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jueves 31 de diciembre de 2009

LAS MANOS DE MARÍA

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
Por José María Maruri, SJ

1.- ¿Por qué comenzamos el año con una fiesta de la Virgen? Porque fue María la que llevando a Jesús de su mano le enseñó a dar sus primeros pasos, y de la misma manera nos enseñará a nosotros a seguir los pasos del Niño Dios, también de su mano maternal. Así de una mano de María el Niño Dios y de otra, cada uno de nosotros esperemos caminar todo el año de 2010, aunque sea a trompicones, con tal que el Niño no se ponga a correr demasiado.

Es notable que aunque la fiesta es de Santa María, Madre de Dios, toda la liturgia insiste en María Virgen y Madre. María es La Virgen con mayúscula, para distinguirla de esas otras muchas vírgenes que han consagrado a Dios su virginidad. La virginidad de María creo yo que hace referencia directa a la Virginidad del Padre Eterno, que engendró a su Hijo sin participación de nadie, y la Virgen también engendró a su Hijo (el mismo Hijo de Dios) sin participación de hombre alguno.

2.- No cabe duda que la devoción a la Virgen María ha disminuido mucho entre nosotros. España yo no es la tierra de María Santísima. Y mucha culpa la tenemos los curas que a raíz del Concilio Vaticano II nos dimos prisa a quitar las imágenes de la Virgen de los altares sin caer en la cuenta de que cuando se quita de un altar a María, el Niño se baja también… y ahí tenemos el cristianismo que ahora nos gastamos.

3.- El que ha encumbrado tanto a María hasta elevarla al limite posible de la divinidad (sin jamás pasarlo, claro) es el mismo Dios que la ha hecho su Madre. Pero si vais a ver a ver el único título del que no consta por los evangelios que a María se enorgulleció fue de ser “la esclava del Señor”. Y eso a todos nosotros, sus hijos, nos enorgullece por aquello de Esclava del Señor, que cuanto mayor es el Señor más se ennoblece el esclavo.

Pero cuando eso de esclavo se refiere a los demás, nosotros, como lo interpreto Jesús poniéndose a lavar los pies de los apóstoles, eso ya es otra cosa, porque pensemos en los hermanitos que nos han tocado en suerte, molestos, antipáticos, sucios, ya no nos ennoblece tanto.

4.- Lo que Jesús y María, su Madre, nos enseñan con eso de ser esclavo de los demás es que ser cristiano es pasar por el mundo, siendo las manos visibles de la providencia de Dios en nuestra sociedad.

5.- Yo os aconsejo que le pidáis a la Virgen que os enseñe esas manos que siempre vemos unidas en oración y veréis que, en realidad, son manos de Esclava del Señor

--callosas y endurecidas de voltear la piedra que muele el trigo.

--ásperas y cortadas por el frío del agua del río o de la fuente.

--manchadas de grasa y de hollín.

--temblorosas cerrando los ojos del esposo querido.

--manos que desearon ser de pluma y algodón al recibir el cuerpo llagado del Hijo bajado de la Cruz.

Que nuestra madre nos enseñe a juntar las manos en oración y a abrirlas al servicio de nuestros hermanos, también hijos de nuestra misma Madre,

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Evangelio Misionero del Día: Viernes 1 de Enero de 2010. SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 16-21

Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el Ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.


Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

Hoy, para todos, Año Nuevo. Para la Liturgia de la Iglesia, la Solemnidad de María, Madre de Dios. Para nuestro mundo convulsionado, la Jornada de la Paz. Para nosotros, en nuestra Emisora, un día de parabienes a todos nuestros queridos radioyentes: ¡Feliz y próspero Año Nuevo!
Esto es lo que queremos para todos.
Y lo conseguiremos, seguro, si el Año Nuevo nos trae eso precisamente: una vida nueva, como lo expresa nuestro refrán popular: Año Nuevo, vida nueva.
Lo conseguiremos con más seguridad aún, si sabemos ponerlo, desde un principio, bajo la estrella y tutela de María. Es ésta una clara intención de la Iglesia, cuando nos abre el año con una fiesta tan esplendorosa de María como es su Divina Maternidad: ¡María, la Madre de Dios!...
Lo conseguiremos plenamente, si la paz es el móvil de todas nuestras actuaciones personales y sociales: desde la paz con nosotros mismos y en el seno de nuestras familias, de nuestras comunidades, de nuestros pueblos, y —¡Dios lo quiera también!—, hasta la paz en el concierto armonioso de las naciones.
Una celebración como ésta, en una fiesta que es universal, nos impone un momento de reflexión sobre ese aspecto del progreso personal. Vemos cómo nuestra vida no es más que el sucederse ininterrumpidamente de un año tras otro, hasta que llegue un año que lo comenzaremos pero que ya no lo terminaremos.
El tiempo nos lo da Dios para irnos mejorando, a fin de llegar cada uno a la perfección humana —y para nosotros, también cristiana— exigida por nuestra condición de hombres y de bautizados. Esto significa ese año nuevo, vida nueva del dicho popular, mucho más profundo de lo que parece.
Para el año que comenzamos, la ley del progreso debe ser un imperativo. He de mejorar en la salud. He de imponerme en los estudios. He de superarme en el trabajo, en la profesión y en el negocio. He de crecer vigorosamente en mi relación con Dios, en la fe, la piedad y en el hacer el bien a todos. Hago mío el dicho sobre el amor: mejor que el año pasado y menos que el año que vendrá dentro de trescientos sesenta y cinco días...
Miramos ahora a María. En el Evangelio que la Iglesia nos propone en este día vemos a la Virgen convertida en el archivo viviente de los mejores recuerdos de Jesús.
Es natural. Era Madre, y a una madre no se le escapa un detalle de la vida del hijo. Y siendo no una madre cualquiera, sino la Madre de Dios, María fue la gran admiradora, la gran educadora, la gran imitadora y a la vez que la gran protectora de la vida de Jesús.
Hoy lo ve derramar la primera sangre en el rito de la circuncisión judía; otro día asistirá al derramamiento de toda la sangre del Hijo en la cruz. Fiel hasta el mayor heroísmo, con su Hijo Jesucristo perseverará hasta el fin.
La Iglesia nos coloca bajo el amparo de esta Madre a lo largo del año que hoy comienza. La miramos, y emprendemos la marcha, porque Ella va delante de nosotros en la peregrinación de la fe.
La miramos, y nos sentimos seguros, porque de la mano de la Madre nadie se extravía. Madre nuestra, nos ama y nos protege. Madre de Dios, lo puede todo ante el trono del mismo Dios.
Volvemos ahora la mirada a la sociedad. Cada año que comienza está cargado de interrogantes. Y la preocupación de todos es la misma: ¿disfrutaremos este año del don
de la paz? ¿No se nos ocurrirá engancharnos los unos contra los otros en guerras implacables?...
Por algo el Papa Pablo VI instituyó este día como Jornada de la Paz.
La Organización de las Naciones Unidas, que busque soluciones a los conflictos. Es su deber, y cuando lo consiguen es digna de todo nuestro aprecio y agradecimiento.
Pero nosotros sabemos que hay algo más importante que los discursos en aquel foro internacional y que los viajes de los diplomáticos.
Lo primero que tenemos presente es la oración, sin la cual no llegará la paz al mundo.
Porque sin oración, sin poner a Dios en medio, no nos amaremos nunca, vencerá siempre la ley del más fuerte, y el egoísmo será el mandamás del mundo...
Por eso nosotros, todos, sin distinción de credos, alzamos las manos pidiendo a Dios que nos haga amarnos, para que las guerras se hagan un imposible en el mundo.
Donde hay amor y hay oración no estallan las bombas. ¿Por qué no nos amamos más, y por qué no rezamos más?...
El Faraón, según leemos en la Biblia, le preguntó al padre de José en Egipto: ¿Cuántos años tiene? Y el patriarca Jacob respondió compungido: Pocos y malos, los ciento treinta años míos.
En fin, ciento treinta le parecían pocos al buen viejo.
Nosotros nos contentamos con menos. Pero los menos años nuestros los queremos buenos, llenos, cargados de bienestar y de dicha, y, sobre todo, bien aprovechados en la presencia del buen Dios que nos da y nos conserva la vida.
¡Feliz y próspero Año Nuevo!, nos hemos dicho al principio y nos repetimos ahora.
A esta felicitación de todos los hombres, nosotros, cristianos, sabemos darle una carga de mucho más peso: año dichoso y abundante en bienes, pero, sobre todo, henchido de la gracia del Cielo...
Sobre todo, si el año entero va a discurrir bajo la protección de María, la Madre de Dios...
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Oración de nochevieja de un creyente desconcertado


Por José Antonio Pagola

Señor, antes de entrar en el bullicio y aturdimiento del fin de año, quiero esta tarde encontrarme contigo despacio y con calma.
Son pocas las veces que lo hago. Tú sabes que ya no acierto a rezar.
He olvidado aquellas oraciones que me enseñaron de niño
y no ha aprendido a hablar contigo de otra manera más viva y concreta.

