NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

jueves, 31 de julio de 2008

Novena a San Cayetano: DÍA CUARTO

01 de Agosto

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

Omnipotente y sempiterno Dios, que hiciste que San Cayetano confiando en vuestra Providencia despreciara las cosas de la tierra y se viera enriquecido con abundantes bienes celestiales; concedednos que los que imploramos los efectos de vuestra admirable Providencia seamos socorridos en nuestras necesidades por su intercesión. Os lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Glorioso Protector mío San Cayetano que fuisteis acérrimo defensor de la Fe contra todos los embates de la herejía descubriendo con destreza el virus, emponzoñado del error; haced que apreciemos el don inestimable de la fe, sin la cual es imposible agradar a Dios, y rechacemos con prontitud y firmeza todas las sutilezas del error. Amén


Oraciones Finales

ORACIÓN I

¡Oh glorioso San Cayetano Padre de la Providencia!, no permitas que en mi casa me falte la subsistencia y de tu liberal mano una limosna te pido en lo temporal y humano.

¡Oh glorioso San Cayetano!, Providencia, Providencia, Providencia.

(Aquí se pide la gracia que se desea conseguir)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jaculatoria. Glorioso San Cayetano, interceded por nosotros ante la Divina Providencia.

__________

ORACIÓN II

¡Oh glorioso San Cayetano! Aclamado por todas las Naciones; Padre de Providencia, porque con portentosos milagros socorres a cuantos te invocan con fe en sus necesidades. Te suplico me obtengas del Señor oportuno Socorro en las angustias presentes y sea ello prueba de la bienaventuranza eterna. Amén.

Santísima Trinidad ¡Oh Divina Providencia! Concédeme tu clemencia, por tu infinita bondad, arrodillado a tus plantas, a Ti portento de toda caridad, te pido por los míos casa, vestido y sustento.

Concédenos la salud, llévanos por buen camino, que sea siempre la virtud que guie nuestro destino. Tú eres toda mi esperanza, eres el consuelo mío, en Ti creo, en Ti confío. Tu Divina Providencia se extienda a cada momento para que nunca nos falte casa, vestido, sustento y los Santos Sacramentos en el último momento.

__________

ORACIÓN III

Glorioso San Cayetano, aclamado por todos los pueblos padre de providencia porque socorres con grandes milagros a cuantos te invocan en sus necesidades: acudo a tu altar, suplicando que presentes al Señor los deseos que confiadamente deposito en tus manos.

(Aquí se expresan las gracias que se desea obtener)

Haz que estas gracias, que ahora te pido, me ayuden a buscar siempre el Reino de Dios y su Justicia, sabiendo que Dios (que viste de hermosura las flores del campo y alimenta con largueza las aves del cielo) me dará las demás cosas por añadidura. Amén.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Liturgia y Lecturas del Día: Viernes 01 de Agosto de 2008

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO,
OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

(MEMORIA OBLIGATORIA)



MISA: “Aleluya”, sin “Gloria” ni “Credo” / Oraciones propias [686] / Prefacio de los santos Pastores [491] Leccionario IV: Jr 26, 1-9; Sal 68, 5. 8-10. 14 [681]; Mt 13, 54-58 [419].

LITURGIA DE LAS HORAS: Tomo III / Los salmos y sus antífonas se toman del “Viernes I” del Salterio [848] / La 2ª lectura del Oficio y la oración conclusiva son propias [1573] / La 1ª lectura del Oficio (“Año II”) del miércoles XVII del T. Ordinario [637] / Todo lo demás del Común de pastores [1714], de doctores de la Iglesia [1739] o del “Viernes I” del Salterio [847].

LECTURAS

Lectura del libro de Jeremías 26, 1-9

Al comienzo del reinado de Joaquím, hijo de Josías, rey de Judá, llegó esta palabra a Jeremías, de parte del Señor:
«Así habla el Señor: Párate en el atrio de la Casa del Señor y di a toda la gente de las ciudades de Judá que vienen a postrarse en la Casa del Señor todas las palabras que Yo te mandé decirles, sin omitir ni una sola. Tal vez escuchen y se conviertan de su mal camino; entonces Yo me arrepentiré del mal que pienso hacerles a causa de la maldad de sus acciones. Tú les dirás: Así habla el Señor: Si ustedes no me escuchan ni caminan según la Ley que Yo les propuse; si no escuchan las palabras de mis servidores los profetas, que Yo les envío incansablemente y a quienes ustedes no han escuchado, entonces Yo trataré a esta Casa como traté a Silo y haré de esta ciudad una maldición para todas las naciones de la tierra».
Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías mientras él pronunciaba estas palabras en la Casa del Señor, Y apenas Jeremías terminó de decir todo lo que el Señor le había ordenado decir al pueblo, los sacerdotes y los profetas se le echaron encima, diciendo: «¡Vas a morir! Porque has profetizado en nombre del Señor, diciendo: Esta Casa será como Silo, y esta ciudad será arrasada y quedará deshabitada».
Entonces todo el pueblo se amontonó alrededor de Jeremías en la Casa del Señor.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 68, 5. 8-10. 14


R. ¡Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor!

Más numerosos que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin motivo;
más fuertes que mis huesos,
los que me atacan sin razón.
¡Y hasta tengo que devolver lo que yo no he robado! R.

Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
me convertí en un extraño para mis hermanos,

fui un extranjero para los hijos de mi madre:
porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian. R.

Pero mi oración sube hasta ti, Señor,
en el momento favorable:
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,
sálvame, por tu fidelidad. R.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 54-58

Al llegar a su pueblo, Jesús se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.
«¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?»
Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia» .
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

Palabra del Señor

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: "Compartir el pan"

Nos encontramos hoy con uno de los relatos evangélicos claves en el proyecto de Jesús redactado en forma de milagro, un género literario muy usado en la época. No todos los relatos bíblicos están en los cuatro evangelistas; algunos se encuentran únicamente en los sinópticos (Mt, Mc y Lc), otros sólo Juan, algunos son propios de cada evangelista y unos pocos relatos están en los cuatro evangelios, entre ellos el relato de Mateo que hoy leemos. Marcos y Mateo lo narran además dos veces cada uno; en total hay 6 narraciones de este mismo acontecimiento. Esto no es casualidad.

Más que un momento puntual en la vida de Jesús, el presente relato abarca toda su vida, su trabajo, el desarrollo de su ministerio público, su dimensión ético social, lo que en filosofía latinoamericana llamamos se llama la praxis histórica.

Jesús buscó un lugar desierto y apartado. A Juan el Bautista lo habían asesinado y no había un buen ambiente para estar a la luz pública; en estos momentos duros de persecución los seres humanos sentimos que ánimos se bajan y es preciso la reflexión y la oración, a fin de llenarnos de la fuerza y la sabiduría de Dios para enfrentar la realidad. La gente, que veía en Jesús una luz de esperanza para sus vidas, lo siguió caminando desde las ciudades. No lo siguieron en carruajes o en caballos, ni siquiera en burro. ¡Se fueron caminando! Se trataba de gente pobre, hambrienta y enferma, no se sabe qué tipo de enfermedad, pero sabemos que la enfermedad representa las fuerzas que no nos permiten vivir en libertad y desarrollarnos con nuestras plenas facultades humanas.

Y dice el texto que Jesús los sanó. Una buena oportunidad para un pantallazo, el escenario perfecto para ganar adeptos vendiendo ilusiones a la gente, como solemos ver cada día tantos oportunistas entre nuestras barriadas.

¡Una imagen vale más que mil palabras! Un pantallazo en tiempo de elecciones vale más que mil razones. No es raro ver a nuestros gobernantes, sobre todo cuando están en campaña, repartir personalmente y ¡claro!, ante las cámaras, bonos de alimentación, becas para estudio de niños pobres, préstamos flexibles para madres cabeza de hogar, dotación para las escuelitas públicas, y otros “regalos”, que lo pudieran hacer los directos encargados de las diferentes dependencias. Así se evitaría tanta aglomeración, confusión y el desplazamiento desde la capital. Pero el impacto en imagen que produce un “Papá Noel” es muy grande, así la alegría dure poco. La escena se repetirá cuando sea necesario otro golpe de opinión. Jesús, dice el texto, actuó movido por la compasión; ese fue el motor que lo impulsó para su predicación y para toda su obra, no actuó para ganar adeptos ni por ovación del respetable público que hoy aplaude y mañana condena.

“Despide la multitud para vayan a las aldeas y compren de comer”, dijeron sus discípulos. Los curas a las sacristías, se le oyó decir hace unos años a un ilustre ministro. A la Iglesia le corresponde lo espiritual y a la gente del mundo lo material pues los sacerdotes son los médicos de las almas, dicen otros despistados. Es más fácil y menos peligroso hablarles de las llamadas verdades eternas: el cielo, el infierno y el purgatorio; de cómo tener unas almas limpias de todo pecado para alcanzar el cielo, y de los dogmas “probados”, seguros e infalibles, que del día a día y nuestro compromiso ético social con la construcción de la historia, donde, como cualquier mortal, nos podemos equivocar y además meter en problemas. Siempre va estar esa tentación de los discípulos: “despide la multitud”, no nos metamos en eso porque puede ser peligroso.

Además, siempre va a estar la tentación monetaria - mercantilista en una sociedad que pretende alcanzarlo todo con dinero: “para que vayan a comprar”. Mucha gente para dar respuesta a las problemas de pobreza, espera un benefactor que ayude a comprar comida para la multitud hambrienta. Mucha gente anhela un estado paternalista que reparta pan, es decir que cubra las necesidades básicas como por arte de magia.

Ante la propuesta evasiva y monetario - mercantilista de los discípulos, Jesús les propuso: “denles ustedes de comer”. Teniendo en cuenta todo el texto, no es una propuesta asistencialista, es la invitación a dar respuesta a las necesidades reales. De ninguna manera se propone tomar las dos espadas: el poder religioso y el poder político, como se interpretó erradamente en los llamados imperios “sacros” durante el oscurantismo medieval.

