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martes 29 de septiembre de 2009

El Dios que me habla II (¿A quién adoras y qué infierno temes?)



Me dices que te ha hecho mucho bien el artículo anterior, que coincide con tus intuiciones. ¡Gracias por decírmelo! Eso refuerza mis certezas. Me envías además un texto oficial (1) que ratifica mi afirmación: "el infierno no es castigo sino autoexclusión". Pero... sigue considerando que esa actitud del hombre lleva consigo "el rechazo definitivo de Dios".

No puedo estar de acuerdo con lo segundo, dígalo quien lo diga. Palabras de ayer no pueden derribar certezas interiores de hoy. Dios no puede rechazar porque su esencia es Amor. Sólo puede atraer, nunca rechazar. La interpretación del castigo y del infierno dependerá siempre del rostro de Dios que hayas descubierto. Puntualizaré algunas reflexiones, que explicitan mis certezas, por si te ayudan:

1º.- Usamos irremediablemente un lenguaje humano (castigo definitivo, infinito, eterno, etc.). Son expresiones pedagógicas que advierten de la gravedad y desdicha de abandonar el camino de la felicidad (Dios mismo). Puede que esa humana pedagogía del horror y pavor haya dado frutos positivos. Pero también ha servido y está sirviendo al falseamiento del rostro de Dios.

El Dios que a mí me habla -diría Oliva- utiliza la divina pedagogía del amor: siempre llama y espera con infinita paciencia. La actitud de Dios no puede ser una aquí y otra en el más allá. Mamá seguirá clamando "con gritos inenarrables" (Rom 8,26) hasta que recoja a todos sus polluelos. Lo cuenta la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11), lo afirma Pablo: "Si nosotros no le somos fieles, Él seguirá siendo fiel, pues no puede negarse a sí mismo" (2Tim 2,13).

2º.- La interpretación del infierno no puede quedar al margen del rostro de Dios revelado por Cristo. La Escritura tiene que ser coherente o no es Palabra de Dios (2). La condenación "eterna" es incompatible con un Dios-Amor-Padre. Es expresamente contraria a la parábola de la oveja perdida: "De la misma manera vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de esos pequeñuelos" (Mt 18,14). ¿Cómo imaginar siquiera que quien nos enseñó el "amor a los enemigos" pueda sentenciar a sus enemigos al rechazo eterno? "Amad a vuestros enemigos… porque Él es bondadoso con los malos y desagradecidos. Sed generosos como vuestro Padre es generoso" (Lc 6,35).

El otro día, en una charla, le rogué a una madre de familia numerosa que eligiera cuál de sus hijos habría de condenarse. Estadísticamente -le dije- y tal como está el mundo alguno será infiel... Por mucho que la fui acorralando no hubo manera de moverla del "todos mis hijos se salvarán". La conclusión está escrita: "Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuanto más vuestro Padre celestial..." (Mt 7,11).

Es totalmente incongruente que a un Padre Todopoderoso se le escape alguna de sus criaturas, creadas por amor para la felicidad. Seguimos pensando, con nuestra limitadísima inteligencia humana, que Dios es un alfarero al que le pueden salir chamuscados o rotos sus cacharros. Dios todo lo hace bien (3). Respeta nuestra libertad, cierto, pero ¿quién crees que ganará el pulso, su llamada o nuestra ceguera?

3º.- La imperfecta, condicionada y voluble libertad del ser humano nunca podrá merecer un rechazo eterno. Sería una respuesta desproporcionada, es decir, injusta. ¿Cómo hemos podido imaginar siquiera que un ser finito, por sus errores finitos, pueda caer en un "rechazo infinito", sin retorno? Es totalmente incoherente pensar que de actos limitados, de un ser limitado, se puedan seguir consecuencias ilimitadas, expresamente queridas o permitidas por un Dios infinitamente justo.

4º.- La eternidad del infierno es simbólica. Se refiere a la distancia entre el mal (ausencia de Dios o infierno) y el bien (Dios mismo). Esa distancia es insalvable, eterna, definitiva, porque se trata de conceptos opuestos, como lo son la luz y la oscuridad. Otra cosa muy distinta es que a una criatura de Dios se le pueda encasillar en la categoría de "absolutamente opuesto a Dios". Es imposible. Dios y su criatura pertenecen a categorías distintas, a planos distintos. Los hombres podemos perdernos, alejarnos, equivocarnos, pero nunca oponernos esencialmente a un Dios al que apenas intuimos y que habita en nuestro núcleo, aunque no hayamos acertado a encontrarle. Por eso Él siempre seguirá llamando y, con toda seguridad, su llamada nos podrá.

Las religiones orientales creen en la reencarnación sucesiva hasta conseguir la rectificación e iluminación. Así, el rico Epulón se reencarnaría en otro Lázaro hasta adquirir misericordia. O el juez injusto se reencarnaría en viuda necesitada hasta crecer en justicia. En el fondo, es la misma intuición que la de nuestro purgatorio o infierno: Si no consigues tu humanización plena en esta vida, tendrás que trabajártela en la otra. Cuanto más bajo caigas, más tiempo y esfuerzo tendrás que sufrir en la otra para humanizarte.

No creo en la reencarnación circular, por supuesto. Pero tampoco creo en los castigos divinos. Dios no castiga. Creo en el camino de humanización presente (revelado en el Evangelio) y en la dolorosa rehabilitación futura. Sin volver al Padre es imposible aposentarse en su Casa. O caminamos ligeritos ahora o tendremos que caminar después, con más esfuerzo y dolor, al darnos cuenta de la oportunidad perdida y de la felicidad retrasada por nuestra estupidez. Cuando los que neciamente llamamos "condenados" (¡qué floja tenemos la mano de condenar!) descubran -libres de esta cegante materialidad- el camino de regreso, gritarán con gran desgarro, dolor y llanto como Agustín: ¡Tarde te amé Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Desde luego, yo prefiero gritarlo ya y dejarme cautivar por la Hermosura cuanto antes.

5º.- Respecto al Magisterio actual (destaco lo de actual), con el que puede chocar alguna de mis certezas, hay que empezar diciendo que no todo tiene el mismo rango. No es lo mismo, por ejemplo, una definición dogmática que una interpretación bíblica o una orientación pedagógica. Agustín escribió: "Unidad en lo esencial; en lo opinable libertad; y en todo caridad". Y Pablo nos dejó esta perla: “Nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser servidores de una alianza nueva: no basada en pura letra, porque la pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida” (2Cor 3,4).

Por eso intento comprender la llamada "doctrina oficial" pero no puedo evitar que en mi interior nazcan certezas o evidencias que la sobrevuelan. Ha de tenerse en cuenta además que la última instancia de la persona es su conciencia. Bien formada -añaden los clérigos- pero lo definitorio es que sea "conciencia profunda", donde mana el Espíritu, aunque la formación intelectual no la alcance. Hay cosas que no se ven desde una "conciencia cerebral" y menos aún desde una "conciencia socializada", pero que la "conciencia profunda" descubre de forma intuitiva. Es la “sabiduría de los sencillos” (Mt 11,25) de que habla el Evangelio. Ese principio de la conciencia como última instancia es confesado también por el Magisterio, luego forma parte de él. No podría ser de otra forma: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (He 5,29).

Por otro lado el Magisterio debe ser dinámico (algo en lo que nuestra jerarquía debería poner más empeño) porque su finalidad es facilitar la vida, nunca mermarla: "He venido para que tengan vida y la tengan abundante" (Jn 10,10). De tu fidelidad a la conciencia profunda -es decir al Espíritu- junto con la mía y la de otros dependerá el progreso de esos textos oficiales que se alimentan del "sensus fidelium" (el sentir de los fieles), de todos los fieles: jerarquía, clérigos y laicos.

Todos, absolutamente todos, venimos urgidos por el Evangelio a "poner la luz en el candelero para que alumbre a cuantos hay en la casa" (Mt 5,15). Mi casa es mi Iglesia y humildemente la siembro con mis diminutas lamparillas en forma de artículos. Me lo exige mi conciencia, mi fidelidad al Evangelio y mi amor a este Pueblo de Dios que llamamos Iglesia Católica.

No me resisto a plasmar aquí unos párrafos de alguien con mucha más sabiduría que yo: "La verdadera obediencia no es la obediencia de los aduladores, que evitan todo choque y ponen su intangible comodidad por encima de todas las cosas. Lo que necesita la Iglesia de hoy y de todos los tiempos no son panegiristas de lo existente, sino hombres en quienes la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión por la verdad; hombres que den testimonio a despecho de todo ataque y distorsión de sus palabras" (Joseph Ratzinger, “El verdadero pueblo de Dios”, Herder, p. 293).

