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sábado, 28 de febrero de 2009

Oración Eucarística - I Domingo de Cuaresma - ciclo B


Publicado por Fe Adulta

Te damos las gracias, Padre Dios,
y no nos cansaremos de agradecerte
todas las cosas buenas que has hecho por nosotros,
porque nos has creado y nos das vida
y estás en cada uno de nosotros.
Ya es una maravilla que podamos llamarte con toda confianza Padre
pero aún lo es más que tú nos consideres hijos tuyos,
nos conozcas por nuestro nombre y nos quieras incondicionalmente.
Gracias de corazón, Padre bueno.
Nos fallan las palabras para mostrarte nuestro agradecimiento.
Sintiéndonos pequeños hijos tuyos,
entonamos en tu honor este himno de alabanza.

Santo, santo…

Gracias una vez más, Señor y Padre nuestro,
por habernos dado a tu hijo Jesús,
que a lo largo de toda su vida, haciendo el bien, queriendo a la gente,
te ha ido trasparentando
y así hemos conocido que eres un Dios bueno, todo amor.
Pero no improvisó su mensaje ni su vida.
Jesús pasó antes por el desierto.
Allí escuchó tu voz, la meditó
e hizo propio tu proyecto sobre el mundo.
En la oración y en el silencio se llenó de tu espíritu y se forjó
para enfrentar y superar las dificultades que le esperaban.
Al despedirse de los suyos, de todos nosotros,
nos pidió que nos reuniéramos en su nombre
y le imitáramos en el servicio y entrega a los demás.

Jesús, la noche en que iban a entregarlo, cogió un pan,

dio gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros;
haced lo mismo en memoria mía».

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:
«Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre;
cada vez que bebáis, haced lo mismo en memoria mía».

Abre, Señor, nuestros oídos al silencio. Queremos escuchar tu voz.
Apaga tanto ruido que nos envuelve. Así no te podemos oír.
Querríamos tener una firme voluntad de conversión,
superar nuestro afán desmedido del propio bienestar
y poner en primer plano la felicidad de los demás,
los que nos rodean y también los que viven lejos y olvidados.
Envía tu espíritu a la Iglesia para que dé ejemplo de austeridad
y de auténtica entrega a los más necesitados de la tierra.
Gracias, Padre, porque nuestros familiares y amigos difuntos
disfrutan ya de tu compañía.
Nos unimos a ellos y en el nombre de tu hijo Jesús,
queremos brindarte nuestro mejor homenaje, ahora y siempre.

AMÉN.

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Evangelio Misionero del Día: Domingo 01 de Marzo de 2009 - I Domingo de Cuaresma - ciclo B

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 12-15

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días. Vivía entre las fieras, y los ángeles le servían.
Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia».

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

Ya estamos metidos de lleno en la Cuaresma, y el primer cuadro que la Iglesia nos presenta en este Domingo es el de un Jesús tentado por Satanás. Marcos no nos hace la descripción detallada de los otros Evangelios sobre las tentaciones de Jesús en el desierto. Es muy escueto. Pero con cuatro pinceladas magistrales nos abre todo un mundo a nuestra mirada, cuando nos dice:
- El Espíritu lanzó a Jesús hacia el desierto y allí permaneció durante cuarenta días, tentado por Satanás. Habitaba con las fieras, y los ángeles le servían.
¿Qué descubrimos en estas expresiones?... Adivinamos en ellas todo el ministerio de Jesús y vemos también lo que va a ser lo que tiene que ser toda la actividad evangelizadora de la Iglesia y de cada uno de nosotros, a saber:
un dejarse llevar del Espíritu Santo, empeñado en establecer el reino de Dios,
una lucha sin cuartel contra el enemigo, que no quiere soltar el dominio del mundo,
un renovarse a sí mismo para renovar la tierra,
y un confiarse en las manos de Dios que cuida de todos los suyos con amor.
El Espíritu Santo va a guiar toda la vida de Jesús, porque El mismo nos atestigua que no quiere hacer sino la voluntad de su Padre.
La lucha con Satanás va a ser implacable. Pero Jesús no se le va a rendir. El demonio gritará furioso una vez ante Jesús:
- ¿Qué tienes que ver conmigo tú, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a arruinarme?...
Y Jesús le contestará con imperio:
- ¡Cállate, y sal de aquí!...
Jesús y Satanás son dos fuerzas que se declaran la guerra abierta. El infierno detenía hasta ahora el imperio del mundo, pero viene uno más fuerte que se lo va a arrebatar para entregarlo a Dios.
En medio de su austeridad durante aquellos días tan duros, Jesús habita pacíficamente con los animales salvajes. En Jesús, vuelve el hombre a la paz con la creación del paraíso terrenal. El hombre nuevo, convertido a Dios, hará una realidad ese sueño de un Mundo Mejor, el mundo que Dios quería al principio y lo estropeó el demonio con su victoria sobre Adán y Eva.
En este mundo nuevo será Dios el Padre amoroso, y los ángeles del cielo se complacerán en servir a todos los salvados igual que sirvieron a Jesucristo.
Hasta aquí, lo que el Evangelio dice de Jesús. ¿Y no es ésta nuestra historia? ¿No nos vemos retratados aquí? ¿No es la Iglesia la protagonista de la lucha entablada hoy contra el enemigo del género humano?...La Iglesia ha visto siempre en estas tentaciones de Jesús y en su victoria sus propias tentaciones y su propio triunfo. Ha calibrado la lucha y no se rinde nunca. Ha aprendido estrategia, ha corregido errores, y sigue adelante en su empeño de establecer el Reino de Dios a pesar de todos los pesares...
El Espíritu Santo en nuestros días ha hablado a la Iglesia, a la Iglesia universal y a todas las Iglesias particulares, para que se renueven sin miedo, acepten los desafíos del mundo, y se den con amor a ese mundo que hay que salvar. ¿Qué otra cosa ha pretendido el Concilio Vaticano II, y en nuestra América más en concreto Medellín, Puebla y Santo Domingo?... Si somos fieles al Espíritu, está asegurada la victoria de Jesucristo y de su Iglesia. Cielo y Tierra se habrán unido para establecer y celebrar el Reino de Dios.
Cuando hablamos así, tan en general, de Jesucristo y de la Iglesia, es muy posible que nosotros, como particulares, nos escapemos del problema. Lo cual sería ciertamente una equivocación lamentable.
No, eso no. Porque Iglesia somos nosotros, y para mí y para usted y para todos en singular va este Evangelio en cada uno de sus detalles.
¡Hay que dejarse guiar del Espíritu Santo, y no del espíritu infernal que actúa en el mundo! Nos vienen soplando al oído con muchos errores, y nosotros no les podemos hacer ningún caso, como no se lo hizo Jesús al tentador que le venía en los días de su ayuno: ¡Come, bebe, no seas tonto y pásala bien! ¡Venga, hazte célebre, que todos te aplaudan! ¡Hazme caso a mí, que te prometo lo que nadie te puede dar!...
Jesús no hizo ningún caso a Satanás que así le hablaba. ¿Por qué nosotros hemos de prestar oídos a quien nos viene con palabras seductoras para hacernos tambalear en nuestra fe y en nuestra fidelidad a Dios?...
Hoy se ha puesto de moda el demonio. Se habla de él en novelas, se le dedican películas, y ¡qué horror también! se fundan sectas e iglesias satánicas para adorarlo... El demonio, que es astuto, calla. Su estrategia mejor es pasar desapercibido. Pero el maldito sabe lo que se hace. Han estado de moda también los exorcismos, por más que en muchos no hay sino pura imaginación. Aunque en uno famoso, en el que hubo de intervenir la autoridad de la Iglesia con toda determinación, el demonio hubo de confesar, obligado, decía él, por el de arriba: No podemos nosotros nada contra los que reciben los Sacramentos, contra los que invocan a la Gran Señora y obedecen al Papa.
Esta vez, “el padre de la mentira” tuvo que decir la verdad que le reventaba: nada tenía que hacer con los que reciben la Eucaristía, aman a la Virgen y son fieles a los Pastores de la Iglesia...
El cristiano, tentado y victorioso. Como Jesús en el desierto, igual. Como toda la Iglesia, igual. Y como Jesucristo y toda la Iglesia, convocado también a fiesta con los Angeles de Dios. ¿No vale la pena volverse a Dios con toda el alma en esta Cuaresma para gozar después de una Pascua feliz que no acabará?

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I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: EL DILUVIO UNIVERSAL (Marcos 1, 12-15)

Por Neptalí Díaz Villán CSsR.
Publicado por Misioneros Redentoristas

La primera lectura surgió cuando el pueblo vivía exiliado forzosamente en Babilonia entre los años 587 y 538 a.C. El desarraigo de su tierra y la fuerza arrolladora que ejercía la cultura dominante, complementados con la explotación a la que era sometido, amenazaban el idioma, la cultura y la religión o sea la identidad del pueblo como tal.

Como es sabido, el hombre primitivo contemplaba admirado los astros y la madre naturaleza que, con sus bondades, le proporcionaba alegría o, con sus desastres, lo llenaba de temor. Con esta inspiración elaboró mitos cosmogónicos y ético religiosos, y fue estableciendo cánones de conducta que más tarde los estados confesionales les darían carácter de ley político religiosa.

La experiencia religiosa de toda la zona mesopotámica (donde estaban exiliados los judíos, en Babilonia, actual Irak), se basaba en el miedo a los desastres naturales. Los ríos Tigris y Éufrates les proporcionaban grandes bondades para el regadío de sus cultivos, para sus ganados y para el consumo humano; pero, aunque no era una zona muy lluviosa, en ocasiones se daban crecidas y desbordamientos de los ríos que destruían e infundían terror. La bondad y peligrosidad de la naturaleza eran vistas como acciones de los dioses que se podían modificar si la conducta humana se acoplaba o no a su voluntad. ¿Quién determinaba cuál debía ser la conducta humana para agradar a los dioses? He ahí el dilema.

Aquí entramos directamente en el tema del diluvio. El diluvio o cataclismo universal, es mencionado en muchas tradiciones mitológicas y religiosas (india, griega, china, judía, babilónica, etc.). Según estas tradiciones, en otras épocas el mundo había sido destruido por obra de Dios o de los dioses, para purificarlo. La religión oficial del imperio Babilonio con el rey Nabucodonosor II a la cabeza, amenazaba a sus súbditos con un nuevo diluvio universal si no obedecían sus designios, incluidos los sacrificios humanos en honor a los dioses, llevados a cabo en la torre de Babel, lugar donde pretendían estar más cerca del cielo (Gen 11,1-9). Por su parte, los Maestros judíos en la cautividad lucharon contra esa aculturación[1] y, con los mismos medios (mitos, leyendas, etc.), contradijeron la versión oficial para defender su identidad y sus derechos como pueblo.

Según el relato del Génesis (Cap. 6 al 10 ‘1ra lect.’) Dios, por la maldad del hombre y para purificar la humanidad, envió el diluvio durante cuarenta días y todo ser vivo que existía sobre la tierra murió, exceptuando los que estaban en el arca de Noé. La novedad del relato bíblico consistía en la promesa de Dios de no volver emplear este mecanismo para purificar: “les prometo que las aguas del diluvio no volverán a exterminar la vida; no habrá otro diluvio que arrase la tierra”. Con este contra-cuento se pretendía superar el miedo al diluvio y, por tanto, el miedo a los designios del rey que manipulaba las conciencias y amenazaba las masas con sus engaños y mentiras.



Superada la religión de miedo, hay cabida para un nuevo pacto de Dios con la vida. Superada la religión del miedo, hay cabida para construir pueblo a partir de convicciones profundas, con proyectos concretos que nos animen y nos hagan arriesgar la vida por ideales realizables. Las nubes y su amenaza de lluvia, la magia y el color del arco iris que generaban miedo, fueron convertidos en signos del compromiso de Dios: “Pongo mi arco en las nubes, como señal de mi compromiso con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá el arco iris, y me acordaré del compromiso que tengo con ustedes y con todos los seres vivientes, las aguas no causarán otro diluvio que acabe la vida”.



Y toda esta historia ¿para qué? Para ayudarnos a comprender que hoy estamos invitados a cuestionar los mitos imponentes que embotan nuestra mente; a releer y reinterpretar estos textos sagrados, y a abandonar la religión del miedo. Necesitamos purificar nuestra vida, pero no por miedo al castigo, sino como parte de un proyecto personal y comunitario. Necesitamos purificar el amor, de todo miedo, de toda dependencia esclavizante y de todos los intereses mezquinos, para que desde la libertad y con la gracia de Dios podamos construirlo a plenitud. Necesitamos purificar nuestras costumbres sociales y políticas; dejar el clientelismo, combatir la corrupción y sobre todo la indiferencia y el miedo a quedarnos sin el mísero apoyo de los políticos infectos que manejan la historia a su antojo. Nos queda la tarea de mirar con criticidad las ideologías que dominan nuestro mundo y descubrir caminos para que, desde la fe y en la diversidad, trabajemos por una casa común donde haya vida abundante.



CONVIÉRTANSE Y CREAN EN EL EVANGELIO

En algunas partes del mundo (Venecia, Colonia, Río de Janeiro, Barranquilla, etc.) se vivieron unos días intensos de carnaval. Tiempo para resucitar lo bueno de las deidades “paganas”, que en nuestra Patria Grande (Latinoamérica y el Caribe) heredamos de amerindios y africanos. Tiempo para las diferentes manifestaciones culturales, el esparcimiento, la alegría y la bulla, la danza y el baile. Ambiente para liberarnos de “los malos espíritus” y una oportunidad para satisfacer nuestra necesidad humana de reír.

Algunos lo rechazan tajantemente, otros lo disfrutan sanamente, y otros lo toman como una válvula de escape; una oportunidad para sentirse libres y manifestar lo que se es, así sea ocultándose bajo el anonimato de la máscara y el disfraz, oposición entre lo que se es y la apariencia. Tiempo para olvidar la bochornosa vida cotidiana, y medio para evadir responsabilidades. El carnaval quien lo vive es quien lo goza. Quien lo ignora desconoce la magia, el colorido y la riqueza humana de nuestro mundo mestizo que lucha contra la esclavitud y busca la libertad… Quien lo critica mordazmente deja ver su amargura y quien lo vive irresponsablemente, sufre sus peligrosas consecuencias. Cada uno puede hacer su balance.