Como discípulos no podemos evadir las necesidades reales de la gente. Como discípulos no se nos es lícito hacer caso omiso al clamor de los pobres. Como discípulos y discípulas tenemos la responsabilidad ante Dios y ante la humanidad, de generar alternativas para el mejoramiento de nuestra calidad de vida sin ningún “abra cadabra”, pues en el mundo hay los recursos suficientes pero falta organizarnos. Cinco panes y dos peces es lo que se necesita, siete es el lo perfecto. Y esa potencia, esa cantidad de comida estaba dentro de la gente, pero no la habían descubierto, porque no se habían organizado para trabajar juntos, porque se había acumulado tacañamente o porque tenían miedo de ponerla al servicio de la comunidad.

¡No se trata de dar limosnas! Una moneda por amor a Dios, suelen decir los mendigos para manipular las conciencias. Y al dar la moneda, el “benefactor” se siente justificado, a veces sin darse cuenta de que ese acto de caridad ayuda aumentar la mendicidad. Se trata de darlo todo, pero no sólo en términos monetarios. Es la vida misma: nuestras manos, nuestra mente y nuestro espíritu; nuestras cualidades, nuestros trabajos realizados como un apostolado para el Reino, nuestras familias como células básicas para la construcción del nuevo mundo, nuestro espacio para descansar, orar y compartir con los seres queridos, y en todo, nuestra solidaridad para dar, no de lo que nos sobra, sino de lo que hace parte de nuestra mesa.

¡Jesús mandó que la gente se recostara en la hierba! Así comían las personas libres, según la tradición romana, porque los esclavos debían comer de pie. Cuando todo lo que tenemos lo ponemos al servicio del Reino y desarrollamos libremente proyectos de producción, bendecidos por Dios y compartidos solidariamente, alcanza para todos y sobra. Doce canastos representa todo el pueblo, las doce tribus.

Si amamos con el mismo amor que nos amó Cristo y vivimos según como él lo hizo, seremos capaces de desarrollar proyectos para enfrentar las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada, etc., y en todo, salir victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado. (Rom 8,35.37-39 – 2da lect.)

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: DICHOSOS LOS POBRES

Publicado por Fundación Epsilón


UN BUEN EJEMPLO

Decíamos el domingo pasado que la opción por el reino de Dios y la necesaria renuncia a todo lo que es incompatible con él debe ser causa y efecto de la alegría de haber encontrado una mejor manera de vivir. El evangelio de este domingo presenta un ejemplo concreto: hay que renunciar a la riqueza no porque sea bueno pasar hambre, sino para que nadie la sufra.

PANES Y PECES

El evangelio de hoy es el relato conocido como «la multiplicación de los panes y los peces», aunque, como vetemos, sería más acertado el título «el reparto de los panes...».
A continuación del discurso en parábolas, Jesús se entera de que alguien le ha dicho a Herodes que él, Jesús, es Juan Bautista -que había muerto asesinado por orden del rey-, que ha resucitado. El evangelio no explica por qué, pero al conocer esta noticia Jesús se marcha en la barca hacia un lugar despoblado.
La gente no había aceptado el contenido de su predicación, pero, quizá por curiosidad, quizá porque había empezado a despertarse en ellos una cierta inquietud, averiguan el lugar al que se dirige Jesús, se ponen en camino y, cuando él llega, se encuentra con que lo espera «una gran multitud».
Como habían rechazado su mensaje (véase Mt 13,53-58), Jesús no insiste, no sigue enseñando; peto no deja de manifestar su amor ofreciendo vida a quienes están faltos de ella: «le dio lástima de ellos y se puso a curar enfermos».
En lugar despoblado, se hace tarde. Los discípulos se dan cuenta de que aquellas gentes no habían traído nada para comer y proponen a Jesús que los despida para que «compren» provisiones con las que sustentarse. Pero Jesús les da una respuesta sorprendente: «No necesitan ir; dadles vosotros de comer». Los discípulos, en tono que seguramente revelaba su asombro, le dicen: « ¡ Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces! » Jesús pide que se lo lleven todo, los cinco panes y los dos peces; manda sentar a la gente, «y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos, a su vez, se los dieron a las multitudes. Comieron todos hasta quedar saciados y recogieron los trozos sobrantes: doce cestos. Los que comieron eran hombres adultos, unos cinco mil, sin mujeres ni niños».
La lección que da Jesús a sus discípulos es ésta: si renuncian a quedarse con aquellos alimentos, que, según los criterios de este mundo, les pertenecen, y, reconociendo que son un don de Dios, los ponen a disposición de todos, su renuncia no les causará hambre; al contrario, saciará el hambre de todos.

EL NUEVO EXODO

La misión de Jesús incluye la realización de un nuevo éxodo, de un nuevo proceso de liberación abierto esta vez a todos los que estén faltos de libertad.
La mayor de las esclavitudes -¡vigente todavía en nuestro mundo!- es el hambre. Por eso este episodio sirve como modelo del proceso de liberación que promueve Jesús.
La tierra de esclavitud son las ciudades y aldeas de las que procede la gente; allí rige la ley de lo mío y lo tuyo; y siempre hay alguien a quien le pertenece lo que a otros les falta. Allí, quien no puede comprar tiene que pasar hambre o, lo que es peor, tiene que renunciar a su libertad y a su dignidad para conseguir lo mínimo necesario para seguir viviendo. También allí hay una religión que distrae la atención de los pobres con minucias sin importancia y los mantiene quietos mediante el miedo al castigo divino, olvidándose de sus orígenes: la formidable intervención liberadora del Señor en favor de aquel puñado de esclavos.
Salir de esa tierra de esclavos, romper con ese sistema social y religioso es dar comienzo al nuevo éxodo, es emprender de nuevo el camino hacia la libertad, ahora definitiva.
En el primer éxodo Dios tuvo que alimentar a los israelitas que caminaban por el desierto enviándoles el maná; ahora Dios no va a hacer ningún prodigio. En este nuevo camino la intervención de Dios ya se ha producido: la lección que da Jesús con el reparto de panes y peces (cuando se comparte con amor, hay para todos y sobra) garantiza el alimento para todo el camino.
La meta del primer éxodo fue la tierra de Canaán, la tierra prometida; ahora toda la tierra se convierte en tierra prometida: está allí donde hay un grupo que ha comprendido el mensaje de Jesús, ha confiado en su palabra, ha descubierto que ese mensaje es el más valioso de todos los tesoros y se ha puesto en marcha, camino de la libertad.

DICHOSOS LOS POBRES

A la luz de este relato podemos entender mucho mejor la primera bienaventuranza, «dichosos los que eligen ser pobres» (Mt 5,3). No se trata de buscar la pobreza porque ésta sea una virtud. Se trata de luchar contra ella de la manera más eficaz: renunciando a la riqueza, negándose a aceptar que pueda ser «mío» lo que el otro necesita para vivir, sustituyendo el insaciable deseo de tener por la alegría de compartir.
Y ahora se entiende también mucho mejor la respuesta de Jesús a la primera tentación («Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan... Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de todo lo que Dios vaya diciendo»: Mt 4,3-5). Y lo que Dios dice por medio de Jesús es que el hambre no se vence con milagros espectaculares y portentosos, sino con el no menos portentoso milagro de la solidaridad entre los hombres.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

El Reino es un Banquete Compartido

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A Por
Fernando Torres Pérez cmf


Dicen que estamos en tiempos de crisis. Los informativos de la televisión, de la radio, los periódicos, todos nos hablan de que se avecina una crisis alimentaria. A primera vista, podemos pensar que nuestro mundo, nuestro planeta, no va a ser capaz de producir alimentos para todos.
Y una vez más el hambre se va a extender por unos cuantos países. Como siempre, casi seguro que a África le va a tocar la peor parte. La conclusión es muy posible que, desgraciadamente, se haga cierta. Lo dice hasta el Banco Mundial. El hambre va a llegar.

El laberinto del egoísmo

Pero no es cierto el punto de partida. No es cierto que nuestro planeta no sea capaz de producir alimentos para todos. La verdad es que los precios están subiendo fruto de la especulación y de que los países ricos, una vez más, están –estamos– acumulando. Necesitamos más energía para el desarrollo. Queremos consumir más –mucho más de lo que en verdad necesitamos.
Por eso sube el precio del petróleo, de los fertilizantes, de los abonos, de los transportes. Y para colmo, a alguien se le ha ocurrido que los bio-combustibles –gasolinas hechas a partir de vegetales– pueden ser la solución a la escasez de petróleo. Como consecuencia, se destinan menos tierras a producir alimentos y suben sus precios.
Los pobres son los que más sufren. Siempre ha sido así. Por eso, las lecturas de este domingo cobran más actualidad que nunca. El profeta Isaías pone en boca de Dios mismo palabras que prometen vida y abundancia para todos, incluso para los que no tienen dinero. El camino es escuchar su Palabra. Ahí está la vida. La solución, una vez más, no es el mercado, abandonar la sociedad a los que sólo quieren hacerse ricos.

Jesús, un profeta en acción

Jesús pone en práctica la profecía de Isaías. La gente se reúne en torno a él. Jesús les habla, cura a los enfermos. Siente lástima de esa multitud que busca una vida mejor, que siente hambre, hambre material y hambre de una vida con sentido. Y Jesús les da de comer. Es un gesto que se materializa a base bendecir y compartir. Todos comen del mismo plato. Y llega para todos. El signo es claro. En el lenguaje de las parábolas de los domingos pasados, se diría que “el reino de Dios se parece a un grupo de gente que comparte lo que tiene...”
Jesús no solucionó el problema del hambre en el mundo. Después de él y hasta nuestros días ha seguido habiendo hambre en el mundo. Y ha seguido habiendo personas que han despilfarrado los recursos que son de todos. Pero nos ha enseñado el camino. Cuando hombres y mujeres, pueblos y naciones, se tienden la mano y comparten lo que tienen, el pan se multiplica y llega mucho más. Esa es la mejor y más alta espiritualidad que podemos vivir y experimentar: dar de comer a los que tienen hambre.
Muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia, dentro y fuera de la Iglesia, han hecho ese camino. No han solucionado del todo el problema pero han hecho que muchos otros hayan saciado su hambre y, quizá, hayan comprendido que Dios es padre y no juez, que quiere nuestra vida y no nuestra muerte.

