NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

domingo, 2 de mayo de 2010

UN PROBLEMA DE IMAGEN: V Domingo de Pascua (JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C



Los políticos parecen tremendamente preocupados de su imagen. No sólo hay que ser, es casi más importante aparecer como se quiere ser. Las vallas publicitarias, los eslóganes de las campañas electorales cuidan ante todo la imagen del can didato. Al fin y al cabo, el elector se adhiere a una imagen, por ella vota. Los programas electorales quedan en una vaga indefinición ante el pueblo, que termina votando una imagen, un modelo, una persona, en un acto casi de fe, confianza y adhesión. Por eso es importante que la imagen no se deteriore, que llegue con claridad al elector, que sea percibida autentica mente, como ha sido programada con antelación.

De la política como ejemplo me introduzco en la Biblia y leo: «Y dijo Dios: -Hagamos a un hombre a nuestra imagen y semejanza... Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Gn 1,26-27). Y para descubrir la imagen de este Dios comienzo a espigar las páginas de la Biblia. Parece como si Dios no hubiera cui dado su imagen: se deja llevar de la ira, es vengativo, manda a Israel la práctica del anatema militar, que consistía en la destrucción total y sistemática de las ciudades conquistadas con sus hombres, animales y enseres, favorece el engaño y la traición, castiga despiadadamente, aprueba matanzas y asesi natos. Si el hombre está hecho a imagen de Dios, y éste es el Dios verdadero, me explico lo que ha sucedido: de tal palo, tal astilla...

Pero sigo leyendo. Después viene Jesús y nos habla de Dios; al oírlo tengo la impresión de estar oyendo hablar de otro Dios. El Dios de Jesús ha cambiado de imagen, tiene otro rostro: el rostro del amor.

Siento tan fuerte el contraste entre este Dios y el Dios antiguo, que vuelvo a releer los primeros versos de la Biblia, y comienzo a sospechar que es más bien el hombre quien ha hecho a Dios a su imagen y semejanza... Y me explico así toda esa ola de violencia y desamor divino que corre por las venas del Antiguo Testamento. Llego a pensar que ese Dios es un magnífico pedagogo que se va revelando poco a poco a su pueblo en la medida en que éste progresa hacia él.

En el principio era norma la violencia sin medida, propia de un pueblo primitivo. Frente a la venganza de Lamec hasta setenta y siete veces (Gn 4,23-24), la ley del "talión" restringe los ímpetus humanos: «ojo por ojo, diente por diente»; no hay que excederse en el castigo (Ex 21,22-23); el libro del Exodo garantiza la vida con un absoluto «no matarás» (20,13); el Levítico prohibe vengarse de los conciudadanos y manda: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (19,17). En torno a este mandato de amor nació en Israel una legislación humani taria de la que Dios mismo se hace garante: pedirá cuenta de los delitos contra la vida, de las injusticias, de la opresión, de la vejación de los pobres, indigentes, extranjeros, viudas, huér fanos, desamparados de la sociedad. Con Jeremías, Dios mis mo se niega a estar en un templo al que acuden los que prac tican a diario la injusticia (Jr 7,lss).

Sólo al final, con Jesús, la imagen de Dios se revela con nitidez: «Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros; igual que yo os he amado, amaos también entre vos otros. En esto conocerán que sois discípulos míos, en que os amáis unos a otros» (Jn 13,34-35). La medida del amor es el amor sin medida, practicado por el Maestro. La medida del amor supera el amor a la propia vida. Esta es la medida del amor divino que entregó a su Hijo a la muerte.

Mucho tiempo le costó a la humanidad dar con este camino, hasta comprender que es el hombre el que está hecho a la imagen de Dios. Que todo ha sido un problema de imagen. Que sólo cuando los hombres rindan culto al Amor-Dios se acabará la ola de violencia que nos invade. En este sentido, nuestro mundo camina todavía por la prehistoria, adorando dioses falsos, falsas imágenes de un dios, fabricado a imagen y semejanza humana.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

sábado, 1 de mayo de 2010

ORACIONES EUCARISTICAS: V Domingo de Pascua (JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C


NUESTRO ÚNICO MANDAMIENTO

Es justo reconocer, Padre de bondad, que existimos y vivimos
rodeados de muestras permanentes de tu amor.
Gracias, Padre bueno, por ser como eres, por tu infinita paciencia.
Porque no eres justiciero, sino comprensivo con los fallos de todos.
Debemos convencernos de que tu Hijo, y hermano nuestro, Jesús,
es tu mejor imagen, la que nos muestra tu amor inmenso a los hombres.
Pero hemos de tratar de imitarle y poner amor en todas nuestras acciones.
Tenemos que dar testimonio como discípulos de Jesús
y reflejar el amor que llevamos dentro aun sin saberlo.
Querríamos intuir tu amplitud de miras, Padre Dios,
y asimilar el mensaje liberador de Jesús.
Unidos de corazón a todos tus hijos, nuestros hermanos,
cristianos, musulmanes, judíos, creyentes y no creyentes,
elevamos a ti este canto de acción de gracias y alabanza.

Santo, santo…

Permanece entre nosotros la buena noticia de Jesús,
que cambió nuestras mentes, nuestras viejas doctrinas y religiones
con un solo y sencillo mandamiento, el del amor fraterno.
Tenemos un sueño. Soñamos en la felicidad de todos los seres humanos,
Soñamos en un mundo ideal, justo y solidario, al que Jesús llamó tu Reino.
Soñamos en realizar el sueño de tu Hijo:
que nos amáramos los unos a los otros,
como hermanos, como amigos, como él hizo en su vida.
Correspondió a tu amor, Padre Dios,
dedicando su vida a hacer felices a los demás.
Recordamos ahora, como él nos pidió, su entrega por la causa del Reino.

El mismo Jesús, la noche en que iban a entregarlo, cogió un pan,
te dio gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros;
haced lo mismo en memoria mía».

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:
«Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre;
cada vez que bebáis, haced lo mismo en memoria mía».

Dios y Padre nuestro,
la vida y la muerte de tu hijo Jesús nos han abierto el camino hacia ti,
nos han enseñado que igual que tú nos amas; igual que él nos amó,
debemos amar a todos los seres humanos y luchar por su felicidad.
Jesús comprobó nuestra debilidad y egoísmo,
por eso nos dejó su Espíritu,
capaz de conducirnos a la plenitud para la que nos has creado.
Creemos en la fuerza de la palabra de Jesús.
Si nos mantenemos en tu amor, tendremos vida y alegría.
Te pedimos ahora por la Iglesia católica, para que abramos el corazón
a todo pueblo que te invoque desde su propia cultura y religión
y nos unamos todos en el empeño de hacer realidad un mundo mejor.
Más que nunca, Padre santo,
nos unimos a toda la creación para brindar por tu mayor gloria
con este pan y vino, que representan la entrega y el amor de tu hijo Jesús.
Por él y con él, queremos bendecirte por toda la eternidad.
AMÉN.

Rafael Calvo Beca


PRINCIPIO

Padre querido, venimos a tu mesa hambrientos y cansados,
llenos de polvo y barro del camino,
pero entusiasmados porque nos invitas,
deseando tu pan y tu palabra.
Gracias por invitarnos y por perdonarnos.
Gracias, Padre, por Jesús, tu hijo, nuestro Señor.


OFRENDA

Jesús es el pan que nos da fuerza y el vino que nos da alegría.
Te ofrecemos nuestro pan y nuestro vino, nuestra vida entera,
para que sea fuerza y alegría para los que nos rodean.
Por Jesús, tu hijo, nuestro Señor.


