LAS RENUNCIAS DE LAS ELECCIONES
1.- Muy queridos amigos:El ser persona en el ser humano es una de sus máximas fuerzas. Pero, al mismo tiempo, cuando ésta fuerza no la vivimos en toda su expresión y cualidades, esto se puede convertir en nuestro máximo adversario, o por lo menos, en nuestro más duro acusador.
Por persona entendemos el sujeto último de todo ser y obrar. Se trata de un sujeto distinto a todo otro, se trata del principio de individuación aplicada a la especie humana. Podríamos agregarle a lo anterior, que la persona humana ha recibido de Dios el don y la posibilidad del ejercicio de las facultades, así llamadas espirituales: inteligencia, voluntad y libertad.
Ser persona es también un elemento dinámico, que se ubica en la posibilidad que tenemos de ir escribiendo, día con día, el “argumento” de nuestra propia historia.
Ser persona es un gran reto, es nuestro riesgo y puede convertirse en nuestro más crítico juez, ya que exige de nosotros el compromiso de ejercitar rectamente esas facultades de nuestro espíritu.
Sólo nosotros, como personas humanas, podemos conocer, discernir, elegir y amar. Podemos entender, bajo este contexto, aquella expresión del dominio común que sentencia: “El hombre nace pero la persona se hace”.
Sólo nosotros los seres humanos podemos ser en nuestra historia y en la historia: héroes o villanos, podemos ser protagonistas o antagonistas, podemos ser famosos o infames; sólo nosotros podemos aspirar a la santidad,... o morir viviendo en el pecado.
2.- Es aquí, precisamente en donde se ubica la ley estrictamente humana de nuestra libertad de elección. Y, la elección, será el ejercicio de nuestra vida hasta que tú y yo terminemos nuestros días.
Nosotros, no podemos ni debemos sentirnos y proclamarnos ya salvados, por el sólo hecho de haber sido bautizados en la Iglesia Católica, o en alguna otra confesión cristiana.
Debemos reconocer esa parte personal que tiene siempre nuestro proceso de salvación y debemos darnos cuenta de que, así como en el ambiente más santo puede existir la condenación, en un mundo contaminado como el nuestro jamás se podrá impedir que crezca la Santidad.
En realidad, no es un tiempo o un lugar especial, lo que nos puede hacer santos, ni tampoco el que puede convertirnos en pecadores. Pensar que las circunstancias son las que nos hacen buenos o malos es caer en la misma actitud nefasta de aquellos que en la antigüedad y que hoy en día le dan demasiada importancia a las estrellas.
No podemos negar ni la libertad de las personas ni la posibilidad de santidad que puede surgir en un mundo tan conflictivo, tal y como un lirio puede crecer en el cieno hediondo del pantano.
Es este misterio del ejercicio de la libertad humana el que nos ayuda a comprender cómo puede ser posible que coincidan en un mismo tiempo y en un mismo espacio, tanto los devastadores destructores así como las seráficas criaturas como lo fue San Francisco de Asís. El ejercicio de la libertad humana nos ayuda a comprender cómo en la historia pueden coexistir verdaderos villanos con evangélicas personas, tal como lo fue la Madre Teresa de Calcuta.
3.- Se trata de esa ley de la libertad y de esas voluntades firmes que son iluminadas por la gracia de Dios. Se trata de las personas que han querido ser dóciles a los impulsos de la vida interior, pero que han sabido poner esa parte que les corresponde en su propia historia de salvación.
Nuestra vida no sólo es algo que nos acontece. Nosotros podemos elegir y esa es nuestra grandeza y esa puede ser nuestra bajeza. A cada instante, elegimos qué dirección debemos tomar: hacia la luz o hacia las tinieblas, hacia la libertad o hacia la esclavitud, hacia el bien o hacia el mal, hacia la vida o hacia la muerte, hacia la caridad o hacia el egoísmo, hacia la dulzura o hacia el amargor, hacia la gracia o hacia el pecado.
Si el ser persona será siempre un proceso en toda vida humana, ¡cuánto más lo será nuestra vida cristiana! Bien lo decía el filósofo cristiano danés Sören Kierkegaard al afirmar que nosotros, tú y yo, no somos más que cristianos en gestación.
4.- El tema de este domingo es por demás bello: el Señor Jesucristo nos invita a que seamos libres. Dios quiere personas que libremente ejerzan sus facultades, que quieran seguirle a Él, y que opten por el Reino de los cielos.
Jesucristo no quiere gente a la fuerza. Los esclavos se pueden regresar a su Egipto con su faraón, o pueden irse buscando otros faraones.
Sólo los faraones, los emperadores y los tiranos quieren gente sin libertad. Jesucristo, en cambio, te da a escoger y Él respeta tu decisión.
Y Él nos pide que seamos nosotros los que elijamos entre nuestros valores relativos y el valor absoluto que Él nos ofrece. Se trata tanto de ese tesoro que lo vale todo y por el cual podemos renunciar a todo, como de esa perla fina que bien amerita vender todo el cofre de mis perlas con el fin de adquirirla para siempre.
