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sábado, 26 de julio de 2008

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: El Reino de los cielos se parece...

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Mt 13, 45-52. Jesús ha retomado y recreado los elementos básicos de la experiencia israelita del Reino de Dios, convirtiéndolos en centro y sentido de toda su vida y mensaje. Posiblemente, él ha tenido una experiencia especial, vinculada a su bautismo, donde se vinculan dos elementos esenciales: (a) Dios es Padre le “adopta” y declara Hijo suyo, como a David y sus descendientes en 2 Sam 7, 1-2-14. (b) Ese mismo Dios Padre le hace heredero y potador del Reino, como a David. Pero su reino no es simplemente el de David, sino el triunfo y despliegue de la nueva humanidad. Desde ese fondo se entienden las parábolas del reino que Mateo ha presentado en el evangelio de hoy. No queremos comentarlas en concreto, sino presentarlas de un modo general, introduciendo así el tema del Reino de Dios.

Texto. Mateo 13,44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí." Él les dijo: "Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo."

1. Principio. El mensaje del Reino.

Todo el evangelio de Jesús es la experiencia paradójica de un Reino cuyo Rey (Dios) es Padre de los hombres, de manera que no se impone por la fuerza, sino por amor creador. Éste es el Reino que Jesús anuncia y pone en marcha en Galilea (cf. Mc 1, 13-14), convocando a los más pobres y expulsados del reino de este mundo (imperio romano, tetrarquía de Antipas), para ofrecerles curación y dignidad.
Ese Reino es un don de Dios (¡todo es gracia!) y por eso es ante todo de los pobres (cf. Lc 6, 20), de aquello que no tienen nada en el mundo. Y, sin embargo, siendo puro don exige una “opción” radical, de manera que es mejor quedarse sin un ojo para entrar en él reino que cerrarse con dos ojos en este mundo malo (Mc 9, 47); por eso hay que “venderlo todo” para adquirir el tesoro del reino. Lógicamente, los que acogen el Reino tienen que dejarlo todo, casa y campos, familia y posesiones, para seguir a Jesús (cf. Mc 10, 19.29). Siendo regalo de Dios, que Jesús ofrece a los pobres (empobrecidos) de la tierra y con ellos a los publicanos y a las prostitutas (Mt 21, 31), sin mérito alguno, el Reino es lo más exigente y costoso.

(a) Todo es gracia. Por una parte, Jesús no llama a los pobres y pecadores para que se arrepientan, sino para que acojan y vivan el don de Dios, porque el Reino no es hogar de penitencia, sino un regalo, una siembra de vida en el campo de los hombres (cf. Mc 13, 11.19.24; cf. Mc 2, 15-19). Por eso, Jesús lo puede prometer como bienaventuranza a los pobres «porque es vuestro el Reino de Dios…» (Lc 6, 20-21) y decirles que lo pidan al Padre: «santificado sea tu Nombre, venga tu Reino» (Lc 11, 4).
(b) El Reino es tarea y compromiso, un camino. Por eso, Jesús llama a los pecadores y a lo pobres, para que lo dejen todo y le sigan, ya, en este mismo momento, porque el Reino empieza ya. En ese sentido, el Reino se identifica de alguna forma con el camino de Jesús y de su grupo.
(c) En tercer lugar, el Reino es universal y salvífico. Ciertamente, en un sentido, Jesús aparece a lo largo del evangelio como rey mesiánico, pero un rey que no toma el poder para reinar (no se sitúa en el nivel del César), pero un rey que comparte el reino con todos los que le siguen, de manera que se puede hablar de un “reino sin rey”, como él dice sin cesar a sus discípulos (cf. Mc 10, 35-45). La “prueba” de Dios y de su Reino es la salud de los enfermos, el amor y esperanza de los marginados, la gratuidad y comunión interhumana.

2. Notas del Reino

a. El Reino es palabra; por eso se expresa como anuncio y comunicación. Así lo hemos visto en la parábola del sembrador. No viene a través de una victoria militar, ni por medio de un destino exterior, sino en la misma palabra de los hombres (donde aparece y se despliega la Palabra de Dios). El Reino es una voz de llamada, el don de Dios abierto de un modo gratuito a los hombres. No es propaganda para comprar, publicidad comercial para vender, sino que se sitúa en el nivel del ofrecimiento gratuito, es decir, de la palabra que viene de Dios y que los hombres pueden compartir, amorosamente. Por una parte, el Reino es pura gracia (regalo). Por otra, implica decisión y riesgo, pero una decisión y riesgo que se expresa en forma de palabra compartida: hay que vender todo para conseguirlo (cf. Mc 12, 46), hasta dar la misma vida (cf. Mc 8, 35).
b. El Reino es sanación y así aparece en forma de salud: que los hombres y mujeres puedan no sólo decir y escuchar (decirse y escucharse), sino vivir en plenitud, compartiendo la vida. En esa línea, el evangelio identifica el Reino de Dios con la Salud, que es Vida abundante, que los hombres y mujeres aceptan como don de Dios, pudiendo así vivir de un modo transparente, compartiendo la vida. Entre la Palabra y la Salud hay una conexión intensa: la misma Palabra cura y la salud hace posible que los hombres compartan la Palabra.
c. El Reino es compromiso de amor, presencia de Dios en los hombres/mujeres (de los hombres/mujeres en Dios), siendo así comunicación amorosa de unos con otros (en) otros. No se trata de creer unas verdades separadas de la vida, sino de vivir en fe, es decir, de “creerse”, comunicándose la vida. Ésta es quizá la nota distintiva del Reino que Jesús anuncia. Todo es de Dios (Dios es todo) y, sin embargo, los hombres y mujeres han de realizarlo todo, no esperando que llegue de un modo pasivo, sino haciendo que llegue, siendo ellos mismos profetas mesiánicos, en comunicación de amor. En ese sentido decimos que todo hombre/mujer es Mesías, porque Dios actúa cada uno, de tal manera que podemos añadir que cada hombre (especialmente el más pobre) es Dios para los restantes hombres y mujeres. Desde ese fondo se puede decir que hay un futuro del Reino, vinculado a la resurrección final. Pero la verdad del Reino de Jesús ha comenzado ya en el tiempo de su vida y se ha expresado a través de su mensaje y curaciones.