DESPEDIDA

Nos despedimos, Padre,
agradecidos y renovados por la eucaristía que tú nos regalas.
Danos tú que podamos celebrarla siempre,
que nos haga sentir tu presencia y nos llene de tu paz.
Por Jesús, tu hijo, nuestro Señor.

José Enrique Galarreta




EN TORNO A TU MANDATO


Cuántas vueltas y vueltas
en torno a ese destello
que parece ser tuyo;
y, al abrirlo, no hay Pascua,
sólo encuentro oscuridad.

Cuántos credos y credos
en torno a esas sonoras palabras
que decimos tuyas;
y, al escucharlas,
sólo resuena el duro silencio.

Cuántos nudos y nudos
para tejer una red de solidaridad
centrada en tu más vivo querer;
y después de tanta fatiga
sólo toma cuerpo la debilidad.

Cuánto barro y barro
amasado por tus artesanas manos
con sabiduría y mimo;
y, sin embargo, al contemplarnos,
nos sentimos rotos y solos.

Cuántos gestos y gestos
para expresar nuestra amistad
y sentirnos buenos y hermanos;
y al alzarlos y presentártelos
aparecen vacíos y sin espíritu.

Cuántas normas y normas
avaladas por Jerusalén y Roma
para sentirnos seguros;
y al agarrarnos a ellas con fuerza,
nos sentimos tan inseguros...

Cuántos cambios y cambios
para encontrarte en el camino
y estar seguros de nuestro empeño;
y, tras la ilusión primera,
volvemos a estar perdidos.

Señor, que andas y andas
por las afueras y los reversos,
que no nos desilusionemos
si al encontrarnos contigo
nos “confundes” o te confundimos.

Porque aunque seas tan claro
en tu gesto, palabra y mandato,
y nos lo repitas setenta veces siete,
“amar como tú nos has amado”
es muy nuevo para nosotros, tus amigos.


Florentino Ulibarri

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

EL AMOR GRATUITO, SEÑAL DECISIVA DEL DISCÍPULO DE JESÚS


V Domingo de Pascua (JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C
Por Enrique Martínez Lozano

Con el capítulo 13, empieza la segunda parte del evangelio de Juan: es el llamado “libro de la Hora”. La “hora” de Jesús no es otra que la de su muerte-resurrección, que el cuarto evangelio entiende como la hora de su “glorificación”.

Para este evangelio, de acuerdo con sus propias claves, la cruz no es tanto el instrumento de tortura, sino el trono donde, vencido el mal, queda entronizado el amor de Dios manifestado en Jesús: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo” (Juan 3,14). El camino de la cruz es, por tanto y paradójicamente, un camino de glorificación.

Este texto pertenece al llamado “testamento espiritual” o “discurso de despedida” de Jesús, que abarca nada menos que cinco capítulos –del 13 al 17 inclusive-, y que conoció sucesivas redacciones, como puede apreciarse en esta última que ha llegado hasta nosotros.

El término “glorificación” ya había aparecido en el capítulo anterior. Tras una confidencia en la que Jesús muestra su abatimiento, en un texto que es el equivalente joánico a la “oración de Getsemaní” de los sinópticos, se abre al Padre, buscando únicamente su gloria. El texto dice así:
“Me encuentro profundamente abatido; pero, ¿qué es lo que puedo decir?... Padre, glorifica tu nombre. Entonces se oyó esta voz venida del cielo: «Yo lo he glorificado y volveré a glorificarlo»” (12,27-28).

Pareciera como si el autor hubiera unido, en un único texto, la angustia de la “oración del huerto” y la gloria de la transfiguración en el Tabor, en un relato que encierra además una profunda sabiduría psicológica. Al experimentar su fracaso, Jesús se siente oprimido por la angustia. Y únicamente cuando entra por el camino de la aceptación, abandonándose a la voluntad del Padre, reencuentra la paz.

Mientras giramos en torno al yo, no encontramos salida a la angustia. Sólo cuando aceptamos el malestar, sin reducirnos a él, se empieza a hacer la luz. En su “volverse” al Padre, Jesús reencuentra también su verdadera identidad y, con ella, la liberación de los miedos.

Quien está identificado con su yo, vivirá a merced de sus vaivenes; en la medida en que podemos tomar distancia de él, observando los oscilantes contenidos de nuestra mente, no sólo nos haremos dueños de nuestro “diálogo interno”, sino que empezaremos a tomar conciencia de nuestra identidad más profunda, aquello que realmente somos, y que no puede verse dañado por nada de lo que nos ocurra.

La glorificación, de la que aquí se habla, no es otra cosa que la manifestación o desvelamiento del misterio divino, en cuanto misterio de amor que se entrega hasta el extremo (evangelio de Juan 13,1). La “gloria” de Dios no es sino su amor. Para el autor del cuarto evangelio, eso se pone de manifiesto en la cruz, que él entiende teológicamente como manifestación suprema de amor.

Si ésa es la gloria de Dios, es totalmente coherente que el “mandato” de Jesús se mueva en la misma dirección: el amor.

La forma como se expresa es rotunda. Frente a los innumerables mandamientos rabínicos, frente incluso al Decálogo de Moisés, las palabras de Jesús suenan tajantes: “Os doy un mandamiento”. No hay otro.

La admirable sencillez y la insistencia en la práctica, que caracterizan el mensaje de Jesús, se ponen de manifiesto también en esta síntesis de lo que debe el ser el comportamiento que pide a sus discípulos.

El término “hijos míos”, que lo introduce, aparte de expresar un afecto intenso, puede que remita a la costumbre judía del padre que, a punto de morir, transmitía el testamento espiritual a sus hijos. Aquí también, ante la muerte inminente, Jesús comunica lo que considera más valioso, lo que había constituido el eje mismo de su existencia.

Porque, como había ocurrido a lo largo de toda su vida, Jesús va por delante. Antes de decirlo, antes de pedirlo, él lo ha vivido: “como yo os he amado”. Pero esa expresión no es comparativa, sino “causal”: porque yo os he amado. Tal como pone de relieve X. Léon-Dufour, uno de los mayores especialistas en el estudio de este evangelio, la traducción más ajustada es la siguiente: “Con el mismo amor con que yo os he amado, amaos también los unos a los otros”.

Todo arranca, según la teología del cuarto evangelio, del amor del Padre, que se ha manifestado en Jesús y que ahora circulará a través de los discípulos. Se trata delmismo y único Amor, que constituye el secreto último de lo Real. Lo que se pide a los discípulos es que permitan que ese Amor primero y originante se exprese y se viva a través de ellos.

Por eso, no es un mandato heterónomo, venido de fuera, como una imposición arbitraria. Se trata, por el contrario, de una invitación a vivir lo que somos, conectados con el Misterio amoroso de Lo que es, a partir de la Unidad experimentada.

Ello será posible, no tanto a través de un voluntarismo moral, cuanto gracias a lacomprensión de lo que somos. En la medida en que vamos conociendo y viviendo lo que somos –recordemos que, cuando se trata del verdadero conocimiento,conocer y ser coinciden-, el amor se abre camino. Identificados con nuestra mente, no podremos estar sino encapsulados en el ego y en sus propios movimientos egocéntricos. La comprensión de nuestra identidad profunda e ilimitada hará posible un modo de vivir caracterizado por la desegocentración.

En el texto se habla de “mandamiento” (en griego, entolé), como queriendo poner de relieve la importancia de lo que ahí se ventila. No se trata de un “consejo” ni de una “recomendación”, sino de una “obligación imperiosa”.

Y se dice que es “nuevo”, probablemente, en un eco de lo que los propios discípulos percibieron como “novedad” en el modo de vivir del Maestro, en lagratuidad e incondicionalidad de su amor.