Se trata de tomar decisiones de una forma clara y de un ejercicio necesario de la libertad humana. Dios no nos impone nada. Dios siempre ha buscado voluntarios.
5.- Y ¿sabes? Quizá nuestro verdadero problema estribe en que nunca hayamos tenido un encuentro personal con Jesucristo y con su Reino. Ya lo menciona el documento de Aparecida, del que anteayer se cumplió un año de que se nos ofreció en México, que la fe no es una decisión ética sino el encuentro con una persona, con a persona de Jesucristo.
Y esta es la razón por la que una gran mayoría de nosotros vivimos por vivir. Todavía no nos hemos encontrado con el tesoro precioso del Reino. ¡No sabemos lo que esto significa! Y es por ello, que todavía no hemos vendido todas esas perlas relativamente bellas para quedarnos con la Perla Preciosa del Evangelio.
San Mateo dejó un día la mesa de los impuestos al encontrarse con el “tesoro” que Jesús nos ofrece. Abraham dejo tierra y parentela por ir al encuentro de una tierra que manaba leche y miel. Moisés, un día dejó su mediocre estabilidad cuando se encontró con el plan de Dios. San Pablo un buen día dejó su propio proyecto para asumir el proyecto de Dios, y así una vez que encontró el tesoro de Cristo, todo lo demás lo consideró como si fuera “basura”. San Francisco de Asís llevaba una vida liviana en medio de las parrandas y los placeres mundanos, hasta que un día encontró con ese tesoro inapreciable e incomparable del Reino, por el cual se llegó a despojar de todo aquello que le ataba a su pasado.
Y es que, el conocimiento verdadero de Jesús nos debe llevar, tarde que temprano, a tomar una posición en nuestra vida. Conocer al Divino Galileo nos conduce ineludiblemente a autocuestionarnos: “¿Y ahora qué? ¿Sobre quién quiero fundar mi vida, mi familia, mi profesión?” No se puede permanecer tibio en la existencia cristiana. En Jesucristo no puede existir la neutralidad. Nuestros brazos cruzados son ya una nítida manifestación de nuestro posicionamiento.
Jamás he podido olvidar una de las cuestionantes en los ejercicios ignacianos: ¿Cuál bandera eliges? ¿A quién quieres seguir? Esto lo entendían todos aquellos soldados a quienes dirigía san Ignacio de Loyola sus primeras reflexiones, al mencionarles que en medio del campo de batalla del mundo cuando alguien les preguntaba: ¿A qué compañía pertenecen? Ellos deberían responder que pertenecen a la Compañía de Jesús.
6.- Seamos conscientes de que Elegir es un valor positivo, pero un valor que posee al mismo tiempo un costo: la Renuncia. La adhesión implicará siempre una ruptura con algo.
Aquellos que queramos hacer negociaciones para poseer la Perla del Reino sin desprendernos de las otras perlas, caeremos en las medianías que se llaman tibiezas, y que no nos permiten ser aptos para el Reino de los Cielos. En la misma situación estaremos aquellos que queramos comprar el terreno del tesoro sin desprendernos de nuestros tesoros.
Muchos de nosotros hemos puesto la cruz de Cristo en la cima de las montañas y en todas las colinas. La hemos colocado en la parte más alta de las construcciones y en el interior de las habitaciones, en las aulas y sobre nuestra cama, en el automóvil y en nuestro cuello, en las escaleras y en los sótanos, en el fondo del mar y en las embarcaciones. Pero no la hemos puesto en nuestro interior.
7.- El Hijo eterno del Padre, en el Evangelio del día de hoy, nos muestra la libertad que tenemos todos los seres humanos ante sus enseñanzas. Sin embargo, también nos muestra la dignidad que posee tanto por su origen divino como en el poder y decoro que posee su Palabra: Él jamás esperó los aplausos, ni los reconocimientos humanos. Al enseñar la verdad sobre el Reino, Jesús no consciente “las negociaciones”. Jesucristo renunció a todas esas simpatías y amistades que se obtienen a costa de la reducción de la verdad. Jesucristo estuvo dispuesto a quedarse sólo, antes que pactar sobre las condiciones de su seguimiento. Su métodos son totalmente contrapuestos a los nuestros, y no nos hemos dado cuenta pensando que predicamos el mismo Evangelio de Aquel que es la Palabra encarnada. El aceptó el grito inarticulado en al patíbulo antes de silenciar el mensaje de su bondad.
El Evangelio, nos presenta el día de hoy al Señor, mediante las parábolas del Reino, buscando entre los presentes a aquél que quiera ser fiel. Al Señor, muy diferente a todos nosotros, no le interesa la cantidad de las multitudes sino la calidad del cristiano que se quiera realmente comprometer, por aquella Perla y por aquel tesoro que ha encontrado, valorado y elegido.
EL VALOR ABSOLUTO DEL REINO.
“ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
1.- Muy querido amigo:
¿No te parece que vivimos en un mundo contradictorio?