Para los cristianos viene ahora un nuevo tiempo: la cuaresma. Como todo en esta vida, sobre la cuaresma también hay diferentes posturas: algunos la rechazan, otros se burlan, a otros le es indiferente y algunos la viven de manera fanática. Aunque puede ser desviada, no es precisamente el tiempo para la flagelación, para llorar sobre la leche derramada, ni para sentirse iguales a los gusanos más asquerosos sobre la tierra, lleno de pecados, miseria y dolor.

Así como podemos disfrutar sanamente del carnaval o de cualquier otro medio lúdico, podemos también aprovechar al máximo esta cuaresma. No serán cuarenta días de tenebroso diluvio, serán cuarenta días de desierto, como lo sugiere el evangelio. Es decir, días para tomar conciencia de nuestra débil naturaleza humana sometida al hambre, la sed y a la constante tentación de volver a la esclavitud, como la vivieron los israelitas en los cuarenta años de desierto, camino a la tierra prometida.

Cuaresma es una oportunidad para la reflexión, es decir, para hacer una flexión hacia dentro, para dirigir una mirada hacia nosotros mismos. Para descubrir nuestra desnudez en lo profundo de nuestras conciencias, núcleo central del ser humano. Para vernos tal como somos, sin máscaras, sin disfraces y sin risas falsas. Para descubrir las alimañas y los ángeles en nuestras vidas. Para encontrarnos con Dios, evaluarnos, conocernos y reconocernos, y escuchar al Señor que nos tiene una Buena Noticia: “el Reino entre nosotros”; y una invitación: “convertirnos y creer”.

Durante este retiro cada uno puede preguntarse: ¿Estoy caminando con Jesús hacia la construcción del Reino? ¿El Reino de Dios hace parte de mi opción fundamental? O, ¿es una palabra más en la múltiple gama de palabras con un significado misterioso, un cuento por el que un loco llamado Jesús dio su vida, pero aún no he entendido por qué?

Conversión implica cambio: cambio de mentalidad, cambio de valores, cambio de paradigmas, cambio de vida. ¿Necesito convertirme? ¿De qué necesito convertirme?

¿Creo en la Buena Noticia del Reino? Es decir, ¿aún por encima de tanta agresión y sufrimiento, de injusticias que causan miseria y muerte, creo que es posible un mundo justo, fraterno e igualitario? Aunque por mi naturaleza limitada caigo muchas veces en egoísmos, envidias y rencores, en fin, en pecado; ¿creo que Dios, por su infinita misericordia, me perdona y conduce mi vida hacia la plenitud? Aunque a veces pareciera que el mal rigiera los caminos de nuestro mundo ¿le creo a Jesús, camino con él y trabajo ayudado de su gracia para que en este mundo reinen la verdad, la alegría y el amor misericordioso, es decir, para que reine Dios?

La Cuaresma no es escape del mundo para rezar porque “el que peca y reza empata”; no es tristeza, llanto y luto. Es reflexión, interiorización, evaluación y encuentro con nosotros mismos y con Dios. Vive la cuaresma y ella te ayudará a vivir mejor.

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NUEVA CUARESMA: DIOS, YO Y LOS DEMÁS

I DOMINGO DE CUARESMA - CICLO B
Por Fray Marcos


LA CUARESMA: NUEVO ENFOQUE

“Perdona a tu pueblo Señor; no estés eternamente enojado, perdónalo Señor”. Desde niños hemos cantado cientos de veces esta estrofa con el corazón encogido. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. No sólo no es “buena noticia” sino que nos hunde en la más absoluta miseria.

Hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Dios. Jesús nos dice que el perdón es precisamente el punto de partida. Con esta perspectiva hemos arruinado todo proceso espiritual en nuestra vida.

Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido.

Hoy tenemos conocimientos suficientes para intentar otras explicaciones más de acuerdo con los datos que manejamos sobre el hombre, sobre el mundo y sobre Dios. Soy el fruto de una evolución y sigo avanzando. No he perdido nada, y mi obligación es alcanzar la máxima plenitud posible. La ruptura con Dios es imposible, porque Él forma parte de mi propio ser.

Esto no quiere decir que no falle. El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente.

El mal moral no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas. Una inercia de tres mil ochocientos millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por medio millón de años de trayectoria humana.

En efecto, el primer objetivo de todo ser vivo, fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a ese instinto, la vida no sólo se conservó sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens sapiens”.

Su relativa perfección biológica permite al hombre unas relaciones con lo que no es él completamente distintas; ahora fundadas en la armonía y la amabilidad con todo ser. Pero permanece en él, el instinto de conservación que le lleva al individualismo egoísta.

La lucha está servida. La visión miope del ser vivo tiene que ser superado por un apropiado conocimiento de sus nuevas posibilidades y por un ejercicio de altruismo que le lleve a potenciar su ser por medio de esas nuevas relaciones.

Fijaros bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás.

La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo esas relaciones están basadas en el individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones está basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.


CONTEXTO EVANGÉLICO

En los tres ciclos litúrgicos, se lee, el primer domingo de cuaresma, el relato de las tentaciones. Este año leemos a Marcos. Es tan breve, que han tenido que añadir unos versículos de relleno. Sin embargo, la concisión no vacía de contenido la narración, sino todo lo contrario. Es impresionante la riqueza del mensaje


EXPLICACIÓN

El hecho de que Marcos sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos puede estar diciendo que en Mateo y Lucas, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles. También pudiera ser que Mateo y Lucas encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Marcos.

En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Marcos está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.

El objetivo del relato es muy distinto en Mateo y Lucas, y en Marcos. Este último no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En Marcos no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal.

La clase de tentaciones que sufre y el resultado de la lucha será el tema de todo el evangelio, por eso no tiene sentido adelantar acontecimientos. En el evangelio de Marcos, no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora.

“Inmediatamente”. Así empieza el relato, pero como no sabemos lo que pasó antes, no tiene sentido decir: inmediatamente después; por eso comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”.

Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del espíritu. Este espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que nosotros tenemos; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El espíritu le empujó. El verbo griego empleado es ekballw (ekballo) = empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto.

Al recibir el espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. No hace falta resaltar la importancia que tiene la figura del desierto en la espiritualidad del Antiguo Testamento. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible recordar todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto.

Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días para que se conviertan los ninivitas. 40 días camina Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás. Peirew (peireo) no significa en primer lugar tentar, sino probar. Para nosotros la tentación es un mal en sí misma, pero el sentido del verbo griego indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber aprobado si no hay examen.

En Mateo y Lucas, las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha. En Marcos todo sucede a la vez y durante los cuarenta días: tentación, presencia de las fieras y servicio de los ángeles. Tampoco se da por terminado el tiempo de la tentación; sigue toda su vida.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas”, condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos.

Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras). Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera, era total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. Aparte de lo difícil que resulta el saber qué quería decir la palabra ángel, tenemos el problema del verbo “servir”. El verbo que emplea es diakonew (diakoneô) que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. Su primer significado era, “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles.

Podría significar las fuerzas del bien, o la expresión de que Dios estaba de su parte. En el Nuevo Testamento, “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio, de los seguidores de Jesús. Se dice de algunas mujeres que “servían” a Jesús.


APLICACIÓN


Hoy no podemos hacer una aplicación concreta del evangelio. Toda nuestra vida tiene que estar orientada por la actitud de Jesús que acabamos de descubrir. Como él debemos afrontar nuestra existencia desde la perspectiva del espíritu de Dios, es decir dejándonos llevar por lo que hay en nosotros de divino, no por la inercia del instinto.


Meditación-contemplación


Sin lucha en el desierto, no puede haber victoria.

Oración

La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,
dejándonos llevar por una cómoda idolatría.
El antídoto es el Dios de Jesús,
que me dará fuerza y valor para derribar todos los ídolos.
……………



Ayuno

Si me creo sólo biología y sicología individual,
mi única meta será siempre el egoísmo.
Si descubro mi verdadero ser,
surgirá dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

………..

Limosna

La relación con los demás es la pantalla
en la que puedo examinar mi disco duro.
Ella me dirá lo que de verdad hay dentro de mí.
Si no examino con cuidado lo que aparece al exterior,
nunca descubriré lo que tengo que cambiar dentro.

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I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: TAMPOCO A EL LE RESULTO FACIL


Publicado por Fundación Epsilón

No es raro escuchar cuando se habla de Jesús, de su entrega y de su fidelidad a la misión que cl Padre le encomendó que «es que él era el Hijo de Dios». Es comprensible que busquemos alguna justificación al experimentar nuestras limitaciones. Pero lo cierto es que Jesús no jugó con ventaja: tampoco a él le resultó fácil

EL COMPROMISO DEL BAUTISMO

En el comentario correspondiente a la fiesta del Bautismo del Señor (núm. 26), que se celebra unas cuantas semanas antes de este primer domingo de Cuaresma, decimos que, al recibir el bautismo, Jesús se comprometió a dar su vida por la felicidad de los hombres. Ese comentario termina con esta pregunta: «Recibir el bautismo cristiano es asumir el compromiso de seguir los pasos de Jesús. ¿Se parece mucho nuestro compromiso bautismal, nuestro compromiso cristiano, al compromiso de Jesús?» Quizá alguno se sienta inclinado a responder como decíamos anteriormente: «Pero es que Jesús era el Hijo de Dios.»

Marcos, el evangelista, parece que tiene en su mente esta objeción y nos la responde antes de empezar a contarnos de qué modo Jesús llevó a cabo su misión con toda fidelidad:

Jesús venció las mismas dificultades que debe superar cual quiera de sus seguidores. Es cierto que, para ello, contó con la fuerza del Espíritu de Dios y gozó de la ayuda de los ángeles; pero esto no es un privilegio, pues, como se verá a lo largo de todo el evangelio, todos los que se decidan a vivir como él vivió y asuman el compromiso de gastar la vida por la felicidad de los hombres podrán contar con tal fuerza y con la misma ayuda.


LAS TENTACIONES

Marcos no nos cuenta una por una las tentaciones que sufre Jesús, como hacen Mateo y Lucas, indicándonos así que no se trata de hechos aislados que sucedieron una vez y que no se volvieron a repetir más. Este relato, colocado al comien­zo del evangelio, nos presenta el marco general en el que se habría de desarrollar toda la actividad pública de Jesús, las circunstancias que van a acompañar permanentemente la rea­lización su misión mesiánica: «Estuvo en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás...»

Su actividad será un proceso de liberación (cuarenta días en el desierto, como los cuarenta años del pueblo de Israel) que llevará a un nuevo modo de vivir' en libertad (a una nueva tierra prometida). Pero durante ese tiempo tendrá que luchar contra la tentación de/poder simbolizado en Satanás. La ten­tación no se le presentará en forma de duda personal, como atracción que pudiera ejercer el poder en el mismo Jesús; serán otras personas las que intentarán desviarlo de la práctica del servicio y de la entrega de la propia vida y lo invitarán a elegir el camino del triunfo y de la conquista del poder para, una vez instalado, instaurar desde él el reino de Dios. Como ejemplo de esta tentación podríamos citar el episodio que cuenta el mismo evangelio de Marcos (8,31-33), cuando Jesús llamó «Satanás» a Pedro por protestar porque el camino de' Jesús conducía a lo que él consideraba un fracaso, la muerte, e intentar desviarlo en dirección a la conquista del poder para, desde él, hacer triunfar el reino de Dios (véase el comentario número 49, correspondiente al domingo vigésimo cuarto del tiempo ordinario).



FIERAS Y ANGELES

Estuvo en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás; estaba entre las fieras y los ángeles le prestaban servicio.

Pedro reaccionó así cuando Jesús anunció que el Mesías tenía que ser «rechazado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días». Este conflicto es lo que Marcos anuncia cuando dice que Jesús pasó cuarenta días rodeado de fieras: que Jesús sufrirá durante toda su actividad la amenaza de personas que intentarán acabar con su vida. Así sucedió desde el principio (véase Mc 3,6) hasta que, al final, lo mataron.

Cierto que en esa lucha por mantener con firmeza el com­promiso de amor hasta la muerte que asumió en su bautismo, Jesús no se va a encontrar solo: habrá hombres y mujeres que, actuando de acuerdo con lo que Dios quiere (ésos son los ángeles, mensajeros de Dios; Juan Bautista acaba de ser llamado ángel/mensajero de Dios; véase Mc 1,2) le ayudarán («le prestaban servicio») a llevar a buen término su camino.

Nuestra vida, como cristianos, debe ser también proceso de liberación personal y un compromiso con la liberación de todos los hombres y los pueblos oprimidos y explotados. Cierto, esa tarea no es fácil. Y encontraremos muchos obs­táculos: nos intentarán sobornar ofreciéndonos el éxito, el poder o la riqueza para nosotros solos (incluso nos pueden llegar a decir que si logramos ocupar un puesto importante podremos influir más eficazmente en la sociedad), o nos ame­nazarán diciéndonos que nuestra actitud es ilegal o subversiva y que nos estamos arriesgando a ser juzgados y condenados por ello... No será fácil, por supuesto, pero podremos llegar al final como Jesús si, como él, nos abrimos a la acción del Espíritu y si actuamos unidos -ángeles unos para con los otros- con todos los que intentan organizar este mundo de acuerdo con lo que Dios quiere. Será duro, pero tampoco a él le resultó fácil. Y, al final, valdrá la pena.

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Salmo en busca de libertad

Mañana, primer domingo de cuaresma, encontraremos a Jesús en el desierto. El relato de las tentaciones tiene que invitarnos a pensar sobre nuestras ataduras reales. Por ello, con este salmo, buscamos libertad.

Sálvanos, Señor, que se acaba la lealtad, que desaparece la sinceridad entre los hombres: no hacen mas que mentirse unos a otros, sus palabras son engañosas y halagadoras, hablan con segundas intenciones en su corazón.
Sus periódicos están llenos de mentiras, y sirven a los intereses de unos pocos. Nos aturden con los anuncios de sus productos, y ofrecen la felicidad que no pueden dar.
En la lengua tienen puesta su valentía. Confían en sus labios y quieren esclavizarnos. Pero Tú, Señor, has visto la opresión del humilde, y oyes el lamento del pobre sin defensa.