Ese aspecto queda subrayado en el mismo término usado. De las tres palabras con las que podía nombrarse el amor en griego, no se elige “eros”, ni “filia” (amistad), sino “agápe” (amor gratuito).

Y es esa calidad de amor la señal decisiva por la que los discípulos de Jesús habrán de ser reconocidos. Los seguidores de los fariseos se conocían por las filacterias que usaban; los de Juan, por bautizar; los de Jesús, únicamente por el amor.

Como supo expresar admirablemente Pablo, es el amor, y no los milagros ni las obras más abnegadas, la única señal de los cristianos:

“Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como campana que suena o címbalo que retiñe. Y aunque tuviera el don de hablar de Dios y conociera todo los misterios y toda la ciencia; y aunque mi fe fuese tan grande como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy. Y aunque repartiera todos mis bienes a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve” (Primera Carta a los Corintios 13,1-3).

Porque ser discípulo, según el cuarto evangelio, no es el que únicamente “escucha”, sino el que ha optado y vive como el Maestro: eso es seguirlo. Es, por tanto, un servidor (13,15-17), que correrá la misma suerte que el maestro (12,26) y que,permaneciendo en la Unidad reconocida (15,1-4), dará mucho fruto (15,8).

De ese modo, el mandato del amor –no podía ser de otro modo- remite a la Fuente que lo posibilita, al Amor originante que entreteje la Unidad que Es y Somos. En la medida en que comprendamos –y nos dejemos sentir- esa Unidad, trascenderemos las rígidas fronteras del ego, accederemos a un nivel transpersonal de conciencia y el Amor podrá fluir.



Enrique Martínez Lozano
www.enriquemartinezlozano.com

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Domingo V de Pascua: Amo, luego existo


Publicado por Entra y Veras

Cierto que el título nos recuerda al famoso axioma cartesiano "pienso luego existo" pero que visto desde el punto de vista del seguimiento de Jesús marca una premisa ineludible: si no somos capaces de abrir nuestro corazón no podemos hablar de seguimiento.

Leía esta semana en el periódico la crónica de un partido de fútbol. El periodista explicaba cómo sobre el césped no había pasado «nada de nada»: ni juego, ni tiros a puerta, ni goles; sólo aburrimiento al por mayor. Y el redactor deportivo citaba nada menos que una frase de Séneca: «A los que corren en un laberinto, la misma velocidad los confunde».

Tal vez me equivoque, pero tengo la impresión de que, en no pocas ocasiones, este oficio nuestro de ser cristianos lo planteamos y desarrollamos como si se tratara de una carrera de obstáculos en un laberinto de mandamientos y cumplimientos. Y, claro, trotamos más desorientados y confusos que un caballo de cartón en un dédalo de zarzas. No, el terreno de juego que nos presenta Jesús no es un escenario de enredos espinosos. Su reglamento es breve, claro, sencillo, fresco y directo: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». No diré yo que amar es fácil. Pero sí afirmo que, con frecuencia, llenamos nuestra mochila creyente de un montón de cachivaches leguleyos que oscurecen, complican y hasta deforman la transparencia cristalina del «mandamiento nuevo» propuesto por Jesús como “señal” de identidad por la cual se nos reconocerá como discípulos suyos.

«Pienso, luego existo»: es la célebre sentencia que Descartes formuló como cimiento firme capaz de ahuyentar las dudas y sustentar el muro de las verdades. Sin ánimo de entrar en filosofías, bien podemos sostener con certeza este otro principio capital: «Amo, luego existo». No deberíamos marear tanto la perdiz del Evangelio. Si no vamos poniendo amor –paso a paso, ladrillo a ladrillo– en aquello que hablamos, callamos y hacemos, no somos seguidores del camino de Jesús. Aunque ganemos jubileos en santuarios varios, frecuentemos templos y sagrarios o nos santigüemos media docena de veces por minuto.

Es cierto que simple no es lo mismo que simplista. Las realidades importantes –y ninguna hay más esencial que esta del amor– siempre son complejas, ya que constan de numerosos y diversos elementos. Conjugar el verbo amar en la práctica del día a día no es como canturrear la tabla de multiplicar del 1: 1 x 1 = 1; 1 x 2 = 2; 1 x 3 = 3; … Tenía razón Stendhal cuando señalaba: «El amor es semejante a la Vía Láctea en el cielo: un conjunto resplandeciente formado por infinidad de pequeñas estrellas, de las cuales cada una es a menudo una nebulosa». Por eso, seamos realistas. Sabiendo que, en la gramática del amor, realismo no equivale a conformismo. Significa generosidad. Jesús estableció el siguiente criterio: «Como yo os he amado». Es, sin duda, un ideal. Tú corazón y el mío son los que deben dar la talla real. Ésa –y no otra– será nuestra estatura. Si no, nada de nada.

José Manuel Berruete, agustino recoleto.
Parroquia Nuestra Señora de Buenavista (Getafe, Madrid)

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

NO PERDER LA IDENTIDAD


V Domingo de Pascua - Ciclo C (Juan 13, 31-33a. 34-35)
Por José Antonio Pagola

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos míos, me queda poco de estar con vosotros». La comunidad es pequeña y frágil. Acaba de nacer. Los discípulos son como niños pequeños. ¿Qué será de ellos si se quedan sin el Maestro?

Jesús les hace un regalo: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si se quieren mutuamente con el amor con que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.

Por eso, Jesús añade: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros». Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad.

Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la "cultura del intercambio". Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Eric Fromm llegó a decir que "el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea". La gente capaz de amar es una excepción.

Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual. No es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predomina con frecuencia entre nosotros.

Si la Iglesia "se está diluyendo" en medio de la sociedad contemporánea no es sólo por la crisis profunda de las instituciones religiosas. En el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él. Nos falta el distintivo cristiano.

Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Comentarios Biblicos y Pautas Homileticas: V Domingo de Pascua - Ciclo C (Juan 13, 31-33a. 34-35)


"Amaos unos a otros"
Publicado por Dominicos.org

Introducción

La liturgia continúa ofreciéndonos, a través de sus textos, referencias a la vida de las comunidades cristianas primitivas y a su experiencia de la resurrección del Señor. Es, como ya sabemos, el motivo dominante durante todo el tiempo pascual. Y, al hacerlo, nos invita a nosotros a que renovemos o intensifiquemos nuestra fe en el misterio de Pascua. Pues reconocer en la fe la presencia de Cristo en la comunidad creyente, celebrarla y permanecer unidos a él, es la tarea del tiempo de la Iglesia, de nuestro tiempo, de nuestras vidas.



Comentario bíblico

Resurrección es amarse como hermanos

Iª Lectura: Hechos (14,21-27): La Iglesia, comunión de comunidades

I.1. Esta es la descripción del primer viaje apostólico en que Lucas ha resumido la actividad misionera de la comunidad de Antioquía, y de Pablo más concretamente. Durante este primer viaje apostólico se nos presenta a Pablo y a Bernabé trabajando denodadamente por hacer presente el Reino de Dios en ciudades importantes de Cilicia, y de la provincia romana de la Capadocia, al sur de Turquía. En realidad deberíamos tener muy presente los cc. 13-14 de los Hechos, que forman una unidad particular de esta misión tan concreta. Son dignos de destacar los elementos y perfiles de esta tarea, que implica a todos los cristianos, que por el hecho de serlo, están llamados a la misión evangelizadora. Resalta el coraje para anunciar la palabra de Dios y el exhortar a perseverar en la fe. Todo se ha preparado con cuidado, la comunidad ha participado en la elección y, por lo mismo, es la comunidad la que está implicada en esta evangelización en el mundo pagano. Está a punto de terminar el primer viaje apostólico con el que Lucas ha querido resumir una primera etapa de la comunidad primitiva.