Hoy, hay tantas personas que ponen el grito en el cielo cuando se corta un árbol y que, al mismo tiempo, son partidarios del aborto con y sin condiciones. ¿Qué extraño? Les preocupa mucho que se corte la vida de la flora, si se maltrata a un perrito de la calle y no les preocupa, lo más mínimo, que se corte la vida humana.
2.- Lo anterior, no es más que uno de los síntomas de una enfermedad que debiéramos diagnosticar en orden a buscarle curación. La inconsistencia en nuestros juicios y actitudes no es más que el efecto de una causa, a la cual no debiéramos tener miedo de llamarle por su nombre.
Vivimos en un mundo que se ha olvidado de Dios, y por ello nuestra visión sobre las realidades se ha atrofiado. Este nuestro mundo adolece por la confusión en su escala de valores. Nuestra capacidad de jerarquizar las prioridades la hemos disminuido. No somos capaces de distinguir entre lo que es esencial y lo que es accesorio. Y, todo tiene su raíz en el desplazamiento que hemos hecho de Dios en nuestra vida.
3.- El Evangelio nos muestra claramente, el día de hoy, esa vocación trascendente del hombre, la cual radica en esa urgencia y necesidad de discernir las realidades que vive y de ser capaz de encontrar a través, o aún a pesar de ellas, a Dios.
La incansable búsqueda del hombre, tan lleno de ideales y tan sediento de verdades, tendrá siempre y solamente una realización parcial en los valores temporales, dejándole la convicción de que su plena realización se obtiene solamente al acceder a Aquel que es en sí mismo el Valor absoluto.
Hablemos sobre los valores y, dejemos un espacio en la reflexión para que la Evangelio nos permita dirigir una mirada hacia Aquel que es el Valor Absoluto: Dios.
4.- ¿Qué es un valor? Un valor para una persona, en su sentido más simple, es aquello que interna o externamente nos hace valer más a las personas. Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que entonces un valor es también en su sentido auténtico y estricto, aquello que nos debiera plenificar como personas. Si algo me degrada a mí o te degrada a ti como persona o bien degrada a los demás como personas, eso no puede ser considerado como un valor en modo alguno.
Los valores también pueden ser considerados como las actitudes de la voluntad del hombre que son iluminadas por nuestra inteligencia. Un valor también puede entenderse como una cualidad de nuestro ánimo, fundamentada en estas mismas actitudes, y que nos puede conducir a realizar grandes empresas o a enfrentar los más diversos peligros.
Los valores constituyen una relación en cuanto que nos enriquecen y, al mismo tiempo, integran una percepción de algo magnífico y que nos conduce a querer vivirlo y enfrentar con dignidad cualquier tipo de situaciones por difíciles que parezcan.
Los valores, también son las aptitudes propias de las cosas y de cada uno de nosotros, que nos ayudan a satisfacer las necesidades que imperan en nuestra vida y que nos proporcionan bienestar.
5.- Pero,… ¿qué es un valor? ¿cuáles realidades pueden ser calificadas como valores? Existe una muy mplia gama de enlistados de valores en las distintas escalas de jerarquización. Existen los valores así considerados como Clásicos: en donde está la Verdad, el Bien y la Belleza. Están los valores que son catalogados como Espirituales: el amor, la alegría, la paz, la mansedumbre, la benignidad...
Tenemos que ponderar los valores reconocidos como Morales y tambi+en los Jurídicos: la Valentía, la Veracidad, la Justicia, la Templanza, el Patriotismo. También existen los valores así llamados Estéticos: la armonía, la belleza, la elegancia, la prestancia, la higiene, el orden.
Existen los valores llamados Psicológicos: la Seguridad, la estima, la Ecuanimidad, el sentido de la pertenencia, la Fraternidad, la Convivencia, el justiprecio. Existen los valores Sociales: el heroísmo, la servicialidad, el altruismo, la filantropía, la responsabilidad, la honradez, la Amistad, la libertad y el Compromiso.
Existen los valores vitales: la misma vida, la salud, la integridad física, el vestido, el alimento, la vivienda. Podríamos hablar también de los valores Religiosos: la Santidad, la Gracia, la Piedad, el Temor de Dios, la Caridad. Finalmente, podríamos decir que el hombre de este siglo XXI ha creado o enfatizado sus propios valores con un tinte claramente utilitarista: la laboriosidad, el ahorro, la austeridad, la ciencia, la calidad, la eficiencia, la excelencia...
6.- Todo lo anteriormente referido, y todos aquellos valores que nos faltaron por citar o por poner en un elenco, no pueden dejarnos en el desconocimiento o en la negación de Dios, puesto que Él es el que le puede dar sentido a los mismos valores.
Nuestro problema radica en ese nuestro comportamiento, a través del cual erguimos todos estos valores como si fueran absolutos y que provocan el desplazamiento o la anulación de Dios.
En la vida hay muchos valores, pero ninguno de ellos es absoluto. Solamente Dios es nuestro valor absoluto.
