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viernes, 30 de abril de 2010

Cómo reconocer la novedad


V Domingo de Pascua (JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C
Por A. Pronzato


Trae aires de novedad.

En efecto, ¿qué van a contar Pablo y Bemabé (primera lectura) recorriendo varias ciudades, sino la «buena noticia» de que, gracias a Cristo, ya no hay nada como antes, sino que está actuando en el mundo una fuerza radical de transformación?

Es verdad que no se trata de una novedad fácil. Encuentra resistencias, por lo que «hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios».

Tampoco es una novedad momentánea que puede sostenerse por un entusiasmo epidérmico y pasajero. Es necesario «perseverar en la fe».

Las recomendaciones de los dos misioneros a los discípulos insisten precisamente en que es necesaria una fidelidad por la que hay que pagar un alto precio.

Y existe también una novedad en el interior de la comunidad con la creación de los «presbíteros» (ancianos, cabezas, responsables, guías), que deberán consolidar el trabajo cumplido por los misioneros y garantizar de forma estable aquel servicio que Pablo y Bernabé han desarrollado en sus visitas y que se concreta en los verbos: reanimar, exhortar, estimular y afrontar serenamente las pruebas.

Puede parecer un momento organizativo e institucional. Y, de hecho, lo es. Toda comunidad tiene necesidad de una cierta estructura. Pero la preocupación dominante va en favor de la vida. La estructura está en razón de la vida, y no puede sustituirla, y mucho menos sofocarla.

La elección se hace después de un período de oración y desayuno (para que se vea clara la voluntad de Dios y se remuevan todas las opacidades humanas que impiden la «revelación». En este sentido, se puede decir que la investidura se hace desde lo alto y no desde abajo).

«Los encomendaban al Señor en quien habían creído». Ateniéndonos rigurosamente al texto, los responsables son los que vienen «encomendados» al Señor. Pero pienso que podemos ampliar un poco, esta interpretación: todos, guías y simples miembros de la comunidad, son encomendados al Señor. Como indicando que el único, el insustituible guía es Él. Él solo da seguridad. Solamente, gracias al Pastor supremo, la comunidad está a salvo y puede afrontar con esperanza el futuro.

A la llegada a Antioquía -punto de partida de la misión- Pablo y Bernabé informan de su expedición a esta Iglesia. No son unos «veteranos» que alardean de las propias empresas ni héroes que declaman las propias conquistas. Y mucho menos unos «propagandistas» que ilustran; con datos en la mano, los éxitos personales, fruto de su capacidad persuasiva.
Se trata, por el contrario, de documentar la eficacia de aquella Palabra de la que ellos han sido simplemente unos servidores.

«Les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos...». Según la aguda observación de R. Fabris, más que ante un balance contable de resultados, estamos frente a una «celebración».

Una novedad radical es sobre todo la descrita por el Apocalipsis, (segunda lectura), en la primera de las tres visiones que cierran el libro (cielo nuevo y tierra nueva; descripción de la nueva Jerusalén; el culto nuevo dado a Dios en la nueva liturgia)..

La renovación de todas las cosas representa la realización de la profecía dé Isaías (65,17ss). Será expulsado el mal!,. serán borrados los sufrimientos, las angustias, los lutos, los miedos, la muerte, o sea, todos aquellos elementos negativos que han agredido a la humanidad.

En vez de Babilonia, la ciudad rebelde y orgullosa, reducida a un cúmulo de ruinas humeantes, está la nueva Jerusalén, que es don de Dios.

En efecto, Juan la ve «descender del cielo». Consiguientemente es iniciativa, construcción divina, que corona la historia.

El mismo Teilhard de Chardin, que dedicó páginas inolvidables al caminar de la humanidad hacia adelante, hacia el «punto omega», advertía que, al final, está la ruptura, la discontinuidad. Solamente la intervención gratuita de Dios puede llevar a término los esfuerzos y las aspiraciones más profundas de los hombres.

En una palabra, es todavía Jerusalén, pero es una Jerusalén nueva (porque es obra de Dios).

Y la ciudad santa se convierte en signo de la nueva alianza del amor («arreglada como una novia que se adorna para su esposo»). «Esta es la morada de Dios con los hombres». Dios vuelve a plantar su tienda en medio del pueblo.

El primer gesto que Dios-Esposo realiza es el de enjugar las lágrimas del rostro de la esposa. Con la desaparición de la muerte, las lágrimas ya no tienen ninguna justificación. El rostro «liberado» del velo de las lágrimas ya puede contemplar a ese Dios que «no ha creado la muerte» (Sab 1,13), a ese Dios que, por el contrario, ha creado todo para la vida.

La inaudita novedad de este mundo nuevo es, pues, que la muerte no tiene la última palabra.

La visión de Juan no es un sopor que pueda acunar a los hombres en sus sueños. Sus palabras, fundadas sobre la roca de la fidelidad de Dios, no pueden ser utilizadas como opio o somnífero.

Para quitar cualquier ilusión respecto a esto, ahí están las frases de Jesús en la última cena, después de ser desenmascarado el traidor, tragado más tarde por la noche.

«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros». La nueva alianza, que Cristo está a punto de sellar con su muerte y resurrección, contempla una sola cláusula, un solo compromiso decisivo.

La nueva comunidad, en su estatuto de fundación, posee un código que se resume en un único mandamiento, que sustituye a la ley antigua: el amor.

«La nueva ley es Jesús mismo, como signo elevado que manifiesta y expresa el amor de Dios... En el nuevo mandamiento Jesús no pide nada para él ni para Dios, sino solamente para el hombre. Sale de nuevo a la luz el hecho de que Dios no monopoliza en sí al ser humano, ni lo acapara: al contrario, es un dinamismo expansivo de amor universal cuyas ondas empujan cada vez más lejos».

Y no es un amor cualquiera: «... como yo os he amado».

La norma ya no es, como en el antiguo testamento, el hombre («amarás a tu prójimo como a ti mismo»), sino el amor mismo de Jesús (un amor traducido en las actitudes, en los hechos, en los gestos concretos).

Un amor, pues, creativo (que no mira los méritos de las personas). Un amor que debe llegar hasta dar la vida. Un amor, que se traduce en el servicio a los demás (poco antes Jesús ha lavado los pies a los discípulos). Un amor que elige la debilidad; rechaza cualquier forma de violencia, respeta la libertad, promueve la dignidad, reprueba cualquiera discriminación. Un amor desarmado que se revela más fuerte que el odio.

El mandamiento nuevo no sólo constituye el compendio de la ley nueva, sino que se convierte también en el distintivo de la nueva comunidad: «La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os améis unos a otros».

«El amor que existe entre los suyos debe ser visible, y podrá ser reconocido por cualquier persona. Por tanto ha de manifestarse con obras semejantes a las de Jesús. Este será el signo distintivo de su comunidad. Los discípulos aprenden de su Maestro no una doctrina, sino un comportamiento: no se distinguirán por un saber particular y mucho menos exotérico, ni comunicarán a la humanidad una especulación sobre Dios. Mostrarán la posibilidad del amor y de una sociedad nueva; así manifestarán y harán presente al Padre en el mundo.

Jesús quiere crear el espacio en que exista el amor, la alternativa a las tinieblas. Por eso su mandamiento se refiere a los discípulos. Está formando su comunidad, realizando la utopía. No crea todavía un grupo cerrado, sino la base indispensable para la misión en medio del mundo... La primera demostración de amor hacia la humanidad consiste en manifestar que la utopía es posible, que Dios es Padre y que los hombres pueden ser hermanos...».

Si, pues, en una comunidad falta este signo distintivo que no puede ser sustituido por observancias, códigos, hábitos, culto, se puede decir que la comunidad ha perdido la propia identidad, y no tiene nada que ver con la novedad de Cristo. Es una comunidad «vieja».

Por eso, Jesús antes de partir da a su comunidad, que ha de quedarse, un estatuto preciso y una identidad nueva.