A los inmovilistas, rígidos e intransigentes, que condenan todo lo que se mueve, podemos responderles: “No creemos ya por lo que tú nos has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y estamos convencidos de que éste es ciertamente el Salvador del mundo” (Jn 4,42).

Y sí, Oliva existe. Es una viejita de 92 años y paso quedo, que habla con Dios y a la que Dios habla. Ella me estimula constantemente a escucharle y revelarle.
___________________________________

(1) "El infierno como rechazo definitivo de Dios" (Audiencia general del miércoles 28 julio 1999, Juan Pablo II).

(2) Lo explico en mi artículo "El río de la Palabra".

(3) Lo expreso más ampliamente en el artículo "Todo lo hizo bien".

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Evangelio Misionero del Día: Miercoles 30 de Setiembre de 2009. XXVI SEMANA DEL TO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 57-62

Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!»
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Y dijo a otro: «Sígueme». Él respondió: «Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios».

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Para un seguimiento radical
Lucas 9, 51-62
“Cuando se iban cumpliendo los días de su asunción,
él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén”


En Lucas 9,20-22, fue presentado el horizonte dentro del cual Jesús realiza su misión como “Mesías” que lleva a cabo el proyecto salvífico “de Dios”. Este panorama delineó la ruta dentro de la cual el discípulo realiza su proyecto de vida (9,23-24).

En el texto de hoy vemos cómo Jesús aborda su camino definitivo con una gran resolución interior. Con esta actitud comienza a subir hacia Jerusalén, donde recorrerá el último y decisivo trecho de su “éxodo” (9,31) que culminará en su ascensión al cielo.

El evangelio nos pone hoy de frente a la hora de las coyunturas decisivas.
(1) Para Jesús es el tiempo del “cumplimiento” según el proyecto mesiánico fijado por el Padre. Nada ni nadie lo podrá detener. Ni la hostilidad de los samaritanos, ni la pobreza, ni el padre que hay que sepultar, ni los parientes de los que hay que despedirse, son suficientes para “mirar atrás”.
(2) Para el discípulo es el tiempo de evaluar previamente el “costo” del ser discípulo, analizando las implicaciones de la opción y decidiendo libre y conscientemente entrar en el camino del Maestro sin ponerle condiciones.

Lo que vale para el Maestro también vale para el discípulo: el camino del discipulado requiere decisiones así de fuertes. El seguimiento del Maestro en la ruta hacia Jerusalén lleva la impronta de la radicalidad y de la jerarquía de valores de Jesús.

Abordemos este texto en sus tres partes:
(1) La decisión de Jesús (9,51)
(2) El fracaso en Samaría (9,52-56)
(3) La exigencia de un seguimiento incondicional (9,57-62). Esta tercera parte tiene a su vez tres pequeños episodios vocacionales.

1. La hora de la decisión de Jesús: comienza el camino de subida hacia Jerusalén (9,51)

Jesús sabe cerrar y abrir etapas en su vida. Así lo vemos cuando termina su ministerio en la amplitud montañosa, marítima y siempre verde de Galilea (Lucas 5,1-9-50). Entonces se abre una nueva página con estas palabras: “Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén” (9,51).

Veamos tres elementos claves insertos en esta frase lucana: (1) la realización del plan de Dios; (2) el interés por Jerusalén; (3) la toma de la decisión.

1.1. La realización del plan de Dios

El indicador de este giro decisivo en el ministerio de Jesús es el “cumplimiento de los días de su asunción”. Observemos que:
(1) No se trata de una decisión tomada a la ligera. Ya dos veces había anunciado la segunda parte de su programa misionero en los así llamados “anuncios de la pasión” (ver 9,22 y 9,44-45).
(2) La referencia que Jesús tiene es el tiempo establecido por el Padre. Pues bien este tiempo va llegando a su fin. Jesús quiere cumplir su cita puntualmente.

1.2. La mirada puesta en la meta: ¡Jerusalén, Jerusalén!

La mirada está puesta en Jerusalén: “se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén”. Jesús sabe lo que le espera: “no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén” (13,33). De aquí en adelante Jerusalén permanecerá en la mira de los movimientos de Jesús.

1.3. La toma de decisión

Lucas nos presenta la toma de decisión de Jesús con una frase que a primera vista parecen enigmática, pero que en realidad es bella y de una gran profundidad: “Se afirmó en su voluntad de…”.

Ante el fatídico destino Jesús toma una decisión radical: rompe con Galilea y se dirige en la dirección de Jerusalén. La iniciativa es de Él: Jesús escoge el camino del Padre. Para nosotros ya es mucho si aceptamos el destino que se acerca y no podemos evitar. Jesús, en cambio, avanza decidido hacia su destino. Es así como la frase “se afirmó en su voluntad de…”, que literalmente en griego suena “endureció el rostro”, describe el impulso de una fuerte decisión.

Algunas imágenes de fondo, en el Antiguo Testamento, nos permiten comprender la trascendencia del gesto de Jesús. Esta expresión de “fuerte decisión” la vemos en la valentía del Rey de Aram cuando avanza contra la ciudad santa para la guerra: “y se volvió para subir contra Jerusalén” (2 Reyes 12,18). Lo mismo se dice también del “Siervo Sufriente de Yahvé, profetizado por Isaías, pero esta vez en la actitud terca y defensiva de quien no cede a pesar de la adversidad: “Puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado” (50,7). Los dos aspectos contenidos en las citas anteriores parecen estar presentes en la frase redactada por Lucas y aplicada a Jesús: “endureció el rostro”.

Jesús con una gran fortaleza enfrenta su destino, se compromete y toma decisiones firmes. Lo que Jesús va a hacer es el preludio de su muerte, que será para nosotros el preludio de la vida.

Esto mismo le va a pedir hacer enseguida a sus seguidores.
2. El camino comienza mal: en Samaría no lo reciben (9,52-56)

Para llegar a Jerusalén, bajando desde la norteña Galilea, el camino más directo pasaba por Samaría. Pero la mayor parte de los judíos evitaban esta ruta. Había una enemistad de siglos entre judíos y samaritanos (ver Juan 4,9).

De hecho, por razones de intolerancia religiosa y por motivos nacionalistas, los samaritanos hacían de todo para fastidiar a los viajeros, incluso le hacían daño a los grupos de peregrinos que cruzaban su territorio en caravanas.

2.1. La hospitalidad negada

Jesús se arriesga por esta ruta. No lo hace solamente como una persona que va “de paso”, la expresión “envió mensajeros delante de sí” (9,52) indica que tiene intenciones misioneras (como se verá después en los Hechos de los Apóstoles aquí nacerán comunidades cristianas: 1,8; 8,4-8).

Esta opción de Jesús, la más peligrosa, deja entrever su misericordia: Jesús le está ofreciendo una mano amiga a un pueblo enemigo.

Pero se le niega la hospitalidad a la misión y a la amistad de Jesús: “Pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén” (9,53).

2.2. La ira de los mensajeros

Así como en el primer día de su misión en Galilea (ver Lucas 4,16-30), también esta vez se le cierran las puertas al Maestro, el rechazo anunciado ha comenzado.

Los discípulos Santiago y Juan, conocidos como “hijos del trueno” por la impetuosidad de su temperamento (Marcos 3,17), le hacen honor a su apodo y reaccionan violentamente, no comprenden la negativa de los samaritanos y reaccionan airados: “Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?” (9,54).

Piden arrasar con fuego esa ciudad, lo cual es un gesto de maldición. ¿Será esta la manera de manejar un fracaso?

La actitud nos recuerda lo que hizo el profeta Elías cuando el malvado rey Ocozías mandó llamarlo: “Que baje fuego del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta hombres” (2 Reyes 1,10ss). En ese momento fue una estrategia de defensa.

2.3. La lección de Jesús

Pero Jesús no le permite a los discípulos que lleven a cabo sus propósitos y por segunda vez los reprende por su intolerancia y por su violencia: “Pero volviéndose, les reprendió” (9,55; ver la primera vez en 9,49-50). Es verdad que Jesús pide ser acogido, pero también es verdad que deja a los hombres en libertad para acogerlo y no trata de forzar a nadie para que crea en él. La mala decisión de los samaritanos no pude castigarse con medidas drásticas.