Hoy nos toca a nosotros ser signos de vida

Hoy nos toca a nosotros, creyentes en Jesús, seguir su camino y compartir lo que tenemos para saciar el hambre del mundo, para dar vida y vida en abundancia. En Jesús encontraremos la fuerza que necesitamos para librarnos del egoísmo de muerte que recorre nuestra historia. Como dice Pablo en segunda lectura, “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?”
Ese amor, cuando lo dejamos anidar en nuestro corazón, es fuente de vida para nosotros y para los que nos rodean. Nos empuja a arriesgarnos, a tender la mano a los hermanos, a construir el Reino con nuestros gestos y acciones concretas de cada día (en la política, en el sindicato, en la asociación, con los amigos...), a hacer de la vida un banquete compartido. Eso es ser cristiano, eso es ser discípulo.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Hoy Domingo: Hoja liturgica de la Diócesis de Madrid

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A
COMIDA Y EUCARISTÍA

Publicado por Archimadrid.es

La comida" es uno de los simbolismos y componentes fundamentales de todas las culturas. A través del banquete se comunica la alegría de un nacimiento, el gozo nupcial; se refuerza la amistad, se establecen contactos laborables y se celebran rituales oficiales. La liturgia de la Palabra de este domingo es muy expresiva y sugerente en este sentido.

El profeta (primera lectura) subraya insistentemente la gratuidad de la comida y de la bebida: "0id sedientos todos; acudid por agua también los que no tenéis dinero; venido, comprad trigo; comed sin pagar, vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta?". El agua hace referencia a la vida, a la libertad, al Espíritu, al templo de Jerusalén, fuente de agua viva. El vino y la leche son dos signos de la fertilidad de la tierra de la promesa y de la bendición del Señor. El trigo y el pan es el sustento básico e indispensable para poder subsistir, mientras que los manjares suculentos evocan el banquete mesiánico. El simbolismo de la comida alcanza la plenitud de su expresividad en la narración de la multiplicación de los panes. En el transfondo teológico de este acontecimiento está el maná del Éxodo y los panes de Elíseo, pero sobre todo la institución de la Eucaristía.

En el relato evangélico de Mateo, la mesa del desierto es un anticipo de la cena eucarística, y los gestos de Jesús en la multiplicación son una secuencia de los propios de la cena pascual: 1evantar los ojos al cielo, pronunciar la bendición, partir y repartir el pan".

Es incompleto el servicio sacramental de la Iglesia si no va acompañado del servicio de la caridad. No podemos partir el pan en la Eucaristía si no nos comprometemos a repartirlo fuera de ella y no nos podemos quedar en repartir el pan para el cuerpo, si no cultivamos y anunciamos también el deseo del pan del espíritu, la Palabra de Dios.

Andrés Pardo
Palabra de Dios:

Isaías 55, 1-3
Sal 144, 8-9. 15-16. 17-18
san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39
San Mateo 14, 13-21

Comprender la Palabra

En la sección de episodios diversos, que el Evangelista San Mateo sitúa a continuación del Discurso-Recopilación de las Siete Parábolas, y que escuchamos en domingos precedentes, sobresale el Milagro de la Multiplicación de panes y peces, que hoy escuchamos en la Lectura del Evangelio.

Es evidente el relieve, que adquiere este Milagro en los cuatro Relatos Evangélicos. Mateo, siguiendo a Marcos, narra dos Milagros.

No pueden menos los Evangelistas al relatar este Milagro que pensar en la Eucaristía, que la Iglesia venia celebrando desde sus inicios.

"Estamos en despoblado" -le dicen los discípulos a Jesús. ¿Hay en esta observación una velada alusión al Maná, que comió el Pueblo de Dios durante su travesía por el Desierto del Sinaí (el despoblado)? Es muy probable. También es probable que el Profeta Isaías (1ª Lectura) se refiere veladamente al Maná, signo de la Palabra-Alimento, que sale de la boca de Dios, cuando dice: "Escuchadme y viviréis...escuchad atentos y comeréis bien... " Resuenan aquí palabras importantes de Jesús, recogidas en el Discurso sobre el Pan de Vida en el Capítulo 6° del Evangelio según San Juan.

Desde los orígenes, en la Iglesia, a la celebración de la Eucaristía ha precedido siempre la celebración de la Palabra de Dios. También en la Cena del Señor. Las palabras institucionales de Jesús: "Haced esto en conmemoración mía" incluyen no sólo el Rito de la Eucaristía, sino también la celebración de la Palabra de Dios (la hagadah). Participamos, alimentándonos, en dos Mesas. Pasamos de la MESA de la Palabra de Dios a la MESA del sacramento de la Eucaristía.

Los Milagros de Multiplicaciones de panes y peces son anuncios del Banquete glorioso, más allá de este mundo, en el que se sienta a la mesa el Nuevo Pueblo de Dios, el Nuevo Israel, simbolizado en "los doce cestos" (las doce tribus, los Doce Apóstoles). Es el Banquete glorioso, en que seremos saciados plenamente y que se nos anticipa en el Banquete Eucarístico.

Avelino Cayón

SUGERENCIAS LITÚRGICAS

La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia (II)

En esta perspectiva de adhesión a la Palabra, la comunidad cristiana encuentra la Sagrada Escritura, "En los Libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos", La Escritura está, por lo tanto, en el corazón y en las manos de la Iglesia como la "Carta que Dios ha enviado a los hombres", libro de vida, objeto de profunda veneración, análogamente al Cuerpo mismo de Cristo, En e]]a la Iglesia descubre cuál es el plan de Dios sobre sí misma, sobre el mundo de los hombres y de las cosas, Por ello, a la Iglesia ha considerado siempre como suprema norma de su fe la Escritura unida a la Tradición", proclamándola con vigor y encontrándola como "alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual",

Sínodo de los obispos, 2008
Lineamenta nº. 18

Al ritmo de la Semana

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
miércoles, 6 de agosto

Cuarenta días antes de la Exaltación de la Santa Cruz (14 septiembre) celebramos la Transfiguración del Señor. Figura en el calendario de la Iglesia Romana desde 1457, pero en Oriente ya era conocida la fiesta en el siglo V.

La transfiguración se asemeja en algunos detalles al Bautismo del Señor La nube que envuelve a Jesús, la voz del Padre que la señala como a su Hijo Amado, son una repetición de la manifestación del Jordán. En la Transfiguración se añade la presencia de Moisés y de Elías, como aportación del testimonio de la Ley y de los Profetas, de los que dirá Jesús que habían profetizado su muerte y resurrección.

Pero la finalidad de la Transfiguración era fortalecer la fe de los Apóstoles. "Cristo manifestó su gloria a unos testigos predilectos, y les dio a conocer en su cuerpo, en todo semejante al nuestro, el resplandor de su divinidad. De esta forma, ante la proximidad de la Pasión, fortaleció la fe de los apóstoles, para que sobrellevasen el escándalo de la cruz, y alentó la esperanza de la Iglesia, al revelar en sí mismo la claridad que brillará un día en todo el cuerpo que le reconoce como cabeza suya" (Prefacio).

Tanto en el Bautismo como en la Transfiguración se prefigura la perfecta adopción que convertirá a todos los creyentes en hijos de Dios y coherederos con Cristo de la gloria.


J.J.O.
Para la Semana
Lunes 4:

San Juan María Vianney (1786 1859), humilde cura de aldea, que sobresalió por su predicación, ascetismo y don de consejo en el sacramento de la penitencia.

Jeremías 28,1-17. Ananías, el Señor no te ha enviado y tú has inducido al pueblo a una falsa confianza.

Mateo 14,13-21. Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición y dió los panes a los discípulos, los discípulos se los dieron a las gentes.

Martes 5:
La Dedicación de la Basílica de Santa María. Erigida en el siglo V en honor de la Virgen Madre de Dios.

Apocalipsis 21 ,1-5a. Vi la nueva Jerusalén, como una novia que se adorna para su esposo.

Lucas 11,27-28. Dichoso el vientre que te llevó.

Miércoles 6:
Transfiguración del Señor. Anticipo del triunfo glorioso del Señor.

Daniel 7,9 10.13 14. Su vestido era blanco como la nieve.

2 Pedro 1,16 19. Esta voz traída del ciclo la oímos nosotros.

Mateo 17,1 9. Su rostro resplandecía como el sol.

Jueves 7:
En Madrid: Santos Justo y Pastor, mátires.

Jeremías 31,31-34. Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados.

Mateo 16,13-23. Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

Viernes 8:
Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Edith Stein (1891-1942), religiosa y mártir, patrona de Europa.

Nahúm, 1-3; 3,1-3. 5-7. Ay de la ciudad sangrienta.

Mateo 6,24-28. ¿Qué podrá dar un hombre para recobrar su vida?

Sábado 9:
Eclesiástico 51,1-6. Me auxiliaré con tu gran misericordia.

Mateo 10,28-33. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: COMENTARIO BÍBLICO Y PAUTAS HOMILÉTICAS

Escuchadme y viviréis

Publicado por Dominicos.org

Introducción:

Crece de nosotros lo que damos y compartimos a los demás. Somos más cuanto más damos. El relato de la multiplicación de los panes nos habla del dar, de las necesidades materiales, de la misión de la Iglesia. Ciertamente no vivimos sólo de pan. Pero este hecho no puede conducir a la Iglesia a despreocuparse de las necesidades materiales; de la situación de pobreza en la que viven muchos de nuestros semejantes.