Decíamos que las palabras del Apocalipsis no se podían utilizar como opio. He ahí que la práctica del mandamiento nuevo anticipa, en cierto sentido, en esta tierra, la Jerusalén celeste.

La realidad futura no será del todo heterogénea respecto a la realidad presente.

Será algo completamente nuevo y, sin embargo, permanecerá un elemento de continuidad: el amor.

Lo que, aquí abajo, es edificado en el amor, no se perderá. Sino que será transfigurado.

Escombros del último día son el egoísmo y el odio (fuerzas de destrucción), no ciertamente el amor.

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Dejen que el Espíritu Santo llene sus corazones

V Domingo de Pascua (JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C
Por P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

Una vez un hombre preguntó: ¿Hay algo más hermoso en la vida que un muchacho y una muchacha cogidos de la mano y de corazón puro camino hacia el matrimonio?

Y una madre contestó: Sí, hay algo más hermoso. Es la visión de un hombre y una mujer ancianos haciendo su viaje final juntos. Sus manos débiles pero todavía unidas, sus caras arrugadas pero todavía radiantes, sus corazones cansados pero todavía amándose.

Sí, hay una cosa más hermosa que un amor joven. Un amor viejo, un amor de siempre.

"La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros."

Cristo se hace presente a sus seguidores de muchas maneras: presente en la Palabra que proclamamos, presente en la Eucaristía que celebramos, presente en la iglesia que todos formamos, presente en los hermanos de la comunidad, presente…

Esta presencia la vemos nosotros, los iniciados en los caminos del Señor y aun así cuánto nos cuesta reconocer a Jesús que nos habla, que nos alimenta, y nos edifica como piedras vivas de la iglesia.

Hermanos, y los que no escuchan la Palabra, los que no pertenecen a ninguna iglesia y pasan de toda religión porque lo suyo es vivir al día, sin preocupaciones, ¿éstos dónde pueden atisbar, sentir y encontrar la presencia de Dios?

Jesús nos dice: "La señal por la que conocerán que sois discípulos míos es la del amor".

¿Cuántas lenguas hablas? No importa que hables sólo una. Existe una lengua universal que todos pueden leer y entender: la lengua del amor. Y no cualquier amor. Porque en esto del amor todos sabemos distinguir entre los amores que matan y el amor que salva, entre los amores de cama y el amor de la cruz, entre los amores de aventuras y el amor para siempre, entre amores que chupan y el amor que se da. Y aún así en todo amor hay una chispa de Dios. Donde hay amor ahí está Dios.

Todos los hombres pueden leer y entender el libro de Dios a través del lenguaje universal del amor.

Dios se hace presencia viva para todos en la vida de amor de sus hijos.

De los primeros cristianos los paganos decían: "Mirad cómo se aman". Ellos eran libro, predicación, mensaje y sacramento para todos los que los veían. Ellos eran presencia de Dios en el mundo.

Los discípulos de otros maestros, los servidores de otros señores se distinguirán por otras razones: la elocuencia, la fuerza, la elegancia, el dinero…

Los discípulos de Jesús se reconocerán por el amor de la cruz, el amor que se da, el amor para siempre, el amor a todos los hermanos.

Cada vez que los discípulos de Jesús matamos el amor, matamos la presencia de Dios, matamos el lenguaje con el que Dios habla, matamos a Dios.

Matar el amor es apagar la luz para vivir en la tiniebla, en la maldición y blasfemia por no poder ver el rostro de Dios en los hermanos.

Ser discípulo de Jesús es para nosotros un honor y una gran responsabilidad porque no es cuestión de palabras sino de amor traducido en obras, en servicio, en cruz.

Donde hay amor ahí está el templo de Dios y ahí está resplandeciendo su presencia viva.

El milagro de la vida es siempre el milagro del amor.

"Les doy un mandamiento nuevo, ámense unos a otros."

Jesús no nos da un consejito, nos da un mandamiento. Este mandamiento nos aclara la voluntad de Dios, se nos da para ser obedecido, mejor, para ser vivido. Y se nos da como lema y resumen de toda la vida cristiana. Y se nos da como nuevo porque aún está por estrenar.

Siempre será nuevo para muchos de nosotros porque amamos, sí, pero al estilo del mundo, amamos con condiciones, con reservas, con fronteras, con protección, con el cuerpo.

Lo nuevo es amar "como yo os he amado". Sin condiciones, sin reservas, sin fronteras, sin protección, con el corazón perforado, con las manos clavadas, en la cama de la cruz.

Esta es la alianza nueva con mi pueblo: la sangre y la cruz.

Este es el mandamiento nuevo: amar como yo os he amado.

Estos son mis nuevos discípulos: los que viven en comunión conmigo, con los hermanos y con el mundo.

Hermanos, ¿buscan un modelo que imitar, un señor a quien servir?

Jesucristo es el modelo y el Señor del cristiano. Nadie más.

Hermanos, ¿buscan una receta para el amor?

No vayan a la farmacia. Pídansela al Espíritu de Jesús.

Hermanos, ¿quieren conocer los secretos del amor?

No compren vídeos. Abran la Biblia y lean en Mateo el Sermón de la montaña.

Hermanos, ¿quieren ser mejores cristianos y que todos los reconozcan como seguidores de Jesús?

Dejen que el Espíritu Santo llene sus corazones.

Él les enseñará a amar como Jesús. Él les dará la fuerza para amar como Jesús. Él les hará felices con los hermanos y con Jesús.

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¡Que Hermosa es tu morada!



How lovely is your dwelling place" fue compuesta por Arnel Aquino, SJ. Interpreta esta canción RB Hizon, SJ. El video es obra de uno de los estudiantes jesuitas de la Provincia de Filipinas que trabaja con personas que viven en un basural.

¡Que Hermosa es tu morada!

Qué hermoso es tu morada
Oh Señor Todopoderoso
Por mi alma anhela y se desmaya hasa Ti
Porque aquí mi corazón está satisfecho

En tu presencia Yo canto
bajo la sombra de tus alas

Mejor es un día en tus atrios
Mejor es un día en su casa
Mejor es un día en tus atrios
Que miles en otra parte

Una cosa he demandado y busco
que Para ver tu hermosura
Para encontrar el lugar
donde habita tu gloria

Mi corazón y mi carne cantan Para Ti, el Dios vivo
Tu espíritu es el agua para mi alma
He probado y he visto
Ven a mí una vez más

Yo me acercare a ti Yo me acercare a ti

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Evangelio Misionero del Día: Viernes 30 de Abril de 2010 - CUARTA SEMANA DE PASCUA


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 1-6

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:
«No se inquieten.
Crean en Dios y crean también en mí.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones;
si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes
que voy a prepararles un lugar?
y cuando haya ido y les haya preparado un lugar,
volveré otra vez para llevarlos conmigo,
a fin de que donde Yo esté,
estén también ustedes.
Ya conocen el camino del lugar adonde voy».
Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?»
Jesús le respondió:
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre, sino por mí».


COMPARTIENDO LA PALABRA
Por Rosa Ruiz, rmi

“Os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús”. Somos anunciadores de una Buena Noticia que nos supera, nos envuelve: es mayor que nosotros porque nos precede y nos continuará, no terminará cuando nosotros terminemos. A veces escucho hablar de la Iglesia -también de la Vida Consagrada-, como si tuviera fecha de caducidad…. Quizá la tenga, pero desde luego no nos toca a nosotros tirar el envase a la basura. Si la Buena Noticia de Cristo es Él mismo y vive para siempre; si la Iglesia es “carne” y encarnación diminutiva de este Evangelio, entonces vivirá también para siempre. Caducarán las apariencias, las normas, las expectativas, las personas, los estilos y acentos… Pero no la Iglesia. Nos ha precedido y nos verá morir engendrando nuevos hijos, igual que la Vida Consagrada, el Matrimonio, el Sacerdocio y toda Vocación vivida en la Iglesia como tal.
Por cierto, hablando de vocaciones, la Casa del Padre tiene estancias tan infinitas como infinito es su amor. Lo importante no es habitar una u otra, ¿no?… Lo importante es ser huéspedes de Dios. ¿Quién temblará habitando su morada, sabiendo que Dios en persona nos está preparando sitio? Recuerda la última vez que recibiste en tu casa a alguien para unos días: aireas la habitación, barres, haces la cama con nuevas sábanas, pones toallas, mueves muebles si hace falta, preparas una flor para la mesa, cuidas cada detalle… Ahora imagínate a Cristo haciendo eso para ti. Y todo para algo tan sencillo como humano: poder estar juntos… que donde esté el Señor, podamos estar nosotros con Él. Él es la casa, la habitación, el Dueño, el gerente, el portero, el guía, el amigo… ¡todo!
No hay medios para llegar a Él; Él es el camino.
No hay vida para vivirla de tal manera que se nos “premie” con Él; Él es la Vida a vivir.
No hay verdad que valga la pena sin Él; Él es el criterio de verdad de todo cuanto vivas.

Vuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz, misionera claretiana

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miércoles, 28 de abril de 2010

COMUNIDAD DE AMISTAD

V Domingo de Pascua (JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. ¿Quién llenará su vacío? Jesús les dice: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si saben quererse como Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos.

El evangelista Juan tiene su atención puesta en la comunidad cristiana. No está pensando en los de fuera. Cuando falte Jesús, en su comunidad se tendrán que querer como «amigos» porque así los ha querido Jesús: «vosotros sois mis amigos»; «ya nos os llamo siervos, a vosotros os he llamado amigos». La comunidad de Jesús será una comunidad de amistad.

Esta imagen de la comunidad cristiana como «comunidad de amigos» quedó pronto olvidada. Durante muchos siglos, los cristianos se han visto a sí mismos como una «familia» donde algunos son «padres» (el Papa, los obispos, los sacerdotes, los abades...); otros son «hijos» fieles, y todos han de vivir como «hermanos».

Entender así la comunidad cristiana estimula la fraternidad, pero tiene sus riesgos. En la familia cristiana se tiende a subrayar el lugar que le corresponde a cada uno. Se destaca lo que nos diferencia, no lo que nos une; se da mucha importancia a la autoridad, el orden, la unidad, la subordinación. Y se corre el riesgo de promover la dependencia, el infantilismo y la irresponsabilidad de muchos.

Una comunidad basada en la «amistad cristiana» enriquecería y trasformaría hoy a la Iglesia de Jesús. La amistad promueve lo que nos une, no lo que nos diferencia. Entre amigos se cultiva la igualdad, la reciprocidad y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es superior a otro. Se respetan las diferencias, pero se cuida la cercanía y la relación.

Entre amigos y amigas es más fácil sentirse responsable y colaborar. Y no es tan difícil estar abiertos a los extraños y diferentes, los que necesitan acogida y amistad. De una comunidad de amigos es difícil marcharse. De una comunidad fría, rutinaria e indiferente, la gente se va, y los que se quedan, apenas lo sienten.

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AMOR SIN ESPERAR AMOR


V Domingo de Pascua (JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C
Por José María Maruri, SJ

1.-La noche que ha ido cayendo sobre la ciudad santa es símbolo de esa otra noche que se ha ido espesando dentro del corazón del Señor. La repulsa y el odio de los líderes religiosos de su pueblo, pueblo elegido del Padre. El frío ingrato de las muchedumbres que le han seguido entusiasmadas y han visto los milagros y han comido de su pan. La traición de uno de los suyos. La pública negación de otro. La cobardía y el abandono de todos los demás.

Con razón comenta San Juan en el versículo anterior a estos que acabamos de leer “Que era de noche”. En ese ambiente Jesús les habla de amor: “Amaos como yo os he amado a vosotros de los que uno me traiciona, otro me niega y los restantes, todos, me van a abandonar. Amor sin esperar amor, totalmente desinteresado.

2.- El Apocalipsis nos habla de una tierra nueva en la que no hay lágrimas, muerte, llanto, luto ni dolor. Para esa tierra nueva, nos de Jesús un mandamiento muevo, el del amor. Donde no hay amor, es el odio el que impera y con él como bien estamos experimentando, la muerte, el llanto y el luto.

¿Pero que hay de novedad en que los hombres se amen? Es que la novedad está en que amemos como El amó. En realidad lo que nos pide Jesús es que como de El se pudo decir que fue un Hombre para los demás, que cada uno de nosotros nos convirtamos en hombree para los demás.

3.- Y para esto hay que enfocar la vida desde un punto de vista totalmente distinto de cómo lo enfocamos ahora. Ahora todo lo miramos a través del YO de cada uno de nosotros. Es nuestro YO el que va ante todo.

Y cuando el mundo entero está lleno de YOS inflados como ranas y con mayúsculas resulta que el mundo se nos hace pequeño, no cabemos todos, nos estorbamos, nos repelemos, nos odiamos.

Cuando esos YOS se pasa al Tú y Yo, un Tú y Yo armónico, que quiere decir que condescendientemente unas veces es el Tu mayor y menor el Yo y al revés, entonces se puede llegar a cumplir el precepto antiguo del Antiguo Testamento de “amarás al prójimo como a ti mismo” y no es nada fácil. Porque si se rompe la armonía entre ese Tú y ese Yo y los dos se afirman categóricamente a si mismos, con gran facilidad se pasa a convertirse en dos YOS inflados, y volvemos a estorbarnos.

4.- Pero la novedad del mandato de Jesús es que cada uno nos tenemos que hacer prójimos de los demás. Que aunque nos pueda parecer que el otro no tiene nada que ver conmigo, con un esfuerzo de aceptación somos nosotros los que nos tenemos que hacer prójimos de ellos, que significa ser cercanos, tener que ver con ellos.

En otras palabras Jesús quiere que cada uno de nosotros nos convirtamos en TUS, que vivamos con el otro, que nos veamos en el otro, en resumidas cuentas que como El hizo desaparezca nuestro Yo. Y por tanto que seamos hombres para los demás. Estar al alcance de la mano de todos.

Y entonces abusarán de nosotros, nadie pensará que también nosotros necesitamos descansar, que podemos tener que hacer otras cosas, que podemos tener nervios y por tanto mal genio, abusarán de nosotros, como abusaron de Cristo, que no rehusó que lo hicieran y se hizo siervo de todos, ese ser al que siempre se supone que está dispuesto a hacer lo que le pedimos, que para eso trabaja.

5.-Qué lejos, ¿verdad? Estamos todos de ser eso que Jesús nos pide y sin embargo qué maravilloso es cuando nos encontramos con una persona así, que no tiene egoísmo, es decir que no piensa en su YO.

Cuando seamos así entonces daremos al mundo que nos rodea el verdadero testimonio de que somos discípulos de Jesús. Y tal vez si el mundo que nos rodea, y la Iglesia en que vivimos no es lo que debe ser y vive moribunda y enferma, no es por ataques de los de fuera, sino porque nosotros, los que estamos dentro no somos la sal y luz de la tierra que Cristo quiso que fuéramos, no nos quejemos de los que atacan a la Iglesia, sin primero examinar lo que cada uno de nosotros es dentro de ella.

Pidamos al señor en la Eucaristía (que no tendría sentido sino fuera símbolo del total amor desinteresado de Cristo a nosotros), que nos haga ser hombres para los demás como El desea.

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V Domingo de Pascua (JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C: El mandamiento nuevo


Publicado por Servicios Koinonia

Hch 14, 21b-27: Contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos.
Salmo 144: Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.
Ap 21, 1-5a: Dios enjugará las lágrimas de sus ojos
Jn 13, 31-33a. 34-35: El mandamiento nuevo

El libro de los Hechos nos sigue presentado el éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, pues “Dios les había abierto la puerta a los no judíos para que también ellos pudieran creer” (v.27). Sus desvelos misioneros serían fuente de esa propagación del Evangelio que, extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”, llegaría hasta nosotros.

Por su parte Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.

El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.

Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, pero en su lugar podría escucharse, por ejemplo, el episodio del lavatorio de los pies, que es su contexto histórico; está en el capítulo 110 de la serie, que puede ser escuchado aquí (http://www.untaljesus.net/audios/cap110b.mp3) y cuyo guión –con un comentario bíblico-teológico incluido- puede ser recogido aquí (http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500110).


Para la revisión de vida

-Este es mi mandamiento: ¿He puesto en el centro de mi vida el Amor? ¿Tengo conciencia de que ése es, realmente, «el mandamiento», la verdadera tarea del ser humano y del cristiano?
-Como Yo les he amado: ¿Tengo a Jesús como modelo y medida a alcanzar en mi progreso en el amor?


Para la reunión de grupo

- La ciudad Santa, la nueva Jerusalén, descendía del cielo, en la visión de Juan que hoy leemos como segunda lectura. El cielo nuevo y la tierra nueva, ¿son un don gratuito e inmerecido de Dios, o un fruto de nuestra responsabilidad, o las dos cosas a la vez? ¿Cómo relacionar correctamente ambas dimensiones [esperanza escatológica y compromiso histórico]?


Para la oración de los fieles

- Para que el mandamiento del amor sea efectivamente la ley universal en la Iglesia, por encima de todos los cánones, reglamentaciones o tradiciones, roguemos al Señor...
- Para que el amor fraterno, la acogida, la tolerancia, y muchas otras formas del amor sean hoy "la señal por la que conocerán que somos discípulos" de Jesús...
- Para que "el cielo nuevo y la tierra nueva" sigan siendo el ideal y la utopía de nuestro compromiso cristiano...
- Para que no deje de haber mística y utopía en nuestra sociedad, y para que los cristianos aporten lo mejor de su mística, la utopía del Reino que anunció Jesús...
- Para que se extienda en la Iglesia, cada vez más, una conciencia ecuménica y abierta a todos los pueblos, culturas y religiones, de forma que los cristianos colaboremos humildemente


Oración comunitaria

Dios Padre nuestro que, por medio de Jesús, has dado por ley a tu pueblo santo el nuevo mandato de amar como Cristo nos amó a nosotros; haznos a todos los cristianos testimonios vivos de ese mismo amor, para que lo difundamos a todo el universo. Por el mismo J.N.S.

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El tercer feminismo

Por Blanca Mijares
Publicado por Encuentra.com

Actualmente está surgiendo un feminismo más evolucionado. Un movimiento encabezado por las mismas mujeres que en un principio promovían un feminismo radical y que tras experimentar las consecuencias, en ellas mismas, de las ideas que defendían con pasión, han ido transformando su pensamiento y el cambio de rumbo no deja de sorprender a muchos.

Este grupo de mujeres se han sentado a analizar la situación actual de la sociedad, de las familias y de los individuos y han llegado a conclusiones que hace 50 años les eran imposibles aceptar.

El fenómeno ha incluido el análisis de dos aspectos esenciales: por un lado el de sus propias vidas, de su propia experiencia existencial, y por otro, el de tantas personas que han elegido otro tipo de valores para su vida y que a su vez, han obtenido distintos resultados y al final distintos niveles de felicidad a los que ellas objetivamente han logrado.

Como todas ellas son mujeres inteligentes, generalmente profesionistas, han tenido la capacidad de descubrir la realidad de lo que implica ser persona humana, la dignidad que encierra, y por lo tanto, la exigencia de un estilo de vida particular. Ha sido un camino en ocasiones muy doloroso para ellas, pero no han querido quedarse ahí. Con el mismo ímpetu, o tal vez mayor, que el de antes, ahora luchan incansablemente contra las mismas ideas que ellas promovieron.

Un caso sobresaliente es el de Eva Herman, periodista alemana de primera línea, que ahora se opone a la ideología de género que ella misma sostuvo y propugnó. Ella ha elegido, en ejercicio soberano de su libertad, optar por aquello que su capacidad intelectual le ha permitido ver en la realidad como bueno y ha puesto todos los medios para comunicarlo a más mujeres.

Lo que este tercer feminismo busca es una postura más madura y menos radical, que trata de encontrar un punto medio de equilibrio para sus vidas, rechazando el enfrentamiento y la lucha, buscando ciertamente la igualdad entre los géneros, pero sin renegar de su feminidad.

Un ejemplo de esta actitud renovada es la de Sharon Stone, la actriz, ícono erótico, rostro de Dior a sus 51 años, que tras varios fracasos matrimoniales, afirma: “Hubo un tiempo en que ser la famosa Sharon Stone fue uno de los objetivos de mi carrera. He comprendido que la adoración vacía, estar sola en la cumbre, no es sustituto de la familia. He estado enamorada de mi profesión y ahora también lo estoy de mi familia”. “Siento que el verdadero amor es equilibrio, calma, paz, paciencia y amabilidad, no una emboscada como yo viví”. “Recibo cientos de ofertas para hacer televisión, pero el horario es muy intenso y yo tengo niños pequeños. Si tuviera un padre que cuidara de ellos, tal vez sería diferente”.

Para estas mujeres el desafío es construir una sociedad con madre y una familia con padre. Para que sociedad y familia puedan convertirse en el lugar donde se respete y promueva la dignidad de cada persona: masculina y femenina. Se podría decir que es un feminismo de la complementariedad, donde se busca crear sinergias que, por su misma naturaleza, tienen la capacidad de enriquecer los ámbitos donde se generan. Que busca enriquecer nuestra época con la riqueza del “ser” masculino y con la riqueza del “ser” femenino, pero sobretodo del “ser” humano.

Aprovechando este momento de la historia de la humanidad en que los roles tradicionalmente masculinos y femeninos han ido perdiendo vigencia, por diversas razones. Se desea crear un modelo más igualitario, más bueno, más generoso, más digno, más alegre, más hermoso, más positivo y sobretodo más realista.

Un buen libro para profundizar sobre esta nueva propuesta es: “Por un feminismo de la complementariedad”. Ed. EUNSA, editado por los profesores de la Universidad de Navarra Ángela Aparisi y Jesús Ballesteros. Que a través de varios ensayos analizan, desde diversas perspectivas, las propuestas de esta nueva filosofía de vida, más acorde con la realidad espiritual del ser humano. No deja de ser interesante su punto de vista acerca de: el cuidado y la promoción de los más necesitados; la crítica que hacen a los presupuestos ideológicos de la reproducción artificial; la cultura de corresponsabilidad; la participación de la mujer como alma de la familia y la humanización del ámbito laboral. Y para terminar tan valiosísimo y recomendable volumen nos regalan con: “El Plan Interdepartamental de Apoyo a la Familia del Gobierno de Navarra”, elaborado por José Luis Allí, como ejemplo de lo que en algunos lugares se está logrando en ese sentido.

Estas mujeres cansadas de luchar contra sí mismas, de emplear sus mejores energías en un trabajo extenuante, de que sus hijos –si llegaron a tenerlos- los cuiden empleadas, abuelos o el Estado, y de llegar a ser extrañas en su propia casa. De sufrir la pesadilla del síndrome post-aborto. De ser altas ejecutivas pero estar sólas. Intentan buscar un punto medio entre el sometimiento multisecular y las carreras suicidas del feminismo a ultranza.

El objetivo es aportar su capacidad humanizadora a la sociedad, al trabajo y a la familia, y por otro lado, promover al hombre para que ocupe también el papel y la responsabilidad que le corresponde en cada uno de esos ámbitos para construir una sociedad más justa, que explote la riqueza que comporta la complementariedad de varón y mujer. Se desea construir una sociedad que entienda y valore a la mujer por lo que es como mujer, y al varón por lo que es como varón, no por lo que se asemejen entre sí. Un ejemplo sería, que las empresas vean que la mujer, por sus propias características, es un elemento que vale la pena tener, a pesar de las bajas maternales o los horarios reducidos; o que la sociedad cobre conciencia que la ausencia del padre y/o de la madre biológicos supone un prejuicio para los hijos, difícilmente reparable.