Aquí vemos una consecuencia de la decisión por el camino de la Cruz por parte de Jesús: el rechazo que experimenta a lo largo del camino no lo amarga, por el contrario sigue adelante con la frente alta: “Y se fueron a otro pueblo” (9,56; así ya lo había hecho en 4,30 y así procederán posteriormente los misioneros itinerantes en los rechazos que les propinan en las diversas ciudades en los Hechos de los Apóstoles).

Así, desde el primer paso en la subida a Jerusalén, comienza la pasión. Jesús sabe afrontar la violencia que se le viene en contra y no devuelve con la misma moneda; el no someterlos inmediatamente a la justicia de Dios ya es un signo de misericordia y el buen resultado de esta decisión se verá venir más adelante (en la evangelización de Samaría en los Hechos de los Apóstoles).

Desde el principio el discípulo aprende que “tomar la Cruz todos los días” es saber pasar los tragos amargos del desprecio, con la madurez de quien es capaz de afrontar con altura y pro-activamente los rechazos –con amor al adversario (ver 6,27)-. El que es libre de corazón sabrá respetar también las decisiones libres de los otros.

3. El seguimiento incondicional (9,57-62)

El reproche dado a los discípulos agresivos, da paso a nuevas lecciones sobre el discipulado. Sobre el camino, en el cual va decididamente al encuentro de su destino en Jerusalén, Jesús establece criterios para aquellos que lo acompañan, profundizando en lo que significa renunciar a sí mismo, tomar la cruz cada día y seguirlo (ver 9,23).

Tenemos tres candidatos al discipulado y a la vida misionera. El primer (9,57) y el tercer candidato (9,61) se presentan espontáneamente a Jesús. El segundo es llamado directamente: “Sígueme” (9,59). No sabemos exactamente qué motivos han tenido para aproximarse en este momento a Jesús, pero es evidente que están fascinados con el Maestro y desean quedarse con Él.

En la enseñanza que sigue se hacer ver que los impedimentos para llevar a cabo el ejercicio del discipulado y de la evangelización no provienen solamente de fuera. Las tres situaciones difíciles que aquí se exponen, muestran otro tipo de obstáculos que provienen de la mentalidad de los mismos discípulos.

Desde el punto de vista positivo, las dificultades presentadas sirven para delinear, a partir de la gran prioridad ya establecida -el don de la vida en la Cruz-, las condiciones para seguir a Jesús. Estas son:
(1) Abandonar todo.
(2) Privilegiar la evangelización.
(3) Mirar siempre hacia delante.
En otras palabras: el olvido del pasado, la pasión del presente y la esperanza en el porvenir.

De esta manera, con la narración de estos pequeños episodios, Lucas estimula a quienes están a punto de optar por Jesús (ver 9,23) para que disciernan los motivos del seguimiento y sus implicaciones. Si bien el discipulado es una gracia que proviene de la vocación, no se puede seguir a Jesús de cualquier manera.

3.1. Seguir a Jesús implica estar dispuesto a compartir su pobreza (9,57-58)

El primero candidato le expresa a Jesús su incondicionada disponibilidad: “Te seguiré adondequiera que vayas” (9,57).

En la escena anterior ya se había visto que Jesús no tiene un hospedaje seguro. Ahora Jesús propone esa escena como estilo de vida.

¿Qué es lo que el discípulo entusiasta va a encontrar donde Jesús? Él dice: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (9,58). Desde el establo de Belén (2,7), Jesús no tiene morada. Su vida es errante, precaria, sin hogar ni lugar. Andar con Jesús supone estar dispuesto salir de la comodidad de una vida instalada para afrontar imprevistos y pobreza.

De esta manera es libre para seguir su camino y para alcanzar su destino. Su mirada está puesta en la meta y es libre de todo lo demás. Todo el resto es secundario; todo el resto lo acepta así como llega. Como se acaba de ver en Samaría, Jesús depende de la acogida que se le ofrezca.

La mención del “Hijo del hombre” nos remite también al despojo absoluto de la Cruz. La desnudez de la Cruz es el camino que Jesús le propone a sus discípulos fuertemente deseosos de seguirlo por los caminos del seguimiento y la evangelización. La misma renuncia, la misma libertad y el mismo compromiso le pide a quien quiera seguirlo.

3.2. Seguir a Jesús implica salir del ámbito de la muerte para entrar en el de la vida según el Reino (9,59-60)

El candidato siguiente, llamado por iniciativa de Jesús (no se trata de un deseo sino de una invitación, casi de una orden de Jesús: “Sígueme”, 9,59), le pone una condición a Jesús: “Déjame ir primero a enterrar a mi padre” (9,59). Se antepone un “primero” al seguimiento. La meta de Jesús no es en este momento la prioridad.

En la frase del candidato no es claro si se trata de esperar hasta la muerte de su padre o si éste ya murió y quiere ir asistir a las exequias.

La respuesta de Jesús coloca una prioridad: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios” (9,60). La evangelización debe ser privilegiada. Jesús no acepta que se aplace la misión y requiere para ello una obediencia comparable a la de Abraham a quien se le dijo: “Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré” (Génesis 12,1).

El vocacionado había hecho una solicitud en nombre de la piedad filial -tema del cuarto mandamiento de la Ley de Dios-. Sepultar al padre, cabeza de la familia, era un deber muy estricto que ningún hijo -sobre todo el mayor de la casa- podía dejar de hacer. Pero los compromisos propios de la vocación constituyen un deber infinitamente superior.

El amor por el Señor está por encima al amor por la familia (ver 14,26). Este criterio propuesto por Jesús es una característica de la novedad del Reino. De hecho, cuando fue llamado, Elías le dio permiso a Eliseo para despedirse de su padre y de su madre antes de partir (1ª Reyes 19,19-21). En los nuevos tiempos esto ya no se permite.

Algo ya intuía el Sirácida, quien recomendó no llorar a un muerto sino un día, máximo dos, porque la tristeza “a él no le aprovechará, y te harás daño a ti mismo” (Eclesiástico 38,21).

¿Por qué no hay dilación? El Reino que anuncia Jesús es de vivos: “Deja que los muertos entierren a sus muertos” (9,60). Mirando la otra cara de la moneda, esto quiere decir que los que no escuchan a Jesús y no lo siguen están espiritualmente “muertos”. En consecuencia, Jesús está invitando a reconocer en el discipulado la plenitud de la vida, a la cual están también invitados todos los que no han dado el paso. Cuando se entra en el Reino, en el ámbito de la vida (“¿Por qué buscáis entre los muertos al viviente?”, 24,5), ya no se debe dar marcha atrás.

Por lo tanto Jesús no está recomendando un desentendimiento de la familia sino justamente todo lo contrario. Lo fundamental es esto: el anuncio del Reino tiene una importancia absolutamente superior a los deberes humanos más preciados y si ése es el deber mayor, todo habrá que reconducirlo hacia él. El seguimiento del Reino y su proclamación exige que estemos dedicados completamente a él.


3.3. Seguir a Jesús implica un adiós verdadero al pasado y echar siempre para adelante (9,61-62)

Llega el tercer candidato poniendo también una condición: “Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa” (9,61). El “pero” se deja sentir.

En aquella época muchas veces todos los miembros de la familia vivían en la misma casa (abuelos, papás, tíos, niños, etc.). Todavía hoy ocurre con frecuencia en el Oriente. El ambiente que se describe aquí entonces pone a la luz un peligro: la despedida, por sencilla que sea, llevaba su tiempo e incluso podía enfriar, o peor todavía, llevar a cambiar la decisión.

En su respuesta, parece que Jesús echa mano de una imagen gráfica proveniente de la sabiduría popular campesina y popularizada en el ámbito intelectual por el sabio conocido como Plinio “el Viejo” (23 aC): cuando se ara el campo no se puede hacer un surco recto y profundo si el arriero se pone a mirar para atrás. Recordemos que en la mayor parte de los casos –de las familias pudientes- esta antiquísima herramienta de agricultura era tirada por bueyes. Un trabajador debía poner constantemente su mirada sobre el surco que se iba haciendo, sólo así el campo estaría preparado para recibir la semilla y hacer una buena cosecha.

Jesús aplica la imagen a la consecuencia que trae la absoluta novedad del Reino: “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios” (9,62).

Con sus palabras “duras”, Jesús no pretende legitimar una falta de amor con la familia. Pero subraya que el seguimiento requiere un corte claro; que las relaciones vividas hasta ahora no pueden continuar de la misma manera. Todo paso adelante en la vida supone asumir las dolorosas renuncias que la opción implica. Jesús da ejemplo de esto cuando rompe con su amada Galilea (ver 9,51).

