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domingo 31 de julio de 2011

Evangelio Misionero del Día: 01 de Agosto de 2011 - XVIII Semana DEL T.O - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 22-36

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman».
Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante Él, diciendo: «Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios».
Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron sanados.

Compartiendo la Palabra
Por Bonifacio Fernández, cmf

Cuando Mateo narra episodios comunes con Marcos, se nota que Mateo tiene a la concentración. Simplifica los datos. El milagro de la multiplicación de los panes es narrado como un regalo de Jesús; es Jesús quien tiene la iniciativa. Es una expresión de su conmoción y compasión ante las necesidades de las personas y de los grupos. Jesús se deja afectar y se deja tocar por la situación de las personas necesitadas. Los discípulos son los mediadores y testigos del milagro.

Para una lectura sapiencial del relato es importante caer en la cuenta de las acciones que se atribuyen a Jesús: tomó los panes; alzó la mirada; pronunció la bendición; partió el pan; se lo dio a los discípulos. La referencia a la eucaristía es bastante clara. Pero la idea central en la multiplicación de los panes es la idea del compartir. Es lo que crea comunidad. Poner en común lo que cada uno tiene, sea lo que sea, hace que se multiplique y que crezca la comunidad.

Otra dimensión que hay que tener en cuenta en este relato es la unidad entre la satisfacción de las necesidades materiales y las espirituales: “dadle vosotros de comer”. La misión de Jesús no es nada espiritualista.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Lecturas y Liturgia de las Horas: 1 de Agosto de 2011


SEMANA XVIII DURANTE EL AÑO
Lectura del libro de los Números 11, 4b-15

Los israelitas dijeron: «¡Si al menos tuviéramos carne para comer! ¡Cómo recordamos los pescados que comíamos gratis en Egipto, y los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos! ¡Ahora nuestras gargantas están resecas! ¡Estamos privados de todo, y nuestros ojos no ven nada más que el maná!»
El maná se parecía a la semilla de cilantro y su color era semejante al del bedelio. El pueblo tenía que ir a buscarlo; una vez recogido, lo trituraban con piedras de moler o lo machacaban en un mortero, lo cocían en una olla, y lo preparaban en forma de galletas. Su sabor era como el de un pastel apetitoso. De noche, cuando el rocío caía sobre el campamento, también caía el maná. Moisés oyó llorar al pueblo, que se había agrupado por familias, cada uno a la entrada de su carpa. El Señor se llenó de una gran indignación, pero Moisés, vivamente contrariado, le dijo: «¿Por qué tratas tan duramente a tu servidor? ¿Por qué no has tenido compasión de mí, y me has cargado con el peso de todo este pueblo? ¿Acaso he sido yo el que concibió a todo este pueblo, o el que lo dio a luz, para que me digas: "Llévalo en tu regazo, como la nodriza lleva a un niño de pecho, hasta la tierra que juraste dar a sus padres"? ¿De dónde voy a sacar carne para dar de comer a todos los que están llorando a mi lado y me dicen: "Danos carne para comer"? Yo solo no puedo soportar el peso de todo este pueblo: mis fuerzas no dan para tanto. Si me vas a seguir tratando de ese modo, mátame de una vez. Así me veré libre de mis males».

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 80, 12-17

R. ¡Escuchemos la voz del Señor!

Mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no me quiso obedecer:
por eso los entregué a su obstinación,
para que se dejaran llevar por sus caprichos. R.

¡Ojalá mi pueblo me escuchara,
e Israel siguiera mis caminos!
Yo sometería a sus adversarios en un instante,
y volvería mi mano contra sus opresores. R.

Los enemigos del Señor tendrían que adularlo,
y ese sería su destino para siempre;
Yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo
y lo saciaría con miel silvestre. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 22-36

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman».
Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante Él, diciendo: «Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios».
Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron sanados.

Palabra del Señor.

LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
LUNES DE LA SEMANA XVIII
Del Común de pastores para un santo obispo y del Común de doctores de la Iglesia. Salterio II.

1 de agosto

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, obispo y doctor de la Iglesia. (MEMORIA)

Nació en Nápoles el año 1696; obtuvo el doctorado en ambos derechos, recibió la ordenación sacerdotal e instituyó la Congregación llamada del Santísimo Redentor. Para fomentar la vida cristiana en el pueblo, se dedicó a la predicación y a la publicación de diversas obras, sobre todo de teología moral, materia en la que es considerado un auténtico maestro. Fue elegido obispo de Sant' Agata de' Goti, pero algunos años después renunció a dicho cargo y murió entre los suyos, en Pagami, cerca de Nápoles, el año 1787.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: PARA VOSOTROS, EL MISTERIO DEL PADRE.

Para vosotros, el misterio del Padre;
con vosotros, la luz del Verbo;
en vosotros, la llama del Amor
que es fuego.

¡Hontanares de Dios!,
¡hombres del Evangelio!,
¡humildes inteligencias luminosas!,
¡grandes hombres de barro tierno!

El mundo tiene hambre de infinito
y sed de cielo;
las criaturas nos atan a lo efímero
y nos vamos perdiendo en el tiempo.

Para nosotros,
el misterio que aprendisteis del Padre;
con nosotros, la luz que os dio el Verbo;
en nosotros, el Amor ingénito.

¡Hombres de Cristo, maestros de la Iglesia!
dadnos una vida y un anhelo,
la angustia por la verdad,
por el error el miedo.

Dadnos una vida de rodillas
ante el misterio,
una visión de este mundo de muerte
y una esperanza de cielo.

Padre, te pedimos para la Iglesia
la ciencia de estos maestros. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Salmo 41 - DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL TEMPLO.

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos,
y mi alma desfallece de tristeza:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo,
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.

Diré a Dios: Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Ant. 2. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Cántico: SUPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN Sir. 36, 1-7. 13-16

Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu poder.

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como antiguamente.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel, a quien nombraste tu primogénito.
Ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad
y al templo de tu gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Ant. 3. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

SALMO 18 A - ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

LECTURA BREVE Sb 7, 13-14

Aprendí la sabiduría sin malicia, reparto sin envidia, y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que lo adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.