Comentario bíblico

* Iª Lectura: Isaías (55,1-3), El Dios necesario de los profetas

I.1. La Iª Lectura, tomada del libro de Isaías nos muestra, con un estilo retórico, cálido y apasionado, las vivencias del profeta del destierro, distinto del de los cc. 1-39. La situación es inconfundible y la grandeza de lo que se afirma concuerda perfectamente con la situación desastrosa que, el llamado Deuteroisaías, quiere recomponer en nombre del Dios de la historia, cuya palabra es poderosa para recrear nuevas situaciones. El «venid por agua todos los sedientos» es toda una afirmación teológica que podemos entender fácilmente. El agua es fuente de vida, de fertilidad, de prosperidad, de futuro. Hoy lo estamos valorando más que nunca por los problemas “ecológicos” que sufre la humanidad entera y por la desertización que avanza por culpa del hombre y de su desprecio de la creación.

I.2. El profeta, con un sentido populista, ofrece los productos de primera necesidad; no son riquezas propias de la calidad de vida, de la que tanto se habla hoy, y que conduce a tantas perversiones e injusticias; son riquezas de base, de las del Tercer Mundo. El profeta presenta a Dios mismo, como un vendedor ambulante, como si hubiera salido al desierto -se entiende del desierto de la vida-, a ofrecer «de balde» lo que es necesario para subsistir. Sabemos que esto es simbólico y apunta a la alianza de Dios, a la palabra de Dios que es fuente de vida y trae una alianza nueva. El pueblo, desconcertado por la ignominia de vivir alejado de Jerusalén y del Templo, busca en los dioses babilónicos una seguridad; entonces el profeta hace aparecer a Dios como “ese ambulante” que lleva lo más necesario a los que viven la experiencia del abandono.


* II Lectura: Romanos (8,35.37-39): El Dios necesario del Apóstol

II.1. La carta a los Romanos sigue siendo el apoyo determinante de la IIª Lectura de estos domingos. Ya sabemos que el c. 8 es una joya teológica, como un diamante, cuyos resplandores teológicos se muestran según hacemos girar esa piedra preciosa. Es un himno con el que se pretende crear esperanza ante las situaciones adversas que siempre acontecen en la historia humana. Este “himno al amor de Dios y de Cristo”, en realidad viene a concluir, no solamente el c. 8 de Rom, sino toda una sección muy definitiva, concretamente Rom 5,1-8,30. Se puede hablar de dos partes en este himno que tienen su significación precisa. 1ª)no hay condena para los que creen;¿por qué? nos preguntamos; 2ª) a causa del amor de Dios y de Cristo.

II.2. Como se ha dicho, este es uno de los textos más poderosos de Pablo, porque nos muestra la decisión irrenunciable del amor de Dios, que lo ha mostrado, que no es solamente promesa de futuro, aunque siempre tiene esa tensión de futuro. Ese amor se ha mostrado en Cristo Jesús y nadie podrá negarlo. La "lista de calamidades" que se anteponen a ese final glorioso, son expresión de calamidades verdaderas y existenciales que padecemos y padecerá siempre la humanidad; lo vemos cada día. Pero este es un himno contra toda calamidad, porque es un himno del amor que Dios nos tiene. El Dios del apóstol no puede ser de otra manera que como a él se le ha revelado en Cristo,

II.3. El hombre siempre ha buscado en los astros, en la magia y en los cultos mistéricos, explicaciones a todo lo que le rodea. Pero las respuestas siempre dependen de afanes e intereses determinados. Podemos ahora también preguntar por acontecimientos últimos y penúltimos que no nos explicamos. Nadie, sin embargo, puede apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Pablo quiere llevar a los cristianos ese convencimiento de la fe, en que incluso, en la muerte, que es lo último que podemos vivir aquí las criaturas, Dios estará con nosotros, nunca contra nosotros.


* Evangelio: Mateo (14,12-21): La compasión "divina" de Jesús

III.1. El evangelio de Mateo nos relata la primera multiplicación de los panes, cuya tradición está bien arraigada en los evangelios sinópticos. De alguna manera, en la perspectiva litúrgica de este domingo, la lectura de Is 55 quiere ser como la introducción adecuada que nos conduce a la praxis de la oferta de Dios del agua y el pan, los bienes necesarios para vivir. El relato de Mateo tiene algunas semejanzas con narraciones del Antiguo Testamento (2Re 4,1-7.42-44; Ex 16; Num 11), y el hecho de que sobren doce canastas de pan apuntaría a las doce tribus, a un nuevo pueblo que es alimentado con un pan nuevo, ya que el evangelio de Mateo usa mucho las significaciones bíblicas del pueblo de Israel.

III.2. Además, el relato de la multiplicación de los panes se transmite enmarcando palabras «eucarísticas»; por eso vemos a Jesús «bendiciendo y partiendo el pan», porque esto que sucedió con la gente que siguió a Jesús, consideran las primitivas tradiciones cristianas que se realizaba y se actualizaba en la eucaristía de la Iglesia, donde todos son alimentados con el pan de vida. Y es que la eucaristía es el momento adecuado para vivir esta experiencia tan significativa del evangelio.

III.3. El Dios necesario de Jesús es el que alimenta a su pueblo con la vida. El que viendo a las gentes necesitadas hace ver lo extraordinario del compartir los dones que se poseen. El v.14 es verdaderamente sintomático, porque nos habla de la "compasión" que Jesús siente y que le hace tomar la decisión irresistible de que lo poco que tienen él y los discípulos deben entregarlo a la gente. Esta debe ser la clave interpretativa del texto, más que enviciarse en explicar o dar sentido el aspecto "taumatúrgico" y al poder extraordinario de Jesús. Jesús quiere compartir lo poco que tienen él y los suyos, y esto hace posible el "milagro" de que haya para todos. Estos "milagros" deberían enseñarnos que también hoy esto es posible cuando hay compasión.

Fray Miguel de Burgos, O.P.

Pautas para la homilía

* Ciertamente no vivimos solamente de pan. El ser humano también necesita belleza, amistad, reconocimiento, sentido, reflexión, relación con Dios…Todo esto es necesario en la vida humana. Pero sin el alimento nuestro cuerpo no puede mantener sus funciones. Por eso en nuestra jornada nos damos un tiempo en el que la comida repare nuestras energías. En definitiva no vivimos sólo de pan, pero sin pan no podemos vivir.


* Los discípulos parece que conocían muy bien esta ley de la naturaleza humana. Por eso le dicen a Jesús que las personas que habían acudido a escucharle también necesitaban reparar fuerzas. No se pueden apurar las cosas hasta el final no sea que alguno desfallezca –“Maestro hay que ir acabando para que la gente pueda ir a los pueblos a comprar algo de comer”.


* Los discípulos tienen las ideas a claras. A Jesús se viene a recibir el alimento espiritual. Pero el pan, el alimento del cuerpo, cada uno debe procurárselo por su cuenta. No nos resulta extraña esta manera de presentar las cosas. Aquí la Iglesia con su mensaje espiritual, allí la sociedad y las personas con sus necesidades básicas. Lo nuestro es el alimento del espíritu, el del cuerpo no es tarea de la Iglesia


* Jesús rompe con esta manera de dividir y trocear la existencia humana. Él siempre tiene una visión más integradora de la realidad. Por eso les dice a los discípulos: “Dadles vosotros de comer”. El mandato es claro. Misión de la Iglesia no es sólo anunciar el Reino de Dios. No basta con la catequesis y la instrucción en la fe. La fe afecta todas las dimensiones de la vida humana. La salvación también es cosa del cuerpo. Traiciona la verdad cristiana quien dice que el evangelio no tiene que ver con la historia y que el mensaje de la Iglesia sólo se refiere a la vida eterna. Cuando la Iglesia caiga en la tentación del “cada cual se busque la vida” que lo nuestro no tiene que ver con las necesidades del cuerpo, habrá que recordar de nuevo la palabra de Jesús: “Dadles vosotros de comer”.


* ¿Cómo es posible cumplir este mandato del Señor? ¿Cómo podemos dar de comer si tenemos tan pocos recursos? ¿Cómo podemos afrontar problemas tan graves como los que hay en el mundo si solamente tenemos cinco panes? La respuesta de Jesús otra vez nos sorprende. A Jesús no le interesa lo que tenemos; le importa lo que damos. En el Reino de Dios lo que cuenta no es lo que se tiene. Sólo importa lo que se da. Y si cada uno de nosotros diéramos lo que tenemos, seguro que la pobreza en el mundo se superaba en una tarde.


* El escritor francés Saint Exupéry decía: “Es inolvidable el sabor del pan que tu compartes”. Ese sabor es el de la entrega, el del amor, el de la solidaridad. Un sabor que no se borra de la memoria. El pan repartido y compartido también expresa una palabra. Una palabra silenciosa que susurra al otro: “toma este pan, yo quiero que vivas, tu existencia me importa”.


* Cuando el pan susurra una palabra de amistad y amor, el ser humano encuentra la satisfacción plena de sus necesidades. Vivimos de pan, pero sobre todo nos satisface el pan de amor, el pan de encuentro. El pan que nos susurra: “Tu me importas, yo quiero que vivas…” es el pan de la Eucaristía. Un pan que nos trae la entrega de Jesús y que a quien lo recibe lo capacita a darse y lo despreocupa del tener.

Fr. Ricardo de Luis, OP

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: La Providencia Divina

Publicado por Homilia.org

El tema de la Liturgia de hoy es el de la Providencia Divina y la confianza que debe tener el cristiano de que Dios, que es Padre ... y Padre infinitamente Misericordioso, se ocupa de todas nuestras necesidades: tanto espirituales, como materiales.

El cristiano que confía en Dios sabe que nada le faltará, pues Dios Padre se ocupa de cada una de sus criaturas: se ocupa de los lirios del campo y de las aves del cielo, y más aún se ocupa de cada uno de nosotros, sus creaturas que, como El mismo nos dice, valemos mucho más que las flores y los animales (cfr. Mt. 6, 28).

En la Primera Lectura de hoy, tomada del Profeta Isaías (Is. 55, 1-3), podemos apreciar el cuido amoroso de un Dios que es Padre, ocupándose de sus creaturas. Así nos dice el Señor a través del Profeta: “Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan, y salario en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán” (Is. 55, 1-3).