Esto vale para el anuncio del evangelio. Jesús se entregó completamente –firme y decididamente- a la misión, y le pide lo mismo a sus discípulos: deben trabajar el suelo humano y consagrar a este trabajo todos sus esfuerzos. Aquel que se deja distraer en esta función, no tiene las cualidades para ejecutarlo.

Esto se aplica a también a todos los ámbitos de la vida del discípulo. Jesús no acepta decisiones tibias: caminar en el seguimiento exige una ruptura, un cambio de valores, el olvido de experiencias morales adquiridas.

4. En conclusión: inspirados en Jesús, tomar bien las decisiones

Es común oír decir que este es un evangelio “difícil”. Curiosamente, es el evangelista de la ternura y de la misericordia quien nos cuenta esta página, con un tono particularmente riguroso pero no rígido.

Toda la enseñanza gira en torno la exigencia evangélica: quien quiera seguir a Jesús, debe decidirse totalmente por él y comprometerse. La hora de las decisiones es la hora de la verdad. El discipulado no admite tibieza espiritual, es tiempo de rupturas enérgicas con el pasado para abrirse a un futuro lleno de promesas.

El pasaje de hoy nos enseña a dar todos los pasos correctos en la toma de decisión fundamental por Jesús. En la historia de cada uno, tamaña decisión, representa un momento clave que no se define necesariamente en términos de acontecimientos presentes o futuros, sino en términos de gracia que hay que saber aprovechar cuando pasa, asumiendo los dolores de las rupturas.

A propósito de los últimos tres personajes, el evangelio nos deja sin saber si después de las palabras de Jesús realmente lo siguieron o no. Lo que sí sabemos con certeza son las circunstancias y las condiciones que son necesarias para seguirlo. De cada uno de nosotros se espera ahora la respuesta.





Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Cuáles son las exigencias que Jesús nos plantea para poderlo seguir incondicionalmente? ¿Cómo reaccionó Jesús ante el rechazo de los samaritanos?

2. En algunas ocasiones también yo, como Jesús, me siento rechazado en mis opiniones o actitudes. ¿Cuál es mi reacción espontánea? ¿Me cierro en un silencio amenazante y vengativo? ¿Reacciono con violencia? ¿Actúo con la misericordia de Jesús que ‘ofreció su mano amiga a un pueblo enemigo’?

3. Como familia, como grupo, como comunidad estamos llamados a seguir a Jesús. ¿En qué forma nos estamos ayudando y animando mutuamente en este camino? ¿Me siento responsable de la respuesta que mi hermano(a) está dando diariamente a Jesús o pienso que es mejor no meterse en la vida de nadie?

4. Jesús nos pide abandonarlo todo para seguirlo a Él. En este momento de mi vida ¿qué es lo que siento con más fuerza que debo dejar para seguirlo? ¿Por qué me cuesta tanto ese desprendimiento? ¿Qué pasos concretos daré al respecto?

5. Jesús está esperando una respuesta a su invitación ‘sígueme’ ¿Poseo la suficiente valentía para optar radicalmente por Él? ¿Qué circunstancias o personas me ayudan a hacer realidad esta opción y cuáles son para mí un obstáculo?

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Lecturas y Liturgia de las Horas: Miercoles 30 de Setiembre de 2009

XXVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B

Lectura del libro de Nehemías 2, 1-8

En el mes de Nisán, el vigésimo año del reinado de Artajerjes, siendo yo el encargado del vino, lo tomé y se lo ofrecí al rey. Como nunca había estado triste en su presencia, el rey me preguntó: «¿Por qué tienes esa cara tan triste? Tú no estás enfermo. Seguramente hay algo que te aflige».
Yo experimenté una gran turbación, y dije al rey: «¡Viva el rey para siempre! ¿Cómo no vaya estar con la cara triste, si la ciudad donde están las tumbas de mis padres se encuentra en ruinas y sus puertas han sido consumidas por el fuego?»
El rey me dijo: «¿Qué es lo que quieres?»
Yo me encomendé al Dios del cielo, y le respondí: «Si es del agrado del rey y tú estás contento con tu servidor, envíame a Judá, a la ciudad donde están las tumbas de mis padres, para que yo la reconstruya».
El rey, que tenía a la reina sentada a su lado, me dijo: «¿Cuánto tiempo durará tu viaje y cuándo estarás de regreso?» Al rey le pareció bien autorizar mi partida, y yo le fijé un plazo. Luego dije al rey: «Si el rey lo considera conveniente, se me podrían dar cartas para los gobernadores del otro lado del Éufrates, a fin de que me faciliten el viaje a Judá. También podrían darme una carta para Asaf, el supervisor de los parques del rey, a fin de que me provea de madera para armar las puertas de la ciudadela del Templo, para las murallas de la ciudad y para la casa donde voy a vivir».
El rey me concedió todo eso, porque la mano bondadosa de mi Dios estaba sobre mí.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 136, 1-6

R. ¡Que no me olvide de ti, Ciudad de Dios!

Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos a llorar,
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras. R.

Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría:
«¡Canten para nosotros un canto de Sión!» R.

¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?
Si me olvidara de ti, Jerusalén,
que se paralice mi mano derecha. R.

Que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén
por encima de todas mis alegrías. R.

Que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén
por encima de todas mis alegrías. R.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 57-62

Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!»
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Y dijo a otro: «Sígueme». Él respondió: «Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios».

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXVI
Del Común de doctores de la Iglesia. Salterio II

30 de septiembre

SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor de la iglesia (MEMORIA)

Nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Abrazó la vida ascética, marchó al Oriente y fue ordenado presbítero. Volvió a Roma y fue secretario del papa Dámaso. Fue en esta época cuando empezó su traducción latina de la Biblia. También promovió la vida monástica. Más tarde se estableció en Belén, donde trabajó mucho por el bien de la Iglesia. Escribió gran cantidad de obras, principalmente comentarios de la sagrada Escritura. Murió en Belén el año 420.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: PARA VOSOTROS, EL MISTERIO DEL PADRE.

Para vosotros, el misterio del Padre;
con vosotros, la luz del Verbo;
en vosotros, la llama del Amor
que es fuego.

¡Hontanares de Dios!,
¡hombres del Evangelio!,
¡humildes inteligencias luminosas!,
¡grandes hombres de barro tierno!

El mundo tiene hambre de infinito
y sed de cielo;
las criaturas nos atan a lo efímero
y nos vamos perdiendo en el tiempo.

Para nosotros,
el misterio que aprendisteis del Padre;
con nosotros, la luz que os dio el Verbo;
en nosotros, el Amor ingénito.

¡Hombres de Cristo, maestros de la Iglesia!
dadnos una vida y un anhelo,
la angustia por la verdad,
por el error el miedo.

Dadnos una vida de rodillas
ante el misterio,
una visión de este mundo de muerte
y una esperanza de cielo.

Padre, te pedimos para la Iglesia
la ciencia de estos maestros. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Salmo 76 - RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL.

Alzo mi voz a Dios gritando,
Alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?

Y me digo: ¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, ¡oh Dios!, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, ¡oh Dios!,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el fragor de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Ant. 2. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Cántico: ALEGRIA DE LOS HUMILDES EN DIOS 1S 2,1-10

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.

No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quién pesa las acciones.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos no tienen ya que trabajar;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos se marchita.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó el orbe.

Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.

El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Ant. 3. El Señor reina, la tierra goza.

Salmo 96 - EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS DIOSES.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor reina, la tierra goza.

LECTURA BREVE Sb 7, 13-14

Aprendí la sabiduría sin malicia, reparto sin envidia, y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que lo adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.

RESPONSORIO BREVE

V. El pueblo cuenta su sabiduría.
R. El pueblo cuenta su sabiduría.

V. La asamblea pregona su alabanza.
R. Cuenta su sabiduría.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El pueblo cuenta su sabiduría.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.

Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
haz que por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo,
no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.

Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Oh Dios, que concediste a san Jerónimo saber gustar de la sagrada Escritura y vivirla intensamente, haz que tu pueblo se alimente cada vez más en tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VERBO DE DIOS, ETERNA LUZ DIVINA.

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el seno de Virgen, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad la verdad en los caminos. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro salvador.

Salmo 61 - DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro salvador.

Ant. 2. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

Salmo 66 - QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

Ant. 3. Todo fue creado por él y para él.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Todo fue creado por él y para él.