Estas mujeres han llegado a la conclusión, por experiencia propia, de que la complementariedad aporta riqueza personal, social, y familiar; son consientes de que aún existe mucha desigualdad de derechos, por eso, el reto para este tercer feminismo es la consecución de la igualdad real y efectiva de oportunidades en “todas” las esferas de la vida que una persona pueda aspirar, sin relegar su posibilidad y gusto de ser una buena madre, una buena esposa y a la vez una buena trabajadora, una buena ciudadana, en una palabra una buena persona, sin tener que quebrar su propia identidad.

El reto para la sociedad, desde esta perspectiva, es lograr conciliar trabajo y familiar tanto para varones como para mujeres, para que la realización de ambos sea integra e integral. Tenemos que recordar que la identidad de las personas es una identidad familiar. No olvidemos que el trabajo, por más importante o necesario o fructífero sea, jamás logrará ofrecer a la persona y, a través de ella, a la sociedad, la riqueza de valores y la felicidad que ellos aportan en el matrimonio y en la familia.

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Estudio Bíblico de apoyo para la Lectio Divina: Domingo V de Pascua - 02 de Mayo de 2010

Publicado por CELAM - CEBIPAL

EN QUÉ SE RECONOCE A UN DISCÍPULO DE JESÚS:
El amor a la manera del Crucificado
Lectio de Juan 13,31-35

“Que ya sólo amar es mi ejercicio”
(San Juan de la Cruz)

Introducción

El tema del discipulado vuelve al primer plano en este domingo: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos” (Juan 13,35).

La clave es “el amor”: “Si os tenéis amor los unos por los otros” (Juan 13,35b). Respuesta clara y contundente. Sin embargo: se habla tanto de amor hoy, ¿de qué tipo de amor estamos hablando? ¿Dónde está la novedad? ¿Cuál es su fundamento? ¿Es posible amar de esa manera?

Nos pueden motivar para entrar en el estudio del evangelio de este domingo las palabras del Papa Benedicto XVI:

“La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz —en el fondo la única— que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar. El amor es posible, y nosotros podemos ponerlo en práctica porque hemos sido creados a imagen de Dios” (Encíclica “Dios es Amor” No.39).

Sumerjámonos con gozo en el estudio de uno de los pasajes quizás más leídos de los evangelios, el del “mandato del amor”.



1. El texto, su contexto y su estructura

Leamos despacio y con mucho cuidado el texto de Juan 13,31-35:

31Cuando salió (Judas), dice Jesús:
“Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre
y Dios ha sido glorificado en Él.
32Si Dios ha sido glorificado en Él,
Dios también le glorificará en sí mismo
y le glorificará pronto.
33Hijos míos,
ya poco tiempo voy a estar con vosotros.
(v.33b: no se le hoy)
34Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros.
Que, como yo os he amado,
así os améis también vosotros los unos a los otros.
35En esto conocerán todos que sois discípulos míos:
si os tenéis amor los unos por los otros”.

El contexto de estas palabras

Notemos, para comenzar, que hay un contraste entre oscuridad y luz, más exactamente la oscuridad del odio y la luz reveladora del amor.

(1) La oscuridad del discípulo desertor que se va. Judas acaba de salir del cenáculo para alejarse definitivamente de Jesús (Juan 13,30a). En el momento en que lo hace el evangelista anota: “era de noche” (13,30b). Judas se pierde en medio de las tinieblas –una forma concreta de describir el apartarse del proyecto de Jesús- para ponerse al servicio del poder del mal, es decir, del odio al Maestro.

(2) La luz que proviene de la entrega amorosa de Jesús en la Cruz. Como consecuencia de la “entrega” (13,21), Jesús también se va, pero en otra dirección: la de la Gloria de Dios. Es así como Jesús toma la palabra y comienza a hablar insaciablemente de la glorificación (en sólo dos versículos –vv.31y32-, ¡el verbo “glorificar” se repite cinco veces!). En el esplendor de esta luz se revela el amor extraordinario e incondicional de Dios por los hombres, una luz que brillará también en la vida de los discípulos cuando sean capaces de amarse con la profundidad y la fidelidad con que lo hizo Jesús crucificado (13,34-35).

En las últimas horas de convivencia terrena de Jesús con sus discípulos (“Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros”, (13,33a), Jesús habla de su futuro y del de sus discípulos.

No perdamos de vista la paradoja: justo en el momento en que, por la traición de uno de los discípulos, parece venirse abajo definitivamente la vida y el ministerio de Jesús –como si una gran ola de odio arrastrara hasta el fondo toda la obra de Jesús-, Jesús le ayuda al resto de sus discípulos a entender (1) el sentido de su muerte en la Cruz (13,31-32) y (2) cuál será el oficio más importante de ellos a partir del momento en que ya no lo tengan de forma visible ante sus ojos (13,33-35).

Notemos también que los dos temas que acabamos de mencionar se cruzan: si por la gloria de Jesús en la Cruz se reconoce en él la presencia de Dios, también por el amor que se tienen los discípulos entre sí se descubrirá que están en comunión estrecha con Jesús y, por lo tanto, que la gloria de Jesús Resucitado está en medio de ellos. Esta es la dinámica que el evangelio de este domingo nos invita a considerar y a vivir.

La estructura

La primera parte del pasaje se fija ante todo en la persona de Jesús y en su revelación, la segunda proyecta esta revelación en estilo de vida de sus discípulos.

Se puede distinguir el siguiente esquema:

(1) La luz de la gloria que proviene de la Cruz (13,31-32). En él vemos:

• La “gloria” como revelación de lo más profundo de Dios
• La “gloria” de Jesús
• La “gloria” del Padre

(2) El amor recíproco de los discípulos de Jesús bajo la luz radiante del amor primero del Maestro (13,33-35):

• La dolorosa separación (13,33)
• Un mandato nuevo (13,34)
• Un amor que revela la presencia del Resucitado (13,35)

Profundicemos ahora en este pasaje. Pongamos atención a los detalles, de manera que podamos colocar la Palabra “dentro del corazón” y la transformemos en oración y vida.

2. La luz de la gloria que proviene de la Cruz (13,31-32)

“31Cuando salió (Judas), dice Jesús:
‘Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre
y Dios ha sido glorificado en Él.
32Si Dios ha sido glorificado en Él,
Dios también le glorificará en sí mismo
y le glorificará pronto’”.

En la muerte de Jesús el Padre “glorifica” al Hijo y al mismo tiempo el Padre es “glorificado” en la Cruz del Hijo (13,31-32).


2.1. La “gloria” como revelación de lo más profundo de Dios

A lo largo de su ministerio, en todo lo que hizo, Jesús siempre acentuó su relación con el Padre: “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre” (5,19). Y todavía más, Jesús describía la relación Padre-Hijo en términos de uno que envía y otro que es enviado, con razón decía que “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (4,34). No hay lugar a duda: las palabras y las obras del Hijo provienen del Padre y ponen en evidencia la relación estrecha que hay entre los dos.

Esto se aplica ahora a la Pasión y Muerte de Jesús. La Cruz no es separación ni abandono de parte del Padre, sino todo lo contrario: la revelación de cuán hondamente Dios está en la vida de Jesús.

Decir que el Hijo “glorifica” al Padre y que el Padre “glorifica” al Hijo, indica que el uno revela al otro en la más asombrosa claridad.

Esto merece un breve paréntesis explicativo: en el lenguaje bíblico, “glorificar” significa “hacer visible” a alguien en el luminoso esplendor de su verdadera realidad; glorificar: es “evidenciar”, “visibilizar” lo más profundo del otro, “sacar a la luz” su grandioso misterio escondido. Cerremos el paréntesis.

Pues bien, en el don de su propia vida –sin límites y hasta el extremo- y en sus consecuencias salvíficas –victoria sobre el mal y salvación para los hombres-, el Padre y el Hijo han llevado a culmen la misión y le han revelado al mundo el esplendor (1) de su relación recíproca y (2) de su relación con la humanidad.

En el momento más oscuro (así presentan los evangelios sinópticos el momento de la muerte de Jesús), la luz del amor entre los dos –el Padre y el Hijo- y de los dos por el mundo hace radiante el acontecimiento (énfasis particular de Juan). He aquí, el verdadero carácter de la muerte de Jesús y hay que acogerlo con una gran fe en este tiempo pascual.