RESPONSORIO BREVE

V. El pueblo cuenta su sabiduría.
R. El pueblo cuenta su sabiduría.

V. La asamblea pregona su alabanza.
R. Cuenta su sabiduría.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El pueblo cuenta su sabiduría.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.

Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
haz que por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo,
no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
haz que nunca falten en tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.

Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que propones constantemente a tu Iglesia nuevos modelos de vida cristiana, apropiados a todas las circunstancias en que puedan vivir tus hijos, concédenos imitar el celo apostólico que desplegó el santo obispo Alfonso María de Ligorio por la salvación de sus hermanos, para que, como él, lleguemos también a recibir el premio reservado a tus servidores fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VERBO DE DIOS, ETERNA LUZ DIVINA.

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el seno de Virgen, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad la verdad en los caminos. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

Salmo 44 I - LAS NUPCIAS DEL REY.

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

Ant. 2. Llega el esposo, salid a recibirlo.

Salmo 44 II

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.»

Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Llega el esposo, salid a recibirlo.

Ant. 3. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

LECTURA BREVE St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

V. En la asamblea le da la palabra.
R. En la asamblea le da la palabra.

V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
R. Le da la palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Alfonso María de Ligorio, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Alfonso María de Ligorio, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que propones constantemente a tu Iglesia nuevos modelos de vida cristiana, apropiados a todas las circunstancias en que puedan vivir tus hijos, concédenos imitar el celo apostólico que desplegó el santo obispo Alfonso María de Ligorio por la salvación de sus hermanos, para que, como él, lleguemos también a recibir el premio reservado a tus servidores fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

Salmo 85 - ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES.

Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 9-10

Dios nos ha puesto para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos junto con él.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

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EL MILAGRO DE COMPARTIR ENTRE TODOS

...

Por Fray Marcos
XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A

Hoy el mismo evangelio nos hace la composición de lugar y tiempo. Unos versículos antes, Herodes cree, que Jesús es Juan Bautista que ha resucitado. Si lo había matado una vez, bien podía intentarlo de nuevo. Jesús tenía motivos para retirarse a un lugar apartado.

Seis veces se narra en los evangelios un episodio casi idéntico: la multiplicación de los panes y peces. Jesús da de comer a una multitud considerable en un despoblado. Es seguro que algo muy parecido a lo que nos cuentan pasó en realidad. Es probable que pasara más de una vez.

Es muy importante para nosotros, acercarnos lo más posible a la realidad de los hechos; solo desde lo histórico, podremos desentrañar su verdadero sentido.

Con los conocimientos exegéticos que hoy tenemos de los textos bíblicos, no podemos seguir entendiendo este relato en sentido literal. Es más, entendido como un milagro material, nos quedamos sin el verdadero mensaje del evangelio.

Podríamos decir que es una parábola en acción. También hacen falta “oídos” y “ojos” bien abiertos para entenderla. El punto de inflexión del relato está en las palabras de Jesús: “dadles vosotros de comer”. Jesús sabía que eso era imposible. Parece ser que no entraba en los planes del grupo preocuparse de las necesidades materiales de los demás. Por otra parte, ni tenían dinero suficiente para comprar tanto pan, ni había donde comprarlo.

No podemos seguir hablando de multiplicación de panes y peces gracias a un poder divino de Jesús o de Dios manipulado por Jesús. Si Dios pudo hacer un milagro para saciar el hambre de los que llevaban un día sin comer, con mucha más razón tendría que hacerlo para librar hoy de la muerte a millones de personas que van a morir de hambre en el Cuerno de África.

Tampoco podemos utilizar este relato como un argumento para demostrar la divinidad de Jesús. El sentido de la vida de Jesús salta hecha añicos cuando suponemos que era un ser humano, pero con el comodín de la divinidad guardado en la chistera.

Lo que pasó no fue un milagro en sentido estricto, que es como lo entendemos normalmente. Realmente fue un verdadero “milagro”, que un grupo tan numeroso de personas compartiera todo lo que tenían hasta conseguir que nadie pasara necesidad de alimento.

Hay que tener en cuenta que en aquel tiempo no se podía repostar por el camino, todo el que salía de casa para un tiempo, iba provisto de alimento para todo ese tiempo. Fijaos bien que los apóstoles tenían cinco panes y dos peces; seguramente, después de haber comido ese día.

Si el contacto con Jesús y el ejemplo de los apóstoles les empujó a poner cada uno lo que tenían al servicio de todos, estamos ante un ejemplo de respuesta a la compasión y generosidad que Jesús predicaba. Éste es el verdadero milagro.

Debemos tomar conciencia de la importancia que tienen, en los relatos bíblicos, las comidas. Con muchísima frecuencia se hace referencia a los tiempos mesiánicos con la imagen de un banquete. El mismo Jesús se dejaba invitar por las personas importantes. Algunos exegetas creen que las parábolas son charlas de sobremesa que Jesús relataba en ese ambiente cálido de una comida de amigos.

Él mismo organizaba comidas con los marginados; esa era una de las maneras de manifestarles su aprecio y cercanía. La última cena fue una comida de despedida en la que se abrió en la intimidad de los que consideraba más amigos. La más importante ceremonia de nuestro culto cristiano está estructurada como una comida.

Que todo un día de seguimiento haya terminado con una comida no nos debe extrañar. Lo verdaderamente importante es que en esa comida todo el que tenía algo que aportar, colaboró, y el que no tenía nada, se sintió acogido fraternalmente.

Si tenemos “ojos” y “oídos” abiertos, en el mismo relato podemos hallar las claves para una correcta interpretación.

Los discípulos se dan cuenta del problema y actúan con toda lógica. Como tantas veces decimos o pensamos nosotros, se dijeron: es su problema, ellos tienen que solucionárselo. Jesús no acepta esa postura, sino que les propone una solución mucho menos sensata: “dadles vosotros de comer”.