LECTURA BREVE St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

V. En la asamblea le da la palabra.
R. En la asamblea le da la palabra.

V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
R. Le da la palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Juan Crisóstomo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Juan Crisóstomo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Oh Dios, que concediste a san Jerónimo saber gustar de la sagrada Escritura y vivirla intensamente, haz que tu pueblo se alimente cada vez más en tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CRISTO, SEÑOR DE LA NOCHE

Cristo, Señor de la noche,
que disipas las tinieblas:
mientras los cuerpos reposan,
se tú nuestro centinela.

Después de tanta fatiga,
después de tanta dureza,
acógenos en tus brazos
y danos noche serena.

Si nuestros ojos se duermen,
que el alma esté siempre en vela;
en paz cierra nuestros párpados
para que cesen las penas.

Y que al despuntar el alba,
otra vez con fuerzas nuevas,
te demos gracias, oh Cristo,
por la vida que comienza. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Salmo 30 - SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;

ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.

En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

Salmo 129 - DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

LECTURA BREVE Ef 4,26-27

No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que eres manso y humilde de corazón ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado: que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

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lunes 28 de septiembre de 2009

Otra Mirada: ESCÁNDALO



Creo que viene bien aquí y ahora una consideración sobre el escándalo, porque es un tema permanentemente presente en la iglesia y a propósito de la iglesia. Dentro de la iglesia existen hoy varios escándalos de muy diversa especie. Trataremos algunos.

La iglesia que se siente más oficial, más “de siempre”, suele escandalizarse de la predicación del evangelio. Jesús, limpio de cualquier interpretación añadida por la historia, las tradiciones… escandaliza. Me ha ocurrido personalmente: escribo un artículo sobre “los publicanos y las prostitutas os llevan ventaja en el Reino”… y recibo cartas indignadas.

No pocas veces hemos olvidado que Jesús fue causa de escándalo. Le llamaron endemoniado, comilón y bebedor, loco, lo tuvieron por hereje y pecador… y lo condenaron a muerte por blasfemo. Este escándalo que Jesús produjo está muy cercano a la persecución que acompaña a todo seguidor de Jesús, como acompañó a Jesús mismo.

Más aún: si no producimos escándalo de nadie, me parece que es un mal síntoma: no nos parecemos al maestro. Nuestra sociedad prima el poseer y el consumir, se afana por mantener el status de las clases más privilegiadas, mantiene al tercer mundo como despensa a explotar y mercado donde negociar, mantiene las guerras de países lejanos vendiéndoles armamento, deforesta, contamina ….

Profese de palabra lo que profese, esos son sus “valores” reales. ¿Pueden vivir tranquilamente, admitidos y apreciados, los que profesan valores radicalmente opuestos? Los que siguen los criterios y valores de Jesús necesariamente escandalizarán.

Este escándalo se muestra en realidad en la vida cotidiana y debemos aprender a reconocerlo:
• unos padres que se escandalizan de que sus hijos no elijan profesiones o puestos en que se gana más dinero
• unos compañeros de trabajo que marginan a otros porque no meten horas para tener más tiempo para estar con sus hijos ni pretenden a toda costa medrar en la empresa
• una familia que vive tan modestamente que sus amistades se van apartando
• un templo parroquial en que la eucaristía se celebra sin adornos, compartiendo la palabra… y algunos feligreses se van porque les están cambiando la misa….

Me parece que estos son síntomas buenos: que lo malo es que no se dan muy frecuentemente.

Recuerdo un caso muy concreto. Se casó una pareja, de “familias bien”. Se fueron de cooperantes a un país americano. Volvieron a los tres años. Tuvieron un niño. Lo bautizaron en los locales parroquiales donde celebraban sus reuniones con su grupo de revisión de vida: todo muy sencillo, ceremonia compartida y dialogada… y una merienda de tortilla de patatas, frutos secos y zumos de frutas… Y sorprendí la conversación de las dos abuelas, que habían acudido un tanto emperifolladas, y comentaban: “Nosotras los educamos bien, pero cayeron en manos de los curas, los grupos cristianos y todas esas cosas… y nos los han echado a perder”. La verdad es que me sentí feliz al escuchar su escándalo.

Hay otros escándalos dentro de la iglesia: por ejemplo, el escándalo de mucha buena gente y de muchos sinceros seguidores de Jesús por las trampas, ambigüedades y concesiones de personas relevantes de la misma iglesia.

• Cuando se contemplan eucaristías fastuosas en las que participan, y aun comulgan, personajes públicos de más que dudoso comportamiento, e incluso manifiestamente corruptos, los cristianos normales se sienten profundamente alterados.

• Cuando se asiste a procesos de canonización en los que todas las normas anteriores se alteran para conseguir un resultado en poco tiempo o se asiste a nombramientos sometidos a presiones ideológicas manifiestas… los cristianos normales piensan que en la iglesia hay tráfico de influencias y afanes de poder y de prestigio.

• Cuando la declaración de nulidad de un matrimonio cuesta miles de euros y está por tanto al alcance de los más ricos… la gente piensa que no prima le verdad y el sacramento sino el negocio.

• Cuando se margina sistemáticamente la doctrina del Vaticano II, cuando la ideología eclesiástica se funda más en el derecho canónico que en el evangelio (que deberían estar muy muy de acuerdo pero no lo están), cuando en materias opinables las opiniones que no se amoldan sumisamente a las oficiales son perseguidas con métodos inquisitoriales a menudo despiadados… no pocos cristianos dudan de que todo eso tenga algo que ver con el Espíritu de Jesús.

Estamos hablando de escándalos graves, pero hay otro aún más grave. Nosotros, los países de occidente, o del norte o como le quieran llamar, hemos sido históricamente y somos actualmente los responsables de buena parte de la pobreza del resto del mundo y los causantes de estragos mundiales tales como la esclavitud, la desaparición de culturas enteras, de las peores guerras y genocidios de la historia, del quizá irreversible deterioro del planeta … y todo esto ha convivido durante siglos, y convive hoy con el hecho sorprendente de que precisamente en estos países está el mayor número de gente bautizada, y que, incluso ahora, un considerable tanto por ciento de sus habitantes se manifiestan como “practicantes”, aunque tal expresión tenga significados bien ambiguos.

Por centrarnos en el hoy y en el nosotros: el panorama de la pobreza, la desnutrición, la mortalidad infantil, la explotación de los niños… está presente en todos nuestros televisores día a día, semana tras semana… Pero nosotros parecemos inmunes, incapaces de con-padecer. Nuestro nivel de vida, los presupuestos nacionales o regionales… son intocables.

Esto significa que para todas las víctimas, nuestro Dios no trabaja por ellos, sino por nuestro bienestar a costa de ellos. Esto sí que es un escándalo en estado puro, la definición misma de escándalo: impedir con nuestro comportamiento que otros puedan creer.

Creo que llegamos a la definición misma de escándalo, impedir el acceso a Dios, cuando contemplamos el fenómeno asombroso de naciones cuyo nivel de corrupción es elevadísimo, más elevado cuanto más elevadas son las clases sociales, máximo en las clases políticas, países en los que son precisamente esas clases elevadas las más confesionalmente católicas, las que más apoyan al culto, a las devociones…

¿Dónde está la voz de la iglesia? Pues, mire usted por dónde, la voz de la iglesia (y me refiero a la voz oficial de la iglesia) está, no pocas veces, dedicada a hacer la vida imposible a los pocos que levantan su voz contra toda esa corrupción, explotación y miseria.

Todo esto produce asombro, confusión, escándalo. Se recibe la impresión de que en amplios sectores de la iglesia han pasado a segundo término o se han olvidado los pilares del evangelio: “a mí me lo hicisteis”, el resumen de la Ley en el amor a Dios y al prójimo, la construcción de un Reino de hijos…

El escándalo de la gente que sinceramente quiere seguir a Jesús y quiere hacerlo en la iglesia adquiere en nuestro tiempo niveles de ruptura. Hay muchos seguidores de Jesús que no reconocen en esta iglesia al Espíritu de Jesús. Y al leer en el evangelio de hoy la exhortación de Jesús a cortar lo que nos escandaliza nos sentimos horrorizados porque nos creemos invitados a cortar con lo que debería ser el soporte mismo de nuestra fe.