Señor, en realidad, ya no sé muy bien si creo en ti. Han pasado tantas cosas
estos años. Ha cambiado tanto la vida y he envejecido tanto por dentro...
Yo quisiera sentirte más vivo y más cercano.
Me ayudaría a creer. Pero me resulta todo tan difícil...
Y, sin embargo, Señor, yo te necesito.
A veces me siento muy mal dentro de mí.

Van pasando los años y siento el desgaste de la vida.
Por fuera todo parece funcionar bien: el trabajo, la familia, los hijos.
Cualquiera me envidiaría. Pero yo no me siento bien.
Ya ha pasado un año más. Esta noche comenzaremos un año nuevo, pero yo sé que todo seguirá igual. Los mismos problemas,
las mismas preocupaciones, los mismos trabajos. Y así, ¿hasta cuándo?

¡Cuánto desearía poder renovar mi vida desde dentro!

Encontrar en mí una alegría nueva, una fuerza diferente para vivir cada día. Cambiar, ser mejor conmigo mismo y con todos. Pero la experiencia me dice que no puedo esperar grandes cambios. Estoy demasiado acostumbrado a un estilo de vida. Ni yo mismo creo demasiado en mi transformación.

Por otra parte, tú sabes cómo me dejo arrastrar por la agitación de cada día.
Tal vez por eso no me encuentro casi nunca contigo.
Tú estás conmigo y yo ando perdido en mil cosas.
Si al menos te sintiera como mi mejor amigo...
A veces pienso que eso lo cambiaría todo.


Qué alegría si yo no te tuviera esa especie de temor
que no sé dónde brota, pero que me distancia tanto de ti...
Señor, graba bien en mi corazón que tú hacia mí
sólo puedes sentir amor y ternura. Recuérdame desde dentro
que tú me aceptas tal como soy, con mi mediocridad y mi pecado,
y que me quieres incluso aunque no cambie.

Señor, se me va pasando la vida, y a veces, pienso
que mi gran pecado es no terminar de creer en ti y en tu amor.
Por eso, esta noche yo no te pido cosas. Sólo que despiertes mi fe, lo suficiente para creer que tú estás siempre cerca y me acompañas.
Que a lo largo de este año nuevo no me aleje mucho de ti.
Que sepa encontrarte en mis sufrimientos y mis alegrías.
Entonces tal vez cambiaré. Será un año nuevo.

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ORACIÓN EUCARÍSTICA: Festividad del Año Nuevo

Publicado por Fe Adulta


Te bendecimos, Dios y Señor nuestro, creador del espacio y del tiempo,
y te agradecemos el nuevo año recién amanecido.
Te damos gracias, Señor, porque nos deparas una vez más todo un año
para llenarlo de buenos proyectos y deseos renovados.
Nos acabas de hacer el mejor regalo que podríamos soñar,
el milagro de la vida, la energía para encarar los retos de un nuevo año,
y con tu fuerza, renuevas nuestra esperanza y reavivas las utopías.
Te agradecemos en este día tan señalado
el maravilloso testimonio de María, la Madre de Jesús,
en quien, a través de toda su vida, plena de amor,
hemos podido descubrirte como Dios Padre y Dios Madre de todos nosotros.
Unidos ahora a todos nuestros hermanos,
nos proclamamos orgullosos hijos de María
y te cantamos este himno de agradecimiento y alabanza.

Santo, santo…

Te damos gracias, Padre Dios,
por regalarnos aquel niño, nacido de una gran mujer,
que vino a rescatarnos de las injusticias y la opresión.
Jesús es para nosotros tu perfecta encarnación,
por su medio te hemos reconocido como Enmanuel,
un Dios inmerso en la humanidad.
Le pusieron por nombre Jesús, Joshua, que significa “Yahveh es salvación”,
justo nombre, porque a través de su mensaje y de su ejemplo,
hemos encontrado en Ti la salvación y nos hemos sentido liberados, libres.
Hizo honor a su bendito nombre, toda su vida y hasta su muerte.
Y resumió su entrega en unos sencillos gestos
pidiéndonos que siguiéramos ese mismo camino de salvación.

El Señor Jesús, la noche en que iban a entregarlo, cogió un pan,
dio gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros;
haced lo mismo en memoria mía».

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:
«Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre;
cada vez que bebáis, haced lo mismo en memoria mía».

Al recordar la entrega total de Jesús,
que culminó en su muerte y resurrección,
esperamos, Padre, que nos hagas partícipes de tu espíritu renovador,
ese espíritu que recrea todas las cosas
e inaugura siempre un tiempo nuevo,
el mismo espíritu que guió los pasos de María toda su vida
el espíritu que vivió en plenitud Jesús
y que representa una convocatoria universal de reconciliación y amor.
Pondremos nuestro empeño en hacer más habitable la Tierra,
ayúdanos a crear las condiciones de justicia y equidad
para que resurja la paz en todos los rincones del mundo.
Ilumina con este mismo espíritu al Papa y a los obispos,
para que sepan guiar a la comunidad cristiana por la senda del evangelio,
Acuérdate de quienes en el pasado año vinieron a este mundo, bendícelos,
y de quienes nos dejaron para vivir plenamente contigo.
A Ti, Señor de los trabajos y del día,
por Jesús, el Salvador, nacido en medio de la noche,
te sea dada toda alabanza en este nuevo año y por los años futuros.
AMÉN.

Rafael Calvo Beca



PRINCIPIO

Esta es la primera eucaristía del nuevo año.
Nos espera otro año más, Padre,
para celebrar, domingo tras domingo, la eucaristía.
Gracias por tu incesante regalo. Que nos acerque más a Ti.
Por Jesús, tu hijo, nuestro Señor.


OFRENDA

El pan y el vino en tu mesa:
que en este nuevo año seamos como Jesús,
pan y vino para la vida del mundo.
Por Jesús, tu hijo, nuestro Señor.


DESPEDIDA

Gracias una vez más, Padre, por la eucaristía;
gracias porque nos vas a invitar tantas y tantas veces más.
Gracias porque siempre estás ahí,
invitando, perdonando., acompañándonos en el camino de la vida.
Por Jesús, tu hijo, nuestro Señor.


José Enrique Galarreta

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miércoles 30 de diciembre de 2009

LA PAZ, MARÍA MADRE Y EL TIEMPO

1 de Enero: Santa María, Madre de Dios
Por Fray Marcos
Publicado por Fe Adulta

En esta fecha tan universal y envolvente, es inevitable hablar de estos tres temas.

Empezaremos hablando de la paz. Se nos llena la boca al pronunciar esta palabra, pero no nos interesa demasiado afrontar los verdaderos problemas que plantea. Todos pedimos a Dios que nos libre de la guerra, pero no estamos dispuestos a exigir en nuestro entorno justicia, que es “condicio sine qua non” de una auténtica paz.

Luchar por la paz haciendo la guerra, garantiza el fracaso. El concepto de guerra preventiva es más perversa que la ley del talión. El ser humano se puede defender de toda agresión sin tener que luchar contra nada ni contra nadie. El secreto sería trabajar siempre por el bien de todos y cada uno de los hombres.

Juan XXIII, en su encíclica “Pacis in terris”, advirtió que la paz será la consecuencia de la Verdad, la Justicia, la Libertad y el Amor. Esto lleva consigo tener claro que ningún ser humano es más que otro ser humano. Mientras no nos enteremos de esta realidad; mientras haya un solo hombre que se sienta superior, no podrá haber paz.

Hoy por hoy, estamos a años luz de esta utopía, que sin embargo debe ser el punto de partida de todas las relaciones humanas. Hay muchas personas que intentamos ser justos, ser amables, ser comprensivos, etc. etc., pero con la condición de que no se ponga en duda nuestra superioridad. Esta postura, tan común, es de auténtica hipocresía.

Todos buscamos la paz. Unos buscamos la paz de los cementerios: ¡Que nadie se mueva! ¡Ay de aquel que se atreva a vivir! Ahí están los “vivos” de siempre, impidiendo el más ligero signo de vida a los demás.

Otros nos contentaríamos con la paz romana: todos los demás sometidos, humillados al servicio del imperio. Una paz que responde a la ley del más fuerte, sostenida con bombas y cañones. Que mueren personas inocentes, ¡qué más da! Son “daños colaterales”. Que quedan seres humanos destrozados en el camino, da lo mismo, lo importante es que se han cumplido los objetivos.

Esta paz siempre se consigue a base de hambre, enfermedades e ignorancia. Paz conseguida gracias a que la inmensa mayoría de la humanidad no tiene capacidad de reivindicar los más elementales derechos. Carta universal de los derechos humanos, firmada por todos los países, para qué. Sería de risa, si no fuera de pena.

Meter a todo el que me lleva la contraria bajo el denominador común de terrorista, no arregla nada. Es verdad que existe el terrorismo irracional, que nunca atenderá a razones, pero estoy convencido de que mucho terrorismo se terminaría con un poco de auténtica justicia.

La que debíamos buscar todos, es la paz armonía, fruto de la Justicia. Pero el mayor enemigo de la justicia es la legalidad que unos pocos privilegiados imponemos a todos, buscando siempre nuestro provecho. ¿Qué pasaría si las leyes del comercio mundial las hicieran los países más pobres, los que pasan hambre hasta la muerte?