2.2. La “gloria” de Jesús

Jesús es glorificado en el momento en que entrega su vida.

Sorprende la ilimitada confianza que Jesús tiene en su Padre. Jesús no se aferra a nada, se abandona sin resistencias en el Padre en un evento real y absolutamente serio como la muerte. Así se manifiesta cuán profundo es el amor de Jesús al Padre; en el momento de “pasar de este mundo al Padre” (13,1), Jesús hace una declaración de amor incondicional: “¡Ha de saber el mundo que amo al Padre!” (14,31). Pero también es una declaración de amor sin palabras por nosotros: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (13,1).

Jesús, como Buen Pastor, no se guarda nada para sí, sino que da generosamente su propia vida en las manos de Dios y por nosotros. Así se “glorifica” a Dios. Precisamente, mediante esta acción del Hijo, Dios se revela como un Papá que merece toda nuestra confianza. Es más, no habría otra forma de entrar en una relación justa con Él sino a través de un abandono total, con absoluta confianza.

Todo esto lo descubrimos a través de la entrega de Jesús: el don de su vida revela el infinito amor de Dios por el mundo. Es Dios dándose a sí mismo (ver Juan 3,16).

2.3. La “gloria” del Padre

El versículo 32, acentúa con mayor intensidad el anuncio de que el Padre “glorifica” a su Hijo: “Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto”. Retomemos las dos afirmaciones aquí contenidas.

(1) El Padre “le glorificará en sí mismo” (13,32)

Con esto se está afirmando que, desde el momento de su muerte, el Hijo de Dios encarnado es acogido por el Padre en su misma vida divina, como dice Jesús: “en la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese” (17,5).

El Padre también ama al Hijo, ¡y de qué manera! Más aún, Jesús “está” con Dios y “es” Dios (ver el prólogo de Juan 1,1). He aquí la grandeza y la dignidad de Jesús. Los discípulos captarán esta revelación en el tiempo pascual y vivirán fascinados con ella: “Para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo” (17,24).

(2) El Padre “le glorificará pronto” (13,32).

El entrañable amor del Padre por el Hijo también se revela en la Cruz. La exaltación de la Cruz nos hace una revelación sobre Dios. En ella, además de conocer cuánto ama el Padre al Hijo, vemos también cuán eficaz para salvarnos es esta entrega de amor (ver Juan 3,16).

En la exaltación del Crucificado Dios se vacía de amor en la humanidad. De su pecho traspasado por la lanza manan ríos de agua viva, el don de su mismo Espíritu, fuerza de vida eterna (ver Juan 19,34 y 7,38-39). Allí Él ejerce la irresistible atracción de su amor primero: “Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (12,32).

3. El amor recíproco de los discípulos de Jesús bajo la luz radiante del amor primero del Maestro (13,33-35)

“33Hijos míos,
ya poco tiempo voy a estar con vosotros.
(…)
34Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros.
Que, como yo os he amado,
así os améis también vosotros los unos a los otros.
35En esto conocerán todos que sois discípulos míos:
si os tenéis amor los unos por los otros”.

La primera parte del pasaje de hoy centró nuestra atención en el amor entre el Padre y el Hijo que se da a conocer por medio de la “glorificación” en la Cruz; allí los discípulos comprendieron cuánto los amaba Jesús. La segunda parte, que abordamos ahora, se centra en la relación entre los discípulos de Jesús, ¿qué se debe reflejar allí?

3.1. La dolorosa separación (13,33)

“Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros”

Cuando Judas salió del cenáculo cambió el panorama: quedó en evidencia la partida de Jesús y los discípulos se turbaron de tristeza (14,1) con el anuncio final de esta partida: “Ya poco tiempo voy a estar con vosotros” (13,33).

Ahora la luz de Aquel a quien “las tinieblas no lo vencieron” (1,5), se proyecta sobre la comunidad reunida en el cenáculo. Jesús le habla a los discípulos con palabras cargadas de ternura, casi con expresión de amor paterno-materno: “Hijos míos” (el diminutivo que aparece en el texto griego suena: “Hijitos”, lo que da el matiz sonoro de “queridos hijitos”; es el mismo término que aparece en Juan 21,5 y que la Biblia de Jerusalén traduce como “Muchachos”).

Hasta el momento, como lo afirmará explícitamente más adelante, Jesús ha estado en medio de su comunidad y la ha protegido “Cuando yo estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado”, (17,12; ver también el evangelio del domingo pasado), pero ahora Él sigue adelante su camino, que pasa por la muerte.

Los discípulos no lo seguirán de forma inmediata por este camino que conduce a la gloria (13,33b), pero sí lo harán más tarde (ver el diálogo con Pedro en 13,36; 21,18-19). De ahí que estamos ante el fin de la comunión terrena de Jesús con su comunidad y el comienzo de nuevo tipo de relación entre el Maestro y sus discípulos.

3.2. Un mandato nuevo (13,34)

“Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros.
Que, como yo os he amado,
así os améis también vosotros los unos a los otros”

Jesús le da a sus discípulos el mandato del amor: “Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (13,34). Esta es la manera concreta como (1) Jesús continuará en medio de su comunidad y, al mismo tiempo, (2) los discípulos serán identificados en cuanto tales en el tiempo pascual.

Cada uno de los discípulos ha sido amado fuertemente por Jesús. Ahora la vida de ellos debe estar sostenida y orientada por este mismo amor. La experiencia del amor de Jesús, cuya cumbre se capta y se recibe en el amor de la Cruz, envuelve completamente la vida de los discípulos. Esta vida en el amor es la luz de los discípulos (ver el Prólogo de Juan 1,4).

Jesús habla de un “mandato nuevo” (13,34). Pero, ¿en qué está lo nuevo, si -al menos en su formulación- ya había un mandamiento parecido en el Antiguo Testamento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19,18)?

Lo nuevo está en la experiencia de base: Jesús no habla de amor en abstracto o de forma genérica sino que su referente es el “como yo os he amado”. Es el comportamiento y las actitudes de Jesús lo que da los límites y el estilo de este amor; en este sentido el mandato de Jesús es completamente nuevo, porque sólo los discípulos han experimentado su amor y porque sólo en la Cruz se reveló en plenitud el amor de Jesús y el del Padre (ver la explicación de los vv.31-32).

Por lo tanto, lo que Jesús subraya de manera particular es que el amor de cada discípulo por el otro debe representar la intensidad y la grandeza del amor de Jesús Crucificado. El amor de los discípulos toma forma en el molde de la Cruz. El mandato no está en el simple hecho de “amar” sino de “amar a la manera de Jesús”. Por eso debe ser un amor de aceptación del otro aún en su pecado, un amor que efectivamente ayuda y trasforma, un amor que se despoja de sí mismo para buscar el bien del otro, tal como hizo Jesús.

De esta forma se revelará que Jesús está vivo y presente en medio de sus discípulos. En su forma de amar, cada uno le hará presente Jesús a su hermano. La característica más importante de Jesús es el “amor” y su presencia resucitada en la comunidad se verifica precisamente en este punto.

3.3. Un amor que revela la presencia del Resucitado (13,35)

“En esto conocerán todos que sois discípulos míos:
si os tenéis amor los unos por los otros”

El amor del Padre y del Hijo en la Cruz capacitan al verdadero discípulo –aquél que ha adherido vitalmente su existencia a la de Jesús- para continuar en el mundo la fuerza de este amor. Jesús no se ha limitado a mandar que nos amemos sino que nos ofrece ante todo la experiencia de su propio amor, vaciándolo en nuestros corazones, creando así entre Él, nosotros y los que nos rodean, un nuevo espacio vital y una nueva dinámica relacional.

Abrirse al amor de Jesús, para recibirlo y ofrecerlo, es abrirse también a su “glorificación”. Por eso el amor de los discípulos manifiesta el amor de Jesús: “En esto conocerán que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos por los otros” (13,35).