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Evangelio Misionero del Día: Martes 29 de Setiembre de 2009. SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL, GABRIEL y RAFAEL (Fiesta)


Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 47-51

En aquel tiempo:
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Éste es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».
«¿De dónde me conoces?, le preguntó Natanael.
Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
Natanael le respondió: «Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel».
Jesús continuó: «Porque te dije: "Te vi debajo de la higuera", crees. Verás cosas más grandes todavía».
Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el, Hijo del hombre».


Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Llamados a contemplar la Gloria de Jesús
Juan 1, 47-51
“Veréis… a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”


Celebramos hoy la fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En la Sagrada Escritura ellos aparecen, dentro del lenguaje y mentalidad bíblica, como intermediarios entre el mundo de Dios y de los hombres:
(1) Miguel: cuyo nombre significa “¿Quién como Dios?”, lo encontramos en el libro de Apocalipsis en la gran batalla contra el dragón: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos” (Ap 12, 7-8) (ver también Dn 10,13.21; 12,1).
(2) Gabriel: lo recordamos especialmente por los relatos de anunciación en Lucas, a Zacarías, “Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios…” (1,19), y a María, “Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea…” (Lc 1,26) (ver también Dn 8,16; 9,21).
(3) Rafael: cuyo nombre está relacionado con la curación, se presenta a sí mismo en el libro de Tobías: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor” (12,15).

El evangelio de esta fiesta nos invita, no tanto a detenernos en los ángeles en sí, sino a contemplar a Aquel que realiza en sí la plenitud de la revelación, de la cual los ángeles eran mediación.

1. La promesa al verdadero israelita

Cuando Jesús llamó a Natanael le dejó entender que conocía su corazón: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi” (1,48). ¿Qué conocía Jesús de él? Él mismo lo dice: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño” (1,47). Este admirable conocimiento despeja las dudas que inicialmente plantea sobre Jesús y lo lleva a comprender delante quién está: “Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel” (1,49).

“El verdadero israelita”, así como lo hizo Abraham (ver Gn 12,1-7; 18,1-5) reconoce la presencia de Dios donde quiera que se manifieste y reacciona positivamente frente a ella. Natanael, por su formación hebrea, sabe que las acciones de Dios son poderosas, sorprendentes e increíbles. Pero cuando descubre a Jesús, es capaz de ver más: éste no puede ser sino el Hijo de Dios y el Mesías que estamos esperando.

Al final Jesús le promete una nueva y más grandiosa visión (1,50) de la identidad y de la misión de Jesús: “Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre” (1,51).

2. Una maravillosa revelación

En su viaje hacia Galilea junto con sus discípulos, Jesús probablemente pasó por las cercanías de Betel, donde tiempo atrás el patriarca Jacob tuvo el sueño de la escala que unía el cielo con la tierra y sobre la cual subían y bajaban los ángeles de Dios (ver Gn 28,10-17).

La promesa de Jesús a Natanael alude a este hecho. Con dos afirmaciones solemnes (“Veréis el cielo…”; “Veréis a los ángeles…”), Jesús alude a las relaciones continuas y recíprocas entre él y el Cielo, entre el Hijo del hombre y el Padre. En Jesús y su revelación del Padre a lo largo del evangelio se ofrece el espectáculo de este cielo abierto. Hay que descubrir esta relación y luego entrar a formar parte de la escena, intenta decir Jesús.

3. Invitados a participar en la escena: el camino del “creer”

Esta visión de la “gloria” ya había sido proclamada anticipadamente en el prólogo de Juan 1,14 cuando también un plural comunitario (“veréis”, 1,51 / “hemos visto”, 1,14) se anuncia que en el Verbo encarnado la inmensa majestad de Dios y toda la realidad divina se han hecho presentes en medio del mundo; no de manera pasajera -como en las antiguas teofanías- sino de manera definitiva, porque él vino a “morar” en la tierra. Por eso se afirma de Jesús: “Hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” (1,14b).

Para “ver” y “contemplar” se requiere la fe: “¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, Crees?” (1,50ª). Puesto que la respuesta implícita es “sí”, se agrega: “Has de ver cosas mayores” (1,50b). Es decir, verá al Padre (14,9: “El que me ve ha visto a mí, ha visto al Padre”).

Este es el camino por medio del cual entramos en el conocimiento de Aquel de quien los relatos bíblicos sobre los ángeles ya intentaban dar a conocer su grandeza.



Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Qué se entiende por “ángeles” y por qué los celebramos?

2. ¿Dónde aparecen en la Biblia los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael? ¿Cuál es su misión?

3. ¿Cuáles son las cosas mayores que Jesús invita a Natanael a ver? ¿Qué se requiere para verlas?

“Abrid el corazón, es él quien llama
con veces apremiantes de ternura;
venid: habla, Señor, que tu Palabra
es vida y salvación de quien la escucha”
(Himno de la Liturgia de las Horas)

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La Misa diaria de Octubre de 2009

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Año Sacerdotal: CUARENTA Y DOS AÑOS DESDE AQUELLA PRIMAVERA


Recibí la Ordenación sacerdotal el 6 de agosto de 1967 en plena euforia postconciliar. De los 20 a los 25 años estudié la teología en Roma: considero una bendición muy grande haber visto y vivido de cerca el Concilio Vaticano II, acontecimiento muy singular en la historia de la Iglesia. Se hablaba con toda razón de una nueva primavera en la vida de la Iglesia y yo la viví con una ilusión enorme.

Salir de España en aquella época de fuerte emigración hacia Europa, fue para mi como una premonición de lo que desde hace once años estoy viviendo ahora acompañando a los emigrantes de lengua española en Zürich.

(JPG) Pero no todo estaba tan claro en mi camino sacerdotal. Estar disponible para los servicios que la Congregación Claretiana me pedía, me costó un gran esfuerzo. Se me pedía algo que nunca imaginé que tendría que hacer en aquellos primeros años de sacerdote, la promoción de vocaciones recorriendo los caminos de Aragón y, luego acompañar a los seminaristas. Fueron once años también.

Durante este tiempo creció incontenible en mi corazón el deseo de hacer realidad lo que tantas veces había explicado a los chavales hablándoles de los Misioneros y de las Misiones. A ellos tal vez los entretenía, pero el hablar tantas veces de lo mismo hacía que fuera madurando en mi con una fuerza incontenible el deseo de ir a las Misiones. La hora de partir sonó en el mes de octubre de 1978 para fundar una nueva Misión Claretiana en Paraguay.

Hoy me sorprendo al recordar la ilusión con que viví la espera del viaje hacia aquellas tierras guaraníes. En los meses previos al viaje todo me parecía fácil e interesante: compartir la Misión con compañeros nuevos, aprender otra lengua, adaptarme a una nueva cultura, realizar ministerios que prácticamente hasta entonces nunca había hecho. Toda la ilusión se necesitaría con creces para enfrentar los desafíos que suponía organizar algo nuevo en una tierra desconocida. Formábamos el equipo seis Claretianos y dos Misioneras Laicas.

La experiencia misionera es la que me ha ayudado a entender y vivir mi sacerdocio como un servicio a la comunidad. Justamente el lema de nuestras primeras actividades decía: “El Señor nos llama a formar la comunidad cristiana con su Espíritu”. Entendí que la Misión la hacíamos todos juntos sacerdotes y laicos; las diferencias culturales y de estudios tenían poca importancia cuando nos movíamos en el campo de la fe. Cada día contemplaba nuevos testimonios de humildes campesinos y campesinas que me daban ejemplo de servicio desinteresado a la comunidad, padres y madres de familia que eran capaces de dejar el trabajo en la chacra o las faenas de la casa para servir a la comunidad. Yo sabía más teología, pero ellos tenían más experiencia de Dios.

Algo que siempre me impresionó fue el cariño que sentían hacia el sacerdote. La primera vez que salí solo a visitar una “compañía”, hicimos la reunión en una escuelita, pues todavía no tenían “oratorio” en la comunidad. Era ya noche cerrada cuando terminamos y una familia que sabía hablar mejor el castellano, porque había emigrado unos años a Argentina, me invitó a su casita de tablas y techo de paja. Cenamos a la luz de unas velas y me invitaron a entrar en la “habitación”. Me extrañó que la cama fuera tan grande, pero, ya se sabe, la primera vez, “ver, oír y callar”. Durante la noche se levantó un viento fuerte como de tormenta. Yo oía la tos de un niño junto a las tablas de la pared de mi “habitación”, pero no era capaz de imaginarme lo que estaba sucediendo. Amaneció y observé con gran sorpresa que la única cama de la única habitación de la casita había sido para mi. ¡Qué vergüenza!