El primer objetivo de las grandes coaliciones entre las naciones es defender sus intereses económicos. ¿Contra quién? Es demencial. Y encima tenemos que estar oyendo todos los días que somos los buenos. ¡Qué iba a ser del mundo, si no fuera por nosotros!

Debemos tomar conciencia de pertenecer a una familia, donde no haya ni superior ni inferior, ni señor ni esclavo, esta es la clave de todo el mensaje evangélico. La transformación debe empezar dentro de cada ser humano. Si desterrásemos de nosotros todo egoísmo, se terminarían todas las guerras. Según Jesús, es más humano el que es capaz de amar más. Es inútil pretender una plenitud humana a costa de los demás


El segundo tema que vamos a tratar es el de María Madre. Es la fiesta más antigua de María que se conoce. Pablo VI la recuperó del olvido. Es bonito empezar el año mirando a María Madre, sobre todo si aprendemos a verla sin capisayos y abalorios.

La primera imagen que el hombre primitivo tuvo de Dios, fue la de Madre. María Madre viene a suplir las carencias que conllevaba la idea de un Dios exclusivamente Padre.

La maternidad de María es un dogma, que fue definido en Éfeso en el 431. Lo primero que hay que tener en cuenta es que, en aquella ciudad se veneraba a la "Magna Mater", diosa virgen Artemisa o Diana.

Es muy interesante constatar que ese dogma tuvo que ser aclarado y en cierto modo limitado veinte años después por el concilio de Calcedonia (451) afirmando que María era madre de Dios "en cuanto a su humanidad". Esta aclaración la hemos olvidado por completo y seguimos interpretando mal lo que en el dogma se quiso declarar.

Para entender el dogma, debemos tener muy en cuenta el contexto en que fue formulado. Se definió como un intento de confirmar, que el fruto del parto de María fue una única persona, contra la tesis nestoriana que afirmaba dos personas en Jesús. Fue una definición cristología, no mariana.

En aquella época estaban todavía demasiado preocupados por aclarar qué significaba la figura de Jesús. María no era aún motivo de la reflexión teológica.

No debemos olvidar que este concilio lo promovió Nestorio para que un concilio condenara como hereje a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo y por lo tanto que María era con pleno sentido, madre de Jesús Hijo de Dios. A Nestorio le salió el tiro por la culata, y fue condenado él; pero faltó el canto de un duro, para que se condenara como herejía lo que se definió como dogma... Sin comentario.

Este dogma de la "Theotokos", literalmente, “la que pare a Dios”, se ha entendido mal, porque no se ha tenido en cuenta el sentido que tenían las palabras en aquel contexto. Es el mejor ejemplo de cómo, conservando las palabras, estamos diciendo algo completamente distinto de lo que se quiso definir.

El concepto de concepción humana era muy primario en aquella época. Se creía que la nueva criatura procedía totalmente del padre. La madre no tenía otra misión que la de ser recipiente donde se desarrollaba la semilla del nuevo ser. De ahí que no se tenía ningún inconveniente en aceptar que alguien pudiera ser hijo de un dios naciendo de una mujer. Hoy sabemos que el nuevo ser es fruto de la madre y del padre al 50%. Parece ridículo seguir hablando de hijo de dios en sentido biológico, como se deja entender con demasiada frecuencia.

En la concepción de Jesús, no podemos seguir mezclando el plano biológico y el divino. Se trata de dos planos de naturaleza distinta que no tienen la menor posibilidad de interferir uno en otro. En el orden espiritual, lo biológico no tiene ninguna importancia.

Hay que defender con rotundidad que lo que Jesús fue y significó, como manifestación de Dios, sólo podía ser obra del Espíritu Santo. Eso nadie lo puede poner en duda. En los relatos del nacimiento y del bautismo de Jesús, se ve con toda claridad: “Concebido por el Espíritu Santo”; “Nacido del Espíritu Santo”. “Ungido por el Espíritu Santo”; “Movido por el Espíritu Santo”.

Pero también pone Juan en boca de Jesús: “Hay que nacer de nuevo”• “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu”; “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale para nada”.

Para mí, lo que estamos celebrando es que María hace presente a Dios encarnado (Emmanuel). S. Agustín dice que María fue madre de Dios, no por su relación biológica, sino por haber aceptado el proyecto de Dios. En eso María sigue siendo modelo. Todos tenemos que engendrar a Dios y todos tenemos que dar a luz a Dios, como dijo el maestro Eckhart.

Los primeros padres llamaban a la Iglesia partera, porque su misión era ayudar a los seres humanos a alumbrar a Dios. Este objetivo no se puede alcanzar promulgando dogmas y decretos sino indicando a los seres humanos el camino de la experiencia de Dios.

Dios sigue dándose de manera absoluta a todos y cada uno de los hombres. Descubrir y experimentar ese don es la tarea más importante que puede llevar a cabo un ser humano.


El tercer tema tiene que ver con el tiempo (Año Nuevo). El comienzo del año nos tiene que hacer pensar en el tiempo y en la eternidad. Como seres construidos de materia, formamos parte del tiempo, del devenir, de la evolución. Pero a la vez, la eternidad, de alguna manera, nos está atravesando. Si camináramos por el tiempo con los ojos bien abiertos, descubriríamos horizontes de eternidad en la misma temporalidad.

El concepto de eternidad que manejamos, como algo que está más allá del tiempo, nos está jugando una mala pasada. No es negando la temporalidad, como alcanzaremos la eternidad, sino zambulléndonos en ella hasta encontrarnos con su médula.

En el NT se manejan dos conceptos muy distintos de tiempo. Uno es el tiempo astronómico (la medida del movimiento), que nos permite conectar con la realidad material y sentirnos inmersos en la contingencia. El otro concepto es el “Kairos”, que sería el tiempo psicológico o espiritual. Este nos permite ir más allá del tiempo y experimentar en cualquier momento lo trascendente, lo divino, la eternidad.



Contemplación-meditación


Pensar en los orígenes nos obliga a centrarnos.
Para saber donde estoy, debo saber de donde vengo y a donde voy.
El presente consciente incluye el pasado.
El futuro está ya en el presente de la persona despierta.
......................

La figura de María Madre (origen, Diosa) es fruto del subconsciente.
Completa la idea de Dios Padre
que tenemos arraigada en nuestra cultura.
Dios Padre = poder, autoridad, exigencia; seguridad externa.
Dios Madre (María) = acogida, comprensión, cariño entrañable; seguridad interna.
.............................................

Ninguno de nuestros conceptos puede expresar la realidad de Dios.
Pero unidos los dos símbolos,
se acercan un poco más a lo que Dios es.
María nos ayuda a encontrar ese Dios
que es nuestro origen y nuestra meta.
Dios es el ABSOLUTO que me envuelve y me atraviesa.
Sin Él, nada sería yo. Con Él y en Él, lo soy todo.
...........................................

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Navidad y Fin de Año: Fiesta de vida, riesgo de muerte

Publicado por El Blog de X. Pikaza

El 26 de Diciembre del 2005 publiqué en Eclesialia una reflexión, recogida también Atrio (http://www.atrio.org/?author=13), con el título Nacimiento, Mala Noticia para los Opresores. Han pasado desde entonces cuatro años, pero algunas cosas que entonces decía me siguen pareciendo pertinentes y así la renuevo y publico en este fin de año del 2009, como reflexión teológica. Sin duda, la Navidad es una Buena Noticia para el conjunto de la humanidad, es la noticia que la Iglesia Cristiana repite cada año por estas fechas. Pero en el Evangelio la buena noticia o Bienaventuranza de la Navidad va seguida por la mala noticia (Lc 6, 20-24).

¡Felices vosotros, los pobres...!
¡Ay de vosotros, los ricos, los ahora saciados!

Por eso es necesario repetir también en este tiempo que la Navidad es buena noticia para los pobres, aunque estos días sean para ellos especialmente tristes, porque ven el gran despilfarro de la sociedad de consumo… Ellos, los pobres (con los pastores de Belén y los exilados que huyen a Egipto) son los únicos que pueden entender la Navidad y esperar en la promesa de vida que ella ofrece.Para ellos el Fin de Año (¡fiesta por excelencia del consumo!) puede entenderse como promesa de un Año Nuevo abierto a la esperanza de la Vida que es Dios (que es la justicia, que es el pan, que es trabajo compartido y la fraternidad)

Es necesario decir, estos días, que la riqueza de la Navidad domesticada por la sociedad de consumo lleva a la muerte. En esa línea, muchos piensan que la misma Navidad (con sus grandes valores de ilusión, de reunión familiar, de noche de esperanza) se ha convertido en fiesta de muerte (expandida, sobre todo en la noche del fin de año). Hace falta que venga un profeta como Juan Bautista y nos diga que esta celebración de la Navidad puede ser anti-cristiana:

¡Hay de vosotros… hay de nosotros...
si no dejamos que la paz se extienda sobre el mundo,
si matamos la vida que nace,impidiendo el gozo de los pobres,
si dedicamos nuestra vida a condenar a los demás,
olvidando a los pobres, creando miseris!
¡Hay de nosotros si, en vez de Nacimiento,
celebramos en estos días Muerte!

