NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

miércoles, 22 de febrero de 2012

Miércoles de ceniza: No te quedes en la piel


Publicado por Entra y Verás

Se dice, con un poco de exageración, que por debajo de un gran rascacielos hay una obra de cimentación casi de la misma longitud. Aunque quizá se trate de una exageración no es difícil comprender que para sostener edificios de tanta envergadura son necesarios unos buenos cimientos que aseguren y garanticen su estabilidad. Lo mismo puede pasarnos con la vida. A veces edificamos sobre arena sin hundir los cimientos de nuestro edificio personal para evitar que los vaivenes del día a día nos castiguen demasiado. Cierto es que no son valores de nuestro tiempo aquellos que nos hablan de permanencia o seguridad pero no podemos pretender encontrar el sentido para nuestras vidas sino somos capaces de asentarnos en valores que pueden hacernos verdaderamente felices porque nos llenan de sentido. Con esto no hablo de rigidez sino de autenticidad.

En este tiempo de cuaresma hacemos un alto en el camino de nuestro seguimiento de Jesús para mirar cómo vamos, en qué cosas nos estamos apartando de lo que es ser cristianos. Tenemos por delante cuarenta días para intentar corregir esas posibles deficiencias y renovar nuestro bautismo la noche del sábado santo. Cuarenta días para buscar lo auténtico en nosotros, para sumergirnos en nuestra hondura interior y no quedarnos en la piel.

Se dice y se escribe tanto sobre la Cuaresma. Se aguza tanto la observancia que en muchos casos en vez de un tiempo de repensar, de sosiego, se convierte en una lista de practicas externas, muchas de ellas fruto de la teología más rancia, más trasnochada, y más dañina para una espiritualidad sana y honesta, que conduce no se sabe muy bien a qué, o mejor dicho con el único fin de aplacar la ira de un Dios cascarrabias e iracundo.

Cuaresma es tiempo de conversión para acercarnos a un modo de vivir más comprometido; tiempo de ayuno para mirar alrededor de una manera más amplia; tiempo de dar a manos llenas y sin esperar nada a cambio, de actuar voluntariamente, de descubrir que el amor es lo único que no puede pagarse y lo hemos recibido de Dios gratuitamente; tiempo de oración, de silencio que nos ayude a encontrar a Dios, a escuchar y rumiar su palabra y, por tanto, a encontrarnos con nosotros mismos....

Desde este punto de vista no acabo de comprender por qué tiene que ser un tiempo de caras largas y de persianas bajadas, como si la seriedad y la sobriedad fuesen sinónimos de tristeza. Curiosamente el evangelio de este día nos anima a lo contrario: «Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, perfumaos…» Intentar mejorar por propio convencimiento es un reto que exige renuncias, efectivamente, pero el punto de mira está puesto en conseguir un objetivo que a buen seguro va a hacernos más felices de lo que hasta ahora somos.

En estos días de Cuaresma hablamos mucho de sacrificios, de renuncias, ayunos y penitencias. No tanto de oración y de limosna. Por si todavía queda algún despistado, habrá que recordar que el espíritu de sacrificio no es la inmolación gratuita, ni la renuncia masoca, ni el amargarse, por parecer más virtuoso ante Dios o ante la panda de cotillas interesados en la vida del prójimo. Hay quien piensa que ayunamos para sufrir, que hay meterse un garbanzo en el zapato para vencer no se cuantas cosas malas. Así, sin más, como si fuéramos masoquistas religiosos o seres del planeta de los papanantas espirituales. Como si tuviéramos que pasar incomodidad, malestar o dolor para tener a Dios contento. Dejemos de vivir la cuaresma como borregos, creyendo que ya la vivimos porque hemos metido el jamón en el baúl y solo comemos langostinos. La Cuaresma implica poner en marcha el costoso ejercicio de relativizar nuestras prioridades, para ver dónde está lo necesario y eso es más complicado que quedarnos en la condena del embutido. Ayunamos para crecer. Ayunamos para recordarnos a nosotros mismos que las cosas no son el fin, sino el medio. Ayunamos como una forma de mirar alrededor, y recordar que la realidad es mucho más amplia que nuestra propia situación. Ayunar no es "dejar de comer", no es hacer dieta, es aceptar de manera consciente que no somos el centro del mundo.

Ojalá nos impliquemos a fondo por algo o alguien que nos importe de verdad. De este modo habremos aprovechado el tiempo y la Cuaresma nos habrá servido para algo más que guardar la línea y creer que tenemos a Dios en el bolsillo. Cuarenta días en los restaurar nuestro espíritu, en los que evitar quedarnos en la piel dejándonos de monsergas e infantilismos poder renovar nuestro bautismo siendo mucho más auténticos y, sobre todo, estando más satisfechos y contentos con nosotros mismos porque hemos intentado mejorar, hemos profundizado y, quien sabe, si descubierto la luz en medio de nuestro humilde barro, aunque sólo sea un poquito, y nos hemos acercado más a los que Dios nos pide.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)