- ¡Siento mucho haberles quitado la cama!, les dije.
- No, Padre, es un honor muy grande que Usted haya venido a nuestra casita y dormido en nuestra cama.

Cuando vuelvo la vista atrás y recuerdo tantos y tantos momentos de lucha y de alegría, le doy gracias al Señor que me ha hecho descubrir en el estar con la gente y ayudarles en todo lo que he podido, el sentido de mi vida. Me siento feliz de ser sacerdote; me encantaría que hubiera más vocaciones, pero nuestra tendría que ser más coherente y nuestra entrega más generosa para merecerlas. Jesús nos dice: “Pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Pero les tenemos que hacer sitio a las nuevas vocaciones y, sobre todo, tenemos que demostrarles que vale la pena este servicio y que es necesario para el bien de los más pequeños, de los más pobres.

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Homilías y Recursos para la Homilía: XXVII Domingo del T.O. (Marcos. 10, 2-16) - Ciclo B


"HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE"
Por Agustinos España

Raul Follerau solía contar una historia emocionante: visitando una leprosería en una isla del Pacífico le sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que se iluminaban con un "gracias" cuando le ofrecían algo. Entre tantos cadáveres ambulantes, sólo aquel hombre se conversaba humano.

Cuando preguntó qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas. Y vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba en frente del alto muro de cemento que la rodeaba. Y allí esperaba. Esperaba hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una cara de mujer, vieja y arrugadita, que sonreía. Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía él también. Luego el rostro de mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar que mañana regresara el rostro sonriendo. Era -le explicaría después el leproso- su mujer.

Cuando le arrancaron de su pueblo y le trasladaron a la leprosería, la mujer le siguió hasta el poblado más cercano. Y acudía cada mañana para continuar expresándole su amor.

"Al verla cada día -comentaba el leproso- sé que todavía vivo". No exageraba: vivir es saberse queridos, sentirse queridos.

¡Qué bonito un matrimonio cuando se vive así! Cuando para la otra persona yo soy alguien importante. Sin embargo, no siempre es así.

La misma lectura del evangelio nos recuerda los problemas que surgen siempre en toda vida común cuando un grupo de fariseos se acercan a Jesús y le preguntan sobre el divorcio. Esta pregunta hay que entenderla dentro de una sociedad machista en donde el hombre, según la ley de Moisés podía dar acta de repudio a su mujer por una serie de razones que luego, incluso, desde las escuelas de maestros se fueron ampliando de modo que le era muy fácil a un hombre divorciarse de su mujer.

Sin embargo, Jesús se pone en contra de la ley afirmando que lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre y también afirmando la igualdad entre el hombre y la mujer, cosa que ni se planteaba en su tiempo.

Esta doctrina pareció dura y difícil no sólo a los fariseos que le preguntaban, sino a los propios discípulos que le vuelven a preguntar más tarde del tema.

También hoy nos puede parecer dura esta postura de Jesús sobre todo porque en nuestro mundo encontramos especiales dificultades para una fidelidad duradera, influidos como estamos por una sociedad de consumo que gasta y tira y cambia y busca nuevas sensaciones para satisfacer nuestros sentidos. Vamos perdiendo la capacidad de un amor total, de una entrega estable, hecha muchas veces de sacrificio, porque no se trata de dar cosas, sino de darnos a nosotros mismos.

Y, a esto hay que añadir un número de parejas que acuden sin preparación y madurez al matrimonio.

Sin embargo, la postura de Jesús, sigue estando ahí presente. Y sus palabras no hay que entenderlas como imposición, sino como invitación a cultivar día a día el amor, porque el amor no es algo que se consigue desde el principio; no siempre es romántico y fácil y muchas veces exige renuncia y perdón. Y es que el amor es como una apuesta: hay que saber perder algo para ganar mucho. Y no todo el mundo tiene esa disposición interior.

Pero esta invitación a apostar por el amor lleva consigo también otras cosas:

* Saber escuchar. No es la primera vez que surgen tensiones entre dos personas porque uno no escucha. Es más, tampoco es la primera vez que un matrimonio se va deteriorando cuando uno quiere contar un problema al otro y la otra pareja no le puede dedicar tiempo porque está ocupada en sus cosas.
* Transparencia en el diálogo que es algo que se consigue día a día.
* Detalles de cada día. La vida está hecha de detalles y estos son los que alegran cada momento. Detalles como preguntar qué tal el día, como preguntar si te hecho una mano, un beso...
* Saber estar por encima de los sentimientos

Cada uno podría añadir más cosas en esta lista y que habría que cuidar continuamente porque el matrimonio se construye día a día, pero también se puede destruir día a día cuando alguna de estas cosas esenciales faltan.

P. Pedro Muñoz



RECURSOS PARA LA HOMILÍA

Nexo entre las lecturas

El tema del matrimonio domina la liturgia de este domingo. Por un lado, la ley de Moisés que permite repudiar a la esposa "por algo feo" (según que se interpretase, podría ser la infidelidad conyugal, o hasta una comida mal preparada) (evangelio); por otro lado, Jesús que vuelve a la ley originaria puesta en la naturaleza, según la cual "el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán dos en una sola carne" (primera lectura, evangelio). En la segunda lectura, se nos recuerda que Jesús esposo de la Iglesia se entrega a ella hasta la muerte para purificarla y santificarla con su sangre. De esta manera viene a ser verdadero prototipo del amor esponsal.


Mensaje doctrinal

1. La victoria sobre la soledad. Es muy emotivo ver cómo Dios, según el libro del Génesis, se interesa por la soledad del hombre. Entendemos que Dios no ha creado al hombre para vivir en soledad, sino en relación, en compañía. La compañía de los animales domésticos es buena, no viene criticada, pero es insuficiente. Adán da a cada uno su nombre; con ello se quiere significar que ejerce dominio y señorío sobre ellos. Pero no basta. Es una relación de dominio, es una relación dispar, que no da plenitud de realización y de gozo al ser humano. La única relación plena, satisfactoria, regocijante, es la relación con quien es igual que él, "carne de su carne". Es la relación propia de los seres humanos. El grado sumo de esta relación es la relación matrimonial del varón y la mujer, por la que "los dos llegan a ser una sola carne". El matrimonio no es, pues, la única forma de relación ni el único modo de vencer la soledad. La relación de amistad, de compañerismo, de hermanos en religión, etc., vence también la soledad del hombre. Sin embargo, el matrimonio y la familia son instituciones naturales en las que la victoria sobre la soledad puede lograr la máxima altura.

2. La victoria sobre la división. Estar solo es triste, penoso. Estar interiormente dividido, lo es todavía más. División de la inteligencia y de la voluntad: ¿Me caso o no me caso? División del corazón: De entre todos los chicos y chicas que conozco, ¿quién me puede ayudar más a vencer la soledad y a hacerme feliz? ¿a quién puedo yo ayudar mejor a amar y a ser feliz? División de las experiencias vivas: ¡tantas experiencias con este, aquel o el otro partner, que dejan el alma vacía, el corazón medio roto, la amargura de la frustración, el descontento de uno mismo, la conciencia intranquila o hasta gravemente herida! El matrimonio, vivido en todo su esplendor y belleza, unifica. Unifica las fuerzas de la inteligencia, que se orientan hacia la vida matrimonial y familiar. Unifica las fuerzas de la voluntad, que acepta el querer de la persona amada y tiende a hacerle el bien. Unifica el corazón, centrándolo en el esposo o esposa y en los hijos. Unifica las experiencias de la vida, que son vividas todas en referencia a la experiencia fundamental, que es la experiencia conyugal y familiar. Es verdad que, ya en el matrimonio, se puede uno topar con fuerzas centrífugas que intenten de nuevo dividir, resquebrajar la unidad. Es verdad que pueden existir situaciones extremamente duras y difíciles. En el amor profundo y auténtico que logró, en el momento de casarse, superar la "división", existen recursos y energías para promover y defender la unidad frente a las fuerzas hostiles. Es el amor del que Jesucristo Nuestro Señor es el mejor modelo. En Cristo todo su ser está unificado por el amor a la humanidad, amor que no le ahorra ningún sacrificio. Nadie ama más que aquel que da la vida por el amado. Por el sacramento del matrimonio los cristianos participan del amor con que Cristo Esposo amó a la Iglesia Esposa. Ese amor redentor de Cristo, eficazmente presente en los cónyuges cristianos, les hará superar cualquier tentación de división, y promover la unidad como el mayor bien de los cónyuges, de la familia y de la sociedad.


Sugerencias pastorales

1. Matrimonio: Palabra unívoca. Es un principio de sabiduría humana y cristiana dar a cada cosa su nombre. Además de que es un elemento de claridad y transparencia. No se trata de juzgar a nadie; al contrario, como cristianos hemos de ser sumamente comprensivos, aunque hemos de aceptar que en esto, como en otras muchas cosas, se pueden dar prejuicios y posturas ofensivas. De lo que realmente se trata es de hablar con propiedad. Si comenzamos a hablar de "matrimonio de hecho", de "unión libre", de "matrimonio gay" del "derecho a ser diferentes", y a reconocer todo esto jurídicamente, en lugar de disminuir aumentará sin duda la confusión. El matrimonio es una unión estable y libre entre un varón y una mujer, jurídicamente reconocida por el estado (matrimonio civil) y/o por la Iglesia (matrimonio eclesiástico). Lo que no responda a esta definición, no es matrimonio; por eso, convendrá buscarle y darle otro nombre, haciéndolo siempre con respeto y caridad. Evidentemente, el respeto a los que son diferentes es una obligación de todos, pero ese respeto no significa en modo alguno connivencia y mucho menos equiparación de estado. La realidad del matrimonio es algo muy serio y sagrado, como para andar jugando con ella. Quizás por no tener esto en cuenta, sucede lo que está sucediendo con esta institución, cada vez menos parecida a su sentido unívoco. Uno, ignorante, se pregunta espontáneamente qué es lo que está pasando en los parlamentos para que se tomen decisiones a veces sumamente graves, que afectan la naturaleza de las cosas, y el mismo futuro de la familia y de la sociedad. ¿Nos damos cuenta de que poco a poco nos pueden lavar el cerebro? ¿De que el imperialismo político (parlamento) y cultural (mass-media) se nos ha metido en casa, casi sin querer?

2. Catequesis al cuadrado. La conciencia cristiana y la fidelidad a nuestra vocación misionera nos comprometen a una catequesis al cuadrado, "arrasadora", y a una acción evangelizadora intensa sobre el matrimonio que lleguen a todos, cristianos o no, y que utilicen toda la gama de recursos para realizarla. Hay que "mentalizar" a los niños sobre la naturaleza del matrimonio y su sentido cristiano. Y con mayor razón a los adolescentes, a los jóvenes y a los adultos. Habrá que echar mano de la clase de religión en la escuela, de la catequesis en la parroquia, de la homilía dominical, de la conversación personal en familia o en otros ambientes, de los periódicos y revistas, de la radio, de la televisión y del internet. Hemos de duplicar la catequesis y la labor evangelizadora, para superar en acción masiva y en eficacia a quienes hacen propuestas equívocas sobre el matrimonio, que tanto perturban y desconciertan a la gente sencilla. Se suele decir que la mejor arma defensiva es el ataque. Y el ataque en este campo del matrimonio es la verdad de nuestra fe. Digamos la verdad sin miedo, seguros de la victoria.

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La autoridad del maestro


La autoridad del maestro se ha visto cada vez más minusvalorada. Uno de los problemas de la educación es precisamente ese, que el maestro se ve indefenso ante la indisciplina de los alumnos, respaldados, en ocasiones, por sus padres.

Frecuento mucho las convenciones y seminarios de los maestros de primera y segunda enseñanza, porque tengo la suerte de que suelan querer recibirme entre ellos. Estoy acostumbrado a que me cuenten sus problemas y dificultades, junto a sus nobles ilusiones. Quizá no haga falta decirlo, pero me satisface proclamarlo una vez más: forman el gremio que más admiro y al que tengo por más imprescindible para el mantenimiento de la vida civilizada. Aplaudo a los artistas, necesito a los científicos, respeto a jueces y policías… pero mi mayor admiración y gratitud van para los maestros. Sin ellos, serían imposibles los demás. Ya sé que, bien mirado, no hay nada de original en este tributo: pero conviene repetirlo una vez más en voz alta.

Cuando llega la hora de oír sus quejas, la más frecuente de ellas suele ser la falta de la más elemental disciplina entre buena parte de los alumnos. No es que los profesores pidan sumisión ni vasallaje, claro que no. Tampoco pretenden que sea imposible cualquier tipo de sana familiaridad entre docentes y discentes: la época en que poco faltaba para que los niños tuviesen que marcar el paso de la oca en el patio (o sea, más o menos la mía), así como levantarse cuando cualquier adulto entraba en clase y hacer a coro diversas zalemas, pertenece a un pasado irrevocablemente pretérito. Pues nada, adiós muy buenas a tales usos. Pero lo cierto es que el aula -para rendir frutos- exige atención y cierta jerarquía. Todos somos iguales en dignidad, pero no en gobierno. Como bien dice Aristóteles en su Política, «antes de llegar a gobernar, todos debemos haber sido gobernados». Es decir: ya que en democracia todos mandaremos, es necesario que durante un tiempo obedezcamos para aprender a mandar con razón y conocimiento. No hay humillación ni servilismo en aceptar la eventual autoridad de quien nos está enseñando a crecer como es debido.

El aprendizaje siempre tiene -al menos en sus inicios- un componente de coacción: casi todos nos hemos educado a regañadientes. Es raro el caso del niño que renuncia voluntariamente a sus juegos o del adolescente que prescinde con gusto de sus diversiones para llegar a saber gramática o geografía. No es el profesor quien aburre, ni siquiera la materia misma, sino el hecho mismo de tener que concentrarse para aprender. Saber es una forma de felicidad y de liberación, pero llegar a saber exige trabajos forzados. Quien conoce la importancia del conocimiento y los beneficios que aporta -el adulto, el maestro, los padres- no tiene más remedio que contrariar temporalmente el capricho momentáneo de sus alumnos, que ignoran la magnitud e importancia de lo que están recibiendo a veces con pocas ganas. Que yo sepa, sólo Tarzán aprendió a leer por sí mismo, pero ya mayorcito y no sin pasar por un largo calvario de autodisciplina… en una novela.

Antes o después, todos los enseñantes son vistos por sus discípulos como aguafiestas de su joven vida. Nunca he entendido bien eso de que «». A nadie le gusta estudiar salvo a los masoquistas, que no suelen abundar por debajo de los dieciséis años. Pero enterarnos poco a poco de que en muchas ocasiones lo que necesitamos debe prevalecer sobre lo que nos gusta es parte y nada menor de la maduración personal. Y de la educación, en el más amplio sentido de la palabra. Desde luego, hay maestros que tienen una habilidad especial -un arte, digamos- para conseguir aplicación de sus educandos sin hacérsela gravosa ni demasiado ordenancista: felices ellos. Pero en cualquier caso esa aplicación es imprescindible en la dialéctica entre enseñanza y aprendizaje: y resulta evidente que a veces se rehúsa y hasta se convierte en hostilidad y agresividad contra quien la exige para poder cumplir con su función. Si el maestro no puede mandar o si sus órdenes razonables son sistemáticamente desatendidas o burladas, la educación se hace imposible: aún peor, se convierte en un fatigoso deporte de riesgo para quien pretende ejercerla.

Reconocer el rango de autoridad pública a los maestros no es la solución de todos los problemas de la enseñanza, evidentemente. Sin una financiación adecuada y un pacto educativo transversal a los partidos políticos, entre otras cosas, seguiremos debatiéndonos con una escuela ineficiente y peor que la de la mayoría de los países europeos. Por otra parte, es cierto que junto a la autoridad institucionalmente conferida está la otra, la autoridad que se ganan los profesores por medio de su práctica diaria y que no es menos importante. Pero también el amor conyugal es la mejor garantía de paz familiar y, sin embargo, por si acaso el marido se pone bruto, ya hay instancias que protegen al miembro más débil de la casa. En el aula, qué le vamos a hacer, el más desvalido suele ser el maestro: es uno frente a muchos o frente a unos pocos pero sin encontrar apoyo explícito en los demás.

Esta medida puede reforzar la confianza en sí mismos de los maestros y asegurarles que la sociedad no les abandona ni les ignora. Porque cuando se lleve a la práctica, los enseñantes no sólo serán autoridades públicas frente a sus alumnos sino también frente a sus papás, que a veces son más díscolos y maleducados que ellos. Es nada más que una parte del largo camino de regeneración educativa en el que toda la sociedad consciente debe implicarse, pero es un paso que sin duda hay que dar: y cuanto antes, mejor.

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