3. La tarea del Reino.

El mensaje de Jesús no es un concepto, ni una teoría, sino una experiencia radical de vida, que exige decisión total «porque el Reino de los Cielos padece violencia y sólo los violentos... » (Mt 11, 12). Pero, al mismo tiempo, el Reino es lo más sencillo, algo que se expresa allí donde los hombres se vuelven como niños y acogen de un modo gratuito y generoso a los mismos niños (Mc 10, 15).

El Reino implica una elección radical, de tal forma que es mejor arrancar un ojo, si te escandaliza, y entrar tuerto en el reino que quedar con los dos ojos en medio de este mundo malo (Mc 9, 47). El Reino de Dios supone que los hombre tienen que dejarlo todo, casa y campos, familia y posesiones, para seguir a Jesús (cf. Mc 10, 19.29); pero, al mismo tiempo, Jesús abre su reino, el Reino de Dios, para todos, diciendo que «los publicanos y prostitutas os precederán en el Reino de Dios» (Mt 21, 31) y añadiendo de forma solemne: «Bienaventurados los pobres, porque es vuestro el Reino de Dios…» (Lc 6, 20-21).

El Reino es don que Dios ofrece porque quiere, como siembra de vida en el campo de los hombres (cf. Mc 13, 11.19.24); pero, al mismo tiempo, es objeto de una petición: «Padre: santificado sea tu Nombre, venga tu Reino... » (Lc 11, 4). Podemos decir, en resumen, que el Reino es la misma presencia de Dios, el don de su vida y su gracia, tal como viene a expresarse en el mensaje y gesto de Jesús a favor de los marginados de su pueblo.

El judaísmo sabe que Dios es rey, pero Jesús insiste en que ese reino viene, ya ha llegado, y se despliega de manera poderosa a través de su mensaje y de su vida. Dios actúa como Rey invirtiendo, con su más alto poder de gratuidad creadora, los poderes de violencia animalesca que dominan nuestra historia, que había señalado de Dan 7, 1-8. Sin esta inversión del poder carece de sentido el evangelio o se convierte en vulgar palabrería. Antes triunfaban los fuertes, como si Dios fuera Diablo de violencia, sacralización del dominio biológico, social o militar; ahora, como dice el sermón de la montaña (Lc 6, 20-45 par), Dios actúa y triunfa (es Rey) por la debilidad del mundo, ofreciendo vida a los pobres y expulsados del sistema. Ésta es la prueba del Reino ofrece Jesús: la salvación de los marginados, la gratuidad y comunión interhumana.

4. Presencia del Reino. Conclusión teórica

Todo lo que Jesús hará será una expansión de esta certeza: el Reino de Dios es la Noticia Buena que suscita conversión o cambio de los hombres, como saben los grandes investigadores del siglo XX, aunque lo formulan de maneras diferentes.
(a) R. Bultmann piensa que el Reino de Dios ha de entenderse de forma existencial, como signo e impulso de una realización interior, de decisión y entrega personales. Eso significa que debemos superar una visión mitológica de la esperanza apocalíptica, reinterpretándola en claves de experiencia interior, como llamada de Dios y respuesta gratuita de los hombres. Sólo así el mensaje de Jesús viene a mostrarse en verdad como palabra salvadora para todos los creyentes que le escuchan.
(b) C. H. Dodd ha interpretando también este mensaje de un modo interior, como expresión o anuncio del sentido sagrado de la vida. Cuando Jesús habla del fin y cuando comunica la catástrofe del cosmos, por medio de parábolas, él quiere decirnos que en el fondo de esta vida dominada por el miedo de la muerte, hay otra interna, eterna, verdadera. Lo que importa no es aquello que vendrá después, cuando se acabe el mundo, sino aquello que Dios realiza ya dentro de nosotros, con amor liberador, presencia sanadora.
(c) E. Käsemann ha vuelto a destacar el alcance social y el sentido futuro del mensaje sobre el Reino. Debemos reconocer sin ambages que Jesús habló del reino de Dios en futuro. Pero todos sus gestos y palabras suponen que ese basileia (reino) se va abriendo camino en este mundo, de manera que va colocando a los hombres ante una decisión: la decisión entre la fe y la gratuidad y la falta de fe y la violencia.

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