Desde ese fondo de bienaventuranza de la Navidad (y de rechazo de aquello que es muerte), como reflexión de Fin de Año 2009, quiero exponer algunos rasgos de la Navidad, presentando a Jesús como el Hijo de María Virgen, en un contexto de gratuidad y de comunión con los más pobres del mundo. Por eso, la mejor Buena Noticia de la Historia humana (¡ha nacido Dios!) puede volverse y se vuelve mala noticia para aquellos que no quieren que Dios nazca y crezca en nuestra historia.

1. Navidad, nacido de María Virgen, nacido entre los pobres.
El credo de la iglesia afirma que Jesús nació de la virgen María (cf. Lc 1, 26-38 y Mt 1,18-25). Esta afirmación, que algunos han interpretado como puro mito de evasión, constituye uno de los signos privilegiados de la irrupción salvadora de Dios en la historia. Algunos teólogos muy reconocidos han pensado que el tema de la nacimiento virginal de Jesús (que sería de origen pagano) se encuentra, por su contenido, en una contradicción insoluble con la fe en la encarnación del Hijo (que sería origen cristiano), de manera que los relatos de Jn 1, 1-8 (encarnación) y los de Mt 1 y Lc 1 (nacimiento virginal) no podrían compaginarse.

En contra de eso, hay que afirmar que preexistencia y concepción por el Espíritu son símbolos (¡no conceptos!) y que sirven para destacar el único misterio de la presencia de Dios desde perspectivas distintas: la preexistencia acentúa el hecho de que Cristo brota de la eternidad de Dios, naciendo en el tiempo; la concepción y nacimiento virginal muestran que el Cristo nace de la historia (de María), proviniendo del misterio generante del Espíritu divino. Ambos símbolos se implican y completan: precisamente porque nace sobre el mundo siendo preexistente, el Hijo de Dios rompe, desborda, el plano puramente cósmico del nacimiento; como representante y principio de la humanidad reconciliada, Jesús nace desde Dios, por el Espíritu Santo.

Jesús nace de “María Virgen”, la pobre entre los pobres según Lc 1, 57-66. Virginidad significa en este contexto “pobreza”, según la perspectiva constante del Antiguo Testamento. Más que un tipo de “pureza sexual sagrada” indica la fragilidad de una vida amenazada, entre los pobres y expulsados del mundo, entre los eunucos, los perseguidos, los condenados, como sabe y dice el libro de la Sabiduría (Cf. Sab 3, 13-15; 4, 1-6).

2. Jesús, el nacimiento de Dios.

Todo nacimiento es un nuevo comienzo. Allí donde todo termina (el año acaba, los hombres se destruyen unos a los otros…), Dios, que ofrece a los hombres la oportunidad de comenzar una existencia nueva, no desde el pecado y la violencia que parecen dominar toda la tierra, sino desde el mismo despliegue de su Vida. Así lo ha querido destacar el evangelio de Juan, lo mismo que los grandes himnos y testimonios de la teología paulina (cf. Flp 2, 6-11; 1 Cor 15, 42-43; Rom 5, 12-21).

Desde ese fondo la iglesia ha visto a María, grávida de Dios, como signo de maternidad virginal, como presencia del poder de Dios que engendra y suscita la Vida en Amor, venciendo al Dragón o serpiente venenosa de la muerte, en un mundo amenazado por la prepotencia humana. Ésta es una forma simbólica de expresar una experiencia que está en el fondo de los textos israelitas del Emmanuel (¡una doncella concebirá!: Is 7, 14) y de los grandes símbolos de la mujer del Apocalipsis (Ap 12, 1-4).

En ese sentido, el nacimiento virginal de Jesús expresa la fuerza creadora de la Vida de Dios que se introduce en la misma vida humana. Jesús cumple así lo que parecía imposible: nace como hombre, en plena y total humanidad, dentro de la más dura violencia de la historia (en un mundo convulso, condenado a muerte), naciendo del amor de Dios, en manos del amor humano. Este nacimiento de Jesús nos ante un nuevo y más alto umbral de realidad.

En me¬dio de una humanidad que parece condenada a destruirlo todo y destruirse en claves de violencia y peca¬do, de sistema imperial y exclusión de los pobres, nace Jesús, que es el signo de la fuerza de Dios, como sabe el Libro del Emmanuel, que los cristianos han aplicado a su nacimiento. Siendo un débil niño, Jesús es el príncipe de la paz (Is 9, 6), de tal manera que cuando su palabras se expanda por el mundo y todos puedan nacer como él, «habitarán juntos el lobo y el cordero» (Is 11, 6).

3. Fe y amor de madre. Una presencia de padre

Los relatos de la infancia de Jesús afirman que María, su madre, concibió por obra del Espíritu Santo. Esa afirmación no puede tomarse en un sentido pura¬mente biológico, pues entendida así la virginidad sería espiritualismo vacío: nacer sólo de mujer es menos perfecto que nacer del encuentro de un hombre y una mujer que se aman y amando hacen posible el despliegue de la vida de Dios. No es que en el nacimiento de Jesús falte varón: lo que falta es un varón patriarcalista y dominador que entiende el despliegue de la vida como una continuación de su dominio sobre los demás.

En el fondo de los relatos del nacimiento de Jesús se va mostrando, al lado de María, su madre, la presencia de un varón creyente (José), que escucha la voz de la Vida de Dios y que se pone a su servicio. Sólo el diálogo personal de María con la Palabra de Dios hace que ella sea virgen madre de la Palabra de Dios hecha carne (Jn 1, 14). Sólo el diálogo con Dios, es decir, el amor gratuito, al servicio de la gracia de la vida, hace a José virgen padre. Esta “conversión paterna de José”, que el evangelio de Mateo ha desarrollado de un modo especial (Mt 1, 18-25) expresa el milagro de la navidad.

María. Al escuchar a Dios y al pre¬sentarse como Sierva del Señor, para volverse templo de su Espíritu (cf. Lc 1, 35. 38), María empieza a ser la virgen cristiana por la mente (por el corazón), en gesto de afirmación personal en que se in¬cluye el mismo «vientre»; ella es virgen por ser madre que cree y que ofrece a Jesús una vida abierta al amor que se expresa en la solidaridad con los pobres.

José. En la línea anterior, la iglesia ha logrado vincular la fiesta del nacimiento de Jesús con el signo de la Madre de Dios, la “pobre creyente” que es capaz de ponerse al servicio de la Vida. Pero esa misma iglesia, al menos por ahora, no ha logrado integrar el sentido y figura de José, padre virginal, quizá porque la figura de los padres varones sigue estando mucho más vinculada a la violencia de la historia, que Jesús ha venido a superar. Pues bien, sin esta “conversión navideña” de los hombres (representados por José), la Navidad nunca será completa.

4. Nacimiento e historia y conversión de Dios

Jesús no se define sólo por su referencia al padre José, como judío, re¬presentante de la ley y del mesianismo de este mundo, que le habría ence¬rrado en la cadena de generaciones siempre repetidas de Israel (cf. Hebr 9), sino que ha superado ese nivel, para situarnos allí donde la vida se abre hacia todos los hombres, en pero que empieza desde los más pobres. En ese sentido no podemos llamarle, por ahora, sin más Yoshua ben Yosef (hijo de José), porque el viejo signo de José, hijo de David (cf. Mt 1, 20) sigue demasiado vinculado al mesianismo de los triunfadores.

Por otra parte, el nacimiento virginal de Jesús ha de entenderse como encarnación plena del Hijo del Dios creador, en una línea abierta a todos los hombres, pues, como sabe Jn 1, 12-13, todos y cada uno de los creyentes nacen de Dios, superando el nivel de la pura carne y sangre, de la voluntad de poder del varón y de la ley del mundo. Todo nacimiento humano es (ha de ser) en esa línea un nacimiento virginal: Dios mismo nace en cada ser humano, de manera que, si se quiere utilizar ese lenguaje, todos los padres y madres que engendran y acogen la vida en amor son vírgenes.
En ese sentido hablamos de la conversión de Dios, que parecía un Señor de la Ira y la prepotencia (ciertos rasgos del Yahvé de Israel y el Dios de la filosofía occidental), para venir a presentarse como principio de vida y de amor, en la Navidad. Más importante que la “conversión” de María y de José es, en el fondo, esta conversión de Dios, a quien ahora podemos conocer plenamente por Jesús. Por eso, a final de su “relato especial” de la Navidad, el evangelio de Juan nos dice que a Dios no le conocíamos, sólo ahora, por Jesús, podemos conocerle (Jn 1, 18), como Dios de vida

5. Navidad y superación de la injusticia.

Parece que la ley de evolución de los vivientes hace triunfar a las especies que mejor se adaptan, imponiéndose por encima de las otras. Tam¬bién la historia humana se vincula a la victoria de los fuertes, de manera que nacen y se desarrollan los que mejor luchan y vencen en la guerra de la historia. Algo de eso había presentido una tradición cristiana que interpretaba todo nacimiento como expresión de violencia carnal y pecado, pues «el mayor pecado del hombre es haber nacido» (así pueden afirmar San Agustín y Calderón de la Barca, los gnósticos antiguos y muchos budistas).
Pues bien, en contra de eso, la concepción y nacimiento de Jesús nos sitúan en el lugar de la gran inversión de la historia: allí donde la vida se concibe y expande en gratuidad de amor, no en deseo violador. Los cristianos que, de un modo o de otro, han entendido la concepción y nacimiento en línea de pecado siguen en la línea del dualismo apocalíptico, donde todo nacimiento es violación diabólica (como supone la tradición de Henoc).