Él sabía que no tenían pan para tantas personas. Aquí empieza la necesidad de entenderlo de otra manera. Ya Moisés, Elías y Eliseo dieron de comer a la multitud en el desierto o en períodos de sequía y hambre. Se quiere sugerir que Jesús cumple en plenitud las figuras del AT. También hay que tener en cuenta que la Escritura era la comida espiritual del pueblo.

Doctrina se dice en arameo “hamira”. Pan se dice “amira”. Junto al lago, los alimentos básicos de la gente, eran el pan y los peces. Los libros de la Ley eran cinco; y dos el resto de la Escritura: Profetas y Escritos. El número siete (5+2) es símbolo de plenitud (seguramente el más empleado en la Biblia. También el número de los que comieron (cien grupos de cincuenta) es simbólico. Los doce cestos aluden a las doce tribus. Es el pan compartido el que debe alimentar al nuevo pueblo de Dios. La mirada al cielo, el recostarse en la hierba… Ya tenemos los elementos que nos permiten interpretar el relato, más allá de la letra.

El evangelio nos da continuos ejemplos de cómo Jesús se preocupó de las necesidades materiales de la gente. Pero también se quejó de que le entendieran mal, y terminaran creyendo que había venido para eso. "Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros".

El mensaje del evangelio de hoy no es que, al ver el milagro, concluyamos que Jesús es Dios; ni que podamos esperar de él que nos va a sacar las castañas del fuego.

Cuando Jesús se retiró al desierto, después del bautismo, la conversión de las piedras en panes, se presenta como una tentación. El ver a Jesús como un "taumaturgo" hacedor de milagros, está ya muy criticado en los mismos evangelios.

Seguir creyendo en el siglo XXI en milagros (tal como la mayoría los entiende) para solucionar los problemas, es la mejor demostración de nuestra falta de madurez religiosa. Es también una demostración de que nuestra idea de Dios sigue siendo arcaica e interesada.

El verdadero sentido del texto está en otra parte. La dinámica normal de la vida nos dice que el “pan” indispensable para la vida, tenemos que conseguirlo con dinero; porque alguien lo acapara y no lo deja llegar a su destino, más que cumpliendo unas condiciones que el que lo acaparó impone: el “precio”. Lo que hace Jesús es librar el pan de ese acaparamiento injusto. La mirada al cielo y la bendición son el reconocimiento de que Dios es el único dueño y que a Él hay que agradecer el don. Liberado del acaparamiento, el pan, imprescindible para la vida, llega a todos sin tener que pagar un precio por él.

Jesús, nos dice el relato, primero siente compasión de la gente, y después invita a compartir. Jesús no pidió a Dios que solucionara el problema, sino que se lo pidió a sus discípulos. “Dadles vosotros de comer”.

Aunque en su esquema mental no encontraron solución, lo cierto es que, todo lo que tenían, lo pusieron a disposición de todos. Esta actitud desencadena el prodigio: La generosidad se contagia y produce el “milagro”.

Cuando se deja de acaparar los bienes, llegan a todos. Los hombres, no deben actuar de manera egoísta.

Curiosamente hoy son la primera y la segunda lectura las que nos empujan hacia una interpretación espiritual del evangelio. Los interrogantes planteados en las dos primeras lecturas podrían ser un buen punto de partida para la reflexión de este domingo.

La primera nos advierte que la comida material, por sí misma, ni alimenta ni da hartura. Sólo cuando se escucha a Dios, cuando se imita a Dios, se alimenta la verdadera vida.

En la segunda lectura nos indica Pablo, dónde está lo verdaderamente importante para cualquier ser humano: el amor que Dios nos tiene y se manifestó en Jesús.

Después de un día con Jesús, aquella gente fue capaz de compartir todo lo que tenían, que en aquella circunstancia no era más que unos pedazos de pan duro, y unos peces resecos. Para nosotros ese es el verdadero mensaje. Nosotros, después de años y años junto a Jesús, ¿qué somos capaces de compartir?

No debemos hacer distinción entre el pan material y el alimento espiritual. Sólo cuando compartimos el pan material, estamos alimentándonos del pan espiritual. En el relato el nivel espiritual y el material se entremezclan y no hay manera de separarlos. La compasión y el compartir son la clave de toda identificación con Jesús. Es inútil insistir porque es el tema de todo el evangelio.

El verdadero mensaje del evangelio de hoy está en que, cada vez que se comparte el pan, se hace presente a Dios que es amor. No hay otra manera de acercarnos a Dios y de acercar a Dios a los demás.

La eucaristía es memoria de Jesús que se partió y repartió. Al partirse y repartirse, hizo presente a Dios que es don total. El pan que verdaderamente alimenta, no es el pan que se come, sino el pan que se da. El primer objetivo de compartir, no es saciar las necesidades de otro, sino identificarse con Dios, descubierto en el otro. Es afirmar que Dios y el necesitado son uno. Bien entendido que a la hora de compartir, no hay diferencia alguna entre bienes materiales y bienes espirituales.




Meditación-contemplación


¡Dadles vosotros de comer!
No deberíamos olvidar nunca estas palabras.
Es lo primero que espera Dios de cada uno de nosotros.
Es lo que esperan todos los “muertos de hambre”.
…………………

Si de nuestra relación con Dios no se desprende esta exigencia,
podemos estar seguros que nuestra religión es falsa.
Si no veo a Dios en el que muere de hambre,
mi dios es un ídolo que yo me he fabricado.
…………………………

La clave del mensaje de Jesús es la compasión.
Si no me aproximo al que me necesita,
me estoy alejando del Dios de Jesús.
Si he descubierto a Dios dentro de mí,
lo estaré viendo siempre en los más pobres.
……………….