En esta Lectura podemos intuir, tanto los bienes y alimentos materiales, como los espirituales. Y todos ellos nos vienen de Dios, aunque nos toque trabajar un poco para obtenerlos. Tal vez no nos damos cuenta de que es Dios Quien nos los provee.

Para los bienes materiales, El nos da la posibilidad de encontrarlos poniendo nosotros nuestro aporte, que es el trabajo cotidiano. Para los espirituales nuestro aporte consiste en nuestra respuesta a la Gracia Divina, es decir, nuestro “sí” a la Voluntad de Dios. Recordemos esto cada vez que recemos el Padre Nuestro, pues “el Pan nuestro de cada día” que pedimos en esa oración con que Jesús nos enseñó invocar a Su Padre, nuestro Padre, se refiere al alimento material y también al alimento espiritual.

El Salmo nos recuerda esa confianza en la Providencia Divina. Así hemos rezado: “Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores ... A todos alimentas a su tiempo ... Todos quedan satisfechos”. (Sal. 144)

Dentro de esa confianza que debe tener el cristiano de que Dios todo lo provee y de que Dios no permite nada que no sea conveniente para nuestra salvación, está la Segunda Lectura del Apóstol San Pablo a los Romanos (Rm. 8, 35, 37-39).

Nada -absolutamente nada- puede apartarnos del amor que sabemos que Dios nos tiene: ni las tribulaciones, ni las angustias, ni la persecución, ni el hambre, ni el peligro, ni la guerra ... Nada ... Ni la muerte, ni la vida, ni los demonios, ni el presente, ni el futuro ... En todo confiamos en Dios y no dudamos de su Amor. Así es la seguridad del cristiano que confía en su Padre, Dios.

El Evangelio nos trae uno de los milagros más recordados de Jesús, el de la Multiplicación de los Panes y los Peces: alimento multiplicado para saciar a todos los que le seguían en ese momento. Pero, más allá del milagro multiplicador, es interesante descubrir en este texto del Evangelista San Mateo (Mt. 14, 13-21), algunos detalles que rodearon este impresionante milagro.

Lo primero que llama la atención es el hecho de que para el momento de este acontecimiento, Jesús se acaba de enterar de la muerte de su primo, su Precursor, San Juan Bautista. Nos dice el Evangelista que “al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar solitario”.

Es decir, que en ese momento el Señor estaba de duelo y quería retirarse a solas, seguramente a orar, o simplemente a recuperarse de la tristeza de este hecho. Sabemos que, como Dios, Jesús conocía de antemano lo que iba a suceder a su primo. Pero, como Hombre verdadero que era también, sentía aflicción por tal pérdida y por tan vil asesinato (cfr. Mt. 14, 1-12).

Pero ... ¿por qué llama la atención esto? Llama la atención por lo que de seguidas nos cuenta el Evangelista: al saber la gente que Jesús estaba por allí, lo siguieron por tierra y El, al ver aquella muchedumbre, “se compadeció de ella y curó a los enfermos”. Y la atención de Jesús para con esa gente no se queda allí, sino que posteriormente, les da de comer a todos.

Si observamos bien, entonces, nos damos cuenta de que Jesús se olvida de lo que inicialmente iba a hacer, se olvida de su retiro en soledad, se olvida de su duelo, de su dolor, y se somete a la solicitud de una muchedumbre hambrienta de pan material y de pan espiritual.

Y nosotros, que debemos ser imitadores de Cristo, ¿es así como actuamos con relación a las necesidades de los demás? ¿Qué necesidades ponemos de primero: las nuestras o las de los demás? ¿Cómo atendemos a quien nos necesita para que le demos una palabra de aliento, una atención porque está enfermo o simplemente un trozo de pan? ¿Hacemos como Jesús? ¿Nos olvidamos de nuestra tristeza o preocupación personal para atender a otros, aún desde nuestra propia tristeza o preocupación? ... ¿O buscamos ser nosotros atendidos, olvidando a los demás? ¿Buscamos ser consolados en vez de consolar? ¿Ser comprendidos en vez de comprender? ¿Ser amados en vez de amar? ... ¿Cómo actuamos? ¿Cómo somos? ...

El otro detalle que llama la atención de este milagro multiplicador de comida es el hecho de que Jesús le pregunta a sus discípulos cuánta comida tienen. Y ellos le informan: son sólo cinco panes y dos pescados. La muchedumbre era grande: cinco mil hombres, más las mujeres y los niños. Si tomamos en cuenta que a Jesús lo seguían muchas más mujeres que hombres, probablemente en total podían haber sido unas quince mil personas. ¿Cómo podían los discípulos, preocupados por el gentío, seguir la indicación del Señor que les dice: “Denles ustedes de comer”?

El Señor les pedía un imposible: dar de comer a quince mil con cinco panes y dos pescados. Ellos obedecen, aunque parecía imposible. Y nosotros ... ¿cómo actuamos cuando el Señor nos pide algo que creemos imposible? ¿Confiamos en la Providencia Divina o confiamos sólo en nuestras débiles fuerzas? ¿Confiamos plenamente en Dios u olvidamos que Dios nunca nos pide algo que no podamos cumplir con su Gracia?

¿Qué sucedió, entonces, en esta escena evangélica? ¡Sucedió lo imposible! Los Apóstoles sí pudieron cumplir la instrucción del Señor, pues, acto seguido, Jesús efectúa el milagro: de los cinco panes y dos peces iban saliendo muchísimos panes y pescados ... ¡tantos! que al final se recogieron doce cestas de sobras.

Las cifras que pone el Evangelista dan una idea de la espectacularidad del milagro. Pero este milagro fue ¡nada! en comparación con otro milagro que este milagro pre-anuncia: la Sagrada Eucaristía, en la cual Jesús se convierte El mismo en nuestro “Pan bajado del Cielo” (Jn. 6, 41). En efecto, Jesús es nuestro “Pan de Vida” que alimenta nuestra vida espiritual, que se da a nosotros como alimento en la Hostia Consagrada, cada vez que queramos recibirlo: diariamente, si deseamos.

Jesus:
“Pan bajado del Cielo” (Jn. 6, 41).

Recordemos: Dios provee todas nuestras necesidades ... las materiales y las espirituales. Espera, eso sí, que depongamos nuestros gustos y deseos para dar prioridad a las necesidades de los demás. Espera, además, que sigamos sus instrucciones ... aunque nos parezcan imposibles de cumplir. Y también espera que pongamos lo poco que tengamos (nuestros cinco panes y dos pescados) para El multiplicarlos para los demás.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: Intentemos “alimentar” a otros con nuestra palabra


El Texto

Escuchamos hoy el pasaje de la multiplicación de los panes, uno de los pocos pasajes que es narrado por los cuatro evangelistas, e inclusive es repetido dos veces en el mismo Evangelio (Mateo y Marcos). Por lo tanto, desde este hecho podemos estar seguros de la importancia que tuvo para la primera comunidad cristiana. Pero, ¿qué era lo que tanto les llamaba la atención sobre estos pasajes a los primeros cristianos? Tratemos de profundizar brevemente en ello.

De una manera u de otra, todos los evangelistas resaltan “el hambre” que la gente tenía de escuchar y encontrar la sanación por Jesús, pues todos nos narran que Jesús intentó alejarse por un tiempo y la gente lo siguió “a la otra orilla”. Este reconocimiento de la gente de Jesús disponía ya sus corazones para recibir este gran don que habrían de recibir. En repetidas veces Jesús había exigido la fe para realizar algún milagro, e inclusive había resaltado que el Gran Milagro era el haber recibido esta fe. Por eso, realmente el primer gran milagro de esta narración es que los discípulos hayan accedido a sentar a la gente y que la gente se haya sentado! Cinco mil hombres más mujeres y niños, con hambre, no es una multitud muy fácil de controlar; sin embargo, todos ellos obedecen y se sientan convencidos que Jesús los alimentará. (¡Bendita fe de estos hombres y mujeres!)

Después vendrá el rito, detallado por los cuatro evangelistas, que Jesús realiza antes de alimentar a todos: “tomó los cinco panes y dos peces, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos...”; palabras todas estas muy parecidas a las pronunciadas en la última cena. Llama la atención que los discípulos no mencionan “cómo” se multiplicaron los panes y los peces; es decir, si se multiplicaron en el canasto, o si salían de las manos de Jesús, o cómo sucedió. En cambio si nos comparten el gesto de la bendición de los panes y los peces.

¿Qué fue pues lo que Jesús les dio en alimento? ¿Unos panes y unos peces? ¿Podríamos pensar que esa fue la intención de Jesús al realizar este milagro? ¡Definitivamente que no! Jesús nos muestra quién es quien nos da el verdadero alimento, el alimento que no perece y que es sobreabundante, y éste es nuestro Padre. Y por otro lado nos muestra qué es ese alimento: nuestra fe en Jesús. ¿De qué salieron saciados esos hombres y mujeres en aquella tarde? De su hambre física, no creo; más bien podríamos pensar que todos ellos salieron saciados de su fe en Jesús; salieron llenos esperanza por que ese vacío que sentían al no poder creer en alguien había sido saciado.

Por otro lado es tenemos una gran enseñanza para nuestra labor de evangelización cuando vemos lo que Dios puede hacer con lo poco (5 panes y dos peces) que nosotros le podamos entregar.

Actualidad

¿Cuántas veces nosotros nos hemos sentido sedientos, hambrientos de una esperanza, de silencio, de paz, de sabiduría para educar a nuestros hijos, de “luz” para caminar rectamente por nuestra sendero, de amor, de fe que nos sostenga en los momentos difíciles? ¿A dónde corremos? ¿Acaso corremos “a la otra orilla”? Es decir, buscamos desinstalarnos de nuestras seguridades, de nuestras rutinas para escuchar y recibir la Palabra del Señor. Es solo Dios quien sacia nuestra profunda sed de creer en algo, en alguien.