Ciertamente, la iglesia sabe que Jesús no ha nacido por violación, sino por presencia amorosa del Espíritu de Dios, de tal manera que, como dice su madre en el Magnificat, él ha de abrir un espacio y camino de vida para los pequeños y los pobres, los hambrientos, derrotados y aplastados de la historia (cf. Lc 1, 46-55); con ellos nace, a favor de ellos quiere vivir, para que todo nacimiento humano sea nacimiento desde Dios.

Jesús nace con los exilados de la historia, como sigue sabiendo el relato de Mt 2, 13-15, cuando añade que José tuvo que refugiarse en Egipto, con María y el niño, para liberarse y librarles de la política oficial de los que sienten amenazado su trono cuando nace el verdadero rey, es decir, cuando los hombres empiezan a vivir como libres. La primera Navidad fue mala noticia para Herodes y los prepotentes del mundo (Mt 2); mala noticia para los “instalados” de Belén, que no le recibieron. Por eso, él, Jesús, con José y María, celebró su Navidad entre los expulsados (pastores) y entre los perseguidos (huyendo a Egipto)

6. Navidad, una mala nueva para los opresores.

Nació Jesús de la gracia de Dios y de la gracia de María su madre (de sus padres), para que todos los hombres y mujeres de este mundo puedan nacen en un mundo de paz, abiertos al amor y al despliegue generoso de la Vida. Así lo puso de relieve H. Arendt, superviviente del holocausto nazi, pues sabía que sólo si aprendemos a nacer de un modo distinto, no para la seguridad y consumo del sistema homicida (Herodes), seremos capaces de sobrevivir, pues de lo contrario moriremos todos en los campos de concentración de los nuevos sistemas, que sólo nos dejan nacer como esclavos al servicio de su consumo. Este es el evangelio del nacimiento del Hijo de Dios, que Lc 2, 8-14 ha proclamado con palabras que evocan y superan el nacimiento de los emperadores del viejo mundo que se empeña en engañarse y matarse.
Mirada de esa forma, la celebración de la Navidad, fiesta de padre y niños que engendran y nacen en amor, puede y debe convertirse en mala noticia para los representantes del sistema que, hoy como antaño, no quieren que nazca Moisés (Ex 2, 1-8), ni que nazca Jesús (Mt 2). Por eso, el Libro del Emmanuel, que ha servido a la iglesia para entender el nacimiento de Jesús, se dice no sólo que ha nacido el Príncipe de la paz (Is 9, 5), sino que él ha roto la vara del opresor, el yugo de su carga (Is 9, 3). Como suele suceder con frecuencia, los opresores de este mundo quieren adueñarse de la Navidad, convirtiéndola en un momento más de su gran feria de opresiones, al servicio de su consumo.

7. La peor Navidad, una sociedad de consumo

Lo peor que se puede hacer con la Navidad no es dejar de creer en Dios, sino dejar de creer en el camino de la Vida, desde los más pobres, desde los expulsados… Lo peros es convertir la Navidad en una fiesta de la sociedad de consumo, al servicio de los ricos, para envidia de los pobres.

La Sociedad de Consumo (nuestro dios) ha destruido casi la Navidad Cristiana, convirtiéndola en fiesta de la apariencia rica, de la búsqueda de riqueza a costa de los demás, del gran consumo. Pero el Dios que nace en Jesús, entre los pobres, es más fuerte que el gran consumo.
El Dios que nace en Jesús y en cada niño abierto al amor es más fuerte que todas las violencias de la historia humana. Por eso, la navidad puede y debe convertirse en mala noticia para los que se valen de todos los medios, incluso de los religiosos, para oprimir a los pobres.

Sólo en esa línea puede ser fiesta de Familia Humana, de la gran familia de los hijos de Dios que Jesús vino precisamente a reunir a los hijos de Dios dispersos por el mundo (Jn 11, 52).
En ese sentido he querido decir que la Navidad es buena noticia para los pobres, a pesar de que ahora, en este momento, ellos sufran la Navidad como un asalto más de la sociedad de consumo… Ellos sufren estos días, viendo el gran despilfarro, pero pueden esperar, porque saben que Jesús está con ellos, de manera que tienen un futuro.

En ese sentido he querido decir que la Navidad es mala noticia para los ricos, pues su tiempo acaba y su camino llena a la muerte no a la vida.

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Evangelio Misionero del Día: Jueves 31 de Diciembre de 2009 - TIEMPO DE NAVIDAD JUEVES - DÍA VII INFRAOCTAVO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 1-18

Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.

Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él, al declarar:
«Éste es Aquél del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo».

De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,
que está en el seno del Padre.


Compartiendo la Palabra
Por José Cristo Rey García Paredes

Llegamos al último día del año civil 2009. Diversos medios de comunicación nos ofrecen en síntesis la Gracia y la Desgracia de este período de nuestra vida común. Toda muerte en la naturaleza es nacimiento, decía el filósofo alemán Fichte. También la muerte de este año 2009 hace posible el nacimiento del 2010. Navidad de muerte y vida. Navidad pascual. Cristo hoy…. Cristo mañana. Escuchemos el último Evangelio del año.

Nos despedimos del año.

Y muere este año sabiendo que sus semillas quedan por ahí, que merece la pena pensar en Jesús todos los días y escuchar su Palabra y comentarla con las ideas y la vida.

Al principio era la Palabra. En la Palabra había Vida. Lo habéis experimentado. Escuchar cada día la Palabra es sentir un chorro de vida dentro. La vida es nuestra luz. Podemos caminar seguros. Tendréis en vuestras casas la Palabra de Dios. Ese es vuestro sagrario. La Biblia es el corazón de vuestro Templo. Haced vuestro propio comentario. Interpretad los hechos de vuestra vida a partir de esa Palabra de Vida y de Luz.

Anunciad la Palabra a otros. Haced que crezcan los discípulos de Jesús en el mundo. La estéril dará a luz siete hijos. Es la expresión bíblica para decir que la esterilidad podrá convertirse en la perfecta maternidad espiritual. Podemos dar vida y abundante, ofreciendo y comentando la Palabra de Vida.

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Lecturas y Liturgia de las Horas: Jueves 31 de Diciembre de 2009

TIEMPO DE NAVIDAD
JUEVES - DÍA VII INFRAOCTAVO

Lectura de la primera carta de san Juan 2, 18-21

Hijos míos,
ha llegado la última hora.
Ustedes oyeron decir que vendría un Anticristo;
en realidad, ya han aparecido muchos anticristos,
y por eso sabemos que ha llegado la última hora.
Ellos salieron de entre nosotros;
sin embargo, no eran de los nuestros.
Si lo hubieran sido,
habrían permanecido con nosotros.
Pero debía ponerse de manifiesto
que no todos son de los nuestros.
Ustedes recibieron la unción del que es Santo,
y todos tienen el verdadero conocimiento.
Les he escrito,
no porque ustedes ignoren la verdad,
sino porque la conocen,
y porque ninguna mentira procede de la verdad.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 95, 1-2. 11-14

R. Alégrese el cielo y exulte la tierra.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre,
día tras día, proclamen su victoria. R.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque. R.

Griten de gozo delante del Señor,
porque Él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad. R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 1-18

Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.

Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él, al declarar:
«Éste es Aquél del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo».

De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,
que está en el seno del Padre.

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO DE NAVIDAD
JUEVES - DÍA VII INFRAOCTAVO
Del Propio. Fiesta. I Vísperas de la Solemnidad de Santa María, madre de Dios.

31 de diciembre

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: UN TAN HERMOSO DONCEL

Un tan hermoso Doncel
hoy ha nacido en el suelo,
que la luna y sol del cielo
no lucen delante de él.

Es un Niño en quien se halla
hermosura tan sin par,
que no se pueden hartar
los ángeles de miralla.

Y aun lo menos que hay en él
es lo que mostró en el suelo,
pues la luna y sol del cielo
no lucen delante de él.

Nació este hermoso Doncel
de una graciosa Doncella,
después de Dios la más bella
de todo lo que no es él.

Como al fin Madre de aquel
que es Rey del cielo y del suelo,
y que las lumbres del cielo
no lucen delante de él.

Al Padre, al Hijo, al Amor,
alegres cantad, creaturas,
y resuene en las alturas
toda gloria y todo honor. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo, ¿quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

SALMO 62, 2-9 - EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo, ¿quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

Ant. 2. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR - Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

Ant. 3. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios poderoso. Aleluya.

Salmo 149 - ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios poderoso. Aleluya.

LECTURA BREVE Is 4, 2-3

Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel. A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: serán inscritos para vivir en Jerusalén.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor revela su salvación. Aleluya, aleluya.
R. El Señor revela su salvación. Aleluya, aleluya.

V. Los confines de la tierra la han contemplado.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor revela su salvación. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se dejó ver con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, cantando: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.» Aleluya.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se dejó ver con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, cantando: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.» Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, cuya gracia ha aparecido a todos los hombres, y digámosle con humilde confianza:

Señor, ten piedad de nosotros.

