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domingo, 26 de mayo de 2013

Solemnidad de la Santísima Trinidad: El peinado de Dios

Publicado por Entra y Veras

¿Dios tiene melena? Esta pregunta puede producirnos risa o desconcierto. ¿Lleva el pelo rapado o tiene una cresta? ¿Se da mechas o reflejos? En ciertas cuestiones teólogos y peluqueros han compartido trabajo. El ejercicio de la teología puede asemejarse a un tratamiento de belleza en el que se intenta resaltar aquello rasgos que más favorecen pero también podemos dedicarnos a hacer permanentes y rizar el rizo hasta extremos insospechados. Los conceptos teológicos pueden ser un conjunto de tirabuzones más propios de la Cámara de los comunes que de quienes, con los pies sobre la arena, pretendemos seguir a este Dios que sabemos nos mira con cariño.


Hablar de la Trinidad puede producir los mismos frutos que si no ponemos a discutir sobre le peinado de Dios. Nos quedaríamos con la cabeza caliente y los pies fríos. Sin embargo, si pensamos en hablar del amor seguro que ahí si podemos ponernos a escribir sin tantos problemas. Podemos hablar del amor en general, del amor de pareja, del amor a los hijos… Cada uno tiene sus peculiaridades pero todos se basan en la generosidad y la entrega desinteresada. Hablar de la Trinidad no es otra cosa que hablar de amor. Sí de amor. Y no se trata de simplificar ni de multiplicar por lo fácil o por lo cursi. La Trinidad es una melena al viento, rizada muchas veces por demasiados conceptos desencarnados, habitantes del manual del teólogo y del predicador de otro tiempo.

La clave para entender en qué consiste la Trinidad no es más que la relación que existe entre las tres personas divinas, pues las palabras que utilizamos para referirnos a ellos ya son relación: El Padre, el Hijo, que es la Palabra, la expresión, el diálogo de Dios, y el Espíritu Santo que es el amor de los dos, es inspiración, aliento, beso, gemido, suspiro de Dios, no es sino el susurro de dos que se aman. La relación mutua es tan profunda y radical que hace que permanezcan unidos y se conviertan en un solo Dios-comunión, en un solo Dios-amor y en un solo Dios-relación. Como dice Ernesto Cardenal este es el dogma del amor: El misterio de que Dios no es solo, de que es Unión, y comunión, y comunidad, y familia. Dios es amor pero no un amor egoísta sino de entrega; no es amor propio sino mutuo, porque Dios es Mutuo. Si Dios fuera solo Unidad sería totalmente solo, sin generación, estéril. Esta es la clave que nos debe llevar al entendimiento y sobre todo a hacer vida esto que creemos ya que nuestra fe no es una fe de misterios sino de un único misterio el de la solidaridad y donación de Dios a la creación y concretamente a nosotros, al ser humano. Así de sencillo.

De todo esto, ¿qué es lo que hoy nos podemos llevar para la vida?, ¿de qué sirve la Trinidad?, ¿es solo caldo de cabeza y tinta de teólogos?. Sinceramente creo que no. En el evangelio, Jesús deja paso al Espíritu, en cuyo tiempo nos encontramos. No estamos solos. Esta experiencia de sentirnos acompañados, deberíamos hacerla nuestra día a día, hacerla sangre en nuestras venas, para que por nuestro cuerpo corra cada día el estremecimiento de la confianza y del amor a Dios. Dios nos ama; no nos juzga. El amor de Dios es una llamada incesante a vivir en el amor. ¿Acaso esto es difícil de entender? Pues esa es la entraña de este Dios Trinidad, comunidad, familia de amor, de este Dios desbordado que nos llama a ser felices. Quien vive el amor desde Dios, aprende a amar a quienes no le pueden corresponder, sabe dar sin apenas recibir, puede entregar su vida a construir un mundo más amable y digno de Dios. De la contemplación de la Trinidad, pasamos a la acogida, a la apertura a los otros, a la solidaridad que comparte, al perdón que reconcilia y une voluntades.

No nos perdamos en cálculos, ni en peinados y permanentes. La Trinidad es Dios derramándose sobre nosotros, no la imagen de un cascarrabias huraño y solitario. No lo olvidemos. Dios es relación, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Con melena o sin melena.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)