Levántate y líbranos de sus cadenas, no dejes que nos engañen sus anuncios y promesas. Tus palabras sí que son palabras auténticas, como plata limpia y refinada. Tú nos guardarás, Señor,
nos librarás para siempre de esa gente, de aquellos que sólo buscan su interés, de los que han hecho de la palabra el arte de engañar
a sus iguales.

Yo quiero ser libre. Y amo la libertad;
Libre en busca de nuevas ideas para mis sueños.
Libre, como protagonista de nuevos proyectos;
como alguien que ya no es niño y quiere ser hombre.
Libre, como alguien que tiene sus razones y quiere decirlas;
como alguien que no necesita indicadores de camino.
Libre, como alguien que ya se siente responsable;
como alguien que
ha estrenado libertad.
Señor, ¿no es tu Evangelio un canto al corazón libre?

Ayúdame, Señor, a buscar mi rostro,
a descubrirme por dentro,
a aceptarme como en realidad soy.
Ayúdame, a aguantar mis miedos,
mis inseguridades,
a superar mis fracasos
y salir de mis derrotas.
Ayúdame a seguir adelante y no volver atrás,
a superar mis desánimos
y mis desilusiones.
Ayúdame a saber comenzar cada día: ¡ siempre !

Tú, Jesús, eres como la roca firme junto al mar,
eres como la raíz fuerte
que aguanta el árbol.
eres como el manantial
que alimenta el río,
eres como cantimplora
en pleno desierto.
Tú, Jesús, eres la fuerza, el apoyo que necesito
Señor Jesús, no quiero quedarme encerrado en mí mismo;
rompe mi caparazón, derriba mi muro, y sé para mí Puente, ese Puente que necesito para pasar del cerco de mis amarras a la libertad de un corazón nuevo
y lleno de vida.

Un corazón libre, puro, limpio y transparente crea en nosotros, Señor, para poder ver tu rostro.
Un corazón humilde, manso y fraterno, crea en nosotros, para que tu presencia se haga fiesta gozosa en nuestra marcha.

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I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: La predicación coja

Génesis 9,8 15; 1 Pedro 3, 18-22; Marcos 1, 12-15
Por A. Pronzato

Lo inacabado del párroco

¿Cómo podría definirla? Repensándolo con calma, la predicación del inicio de la cuaresma ha sido una predicación coja. O de las amnesias (espero que involuntarias). O también en dirección única. Tantas cosas hermosas, justas, interesantes, y hasta profundas, pero al mismo tiempo algunos vacíos bastante llamativos.

Conclusiones indiscutibles del tema desde el punto de vista lógico, pero decididamente unilaterales. Nada que decir acerca de la actualización, que siempre es la pista de aterrizaje del sermón, pero el campo elegido resultaba más bien reducido y excluía territorios que deberían haberse tocado.

En suma, la sensación de una construcción que se inclinaba hacia un lado. Sería exagerado y hasta banal sacar a relucir la torre de Pisa. Mas bien, he tenido la impresión de algo inacabado.

Así pues, el sacerdote, refiriéndose al final del diluvio, anunciado por el arco iris en un cielo hasta ahora tempestuoso, se ha sentido en el deber de amonestar gravemente: «...Pero no tenéis que pensar que, al final, con Dios todo se ajusta y, por tanto, no hay por qué preocuparse y se puede continuar tranquilamente haciendo el mal que se quiera». Sacrosanta advertencia. Pero que tendría que haber sido completada con esa estupenda expresión que aparece en la Carta de Pedro: «Cuando la paciencia de Dios aguardaba en tiempos de Noé...».

Y no sólo en tiempos de Noé. Tengo motivos para pensar que la paciencia de Dios aún no se ha agotado, a pesar del cúmulo de tonterías que nosotros podamos almacenar. La paciencia de Dios aguanta, aunque nosotros hagamos todo lo posible para ponerla a prueba.

Sí, no hay que abusar de ella. Pero tampoco es lícito dejar caer que la estación de la paciencia de Dios ya ha pasado. La paciencia de Dios, para ventaja nuestra, continúa... aguantando.



El arma colgada de un gancho

Después el predicador, ateniéndose a su actualísima cultura bíblica (que, por lo que sospecho, no se remonta a los años oscuros del seminario, sino que representa una laudable conquista personal reciente), nos ha explicado que la palabra que se traduce habitualmente por arco iris, puede significar, según los estudiosos peritos en la materia, otra cosa: sería el arco de guerra. En ese caso la imagen que se deriva de ahí resultaría también muy bella: Dios ha colgado en una nube el arco y ha tirado las flechas. Ya no recurrirá a él para herir a los hombres culpables.

Y aquí me hubiera gustado hacer presente a nuestro párroco que no todos sus hermanos piensan lo mismo. Algunos de ellos añoran ese arco que quedó inutilizado, y en el fondo de su corazón desearían que «el buen Dios» (!), de vez en cuando, lo volviese a tomar en su mano, cargado de flechas afiladas, y que apuntase con precisión (cosa no difícil porque se trata, normalmente, de blancos voluminosos, fáciles de ver) y fulminase a un discreto número de pecadores impenitentes, sin dejarles escapatoria. Así, para hacerse respetar y llamar al orden.

Mi mujer, recientemente, ha oído por la radio a un predicador, muy popular en ciertos ambientes, amenazar a una mujer que había manifestado un propósito lamentable: «Si hace eso, Dios la castigará».

Evidentemente alguien ha rescatado la flechas que el Señor, en tiempos de Noé, había tirado, y agradecería mucho que el Dios de la paciencia sin límites y de la misericordia inagotable lo repensara, posiblemente poniendo al día su armería, ya «en desuso» (empleando ese vocablo tan querido a nuestro «joven coadjutor»). Esa que, en términos militares, me parece que se llama «estrategia de la disuasión».

Dense cuenta. Si precisamente el buen Dios sintiese nostalgia del arco y de las flechas, podría divertirse útilmente clavando la lengua (entiéndase bien, de manera indolora) de algún representante suyo desconsideradamente locuaz.

Aparte el fogoso y vulgar predicador radiofónico, hay que reconocer que muchos curas, también hoy, se sienten portadores (abusivos) de los castigos y de las amenazas terroríficas de Dios, más que de las promesas del Dios de la alianza eterna («Yo hago un pacto con vosotros..., recordaré mi pacto con vosotros...»). No dudan en recurrir al chantaje del miedo. Ejercitan una especie de terrorismo espiritual. Si pudiesen, pintarían de negro el arco iris.

El Señor ha asegurado que «el diluvio no volverá a destruir la vida». Pero algún dispensador de sus bienes piensa e incluso deja entender que a lo mejor sería el momento de reconsiderar el asunto, dado que se agrava la situación.

La nostalgia de Júpiter, divinidad tonante y asaeteadora, de vez en cuando aflora también en campo eclesial. Se diría que la tiznada fragua de Vulcano, con brasas, hierro candente y flechas afiladas, se ha establecido en las sacristías y alrededores.

Según ciertos «celosos», el Padre que manda la lluvia tanto sobre los campos de los buenos como de los malos (Mt 5, 44­45), debería corregir un poco el tiro y hacer intervenciones con mejor puntería (como las llamadas «bombas inteligentes»), golpeando con una bonita granizada las viñas de los incrédulos.



Un molesto prurito en la lengua

Pero sobre todo al comentar la página del evangelio es cuando el cura se ha inclinado de un lado, y he sentido en la lengua un prurito molesto.

Después de haber adelantado que Marcos no refiere los detalles de las tentaciones sufridas por Jesús, lo que sí hacen

Mateo y Lucas, ha dicho que aquel vacío podía llenarse útilmente, es más, quizás se había dejado aposta para que nosotros colocáramos dentro el contenido de nuestras tentaciones habituales, un ejercicio recomendable sobre todo en tiempo de cuaresma.

El presbítero de nuestra comunidad nos ha echado una mano en ese ejercicio, sugiriendo que quizás la tentación más frecuente y actual para muchos creyentes fuese la de la facilidad.

Ha precisado: «Hoy muchos de vosotros pretenden eso que un obispo llamaba `cristianismo a la carta'. Como en el restaurante: se eligen los platos más apetitosos para nuestro paladar, descartando lo que no nos gusta. Del mensaje cristiano se toma únicamente lo que no es demasiado incómodo. Se acoge la palabra de Dios, mientras sea tranquilizadora y consoladora, pero que no nos moleste, que no nos inquiete demasiado. Se acepta un Dios que está de acuerdo con nosotros, con nuestra mentalidad `moderna' y nuestras opciones, pero se aparta la idea de un Dios que nos critica, que tiene algo que censurar en nuestra conducta. Al cura se le acepta cuando habla de las cosas del alma, pero que no se arriesgue a hablar de justicia, de honestidad en los negocios, y de otros asuntos personales.

En una palabra, se pretenden facilidades, amplios descuentos sobre el precio original del compromiso cristiano...». Pero al llegar aquí, nuestro pastor ha indicado, entre los atajos de facilidad emprendidos por nuestra fe escasa, «la búsqueda exasperada de milagrismo y la carrera desenfrenada hacia lugares de presuntas apariciones».

Bien dicho, diagnóstico perfecto. Pero, a mi parecer, debería haber añadido que muchos colegas suyos favorecen este peligroso atajo, organizando peregrinaciones en serie, escribiendo libros de amplia difusión (y se sabe que hay un importante público de buena boca y goloso de sucedáneos), favoreciendo la difusión de «mensajes», cuyo contenido, si se compara con la palabra de Dios que se nos entrega en la sagrada Escritura, es de una banalidad desoladora.

Finalmente, me habría esperado que, después de habernos apuntado las tentaciones en las que nosotros fieles caemos más fácilmente, nuestro párroco hubiese confesado, no digo sus tentaciones personales, sino al menos aquellas que hieren a la Iglesia y a sus ministros.

Y entonces lo intento yo. Mira, tengo la impresión de que amplios sectores de la Iglesia de hoy ceden con gusto a la tentación del espectáculo (con el soporte de personajes famosos de fe dudosa y discutible ejemplaridad), de las manifestaciones masivas, con una evidente complacencia por lo colosal, las cifras, y el consenso superficial. Se les ve satisfechos con los aplausos, más que preocupados por la adhesión interior.

En cuanto a los curas, especialmente de la nueva generación (y no solamente), me parece que la tentación más frecuente de la que son víctimas consentidoras es la popularidad. Confunden la eficacia de su misión con el éxito, el entusiasmo epidérmico y la efervescencia ruidosa. No pierden ocasión para exhibirse, publicitar sus iniciativas, hacer ver a todos que son valientes, dinámicos, inteligentes y, naturalmente, «abiertos», no como los demás...

Se ha acuñado una palabra fea para definir su enfermedad: contentamiento. Que significa: manía de complacer a toda costa, con el peligro a lo mejor de devaluar el mensaje que se les ha confiado.

Ellos no corren el riesgo de ser empujados por el Espíritu al desierto para dejarse tentar por el diablo. En efecto, no saben lo que es el desierto, y cuando oyen el nombre de Satanás esbozan una sonrisa de indulgencia.

Sufren sus tentaciones públicamente, en las plazas. La plaza es su tentación.

Si me equivoco, o si he exagerado, mi pastor está autorizado a corregirme. Creo que no habrá necesidad de las célebres flechas oxidadas para clavarme la lengua. Proveeré yo personalmente, con medios propios. Si se demostrase mi error, me comprometo a callar durante todo el tiempo de cuaresma. Y esto es válido también para los pensamientos malignos. Como penitencia escucharé sin respirar incluso las predicaciones claudicantes, a pesar del prurito que notaré seguramente en la punta de la lengua.

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I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: Un Pacto por la Vida


Ya estamos en Cuaresma. Tiempo de ayunos y abstinencias, de penitencias y sacrificios. Así lo hemos visto tradicionalmente. Era tiempo de mirar hacia dentro de nuestra vida y reconocernos pecadores. En resumen: tiempo de conversión. Pero hay que escuchar con atención a la primera lectura de este domingo. Nos relata el pacto que hace Dios con Noé. Ha terminado el diluvio, el desastre total. Dios se arrepiente de su cólera y promete: “el diluvio no volverá a destruir la vida ni habrá otro diluvio que devaste la tierra”.
Este es el pórtico de esta Cuaresma, el pregón inaugural que nos sitúa en pista del camino que tenemos que hacer durante estos cuarenta días de preparación para la celebración de la Pascua, de la muerte y resurrección de Jesús. Porque, ¿qué es la Pascua sino la fiesta de la Vida, del Dios que quiere la Vida y que rompe y destruye las barreras de la muerte?
Pero no hay que adelantar acontecimientos. Quedan cuarenta días y hay todo un camino por delante. Habrá que dar cada paso. Y todos llevarán su esfuerzo y su afán. Con todo, el pórtico nos mantendrá en el camino y en el esfuerzo: Dios no destruye la vida sino que la apoya, defiende y promueve. Dios no quiere nuestra muerte ni nuestra destrucción. Dios no desea que nos hagamos daño sino que seamos felices, que vivamos en plenitud el don de la Vida que nos ha regalado.

Un camino que pasa por la Pascua

El camino no es fácil. El Evangelio nos recuerda que el mismo Jesús anduvo vagando por el desierto. En aquellas soledades, sin distracciones, tuvo sin duda la oportunidad de pensar, de reflexionar, de tomar conciencia de su misión. Sintió la tentación de abandonar. Lo peor no eran las alimañas del desierto sino el saber que luego, más adelante, se iba a quedar sólo y que lo más probable era que su vida no terminase bien. El anuncio del Reino de Dios le iba a llevar todas sus fuerzas, toda su energía, todos sus recursos. Lo que veía que debía ser el sentido de su vida se convertía por ello mismo en la razón de su muerte.
Paradójicamente el Dios de la Vida, el Dios cuyo reino de fraternidad quería anunciar y sentía en su corazón que era lo más importante de su vida, se iba a encontrar con él pero pasando por la muerte, el abandono y la soledad. La tentación de abandonar debió ser muy fuerte. Durante el tiempo que estuvo en el desierto y otras más a lo largo de su vida. No hay más que recordar la escena de la oración en el huerto, justo antes de su arresto.
Pero nada de eso le impidió salir a los caminos y comenzar su misión: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios; convertíos y creed en la Buena Nueva”. Porque no dudó ni un momento de la promesa de Dios, del pacto de Dios por la vida, que tantas veces el hombre había quebrado y que Dios había mantenido, mantenía y mantendría para siempre.