En cuanto a los panes y los peces que los discípulos les presentan, podríamos vernos reflejados cuando nos encontramos iniciando un gran proyecto (una familia, un apostolado, la conversión personal ... instaurar el Reino de Dios) y vemos las pocas “herramientas” o dones que tenemos; pero tal como sucedió en aquella ocasión, si las ponemos en manos del Señor y confiamos en su presencia multiplicadora, veremos más pronto que tarde, que nuestras pocas y limitadas virtudes han servido para realizar grandes realidades.

Propósito

Esta semana intentemos “alimentar” a otros con nuestra palabra, con nuestro perdón, con nuestra presencia, con nuestra oración, o tal vez de manera más concreta dando de comer a quien no lo tiene y haciendo así presente la providencia de Dios.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: Jesús suple la necesidad más básica


(Mateo 14:13-21)

El psicólogo Abraham Maslow vivió en el siglo pasado. Tuvo una perspectiva diferente del Sigmund Freud y la mayoría de psicoterapeutas. En lugar de estudiar las neurosis y las psicosis Maslow quería saber lo que haga la persona funcionar bien. Desarrolló la idea de una jerarquía de necesidades humanas. Cuando se cumplan todos los niveles de la jerarquía, la persona realizaría la totalidad de la vida.

Según Maslow al fondo de la jerarquía quedan las necesidades más básicas como el aire, el agua, y la comida. Entonces se encuentran los niveles de seguridad, de la amistad y la pertenencia, de la estima, y al final de la auto-realización. En el evangelio hoy Jesús se muestra como el que nos capacita a cumplir todos estos niveles.

La gente busca a Jesús porque la ha curado y la ha enseñado. Con él tiene la libertad de enfermedades y del dominio del maligno – las principales amenazas a la seguridad en el segundo nivel de Maslow. De Jesús la gente escucha las parábolas del amor de Dios que le provee un hogar para coexistir con todos en la paz. Así la gente está aliviada de las preocupaciones de quedarse solos y desamparados en el tercer nivel. También la gente aprende de Jesús cómo actuar con la prudencia como un padre de familia saca cosas de su gran almacén para el bien de la familia. Así los humanos se hacen estimados en los ojos de Dios, si no de otras personas, para gozarse de la estima y la auto-realización cumpliendo los dos niveles más altos.

Ya Jesús suple la necesidad más básica. La idea de dar de comer a la muchedumbre que han acudido a él asombra a sus discípulos. “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados,” se le oponen. Pero todavía no entienden a Jesús. No se da cuenta de que él no es sólo un curandero o un gran maestro. No, es el hijo de Dios que ha venido para rescatar a la gente de todas sus tribulaciones. Jesús toma los alimentos, da gracias a Dios su Padre, y parte los panes para que sus discípulos los distribuyan a la gente.

Por darle de comer a la gente Jesús se muestra a sí como el proveedor de todos los niveles de Maslow. Pues, el pan que da no es alimento ordinario sino un sabor anticipado del banquete celestial donde no habrá necesidad no cumplida. Es el mismo pan que nos nutre en la Eucaristía ahora para llevar a cabo los requisitos para el Reino de los cielos. El pan bendecido y partido por Jesús es Jesús mismo que nos fortalece para darles de comer a los hambrientos, visitar a los enfermos, y consolar a los entristecidos.

Jesús es la respuesta. ¿Qué es la pregunta? fue el título de un libro. Nos parece ingenuo y tenemos que cuidar que no despreciemos el dolor que sienten algunos por responder a sus lamentos, “Tienes que confiar en Jesús.” Sin embargo, es la verdad. Jesús como un gran almacén nos provee con todo lo necesario para realizarnos como humanos. Este es el mismo que recibimos en el pan eucarístico. En el pan eucarístico Jesús nos provee todo.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: El Hacedor de Comida

Por P. Mario Santana Bueno
Publicado por Buzón Católico

Tanto en el mundo antiguo como en el nuestro, la importancia de la comida es grande. En la antigüedad comer significaba recibir fuerzas (vida) que ella proporciona; no era solamente un acto gustativo sino una acción fuertemente cargada de valor simbólico, de aquí que una y otra vez, aquí y allá, toda la Escritura esté llena de esas comidas que crean comunidad.

El Evangelio de hoy nos cuenta un milagro donde Jesús actúa como hacedor de comida, no como cocinero sino como creador y los discípulos se encargan de repartirlo a los demás comensales. Algo parecido es la Iglesia que reparte lo que el Señor le da constantemente.

Cristiano es aquella persona que es capaz de recibir de Dios con generosidad, con alegría, con entusiasmo, para luego dar y repartir a otros. El Reino de Dios necesita personas por medio de las cuales pueda obrar y hablar. Jesús sabe bien esto y nos deja para que sigamos perpetuando ese milagro a la Eucaristía.

Ir a la Eucaristía necesita de cada una de las personas que se acercan algunas actitudes interiores y espirituales:

Tenemos que ir a la Eucaristía:

* Con ganas de ser alimentados por Dios, alimentados espiritualmente para seguir el camino constante de la vida y de la fe.
* Con sincero deseo de compartir con los demás. En la Eucaristía no comemos en platos aparte, individualmente; todos participamos del banquete de la palabra, del pan y del vino.
* Dejarse alimentar por la experiencia de Cristo resucitado. La cena eucarística es una invitación permanente a reponer las fuerzas espirituales debilitadas por el cansancio de la vida.

¿Cuáles son las actitudes que llevo a la Eucaristía?
¿Por qué hay personas que dicen que la misa no me dice nada…?

Hay personas que ven los milagros como algo del pasado, algo que sucedió y que ya no sucede más… Esta es una forma burda de entender los milagros. Las acciones que Jesús hizo no son acontecimientos aislados en la Historia, sino demostraciones del poder de Cristo que está siempre y para siempre activo. Los milagros se siguen realizando también en nuestro tiempo.

¿Qué pienso de los milagros?
¿Son los milagros acciones exclusivamente del pasado?
¿Sigue Dios haciendo milagros?

Acercarnos a Jesús, muchas veces hundidos por el cansancio de la vida, supone encontrar reposo y alimento para nuestra vida espiritual.

Otro aspecto que descubrimos en la palabra de esta semana es la compasión que Jesús siente por la multitud, y que no sólo se conformó con compadecerse sino que vino en su ayuda curando a los enfermos y dándoles de comer.

¿Cuál es la diferencia entre ayudar a alguien necesitado porque me da pena… a ayudarle por compasión y justicia… ¿Qué decir de las personas que son víctimas del hambre en el mundo mientras nosotros derrochamos…? ¿Es justo?

Los discípulos le dicen que despida a la multitud. Jesús se niega. El Señor siempre mostró hacia las multitudes mayor ternura que sus discípulos. Cuando el Evangelio dice que Jesús se compadeció de la multitud, usa un verbo griego que literalmente significa: “se le enternecieron las entrañas”. Esta palabra griega aparece en otros momentos también significativos: cuando el padre rogaba a Jesús para que librara a su hijo del demonio; en el padre de la parábola del hijo pródigo…

¿Tengo yo misericordia con los que me rodean, con mi familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, comunidad…? Si Dios es misericordioso y se compadece de nosotros ¿por qué hay mal en el mundo?¿tengo yo entrañas de misericordia conmigo mismo y con los demás?

Se nos habla de cinco mil personas que quedaron saciadas en ese encuentro con el Señor. ¿Cuántos de aquellos le siguieron después como discípulos? Esta es una de las dimensiones de la existencia del ser humano. Muchas veces nos acercamos a Dios para saciarnos, pero no para seguirle.

El Evangelio no se extiende por la cantidad de oyentes, sino por el número de personas sinceramente convertidas a Él. Sin embargo, Cristo da a comer a todos, a pesar de que habían de ser muy pocos los que le habían de seguir.

Los que son alimentados por Cristo siempre quedan satisfechos.

* * *

1. ¿Estás satisfecho en tu vida? ¿por qué?
2. ¿Qué pondrías y qué quitarías de tu vida para crecer como persona y como cristiano?
3. ¿Cómo nos alimenta Jesús hoy?
4. ¿Qué papel tiene el egoísmo en tu vida?
5. ¿Qué relación tiene la misericordia con la justicia social?

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: Abundancia, Regalo, Gracia


1. Abundancia, Regalo, Gracia

1.1 Las tres lecturas de hoy repican como campanas de pascua el tema del amor abundante de Dios. Nuestro Dios no es tacaño ni mezquino; es generoso, más allá de todo lo que podemos imaginar o afirmar. Y tal es su munificencia que a menudo da sin cobrar. La palabra clave del Nuevo Testamento y quizá de toda la Biblia lleva ese sello de lo gratis. Hablamos de la palabra gracia.

1.2 Esta idea del Dios dadivoso y magnánimo contrasta mucho con la idea del Dios de mente estrecha que muchos cristianos parecen tener en su cabeza. Según tal concepto, Dios estaría solamente a la caza de nuestros errores para llevar meticulosa cuenta de lo que hacemos mal o en qué fallamos. Es un Dios al acecho, amargado con la imperfección de su obra, indispuesto contra el hombre y predispuesto a condenarlo sumaria y definitivamente.

1.3 Frente a tal idea nos encontramos hoy con una invitación pasmosa: "los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen leche y vino sin pagar." Este es un Dios que conoce dos cosas: que necesitamos y que no podemos dar nada a cambio de lo que necesitamos. Este es un Dios compasivo del cual quedó escrito en el evangelio: "vio Jesús a la muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos." Un Dios que multiplica panes, regala perdón, ofrece alimento a los hambrientos y enseña sabiduría sin cobrar.
2. Sí a las Necesidades, No a los Caprichos

2.1 ¿Por qué entonces estrechamos la idea de Dios? ¿Por qué la encogemos haciéndole como si pensara igual o peor que nosotros? Una razón es porque estos regalos de Dios tienen el propósito no sólo de calmar nuestras penurias sino de transformarnos a nosotros mismos. Y a veces pasa que queremos satisfacer el apetito pero a la vez seguir siendo las personas que hemos sido. Queremos no un Dios generoso sino un Dios a nuestro antojo. No un Dios para responder a nuestras necesidades sino a nuestros caprichos. Por supuesto, el Señor no se presta a ese juego.