Discipulado y Misión (=Apostolado) se funden en este aspecto. Las relaciones cristificadas nos hacen más claramente seguidores del Maestro y al mismo tiempo nos constituyen en testigos de la eficacia de su amor por la humanidad. Así, como sucede con Jesús (ver 12,32), el amor de la comunidad atraerá a todos.

La comunidad de los discípulos permanecerá como una lámpara siempre radiante ante el mundo. El amor recíproco al interior de ella será el reflejo de la relación aún más estrecha que sostiene con Jesús. La vida de la Iglesia se convierte así en un anuncio vivo de la presencia del Resucitado en el mundo.

En fin…

La comunión viva de la Iglesia nos hace testigos pascuales. ¡Amar! ¡Amar! y más ¡Amar! a todos según la praxis de Jesús, es la clave. Como bien decía san Juan de la Cruz:
“Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio:
ya no guardo ganado
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo amar es mi ejercicio”
(San Juan de la Cruz)


4. Releamos el Evangelio con un Padre de la Iglesia

“El Señor Jesús afirma que le da un nuevo mandamiento a sus discípulos, esto es, que se amen mutuamente…. ¿Pero no existía ya este mandamiento en la antigua ley del Señor que prescribe: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ (Levítico 19,18)? ¿Por qué razón el Señor llama nuevo a un mandamiento que parece ser tan antiguo? ¿Será que es nuevo porque nos despoja del hombre viejo para revestirnos del nuevo?

Sin duda. Hace nuevo a quien lo escucha o, mejor, a quien le obedece. Pero el amor que regenera no es el meramente humano, sino aquel el Señor caracteriza y cualifica con las palabras: ‘Como yo os amé’ (Juan 13,34).

Este es el amor que nos renueva, para que nos hagamos hombres nuevos, herederos de la nueva alianza, cantores de un cántico nuevo.

Este amor, hermanos queridos, renovó a los antiguos justos, a los patriarcas y a los profetas y, de todo el género humano disperso por la tierra, forma un nuevo pueblo, cuerpo de la nueva Esposa del Unigénito Hijo de Dios, de la cual se habla en el Cantar de los cantares: ‘¿Quién es esta que se levanta resplandeciente de blancura?’ (ver Ct 8,5). Sin duda resplandeciente de candidez porque fue renovada. ¿Por qué sería sino por el mandamiento nuevo?”.

(San Agustín, Tratado sobre el evangelio de Juan 65,1s)

5. Cultivemos la semilla de la palabra en lo profundo del corazón

5.1. ¿Por qué a través de la muerte de Jesús se da su glorificación?

5.2. ¿En qué sentido el mandamiento de Jesús es nuevo?

5.3. ¿He hecho la experiencia del amor de Jesús y del amor de Dios?

5.4. ¿Mi forma de amar se inspira y tiene su fuerza en el amor de Jesús?

5.5. ¿De qué me tengo que despojar para amar como Jesús?

5.6. ¿En qué forma convierto mi cruz, aquella que tanto me pesa, en un medio para “visibilizar” lo más profundo del amor de Dios?

5.7. Jesús “amó hasta el extremo” a sus discípulos y les pidió hicieran lo mismo con los demás. ¿En mi vida, cuál es ese “extremo” con el cual amo a mis hermanos?


P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM



Anexo 1
Pistas sobre las otras lecturas del domingo

Sumario: “Amaos los unos a los otros”, dice Jesús en su discurso de despedida. Pablo extiende este amor a de fuera de la comunidad, a los extranjeros, a los paganos. Un mundo nuevo está a punto de nacer, deja entender el visionario del Apocalipsis.

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 14,21…27

El pasaje que leemos hoy en el libro de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta el fin del primer viaje misionero de Pablo y de Bernabé. Este viaje comienza y termina en el mismo lugar: la ciudad de Antioquía de Siria.

Pablo y Bernabé regresan después de un largo periplo. Ya no son los mimos que cuando partieron, ahora tienen una visión de la Iglesia.

En Antioquía, ellos dirigían una comunidad de discípulos de Jesús proveniente del judaísmo. En esta ciudad se denominó a los seguidores de Jesús: “cristianos”. De esta comunidad había partido la idea de abrirse a los paganos (el Espíritu Santo la llamó “la obra a la que los he llamado”, 13,2). En un principio no aparece claro en qué consiste dicha “obra”, pero en la medida en que Pablo y Bernabé hacen el viaje misionero, se comprende.

La misión comienza por Chipre, la tierra natal de Bernabé, y después se van al corazón de Turquía. En Antioquía de Pisidia, Pablo pronuncia un gran discurso en la sinagoga, lo cual suscita la adhesión inmediata de un cierto número de judíos, pero también de paganos. Pero algunos judíos no estaban de acuerdo con la apertura de la Iglesia a los paganos. Es cuando Pablo declara terminantemente: “Mirad que nos volvemos a los gentiles” (13,46; episodio que leímos el domingo pasado). Con el apoyo de Bernabé, Pablo se inserta en pleno territorio pagano.

Luego, en Listra, Pablo cura un enfermo y, ante el Templo de Zeus-Fuera-De-Los-Muros, pronuncia su primer discurso dirigido a un auditorio no-judío. Se escapa de un linchamiento, suscitado por sus opositores venidos de las ciudades vecinas. De esta forma, llega a Derbe, punto final de su viaje.

Una vez que Pablo llega a las proximidades de Tarso, su ciudad natal, los dos apóstoles dan media vuelta y vuelven a pasar por cada una de las ciudades donde habían fundado comunidades.

Esta segunda parte del viaje es tan importante como la primera; esta es la parte que se proclama hoy en la primera lectura. La finalidad de este viaje, que se narra brevemente (14,21-26), es la consolidación de las comunidades cristianas (el verbo griego “sterizo”, que aquí se emplea pertenece al vocabulario de la maduración cristiana, característico del evangelio de Lucas).

Pablo y Bernabé iban “confortando (literalmente: “afirmando”) los ánimos (Literalmente: “la valentía”) de los discípulos y exhortándoles a perseverar en la fe” (14,22). Antes de que en la Iglesia se utilizara el término “obispo”, la tarea episcopal (de la palabra “epíscopo”= el que vigila…) ya era ejercida, como lo podemos notar aquí. En cada ciudad, Pablo y Bernabé nombran “ancianos” (= “presbíteros”, hombres que han hecho el camino de maduración en la fe y ahora son capaces de pastorear a los demás en este mismo proceso). Se comienza a constituir, poco a poco, una primera estructura en la Iglesia y queda claro quiénes la constituyen y cuál es su finalidad primera.

Cuando regresan a la comunidad desde la cual fueron enviados (14,26-27) algunos años antes. Pablo y Bernabé se toman tiempo para contemplar el camino recorrido y apreciar “la gracia de Dios” en la “la obra que habían realizado” (14,26). En pocas palabras, ellos ven claramente en qué consiste “la obra” para la cual el Espíritu Santo los ha llamado: “abrirle a las naciones paganas las puertas de la fe” (14,27).

Salmo 145

Hoy oramos con un Salmo de Alabanza. “¡Que tus fieles te bendigan, Señor! Ellos cantarán la gloria de tu reinado”. De esta manera este Salmo nos mantiene en sintonía con el tiempo pascual que estamos celebrando. Al mismo tiempo que cantamos su venida, nos hacemos sus artesanos en lo cotidiano de nuestras vidas. Veamos las estrofas del Salmo:

La primera estrofa retoma el autorretrato de Dios en el libro del Éxodo: tierno y misericordioso, lento a la cólera, lleno de amor y de fidelidad (Ex 34,6). Se trata del reconocimiento del Dios que ha hecho Alianza con su pueblo en el Sinaí, pero también de Aquel cuyo amor sobrepasa los límites de su pueblo: su bondad es para todos.

En la segunda estrofa, la alabanza toma una dimensión universal, incluso cósmica. Todas las obras del Señor son invitadas a darle las gracias. Igualmente los “fieles”: aquellos que, por medio de la lectura de las Santas Escrituras, conocen las obras que cada día realiza en ellos el Señor.