Fray Marcos

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XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A: NECESIDADES DE LA GENTE


Mateo introduce su relato diciendo que Jesús, al ver el gentío que lo ha seguido por tierra desde sus pueblos hasta aquel
lugar solitario, «se conmovió hasta las entrañas». No es un detalle pintoresco del narrador. La compasión hacia esa gente donde hay muchas mujeres y niños, es lo que va a inspirar toda la actuación de Jesús.
De hecho, Jesús no se dedica a predicarles su mensaje. Nada se dice de su enseñanza. Jesús está pendiente de sus necesidades. El evangelista solo habla de sus gestos de bondad y cercanía. Lo único que hace en aquel lugar desértico es «curar» a los enfermos y «dar de comer» a la gente.
El momento es difícil. Se encuentran en un lugar despoblado donde no hay comida ni alojamiento. Es muy tarde y la noche está cerca. El diálogo entre los discípulos y Jesús nos va revelar la actitud del Profeta de la compasión: sus seguidores no han de desentenderse de los problemas materiales de la gente.
Los discípulos le hacen una sugerencia llena de realismo: «Despide a la multitud», que se vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús reacciona de manera inesperada. No quiere que se vayan en esas condiciones, sino que se queden junto a él. Esa pobre gente es la que más le necesita. Entonces les ordena lo imposible: «Dadles vosotros de comer».
De nuevo los discípulos le hacen una llamada al realismo: «No tenemos más que cinco panes y dos peces». No es posible alimentar con tan poco el hambre de tantos. Pero Jesús no los puede abandonar. Sus discípulos han de aprender a ser más sensibles a los sufrimientos de la gente. Por eso, les pide que le traigan lo poco que tienen.
Al final, es Jesús quien los alimenta a todos y son sus discípulos los que dan de comer a la gente. En manos de Jesús lo poco se convierte en mucho. Aquella aportación tan pequeña e insuficiente adquiere con Jesús una fecundidad sorprendente.
No hemos de olvidar los cristianos que la compasión de Jesús ha de estar siempre en el centro de su Iglesia como principio inspirador de todo lo que hacemos. Nos alejamos de Jesús siempre que reducimos la fe a un falso espiritualismo
que nos lleva a desentendernos de los problemas materiales de las personas.
En nuestras comunidades cristianas son hoy más necesarios los gestos de solidaridad que las palabras hermosas. Hemos de descubrir también nosotros que con poco se puede hacer mucho. Jesús puede multiplicar nuestros pequeños gestos solidarios y darles una eficacia grande. Lo importante es no desentendernos de nadie que necesite acogida y ayuda.
Con poco se puede mucho. Pásalo

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JESÚS, EL MESÍAS Y EL REINO

José Enrique Galarreta
XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A

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Es un relato que está presente en los cuatro evangelios, Mc,6. Lc,9. Jn,6, y se repite en Mt,16 y en Mc,8. En las seis narraciones (menos explícitamente en Lucas), este episodio supone un momento de inflexión en el seguimiento de las multitudes. Desde aquí, el seguimiento va a ser selectivo, porque Jesús va a defraudar las esperanzas que se están poniendo en él.

De hecho, estos textos se sitúan en todos los evangelistas un poco antes de la confesión que Jesús provoca "¿quién dice la gente - quién decís vosotros - que soy yo?". Y en Juan, la multiplicación es el pórtico del sermón del pan de vida, catequesis que se ha dado como eucarística, pero que trasciende este sentido: se trata de aceptar a Jesús como el venido del cielo: ya no es el maná, es Jesús. Se trata de la adhesión a Jesús o su rechazo como Mesías.

Y se producen tres reacciones: las multitudes, en gran parte, ven que el mesianismo de Jesús no es un reinado con abundancia de pan fácil, y se irán alejando; los jefes, sacerdotes, letrados y fariseos, entienden bien el mensaje y rechazan a Jesús, le piden signos, le exigen que dé pruebas de su autoridad; incluso en sus discípulos hay una crisis, y muchos se apartan y ya no van con él, sin duda porque han entendido la ruptura que Jesús supone. Y unos pocos creen en él ("¿a quién iremos, tú solo tienes palabras de vida eterna").

Inmediatamente, en todos los evangelios, Jesús hace una catequesis del mesías dejando claro que el mesías será crucificado. (Mt 16,21. Mc 8,31. Lc 9,21. Jn 6,70). Es decir, que el esquema prácticamente idéntico en todos los evangelios es: multiplicación – se escapa de la gente - confesión de mesianismo - anuncio de la cruz.

El evangelio, por tanto, está situando la figura de Jesús en su contexto correcto: quién es Jesús, quién es el Mesías, qué es el Reino. Y rechazando explícitamente toda interpretación política, de abundancia material; incluso anunciando que el Reino sufre rechazo y persecución. El Reino es abundancia, pero de dones espirituales, y será carencia, renuncia o persecución, incluso muerte, en lo material.

"Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Yo soy el pan vivo bajado del cielo: el que coma de este pan no morirá para siempre". Es la esencia: todos los aspectos materiales, políticos, de supremacía de Israel, de Dios-para-nosotros, todas las bendiciones materiales como signo de las espirituales... han pasado. Frente a eso, alimentarse de este pan será aceptar la cruz y la oscuridad de Dios. Y ponerse al servicio.

1.- LA RELIGIÓN DE JESÚS.

Desaparecen aquí los últimos rasgos míticos y tribales de la religión de Israel. Dios protector del pueblo, la alianza que produce efectos de bendiciones terrenas, abundancia, salud, larga vida, éxito, reconocimiento, poder... Se acabó.

El que come de este pan pasará por la cruz, y ése - no las prosperidades materiales - será el signo de que se está en el reino. Lo de Jesús va por tanto muchísimo más allá de lo que han soñado todas las religiones antiguas, incluida la religión de Israel. Mucho más allá, porque está mucho más aquí. Más allá, más de Dios, porque está mucho más cerca del ser humano. Porque no se trata de sacar al ser humano de su condición, de situarlo en contextos de mitos, poderes, intervenciones milagrosas de la divinidad...

Se trata, simple y sorprendentemente de "encender la luz" para ver qué significa vivir. No se trata de añadir divinidades para explicar misterios, se trata de iluminar la vida. No se trata de que Dios hace milagros esporádicos bendiciendo con cosas terrenas al justo. Se trata de que Dios nos hace comprender y ser capaces de llevar adelante la vida.

