mejores paisajes, de forma que todos sus clientes calificaran de inolvidable la travesía. Sin embargo no podía evitar la presencia de tormentas, brumas o marejadas a lo largo del trayecto. Pensó en volver a instalar un nuevo sistema pero se daba cuenta de que cuanto más directa era la ruta mayores eran las dificultades. Sin embargo, estaba convencido de que sus clientes al final quedaban satisfechos.



En el evangelio de este domingo se puede ver cómo es la vida sin y con Jesús. Una vez pasado el trance de la muerte de Jesús, los discípulos, en los que podemos vernos representados todos nosotros, vuelven a sus tareas, la pesca, pero después de una noche entera pescando la red está vacía. Jesús llega al amanecer y les dice que vuelvan a echar la red, esta vez de forma correcta, es decir que pongan la ruta de la confianza, y la red se llena. Es entonces cuando lo reconocen, pues su sola presencia hace que se multiplique el fruto. Cansados, agotados después del trabajo, encuentran la comida preparada y a Jesús una vez más sirviéndolos: Vamos almorzad. Era Jesús, su Maestro, el Hijo de Dios. Lo lógico es que ellos se hubieran puesto a servirlo pero no. La vida de Jesús es servicio, servicio de amor, por amor, con amor y desde el amor. Jesús celebra con sus amigos por una parte el esfuerzo, en el trabajo en la misión y por otra en el gozo de la comida compartida. Él es el que da y se da a sí mismo. Su presencia hace que cambien para siempre la ruta de la monotonía por la de la novedad. Como nos narra el libro de los Hechos, los apóstoles también pusieron su sistema de navegación por el camino más corto y eso les produjo rechazo y llevarse más de un azote, pero ellos, sin embargo, estaban contentos y felices de dar testimonio de la resurrección, de la vida nueva.

En la segunda parte del evangelio nos encontramos con el interrogatorio de Jesús a Pedro. Ambos habían vivido mucho tiempo juntos pero a Pedro le costó darse cuenta de que el destino de Jesús era darse a los demás, sirviendo, hasta entregar su vida. Según esto, Pedro no era un seguidor de Jesús si no estaba dispuesto a apacentar su rebaño, y a ir hasta donde no quiera, es decir, hasta entregar lo más preciado que todo tenemos, la propia vida. Ese es el perfil del seguidor y eso es lo que contiene la triple respuesta afirmativa de Pedro a las preguntas de Jesús.

Una misión como la que Jesús encomienda, no puede llevarse adelante sin un amor apasionado, sin una experiencia fuerte de Dios. Aquí no se trata de heroicidades, ni de saberse de cabo a rabo hasta la última coma de todas las normas de la Iglesia. Esto va mucho más allá de las rosquillas y los pantalones vaqueros de la parroquia de Entrevías. Aquí se trata de una cuestión de amor, de amor del de verdad no del de boquilla. Afirmar con honradez que se ama a Dios, que se quiere ser su seguidor, implica una experiencia viva de amistad con Él, que nos capacite para superar todas las dificultades y anunciarlo con nuestra vida. Solamente desde esta experiencia, cada uno en su grado, claro está, es posible el auténtico amor al hombre: incondicional, libre y entrañable. El resto será un bla, bla, bla tan pío como insoportable.

Poner la ruta del amor en nuestro sistema de navegación será directo, pero traerá dificultades, como al capitán de nuestro crucero. Pero navegar por las aguas tranquilas de un seguimiento que no va más allá de poner una casilla en la hoja de cumplimientos, no nos estropeará el peinado, ni nos revolverá el estómago pero tampoco nos librará del sonrojo interior cuando nos demos cuenta de que, como Pedro, antes de la muerte de Jesús, no somos sus seguidores, sino sus acompañantes, los pasajeros de un crucero con olor a incienso pero falto de compromiso. Aún estamos a tiempo.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)