2.2 Si creer significa aceptar no sólo lo que Dios nos da sino sobre todo aceptar al Dios que nos lo da, uno entiende que no es posible acoger la gracia de Dios sin llegar a ser creaturas nuevas, dispuestas a vivir no según la lógica antigua del egoísmo y la satisfacción sino a la manera nueva, con la lógica de la donación y la santidad, como nos mostró Cristo.

2.3 El amor que Dios nos ha dado tiene expresión en regalos concretos, como el pan multiplicado o el perdón ofrecido, pero es ante todo un amor que quiere QUEDARSE en nosotros, habitar en nosotros. Ese amor es el don mismo del Espíritu Santo, y de ese amor nada puede separarnos, como bien explica Pablo en la segunda lectura de hoy.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: Vengan Por Agua

Por Padre Phil Bloom

Tema básico: Tenemos sed, pero ignoramos la única agua que puede satisfacernos.

Resulta que cuatro hombres sufrieron un naufragio en el Oceano Atlanico. Estaban en un pequeño barco y tenían tanta sed que trataban de sacar humedad de unos pedazos de lona. Cuando llegaron los rescatadores, los hombres estaban postrados por deshidratación. Después de resucitarlos, los rescatadores les informaron que en realidad estaban flotando sobre agua dulce. A pesar de no poder ver la orilla, estaban cerca la desembocadura del río Amazonas - un río tan enorme que empuja agua dulce lejos al océano. Los hombres podían haber metido un cubo en el océano y haber sacado agua potable.

La gente hoy parece a los hombres en aquel barco - sedientos, pero inconscientes del agua potable tan accesible. El Papa Benedicto hablo de esto en el Día Mundial de Juventud. Dirigiendose a una muchedumbre de medio millón en Sidney, Australia, dijo, "En muchas de nuestras sociedades, junto a la prosperidad material, se está expandiendo el desierto espiritual: un vací­o interior, un miedo indefinible, un larvado sentido de desesperación. ¿Cuántos de nuestros semejantes han cavado aljibes agrietados y vací­os (cf. Jr 2,13) en una búsqueda desesperada de significado...?"

Hablando a los jóvenes, el Santo Padre identifico las cosas que anhelamos: amor que perdura, oportunidad para compartir dones, unidad basada sobre la verdad, comunión que respeta la libertad del otro. Se puede resumirlo diciendo que queremos tres cosas: la verdad, el bien y la belleza. Sin embargo, dijo el Papa Benedicto, "la elección en sí­ misma se convierte en bien, la novedad se hace pasar como belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad."** Esas cosas no malas en si, pero quedarse con ellas es como sacar humedad de lona mientras flotamos sobre una inmensidad de agua dulce.

¿Y cual es ese océano de agua viva? El papa contesto en una sola palabra: Jesús. Solamente por Jesús y su Espíritu Santo encontráramos la belleza, el bien y la verdad que deseamos. Solo el puede darnos amor que perdura, libertad que respeta cada persona.

En el evangelio de hoy, Jesús toma el pan, lo bendice, lo parte y lo da los discípulos para repartir. El evangelista nota, "todos comieron hasta saciarse." Isaias dice, "Todos ustedes, que tienen sed, vengan por agua." Y en el Salmos hemos dicho estas palabras de gratitud a Dios: "abres tu mano, y sacias de favores a todo viviente."

Vengan por agua. Dios quiere dar un don que nos satisfacerá, un don que nos cambiara. Como conclusión, quisiera citar la invitación del Papa Benedicto a los jóvenes: "El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espí­ritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos." Vengan a Jesús. Vengan por agua.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

miércoles, 30 de julio de 2008

¿Quién fue San Ignacio de Loyola?

Publicado por Jesuitas de Loyola

Íñigo López Sánchez, quien adoptaría el nombre de Ignacio, nació en 1491 en el castillo de Loyola junto a la aldea vasca llamada Azpeitia. Fue caballero al servicio de Carlos I de España y V de Alemania, "hombre dado a las vanidades del mundo", "con un grande y vano deseo de ganar honra" (Autobiografía, 1). Herido en 1521 por una bala de cañón cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.

Durante su convalecencia, al no encontrar libros de caballería se dedicó a leer una vida de Cristo y las vidas de los santos.

Cuenta él mismo que "cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aún después de dejado, quedaba contento y alegre". (Autobiografía, 8). Esta experiencia lo conduciría a la conversión.

Su primera decisión fue ir a Jerusalén como peregrino. Una vez curado se dirigió a pie a la abadía benedictina de Nuestra Señora de Montserrat cercana a Barcelona. Allí, ante la imagen de María con el Niño Jesús, veló una noche entera y dejó sus armas de caballero para dirigirse a Manresa, pequeño poblado de Cataluña donde permaneció de marzo de 1522 a febrero de 1523 viviendo una experiencia de Dios que alcanzó su momento más luminoso junto al río Cardoner: "Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas". (Autobiografía, 30). Él mismo consignaría su experiencia en el libro de los "Ejercicios Espirituales".

Después de pasar el año 1523 en Jerusalén buscando las huellas de Jesús, a quien quería "conocer mejor, para imitarlo y seguirlo", a su regreso se dedicó a estudiar gramática y letras en Barcelona y Alcalá. Pronto tuvo que afrontar dificultades y fue solicitado por la Inquisición en Salamanca, donde fue interrogado y declarado inocente. En febrero de 1528 llegó a París para estudiar en La Sorbona, donde en marzo de 1533 obtuvo el grado de Maestro en Artes, que según la titulación universitaria lo autorizaba para enseñar filosofía y teología. Desde entonces latinizó su nombre firmando como "Ignatius".

En París compartió un cuarto con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra, ambos con 23 años de edad. Se hicieron amigos y pronto Fabro, designado como su tutor de estudios, compartiría su deseo de llevar una vida austera en seguimiento de Cristo. Otro tanto sucedió con Javier, joven de gran ambición en quien hizo mella una frase de Jesús que le repetía Ignacio con frecuencia: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?". (Mateo 16,26). Otros estudiantes se unieron al proyecto: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban juntos, discutían sobre la vida cristiana y hablaban de "cosas de Dios". Ignacio les comunicaba lo que había experimentado, principalmente en Manresa, y suscitaba en ellos el deseo de buscar a Dios.

Fortalecidos por su experiencia espiritual, los siete amigos deciden lo que van a hacer: servir como sacerdotes, si es posible en Jerusalén, o si no irán a Roma para presentarse ante el Papa "a fin de que él los envíe a donde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas". Se dan un año como plazo, desde cuando se encuentren en Venecia. El 15 de agosto de 1534 en París, en la capilla de Montmartre, sellan su proyecto con voto solemne en una misa presidida por Fabro, ordenado el 30 de mayo.

Ignacio enferma en 1535 y va a recuperarse en su tierra natal. La cita en Venecia se aplaza entonces para comienzos de 1537. Mientras tanto el grupo aumenta con los franceses Claudio Jay, Pascasio Broet y Juan Bautista Codure. Restablecido Ignacio, el 8 de enero de 1537 se encuentran en Venecia, donde el 24 de junio son ordenados sacerdotes los que aún no lo eran. La guerra con los turcos dificulta el viaje, y mientras esperan a embarcarse trabajan pastoralmente y se designan "Compañía de Jesús". Desde entonces añaden a sus nombres las iniciales S.J. (Societatis Jesu, en latín).

Como no parte ningún barco se dirigen a Roma, donde se encuentran en la Pascua de 1538. Ignacio llega con Laínez y Fabro hacia mediados de noviembre de 1537. A 15 kilómetros de Roma, en la capilla de La Storta, Ignacio "sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo, que no se atrevería a dudar de esto..." (Autobiografía, 96). A sus compañeros les dijo: "He visto a Cristo con su cruz a cuestas y a su lado al Padre Eterno que le decía a su Hijo: 'quiero que tomes a éste como servidor', y Jesús me dijo: 'quiero que nos sirvas' ".

Los compañeros son recibidos por el Papa en noviembre de 1538 y se ofrecen para cualquier misión que les confíe. Y siendo de países tan diferentes, se hacen esta reflexión: “más vale que permanezcamos de tal manera unidos y ligados en un solo cuerpo, que ninguna separación física, por grande que sea, nos pueda separar”. Deciden por ello formar una nueva orden religiosa, cuya primera "Fórmula del Instituto" es sometida a la consideración de Paulo III, quien el 27 de septiembre de 1540 firma la bula o documento pontificio de aprobación. El 17 de abril de 1541, después de haber rechazado dos veces el voto unánime de sus compañeros, Ignacio acepta el cargo de Prepósito (del latín: puesto delante como guía) General. El 22 de abril los compañeros hacen votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro voto especial de obediencia al Papa para las misiones que les confíe.

En 1541 Ignacio fija su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma frente a una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Estrada. La Compañía de Jesús recibe la responsabilidad de la parroquia, e Ignacio se instala en tres pequeñas piezas cercanas al presbiterio. Su principal trabajo allí fue la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús, lo cual hizo hasta su muerte, siempre en proceso de incorporar las observaciones de sus compañeros y las nuevas experiencias. Su libro de los Ejercicios Espirituales fue aprobado y recomendado por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548.

El 21 de julio de 1550 la Compañía de Jesús obtiene del Papa Julio III su confirmación como orden religiosa, mediante la bula aprobatoria de una segunda Fórmula del Instituto, con un texto ampliado. Las misiones se multiplican en Europa, Asia, África y América.

El Papa envía a algunos teólogos jesuitas al Concilio de Trento, convocado para tratar los puntos de discusión suscitados con motivo del cisma protestante. Ignacio funda instituciones educativas, casas para catecúmenos judíos y mahometanos, un refugio para mujeres errantes, y organiza colectas para los pobres y los prisioneros.