Oh Cristo, nacido del Padre antes de todos los siglos, reflejo de su gloria e impronta de su ser, que sostienes el universo con tu palabra,
te pedimos que vivifiques nuestro día con tu Evangelio.

Tú que naciste en el momento culminante de la historia, para salvación del género humano y liberación de toda creatura,
concede a todos los hombres la verdadera libertad.

Tú que, siendo Hijo consubstancial del Padre, engendrado antes de la aurora quisiste nacer en Belén, para que se cumplieran las Escrituras,
haz que tu Iglesia realice los planes del Padre viviendo en pobreza.

Tú que eres Dios y hombre, Señor de David y también hijo suyo, miembro del pueblo de Israel y enviado a todas las naciones,
haz que Israel te reconozca como su Mesías y que los pueblos de la tierra entren en tu Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digamos:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que en el nacimiento de tu Hijo nos has dado la fuente y la cumbre de toda religión, concédenos contarnos siempre en el rebaño de aquel en quien está la salvación de todo el género humano. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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I VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: REINA DEL LIBRO DE LA VIEJA ALIANZA

Reina del libro de la vieja alianza:
tu nombre es el versículo primero
de consuelo, promesa y esperanza.

Doncella que en tu vientre a Dios tendrías:
se estremece de júbilo tu nombre
en los labios quemados de Isaías.

Reina del libro nuevo de la vida:
reinas desde el silencio en cada página,
oh reina silenciosa y escondida,

y es tu presencia la del tallo leve
que, al reventar el lirio, se recata
debajo de los pétalos de nieve.

Reina del claro mes de los renuevos,
de la infancia del mundo y de la tierra,
y de la luz y de los nidos nuevos,

y Reina nuestra; Reina de las manos,
con sangre y con estrellas, de tu Hijo,
con flores y dolor, de sus hermanos.

Los ángeles te aclaman soberana,
pero mil veces más eres, Señora,
sangre y dolor de nuestra raza humana. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. ¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una Virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos hace participar de su divinidad.

Salmo 112 - ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una Virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos hace participar de su divinidad.

Ant. 2. Cuando naciste inefablemente de la Virgen se cumplieron las Escrituras: descendiste como el rocío sobre el vellón, para salvar a los hombres; te alabamos, Dios nuestro.

Salmo 147 - RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando naciste inefablemente de la Virgen se cumplieron las Escrituras: descendiste como el rocío sobre el vellón, para salvar a los hombres; te alabamos, Dios nuestro.

Ant. 3. En la zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada; Madre de Dios, intercede por nosotros.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En la zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada; Madre de Dios, intercede por nosotros.

LECTURA BREVE Ga 4, 4-5

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

RESPONSORIO BREVE

V. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

V. Y puso su morada entre nosotros.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Por el gran amor con que Dios nos amó nos envió a su Hijo en semejanza de carne de pecado: nacido de una mujer, nacido bajo la ley. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Por el gran amor con que Dios nos amó nos envió a su Hijo en semejanza de carne de pecado: nacido de una mujer, nacido bajo la ley. Aleluya.

PRECES

Bendito sea el Señor Jesús, nuestra paz, que ha venido para hacer de dos pueblos uno solo; supliquémosle, diciendo:

Concede, Señor, tu paz a todos los hombres.

Tú que al nacer has revelado la bondad de Dios y su amor al hombre,
ayúdanos a vivir siempre en acción de gracias por todos tus beneficios.

Tú que hiciste a María llena de gracia,
concede también la abundancia de tu gracia a todos los hombres.

Tú que viniste a anunciar la Buena Noticia de Dios al mundo, multiplica los ministros de tu Evangelio
y da a quien escucha su mensaje un corazón dócil a tu palabra.

Tú que has querido nacer de María para ser nuestro hermano,
haz que todos los hombres sepamos amarnos fraternalmente.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que apareciste en el mundo como sol que nace de lo alto, revela la claridad de tu presencia a los difuntos
y haz que puedan contemplarte cara a cara.

A pesar de que en el mundo existe el odio y la división, oremos a aquel que nos ha hermanado en Jesucristo, diciendo:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Señor Dios, que por la maternidad virginal de María has dado a los hombres los tesoros de la salvación, haz que sintamos la intercesión de la Virgen Madre, de quien hemos recibido al autor de la vida, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados:

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Salmo 4 - ACCIÓN DE GRACIAS.

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.

Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

Temblad y no pequéis, reflexionad
en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»

Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Ant. 2. Durante la noche, bendecid al Señor.

Salmo 133 - ORACIÓN VESPERTINA EN EL TEMPLO

Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor:

Levantad las manos hacia el santuario,
y bendecid al Señor.

El Señor te bendiga desde Sión:
el que hizo cielo y tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Durante la noche, bendecid al Señor.

LECTURA BREVE Dt 6, 4-7

Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

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martes 29 de diciembre de 2009

Año Nuevo - Santa María, Madre de Dios (Lc 2, 16-21)


Se supone que hoy es el primero de Enero, el primer día del año, en que los pueblos de cultura occidental celebran el Año Nuevo. La fiesta de hoy ha sufrido una serie de cambios. Hace años, esta era la fiesta de la Circuncisión, a los ocho días del nacimiento.
Después se celebró, como extensión de esa fiesta, el Nombre de Jesús, puesto que era el día de la circuncisión cuando se imponía el nombre. Últimamente se celebra la fiesta de Santa María, la Madre de Jesús, con el título de Madre de Dios. Las lecturas de la Eucaristía, sin embargo, no han cambiado, así que no vamos a fijarnos en estas cambiantes "advocaciones", sino más bien en el mensaje que sugieren los textos por sí mismos.

El centro del mensaje de estos texto es sin duda la circuncisión y la imposición del nombre de Jesús. El hecho de la circuncisión en sí nos resulta a nosotros lejano, de escaso interés. Nosotros entendemos la circuncisión como un rito propio de algunos pueblos, y practicado también entre nosotros en algunas ocasiones, con más o menos sentido higiénico o iniciático, según las culturas, sin más trascendencia.
Para el pueblo de Israel, la circuncisión era la señal externa, impresa en la propia carne, de la Alianza con el Señor. Era la señal visible de la consagración a Yahvé. Y así, "incircunciso" es un término peyorativo, significa que no pertenece al pueblo, que es gentil, pagano, que no tiene nada que ver con Yahvé, con la Alianza, con la Promesa.
Circuncidarse significa por tanto comprometerse con Dios, aceptar la Ley. La circuncisión de Jesús es la expresión de pertenecer al pueblo y aceptar la Ley del Señor. Es una acción normal para cualquier israelita, todos los niños se someten a ella. El hecho de que el evangelista lo recoja tiene además un sentido añadido. Jesús, nacido bajo la Ley, como se recoge en la carta a los Gálatas.
"Nacido bajo la Ley". Esto planteaba para aquellos israelitas un tema de suma importancia. Observar fielmente la Ley era para Israel la garantía de que Dios estaba con ellos, garantizaba la existencia del pueblo contra sus enemigos, le mantenía su protección. La fe más antigua de Israel consiste en un pacto con Dios: la parte de Israel es cumplir la Ley; la parte de Dios es proteger a Israel contra sus enemigos. cuando ocurren desgracias, cuando se pierden batallas, todo esto se atribuye siempre a la infidelidad del Pueblo, o del rey. Cuando el pueblo es llevado al destierro, Jerusalén y el Templo son destruídos, se entiende que el Señor castiga la infidelidad, pero mantiene su Promesa para el futuro, cuando vuelvan a cumplir la Ley. Así, la religión de Israel es una religión nacional, tiene un peligroso parecido con otras religiones, y su dios se parece a otros dioses, que también defienden a sus pueblos con tal que el pueblo les ofrezca la veneración debida.
En el Destierro y al regresar a la Tierra, la reflexión de los Profetas irá entendiendo que todo eso es muy exterior, que no es suficiente. La relación con Dios va adquiriendo cada vez más un sentido personal, espiritual. Dios no quiere tanto sacrificios en el Templo como verdad y justicia. Israel no es tanto el pueblo favorito de Yahvé cuanto Luz de las naciones
Pero esto es lo máximo a lo que puede llegar la fe de Israel. Jesús nace en esa fe... para ir mucho más lejos, y el que entendió perfectamente esto fue precisamente Pablo. En los primeros tiempos después de Jesús, muchos judíos convertidos a Jesús siguieron pensando que seguía en vigor la Ley antigua, perfeccionada por Jesús. Primero fue una sorpresa que hubiera que anunciar el evangelio también a los paganos. Luego fue un escándalo que para seguir a Jesús no hubiera que circuncidarse, ni observar el Sábado y los otros preceptos de la Ley. Esto produjo una fuerte polémica e incluso divisiones muy serias: aparecen con claridad en Los Hechos de los Apóstoles. Finalmente se impone la tesis de Pablo. No hay que circuncidarse, no hay que observar la ley de Moisés, se trata de algo nuevo, no simplemente de perfeccionar la Ley antigua.
Toda esta polémica, que fue crucial para la primera Iglesia, a nosotros nos resulta lejana, pero tiene un sentido profundo que nos importa mucho. Hemos heredado de la primitiva Iglesia el nombre de "Pueblo de Dios", como un nuevo Israel. Sabemos que la circuncisión corporal fue sólo un rito externo y que lo que importa es, como dijeron los Profetas, "la circuncisión del corazón". Sabemos que la expresión "Pueblo de Dios" no tiene nada que ver con una nación, una raza, una organización. Pero es el momento de reflexionar sobre el pecado de Israel y nuestro pecado. "Somos el Pueblo de Dios" ... ¿y otros no?. Israel pensó que Dios estaba con ellos "contra otros". Nosotros sabemos que Dios está con nosotros, con todos nosotros, con todos lo humanos, contra el pecado.
Israel pensó que era un privilegiado entre los demás porque conocía a Dios: ¿lo pensamos así nosotros?. Hemos sido capaces de formular aquello de "fuera de la iglesia católica no hay salvación", y algunos hasta lo han defendido como un dogma. Quizá nosotros no seríamos ya capaces de afirmar todo esto, pero sin duda seguimos creyendo que somos nosotros los que sabemos algo de Dios, y otros no; que, acerca de Dios, no tenemos que aprender nada de los que no conocen a Jesucristo; y quizá también que para nosotros la salvación es más sencilla que para ellos... En resumidas cuentas, que seguimos pensando que pertenecer al Pueblo de Dios es una prebenda, un privilegio, un don que nosotros tenemos y otros no. Seguimos teniendo en la cabeza una arcaica noción: hemos recibido la Palabra de Dios, luego Dios es nuestro.
Pero la Palabra de Dios no está encadenada, ni siquiera a su Pueblo, ni a su Iglesia, ni a nada. La palabra de Dios es la luz del mundo y está en toda verdad, en toda belleza, en toda sabiduría, en todo bien. Y el corazón de los seres humanos de todas las razas y culturas y épocas, la siente, la recibe o la rechaza. Nosotros hemos llegado a pensar que Jesús puso en marcha otra Religión, la Verdadera, la Definitiva, y así, hemos equiparado lo de Jesús con las demás religiones, que siempre expresan la manera de ser de cada pueblo, que hablan siempre de "nuestro Dios", y rechazan los dioses de los demás como ídolos o demonios....
Lo de Jesús está más en el fondo. Revela lo que hay de verdad en toda religión, cultura o comportamiento, y saca a la luz sus carencias. Y nuestra religión puede ser iluminada por la luz de Jesús, mostrando sus verdades y sus carencias, o puede creerse tranquilamente que, puesto que somos El Pueblo de Dios, todo en nosotros es verdad y somos la Luz de las Naciones.
Le pusieron por nombre Jesús, el libertador. El pueblo de Israel tuvo que ser liberado incluso de su concepto de sí mismo, de su concepto de pueblo elegido. Podemos preguntarnos de qué tenemos que ser liberados nosotros, la Iglesia, y si el concepto de Pueblo de Dios que tenemos no es nuestro primer pecado, uno de los más viejos de todos los pueblos: querer apropiarnos de Dios, pensar que somos más que otros porque "Dios está con nosotros".


