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domingo, 19 de mayo de 2013

Siete maneras de expresar el amor: Domingo de Pentecostés – Ciclo C (Juan 20, 19-23)

Recibir el Espíritu Santo prometido no es otra cosa que recibir el amor de Dios manifestado ya en Jesucristo. Ese amor pleno de gozo, que viene de Dios en su Espíritu, se manifiesta en los hombres de muy diversas maneras, y en cada uno busca desarrollar ese amor que recibimos en el bautismo.
San Pablo en la primera carta a los corintios en el capítulo 13, habla de las características de ese amor y de sus diversas manifestaciones. Pues de alguna manera los siete dones del Espíritu son siete maneras diversas de la manifestación de un único amor de Dios.
¿Qué manifestación de amor necesitas desarrollar más en ti en este momento de tu vida?. ¿Te lo has preguntado?

El amor sabio; es el que nos permite saborear y gustar “internamente” de esos momentos que no tienen nada de “inteligente” sino que son simplemente expresión del corazón. ¡Vivimos tantas cosas y cuán poco disfrutamos verdaderamente de ellas! Sabiduría viene de sabor y no de saber, por ello el amor sabio es aquel que comprende y vivencia las cosas desde el corazón. Amar sabiamente es descubrir y valorar en el otro aquello que para él o ella es importante. Es rescatar del otro aquello que le produce bienestar y gozo y saber potenciarlo. El amor es sabio cuando aprendemos a saborear lo que se tiene sin lamentar la ausencia de lo que espero. El amor sabio, dedica tiempo a estar con los hijos “sin hacer nada”, disfruta con un amigo de un café hablando “de la vida”, comparte con la persona amada momentos de “sobremesa”.
El amor comprensivo; es el amor que entiende. Es esa dimensión del corazón que permite considerar y penetrar la belleza de las cosas que vive el otro y es capaz de valorar y apreciar. El amor comprensivo, no es solo “dejar que las cosas sucedan”, sino que es involucrase y comprender la experiencia vital del otro. El amor comprensivo es bondadoso y paciente. El amor comprensivo no mide ni regula al otro desde sus propias perspectivas, sino que sabe esperar los tiempos y los momentos. Ser comprensivo con los demás es haber fundado el amor en la esperanza de que el bien que habita en los otros se manifestará a su debido tiempo. El amor es comprensivo cuando no impone una manera de amar sino que busca que el amor sea comprensible para el otro.
El amor atento; El don del consejo es esa capacidad que tiene el amor de saber enfrentar las situaciones difíciles de la vida, con serenidad. El amor que desarrolla el don del consejo sabe entender y “ponerse en el lugar del otro”. No recita fórmulas ni expende recetas, sino que se compromete con los sentimientos del otro y se vuelve compasivo. Ser atentos en el amor es haber desarrollado la capacidad de sentir con el otro y de involucrarse con la vivencia afectiva del otro sin perder la objetividad. Amar y estar atento es con-sentir con la persona a la que se ama. El amor es atento cuando acompaña en silencio el dolor del otro, y sabe esbozar una sonrisa con las logros de los demás. El amor atento tiene delicadezas y no teme expresar el amor.
El amor que soporta; Este don del espíritu hace que el amor se manifieste como fortaleza. Y la fortaleza es esa capacidad que tiene el amor de alentar y animar a la persona que se ama a desarrollar sus capacidades y talentos personales. El amor que soporta, es aquel que brinda apoyo, que sostiene y fortalece sin quebrarse. Un amor es fuerte porque ha desarrollado la capacidad de proteger. No porque resiste los golpes sin romperse. Amar es cubrir al otro en su debilidad y protegerlo en su fragilidad. El amor que soporta sabe sostener al caído, pero también empuja y alienta para que siga adelante. Soportar es también acompañar en todo momento el proceso vital de los demás. El que ama soportando es aquel que ha tomado en serio el mandamiento del amor al prójimo.
El amor que conoce; es el que ha descubierto el sentido de la vida y el valor de los esencial. El amor nos hacer reconocer lo fundamental, lo que no puede faltar. Aquello por lo que se “vende” todo para comprar la perla escondida. El conocimiento que brota del amor es el que ha descubierto lo superfluo y perecedero de esta vida y por ello se embarca en cultivar lo que es eterno y permanece siempre. El amor que conoce es el que brinda claridad para elegir, el que orienta la búsqueda de lo que es más importante. El amor que conoce es desapegado, no le interesa acumular ni amontonar riquezas donde la “polilla” y el “herrumbre” lo puedan destruir (Mt 6, 20).
El amor sensible; es el que sabe sorprenderse. El que guarda esa capacidad tan apreciable en los niños cuando descubren algo nuevo. Es el amor que exulta de gozo ante la inmensidad de la generosidad de los demás. El don de la piedad engendra en nosotros el deseo de cercanía a Dios. Es el amor que nos habla de impulsa a cobijarnos en el corazón de Dios reconociendo nuestra pequeñez y su grandeza. La propia fragilidad y el poder de Dios. El amor sensible nos permite contemplar a los demás desde el corazón de Dios. Nos impulsa a la caridad y nos vuelve solidarios ante el dolor del prójimo. Nos despierta el anhelo de justicia para aquellos que son injustamente tratados, y se encuentran desplazados por un mundo que no quiere ni acepta al más débil y pobre. El amor sensible es piadoso. No sólo juntas sus manos para orar sino que también las separa para tenderlas al que más lo necesita.
El amor respetuoso; es el que reconoce en los demás y en la creación la manifestación de Dios. Es el amor que contempla el mundo y reconoce al Autor de la vida. El amor respetuoso trata a los demás con la dignidad que se merecen. Sabe que todo lo que se realiza “por los más pequeños” es a Dios mismo a quien lo hace. El amor, cuando es respetuoso, no sólo conoce los propios límites, sino que también reconoce el derecho de los demás. Quién ama respetuosamente no trata a los demás como objetos sino con la dignidad de ser hijo de Dios. El amor respetuoso es cuidadoso con la obra de Dios.
En cada uno de nosotros, el Espíritu Santo cultiva el amor que Dios ha derramado con gozo en nuestros corazones.
¿Cuál de estas siete manifestaciones del amor de Dios estás necesitando cultivar más?