Caminar en esperanza

Empezamos nuestro camino cuaresmal. Lo primero es escuchar la promesa del Dios de la Vida. Pasaremos por muchas dificultades en nuestra vida personal, familiar, en el trabajo, en nuestro país, etc. Pero siempre podremos contar con esa promesa y con la fidelidad del que la hace: Dios mismo. Habrá momentos oscuros y difíciles. Sentiremos la tentación de dejar el camino y tirarnos en la cuneta. Pero contamos con la fuerza de Jesús, con su gracia.
Es tiempo para atender y curar las heridas que nos hemos hecho, unos a otros, a nosotros mismos, y que nos impiden caminar con gozo y esperanza. Es tiempo para reconocer sin miedo que más de una vez hemos caído en la tentación del desánimo pero también de sentir la alegría de que el Dios de Jesús es fiel a su promesa a pesar de todos los pesares, a pesar de todas las que hemos hecho.
Siempre podemos levantar la cabeza al cielo y mirar al arco iris. Es sólo un efecto óptico y meteorológico producido por los rayos del sol al atravesar las pequeñas partículas de humedad contenidas en la atmósfera terrestre. Vale. Pero también es un signo de la belleza de este mundo creado por Dios y en esa misma belleza esta contenida la promesa de Dios. Incluso cuando el cielo esté lleno de nubarrones, sabemos que el sol está allí. Siempre. Aunque no lo veamos.
Por eso no nos dejamos hundir por las tentaciones ni las dificultades. Y seguimos adelante. La Pascua de la Vida nos espera.

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SATANAS EN PERSONA - I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: (Marcos 1, 12-15)

Publicado por Fundación Epsilón

Es curioso observar cómo el evangelista Marcos no cuenta en qué consistió la tentación que Satanás tendió a Jesús en el desierto; se limita a decir que, tras el Bautismo, "el Espíritu de Dios lo empujó al desierto. Se quedó allí cuarenta días y Satanás lo ponía a prueba; estaba con las fieras y los ángeles le servían". A partir de este momento, Satanás desaparece de la escena evangélica, y quienes tientan a Jesús son siempre hombres de carne y hueso, en concreto los fariseos y , en una ocasión, Pedro.

Por parte de los fariseos, representantes cualificados de la ideología de la sinagoga, Jesús sufrió una triple prueba o tentación. Veámoslo.


Primera prueba: ¿Es Dios de todos o sólo de los judíos?

Jesús representaba la imagen de un Dios que amaba a todos los hombres, pertenecieran o no al pueblo judío. Por eso dio a comer pan y pescado dos veces, una entre judíos y otra entre paganos (Mc 6 y 8). La segunda vez "salieron los fariseos -que no aceptaban la imagen de un Dios así-y se pusieron a discutir con él; para ponerlo a prueba le pidieron una señal que viniera del cielo", o lo que es igual, un milagro aparatoso que probara que Dios confirmaba el modo de actuar de Jesús, universalista y abierto. Pero Jesús se negó a hacer más señales de las ya hechas.

Con el doble reparto de panes y peces quedaba suficientemente probado que Dios amaba por igual a judíos y paganos. A buen entendedor, pocas palabras. Jesús no cayó en la tentación.


Segunda prueba: ¿Hombre y mujer son iguales?

El Maestro Nazareno consideraba que hombre y mujer son seres situados al mismo nivel de igualdad; nada legitimaba las relaciones de dominación de éste sobre aquella. Bien lo sabían los fariseos que, a pesar de ello, "se le acercaron y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿le está permitido a un hombre repudiar a su mujer?" (Mc 10,2ss). Se planteaba con esta pregunta la legitimidad del ejercicio del derecho del hombre a divorciarse, no de la mujer -pues ésta no podía solicitar el divorcio en Israel.

Responder esta pregunta en uno u otro sentido suponía aceptar una injusticia de base: la situación de una sociedad donde la mujer no tenía los mismos derechos que el marido. Jesús no acepta este planteamiento y por eso responde: Si Moisés permitió que el hombre despidiera a la mujer fue "por lo incorregibles que sois... Pero al principio del mundo Dios los hizo varón y hembra... Luego lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Afirmando la indisolubilidad del matrimonio, Jesús trata de defender a la mujer indefensa ante la frecuente arbitrariedad del marido que la podía despedir por cualquier motivo, condenándola a la mendicancia, al no poder trabajar fuera de casa y serle difícil contraer nuevas nupcias. Jesús no cayó en la tentación.


Tercera prueba: ¿Quién manda: Dios o el César?

"Le enviaron unos fariseos partidarios de Herodes para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le preguntaron: ¿Está permitido pagar tributo al César o no?" (Mc 12,l3ss).Y Jesús respondió:

"Devolved al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios". Tanto el César como los fariseos habían ocupado el puesto de Dios y oprimían al pueblo. Una autoridad así no es competente y hay que romper con ella. Todo poder que oprime no tiene el respaldo divino, sea civil o religioso. Jesús no cayó en la tentación.

Tres pruebas, pero una única tentación: la de dividir el mundo en bloques antagónicos: judíos-paganos, hombre-mujer, Dios-César. Los fariseos -y cuantos por cualquier motivo hacen nacer la división entre los hombres- son Satanás en persona.

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Comentario I Domingo de Cuaresma, 'B'

El Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por el Satanás (Mc 1, 12).

Con muy pocas palabras, el Evangelio de este primer domingo de Cuaresma nos ofrece el marco en el que se desarrolla la existencia humana, el desierto y la tentación.

Jesús, que ha asumido enteramente nuestra naturaleza, poseía el Espíritu, quien lo empuja al desierto por una cuarentena de días. Nos extraña la expresión un tanto violenta con la que se describe el motivo de la marcha al lugar de la tentación. Hay opciones que no gustan, pero se deben asumir, si se demuestra que es el Espíritu el que mueve a llevarlas a término.

La estancia prolongada de Jesús en el yermo -cuarenta días-, nos revela que la vida es una constante experiencia de tentación, mientras dura la travesía, que es la historia de cada uno, hasta llegar a la tierra de la promesa, anticipada con la celebración de la Pascua.

La convivencia de Jesús con los animales y alimañas nos hace evocar a Noé, cuando superó la prueba del diluvio metido en el arca con todos los animales. Pero si en el caso del Antiguo Testamento perecen todos y sólo se salva un justo, San Pedro afirma que “Cristo murió por todos una vez para siempre, el inocente por los culpables” (1 Pe 3, 18). En nuestro desierto y combate no estamos exentos de ayuda.

A nosotros, el Espíritu nos empuja a la conversión, que debe ir unida a la súplica: “Señor enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad” (Sal 24). Tenemos la promesa de la salvación, la señal del pacto, la palabra dada por parte de Dios. San Pedro interpreta estos signos como profecía del bautismo.

La victoria llegará con la resurrección de Jesucristo, meta cuaresmal, anticipo de nuestro destino. Mientras tanto, el testimonio del combate de Jesús nos debe estimular a no dejarnos dominar por el Tentador, aunque no podamos evitar sus insinuaciones. Siempre contamos con la lealtad divina, que enviará, si es preciso, a sus ángeles.

¿Te resistes a ir al desierto? ¿Eres víctima del Malo? En lo recio del combate, ¿acudes a la oración? Mira a Jesucristo.

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¡NO LE DEMOS GUSTO AL DIABLO! - I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: (Marcos 1, 12-15)

El pasado miércoles, al recibir la ceniza, nos dábamos cuenta que –sin Dios- no somos nada, polvo. Se nos invitaba a recuperar la vitalidad de nuestra fe. A comenzar este camino cuaresmal (que tiene como objetivo la Pascua) utilizando todos los medios a nuestro alcance:

- Oración
- Penitencia
- Caridad
- Ayuno

1.- La cuaresma, para desgracia nuestra, ya no es lo que era. Mejor dicho; los católicos no nos tomamos tan en serio este tiempo de preparación a la Pascua como, por ejemplo, lo hacían los primeros cristianos. ¡Estamos tan acostumbrados a creer! Lo cierto es que, una Pascua sin previa y profunda preparación, corre el riesgo de quedarse en una simple fiesta de primavera. ¿Queremos eso? ¿Es eso para lo que Dios vino al mundo y dejará que su Hijo muera en la cruz? Qué bueno sería, en primer lugar, que nos planteásemos un pequeño programa. Si Cristo va hacer tanto por nosotros, ¿qué estamos dispuestos nosotros a hacer por El?

-Escuchemos su Palabra. Veremos como entonces, el Señor, nos sorprende. Siempre tiene algo bueno y nuevo que decirnos.

-Necesitamos de estos desiertos, de estos encuentros para luego hacer frente a la vida. Lo mismo hacía Jesús; antes de presentarse en público se retiraba a orar tal y como hoy, por ejemplo, lo contemplamos en lucha permanente contra las tentaciones del diablo.

-Camino de la Pascua sería positivo que nos preguntásemos cómo está nuestra oración. ¿No se encontrará un poco en crisis? Cuando decimos que hay crisis de fe ¿no será que en el fondo hay problema de oración? Cuando sostenemos que hay dificultades de los padres con los hijos ¿no será también que, en el fondo, hay ausencia de comunicación de los hijos con los padres?

La Cuaresma es un tiempo privilegiado para la oración. ¿Quién no se deja impresionar cuando se coloca frente a un crucificado? La oración es esencial para entender y comprender la voluntad de Dios. Y si no la entendemos ni la comprendemos es porque, muchas veces, somos alérgicos a esos desiertos de la oración, el silencio, la reflexión o la lectura asidua de la Palabra de Dios.

2.- También nosotros, como el mismo Señor, nos encontramos constantemente en una lucha encarnizada contra el mal. ¡Son tantas las promesas que se nos hace si abandonamos a Dios! ¿Pero se nos dará algo a cambio? ¿No nos quedaremos sin nada? ¿No tendremos que pedir perdón –a la larga o la corta- a ese Dios que, siendo todo, lo dejamos a un lado por nada?

En este tiempo de cuaresma, como diría San Ignacio de Loyola, dos caudillos salen a nuestro encuentro: Jesús y Satanás. ¿Con cual nos quedamos? ¿A quién servimos?

- La oración va directa a Dios. La ausencia de ella nos convierte en miembros serviles del diablo

- La austeridad nos acerca al Padre. La opulencia y la ostentación hace sonreír al maligno

- La caridad y el amor agradan al Señor. La tacañería y el individualismo consolidan el reino del diablo

- La eucaristía nos lleva a Cristo. El vacío y el sinsentido del domingo hacen bailar a Satanás.

3.- Que el Señor nos conceda tres gracias especiales en este tiempo de ascensión a la Pascua:

a) Ante la tentación del materialismo, el saber defender el “ser” antes que el “tener”. Cuántos hermanos nuestros viven en situaciones de dificultades y de desencanto porque no han sabido medir ni controlar su avaricia

b) Ante el incentivo de la vanidad hay que adorar al Único que se lo merece: a Dios. La vanagloria, los aplausos y el engreimiento son fiebres que se pasan en cuatro días ¿Qué queda luego? Las secuelas de las grandes soledades.

c) Ante la incitación del poder, el dominio de uno mismo. El poder en la vida de un cristiano es el servir con generosidad y el ofrecer sin esperar nada a cambio.

Que el Señor, en este tiempo cuaresmal, nos ayude a meditar –en un bis a bis- sobre aquellas tentaciones que nos producen ansiedad, infelicidad, inseguridad o abandono de la fe.

4.- CONTIGO EN EL DESIERTO, SEÑOR

Escucharé al silencio que habla
y la Palabra que resuena.
Me sentiré preparado para la misión
para así, ofrecerme hasta desgastarme
contigo y por Ti, mi Señor.

¿Por qué vas a un desierto, Jesús?
¿Qué te brindan la arena y las montañas
sin alimento ni nada con lo que sustentarte?
El desierto habla,
cuando el mundo calla
Hace al cuerpo y a la fe fuertes y resistentes
ante tantas cosas que los debilitan

Llévame contigo al desierto, Señor
porque sin necesidad de estar
en la aridez de esa tierra desértica
también aquí y ahora soy tentado:
por el afán de tener
por el deseo del poder
por la ambición de ser adorado

Contigo en el desierto, Señor
seré fiel hasta el final
me prepararé a la dureza de la cruz
saldré victorioso frente al mal.
Romperé con aquella tentación
que me persigue como si fuera
mi misma sombra.

Dame, Señor, valor para triunfar sobre ellas
Concédeme, la valentía necesaria
para demostrarte mi fidelidad y mi entrega.
Quiero estar contigo en el desierto:
con Dios, fortaleza
con Dios, salvación
con Dios, poderoso
con Dios, santo
con Dios, único Dios.

Quiero subir contigo, Señor
a celebrar tu Pascua, Señor

Amén.

5.- ORACION PARA ESTE PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Ayúdame a hacer silencio, Señor, quiero escuchar tu voz.
Toma mi mano, guíame al desierto,
que nos encontremos a solas, Tú y yo.
Necesito contemplar tu rostro, me hace falta la calidez de tu voz,
caminar juntos... callar para que hables tú
Me pongo en tus manos, quiero revisar mi vida,
descubrir en qué tengo que cambiar,
afianzar lo que anda bien,
sorprenderme con lo nuevo que me pides

Ayúdame a dejar a un lado las prisas,
las preocupaciones que llenan mi cabeza,
barre mis dudas e inseguridades,
ayúdame a archivar mis respuestas hechas,
quiero compartir mi vida y revisarla a tu lado.
Ver donde "aprieta el zapato" para apurar el cambio.