Lo más oscuro de la vida es que es camino que recorrer, que hay cruz, que no se ve a Dios por ninguna parte. Y que a nosotros nos apetece sentarnos, no caminar, disfrutar, no llevar la cruz, y ver a Dios, no estar sometidos al esfuerzo y al riesgo de creer. Jesús no nos deja sentarnos, no nos quita la cruz, no hace que se nos aparezca Dios.

Jesús da fuerza para caminar, alimenta al caminante, lleva la cruz y muestra cómo llevarla, da fuerzas para ello, y nos deja ver todo lo que de Dios podemos y necesitamos ver. Y eso es todo.

Es un modo de vivir, no una escenografía milagrera para ocultar o soslayar la vida.

Es un modo de vivir más arriesgado, apostando por valores que contradicen la lógica normal. Un modo de entender a Dios menos lógico, porque no se basa en el amo-legislador-juez, sino en el amor, impredecible y ajeno a toda lógica.

Las religiones se basan en la supremacía de Dios que exige tributos bajo pena de justo castigo. Lo de Jesús se basa en salvar la vida entera del ser humano. Verdaderamente, Dios se ha hecho hombre.

2.- JESÚS PAN DE VIDA

No pocas veces tendemos a pensar que los relatos de los Sinópticos son meramente históricos, crónica de sucesos. Sabemos que el cuarto evangelio utiliza los sucesos como soporte del símbolo, pero pensamos que los Sinópticos no lo hacen. Y es un grave error.

Es evidente que para el cuarto evangelio los sucesos son sobre todo “SIGNOS”, pero los Sinópticos también utilizan ese género.
Concretamente en la multiplicación de los panes, el valor de signo es muy superior al valor de crónica.

El suceso sirve de pista de despegue para el mensaje. El suceso es que Jesús se retira con los discípulos a un lugar solitario, que la gente le sigue, hambrienta de su palabra y de sus curaciones, que Jesús – como siempre – siente compasión y se dedica a hablarles en vez de tomarse el día libre, “porque estaban como ovejas sin pastor”, que se produce el inexplicable suceso de que comen todos con poco y que Jesús rechaza sus aclamaciones mesiánicas, los despide, a la gente y a los discípulos, y se queda de noche solo en el monte, orando.

El mensaje que subrayan los cuatro evangelistas es el que explicita perfectamente el cuarto evangelio en el Sermón del Pan de Vida: Jesús no es sólo el nuevo Moisés sino el nuevo Maná. No se trata de que Dios da un alimento material para sobrevivir en el desierto, sino de que Dios da el alimento definitivo, el alimento que no alimenta al cuerpo sino al espíritu. Jesús se define como pan, pan regalo de Dios.

Los evangelistas escriben estos relatos unos cuarenta años después de que sucedieran, y estos relatos se leen en la Cena del Señor, en la eucaristía. Es evidente que los relatos sirven magníficamente para ilustrar qué es la Fracción del Pan: alimentarse de Jesús, compartir el pan y el vino con Jesús.

Y también ahora podemos hacer, a propósito de estos relatos, una catequesis eucarística profunda. Los que participamos en la eucaristía vamos a ella a alimentarnos (no preferentemente a cumplir, a adorar, a ofrece… ). Nos alimentamos de muchas cosas que son en el fondo la misma: nos alimentamos del perdón celebrado, de la comunidad que acoge y ora en común, de la palabra… de todo Jesús presente en la comunidad, en la iglesia. Y comulgamos con él.

El pasado día 25, a propósito de la fiesta de Santiago, leíamos la petición de los Zebedeos (tronos ministeriales en el reino del Mesías) y la contra-propuesta de Jesús: beber su cáliz. En la eucaristía comemos su pan y bebemos su cáliz, es decir, que Jesús nos propone lo mismo que a los Zebedeos: ¿Estáis dispuestos a beber mi cáliz, a comer mi pan? Y contestamos, con hechos, que sí.

El significado del pan y del vino es el más profundo de todas las expresiones parabólicas con las Jesús habla de sí mismo (y de Dios). Jesús se define como agua, como luz, como pastor, como médico… Pero en su cena de despedida expresa cómo se ve él a sí mismo, definitivamente: como grano de trigo molido para ser pan, para ser comido y ser alimento. Como granos de uva estrujados para ser vino para que todos tengan qué beber. Y no son signos para admirar, sino alimento y bebida para comer y beber… con él.

Eso es comulgar con él: compartir su pan y su vino, aceptar que también nosotros, porque comulgamos con él, hacemos de nuestra vida trigo molido y granos estrujados, para que el mundo entero tenga menos hambre y menos sed.

3.- LA SOLEDAD DE JESÚS

Después de todo esto, de la comida abundante etc etc, Jesús despide a todo el mundo y se queda solo, porque los discípulos (probablemente) aprovechan el entusiasmo para promover una aclamación popular, para elegir a Jesús Rey.

Una vez más, no se han enterado de nada; van en la línea de los Zebedeos pidiendo poltronas ministeriales.

Cuando Jesús explica que seguirle es hacerse pan para el mundo, aunque haya que beber el cáliz, se queda solo. La gente, y los discípulos, quieren ante todo alimento fácil para el cuerpo y triunfar sobre los enemigos. Es la tentación de mesianismo facilón, terreno, que pone a Dios a nuestro servicio para darnos gusto, para que se haga nuestra voluntad, no la suya.

Jesús invierte radicalmente el planteamiento: no se trata de qué esperamos nosotros de Dios, sino de qué espera Dios de nosotros. Buscar la voluntad de Dios, no lo que a nosotros nos gusta; no pretender que el poder de Dios se acomode a nuestra voluntad y a nuestros gustos. Esto se llama conversión, cambiar de sentido, darse al vuelta; hasta Jesús, muchos en Israel han entendido que Dios es para Israel, el éxito de Israel, la salud, la larga vida, la prosperidad, el sometimiento de las naciones… mesianismo fácil y halagador. Jesús es el anti-Mesías. Y por eso le rechazarán.