I.2. Jerusalén, de alguna manera, había quedado a la espera de este primer ciclo en que ya los primeros paganos se adhieren a la nueva fe. Y es la comunidad de Antioquía, donde los discípulos reciben un nombre nuevo, el de cristianos, la que se ha empeñado, con acierto profético, en abrirse a todo el mundo, a todos los hombres, como Jesús les había pedido a los apóstoles (Hch 1,8). La iniciativa, pues, la lleva la comunidad de Antioquía de Siria, no la de Jerusalén. Pero en definitiva es la “comunidad cristiana” quien está en el tajo de la misión. Ya sabemos que algunos de Jerusalén, ni siquiera veían con buenos ojos estas iniciativas, porque parecían demasiado arriesgadas.

I.3. No obstante, no se debe olvidar el gran protagonista de todo esto: el Espíritu, que se encarga de abrir caminos. Por eso, si no es Jerusalén y los Doce, será Antioquía y los nuevos “apóstoles” quienes cumplirán las palabras del “resucitado”: ¿por qué? porque el mensaje no puede encadenarse al miedo de algunos. En esas ciudades evangelizadas, algunos judíos y sinagogas no aceptarán a éstos con su doctrina, porque todavía pensaban que eran judíos. Pero ni siquiera en la comunidad cristiana de Jerusalén, por parte de algunos, se aprobarán estas iniciativas. Es más, al final de este “viaje” habrá que “sentarse” a hablar y discernir qué es lo que Dios quiere de los suyos. La asamblea de Jerusalén está esperando (Hch 15).



IIª Lectura : Apocalipsis (21,1-5): En Dios, todo será nuevo

II.1. Esta es una lectura grandiosa, porque es una lectura típica de este género literario. Leemos, pues, un texto que tiene todas las connotaciones de la ideología apocalíptica. Tiene toda la poesía de lo utópico y de lo maravilloso. En realidad es algo idílico, no puede ser de otra manera para el “vidente” de Patmos, como para todos los videntes del mundo. Jerusalén, lugar de la presencia de Dios para la religión judía alcanza aquí el cenit de lo que ni siquiera David había soñado cuando conquistó la ciudad a los jebuseos. Todo pasará, hasta lo más sagrado. Porque se anuncia una ciudad nueva, un tabernáculo nuevo, en definitiva una “presencia” nueva de Dios con la humanidad.

II.2. Un cielo nuevo y una tierra nueva, de la que desciende una nueva Jerusalén, que representa la ciudad de la paz y la justicia, de la felicidad, en la línea de muchos profetas del Antiguo Testamento. Se nos quiere presentar a la Iglesia como el nuevo pueblo de Dios, en la figura de la esposa amada, ya no amenazada por guerras y hambre. Es el idilio de lo que Pablo y Bernabé recomendaban: hay que pasar mucho para llegar al Reino de Dios. Dios hará nueva todas las cosas, pero sin que sea necesario dramatizar todo los momentos de nuestra vida. Es verdad que para ser felices es necesario renuncias y luchas. El evangelio nos dará la clave.



III. Evangelio: (13,31-35): La batalla del amor

III.1. Estamos, en el evangelio de Juan en la última cena de Jesús. Ese es el marco de este discurso de despedida, testamento de Jesús a los suyos. La última cena de Jesús con sus discípulos quedaría grabada en sus mentes y en su corazón. El redactor del evangelio de Juan sabe que aquella noche fue especialmente creativa para Jesús, no tanto para los discípulos, que solamente la pudiera recordar y recrear a partir de la resurrección. Juan es el evangelista que más profundamente ha tratado ese momento, a pesar de que no haya descrito la institución de la eucaristía. Ha preferido otros signos y otras palabras, puesto que ya se conocían las palabras eucarísticas por los otros evangelistas. Precisamente las del evangelio de hoy son determinantes. Se sabe que para Juan la hora de la muerte de Jesús es la hora de la glorificación, por eso no están presentes los indicios de tragedia.

III.2. La salida de Judas del cenáculo (v.30) desencadena la “glorificación” en palabras del Jesús joánico. ¡No!, no es tragedia todo lo que se va a desencadenar, sino el prodigio del amor consumado con que todo había comenzado (Jn 13,1). Jesús había venido para amar y este amor se hace más intenso frente al poder de este mundo y al poder del mal. En realidad esta no puede ser más que una lectura “glorificada” de la pasión y la entrega de Jesús. Y no puede hacerse otro tipo de lectura de lo que hizo Jesús y las razones por las que lo hizo. Por ello, ensañarse en la pasión y la crueldad del su sufrimiento no hubiera llevado a ninguna parte. El evangelista entiende que esto lo hizo el Hijo del hombre, Jesús, por amor y así debe ser vivido por sus discípulos.

III.3. Con la muerte de Jesús aparecerá la gloria de Dios comprometido con él y con su causa. Por otra parte, ya se nos está preparando, como a los discípulos, para el momento de pasar de la Pascua a Pentecostés; del tiempo de Jesús al tiempo de la Iglesia. Es lógico pensar que en aquella noche en que Jesús sabía lo que podría pasar tenía que preparar a los suyos para cuando no estuviera presente. No los había llamado para una guerra y una conquista militar, ni contra el Imperio de Roma. Los había llamado para la guerra del amor sin medida, del amor consumado. Por eso, la pregunta debe ser: ¿Cómo pueden identificarse en el mundo hostil aquellos que le han seguido y los que le seguirán? Ser cristiano, pues, discípulo de Jesús, es amarse los unos a los otros. Ese es el catecismo que debemos vivir. Todo lo demás encuentra su razón de ser en esta ley suprema de la comunidad de discípulos. Todo lo que no sea eso es abandonar la comunión con el Señor resucitado y desistir de la verdadera causa del evangelio.

Fray Miguel de Burgos Núñez



Pautas para la homilía

La dramatización de la vida terrena del Señor en la liturgia (vida pública, pasión-muerte, y resurrección) no es, hablando con propiedad, rigurosamente histórica, sino simbólica. De ahí que, a las puertas ya del domingo de la Ascensión, el evangelio de hoy suene a despedida: Jesús dejará de estar “físicamente” con sus discípulos. Y, como en toda despedida, el que se va deja a los que quedan sus palabras más importantes, su testamento: “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros”. Sabemos que estas palabras nos sitúan ante la dimensión central del evangelio. Y, sin embargo...


La sospecha frente al amor cristiano

El pensamiento moderno hace ya tiempo que emitió su veredicto sobre el amor como entraña del evangelio. Con carácter general, Max Weber excluye que sea posible traducir a la vida social las exigencias morales del Sermón de la Montaña: el ethos de la responsabilidad es incompatible con la renuncia a la violencia. El amor al prójimo sólo es pensable en una aplicación individual, lo que en definitiva es tanto como condenarlo a la ineficacia. Con una actitud un punto cínica, Freud rechaza el amor al prójimo como absurdo, como algo que razonablemente a nadie se le puede aconsejar cumplir, y califica de inconcebible el precepto de amar a los enemigos. Y con una frivolidad poco frecuente en el fundador del psicoanálisis, lo que nos indica hasta qué punto su oposición era violenta y visceral, cita unos versos de Taine: “hay que perdonar a los enemigos, pero no antes de su ejecución”.