Entendámoslo con cosas prácticas: la vida, toda vida es un valor para nosotros pero no puede ser un valor absoluto, en el preciso momento en que levantemos la vida como si fuera un valor absoluto y no relativo, ésta se convertirá en un ídolo y desplazará a Dios del lugar que a Él le corresponde y a esto se le llama biolatría, que no es otra cosa que la absolutización de la persistencia de la vida muchas veces a costa de la misma dignidad de las personas; digamos que mantener en estado de suspensión ante la muerte a una persona es posible artificialmente, pero, ¿es digno de una persona humana? El dinero es un valor, sin lugar a dudas, pero es un valor relativo y jamás absoluto, ya que en el momento en que el dinero se convierta en mi valor absoluto éste se convertirá en ese ídolo que, después de haber desplazado a las personas que más nos aman y a nosotros mismos, se encargará de suplantar a Dios del lugar que sólo a Él le es propio y esto no es otra cosa que la codicia, la envidia o la avaricia. Así podemos hablar sobre la ciencia, sobre la belleza, acerca de la salud y de tantas cosas más, que son valores indudables pero que no son valores absolutos, ya que en el momento en que esos valores relativos y parciales adquieran la etiqueta de absolutos se convertirán en nuestros ídolos, como lo son para tantas gentes.
Se entiende por relativo aquello que es parcial y que no es total, aquello que es proporcional y que no es universal, lo que es limitado o fragmentario y que nos puede alejar del Todo, por dejarnos en la parte.
7.- Esto es precisamente lo alarmante. En el momento actual, nos resulta lamentable el constatar, que el ser humano se ha quedado en sus valores transitorios y que se ha ido olvidando del Valor Absoluto. Hoy en día, son tantos los apegos del hombre, que le han llevado tantas veces a negarse al seguimiento del Señor.
El hombre prefiere sus “perlas” de valor parcial y relativo, y rechaza esa perla fina y extraordinariamente valiosa. El hombre no ha querido despojarse de los bienes efímeros para comprar ese campo en el que ha encontrado el tesoro de un Reino para la eternidad.
8.- Hace poco tiempo leía un artículo de Benjamín Stein en “El Espectador Americano” que tocaba el tema de la riqueza y de la pobreza. “¿Cuánto dinero debe una persona tener para que sea considerado como un hombre rico en nuestra sociedad? Las cifras, que andan por los millones, varían. Pero yo pienso en toda la gente inmensamente rica que conozco, y que no parece y no es feliz. También considero a todos aquellos que sudan la gota gorda para pagar sus cuentas, y pese a ello son ricos.
Si puede usted compartir cualquier problema con su cónyuge, es usted rico. Si puede darse tiempo para dialogar con sus hijos, usted es rico. Si puede mirar de frente a sus padres, convencido de haberles retribuido aunque sea en una muy mínima parte todo lo que ellos le dieron, es usted sobresalientemente rico. Si puede tomarse una tarde libre para salirse al cine con su familia, es usted una persona rica. Si usted puede decir con toda honradez que no tiene nada que esconder ante nadie, es usted verdaderamente rico”.
10.- ¿Te fijas como el dinero y los valores transitorios se han convertido en los nuevos ídolos que desplazan a Dios y que, tarde o temprano, le volverán la espalda al hombre?
La vocación trascendente del hombre consiste en encontrar a Aquel que por ser el Valor Absoluto le da un sentido a nuestros valores transitorios. Se trata de Aquel que “vale más que la vida”, y en cuya ausencia sobreviene el vacío de sentido que ha llevado al hombre, en un sinfín de ocasiones, a descubrir que todo sentido terreno es provisorio e insuficiente.
La ausencia de Dios en nuestra visión de la vida ha provocado que cada uno coloque en el propio horizonte sus propias prioridades y que, por lo tanto y en nuestro detrimento, nuestra visión de la vida al dejar de ser objetiva se vuelva subjetiva.
Tendríamos que ser objetivos y clarificar nuestros criterios de discernimiento. ¿A qué le llamamos valor hoy en día? El hombre ha renunciado a Dios, y ha puesto a sí mismo en el centro de la historia. Hoy, nos hemos dado cuenta después de no pocas lágrimas e injusticias, de que cuando las personas queremos un humanismo sin Dios estamos construyendo el humanismo más inhumano.
¿Vivimos hoy el tiempo del progreso o vivimos nuestras regresiones?, ¿hemos evolucionado o sufrimos una involución?, ¿vivimos realmente a la vanguardia o hemos sido enviados a la retaguardia de la historia?
El subjetivo criterio de cada hombre se ha erguido como si fuera el genuino elemento de valoración. Pero el hombre es caprichoso y en sus caprichos actúa arbitrariamente. Sólo en el momento en que Dios ocupe el primer lugar en nuestras elecciones, las personas y las cosas recuperaran su valor auténtico.
La adquisición de este campo que referimos, entraña la adquisición de un tesoro que nos concede la verdadera alegría en la vida. Al encontrar a Dios, el comerciante en perlas finas finalmente se puede sentir satisfecho por la adquisición de aquella Perla que le ha dado sentido a todas sus búsquedas.