Podríamos sacar consecuencias abundantes: señalaremos dos caminos de reflexión, y que cada uno piense:

· a nivel personal: para qué quiero yo a Dios. Para responder a esta pregunta basta con analizar nuestra oración de petición: dime cómo pides y te diré cómo es tu fe. Basta con reflexionar si nuestra oración de petición es el Padre Nuestro o nos pasamos la vida cansando a Dios pidiendo lo que a nosotros nos parece que Él nos tiene que dar …

· a nivel eclesial: el éxito, el esplendor del culto, la influencia social, las multitudes aclamando, los poderosos de las naciones haciendo homenaje… ¿seguro que todo eso es de Jesús? ¿No será un resto de falso mesianismo?

Que cada uno se lo piense y se lo aplique. Recordando que es más fácil ver la paja en ojo ajeno (la Iglesia) que la viga en el propio (mi conversión).


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31 de Julio: Memoria de San Ignacio de Loyola

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Padre y Maestro Ignacio, escrutador de los caminos de Dios, amigo fiel del Señor, humilde servidor de Cristo y del Evangelio bajo el estandarte de la cruz, buscador incansable de la mayor gloria de Dios a través del discernimiento y de la oración, dócil a la obediencia al Señor y a la Iglesia su esposa; Tú que no has buscado riquezas y honores, sino que has preferido ser pobre con Cristo pobre, despreciado con Cristo humillado, con tal que fuese anunciado a todos el santo Nombre de Jesús en quien está la salvación, intercede por nosotros ante el Padre de las misericordias, para que en este tiempo de gracia podamos buscar y encontrar en todo su divina presencia y conocer su voluntad.

Al Eterno Rey de todas las cosas confiamos esta mínima Compañía, que no ha sido instituida por medios humanos, sino por la mano potente de Cristo el Señor en el que ahora ponemos nuestra esperanza, para que se digne conservar y llevar a cumplimiento aquello que se ha dignado comenzar para su servicio y alabanza y para la ayuda de las almas.

Tomad, Señor y recibid

Toma, Señor, y recibe
toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento
y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer.

Tú me lo diste,
a ti, Señor, lo torno.
Todo es tuyo.
Dispón de todo según tu voluntad.
Dame tu amor y tu gracia,
que ésta me basta.

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Domingo XVIII del tiempo ordinario: Compartir, no despedir

Publicado por Entra y Verás

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La vida cristiana podemos explicarla desde muchos puntos de vista pero el esencial, el que no admite confusiones ni medias tintas es el de compartir. Podemos caer en la tentación de mirar para otro lado, de "despedir" pero nos estaríamos alejando de lo que Jesús nos enseñó con su vida.

Dice Pedro Casaldáliga: Primero es el pan, después la libertad. La libertad con hambre es una flor encima de un cadáver. Donde hay pan allí está Dios. Dios se hace pan. La tierra es un plato gigantesco de arroz, un pan inmenso y nuestro para el hambre de todos. La Biblia es un menú de pan fraterno. Jesús es el pan vivo. El universo es nuestra mesa.

Después de unos domingos en que Jesús ha ido explicando por medio de sencillas parábolas en qué consiste el Reino de Dios, llega la hora de irlo poniendo en práctica. El evangelista nos explica como Jesús después de la muerte de Juan Bautista decide “tomarse unas vacaciones” pero eso no significa mirar para otro lado y desentenderse de todo. De igual manera podemos ver los días de descanso no como unos días de mirarme el ombligo aunque el año haya sido muy duro sino para compartir mi tiempo, para dedicarlo a la familia, a los amigos, a conocer…

Pero vayamos al punto fundamental que nos quieren trasladar las lecturas de hoy. Lo importante no está en la multiplicación sino en el compartir el pan y la pobreza, el que los discípulos rompan los circuitos de la propiedad para un compartir que satisface tanto a tanta gente. Es experimentar en concreto la presencia de Dios en medio del “hambre” y la necesidad. A ese Dios que se hace pan que nos acaba de decir Casaldáliga. Partir el pan expresaba fraternidad, unidad, compromiso igualdad. Un detalle fundamental está en ver cómo Jesús se coloca en el puesto de anfitrión, Él es quien bendice y parte le pan, lo da y manda distribuirlo. Jesús toma la iniciativa al invitar a todos compartir la mesa poniendo en práctica el modelo de Banquete del Reino que había anunciado. Por tanto la imagen que Jesús escoge para hablarnos de lo que es central en el Reino no es una visión estática y beatífica rodeada de ñoñería sino un banquete, una comida festiva. La única forma de glorificar a Dios es creando comunión entre nosotros, compartiendo cuanto somos y tenemos. Esta es la verdadera eucaristía donde Jesús se hace presente y sacia por su abundancia como nos ha dicho el profeta Isaías. Si no lo vemos así, la eucaristía llenará la panza del cumplimiento pero no el estómago de la vida que implica y compromete.

Para llevarlo a la vida os sugiero que nos coloquemos ahora en la posición de los discípulos que contemplan tanta gente hambrienta, al igual que nosotros hoy vemos tantísima gente que carece de lo fundamental. Podemos caer como ellos en la tentación de “despedir a la gente” y mirar para otro lado o de querer solucionarlo con dinero comprando más pan. Mientras ellos piensan en todo lo que les falta, sólo tienen cinco panes y dos peces, Jesús cuenta con lo que tiene, es suficiente. Jesús no habla ni de despedir ni de comprar sino de compartir.

Esta es la gran lección que todos estamos llamados a aprender y a llevar a la vida pues es la única manera de que la eucaristía sirva en verdad para la transformación del mundo, de esa gran mesa alrededor de la que todos nos sentamos.


Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)

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XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A: La situación es casi desesperada: nada de milagros

Por...
Alesandro Pronzato

Dios es «exigente» en dar

El Señor distribuye sus invitaciones con extraordinaria generosidad.
Se espera a «todos». A nadie se excluye.
No hay que llevar nada. A no ser hambre y sed.
En el fondo, no se nos pide nada más. La única condición es tener necesidad. El único título, el deseo.
Ni siquiera está prohibida la insatisfacción, sino todo lo contrario... Después de tantas búsquedas parciales o inútiles, después de haber coleccionado tantos sucedáneos, tendrá que llegar el momento de decidirnos a acudir directamente a la fuente.
Quizás nos cueste trabajo aceptar esta idea de un Dios que nos pide solamente que nos acerquemos a él para recibir.
Cuando se habla de una relación religiosa, pensamos inmediatamente en lo que tenemos que dar, en las prestaciones a las que nos obligamos.
No se nos ocurre pensar que la actitud fundamental es la disponibilidad para «dejar que nos den».
Y cuando se nos ofrece algo, en el ámbito de lo sagrado, instintivamente echamos mano al bolsillo. Pero Dios es gratuito.
«Acudid... también los que no tenéis dinero...».
Cuando anda por medio el dinero, no se trata ya de un don de Dios, aunque el producto lleve esa etiqueta.
Metámonos bien en la cabeza el pasaje de Isaías: la medida del valor no es el precio, sino la falta de precio.
(Personalmente, como sacerdote, me siento humillado cuando ciertas «personas piadosas» insisten: «Por favor, díganos cuánto es, porque siempre me han enseñado que, si no se paga, la misa no vale...»).
Dios es celoso. No en cobrar, sino en conceder. No puede tolerar que nos dirijamos a otro o a otros cuando nos atormenta la sed, cuando estamos hambrientos, cuando queremos gustar la paz del corazón, cuando nos sentimos dominados por un deseo irresistible de felicidad. Dios pretende. Incluso demasiado. Dios es exigente. Incluso hasta el exceso.
No soporta ciertamente que tengamos miedo de pedírselo todo. Decepcionamos a Dios cuando no nos presentamos a recoger sus dones. Cuando no nos presentamos con las manos vacías.
Además, se siente desilusionado cuando nos ve mendigar por otra parte cosas que tienen poco que ver con lo que necesitamos.
«¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta? ¿y el salario en lo que no da hartura?».
Nosotros, por desgracia, corremos el peligro de pasarnos la vida recurriendo a realidades ilusorias, consumiendo alimentos que, cuanto más los devoramos, más desnutridos e inapetentes nos hacen ante aquello que podría asegurar nuestro crecimiento humano y cristiano.
Dios está dispuesto a saciarnos. La mayor alegría que podemos darle es decirle que queremos depender exclusivamente de su mano. Pero no podemos acudir a él con tonterías, con bagatelas, con cosas de poca monta.
Sólo si intentamos dilatar desmesuradamente los horizontes de nuestra vida, si apuntamos a algo hermoso y grande, si tenemos sueños locos, si estamos decididos a ir más allá de lo normal, sólo entonces tenemos derecho a tender las manos -debidamente vacías- hacia él. «Vosotros, los sedientos...».
Vosotros, los que no os contentáis con bobadas... Vosotros, los que no podéis soportar el vacío...
Vosotros, los que empezáis a sospechar que estáis hechos para otra cosa...
Vosotros, todos los que deseáis dejar sitio a lo esencial...


En religión también hay cosas efímeras

Es fácil señalar con el dedo la cultura de lo efímero. Son inútiles las denuncias contra el consumismo.
Lo más urgente y necesario sería darse cuenta de que también en religión hay cosas efímeras.

Puede existir el peligro de un consumismo de lo sagrado.

No escasean ciertamente las ofertas de trivialidades devocionales, de piadosas futilidades; ni faltan, por desgracia, los que, no desinteresadamente por supuesto se convierten en celosos apóstoles y propagandistas de todas esas cosas.
Incluso por el área del templo circulan pregoneros desenvueltos, habilísimos en seducir a cristianos poco formados y en convencerles para que adquieran productos de poca calidad.
Muchos de los que deberían promover la adoración del único Señor toleran y hasta fomentan idolatrías de tipo emocional.
Hay vendedores de drogas blandas, de evasiones al mundo de los milagros, de superficialidades teñidas de sentimentalismo o de miedos apocalípticos, que desarrollan su actividad (iba a decir sus trapicheos), sin que nadie les moleste en la que debería ser la «casa de oración». Se invita a muchos cristianos de buena voluntad, que llevan en la sangre un hambre secular, a saciarse de sandeces pseudo-espirituales, que les brinda montones de literatura de pacotilla que inunda el mercado.
Y se define, demasiado cándidamente, como «retorno a lo sagrado» a lo que muchas veces no es más que un fenómeno folklórico, búsqueda de lo exótico o experiencia caprichosa.

¿Más todavía?

Hay incluso quienes pretenden pasar por verdades definitivas, inmutables, firmísimas, ciertas ideas que son muy pasajeras. Presentan opiniones y posiciones personalísimas, normalmente «ultramontanas», como sacadas (quién sabe cómo) del evangelio.
Y no faltan quienes dicen que ofrecen el pan de la palabra; pero el suyo es un pan tan duro que rompe los dientes, tan incomestible que ni los estómagos más sanos pueden con él.
Ciertas presentaciones asépticas de la palabra de Dios, muy eruditas, atestadas de pedantería barata, repletas de cabriolas intelectualistas, parecen hechas adrede para volver al lector inapetente, para desanimar a los que se acercan con pasión y candor al Libro...
Se hacen gargarismos culturales. Pero algunas de las llamadas expresiones culturales provienen de individuos que parecen haber dado la vuelta a la tentación de Satanás en el desierto: «... Di que este pan sabroso se convierta en piedra».
En la televisión algunos, llenos de inesperado pudor, no hablan de «publicidad», pero aluden hipócritamente a ciertos «consejos para los entendidos».

Yo creo que, en el terreno religioso, si se desea respetar el hambre y la sed auténticas del pueblo de Dios o provocarlas (que es el caso más frecuente y la tarea más necesaria, además de ser la más ardua), hay que «desaconsejar» ciertas lecturas, ciertas audiciones y ciertas frecuencias de onda. No siempre la potenciación de las «frecuencias» en el éter, o la invasión de nuevas «bandas» constituye una conquista para el reino de Dios...
Que quede claro que no pido que se censure a nadie. Lo único que pido es que se ponga en guardia a los potenciales «hambrientos» y «sedientos» de alimento auténtico contra el peligro de engaño.
Educar para escoger lo auténtico, lo sólido, y rechazar lo que es artificial, marginal, extraño a la verdadera fe, creo que es una tarea esencial, especialmente hoy.
Y no digamos, por favor, que después de todo esos productos discutibles siempre serán preferibles a los venenos de que está surtido el mercado.

