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domingo, 9 de junio de 2013

LA VIDA PREVALECE SIEMPRE PORQUE LA MUERTE NO ES NADA


Celebrada la Ascensión, retomamos el tiempo ordinario, pero como los domingos siguientes tenemos las tres grandes fiestas de Pentecostés, Trinidad y Corpus, aún no habíamos retomado los domingos de ese tiempo litúrgico. Se trata del periodo más largo del año, que nos llevará hasta el nuevo año litúrgico con el Adviento.
Como sabéis, este año no toca leer el evangelio de Lucas. Este evangelio es el que más se preocupa de la vida cotidiana de Jesús: para Lucas, Jesús predica más con lo que hace que con lo que dice. Refleja como ningún otro la reacción de Jesús ante el sufrimiento de la gente, sobre todo de los pobres y marginados; por eso se le suele llamar el evangelio de la misericordia.
El contexto general del evangelio que leemos, es la norma de lo que solía hacer Jesús. Acompañado de sus discípulos, recorre los caminos de Galilea, llevando a todas partes la palabra de Dios y la ayuda a la gente que se siente abandonada.


En Lucas se aprecia mejor esta manera de actuar, porque acompaña siempre los relatos con todo lujo de detalles, que nos permiten adentrarnos en el ambiente en que se producían los "milagros". En el relato que leemos hoy, la gente que acompañaba a Jesús y la que acompañaba a la viuda se aúnan para dar gloria a Dios.

En el evangelio de hoy se nos narra un episodio espectacular, la resurrección del hijo único de una viuda. Es muy difícil precisar en este texto qué es lo que pasó realmente. Sorprende que un acontecimiento como la resurrección de un muerto se narre en un evangelio y se ignore en otros.

La única resurrección que se encuentra en los tres sinópticos es la de la hija de Jairo. Y en los tres se pone en boca de Jesús esta frase: "la niña no está muerte, está dormida".

También nos tiene que hacer pensar el paralelismo que existe entre este texto y la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta por el profeta Elías, que hemos leído en la primera lectura. Con frecuencia se toma el AT como modelo para explicar a Jesús.

De grandes profetas del AT se narraban resurrecciones. Es muy fácil que la tradición intentara con estos relatos potenciar la idea de que Jesús era un gran profeta, que no podía ser menos que lo más grandes del AT. De hecho el relato termina dando gloria a Dios porque ha visitado a su pueblo con el envío de un gran profeta.

En todo caso lo que quieren resaltar no es el milagro en sentido estricto, sino el poder de Jesús de dar vida trascendente, significada en esa vida fisiológica recuperada.

Desde que existen los periodistas y los sucesos se narran según lo que pasó realmente, no se ha vuelto a hablar de resurrección. Aunque es verdad que se ha constatado la vuelta a la vida de personas que se habían dado por muertas.

El principal argumento para superar esta trampa no es que Dios tenga o no tenga poder para hacer tal cosa, sino que es absurdo obligar a Dios a entrar en nuestra dinámica y quedarnos tan contentos porque Él cambia de criterio y vuelve a hacer el mundo tal como nos gustaría a nosotros.

Para valorar este relato debemos tener en cuenta el ambiente en que se narra. Las mujeres no contaban en aquella época. Una viuda no tenía la más mínima posibilidad de desenvolverse ni social ni económicamente. La única salvación de una viuda era el hijo, por eso se resalta que era único, es decir la única esperanza de la viuda. La muerte del hijo de una viuda se consideraba un durísimo castigo de Dios.

En el relato, Jesús quiere dejar claro que en ningún caso la actitud de Dios es la de castigar a nadie, y menos a una pobre viuda.

Con frecuencia encontramos en los evangelios una profunda crítica de un mesianismo milagrero. Sin duda fue uno de los mayores peligros de interpretar equivocadamente a Jesús. En el capítulo 6 del evangelio de Juan, después de la multiplicación de los panes les dice a los que le buscaban para proclamarle rey: "Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros".

Esa tentación es todavía muy fuerte entre nosotros. No hay más que examinar nuestras oraciones litúrgicas o echar un vistazo por Lourdes o Fátima para comprenderlo. Intentamos a toda costa fabricarnos un Dios todopoderoso que acto seguido, ponemos a nuestro servicio. Él accederá a todo lo que le pidamos con tal de que nos comportemos como él quiere.

Es la misma dinámica que tenían los hombres del Paleolítico. Aplacar a Dios, tenerle contento porque de esa manera no empleará su omnipoten¬cia contra nosotros, sino contra otros.

Podemos descubrir un simbolismo profundo entre la muchedumbre que acompaña a la viuda identificados con la muerte y sin solución para esa situación extrema y Jesús y el gentío que le acompaña, que vienen transformados por la vida que él mismo les comunica. La muerte y la vida se encuentran pero la vida es más fuerte que la muerte y termina por envolverles a todos. Todos proclaman la gloria de Dios que les ha llevado a la vida.

Hay un dato en el relato muy interesante. Nadie le pide a Jesús que haga algo por la viuda. Es él el que se siente movido por la compasión (le dio lástima). Este hecho nos hace comprender la calidad humana de Jesús que a su vez, es reflejo de lo que sería Dios si pudiera actuar como nosotros.

La compasión es, para mí, la manera más certera de hablar de una verdadera humanidad. Se ha dicho muchas veces que el mensaje cristiano se resume en el amor. Creo que mucho más acertada sería la palabra compasión para hablar de la misma realidad.

No es preciso tener la capacidad de resucitar a un muerto par ser testigos de la vida y llevar vida a todas partes. Todos tenemos la obligación de llevar alegría y optimismo a donde vayamos.

No son las carencias naturales (dolor, enfermedad, muerte) lo que nos impide ser felices. Es la actitud ante ellas lo que nos impide descubrir las inmensas posibilidades que todos tenemos a pesar de esas limitaciones. Solo si despliego esas posibilidades en mí, estaré preparado para ayudar a los demás a descubrir las suyas, a pesar de sus limitaciones.

La gran tentación es exigirle a Dios que nos saque de nuestras limitaciones. Muchas veces nos ha metido por este callejón sin salida la misma religión. Nuestras limitaciones no son accidentes. No es que a Dios le saliera mal la creación y ahora tiene que andar con parches. Ni el mismo Dios podía hacer una creación sin limitaciones.

Por eso es ridículo creer en un Dios que podría sacarnos de esas situaciones que consideramos insufribles, y que no lo hace porque está encantado viéndonos sufrir. Lo que nos falta no puede anular todo lo que tenemos.



Meditación-contemplación

La muerte no es nada, las limitaciones son ausencia de ser.
Lo real es lo que soy y puedo desplegar.
Si dejo de pensar en mis carencias,
me asombraré de la riqueza que tengo al alcance de la mano.
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También en el orden espiritual es verdad lo dicho.
Empeñarnos en no tener fallos es frustrante,
porque fallos los tendremos hasta la hora de morir.
Fíjate más en todo el bien que puedes hacer cada día.
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Tampoco te dediques a mirar con lupa los fallos de los demás.
Todos son mucho más que esos fallos que puedes detectar en ellos.
Hacerles ver lo bueno que hay en ellos,
puede animarles mucho más a ser mejores.