La tercera estrofa apunta recuerda la vocación del Pueblo de Dios: testimoniar en medio de los hombres la grandeza y la bondad de Dios.

Esta oración, que enfatiza la apertura del amor de Dios para todos los pueblos de la tierra, es la mejor celebración de la experiencia misionera de Pablo y Bernabé contada en la primera lectura.

Segunda lectura: Apocalipsis 21,1-5ª

Los dos grandes elementos que constituyen una revelación son (1) la visión (“Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva…”, 21,1) y (2) la audición (“Y oí una fuerte voz que decía desde el trono”, 21,3). La palabra clave es ciertamente la que indica la novedad: cielo nuevo, tierra nueva, Jerusalén nueva (=Alianza Nueva). Todo se recoge en la frase final, que evoca Isaías 43,19 (“Yo hago nuevas todas las cosas”): “Mira que hago un mundo nuevo” (21,5).

Lo nuevo reemplaza todo lo antiguo y que, de hecho, ha sido abolido. La victoria pascual de Jesús inaugura una nueva creación marcada por la presencia definitiva de Dios, la realización plena de la Alianza, la alegría y la abolición de la muerte.

En el texto crítico (griego) del Nuevo Testamento notamos que algunos manuscritos tienen la frase “y ellos serán sus pueblos”, acentuando así la nota universalista.

Este pasaje está cargado de reminiscencias bíblicas, particularmente de Isaías (ver especialmente: 25,8, sobre el fin de las lágrimas; 65,16-19, sobre el cielo nuevo y la tierra nueva; además de la ya citada 43,19).

Sólo le queda ahora a la asamblea vivir de esta novedad y de esta inmensa alegría. Un texto muy apropiado para no perder el ritmo de la celebración pascual.


(J.S. - F.O.)


Anexo 2
Para los animadores de la celebración dominical

I
Entramos en las últimas tres semanas del Tiempo Pascual y es conveniente que no se deje apagar la llama de la alegría y del entusiasmo de la belleza que deben caracterizar las celebraciones litúrgicas pascuales. Un esfuerzo especial debe continuar en la preparación musical de la liturgia y en el arreglo de los templos. Durante el mes de Mayo se puede darle un destaque natural a alguna imagen de la Santísima Virgen María.

II
La Palabra de Dios en estos domingos proyecta una luz más intensa sobre el misterio de la Iglesia: el amor como tarea y señal distintivo de la comunidad, su dinamismo misionero, su vitalidad carismática, su estructuración ministerial, su carácter peregrino entre tribulaciones y consolaciones hasta la plenitud final. Estos temas hay que profundizarlos en los grupos litúrgicos y en las diversas comunidades celebrantes.

III

Para los lectores

Primera lectura: Atención con algunas palabras difíciles, especialmente los nombres de ciudades: Listra, Iconio, Antioquia, Pisidia, Panfilia, Atalía. Hay una frase que merece preparación especial: “Porque –decían ellos- tenemos que sufrir muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”.

Segunda lectura: Atención a las voces. Procúrese, sin teatralidad, un tono de voz diferente de la narración. Atención a las enumeraciones: “Nunca más habrá muerte / ni luto / ni gemidos / ni dolor”.


Anexo 3
Para prolongar la meditación y la oración

El don total de sí (Juan 13,35)



“Se debe obrar en la vida
con palabras y actos,
para establecer entre la gente
una real escucha,
para lograr para todos
una verdadera justicia
y dignidad,
dominando el miedo,
de ser burlado,
rechazado”.

(Franck Widro)


Llamados a amar como Jesús nos amó


“Que ya sólo amar es mi ejercicio”. “Como si dijera: que ya todos estos oficios están puestos en ejercicio de amor de Dios... todo se mueve por amor y en el amor, haciendo todo lo que hago con amor, y padeciendo todo lo que padezco con sabor de amor... Y hasta el mismo ejercicio de oración y trato con Dios que antes solía tener en otras consideraciones y modos, ya todo es ejercicio de amor. ¡Dichosa vida, y dichoso estado, y dichosa el alma que a él llega!”.

(San Juan de la Cruz, “Cántico Espiritual”, No.28)

“En esto de la oración es lo que me habéis pedido diga alguna cosa... Antes que diga de lo interior, que es la oración, diré algunas cosas que son necesarias tener los que pretenden llevar camino de oración... Lo primero es el amor unos con otros... amaros mucho unos a otros... y si este mandamiento se guardase en el mundo como se ha de guardar, creo que aprovecharía mucho para guardar los demás; mas, más o menos, nunca acabamos de guardarle con perfección.
Y de estas amistades querría yo muchas… que en esta casa –que no son más de trece, ni lo han de ser- aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar...”.

(Santa Teresa de Jesús, “Camino de Perfección”, Cap.4,3.7)

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Evangelio Misionero del Día: Jueves 29 de Abril de 2010 - CUARTA SEMANA DE PASCUA


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 13, 16-20

Antes de la fiesta de Pascua, Jesús lavó los pies a sus discípulos, y les dijo:
«Les aseguro que
el servidor no es más grande que su señor,
ni el enviado más grande que el que lo envía.

Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. No lo digo por todos ustedes; Yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice:
"El que comparte mi pan
se volvió contra mí".

Les digo esto desde ahora,
antes que suceda,
para que cuando suceda,
crean que Yo Soy.
Les aseguro
que el que reciba al que Yo envíe
me recibe a mí,
y el que me recibe, recibe al que me envió».


Compartiendo la Palabra
Por Rosa Ruiz, rmi

La Iglesia celebra hoy a Santa Catalina de Siena, canonizada por Pío II el 29 de junio de 1461, nombrada doctora de la Iglesia junto a Teresa de Jesús por Pablo VI en 1970 (reconocimiento dado hasta ese momento sólo a varones); y finalmente, declarada Patrona de Europa junto a Brígida de Suecia y Edith Stein por Juan Pablo II. Maestra de espiritualidad, acompañante y directora de todo tipo de personas, desde los más sencillos a los más alto cargos, cardenales, obispos…, en continua búsqueda de la paz y la renovación para la Iglesia. Todo esto en una mujer analfabeta que sin más conocimientos que su experiencia de Dios, fue sacando luz de sus propias tinieblas y mediocridades.

“Dios es luz sin tiniebla alguna”, dice la 1ª lectura hoy. ¡Qué gran noticia! ¡Un lugar donde no hay sitio para la oscuridad! Ese lugar es el regazo de Dios, su corazón, lugar luminoso y de reposo, como un “área de descanso” permanente en la autopista de nuestra vida.

Y desde luego, lo necesitamos. ¿Acaso alguno de nosotros es luz y solo luz? Nadie… Nos engañamos si decimos que nada hay oscuro en nuestra vida, tibio, frío… ¿Pero será esto acaso motivo de tristeza y culpa? ¡No! Tenemos un abogado defensor a tiempo completo, más allá de honorarios (¡no tiene precio!), más allá de cláusulas y condiciones… El salmo de hoy lo expresa muy bien:

Dios perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades,
rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por nosotros
porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro.

Sí, somos de barro. Pero un barro modelado por el mejor de los Artistas; Aquel que sabe plasmar hombres y mujeres de un puñado de arena y agua: “hijos en el Hijo”, moldeados por Sus Manos, llamados a vivir en la transparencia del propio barro, dejando traslucir la Luz que nos habita, esa Luz que Dios mismo prende en nosotros y crece entre nuestras tinieblas.

Esta es la gran noticia, ¡el secreto de nuestro descanso!… ¡Venid a mí!, dice Jesús. ¡Vayamos a Él!, responde nuestro corazón… Y entonces podemos cargar con su yugo sin que el peso quiebre nuestras fuerzas. Más aún, podremos compartir la carga de los demás, alumbrados por su Luz y su Presencia. Él se acuerda que somos de barro, no lo olvides tú; no lo desprecies tú, que Dios lo ama y lo convierte en portador de su Luz.

Vuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz, misionera claretiana

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