Pero las sospechas no vienen solo de fuera. Se han dicho tantas cosas, en ocasiones se dicen incluso tantas tonterías sobre el amor a ejemplo de Jesús, que hasta los cristianos podemos sentir cierto rubor en pronunciar simplemente sus palabras. Y algunas de las formas que configuran la experiencia religiosa actual parecen estar pensadas para dar la razón a Max Weber. El horizonte religioso actual está marcado por la búsqueda de una experiencia de proximidad y confianza, de la que parece estar ausente una de las caras de la condición humana: la responsabilidad ante Dios (“Escucha, Israel…”). La paternidad de Dios se reduce a una especie de bondad providente y de este modo la fe solo se mantiene si es útil o gratificante. Sin duda, la experiencia religiosa aporta, también, gratificación. Pero, si no se pasa de ahí, no hay forma de acceder a una relación intersubjetiva, que cree el espacio imprescindible para un amor recíproco y responsable.


Rescatar el fondo de bondad

Decía Paul Ricoeur que la religión sigue manteniendo en nuestra época la misma función que cumplió siempre, y que ninguna otra instancia puede realizar: rescatar el fondo de bondad del ser humano, invitarlo a que aflore a la superficie de la vida, y ofrecerle un marco en el que desplegarse. Tal vez podamos entender por esta vía el mandato del amor. La palabra de Cristo nos invita a introducir en nuestras relaciones con los demás un horizonte más comprensivo que el de nuestras reacciones espontáneas, positivas o negativas. San Pablo lo expresó de manera lacónica en su carta a los Romanos: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien”.

En cierto sentido, podemos decir que sólo el amor nos humaniza, nos vuelve verdaderamente humanos. Hemos instrumentalizado nuestras relaciones, y de cualquier cosa, antes de comprometernos con ella, queremos saber para qué sirve, qué valor tiene, qué puedo hacer con ella. Por esa vía no descubriremos al Jesús de Nazaret que está detrás de estas palabras del evangelio, y con ello habremos cerrado cualquier posibilidad a nuestra vida cristiana. Cito de nuevo a Ricoeur cuando explica que el horizonte de la persona, aquello en que debiéramos centrar nuestra dignidad, integra tres dimensiones: autoestima, solicitud por el otro y afán de vivir en instituciones justas. La situación cultural de hoy parece querer limitar el horizonte subjetivo a la autoestima y a ese ámbito restringido de lo mío y de los míos que se expresa en una retracción al familismo primario y a la tribu. De nuevo, la gratificación de nuestros deseos. En cambio, si nos colocamos en el camino de Jesús y orientamos nuestro corazón hacia Dios, nos sentiremos animados a salir de nosotros mismos con la confianza, no de perdernos ni de perder nuestra identidad, sino de sentirnos promovidos a la responsabilidad moral de crear alrededor nuestro más humanidad.


Para concluir…


Unas palabras, para concluir, de Fray Luis de Granada. Cuando trata, en su Guía de Pecadores, "de lo que el hombre debe hacer para con el prójimo", comienza apoyándose en la afirmación de San Pablo: "el que ama a su prójimo tiene cumplida la ley". "Con tanto, advierte fray Luis, que este amor no sea desnudo y seco, sino acompañado de todos los efectos y obras que del verdadero amor se suelen seguir"…: "debajo de este nombre de amor (entre otras muchas obras), se encierran señaladamente estas seis, conviene saber: amar, aconsejar, socorrer, sufrir, perdonar y edificar". Ninguna empresa incluiría estas categorías entre sus objetivos, en su presupuesto o en sus balances. Valoremos las distancias.

Fray Bernardo Fueyo Suárez

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Mayo: Cultiva la amistad


Publicado por Entra y Veras

Sin amigos dificilmente se puede vivir. Cultivar la amistad es una de las tareas ineludibles para el ser humano. Te ofrecemos algunas condiciones a tener en cuenta.

Una de las primeras habilidades sociales que desarrollamos en la escuela es la de la amistad. Aprendemos a relacionarnos con otros compañeros y vamos forjando una amistad, en algunos casos tan intensa que se prolonga a lo largo de toda la vida. Aquí tienes algunas pistas para cultivar la amistad:

•Adoptar una actitud de generosidad, disponibilidad, entrega; abrirse y vibrar con el otro, manifestarse de forma veraz, sincera que de manera que genere fe, confianza, fidelidad. algo más que el mero aguante y haga posible el diálogo y la confidencia.

•Relacionarse de forma paciente ajustándose a los ritmos naturales de maduración. No se puede acelerar según el propio antojo.

•Comportarse de forma cordial, con ternura para evitar roces poniendo un halo de paz y amparo.

•Tratar al otro con respeto, que implica estima, aprecio sin pretender dominar pidiendo recrear siempre la relación.

•Ser comprensivo sin precipitación de actitudes y contemplar desde fuera para no juzgar.

•Ejercitar la imaginación creadora a fin de adivinar los ideales que el otro posee, pues hay cosas que sólo se intuyen y difícilmente se expresan.

Desde aquí se abre un inmenso campo y donde se conjuga la meta común; una relación estable y firme, que va más allá de un verano y donde como verdadero amor se puede decir con Gabriel Marcel: «Amar a una persona es decirle: Tú no morirás nunca». Esto perfecciona porque configura ideal de unidad, vocación y misión. La amistad es ante todo una filigrana de encuentro, que convierte en vergel el desierto, la muerte un tránsito hacia el hogar definitivo y el cosmos pierde su frialdad porque en algún asteroide vive un amigo. La amistad es el mejor antídoto contra la soledad y el alejamiento.

En toda situación, la amistad colma nuestra vida de sentido porque nos encamina hacia la realización del ideal. En verdad, “todas las glorias de este mundo no valen lo que un buen amigo” (Voltaire), porque “la amistad es lo más importante de la vida” (Aristóteles). “Si la amistad desapareciera de la vida, sería lo mismo que si se apagara el sol, porque nada mejor ni más delicioso hemos recibido de los dioses inmortales”.

Feliz mes de mayo

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto.
Colegio San Agustín (Valladolid, España)

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Evangelio Misionero del Día: Domingo 2 de Mayo de 2010 - QUINTO DOMINGO DE PASCUA

Tu Amor alegra mi corazón

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 13, 31-33a. 34-35

Durante la Última Cena, después que Judas salió, Jesús dijo:
Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado
y Dios ha sido glorificado en Él.
Si Dios ha sido glorificado en Él,
también lo glorificará en sí mismo,
y lo hará muy pronto.
Hijos míos
ya no estaré mucho tiempo con ustedes.
Les doy un mandamiento nuevo:
ámense los unos a los otros.
Así como Yo los he amado,
ámense también ustedes los unos a los otros.
En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos:
en el amor que se tengan los unos a los otros.