¿Y TÚ, QUE LE PEDIRIAS A DIOS?
“ En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo: “Salomón, pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”.
Salomón le respondió: “Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?”
Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría…
1.- Muy queridos amigos:
La oración, junto con el tema del amor, de la amistad y sobre la muerte,… es otro de esos temas sobre el que todo hombre tiene una opinión más que cualificada.
No obstante, quisiera este día, antes de dirigir la mirada al contenido del texto sagrado que en este día en la primera lectura nos presenta un modelo verdaderamente ejemplar de oración en la persona del Rey Salomón, el recuperar algunos pensamientos cristianos de los grandes maestros de oración sobre aquello que tantas gentes dicen tantas cosas pero que al parecer somos tantos los que desconocemos su esencia: “Ora como si todo dependiera de Dios, y trabaja como si todo dependiera del hombre” nos decía el cardenal Spellman.
Santa Teresa de Avila, por su parte, en su biografía nos menciona: “ No es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama”.Y ella misma, en el Camino de Perfección, nos refiere su propia experiencia: “Sin este cimiento de la oración todo edificio va falso”. Y ella, nuevamente en su Autobiografía nos mencionará: “Por no estar arrimada a esta fuerte columna de la oración, pasé este mar tempestuoso casi veinte años con estas caídas”.
2.- La oración le da solidez a nuestra vida: Escribía Juan Casiano en su Colación 9:“Si la oración no mantiene este edificio y sostiene todas sus partes conjugándolas entre sí, no podrá ser firme y sólido, ni subsistir por mucho tiempo”.
Orígenes, por su parte, refiere el lugar que tiene la oración en nuestras debilidades humanas: “Hay que orar, no para dejar de ser tentados –cosa imposible-, sino para no ser enredados por la tentación, como sucede a los que son atrapados y vencidos por ella”.
Sobre la utilidad de la oración nos referirá San Agustín: “ En la oración tiene lugar la conversión del alma hacia Dios, y la purificación del corazón”. Y más adelante nos dirá: “Si la fe falta, la oración es imposible. Luego, cuando oremos, creamos y oremos para que no falta la fe. La fe produce la oración, y la oración produce a su vez la firmeza de la fe”. ¿Sabes? San Agustín tiene un Sermón célebre sobre la naturaleza y la gracia en el que se nos enseña acerca de la fuerza que el hombre obtiene en la oración: “Haz tú lo que puedas, pide lo que no puedes, y Dios te dará para que puedas”.
Acerca de esta nuestra fuerza ubicada en la oración escribe san Juan Crisóstomo: “ Habiendo Dios dotado a los demás animales de la velocidad en la carrera, o la rapidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o de cuernos, sólo al hombre lo dispuso de tal forma que su fortaleza no podía ser otra que la del mismo Dios: y esto lo hizo para que, obligado por la necesidad de su flaqueza, pida siempre a Dios cuanto pueda necesitar”.
3.- Pero, hace falta, conforme a lo que nos enseña Orígenes en su tratado sobre la oración saber que es lo que le pedimos a Dios: “Es preciso no sólo orar, sino orar como es debido y pedir lo que conviene”.
Y dentro de este ejercicio, la perseverancia, la constancia es una cualidad exigitiva, sobre todo en los momentos de aridez: “ Y aunque no halle gusto en estos ejercicios, no desista de ellos, porque no se requiere que sea siempre sabroso lo que ha de ser provechoso”, así enseñaba san Pedro de Alcántara.
No obstante, en la oración habrá necesidad de ser menos egoístas y mucho más fraternos, tal y como nos lo enseña de san Ambrosio Milánen su homilía sobre Caín y Abel: “ Si sólo ruegas por ti, también tú serás el único que suplica por ti”.
Si perseveramos y si somos fraternos en nuestra oración obtendremos lo que pedimos y mucho más de lo que pedimos como gritaba desde el púlpito san Ambrosio de Milán: “El Señor concede siempre más de lo que se le pide: el ladrón sólo pedía que se acordase de él, pero el Señor le dice: Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.
4.- Es la oración la orientación para nuestros pasos, de tal manera que si nos hayamos vagando en la mar de la confusión no es por otra cosa que por nuestra deficiencia en la oración. Así lo percibe san José María Escrivá de Balaguer al mencionar: “La oración es un norte claro para nuestra existencia cristiana”.
Oye, prometo ya no alargarme más, pero escucha este pensamiento que sobre la oración escribió el Cardenal Merry del Val: “reza despacio, pero si notas que has dicho la oración apresurada y distraídamente, no la repitas, sino pídele a Dios que te dé la gracia para decirla mejor la próxima vez.
Cuando te des cuenta de que has fallado en algo, de inmediato haz actos de virtud, contrarios a tu falta.
Dios da sus gracias en el momento en que uno las necesita. No nos atormentemos previendo sacrificio que de momento Él no nos está pidiendo y no dudemos que Dios nos dará fuerzas suficientes para hacer lo que Él nos pide”.