PALABRA DE DIOS PARA NOSOTROS

1 - CONTEMPLACIÓN.
Pasear la mirada por todos los pueblos del mundo y todas sus religiones. Dejar que desfilen los budistas, los hinduístas, los musulmanes, todas las confesiones cristianas. Mirar a la buena gente del pueblo que cree lo que les han enseñado y transimitido, y se esfuerza en ser fiel a su fe. Sentir admiración por tanta presencia de la Palabra, dispersa por el mundo entero. Sentirse hermano en la fe profunda, hermano de todos los creyentes del mundo.
Sentir la responsabilidad de anunciar a Jesús, como plenitud, como liberación. Sentir cómo en mi corazón hay un punto de soberbia, cómo me creo más porque se me ha dado conocer a Jesús.
Pedir a Dios humildad y sinceridad. Pedir a Dios sentirnos abrumados por tanto que hemos recibido, sentir la necesidad de responder ante Dios.


NOTA SOBRE "SANTA MARÍA MADRE DE DIOS"

Decir "Madre de Dios" implica que conocemos los dos términos:
"Madre" y "Dios".
"Madre" es la que engendra, para lo cual tiene que existir antes que el hijo.
"Dios" es el ser eterno, trascendente, creador de todo lo demás. Así que no puede tener madre pues nada puede ser anterior a él.
Esto quiere decir que vamos por mal camino. Cuando decimos "Madre de Dios" decimos algo tan ininteligible como "Jesús es Dios". Ya hablamos de esto a propósito de la divinidad de Jesús en la fiesta de la Navidad.
La Iglesia, de siempre, ha intentando honrar a la madre de Jesús con todo lo más hermoso que se le ha ocurrido: Inmaculada, Mediadora Universal, Madre de la Iglesia... Madre de Dios... Es magnífico. Todo lo que se nos ocurra y más es poco para honrar a la Madre de Jesús. Al decir "Madre de Dios" queremos decir "Madre de Jesús", que es "El Hijo Único", "El Primogénito", "en quien reside toda la plenitud de la divinidad"... Conforme: y con todo eso no hacemos más que expresar nuestra admiración, nuestra sospecha de que hay más de lo que podemos entender, y mucho más de lo que estos pobres términos contradictorios pueden expresar.
Y no se arme más líos, que no va usted a entender más.


MIS PALABRAS PARA TI

Feliz año nuevo, hermanos,
feliz, que no se cumplan
vuestros deseos, que siempre son para mal.
Que no os toque la Lotería, que con el dinero
se os endurecerá el corazón y miraréis
al suelo, sólo al suelo,
y dejaréis de caminar.
Que no os sonría la salud, que un día
el dolor os haga comulgar con el dolor
de los hermanos.
Y que no os quiera todo el mundo,
que el mundo sólo quiere a los suyos
y vosotros no,
no sois del mundo.
Feliz año, hermanos, año nuevo,
nuevo de nuevas ganas de vivir caminando,
nuevo de caminar mejor, de ser más libres,
año de servir más, año de conocer
a Jesús, el Libertador.
Feliz año libre, hermanos, libre
de necesitar más tierra en vuestras bolsas, libre
de no pensar en que otros pasan hambre, libre
de medir a los otros como ellos os miden, libre
de estar histéricos porque os quieran y os alaben, libre
de estar angustiados por vuestros propios pecados, libre
de prescindir de Dios, y de temerle, libre
hasta de la Ley, que ya ha venido
Jesús Libertador, que se muera la muerte
de servir al dinero y al confort y a la envidia,
que se muera la muerte del temor a Dios juez,
que se muera y se pudra el precepto,
el castigo, que se muera el infierno, que se muera
ese viejo de tierra calculador y corto de vista
que nació con nosotros en nuestra propia carne,
que se muera la carne, que ya está entre nosotros
La Vida, Nueva de primavera, brillante de pura aurora,
que todo es nuevo, que nos han roto las cadenas,
que los montes y las estrellas van radiando
la Gran Noticia, el Evangelio eterno,
que Dios te quiere, que ya te han Liberado, que eres
Hijo, que nunca, nadie
podrá apartarte del amor de tu Padre,
manifestado en Jesús,
nuestro hermano mayor, nuestra cabeza
de puente, el caminante
que ya está allí, arrastrando la cordada
de todos los hermanos
desde la casa de la luz eterna.

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Navidad profunda para tiempos superficiales