Me tienta la seguridad el "saberlas todas",
tenerla "clara", no necesitarte,
total tengo todas las respuestas.
Me tienta el activismo. Hay que hacer, hacer y hacer.
Y me olvido del silencio, aflojo en la oración,
¿leer la Biblia?, para cuando haya tiempo...

Me tienta la incoherencia. Hablar mucho y hacer poco.
Mostrar facha de buen cristiano, pero adentro,
donde Tú y yo conocemos,
tener mucho para cambiar.
Me tienta ser el centro del mundo.
Que los demás giren a mi alrededor.
Que me sirvan en lugar de servir.

Me tienta la idolatría. Fabricarme un ídolo
con mis proyectos, mis convicciones,
mis certezas y conveniencias,
y ponerle tu nombre de Dios.
No será el becerro de oro, pero se le parece.

Me tienta la falta de compromiso.
Es más fácil pasar de largo
que bajarse del caballo y hacer la del samaritano.
¡Hay tantos caídos a mi lado, Señor,
y yo me hago el distraído!

Me tienta la falta de sensibilidad,
no tener compasión, acostumbrarme a que otros sufren
y tener excusas, razones, explicaciones...
que no tienen nada de Evangelio
pero que me conforman...un rato, Señor,
porque en el fondo no puedo engañarte.

Me tienta el separar la fe y la vida.
Leer el diario, ver las noticias
sin indignarme evangélicamente
por la ausencia de justicia
y la falta de solidaridad.
Me tienta el mirar la realidad
sin la mirada del Reino.

Me tienta , Señor, el desaliento,
lo difícil que a veces se presentan las cosas.
Me tienta la desesperanza, la falta de utopía.
Me tienta el dejarlo para mañana,
cuando hay que empezar a cambiar hoy.

Me tienta creer que te escucho
cuando escucho mi voz.
¡Enséñame a discernir!
Dame luz para distinguir tu rostro.

Llévame al desierto, Señor, despójame de lo que me ata,
sacude mis certezas y pon a prueba mi amor.
Para empezar de nuevo, humilde, sencillo,
con fuerza y Espíritu para vivir fiel a Ti.

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I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: No me ha dicho eres polvo, sino cree en el Evangelio (Marcos 1, 12-15)

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Ayer he presentado la primera parte del comentario al evangelio del domingo (Mc 1, 12-13). Hoy quiero comentar la segunda parte. Jesús ha superado la prueba de Satán y puede comenzar su ministerio, precisamente después que entregan (matan) a Juan Bautista. de esa manera, los cuarenta días de la cuaresma de Jesús (cuaresma viene de quadragesima, cuarenta) se amplían a lo largo del tiempo de su misión. Las palabras centrales de ese evangelio han sido retomadas por la liturgia del Miércoles de Ceniza, cuando el celebrante pone la ceniza sobre la frente del cristiano y dice “convertíos y creen en el evangelio”. Así lo dijo este miércoles el canónigo de la Catedral de Burgos al ponerme la ceniza. Por eso quiero comentar el sentido de esta palabras, que están tomadas de la segunda parte del evangelio de Primer Domingo de Cuaresma. Antes, cuando era niño, el buen cura Abadiño me decía, sonoro latín: “memento.. recuerda que era polvo, y al polvo has de volver”. Anteayer, el canónigo serio de Burgos me ha dicho “cree en el evangelio”. Así ha comenzado este año mi cuaresma. Así deseo que empiece la vuestra .

Texto. Marcos 1, 14-15.

14 Después que Juan fue entregado marchó Jesús a Galilea, proclamando el evangelio de Dios. 15 Decía: – El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios ha llegado. Convertíos y creed en el evangelio

Éste es el texto clave de la cuaresma que empieza, a partir de la Reforma Litúrgica que llegó tras el Vaticano II. Antes, cuando yo era niño, recuerdo bien que se decía:

Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris
Recuerda hombre que eres polvo y que al polvo has de volver

Ahora ya no se dice eso (aunque sigue siendo verdad), sino que se empieza la cuaresma con las palabras de Mc 1, 14-15 que voy a comentar: “convertíos y creen en el evangelio”.

Comentario. Introducción

El texto parece simple. Por eso quiero comentarlo de un modo sencillo, evocando el sentido de cada frase.

-- Después que Juan fue entregado... Este dato sirve de contrapunto histórico y teológico de la historia posterior. Juan ha sido y seguirá siendo lugar de referencia. Jesús viene después (meta), en indicación más teológica que cronológica. La entrega de Juan (paradothênai: 1,14; cf. 6, 14-39) anuncia la de Jesús (cf. 9, 33; 10, 33; 14, 10-11 etc).

-- Vino Jesús a Galilea. El espacio geográfico (y teológico) de Juan era el desierto con el río. El de Jesús, en cambio, es Galilea. No se retira al lugar de la prueba, ni se instala al borde de la tierra prometida; tampoco busca un lugar de salvación junto a los atrios de Jerusalén, en gesto de sacralidad nacional. Jesús se encuentra vinculado a la tierra y gente normal de Galilea, junto a un mar simbólicamente abierto a las naciones del entorno. Esta evocación culmina en 14, 28 y 16, 7 donde Jesús (o el joven pascual) manda a los discípulos a Galilea, lugar que será para Mc espacio fundante y el signo duradero de la iglesia

-- Kerigma. La evocación de Galilea como tal no basta para expresar el nuevo camino de Dios, como no basta el hecho de la entrega del Bautista. El evangelio de la iglesia se funda en el mensaje de Jesús: Se ha cumplido el tiempo y ha llegado el reino de Dios; convertíos y creed en el evangelio (1, 15). Ésta es la palabra clave, que consta de dos frases paralelas dobles, cada una con dos partes, unidas por un kai (y). Como resulta usual en Mc, la segunda sirve para precisar el sentido de la primera: se ha cumplido el tiempo "y" llega el reino (el reino define y da sentido al tiempo); convertíos "y" creed en el evangelio (la fe da sentido a la conversión).

El progreso temático es claro: pasamos del Bautista (desierto/río) a Galilea, descubriendo allí el mensaje de Jesús, abierto a todos los hombres y mujeres. No se encierra Jesús en las casas, susurrando al oído un secreto de iniciados; no se instala en la escuela, ofreciendo cursos largos de enseñanza especializada, no ofrece su palabra a la vera del templo sagrado (a los puros), ni a la orilla del río/desierto (a los especialistas de la penitencia). Viene a Galilea, ofreciendo su evangelio para todos; lo hace con claridad (que se entienda bien), en voz alta (que lo escuchen), como heraldo o pregonero de buenas noticias que deben extenderse por el pueblo.

La buena noticia del Reino

La buena noticia del Reino “de Dios” es el mismo Dios (con genitivo epexegético) o aquello que Dios hace (con genitivo de objeto). En el lugar donde estaba la conversión y penitencia del Bautista viene a situarse la buena noticia de Jesús que expande a hombres y mujeres de su tierra aquello que Dios mismo le ha dicho ((eres mi Hijo...!) y que se expresa en la victoria sobre lo diabólico. Su experiencia es buena noticia; la palabra de su vida puede hacerse ya palabra y principio de existencia para aquellos que quieran escucharle, acompañarle. De esa forma el camino de Jesús se hace camino para todos los humanos, empezando en Galilea:

-- El tiempo se ha cumplido "y" ha llegado el Reino de Dios. El cielo se ha rasgado y Dios se hace presente en Jesús (1, 9-11). Por eso él puede expresar su experiencia, ofreciendo espacio de vida filial y fraterna (de amor) a quienes quieran escucharle. El Reino de Dios se identifica con aquello que Jesús ha recibido en su bautismo. Quiere que todos escuchen (escuchemos) la voz de Dios que dice (eres mi Hijo!, recibiéndola de forma compartida, fraterna, solidaria. Porque el reino de Dios ha llegado podemos y debemos afirmar que el tiempo se ha cumplido, han culminado las promesas de 1, 2-3.

-- Convertíos "y" creed en el evangelio. La pertenencia al reino no se logra por la carne y sangre, es decir, por los principios naturales de la historia (poder genealógico, imposición política) sino por meta-noia o con-versión interpretada como cambio gratuito de vica. Superando el nivel previo de lucha, viene a desplegarse ahora un extenso y gozoso continente de existencia filial, hecha de gratuidad y expresada como fe en el evangelio, es decir, como acogida de la buena noticia de Dios. No es la conversión la que causa el evangelio sino al revés: el evangelio de Dios, que aceptamos por Jesús con fe gozosa, nos convierte, nos transforma, haciéndonos capaces de acoger y construir la familia mesiánica o iglesia.

Jesús no dice “eres polvo”, sino “llega el Reino”

Mc ha superado el nivel biológico (no alude a la familia carnal de Jesús); también ha superado el plano cultural (no sitúa a Jesús en una escuela exegética o filosófica). El grupo cristiano empieza a surgir y se despliega allí donde varones y mujeres asumen con Jesús una experiencia de nuevo nacimiento en amor, desde Dios Padre. Juan era la línea divisoria: podía suscitar un grupo de discípulos penitentes, pero nada más: no ha visto el cielo abierto, no ha escuchado la voz (eres mi Hijo!

Donde Juan Bautista se había detenido sigue Jesús: ha escuchado la palabra, se ha descubierto Hijo de Dios, se ha mantenido en la prueba, ha recibido un mensaje de vida para todos. Por eso ha comenzado a expandir su experiencia, ofreciendo su evangelio universal, en el cruce de caminos de su patria, en Galilea.

Jesús no empieza pidiéndonos nada. No aparece en el texto como un suplicante que implora a Dios agua para el campo, hijos para la familia, fortuna para la casa, vida para los enfermos... Simplemente ha venido en busca de Dios, con los penitentes del Bautista y ha escuchado la voz (eres mi Hijo!, y por eso, habiendo vencido a Satán, pueden decir a los hombres: sois hijos de Dios. No viene pedir a los hombres un tributo, no viene a exigirles responsabilidades, si no a ofrecerles el Reino.

Tampoco Dios había empezado pidiendo algo a Jesús; no le dice que se convierta, no le impone una ley ((cumple! (tu debes!), no le amenaza. Al principio del evangelio no está el imperativo categórico (deber), ni un tipo de moral impositiva o casuística. En el principio está el amor de Padre que dice: ¡eres mi Hijo! .

En ese amor se funda el camino de la iglesia, que me empieza diciendo: Ha llegado el reino... y sigue invitándome ¿te apuntas, te dejas cambiar por el evangelio?. Los que aceptan la experiencia de Jesús forman con él una familia, son iglesia. Este es el cambio categórico, el principio del evangelio, el surgimiento de la familia de Dios. En la base de Mc hallamos una experiencia de filiación gozosa que se expande por gozo a todos los humanos. Por eso, en los momentos fundamentales de la trama evangélica (transfiguración, viñadores homicidas, oración del huerto, crucifixión: cf. 9, 7; 12, 6; 14, 36; 15, 39), Mc retorna a la experiencia del bautismo, descubriendo lo que significa Jesús como Hijo de Dios para los humanos.

Por eso, Jesús no dice “eres polvo”, sino “eres hijo de Dos”, cree en la buena noticia…, que ella, la buena noticia de Dios, te convierta y cambie

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Y POR LA TENTACIÓN LLEGAREMOS AL REINO - I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: (Marcos 1, 12-15)


1.- Dicen los entendidos que Marcos en esta brevísima narración de las tentaciones del Señor en el desierto (emplea 2 versículos mientras Lucas13 y Mateo 11) lo que pretende es enseñar a sus primeros cristianos, y a nosotros, que el Bautismo (ser católicos) ni nos saca del desierto de la sociedad en que vivimos, ni nos libra de las muchas tentaciones que hay en él, pero nos lleva a una segura victoria (por eso los ángeles servían al Señor)

2.- Pero, ¿en qué se funda la seguridad de la victoria? Ni vosotros (creo yo) ni mucho menos yo, nos sentimos con derecho a subirnos al podio y recibir la medalla de oro (con la de bronce me contentaría yo) Todos tenemos la experiencia de que nosotros mismos no somos ninguna seguridad de llegar a buen término en el camino de nuestra fe. Yo creo que aún los que se creen con méritos, en el fondo de su corazón saben que ninguno se va a salvar, va a triunfar, porque seamos buenos, sino porque Dios en bueno y nos mira siempre con misericordia y se ha comprometido con nosotros en sacarnos adelante a trancas y barrancas.

3.- A ver si me sé explicar porque la cosa puede hacerse aburrida y pesada. Todos sabemos que en la Sagrada Escritura abundan palabras como Testamento (Viejo y Nuevo), alianza, pacto… y yo creo que la que está más cerca de nuestro conocimiento es promesa, lo que Dios nos ha prometido. Porque los pactos de Dios con los hombres no son un alto el fuego, que dura mientras ambas partes se arman de nuevo hasta los dientes. Tampoco un pacto entre iguales sentados en la misma mesa y poniendo condiciones por ambas partes. Todo pacto, alianza o compromiso que haga Dios con los hombres es siempre unilateral. Es hecho por Dios con entera libertad, porque nosotros no podemos poner condición alguna.

Y eso es lo que Dios vino haciendo ya desde esa simpática e infantil narración del Arca de Noé, comprometiéndose a darle salida honrosa al hombre que se había metido por mal camino enfrentándose con Dios. Ya a Adán y a Eva les promete la victoria, se compromete con la humanidad en Noé y luego lo va a hacer con Abrahán y con Moisés.

Y a diario lo está haciendo con nosotros en cada Eucaristía donde en la fórmula de la consagración de cáliz se nos repite: “esta es mi Sangre, Sangre del Nuevo y Eterno Testamento”, del Testamento, del Pacto, de la Promesa ratificada con la Sangre del Señor, el lacre que firma ese documento es Sangre de Dios

4.- Lo que de antiguo viene prometiendo el Señor es que el mismo Dios hecho hombre va a caminar hombro con hombro con cada uno de nosotros y nos va a sacar adelante en medio de las gotas finas con que tropecemos a lo largo del camino (como aquella de Noé). Y en medio de las soledades de desierto en que a veces nos encontramos, dentro de una sociedad paganizada. O zarandeados por las tentaciones del demonio, más o menos atractivo.