Bueno, seamos caballerosos, el último pensamiento de esta antología se lo dejamos a una dama, Santa Teresa de Avila: “Hay cuatro tipos de oración y sus respectivos símiles: MEDITACION: agua de pozo para regar el huerto. QUIETUD: agua de noria que supone menos trabajo. UNION: Agua de río o de fuente; basta encauzar el agua. ARROBAMIENTO MISTICO O EXTASIS: Agua de lluvia, en la que Dios lo hace todo. Siempre ha de haber cuidado de cuando falte la una agua, procurar la otra”.
Y así podríamos seguir hablando sin interrupción y sin respiro sobre el tema de la oración,... No obstante en este tema lo importante será siempre aquello que hablemos con Dios en nuestra oración. Pero,... ¿Qué palabras podemos usar para hacer oración?
5.- ¡Bueno!, un último pensamiento antes de continuar, te prometo que es sólo una puerta que nos permite continuar con nuestra reflexión. Decía el fisiólogo Alexis Carrel, premio nobel de medicina: “de la misma manera en que nuestro cuerpo necesita del oxígeno nuestra alma necesita de la oración”.
Oye,... ¿Tú tienes tiempo para hacer oración? ¿Cómo está tu vida interior? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que hiciste tu última jornada de oración? ¿Te has dado tiempo para apartarte de la vida cotidiana y hacer un poco de oración, un día de retiro o unos ejercicios espirituales?
¿Sabes? La oración es considerada por los maestros espirituales como el alma de toda nuestra vida.
La experiencia demuestra que todos los grandes santos en el cristianismo han sido almas de oración. Y, poco importa que en su oración fueran contemplativos o que estuvieran en la vida diaria como apóstoles, que fueren laicos o que hayan recibido el don del sacerdocio. La vida de oración se ofrece y se impone a todo cristiano.
Y así, el cristiano ha sido invitado por el Señor para que convierta la oración en su propia vida y para que transforme su vida en una oración.
6.- Pero, dejemos a un lado nuestras palabras y dejémosle el espacio a lo que Dios en su Palabra nos enseña y que es la más grande enseñanza en torno a la oración en el Antiguo Testamento.
Lo que Dios nos narra el día de hoy en la primera lectura suele no ser comprendido por más de uno de nosotros.
Salomón tiene frente a sí una oportunidad como la envidiarían muchos. “Salomón, pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Tú sabes que lo puedo todo, díme ¿qué quieres de mí?...
7.- ¿No te parece increíble lo que sucedió? Se trata de una oportunidad de ensueño y parece ser que Salomón en esta ocasión no recurrió ni a los consejeros bursátiles ni a los analistas sobre situaciones, no se le ocurrió pedir asesoría a ningún colegio de consultores antes de dejar ir una de las mejores oportunidades en su vida, una situación que seguramente jamás se le volverá a presentar.
Por un momento, imagínate a ti mismo en esta situación. ¿Aprovecharías para pedirle algo? Y de pedirle algo, ¿Qué le pedirías tú al dueño de todo y de todos? ¿Cuál sería tu petición? ¿Qué ponderarías como lo más urgente?
8.- Y sin embargo, esta es la verdadera enseñanza: No debemos ocuparnos en pedirle a Dios cosas superfluas. Revisemos con honestidad, cada uno, lo que nuestro tiempo nos ha hecho creer que es lo oportuno y necesario en el existir.
¿No te has dado cuenta? En el tiempo presente, abundamos en la iglesia aquellos que nos limitamos a pedirle a Dios algunos objetos, más allá del solicitarle y valorar sus verdaderos dones.
Salomón le pide a Dios sabiduría para guiar a su pueblo, y esto lo tenemos que entender los padres de familia y también los sacerdotes, que en el ejercicio de nuestras responsabilidades solemos todos los días pedirle a Dios en nuestra oración: trabajo, dinero, bienes materiales, casas, carros, alimentos, buenos colegios..., y se nos olvida pedirle a Dios la Sabiduría para guiar a los que Él mismo nos ha querido confiar.
Hemos olvidado que el amor exige la sabiduría, y esto tanto los padres como las madres de familia. Por ejemplo, hay que saber cuál es el momento oportuno para llamar la atención a alguien. No es prudente quejarse con el marido de que ha subido el precio del atún precisamente cuando él va llegando del trabajo después de haber tenido un altercado con su jefe.
De igual manera, no hay que regañar en seguida a un niño que llega malhumorado de la escuela, reprobado de alguna materia y que da algún portazo. Debemos aprender a esperar y, antes de recordarle que las puertas fueron hechas para abrir, entrar, salir y cerrar, y no para desahogarse de su furia, preguntarle porque está molesto. Es preciso aprender a dominarse para no reaccionar a la violencia con violencia.
Los padres necesitan ejercer la autoridad con sabiduría, puesto que su ausencia convierte la autoridad en despotismo y hace que su ejercicio sea como un querer trazar las líneas de una escultura con un cincel sin filo que lo único que consigue es lastimar.
9.- Y tú, ¿qué le pedirías a Dios? Pídele sabiduría para cumplir con su encomienda y todo lo demás viene por añadidura.
Al Señor le agrado que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: “Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes, ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo”.
LA PREDICACIÓN DE LA ALEGRÍA.
“ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
1.- Muy queridos amigos:
Ojalá que, junto con la admiración que nos suscita la capacidad que tiene aquel hombre de vender cuanto tiene para convertirlo en el terreno que le hará poseedor de la mayor de las fortunas tampoco olvidáramos un elemento que el Evangelio de hoy nos subraya: la alegría con la que se hace tal operación.
2.- En primer lugar hablemos sobre aquello que es sacrificado una vez que hemos encontrado el mayor de los tesoros, y refirámoslo a nuestra vida en el tema de la conversión.
Dicen algunos: “Mira, ese es un convertido...” Y pregunto inmediatamente: -¿Cuántas veces?-.
Para muchos cristianos, la conversión representa un fenómeno excepcional, clamoroso, del que son protagonistas individuos que pasan de las tinieblas del error a la luz de la verdad, de una conducta perversa a una vida “ejemplar”.
Perecen no sospechar que la conversión no es un hecho aislado sino que es un deber fundamental y habitual en el cristiano, que se inscribe en el registro de lo cotidiano. La conversión es un empeño de cada día: fatigoso, y muchas ocasiones doloroso.
La conversión es algo que resulta necesario ya que nunca estamos donde Jesús está. ¡Nos falta mucho! Él Señor piensa “distinto” que nosotros. Él Señor ama distinto que nosotros, Él Señor mira distinto que nosotros. Nuestros sentimientos son distintos a sus sentimientos. Nuestra lógica es distinta a la lógica de Dios. Todos necesitamos de conversión. Todos necesitamos cambiar nuestro corazón, cambiar nuestros pensamientos y cambiar nuestros sentimientos.
El Evangelio de Jesucristo nos invita a reconocer que todos ante Dios pueden tener un cambio, una vez que en el más auténtico discernimiento perciben el valor supremo que solamente en Dios se encuentra. El Evangelio nos dice que ante Dios nuestro Señor, sea cual fuere nuestra forma de vida en este momento, todos seguimos siendo persona y que todos merecemos respeto y una nueva oportunidad.
Y es que si alguien pudiera estar convencido de que el hombre puede cambiar es precisamente Dios, y esta es la razón por la que su Hijo Jesucristo ha venido a nuestro mundo.
3.- La conversión lleva consigo la renuncia a ese estado de pecado, que no pocas veces se ha convertido en nuestra seguridad y seducción, así como a ese estado de vida que resulta incompatible con las enseñanzas de Cristo, y la vuelta sincera a Dios. No bastaría el proponernos cambiar de vida, si no se tiene la capacidad de valorar en su verdadera dimensión nuestro engaño junto con el autodesprendimiento de aquello que nos ha mantenido en el engaño.
Y es que la Iglesia nos propone una conversión profunda, no sólo en el momento de recibir la fe, sino a lo largo de toda una vida que no pocas veces se va adhiriendo a sus cadenas de esclavitud.
La conversión es un gesto fundamental que comporta no sólo el dejar un tipo de actividad para dedicarse a otra, sino el orientar la vida y nuestro corazón a una persona.
Se trata, una vez que hemos encontrado al Señor, del desprendimiento total. Se trata de aceptarlo todo y amarlo todo de la manera nueva como Dios lo acepta y ama. San Francisco de Asís es uno de los mejores ejemplos: el hombre más desprendido del mundo es al mismo tiempo el más enamorado del mundo.
La conversión a la que se nos invita en la vida cristiana no es otra cosa que un dar la espalda a nuestros miserables y confusos proyectos para apuntar en dirección del proyecto original que Dios había trazado sobre nuestra propia vida ya desde el principio de nuestra existencia.
Ante la invitación extendida se espera de cada uno de nosotros el que adoptemos una postura de verdadera conversión: una nueva manera de ser, de juzgar y de actuar.
4.- La invitación del Evangelio no es otra, sino a que nos mantengamos despiertos en las decisiones que tomamos. ¡Que no estemos adormilados por el desgano, ni sedados por los enervantes del consumismo!
Yo creo que el compositor francés Héctor Berlioz al inicio del siglo XIX, poco podía pensar que una de sus composiciones musicales iba a ser motivo para la conversión cristiana de uno de los grandes pensadores de la España del siglo XX.
¿Qué a quien me refiero?... Don Manuel García Morente ha sido considerado como una de las grandes figuras universitaria española de la primera mitad del siglo XX, ya que fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid y nos cuenta él mismo su conversión la noche que pasa del 29 al 30 de abril del año 1937.