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

¿Qué papel juega el amor en la vida del cristiano? Estamos muy acostumbrados a oír machaconamente en toda predicación de la Iglesia que nos debemos amar los unos a los otros. Es natural. Porque es el primer mandamiento del Señor, el más importante, el que lo resume todo. Y el Evangelio de hoy nos lo recuerda una vez más:
- Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Os tenéis que amar los unos a los otros como os he amado yo.
Es imposible hablar más claro.
Y Jesús nos da una razón estimulante y comprometedora a la vez, cuando añade:
- En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros.
Es una razón estimulante. Porque ¿quién no quiere aparecer como cristiano? ¿Quien se niega a llevar el uniforme de Cristo? ¿Quién no quiere ser testigo de la fe? ¿Quién es el que esconde cobarde su condición de seguidor de Jesucristo? No hay uno que no presuma de semejante gloria. Entonces, ¿puede dejar de ponerse el uniforme que lo distingue y señala?
Es comprometedora también la razón que Cristo nos da. Porque no se trata sólo de aparecer cristianos, sino de serlo. ¿Amo a mi hermano? Soy de Cristo... ¿No lo amo? Dejo de ser de Cristo... Y esto es muy serio.
Como se ve, este precepto del Señor, y este amor fraterno, nos constituyen en sacramentos de Cristo.
Esto no es ninguna exageración, sino la gran realidad cristiana. Lo vemos por el significado que tiene la palabra sacramento.
¿Qué es un sacramento en lenguaje cristiano? Sacramento es un signo que indica otra cosa diferente de lo que se ve. Cuando usted ve la bandera de la Patria, ve un asta y una tela de colores combinados. No es más. Pero, ¿a que usted no se atreve a rasgarla o ensuciarla en público? Por el contrario, ¿a que usted se cuadra delante de ella y la saluda con respeto? Y todo, porque esa tela es el signo de la Patria.
La palabra sacramento la hemos reservado para los signos religiosos, y por eso decimos que los cristianos somos sacramentos de Cristo.
Quien nos ve amarnos, piensa en Jesucristo sin más.
Porque nuestro amor nace de Jesucristo, nos une en Jesucristo, y nos empuja a hacer los sacrificios más heroicos, en favor del hermano, por amor a Jesucristo.
La mujer que señaló como nadie el siglo veinte, la Madre Teresa del Calcuta, lo dijo con frase lapidaria e inmortal: Nuestro compromiso no es con los pobres, sino con Jesucristo.
Y ella, amando a Jesucristo, amó como nadie a los pobres. Y amando a los pobres, hizo que el mundo reconociese en ella y en sus Misioneras a Jesucristo.
La Madre Teresa fue un sacramento de Jesucristo.
Y, como la Madre Teresa, lo somos cada uno de nosotros cuando sabemos amar a los demás.
El amor que tenemos a los demás no es amor al prójimo, como decimos tantas y tantas veces. Es, ante todo, amor a Jesucristo, del cual se deriva, como el agua de la fuente hacia el río, el amor que tenemos a los demás. Es cierto que cada hombre, por ser un hombre, por ser una mujer, por ser una persona, merece todo el respeto y todo el amor. Pero si nuestro amor al hombre no tiene un fundamento más fuerte que el
meramente natural, puede ser un amor débil. El amor fuerte es el que se fundamenta en Jesucristo.
Pero, el Evangelio de hoy ha comenzado con otras palabras del Señor, que dijo misteriosamente:
- Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado, y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará por su parte, y lo glorificará muy pronto.
Palabras misteriosas, pero que no es difícil entender. Es como si Jesús nos hubiera dicho: Yo voy a glorificar a Dios con mi pasión y mi muerte. Con ellas reconozco su santidad y su justicia infinitas. Por eso le obedezco hasta la muerte de cruz. Y ahora va a venir el Padre y me va a glorificar a mí bien pronto: moriré, pero me va a resucitar y a colocar en su gloria, con el mismo poder y majestad que Él tiene como Dios.
¿Qué ocurre entonces? Que Jesucristo ha sido en la tierra el sacramento del Padre. Quien ve a Jesucristo, ha visto a Dios.
Dichas estas palabras, ha añadido Jesús aquellas otras:
- En esto conocerán todos que sois míos, en que os amáis los unos a los otros. Así como yo soy el sacramento del Padre, vosotros sois mi sacramento cuando os amáis mutuamente.
Según estas palabras de Jesucristo, ¿no es verdad que somos grandes cuando amamos?
¿Nos damos cuenta de que el amor a los hermanos es el carro que lleva por el mundo el nombre y la gloria del Señor?
¡Señor Jesucristo!
El mundo no es de los fuertes que lo dominan con las armas, sino de los que saben amar.
Por eso el mundo es tuyo, porque has amado como nadie.
¿Aprenderé yo a conquistar corazones? Si amo, todos me amarán a mí, ciertamente. Pero, al amarme a mí, no será para mí su amor. En mí, sacramento tuyo, te adivinarán a ti, y yo te habré recogido una buena cosecha de corazones...

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Lecturas y Liturgia de las Horas: Domingo 2 de Mayo de 2010


DOMINGO QUINTO DE PASCUA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 14, 21b-27

Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.
En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído.
Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir.
A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 144, 8-13a

R. Bendeciré tu Nombre eternamente,
Dios mío, el único Rey.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas. R.

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder. R.

Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre. R.


Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la carpa de Dios entre los hombres: Él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será con ellos su propio Dios. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó».
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas».

Palabra de Dios.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 13, 31-33a. 34-35

Durante la Última Cena, después que Judas salió, Jesús dijo:
Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado
y Dios ha sido glorificado en Él.
Si Dios ha sido glorificado en Él,
también lo glorificará en sí mismo,
y lo hará muy pronto.
Hijos míos
ya no estaré mucho tiempo con ustedes.
Les doy un mandamiento nuevo:
ámense los unos a los otros.
Así como Yo los he amado,
ámense también ustedes los unos a los otros.
En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos:
en el amor que se tengan los unos a los otros.

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO PASCUAL
DOMINGO DE LA SEMANA V
Del Propio del tiempo. Salterio I

2 de mayo

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: ESTABA AL ALBA MARÍA

Estaba al alba María,
llamándole con sus lágrimas.

Vino la Gloria del Padre
y amaneció el primer día.
Envuelto en la blanca túnica
de su propia luz divina
-la sábana de la muerte
dejaba en tumba vacía-,
Jesús, alzado, reinaba;
pero ella no lo veía.

Estaba al alba María,
la fiel esposa que aguarda.

Mueva el Espíritu al aura
en el jardín de la vida.
Las flores huelan la Pascua
de la carne sin mancilla,
y quede quieta la esposa
sin preguntas ni fatiga.
¡Ya está delante el esposo,
venido de la colina!

Estaba al alba María,
porque era la enamorada. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. El que tenga sed que venga a beber de balde el agua de la vida. Aleluya.

SALMO 62, 2-9 - EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El que tenga sed que venga a beber de balde el agua de la vida. Aleluya.

Ant. 2. Adorad al Señor que ha creado el cielo y la tierra, el mar y las fuentes del agua. Aleluya.

Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR - Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. Adorad al Señor que ha creado el cielo y la tierra, el mar y las fuentes del agua. Aleluya.

Ant. 3. Los fieles festejan la gloria del Señor. Aleluya.

Salmo 149 - ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Los fieles festejan la gloria del Señor. Aleluya.

LECTURA BREVE Hch 10, 40-43

Dios resucitó a Jesús al tercer día e hizo que se apareciese no a todo el pueblo, sino a nosotros, que somos los testigos elegidos de antemano por Dios. Nosotros hemos comido y bebido con él, después que Dios lo resucitó de entre los muertos. Y él nos mandó predicar al pueblo y atestiguar que ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos. De él hablan todos los profetas y aseguran que cuantos tengan fe en él recibirán por su nombre el perdón de sus pecados.

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.

V. Tú que has resucitado de entre los muertos.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.


CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: en que tenéis caridad unos con otros. Aleluya.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: en que tenéis caridad unos con otros. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, autor de la vida, a quien Dios resucitó de entre los muertos, quien por su poder nos resucitará también a nosotros, y digámosle:

Cristo, vida nuestra, sálvanos.

Cristo, luz esplendorosa que brillas en las tinieblas, rey de la vida y salvador de los que han muerto,
concédenos vivir hoy en tu alabanza.

Señor Jesús, que anduviste los caminos de la pasión y de la cruz,
concédenos que, unidos a ti en el dolor y en la muerte, resucitemos también contigo.

Hijo del Padre, maestro y hermano nuestro, tú que has hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes,
enséñanos a ofrecer con alegría nuestro sacrificio de alabanza.