5.- Todos nosotros estamos bastante escarmentados de promesas, sobre todo electorales. Por eso cuando oímos la palabra promesa nos ponemos en guardia y pensamos que seriedad tendrá esa promesa.

La promesa del Señor no sólo es seria porque es promesa de Dios, que no puede fallar, sin fallar la misma existencia de Dios, sino porque en muestra de su seriedad ha dado su sangre y su vida para que creamos que va en serio.

Y cuando uno es capaz de arriesgar y perder la vida por otra persona no cabe duda de que va en serio. Pues esta es la Buena Noticia que nos da hoy San Marcos tan escuetamente, que por el desierto y por la tentación llegaremos al Reino apoyados en el hombreo de un Dios hecho carne y hueso como nosotros y que ha dado su vida por nosotros.

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Cuatro momentos para meditar el Evangelio: I Domingo de Cuaresma - Ciclo B


I - NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN.

1.- ¡Hola! ¿qué tal? ¿Tú eres Jesús? Si te digo quién soy yo, no me lo vas a creer.

Desde luego, lo que hoy vivimos tú y yo parece enteramente una de esas ficciones o parábolas destinadas a la instrucción religiosa de los hombres: el encuentro que tuvo lugar un día entre Dios y el Demonio... Y resulta que sí, que es verdad, que al fin tú y yo nos hemos encontrado.

Al fin, después de miles de siglos y de milenios, hablando en términos humanos, nos hemos encontrado.

Tenía que ser precisamente aquí, en la tierra; en términos espaciales, tan humanos, digamos que tú has descendido a la Tierra y que yo he tenido que subir a la Tierra, para encontrarnos precisamente a la mitad del camino.

¡Oye!, ¿Qué no es acaso el hombre el punto equidistante existente entre Dios y el Diablo?... Se trataría de una transcripción ético-moral de aquel principio geométrico según el cual todo cuerpo equidista de lo infinito y lo infinitesimal.

Los dos sabemos de sobra cómo son de frágiles, ruines y falaces estas cosmovisiones humanas, y cómo resultan casi inservibles, por demasiado toscas e inertes, las palabras y las categorías creadas por los hombres.

Pero no hay otro remedio, no nos queda otra alternativa: tendremos que recurrir al lenguaje humano. Puesto que tú y yo hablamos idiomas tan diferentes, no cabe sino utilizar ahora una tercera lengua que los dos, más o menos, conocemos y que hemos llegado a dominar. La verdad es que se trata de una lengua balbuciente, torpe, áspera y grosera. Sin embargo, aun así nos es preferible estar limando con una sierra a empeñarse en estar serrando con un martillo.

2.- En efecto, ¿cómo entendernos si cada uno de nosotros emplease su propio idioma, llamémosle divino al tuyo, llamémosle diabólico al mío? Sería algo peor que un diálogo de sordos: un diálogo entre egipcios y judíos o entre norteamericanos e iraquíes.

Hablaremos la inflexible lengua de los mortales: Sujeto, Verbo, Predicado; Pasado, presente y futuro; largo, ancho, profundo y alto. Las clásicas miserias humanas, las servidumbres del tiempo y del espacio, la lenta aproximación a un punto dado, el tartamudeo inevitable. Una tarea más que fastidiosa.

“Dios”,... “Satán”,... ¿te dicen algo estos burdos pseudónimos? Todo ello limita enormemente nuestras posibilidades de comunicación, y hasta puede frustrarlas. Comprenderás que hablar en tales términos es como hablar del amor en un lenguaje que se quedare sólo en la biología, en lo fisiológico o en lo únicamente corpóreo.

Ocurre además otra cosa. Parece ser que nuestra conversación deberá ser legada un día a los hombres.

No puedo menos que preguntarme, desolado, ¿qué es lo que quedará de nuestra conversación? ¿De qué cosas se acordará el hombre? ¿Entenderá lo que estamos platicando?

El diálogo de Jesús, el Hijo de Dios, con el Demonio en el desierto, someramente recogido por los evangelios, los cuales serán escrupulosamente interpretados por el magisterio de la Iglesia, y éste a su vez escrupulosamente explicado por los teólogos de las aulas, y éstos finalmente divulgados el domingo después de la imposición de ceniza, desde los púlpitos para provecho e iluminación de las almas...

3.- El Padre Rogelio ha dicho en la Iglesia que Don Francisco Robles dijo que el Papa Benedicto XVI dijo que Pedro Lombardo y san Tomás de Aquino dijeron que san Jerónimo y san Agustín dijeron que san Mateo dijo que el diablo dijo... Por supuesto que la versión del padre Rogelio tendrá el peligro de la traducción,... y de la traición.

Pero no hay otra solución, no existe otro lenguaje del que podamos hoy servirnos. Yo no me siento menos que tú. Nunca me he sentido menos que tú. Yo también reino y tú lo sabes bien, y mi reino resulta más atractivo que el tuyo. Digamos que tú y yo somos dos emperadores entrevistándose en un campo neutral, en un cobertizo situado sobre la misma línea de fuego: El mundo del hombre.

Y es este, el año 30 de tu vida mortal. Yo no sé cómo se te pudo ocurrir el asumir una condición tan inesperada en unas circunstancias tan inesperadas. Puedes imaginarte que desde que tú naciste tenía un gran interés en encontrarme a solas contigo. No es que me haya sido imposible hasta ese momento, simplemente me resultaba inadecuado. Inadecuada toda ocasión anterior, tanto el lugar en el que naciste como aquel pueblo ruidoso donde vivías, ¿no pudiste escoger algo mejor? ¡Belén!, para nacer,... ¡Nazaret!, para vivir...

Aquel taller, aquel empeño tuyo en comportarte siempre como un israelita más: un ciudadano y un judío más aunque eso sí: ejemplar... Carpintero, hijo de María y de José, siempre puntual en el pago de impuestos, asiduo asistente a la sinagoga, tu familia cumplía con las peregrinaciones y con las indicaciones de la ley, lector de las Escrituras...

4.- ¿Por qué escogiste el anonimato? En Nazaret había doscientos hombres aparentemente iguales a ti, en Asiria y en Etiopía hay doscientos pueblos iguales que Nazaret y en el Mundo hay doscientos imperios iguales a Asiria y Etiopía, y en la historia puede haber doscientos mundos como el que hoy está rodeando nuestro encuentro...

Es por ello que me desde el principio me parecía lo más inadecuado, lo más desalentador. Pero,... una vez que he arribado a este lugar puedo decir que ahora ya no, aquí ya no me parece inadecuado.

Entre todos los parajes de la tierra, el desierto es el menos inconveniente, por ser el rincón más silencioso y, al mismo tiempo, el más aseado del cobertizo, donde esa proliferación de muerte que los hombres llaman vida se redujo al mínimo,.. si acaso nos encontramos con dos escorpiones y tres cardos en media legua a la redonda.

Y este es un momento oportuno. Acabas de erigirte por fin como Mesías, dando por clausurados tus treinta años de anonimato. La grandiosa noticia empieza a recorrer las diferentes comarcas y dentro de muy pronto todo mundo querrá conocerte. Has recibido del Padre y del Espíritu Santo tu ejecutoria pública, junto al Jordán. La verdad es que yo no repruebo tu decisión de hacerte bautizar; bien mirado es por tu parte tener un detalle de gentileza hacia los ingenuos y torpes hombres, ellos sí que están necesitados de perdón, y están tan hambrientos de algún símbolo o apariencia que haga perceptible dicho perdón.

5.- Y ahora, has venido al desierto, impulsado por el Espíritu Santo. Todavía tus cabellos se miran humedecidos y en el Río Jordán todavía se emiten ondas de movimiento después de que saliste de él,... y todavía recorren esos canales semicirculares que se encuentran entre el tímpano y el caracol aquellas palabras escuchadas desde lo alto: “Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias. Escúchenlo”

¡Oye!, dime la verdad: ¿a qué has venido al desierto? ¿No has venido precisamente a buscarme?,... Quiero decir: ¿No has venido a fortalecer tu alma en la prueba?, ¿quieres templar el acero en el fuego? Oficialmente yo soy el tentador, no tú.

¿A qué has venido al desierto? ¿Buscas pelea o quieres concertaciones? Yo no diría eso, ni tampoco que hayas venido solo pidiéndome una audiencia. Me guardaré muy bien de atribuirte tanto una intención hostil como una disposición suplicante.

Tú estás ahí y yo estoy aquí, ¿cuál de los dos está en realidad enfrente del otro? Para mí tu estás enfrente, supongo que para ti yo me encuentro enfrente. Mira, en realidad tú y yo no somos dos poderes rivales sino, que digamos que somos dos poderes vecinos. Como esa piedra que ves ahí y esta piedra que ves aquí.

Sin embargo,... ¿Sin embargo?,... ¡Sin embargo!, hay una cuestión previa que tenemos que mencionar: Nuestra cita aquí, en el mundo y el tiempo de los hombres, ha hecho posible este encuentro, pero a la vez lo ha hecho tremendamente ambiguo. Para poder reunirnos, los dos hemos necesitado adoptar una figura humana, una especie de traje de asbesto que nos pueda proteger del incendio que seguramente nuestro contacto inmediato provocaría. Nuestra personas han quedado así hasta cierto punto encubiertas, enmascaradas, no directamente identificables. Aunque tú y yo sabemos quienes somos,... aparentemente.

La pregunta, pues, sigue en pie: ¿Soy yo, realmente, el Demonio? ¿Estas seguro?

¿Y cuáles son –digamos- tus certidumbres respecto a ti mismo?

Cuestiones previas, pero absolutamente fundamentales: ¿Soy yo realmente el Satán al que tú buscabas, o soy sólo un poseso, digamos que soy una pobre alma atormentada a la que tú tendrías que liberar de las redes del impostor con tus poderes mesiánicos o quizá soy sólo una alucinación tuya? Ya llevas cuarenta días sin probar alimentos,... te empiezas a sentir débil,... ¿no estarás resultando afectado en tus facultades?

¡Oye! ¿Y tú? ¿Eres el Hijo de Dios que ha soñado con ser hombre o eres un hombre que sueñas con ser Hijo de Dios?... ¿Eres el hijo de David o eres el Hijo de Dios? ¿Eres un iluminado más que sueña con hacerme la guerra o eres verdaderamente el Hijo de Dios encarnado? Digamos que eso sería lo primero que tendríamos que probar antes de sumergirnos en otras discusiones que resultan obsoletas e innecesarias. ¿El Hijo de Dios? No lo pareces...



II - CONVERTIR LAS PIEDRAS EN PAN.

“ En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían.

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.

1.- ¡Jesús de Nazaret! ¿quién lo dijera que estuviéramos tan cercanos y al mismo tiempo tan lejanos?

¿Soy yo el demonio? ¿Eres tú el Hijo de Dios? ¿Soy yo lo que tu piensas que soy y eres tú lo que crees pensar que eres?

He aquí el ritmo imprescindible del progreso: la duda y la comprobación, la comprobación y la rectificación, el afianzamiento en la misma línea, ya que alguna vez la duda es una objeción infundada. Pero hace falta averiguarlo.

¿Quién eres realmente? Por fuerza has de hacer algo ahora para disipar esa duda y recobrar tu seguridad. ¿Cómo? Basta aplicar una regla cualquiera de verificación, nos bastaría un milagro, un solo milagro para cerciorarte de que verdaderamente eres el Hijo de Dios. Por ejemplo: “si eres el Hijo de Dios haz que estas piedras se conviertan en panes”.

En el Río Jordán, después de haber sido bautizado por Juan, oíste la voz de Dios que solemnemente te reconocía como Hijo. ¿Estás seguro de ello? ¿Qué garantías tienes? Una proclamación tan insólita necesita ser comprobada. Las afirmaciones gratuitas no tienen sustento. Creo que te hace falta una comprobación. “Si eres el Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en panes”

2.- El Dios que habita los cielos ama la tierra. El creó la tierra, la hizo brotar de entre las aguas, y creo todas las plantas entre ellas el trigo, él fue quien inspiró la idea de la harina y la masa. Me dirás: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. ¡Desde luego! Pero, no debemos quedarnos en frases célebres, ya que eso mismo se puede decir correctamente también así: “no sólo de palabras vive el hombre, sino también de todo pan que sale de las manos de Dios”. Dios ha hecho el cuerpo y el pan. ¿No es así? Si el pan es un don de Dios, renunciar a él significa despreciarlo y, por lo tanto, despreciar al donante.

Convierte, pues, esta piedra en pan, y come. El pan constituye la dádiva divina por excelencia, así lo pedirán un día en las oraciones los que te sigan, porque tú los enseñarás: “Danos hoy nuestro pan de cada día”. Nada más casto, indiferente y, al mismo tiempo, nada tan sagrado y tan cotidiano.

Te conozco, y sé que ahora mismo transformarías en pan todo este pedregal si se tratase de remediar el hambre de tu prójimo, así fuesen cinco mil o más. Porque sé que tu corazón está poseído por la caridad. Pero “no olvides que antes de amar al prójimo tendrás que amarte a ti mismo”, no olvides que “la caridad bien entendida empieza por uno mismo”. Esta es la norma de la caridad perfecta. Obviamente el mandamiento de “amar al prójimo como a uno mismo” presupone el mandamiento, básico y sobreentendido, de “amarse a sí mismo como al prójimo”. ¿Qué es antes el modelo o la copia?

3.- Sólo entre iguales es posible el amor. El amor y la amistad presupone la igualdad o la inventa. Lo contrario es limosna, mentira y beneficencia. “Yo le doy mis vestidos a la sirvienta” confesará una señora de alta sociedad que presumirá de ser altruista; y Jean Genet responderá: “Sí, pero ella no le da los suyos a usted”. ¿Qué te parece? No hay peor desigualdad que ésta, cuando uno solamente da y el otro solamente recibe.

Haz, pues, que estas piedras se conviertan en pan. Si no obras para ti mismo el milagro, tu milagro a favor de los demás sería como una prueba de superioridad, y por lo tanto de distanciamiento, y creo que esa pretensión es la mía y no la tuya, ¿lo recuerdas?