Por motivos de la guerra civil española él se encuentra viviendo en París, y ya al concluir el 29 de abril enciende la radio para distraerse y al mismo tiempo escuchar las noticias sobre la destrucción de la guerra en su tierra, y al terminar la emisión noticiosa, él escucha unos fragmentos de la obra “LA INFANCIA DE JESÚS” del francés Héctor Berlioz. Esta obra en aquella noche le sumergió en un estado de “deliciosa paz”. La marea de la belleza iba aliada con la revelación de un Dios hecho niño, que esconde su divinidad de forma muy humilde. Y suscitó en su inquieta imaginación una visión intensa de escenas fundamentales de la vida de un Dios hecho un ser menesteroso, como todos nosotros, y entregado a hacer el bien hasta su muerte en una cruz. Esta imagen más que provocarle rechazo alguno, abrió por primera ocasión en su vida dos factores independientemente de la destrucción, la injusticia y el destierro que vivía: la confianza y el amor.
5.- Los Encuentros personales y decisivos con Jesús, el tesoro incomparable y la única perla de gran valor se han hecho carne e historia en tantos y tantos personajes célebres del mundo de los convertidos: Paul Claudel, Edith Stein, André Frossard, Giovanni Pappini, Gabriel Marcel, Gilbert Keith Chesterton, Clive Staples Lewis, Charles de Foucauld... Y en unos y en los otros, el efecto es siempre el mismo: la transformación de una vida.
La vocación cristiana es un encuentro personal, un seguimiento entusiasmado y una relación de amistad personal con el enviado de Dios.
El Señor Jesucristo no nos predica ante todo la conversión del hombre hacia Dios, lo cual es la religión, sino esa iniciativa de Dios a favor de los hombres, y eso es la fe.
Al mismo tiempo todo aquel que ha descubierto a Jesús debe preocuparse por comunicar su experiencia a los demás, y la mejor forma de comunicarla será en la elocuencia del silencio.
Pero hoy, en el embotamiento de nuestra mente, el ser humano ha renunciado al crecimiento, a la paz del corazón y a nuestra misma vocación de trascendencia.
Los cristianos nos hemos dejado engañar por los “profetas” del mundo. A primera vista, parece que sólo es bueno aquello que no duele, que sólo hay que buscar aquello que es agradable, que es malo renunciar cuando se ofrece y decir que no cuando se podría decir que sí, que todo sacrificio es malo y que todo placer es bueno.
6.- El Señor nos invita a invertir en aquello que verdaderamente nos puede ofrecer la mejor de las plusvalías: El Reino. Pero resulta que nos han embaucado y que tú y yo lo hemos permitido. Todos nosotros hemos caído en la trampa que provoca el barniz de lo material y el oropel del consumismo. En el afán de ganarnos la “vida”, no hemos tenido tiempo para vivir y no tenemos tiempo para Aquél que es la misma Vida.
¡Hagamos un alto en la vida! ¡Démonos tiempo para tener un respiro! ¿Qué es esta vida que Dios nos ha dado sino un instante de tiempo para detenernos, y un tiempo para que en la conversión volvamos a empezar?
La verdad es que yo no sé a dónde vamos los seres humanos tan de prisa,… pero el apresuramiento ya se nos ha hecho una costumbre y cuando falta hasta le extrañamos. Nos diría José Narosky que: “Quien apura su vida, sólo apura su muerte”. Y la peor Muerte nos sobrevendrá después de esta pseudo-vida que se ha vivido en el engaño, sin la capacidad de desprendernos de aquello que nos puede permitir la mejor de las adquisiciones.
7.- Y es aquí en donde viene el otro factor del Evangelio: El cristiano que haya elegido el tesoro del Reino deberá manifestar en su vida esa cualidad indispensable: la alegría.
Decía Kart Barth que la mejor forma de agradecer a Dios los dones que hemos recibido de su bondad es la alegría que podamos mostrar en nuestra vida.
En las personas verdaderamente comprometidas con Dios y con su Iglesia, se nota esa gran diferencia: ellos viven contentos. En ellos sobresale el gozo y la seguridad que sólo Dios nos da. A ellos no hay que arrastrarlos para que cumplan con sus deberes cristianos. No hay que forzarlos para que sus costumbres sean limpias y para que sean luz ante los otros. Ellos se han dejado fascinar por las cosas de Dios. “El que encuentra el tesoro del Reino... lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo”.
El buen cristiano no añora lo mundano que se ha dejado atrás, más bien, se alegra de haber encontrado “un tesoro” en su nueva manera de vivir.
Lo incoherente y lamentable en la vida cristiana de muchos de nosotros, será ese rostro de tristeza y de amargura que aleja del cristianismo a cualquier persona que quisiera conocer a Jesús.
Los rostros acartonados y sin ilusión de muchos bautizados son nuestra más lamentable “mala propaganda” y nuestra peor predicación. Diría la Madre Teresa de Calcuta, la cual encontró un día el tesoro y la perla preciosa del Reino: “Aquellos que están llenos de gozo no necesitan palabras para predicar”. Nuestra alegría y buen ejemplo se convertirán, como nos lo ha mencionado el Papa Bueno, Juan XXIII, en una excelente campana que llamará a la muchedumbre a la Iglesia de Cristo.




Adelante
Muchos Más Artículos
INICIO
No hay comentarios:
Publicar un comentario