Ante todo está el gusto del pan.

Esperando a que la fe haga un milagro, la caridad comienza a actuar El riesgo de cierto tipo de lectura del evangelio de hoy consiste en sacar una conclusión de este tipo: dado que ni el milagro de multiplicar los panes y los peces ni los de otro tipo están al alcance de nuestras posibilidades...
Yo creo más bien que el relato nos afecta y nos compromete más de lo que podríamos sospechar.
Jesús, en primer lugar, «responsabíliza» a los apóstoles, que sugieren una solución dictada por el sentido común, pero que en la práctica refleja una mentalidad bastante difundida frente a los problemas más dramáticos: «¿Qué podemos hacer nosotros? ¡Que cada uno se las arregle como pueda! ¡peor para él si no lo puede solucionar solo! No será culpa nuestra si alguno se queda con el estómago vacío o con el peso de una colosal injusticia en el estómago. Ya tenemos bastante con nuestros problemas, con nuestras preocupaciones, con nuestros líos; no podemos cargarnos con los problemas de los demás ...».

«Dadles vosotros de comer...».

Es verdad que luego lo solucionará él.
Pero, entretanto, quiso que los apóstoles se encargasen del hambre de los demás, que se sintieran responsables (iba a decir «culpables») de ella y que repartieran, más que el escaso pan que habían reunido, su misma compasión por la gente.
Digámoslo claramente. El pasaje del evangelio no nos ofrece ninguna solución milagrera o simplista para el problema del pan y del hambre (los cinco mil se han convertido hoy en centenares de millones y, a diferencia de Mateo, no podemos menos de contar a las mujeres y a los niños...).
Jesús no nos dice tampoco hoy: aquí se necesita un milagro. Ni nos dice el truco para hacerlo.
Nos hace comprender que se puede empezar por la compasión, que no significa simplemente conmoverse, sentir un ligero pálpito en el corazón (tan leve que ni siquiera llega a la cartera, que está en el lado opuesto, a una conveniente distancia de seguridad respecto a las intrusiones del corazón), sino que quiere decir que hemos de sentir en el propio estómago los mordiscos del hambre ajena.
Y luego nos hace intuir que, siempre y de cualquier forma, nos «toca» a nosotros. En fin, lo que realmente pretende es que saquemos lo poco que tenemos:
-No tenemos más que cinco panes y dos peces...
-Traedlos aquí.
Realmente, en algunos casos el Señor podría reclamar lo que nos sobra, e incluso lo que derrochamos.

Ya. Puede resultarnos muy cómoda la excusa de que se precisa un milagro, o una serie de milagros, y decir que este asunto no es de nuestra competencia.
Cristo nos llama a juicio, nos pone sin piedad al descubierto, dice que podemos y debemos proveer nosotros, independientemente de lo que él haga.
Para la fe hay que esperar. Tiene que crecer hasta ser como un grano de mostaza, antes de que pueda hacer milagros. ¡Y quién sabe cuánto tiempo tendrá que pasar todavía para ello!...

Pero la caridad llega enseguida.

El amor no está obligado a hacer milagros. Por tanto, tiene que intervenir ahora, aquí, hacer su tarea ordinaria, cumplir su función normal. Esperando a que la fe, quizás...
Las enormes multitudes castigadas por el azote del hambre no pueden ciertamente consolarse oyéndonos exclamar con aire de desconsuelo:
-¡Aquí se precisaría un milagro! Preferirían que dijésemos:
-¡Aquí se precisa un poco de amor y de justicia! Y quizás fuera mejor no hablar.
Bastaría con que nos adelantásemos a ofrecer un poco de lo que nosotros mismos necesitamos, lo mucho que nos sobra y lo muchísimo más que derrochamos.

El amor y las circunstancias desfavorables

«¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?», se pregunta Pablo (segunda lectura). Y enumera algunas situaciones especialmente dramáticas, «conflictivas», en las que el creyente podría tener la impresión de estar abandonado, de estar solo: «¿la aflicción? ¿la angustia? ¿la persecución? ¿el hambre? ¿la desnudez? ¿el peligro? ¿la espada? ...». Pero al final proclama su firme convicción: nada ni nadie «podrá apartarnos del amor de Dios».

En resumen, Pablo desmiente a quienes piensan que sólo podemos experimentar el amor de Dios cuando todo va bien, cuando no hay contrastes, cuando el camino es llano, cuando tenemos éxito, cuando logramos realizar finalmente nuestros proyectos, cuando gozamos de la estima y de la comprensión de los demás.
Pero el apóstol quiere convencernos de que el amor no se limita a las situaciones favorables.
Podemos experimentarlo también en los momentos difíciles y dolorosos.
Podría expresarse esto mismo con otros términos: el amor de Cristo «nos alcanza» con toda seguridad. Nada puede impedirlo, cerrarle el paso, mantenerlo fuera de nuestras pruebas, de nuestros momentos difíciles, de los lugares en donde nos toca luchar contra la enfermedad, contra la tribulación, contra las miserias de todo tipo.
Nuestro tormento es su tormento. Nuestras heridas son sus heridas.
Nuestras pérdidas son experimentadas dolorosamente por él.
La consecuencia, entonces, no puede ser sólo consolatoria, sino estimulante.
Si el amor de Cristo no se ve frenado por ninguna realidad desagradable, si nos alcanza por todas partes y en todas las circunstancias, no se nos permite permanecer bloqueados ante ningún obstáculo, por muy consistente que sea, ante ningún infortunio, por muy grave que sea.
El amor de Dios nos alcanza, no para apiadarse de nosotros, sino para empujarnos a «ir» más allá...

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Publicado por Fe Adulta