Rey de la gloria, esperamos anhelantes el día de tu manifestación gloriosa,
para poder contemplar tu rostro y ser semejantes a ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Dirijámonos ahora al Padre con las palabras que el Espíritu del Señor resucitado pone en nuestra boca:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que nos has enviado la redención y concedido la filiación adoptiva, protege con bondad a los hijos que tanto amas, y concédenos, por nuestra fe en Cristo, la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



---------------------------------------

II VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: AL FIN SERÁ LA PAZ Y LA CORONA

Al fin será la paz y la corona,
los vítores, las palmas sacudidas,
y un aleluya inmenso como el cielo
para cantar la gloria del Mesías.

Será el estrecho abrazo de los hombres,
sin muerte, sin pecado, sin envidia;
será el amor perfecto del encuentro,
será como quien llora de alegría.

Porque hoy remonta el vuelo el sepultado
y va por el sendero de la vida
a saciarse de gozo junto al Padre
y a preparar la mesa de familia.

Se fue, pero volvía, se mostraba,
lo abrazaban, hablaba, compartía;
y escondido la Iglesia lo contempla,
lo adora más presente todavía.

Hundimos en sus ojos la mirada,
y ya es nuestra la historia que principia,
nuestros son los laureles de su frente,
aunque un día le dimos las espinas.

Que el tiempo y el espacio limitados
sumisos al Espíritu se rindan,
y dejen paso a Cristo omnipotente,
a quien gozoso el mundo glorifica. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Resucitó el Señor y está sentado a la derecha del Padre. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 - EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Resucitó el Señor y está sentado a la derecha del Padre. Aleluya.

Ant. 2. Nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo. Aleluya.

Salmo 113 A - ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO; LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo. Aleluya.

Ant. 3. Aleluya. Reina el Señor, nuestro Dios: alegrémonos y démosle gracias. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO - Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que les teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Aleluya. Reina el Señor, nuestro Dios: alegrémonos y démosle gracias. Aleluya.

LECTURA BREVE Hb 10, 12-14

Cristo, habiendo ofrecido un solo sacrificio en expiación de los pecados, está sentado para siempre a la diestra de Dios, y espera el tiempo que falta «hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies». Así, con una sola oblación, ha llevado para siempre a la perfección en la gloria a los que ha santificado.

RESPONSORIO BREVE

V. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.
R. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.

V. Y se ha aparecido a Simón.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Os doy el mandato nuevo: que os améis mutuamente como yo os he amado. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Os doy el mandato nuevo: que os améis mutuamente como yo os he amado. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, el Señor, que murió y resucitó por los hombres, y ahora intercede por nosotros, y digámosle:

Cristo, rey victorioso, escucha nuestra oración.

Cristo, luz y salvación de todos los pueblos,
derrama el fuego del Espíritu Santo sobre los que has querido fueran testigos de tu resurrección en el mundo.

Que el pueblo de Israel te reconozca como el Mesías de su esperanza
y la tierra toda se llene del conocimiento de tu gloria.

Consérvanos, Señor, en la comunión de tu Iglesia
y haz que con todos nuestros hermanos obtengamos el premio y el descanso de nuestros trabajos.

Tú que has vencido a la muerte, nuestro enemigo, destruye en nosotros el poder del mal, tu enemigo,
para que vivamos siempre para ti, vencedor inmortal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Cristo Salvador, tú que te hiciste obediente hasta la muerte y has sido elevado a la derecha del Padre,
recibe en tu reino glorioso a nuestros hermanos difuntos.

Unamos nuestra oración a la de Jesús, nuestro abogado ante el Padre, y digamos como él nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que nos has enviado la redención y concedido la filiación adoptiva, protege con bondad a los hijos que tanto amas, y concédenos, por nuestra fe en Cristo, la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


------------------------------------

COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: EN TI, SEÑOR, REPOSAN NUESTRAS VIDAS

En ti, Señor, reposan nuestras vidas
en el descanso santo de la noche;
tú nos preparas para la alborada
y en el Espíritu Santo nos acoges.

En apartadas y lejanas tierras
el sol ha despertado las ciudades;
amigo de los hombres, ve sus penas
y ensancha de tu amor los manantiales.

Vencedor de la muerte y de las sombras,
Hijo eterno de Dios, resucitado,
líbranos del peligro de la noche
al dormirnos confiados en tus brazos. Amén.

SALMODIA

Ant. Aleluya, aleluya, aleluya.

Salmo 90 - A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.»

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.

Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Aleluya, aleluya, aleluya.

LECTURA BREVE Ap 22, 4-5

Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. Aleluya.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. Aleluya.

ORACIÓN

OREMOS,
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Reina del cielo, alégrate, aleluya,
porque Cristo,
a quien llevaste en tu seno, aleluya,
ha resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

1 de Mayo, Huelga Universal


Publicado por El Blog de X. Pikaza

Mi primer recuerdo del 1 de Mayo se remonta al 1953. Íbamos a clase, pues no era festivo en la España franquista, contraria a todo lo que pudiera oler a comunismo o a derecho de los trabajadores. Un compañero algo mayor, de familia obrera de Durango, nos paró en el camino y nos dijo: ¡Hoy no es día de clase, es día de huelga! Todos los trabajadores del mundo han de unirse, para que haya justicia, para no trabajar como se hacen ahora los obreros, sino para el bien de todos… porque los trabajadores tienen que conquistar y gobernar el mundo.

Nosotros también teníamos que hacer huelga. ¡No vamos a clase, vamos a protestar, vamos a gritar a la Plaza de Santa María! Así nos dijo, y nos enseñó una foto vieja, de un 1 de Mayo en USA, como la de arriba, en los principios de la fiesta de los trabajadores. Pero un hombre muy serio que pasaba con mono por la acera, nos oyó se paró y nos dijo: ¡Chavales, a clase, que puede haber tiros, hoy no podemos, cuando seáis mayores vosotros haréis esa huelga!

No la hicimos entonces (¡ni nunca después la hicimos de verdad!), pero hoy, pasados 57 años, me gusta recordar aquel día y proponer, aunque sólo sea en un medio virtual como este blog, una huelga universal de vida, al servicio de la humanidad: huelga de trabajo digno y solidario, de trabajo en igualdad fundamental para todos los seres humanos, de trabajo al servicio de la “huelga” (¡que es el holgar, el gozar, que es el juego y el amor, la solidaridad con un mundo inmenso y pequeño que nos da la vida!

Esta huelga que propongo recoge la historia de muchos años posteriores. ¡Desde aquel día han pasado tantos unos de Mayo! He conocido el Uno de Mayo del franquismo posterior con folklore de trabajadores domesticados…; y el Uno de Mayo de la URRS con paradas militares de trabajadores soldados…; y el Uno de Mayo de San José Operario, teñido de una piedad esquiva. De un modo especial recuerdo el Uno de Mayo del 1968 en Roma, con el aliento de la revolución de miles de estudiantes y obreros…
Y ahora, año 2010, cuando el problema en nuestro mundo no es el trabajo sino el paro (que puede llegar a los cinco millones en España), cuando han crecido los retos de la desigualdad mundial, y la URRS no existe, ni el folklore franquista, ni San José Operario, ni comunistas italianos como aquellos del 68, me atrevo a presentar una página de mi libro El Camino de la Paz, sobre la Huelga Universal al Servicio de un mundo solidario.

1 de Mayo, día universal de huelga al servicio de la paz humana

El Uno de Mayo es día bueno para ofrece una especie de manifiesto al servicio de la “conversión de Reino” (cf. Mc 1, 14-15), tomando una decisión radical, de forma que el capital y el trabajo se pongan al servicio del hombre y así pueda surgir, por primera vez en la historia de loa hombres, un tipo de abundancia universal, gozosa. Ese cambio no es fácil, como ha puesto de relieve el fracaso (al menos relativo) de las revoluciones marxistas, que han querido superar el modelo de economía capitalista… y el fracaso del capitalismo actual, que nos ha metido en la Gran Crisis.