A comienzos de julio de 1556, una fatiga extrema lo obliga a descansar y muere al amanecer del 31 del mismo mes, a los 65 años. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba en el mundo con 1036 jesuitas, unos sacerdotes y otros hermanos, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), y con 92 casas de las que 33 correspondían a obras educativas. Fue canonizado como santo por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, con Francisco Javier y Teresa de Ávila. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Evangelio Misionero del Día: 31 de Julio de 2008 - San Ignacio de Loyola

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 47-53

Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?»
«Sí», le respondieron.
Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Compartiendo la Palabra

Queridos hermanos, hoy la Iglesia festeja la memoria de uno de los grandes santos que dejaron su imborrable huella en este mundo, San Ignacio de Loyola. Ignacio fue uno de los fundadores de la Compañía de Jesús (Jesuitas) y el alma que nos legó su experiencia de encuentro con el Señor, a través de los Ejercicios Espirituales, hoy patrimonio de toda la Iglesia.
No pretendo en este espacio de meditación realizar una síntesis de su biografía, ya que pueden consultarla en otras entradas en este blog o bien visualizar un video muy profundo de su vida, que también podrán encontrar aquí. Pero si quisiera aprovechar este día para tomar algunos puntos de su historia de conversión y seguimiento, para llevarlos a nuestras vidas, orarlo y poner en práctica, lo que desde allí nos hable el Señor.

Nos adentremos en este momento íntimo con el Señor, con una oración de San Ignacio, pidiendo la gracia de saber escuchar al Señor, para encontrar, aceptar y cumplir su Voluntad.

Enséñame a escuchar
Enséñame a escuchar, oh Dios,
a los que están más cerca,
mi familia, mis amigos, y mis compañeros de trabajo.
Ayúdame a ser consciente de que, cualquiera que sean las
palabras que oiga, el mensaje:
"Acéptame como soy. Escúchame."
Enséñame a escuchar, oh, Dios compasivo, a los que están lejos—
el susurro de los desamparados,
la súplica de los abandonados,
el llanto de los angustiados.
Enséñame a escuchar, oh Dios, oh Madre a mí mismo.
Ayúdame a tener menos miedo
y a confiar en la voz dentro de mí—
en lo más profundo de mí.
Enséñame a escuchar, Espíritu Santo, a tu voz—
en el trabajo y en el aburrimiento,
en la certidumbre y en la duda,
en el ruido y en el silencio.
Enséñame, Señor, a escuchar. Amén

Puntos para la Oración

EL CAMBIO NECESARIO. Ignacio, hombre de ideales fuertes y convicciones rotundas, tenía su vida armada, puesta al servicio de un plan de vida, que hasta el momento creía correcto. Pero Dios tenía puestos sus ojos en Él, y al igual que otros santos, debió ingresar intempestivamente en su vida, para mostrarle su plan de salvación. La gloria y la fama que buscaba en este mundo, fue cambiada por la otra Gloria que hoy está gozando en el Reino.
Sucede frecuentemente en nuestras vidas que nosotros delineamos nuestras vidas, con objetivos, proyectos, planes de acción y demás, pero no tenemos en cuenta a Dios en medio de toda esa vorágine. Pero al Señor, que nunca le ganamos en generosidad, siempre tiene un detalle, algunas veces extremo, dependiendo de nuestra dureza de corazón, para que reaccionemos a tiempo y convertir nuestro corazón a su Amor. A Pablo lo derribó un caballo, a Ignacio una bala de cañón. ¿A ti que te ocurrió? ¿La muerte de un ser querido? ¿Una enfermedad? ¿Problemas matrimoniales? ¿Crisis económicas? Lejos de caer en una victimización debemos discernir y estar atentos a la enseñanza que Dios trae en esos momentos duros, siempre hay un llamado a acudir a su encuentro, para convertirnos en herramientas, que se vuelven útiles en sus manos para servir al mundo.

LIBERTAD Y ESCUCHA. Ignacio postrado y recluido a raíz de las heridas de guerra, que le dejarían marcas permanentes, siente el impulso de conocer más acerca de Jesús, iniciativa que surge como reciprocidad al primer paso que ya dio el Señor en su vida. Totalmente abandonado e inutilizado. Sin nada más que perder, y sin nada que ganar, sus planes destruidos y convertidos en basura. Esa sensación de morir a toda vida pasada y tener que refundarse, le dio total libertad para elegir entre cada cosa que se le abría en el horizonte. Se encontró a si mismo, con sus luchas, temores y lo que el Señor le pedía. Buscó. Escuchó. Se entregó al Maestro.
En la vida de todo cristiano, es necesario que constantemente se renueve la intimidad con el Señor, a través de la oración diaria y la confesión y Eucaristía periódica, pero también ha de buscar otros espacios y momentos más prolongados para encontrar silencio y sosiego para su alma, para que en ese tiempo se disponga enteramente a escuchar la Palabra de Dios en el aquí y ahora, para así disponerse al servicio del Señor.
Si hace mucho que no realizamos ejercicios espirituales, retiros o alguna práctica que nos lleve a la serenidad y liberalidad de encontrarnos con nuestro Creador, hoy es un buen momento para planteárnoslo activamente como propósito a corto plazo. Siempre es bueno hacer un alto para buscar y encontrar la Voluntad del Amor Renovador.

COMPAÑEROS DE CAMINO. El corazón de Ignacio se inundó de la Gracia del Señor y explotó de Amor, para confundirse con cada elemento de la Creación. Esa experiencia de encuentro y unión con Dios, tan inexplicable como particular y magnífica, lo llevó a compartirlo con otros hermanos que, al igual que él, andaban en la búsqueda de algo grande para sus vidas. Sus amigos, sus compañeros de ruta, unieron sus corazones para alabar al Señor y desde allí servir a cada hermano al que puedan llegar. Una utopía realizable desde la fuerza que sacaban de la cercanía al Corazón de Cristo y el apoyo mutuo que se propinaban, incluso a pesar de las distancias. Un solo Amor. Un solo corazón. Una sola misión: Ser Compañeros de Jesús junto a la Cruz. El sello que desde hace 500 años sigue vivo, cual hoguera, para encender a aquellas almas que necesitan del Señor, de su Palabra, de su Compañía, de su Amor.
Nada especial tenía Ignacio y sus compañeros. Sólo se dejaron consumir por el Amor a Jesús. Ese fue el secreto de los primeros compañeros. Hoy podrías ser tú el llamado, al igual que ellos, a conformar una comunidad de Amor que deje la vida por el mensaje de Cristo en la Tierra. Déjate seducir por el Señor. Él guiará tus pasos y los de tus hermanos, que se decidan a dar el paso al vacío en nombre de Jesús, el Salvador y Redentor de toda la humanidad.

EN TODO AMAR Y SERVIR. La contemplación. La escucha. La Palabra. La Eucaristía. La entrega total. Signos en la vida de Ignacio que fueron encarnados para unirse a Dios en lo más íntimo de su esencia. Así, como San Francisco de Asís, encuentra en cada cosa creada al Creador, y por ello, también encuentra en ella, una misión de servicio y amor. Esto explica lo que los unió a Ignacio, a Francisco Javier, a Pedro y el resto, ya que eran muy diferentes, y con misiones muy diversas entre sí, pero compartían ese afán de hallar la Voluntad de Dios y disfrutarlo en cada persona y cada cosa sobre esta Tierra.
Este es un gran llamado para que salgamos de nuestros egoísmos y mezquindades, para que sinceramente nos dejemos ganar por lo que Dios anhela de nosotros y trabajar felices en la tarea que Él nos tiene encomendada.
Pidamos la Gracia, por intercesión de San Ignacio, que nuestras almas se enamoren del Señor y que ese Amor nos arrastre a ofrecer nuestras vidas para ayudarlo a redimir este mundo de hermanos.

Imagen para contemplar

Estamos parados junto a Jesús, que en este momento carga la Cruz de toda la humanidad, nos pide que nos acerquemos a Él.
¿Qué hacemos? ¿Lo ayudamos a cargar la cruz? ¿Nos quedamos inmóviles? ¿Le damos la espalda? ¿Qué nos dice Jesús?

Conclusión

En este día pidamos al Señor, por intercesión de Ignacio, que nos decidamos a ser apóstoles encendidos y entregados totalmente a su Voluntad, para mayor Gloria de Dios.

Toma, Señor y recibe
toda mi libertad;
mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad.
Cuanto tengo y poseo,
Tú me lo diste, y a Tí Señor te lo torno.
Todo es tuyo; dispone de ello según tu voluntad.
Dame tu amor y gracia, que esto me basta sin que te pida otra cosa

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

San Ignacio: El Santo que eligió la Alegría

Publicado por Vocaciones Jesuitas

Alegre en tu juventud, tu conversión a Dios no te robó la alegría, y cuando observaste en tus lecturas que unos pensamientos te dejaban triste y otros alegre, escogiste la alegría como criterio para adivinar donde andaba el buen camino. Como ha escrito alguien, tu fuiste “el santo que eligió la alegría”.

Al principio de tu conversión, cuenta Ribadeneira, que fuiste muy tentado de la risa y que venciste ese exceso natural a “puras disciplinas”, extraño método que debió conseguir sólo medianos resultados, pues muchos años después, un extraño personaje, que nadie sabe de dónde pudor lograr información sobre ti, te describía como “un pequeño españolito, un poco cojo, que tiene los ojos alegres”.

No sólo eras alegre, sino que repartías alegría a los demás, y cuando tropezabas con alguno de tus hijos tentado de tristeza “le mostrabas tanta alegría en la mirada que parecía que querías meterlo dentro del alma".

“De todo sea siempre bendito y alabado el Criador y Redentor nuestro, de cuya liberalidad infinita mana todo bien y gracia; y a él plega cada día abrir más la fuente de sus misericordias en este efecto de aumentar y llevar adelante lo que en vuestras ánimas ha comenzado.

Y no dudo de aquella suma Bondad suya, sumamente comunicativa de sus bienes y de aquel eterno amor con que quiere darnos nuestra perfección, mucho más que nosotros recibirla, que lo hará. Así que de su parte cierto es que él está presto, con que de la nuestra haya vaso de humildad y deseo de recibir sus gracias”

SEGUIR LEYENDO LA NOTA