Perdóname. Probablemente estoy hiriendo tus más delicados sentimientos con mis palabras. O, al menos, estoy contrariando tus teorías. Pues, tal vez pienses que para que los hombres sean mejores deben vencer su codicia, y que nada les ayudará a ello tanto como el testimonio de quien ha sabido desprenderse de todas las riquezas. Pero, permíteme una observación. También podríamos decir que otra forma, no menos eficaz, de eliminar la codicia es saciándola. No me digas que ella crece en la medida en que va siendo satisfecha, así como crece la sed cuando se bebe agua salada. Esto sólo ocurriría si se saciase a medias. Cuando todos los pedregales se conviertan en panes, cuando se sepa que las reservas son inagotables, el acumular alimentos u otra clase de bienes sería una estupidez. ¡Cuando los hombres legalicen las drogas se acabará el crimen organizado y el narco-menudeo! Nunca la gente se le ha ocurrido hacer provisión de aire, almacenar aire; simplemente respiran, inhalan y expulsan el aire sin pensar en él, porque saben que nunca les va a faltar.

Pero,... tú te niegas a convertir las piedras en pan. Tú no puedes acceder a una demanda tan grosera que comprometería intereses muy altos y elevados. Entiendo: ¡se trata de la pureza de tu reino! Tu reino no es de este mundo.

4.- Los pragmáticos del Estado un día deducirán de ahí tu deseo de ser solamente rey de las almas y de los espíritus, y de que al César se le da lo que es del César y que a Dios se le da lo que es de Dios, y entonces “vénganos tu reino” dirán, no pocos.

La Iglesia no tendrá que inmiscuirse en alguna tarea de orden mundano, una cosa es la evangelización y otra es la promoción humana, una cosa es el sacerdote administrador de sacramentos y otra muy distinta, y muy reprobable, el que rebaja su ministerio sagrado al nivel de un solo asistente social o de un comunista. Sería sacrílego querer alterar la situación de este mundo: La madera flota, los cuerpos son regidos por la ley de la gravedad, los ricos prosperan, los peces grandes se comen a los peces chicos,... diversas variantes de una misma ley natural e inviolable, ¿para que entonces no convertir las piedras en panes?

Guárdate, pues, de convertir las piedras en pan y de convertir tu Iglesia en una institución de reformas sociales. Desde luego, Dios no quiere el sufrimiento de los hombres, solamente lo permite. Se limita a permitirlo. Los defensores de Dios harán gala de sutilezas. Ellos distinguen entre la voluntad positiva de Dios y la voluntad permisiva del Señor; la primera se refiere a los bienes y la segunda a los males.

5.- Te aseguro que, si Dios es como lo pintan, habría que inventar un tribunal de última instancia ante el cual los hombres pudieran querellarse contra su Creador. Que Dios nos explique porque le dio alas al hombre y luego lo metió en una jaula, o porque no le dio alas y sí el dolor de carecer de ellas, porque hizo su voluntad tan voluble y su inteligencia tan falible, por qué en el mundo que es un desierto, se negó a convertir las piedras en pan.

Sí tú eres el Hijo de Dios encarnado... Permíteme decirte que me parece inútil querer atenuar el sumo desnivel existente entre el Creador y la criatura descendiendo él mismo a la tierra, tratando de persuadirnos de que se ha hecho vulnerable al amor o al desamor de los hombres. ¿Por qué va a exigir además sentimientos inadecuados, ternura, comprensión, emociones de uso doméstico?

Entre Dios y los hombres existe una asimetría que es insalvable: a Dios no pueden importarle los hombres lo que a los hombres les importa Dios. Efectivamente, “si eres el Hijo de Dios, mejor no conviertas las piedras en pan”. Deja a los hombres que se las arreglen ellos solos. Que aprendan ellos mismos a remediar sus miserias y a bastarse con un amor precario, el amor imperfecto que cuadra a unos seres imperfectos, la ayuda que el ciego no puede brindar al paralítico empujando su silla de ruedas y la que el paralítico no puede prestar al ciego caminando delante de él como para indicarle el camino a seguir. El hombre debe salvar al hombre... O tú, ¿qué opinas?,... Jesús, no me dejes hablando...

6.- “Satán, me estás tentando para que establezca una religión que suprima las necesidades en el hombre. Tú quieres que yo sea un panadero en lugar de un Salvador; un reformador social en vez de un Redentor. Me estás tentando para que me aleje de mi cruz, sugiriéndome que llene los vientres en vez de llenar las almas. Quisieras que yo trajera la abundancia exterior en vez de la santidad interior.

Es preciso que haya pan, pero recuerda que incluso el pan recibe de mí su poder de alimentar a la humanidad. El pan sin mí puede y suele dañar al hombre. Si como Dios soy solamente pan, entonces el hombre no es más que un animal, y los perros serían los primeros en acudir a mi banquete. Aquellos que crean en mí han de adherirse a esta fe, aun cuando pasaran hambre y privaciones, aun cuando fueren encarcelados y sufrieran azotes.

“¡Yo sé lo que es el hambre humana! Yo mismo he pasado cuarenta días sin comer nada. Pero me rehúso a abastecer solamente el vientre. No puedes decir que me desentiendo de la justicia social porque en este momento estoy sintiendo el hambre del mundo.

No sólo de pan vive el hombre..., convertir las piedras en pan es una especie de milagro alquimístico, al estilo de “la piedra filosofal”.

Convertir las piedras en pan es pretender el Fabricar el pan sin sudor, suprimir el sudor de la frente.

Consentir esto es permitir que un día nos manchemos las manos de sangre inocente, producto de nuestra insaciable codicia, y de ese querer volverse rico de la noche a la mañana, olvidando los procesos necesarios que las cosas poseen en sí mismas.

La tentación con la que quieres hacerme caer es la de proponerme a mí y proponerle al hombre el vivir para sí, para los bienes materiales, para satisfacer la presión de los sentidos. ¡Pero no sólo de pan vive el hombre! Es laudable el empeño de producir para vivir mejor, pero es desorden si ese empeño no va presidido por la divisa de ser más, dentro de un humanismo pleno.

Yo mismo soy uno con todos los pobres y hambrientos de la raza humana. Dios ha querido conocer lo que es el hambre del hombre. ¡Apártate, Satán! Yo rechazo ese pan que no se obtiene con el sudor de la frente. El pan más que la señal del milagro posee la señal del trabajo. Yo mismo he trabajado, el pan trae una huella de fabricación: el sudor y la dignidad”.
-Yo tengo otro manjar que la materia.
La Verdad es mi comida.
Y para el desfallecido en la miseria,
Yo soy el Pan de Vida.





III - EL PINACULO DEL TEMPLO.

“ En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían.

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.

1.- Bien Jesús, así es como me gusta que sean las cosas. Este momento me está divirtiendo muchísimo más de lo que pude haber pensado hace un momento. Pareces tener en el baúl de tu equipaje todas esas herramientas que hacen percibir el engaño en las palabras, la seducción en las propuestas y la falsedad en las intenciones.

Me has dejado impresionado porque antes de que des comienzo a tu predicación, oras intensamente. Antes de presentarte entre las poblaciones, te has dirigido al inhóspito desierto. Antes de mezclarte con el pueblo, te retiras a la soledad. Antes de ir al encuentro con los hombres, busques la intimidad de tu Padre.

El desierto ha sido, es y será el camino necesario hacia la tierra prometida, pero es aquí también el lugar en donde acontece la tentación, aunque no tan sólo aquí... Ahora, si me lo permites, iremos a la ciudad que te ha estado esperando durante siglos y siglos. Iremos al templo exacta y precisamente, a la torre Antonia. Subiremos a la parte más alta de la torre más alta existente en la gran Jerusalén. ¿Son cincuenta metros? Digamos que es la altura de un edificio de 17 pisos, la dimensión necesaria para que un hombre que cae desde ahí se convierta al caer en un saco de huesos y polvo... ¡¿A menos que ese hombre sea el Hijo de Dios?! Porque, si tú lo eres en verdad, podrás tirarte abajo tranquilamente, ya que está escrito: “Dios dará órdenes a sus ángeles y ellos te cogerán en sus manos, para que ni siquiera tu pie llegue a tropezar con las piedras”.

2.- He aquí eso que los predicadores del Rosario y de todas las parroquias de Monterrey, de México, del Mundo y de todos los mundos y tiempos bautizarán un día como la segunda tentación. ¿Tentación? Yo no le llamaría así, yo te juego limpio, no pretendo engañarte. Sí aceptas tirarte has caído en la tentación y si no aceptas tirarte también has caído en la tentación. En efecto, si aceptas mi propuesta, si decides lanzarte de la torre, obrarías temerariamente y te harías culpable de la falsa presunción, pues eso significaría tentar a Dios,... pero si te niegas, entonces demuestras falta de confianza y esperanza en Dios. ¿Qué no dirá un día el Catecismo de la Iglesia Católica que la presunción y la desesperanza son los dos pecados cometidos por el hombre contra la virtud de la esperanza (nn. 2090 al 2092)?,... ¿Qué eliges? ¿Presunción o desconfianza? Sí eliges Cara, yo gano; sí eliges cruz, entonces tu pierdes, y si rechazas lo que te propongo, habrá que ir pensando que tú tienes miedo. No me refiero al miedo físico, no se trata del miedo que te generaría el desnucarte en las losas del patio; digo miedo a algo peor,... tienes miedo a comprobar que no acudirían los ángeles en tu ayuda, ¿imagínate el papelito que harías? Y los comentarios que se harían,... tienes miedo a comprobar que tú no eres tal Hijo de Dios. ¿Qué decides? ¿Tienes miedo a probar tu identidad?

En realidad yo no quiero dañarte ni tampoco quiero dañar a los hombres. Pedirte que te lances de la torre es pedirte que cuides de los intereses espirituales de toda la humanidad. ¿Me explico? Si realizas el milagro, si te tiras de la torre y, como es previsible y consabido, resultas ileso, los hombres volverán precisamente los ojos a ti y creerán en ti. El prodigio los congregaría en torno tuyo y admitirían todo cuanto tú les dijeres; sería como un refrendo previo, como una demostración irrefutable de tu doctrina. Puedes decirles entonces que es blanco lo que es negro, que lo pequeño es grande, que el último es el primero, que el servidor es el más importante y que la pobreza es señal de predilección divina, que los que lloran serán bienaventurados, que los que sufren heredarán la tierra,... y ellos lo aceptarán sin ningún problema. Puedes exigirles que lo abandonen todo, que perdonen setenta veces siete, que pongan la otra mejilla, que caminen dos mil pasos en lugar de mil, que permitan que quien quiere la túnica se lleve también la capa, que cojan la cruz y vayan detrás de ti y te obedecerán. Les puedes decir que el que gana el mundo se pierde a sí mismo y que el que se pierde a sí mismo se gana realmente. El milagro que vas a hacer disipará todas las dudas, les hará deponer la resistencia, aceptarán que lo negro es blanco, que lo frío es caliente, que lo amargo es dulce, que lo oscuro es luz, que la vida es muerte y que la muerte es vida... Se trata, como ves, de facilitar la fe de los hombres en ti y de facilitarte a ti la misión que estás por realizar. Se trata, en definitiva, de su salvación de ellos y de tu función por realizar. ¿Cabe algo más importante que su salvación? ¿Habías pensado o imaginado que yo fuere tan bueno?

3.- “Si eres el Hijo de Dios, pues, tírate de lo alto de la torre”. Hazlo por amor a los hombres, por amor a sus almas. Hazlo a fin de librarles de la incredulidad y también de los peligros inherentes a una fe que pueda ser vacilante, indocumentada, insegura e inverificable. Sólo un milagro como el que te estoy pidiendo es capaz de verificar una creencia o una doctrina, y de hacerla verdadera. ¿Cuántos colores puede captar la retina humana? Tanto la oscuridad como el exceso de luz les impide ver. Debes ayudar a los hombres a encontrar cuanto antes la verdad. ¿Cómo podrían ellos encontrarla por sí mismos?

Por supuesto, esta verdad humana es susceptible siempre de múltiples clasificaciones humanas. Existe la verdad física, propia de los hechos de observación; verbigracia, desde aquí hasta el suelo hay una distancia de cincuenta metros. A continuación viene la verdad estadística, que reclama una colaboración de la mente: es estadísticamente cierto que si un hombre se arroja desde esta altura se muere. Seguidamente habrá una verdad hipotética, en la hipótesis de que si tú eres el Hijo de Dios, podrías tirarte abajo y no morir. Finalmente, se obtiene la verdad teórica: el Hijo de Dios no es propenso a los padecimientos ni mucho menos a ser tentado, ni tampoco el morir. ¡Muéstrale la verdad a los hombres! ¡Muéstrales tu verdad!

A tí no puede satisfacerte una fe vacilante de parte de ellos, al contrario tú mismo se la reclamarás a los hombres. Pues bien, sin un milagro como el que te pido, no existe una prueba fehaciente de fe, y sin esta prueba irrefutable la fe será defectuosa, expuesta a todos los equívocos y malentendidos. ¿Qué me dices?

-Si quieres ser ejemplo
han de verte lucir sobre la cumbre;
¡tírate desde el Templo
con angélica sed de muchedumbre!

4.- “¡Oye Satán! También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.

Si hiciera las señales que tú me pides, tendría la gente corriendo detrás de mí, pero, ¿de qué aprovecha sí el pecado continúa en el alma?

¿De qué sirve la algarabía momentánea sin convicciones auténticas? ¿De qué sirve que ellos crean en lo extraordinario si no me perciben en lo ordinario? ¿De qué puede servir una fe que pretenda convertirse en certeza y contemplación?

Haz hablado sobre las verdades físicas, estadísticas, hipotéticas y teóricas, pero has olvidado una verdad que trasciende todas las que tú me has mencionado: la Verdad Salvífica, que en no pocas ocasiones no coincide ni con la verdad física, ni con la verdad estadística, ni con la verdad hipotética, ni con la verdad teórica.Me niego a realizar actos portentosos para conquistar a los hombres, y a cambio les ofrezco la posibilidad del acto más maravilloso: les ofrezco el amor. Tú juegas con las conciencias al definirme en mi poder, pero te has olvidado de que no es el poder lo más importante en el Señor tu Dios, sino que es el amor lo que auténticamente me define. Únicamente cuando los hombres me vean en la cruz les atraeré hacia mí.