Hasta ahora, en los últimos milenios y de un modo especial en los dos siglos finales, la economía dominante ha estado marcada por el dominio del capital y el mercado, que han impuesto su dictado desde arriba sobre el conjunto de los hombres y la tierra, al servicio del sistema. Del único mundo (one world), que nos precedía y engendraba, con sus signos divinos, como madre providente, hemos pasado al único mercado (one market), que nosotros mismos instauramos, como dioses pequeños, dispuestos a comprarlo y a venderlo todo (como decía Kant). Nada se hereda y comparte gratuitamente, todo se compra y se vende. Pues bien, en ese contexto, el evangelio de Jesús implica una ruptura radical de gracia y debe expresarse a través de una fuerte decisión económica.

En este mundo “viejo” se ha podido decir que los bienes básicos de una población (o de la humanidad) no son los naturales (recibidos de forma gratuita), sino los producidos de manera técnica y comprados a través del único mercado, que regula desde arriba (por imposición) los recursos y bienes de la humanidad. De esa forma hemos pasado de la naturaleza madre a la empresa madrastra, dirigida por el capital y dominada mercado. La madre naturaleza regalaba a todos sol y lluvia (cf. Mt 5, 46 par), pero la industria y el mercado ofrecen casi todo muy pocos y casi nada a muchos. Con su sabiduría natural, la tierra había mantenido hasta el momento su oferta y así hemos nacido y crecido en ella, a pesar de nuestras violencias. Pero el mercado que nosotros hemos producido puede necesitar la muerte de miles de millones de personas, a no ser que cambiemos su estructura actual. En ese contexto se inscribe la “decisión” de Jesús, la tarea del Reino.

Como he dicho, las revoluciones marxistas de principios y mediados del siglo XX han fracasado (por errores propios y por presiones ajenas) dejando en la actualidad un vacío, con la sensación de que nada se puede cambiar, pues el nuevo capitalismo lo ha dominado todo. Pues bien, ese nuevo capitalismo está en crisis (año 2010), de manera que son muchos los que piensan que no puede haber una revolución económica, sino que estamos condenados a la guerra permanente y la ruina de mercados, en contra de lo que había supuesto la gran Ilustración del siglo XIX y XX.

En este momento son muchos los que piensan que para evitar el colapso de la economía (con el riesgo que implica para miles de millones de personas), debemos realizar una profunda inversión (cambio de rumbo), de manera que el capital se ponga al servicio de los hombres, no en línea de compra/venta, sino de comunicación personal. Para ello debemos iniciar una “salida” y protesta, es decir, tomando la decisión de declarar una huelga general (universal), contra las leyes y normas del capital y del mercado, dejando de colaborar con el sistema y abandonando la “ciudad de opresión” (como pedía Mc 13, 14 y Ap 18, 4).

No se trata de tomar el poder económico/político para cambiarlo (como quiso Lenin en Rusia, el año 1917), sino de superar nuestro tipo de poder económico y trabajo , a través de un rechazo (una salida), al modo de Jesús, no para dejar de trabajar o para pedir simplemente salarios más altos (cosa que ha sido a menudo conveniente), sino para abrir nuestra mente y corazón a otros valores, para trabajar de una forma distinta y producir de otra manera, al servicio de los hombres (los pobres) y no del mercado capitalista o de la seguridad militar.
No será una huelga contra nadie, sino a favor de todos, desde los más pobres, en la línea de los itinerantes de Jesús, campesinos sin campo ni trabajo, que se unían para compartir, iniciando una nueva solidaridad y comunicación, para curar a los ricos. No será huelga para romper máquinas e incendiar casas o cosechas, sino para poner máquinas/casas/cosechas al servicio de todos, una huelga sanadora que pueda transformar incluso a los antiguos propietarios (¡capitalistas!). Sólo así podrá lograr una nueva economía mundial, que no esté al servicio del Imperio (capital, mercado), sino de todos los hombres y pueblos, empezando por los pobres, en una línea de paz.

Será una economía de caminos múltiples, que ha de expresarse como espacio de encuentros abiertos, como una red donde todos puedan introducirse, cada uno con sus peculiaridades y sus aportaciones. Tendremos que pasar de una estructura piramidal y jerárquica del capital, que impone su dictado, a una visión multi-polar del trabajo (producción) y del mercado (distribución), donde cada uno pueda recibir lo que necesita y ofrecer lo que pueda, en actitud de concordia universal (cf. Hech 2, 44-45), recreando en una perspectiva más alta la intuición primera del amor: lo que es bueno para otros lo será también para nosotros.

Este cambio sólo puede hacerse desde abajo, no desde el capital (pues capital y mercado, en su forma actual, dominan todo) e implica un tipo de ruptura (huelga). En contra de ese capital/mercado de la actualidad, surgirá un modelo de trabajos e intercambios múltiples, unidos entre sí, creando interconexiones gratuitas, al servicio de todos, de manera que, conforme a su significado, el mercado no será institución de compra/venta, sino espacio de merced (mercy). El modelo actual pone en riesgo la vida de los hombres y mujeres, sometiendo a su dictado a todos los pueblos y personas. Sólo un modelo de economía de centros múltiples, guiada por el gozo de la producción himanizadora y la comunicación (gratuita), hará posible el surgimiento de una sociedad de interacciones múltiples, superando el riesgo de guerra en que actualmente nos hallamos. Ciertamente, la solución de los problemas de la humanidad no es sólo económica, pero sin una nueva economía, al servicio de todos los hombres, a partir de los más pobres, seguiremos en riesgo de guerra.

Para que ese riesgo cese debe cambiar el modelo actual de economía del sistema y eso sólo se puede conseguir haciendo que ella “suba de nivel” a través de una mutación humana como la de Jesús. Eso significa que tenemos que abandonar el trabajo al servicio del sistema (como lo abandonaron los primeros seguidores de Jesús), no por rechazo destructor (quemando las mieses, derribando las fábricas, matando a los propietarios…), como a veces se ha hecho, sino creando formas de economía alternativa, en la línea del pacto y simbiosis de los itinerante y sedentarios del tiempo de Jesús.

Esa “huelga” universal se parece a la que hicieron los primeros cristianos, creando comunidades alternativas de comunicación económica y social, que no sigan sin más el modelo comunista, ni introduzcan unos simples retoques en el capitalismo, sino que ofrezcan nuevos modelos de comunicación laboral y personal, para el bien de todos. Ciertamente, Jesús no vino a cambiar el tipo exterior de economía en cuanto tal, pero su propuesta (su gran “huelga” evangélica), vinculada a los campesinos sin campo y desplegada a modo de movimiento mesiánico, puede y debe ser principio de transformación económica. Algunos teólogos (y economistas) afirman que la revelación de Dios (fe) y la economía (vida material) deben separarse.

En contra de eso, afirmamos que las bienaventuranzas y el mensaje de evangelización de los pobres (cf. Mt 11, 2-4) forma parte esencial del evangelio y que en su fondo hay una experiencia y exigencia de transformación económica. La paz no depende sólo de la economía, pero sin una nueva economía al servicio de la comunión humana, no podrá haber paz sobre la tierra.

Esta propuesta asume algunos elementos del programa de Benedicto XVI, Caritas in Veritate (2009), pero es mucho más radical, pues no quiere un retoque por pacto entre el mercado y los estados (políticos), sino una “conversión e inversión” radical, con “huelga universal” económica, en la línea ya indicada.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA