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miércoles, 14 de abril de 2010

Evangelio Misionero del Día: Jueves 15 de Abril de 2010 - SEGUNDA SEMANA DE PASCUA


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto
está por encima de todos.
El que es de la tierra
pertenece a la tierra y habla de la tierra.
El que vino del cielo está por encima de todo.
Él da testimonio de lo que ha visto y oído,
pero nadie recibe su testimonio.
El que recibe su testimonio
certifica que Dios es veraz.
El que Dios envió
dice las palabras de Dios,
porque Dios le da el Espíritu sin medida.
El Padre ama al Hijo
y ha puesto todo en sus manos.
El que cree en el Hijo tiene Vida eterna.
El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida,
sino que la ira de Dios pesa sobre él.


Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Dejarnos iluminar por la Pascua: El Espíritu dado sin medida
Juan 3, 31-36
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna”


El texto de hoy nos habla de la validez y de la autoridad que tiene la enseñanza que Jesús le ha dado a Nicodemo. Se trata por lo tanto de una invitación a la obediencia a las Palabras de Jesús: ¡Cree en el Hijo para que tengas la vida eterna! (3,36).

La autoridad de Jesús para hablar de Dios se fundamenta en tres realidades:

(1) Viene del cielo: “El que viene de arriba está por encima de todos” (3,31). Jesús procede de la comunión eterna en el seno del Padre y ha venido al mundo para “contarnos” lo que ha vivido en esa amorosa intimidad (ver 1,18).

Por esta razón es un testigo directo de lo que enseña. Él no es como los demás maestros de la tierra que transmiten lo que a su vez han recibido por medios escolares. Por venir del cielo, Jesús “da testimonio de lo que ha visto y oído” (3,32).

(2) Dios lo ha autenticado con la unción del Espíritu Santo: “El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz; porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida” (Juan 3,33-34; ver igualmente 1,33-34).

(3) Dios colocó en su Hijo esta responsabilidad: “El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano” (3,35).

Detrás del amor del Padre al Hijo, está también el amor a la humanidad.

Por lo tanto hay que aceptar el mensaje-testimonio de Jesús. No hay excusas para no hacerlo. La enseñanza de Jesús tiene validez, una validez que –por lo demás- se constata en su eficacia: “El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz” (3,33).

Jesús es la “verdad” encarnada de Dios (término que en Juan traduce el hebreo “emet”, que describe la fidelidad de Dios con su pueblo).

La responsabilidad del hombre es grande: aceptar a Jesús es entrar enseguida en las relaciones con Dios que le llevan a la participación plena de su vida. No hacer esto es auto-juzgarse y excluirse de la vida.




Para cultivar la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón:

1. Jesús es revelador. ¿De qué?

2. ¿En qué se basa la autoridad de Jesús?

3. ¿A qué hace referencia la inmensa generosidad de Jesús, quien “da el Espíritu sin medida”?


Comentario al icono del descenso de Cristo a los infiernos:

“Cristo Resucitado, resplandeciente de luz, imagen del Dios invisible en su Humanidad transfigurada, penetra en nuestras profundidades tenebrosas y arranca al hombre y a la mujer de la tumba en la que la muerte los tenía prisioneros. Aquí se expresa todo el dinamismo de nuestra vida nueva: ‘Conocerlo a Él y el poder de su Resurrección’ (Filipenses 3,10), consiste en este movimiento, en el cual Cristo baja a nuestras profundidades para hacernos volver a la luz de la vida. Es el mismo movimiento del Bautismo, un bajar y un subir (cfr. Romanos 6,3-4), con todo el realismo espiritual que el poder del Espíritu actuará cada día en nuestra vida personal. Nuestra participación actual en la Resurrección de Cristo consiste en este bajar a los infiernos, es decir, a nuestras profundidades para hacer pasar todo a la luz” (I. Hazim).

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