He de ganar a los hombres para el Reino no con los tubos de ensayo ni con las reglas de cálculo sino con mi sangre y con la cruz, no les ofrezco prodigios sino mi sacrificio. Quiero que ellos confíen no en celestiales fuegos de artificios, sino en el recto uso de la razón, la libre voluntad y la oración. Prefiero ser levantado en lo alto, aunque el cielo y Aquel que lo habita parezcan momentáneamente silenciarse, que el lanzarme desde lo alto del Templo para atraer la aclamación ruidosa y efímera de los hombres.

5.- Tú engañas al querer que se transforme lo que es un medio en un fin, al invitar para que se conviertan los caminos en destinos, y los transportes en paraderos permanentes.

Tu tentación es la del orgullo: pretendes convencer al hombre para que viva de manera distinta de los demás, señalarse por sus acciones, gestos, dichos, que no son signo de amor a nadie, más que a sí mismo. Eso es tentar a Dios, desde el momento en que sus dones se orientan al hombre y no al dador ni al hermano. Realizarse y valorizarse como persona es, sin lugar a duda, un bien, pero no de tal manera que se convierta uno mismo en objeto de adoración.

Quiero tener personas conmigo que crean en mí aun cuando yo no pareciera protegerles, quiero que los bautizados, mis misioneros y mis mártires me amen aún en medio de la persecución, la prisión y la muerte, quiero que los cristianos no se olviden de mí durante las pruebas tal como yo no los he olvidado y los he amado aún en medio del sufrimiento. Que ellos recuerden que yo nunca obré un milagro con objeto de librarme de las dificultades, ni lo obraré aunque fuere para bajar de una cruz que está extinguiendo mi existencia humana”.

-Por no tentar a Dios desde mi altura,
mi táctica es sencilla;
empinarán dos palos mi estatura,
en cruz que doblará toda rodilla.





IV - ADORAR A DIOS

“ En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían.

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.

1.- ¡Jesús! Te hiciste hombre. Has dejado a las puertas de este mundo no sólo tu espada, sino también tu coraza.

Este episodio del desierto, demuestra que tu tarea mesiánica es un trabajo verídico y arduo, que lo llevarás a cabo lealmente en la coherencia.

Más que el primer capítulo de tu vida pública, este momento viene a ser uno de esos prólogos imprescindibles dónde en una especie de discurso programático se nos da la clave de interpretación de todo el libro. Imposibilidad significa imposibilidad, oración significa incertidumbre.

¿Soy el diablo? El diablo no necesita hacerte dudar. La incertidumbre es consustancial, la asumiste con todas las demás flaquezas humanas. Sin menoscabo de tu santidad, desde luego.

Pero considero que tú no eres un Dios en vacaciones. No eres un rey que ha decidido viajar de incógnito por sus dominios para observar a sus súbditos desde otro punto de vista. No eres el propietario de una mina que se pone el casco y baja dos horas a inspeccionar el trabajo de las galerías. Eres hombre, y esto quiere decir que estás sujeto a todas las miserias humanas. Eres Dios, y esto quiere decir que no puedes cometer un fraude: que no puedes dispensarte de ninguna miseria humana.

2.- Claro que, sí eres Dios, tampoco puedes cometer ningún pecado. ¿Eso creo? La bondad y la no posibilidad del pecado le pertenecen a la definición de Dios, lo mismo que el agua a la definición del mar y el volar a las aves. ¡Lo sé muy bien! Aunque hay aves que no pueden volar y aguas que no son la mar.

En realidad, ahora no te estoy proponiendo un pecado, ni es esta la tercera tentación sino, digámoslo así: este es un pacto de civilidad entre dos contrarios.

Mi pacto consiste en lo siguiente: te cedo para siempre el mundo de los hombres, me retiro para siempre de la Tierra, jamás volveré a disputarte la posesión de una sola de sus criaturas, si a cambio de ello me das un trono en frente del tuyo, para siempre, para perpetuar entre nosotros la relación amistosa que este pacto representa y a la vez inaugura.

Torpemente, los evangelistas transcribirán: “Te daré todos los reinos de la tierra si, postrado en el suelo, me adoras”. El lenguaje humano siempre ha sido inepto.

Nada más opuesto a la tentación que un pacto. Nada más opuesto a la adoración o a la humillación que el resultado de un pacto concertado entre dos caballeros con educación, como tú y yo lo somos.

3.- Y ahora mira. He ahí el mundo con toda su gloria y su historia. El mundo con sus reinos de mil colores. Son mil reinos, y cada reino tiene mil ciudades, y cada ciudad tiene mil calles, y cada calle tiene mil casas, y cada casa tiene mil hombres. Tú sabes que nuevas ciudades se alzarán sobre las ruinas de las civilizaciones desaparecidas. Tú tienes ahora todo al alcance de la mano, el norte y el sur, el oriente y el poniente, el pasado y el porvenir, los hombres y las mujeres, los abuelos y los nietos...

He ahí la totalidad de la historia, iluminada por un relámpago que ha rasgado la noche y ha inmovilizado el tiempo

He ahí al hombre.

He ahí el reino de la tierra, he ahí mi oferta, mi parte de la negociación.

Ahí los tienes, son tuyos, puedes hacer con ellos lo que gustes. Yo renuncio a ellos, renuncio a disputártelos.

Dime: ¿vamos a seguir tú y yo, como los torpes hombres, enemistados por causa de ese puñado de votos y de casillas? Tú y yo no necesitamos ni de tribunales electorales ni de segundos comicios, es más, ni de primeros.

4.- He aquí mi propuesta, he aquí mi proyecto para un pacto decoroso que satisfaga a ambas partes y que quede como un ejemplo para los hombres así en el presente como en la posteridad.

Te entrego en su totalidad el mundo de los hombres, con la promesa de retirarme de él para siempre, si a cambio me das un trono en frente al tuyo, una silla igual que la tuya, un cetro igual que el que tienes en tu mano y una corona como la que ostentas en tus sienes. Yo, “el Príncipe de este mundo” –como tú mismo me llamas-, renuncio desde ahora a tal título y te lo cedo para siempre. Tú te quedas con los hombres, para mí será el otro extremo del universo, una cámara púrpura en el confín del Septentrión. Y volveremos los dos a una apacible vida de otro tiempo, cuando no existía el tiempo, cuando no existía esta insignificante zona de fricción que es la tierra, ni estos ineptos vasallos como lo son los hombres.

Si acaso, una leve diferencia ahora, tras la firma solemne del más grande pacto signado entre diplomáticos: por una parte, tu satisfacción de contar con la adhesión infinita de esas criaturas que tanto dices amar, por otra parte mi orgullo de ser un rey, aunque lo sea de un reino solitario. Tú sabes que eso es lo que amo: ser Rey. Son dos complacencias o gozos adicionales, correlativos, que vendrían a enriquecer la simetría. ¿Aceptas?
-¿Quieres ser Rey? Te entregaré mi mundo
-el mundo es del demonio-
con sólo que un segundo
me des adoración y testimonio.

5.- “Satán, yo no pretendo adueñarme del mundo sino liberar al mundo. En todos los reinos que tú pretendes que sean tuyos, los corazones de sus habitantes siguen anhelando algo que tú no puedes ofrecerles: la paz del alma y el amor desinteresado.

Más que vencer y dominar al mundo prefiero vencer el mal que hay en el corazón de los hombres y sé que así se podrá vencer al mundo. Venceré al mundo porque entraré en el corazón de tus publicanos, de tus jueces, de tus comisarios, y los rescataré de la culpa y del pecado, y los enviaré, limpios, otra vez a sus ocupaciones. Les diré que de nada aprovecha ganar todo el mundo si pierden su alma inmortal. Puedes guardarte tus reinos.

Para mí,... ¡Más vale perder todos tus reinos, el mundo entero, que perder una sola de las almas!

No me interesan los reinos sino el Reino. Los reinos del mundo deben ser elevados al Reino de Dios y no el Reino de Dios al reino de este mundo. ¡Atrás, Satán!”

-Antes perderlo todo que una ofensa
al Creador infinito.
Adorarás, Satán, su Gloria inmensa:
En mi libro está escrito.

Es tiempo de que nos marchemos de aquí..., la predicación del Reino tiene que empezar...

6.- Oye Jesús, ¡sí, a ti te hablo!, qué rápido ha pasado el tiempo, ¿no te parece? como si fueran solo tres minutos me han parecido estos tres años, y nuevamente aquí estoy frente a ti.

¿Te acuerdas? Todo cambió al volver de allí, en cuanto dejaste el famoso lugar de las tentaciones. Gracias sean dadas al Altísimo, al Invicto. Tras aquella realidad que asemejaba una pesadilla atroz de encuentro con el Diablo, volviste del desierto a toda prisa, ansioso de encontrarte con un hombre de carne y hueso, un hombre cualquiera con una azada al hombro.

Qué alegría, qué alivio, divisar el humo de un hogar. Era como ondear la propia bandera después de haber huido del territorio enemigo, y máxime si regresabas victorioso. ¿Victorioso? Aceleraste el paso. Llegaste a la puerta y entraste. Tenías hambre, querías comer. Pero, sobre todo, querías hablar con alguien...

Volverías a Nazaret y de nuevo empuñarías tu viejas herramientas. Pero, ¿cómo explicar a tus vecinos esa larga ausencia tuya del pueblo? ¿Qué les ibas a contar que hiciste durante cuarenta días? Elegiste lo mejor: no regresar a tu casa paterna, ir sólo de visita, y te acuerdas que mal te trataron...

7.- Un hermoso sueño. Pero ya es hora de despertar. ¿Quién dijo que la vida es un sueño y un frenesí? Sólo es sueño la vida soñada y el frenesí es la locura que ahora estás viviendo. Sueño ha sido lo que acabas de soñar, esa alucinación con que he querido regalarte durante unos minutos. El sueño ya pasó, y la vida real no es sueño sino verdad. La verdad, tan distinta de lo que ha sido tu breve delirio, la verdad verdadera, es que ahora estás clavado en una cruz a punto de morir, en las condiciones más penosas y amargas que cabe imaginar para un ser humano.

La verdad, como bien sabes, es que aquel día, cuando volviste del desierto, tras la larga conversación que mantuvimos, se había consolidado tu vocación de Redentor, y se había hecho más firme tu determinación de luchar contra el mundo, el demonio y la carne.

Siguieron tres años azarosos, tres años de predicación y penalidades que al fin han culminado en esto. Agonizas en una cruz, condenado por cargos afrentosos, rodeado de burlas y el jugueteo de tu propio pueblo, pero abandonado de todos. Nunca es grato morir, lo sé. Es un trance difícil y además es siempre, necesariamente, una dura experiencia de soledad: el suceso imposible de compartir, esa “puerta estrecha” que jamás podrán franquear juntas dos personas, la despedida de todos y de todo.

8.- Pero al menos puede darse una despedida confortadora, una manera de entrar acompañados en esa soledad definitiva e inevitable; la tristeza de quien se marcha se funde en la tristeza de los que lo ven partir, y en el fondo hay una comunión sobreentendida, una posibilidad de consuelo.

Se muere mejor cuando se muere en esa compañía que va deshaveniéndose o, mejor dicho, desvaneciéndose poco a poco, que deja constancia de que no se ha vivido en vano. Lo siento, esa es una gracia que a ti te ha sido negada.

Tú mueres solo, en el más profundo desamparo, y a la vez envuelto en el desprecio general, rodeado de gritos y burlas: una soledad indeciblemente peor que la soledad física. Esta al fin y al cabo hubiese sido decorosa, con el mínimo de dignidad que todo ser humano se merece en sus últimos instantes. Existe el pudor de la muerte, el espacio imprescindible para la vida privada y para la muerte en privado. Pues ni siquiera esto te ha sido otorgado. Mueres en lo alto de un madero para que todos te contemplen mejor. A la distancia contemplas dolorosamente impotente el dolor y la impotencia de quien te dio a luz, y que se siente distanciada de ti por la violencia del hombre. Los hombres te regresarán a sus brazos de la forma más inimaginable, ¿o es acaso que la imaginación puede convertirse en locura?.

Quiero que comprendas que mueres sólo, porque siempre estuviste solo. ¿De qué te extrañas? Solo en medio de la muchedumbre que te aclamaba en los poblados para después abandonarte, casi tan solo como hoy en medio de esta turba que te insulta.

La gente no te entendía buscaba en ti lo que tú no podías o no querías darles: el reino de este mundo, la libertad, el oro, la plata, panes, peces, comida, riqueza... Ellos también querían que te lanzaras de lo alto de la torre, y querían que convirtieras las piedras no en hijos de Abraham, los hijos de Abraham eran los que querían panes...

9.- Y los más cercanos, ¿acaso no esperaban de ti los primeros puestos en tu corte? ¿No querían un lugar a tu derecha y otro a tu izquierda? Muchos en cuanto se convencieron de tu irremediable fracaso, ¿qué hicieron?,... te abandonaron. Otros andan escondidos, tú los miras desde lo alto de la cruz, mira sus rostros están temerosos de que tu ignominia les salpique a ellos. No los llames traidores, sólo son unos pobres decepcionados de ti y de lo que pensaron que tú les podrías ofrecer.

Tres largos años han transcurrido desde nuestro último encuentro. ¿Recuerdas aquella propuesta en lo alto del templo: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo...” Por fuerza mi propuesta es ahora más moderada. Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz o por lo menos convierte esas piedras que tienen en el pecho esos hombres no en panes sino en corazones mínimamente compasivos hacia tu dolor.

Termino ya. Es evidente que podía haberte ocultado todo esto, estas penosas consideraciones que vienen a esclarecer mejor tu fracaso. Podía haberme callado por un sentimiento de simple compasión...

10.- Muy queridos amigos:

El demonio parecía haber vencido...

Jesucristo después de resucitar, manifestó que fue de esta manera como aplastó a la muerte y al pecado.
Cuando hubiere concluido su vida terrena, resucitado de entre los muertos, Él nos habló desde otra montaña: Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan mis discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a que guarden las cosas que les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

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