Por Mª Leticia SÁNCHEZ HERNÁNDEZ*
Publicado por Pastoral SJ

Es ya un tópico que todos aceptamos como real que la fuerte carga social y popular que envuelve la celebración de la Navidad y la contamina seriamente con profundas connotaciones comerciales, que la convierten en un auténtico dispendio, oscurece –casi oculta– el sentido religioso de esta fiesta cristiana. Todo ello dificulta la participación en las celebraciones litúrgicas e impide la correcta comprensión de las manifestaciones artísticas, literarias y musicales que ha generado la teología de la Navidad a lo largo de los siglos. Mi intención es ofrecer una breve reflexión sobre el carácter teológico, histórico y artístico del ciclo navideño, que ayude a situar y comprender el amplísimo abanico de celebraciones con las que el pueblo cristiano ha conmemorado el nacimiento del Hijo de Dios.
El ciclo de Navidad se configuró litúrgicamente en el siglo IV y está constituido por las fiestas de Navidad y Epifanía, precedidas por el Adviento. El 25 de diciembre como fecha para celebrar el nacimiento de Jesús tuvo su origen en la fiesta pagana del solsticio de invierno (Natalis solis invicti), que conmemoraba el nacimiento de Mitra, dios romano que representaba la lucha entre la luz y las tinieblas. La Iglesia absorbió la festividad, convirtiéndola en la celebración del nacimiento de Cristo, considerado como sol de justicia y luz del mundo (Natalis solis iustitiae). Desde los orígenes del cristianismo, la imagen de Cristo como luz ha tenido una presencia permanente en diferentes manifestaciones: las homilías navideñas de los Padres de la Iglesia, la oración de las horas, el cancionero popular navideño, la liturgia de medianoche que inundaba de resplandor los templos, o la misma iluminación de las calles.
La Epifanía es una fiesta que se origina en Egipto y Arabia, sustituyendo también a la fiesta del solsticio de invierno. Las comunidades cristianas orientales siempre tuvieron una particular inclinación hacia la luz. Pensaban que se hacía especialmente presente el día del bautismo, y por eso establecieron una estrecha relación entre bautismo, natividad y Cristo entendido como luz. El bautismo de Jesús se celebraba en Epifanía como otra forma de manifestación divina, porque, al significar el agua la fuente de vida eterna, se vinculó con el nacimiento de Cristo. La reforma litúrgica del Vaticano II cerró el ciclo de Navidad con la celebración del bautismo de Jesús (el domingo siguiente a Epifanía) y no con la celebración de la fiesta de las candelas (2 de febrero), que era fruto de una comprensión historicista de la Purificación de la Virgen y de una devoción popular que hunde sus raíces en el barroco.
En el siglo V, Oriente y Occidente intercambiaron sus celebraciones respectivas respetando la permanencia de las dos, de forma que entre ambas festividades ha existido una notable afinidad, tanto en la interpretación teológica como en la liturgia. La complementariedad y compenetración se refleja en el sentido de la expresión latina Natale, que, además de referirse al nacimiento de Jesús, alude a los diferentes acontecimientos que lo rodean. La iglesia de Jerusalén acentuaba el nacimiento de Jesús con la adoración de los pastores y de los magos, la matanza de los inocentes y la huida a Egipto. La iglesia de Egipto se centraba en el ciclo de los magos, junto con el bautismo de Cristo y las bodas de Caná, consideradas también como otra forma de manifestación de Cristo al mundo.
Entre las pinturas del claustro principal bajo del Monasterio del Escorial que narran la vida de Cristo, hay seis trípticos o altares que recogen los hitos fundamentales del mensaje cristiano. Nos interesan los dos realizados por Luis de Carvajal (1587-1590), que se refieren al ciclo de Navidad. En uno, la escena de la tabla central es la Adoración de los pastores, flanqueada en las tablas laterales por el Anuncio del nacimiento a los pastores y la Circuncisión. En el otro, la escena de la tabla central es la Adoración de los Reyes, flanqueada en las tablas laterales por el Bautismo de Jesús y las Bodas de Caná.


Adviento

EI prólogo de la Navidad ha sido desde los orígenes el Adviento, que comienza cuatro semanas antes del 24 de diciembre. Como tiempo caracterizado por la espera gozosa del Niño que va a nacer, se distingue por el silencio, la reflexión y la conversión; por eso, el Adviento posee una tonalidad (el malva), una decoración (las plantas verdes), una música (Rorate coeli desuper) y unas celebraciones que, alejadas de las explosiones de luz y color, o de cualquier exceso exuberante, vuelven los ojos a María expectante y a Juan Bautista. No es penitencia mal entendida, no es tristeza o melancolía; es, sencillamente, una atmósfera adecuada que ayude a estar atentos y vigilantes.
Los pueblos del norte temían que un día el sol desapareciera para siempre; por eso colocaban en las casas unas coronas circulares, profusamente adornadas de ramas verdes, que simbolizaban el astro. Desde el siglo XVI, al inicio del Adviento las iglesias luteranas (y enseguida todo el mundo anglosajón) colocan una corona en los presbiterios con cuatro velas que se van prendiendo cada uno de los cuatro domingos, mientras se leen textos de Isaías. Tres velas son malvas, y una es rosa: la destinada al tercer domingo (llamado de Gaudete, por la primera palabra de la antífona de entrada a la Misa), en el que todo el espacio adquiere esta tonalidad en señal de la cercana venida del Salvador. Hay una quinta vela de color cera, más grande que las restantes, que se coloca en el centro de la corona: es la que se prende en la noche de Navidad como preludio de la llegada de la luz del mundo. La costumbre de la corona también se ha adoptado en la Iglesia Católica.
Costumbre germánica es también el uso del calendario de Adviento, que en su origen consistía en que cada mañana los niños adornaban las imágenes religiosas previamente preparadas por sus padres. Con el tiempo, los artistas comenzaron a realizar auténticas catequesis ilustradas sobre la base de un cartón en el que abrían 25 ventanas, donde iban apareciendo imágenes, frases bíblicas y objetos relativos al nacimiento de Jesús: estos almanaques se expandieron por Europa y América y suponían una vivencia familiar y comunitaria que unía la contemplación de la imagen diaria con la lectura del evangelio de ese día. Muchas parroquias colocan estos almanaques, que trabajan los niños en el mismo espacio litúrgico, para que puedan ser contemplados por toda la comunidad a lo largo de este tiempo.
Muy queridas y practicadas fueron las «Jornaditas» o «Posaditas», novenarios realizados entre el 16 y el 24 de diciembre, que consistían en el acompañamiento espiritual de María y José durante el viaje que hicieron entre Nazaret y Belén. Cada día se meditaba sobre un punto que, o bien hacía referencia a los posibles sufrimientos padecidos durante el periplo, o bien se centraba en un texto de Lucas o de Isaías. A1 final de cada jornada, se señalaba una prenda de las ropas del Niño, identificada con una virtud, a la que correspondía el ejercicio de una penitencia. Esta devoción, muy arraigada en los conventos y en los pueblos durante los siglos XIX y XX, cayó en desuso después del Concilio. Sigue manteniendo una gran tradición en México y en algunas parroquias andaluzas (Iglesia de Santiago, en Castilleja de la Cuesta, Sevilla), donde el novenario se acompaña de nueve dioramas que se exponen en la iglesia y que representan la escena que corresponde a cada día.
Una de las fiestas que han tenido un fuerte arraigo desde los primeros tiempos del cristianismo fue la advocación de Nuestra Señora de la Expectación (Nuestra Señora de la Esperanza, o Virgen de la O). Entre el 18 y el 24 de diciembre se colocaba en uno de los lados del presbiterio, sobre una peana, la talla de una Virgen con la mano sobre su vientre abombado, o mirando un óvalo de plata con un Niño cincelado que se sujetaba en su vientre. En vez de talla, podía ser un lienzo con una Virgen que mostraba un Niño pintado en su vientre, y que estaba rodeada de las siete antífonas de la O que se proclamaban en estos días (O Sapientia, O Adonai, O Radix, O Clavis, O Oriens, O Rex, O Emmanuel) y que hoy día se suelen unir al rezo del Magnificat de las Vísperas del día 18. La Virgen embarazada tiene su origen en las vírgenes abrideras de los siglos XII y XIII. Se trata de tallas de Vírgenes de marfil que, al abrirse por la mitad, dejan vislumbrar, esculpidos, un Niño o la Trinidad. Durante la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco, las Vírgenes expectantes experimentaron un enorme desarrollo en su representación y en el culto, mostrando visualmente al verdadero Dios y verdadero hombre. Parroquias y comunidades deberían recuperar esta tradición para reflexionar sobre el auténtico sentido de la Encarnación en actividades catequéticas, talleres de oración, y con una liturgia especialmente cuidada el día 18 de diciembre como antecedente de lo que va a ser el pesebre del día 24: asimismo, podría acompañarse esta contemplación con el recitado pausado del «Akathistos», himno mariano bizantino compuesto a finales del siglo V. Desgraciadamente, su representación fue haciéndose cada vez más extraña, hasta caer en desuso en muchos lugares.


Navidad

La Basílica romana de Santa María la Mayor, la primera levantada en honor a la Virgen, era visitada por el Papa cada 25 de diciembre en reconocimiento al lugar preferente que María ha ocupado en el praesepe (pesebre) de Navidad. La presencia del pontífice en esta iglesia el día de la natividad resultó decisiva para la conformación del ciclo de dicha natividad, porque la eucaristía navideña, que hasta el momento estaba concentrada en la misa de la medianoche, comenzó a celebrarse también el día 25 a instancias de la visita papal. La Navidad tiene un color (el blanco; rojo para la degollación de los inocentes), una decoración (la poinsetia, o flor de pascua), una música (Adeste fideles, los villancicos) y unas celebraciones inundadas de luz y color, que vuelven los ojos al nacimiento de Jesús. No es diversión vacía de sentido; es, sencillamente, una atmósfera adecuada que transmite la alegría por la irrupción de la luz del mundo. Por eso, el espacio litúrgico ha contado desde antiguo con dos elementos imprescindibles para su ornato: el belén y el árbol.
Tradicionalmente, se ha considerado que el origen de los belenes como escenario tridimensional que plasma diversos cuadros relativos a la natividad habría que situarlo en 1223, cuando Francisco de Asís colocó en el altar de la parroquia de Greccio (Italia) un pesebre con el Niño, la Virgen, la mula y el buey. Sin embargo, la acción de Francisco, que Giotto reflejó en los frescos de la basílica de Asís, no constituye la primera recreación visual del nacimiento de Jesús, ya que estas representaciones eran muy conocidas anteriormente en Italia. Lo novedoso fue que Francisco apoyaba su acción apostólica en el desarrollo de la piedad popular como medio imprescindible para identificarse con el mundo de los pobres y poder asumir su universo simbólico; por eso introdujo la representación plástica de los misterios de Jesús, para que las capas sociales más modestas se identificaran con ellos sin dificultad. Francisco organizó un escenario vivo relacionado con la celebración de la Eucaristía, que es centro de la vida cristiana.
Al principio, los personajes se redujeron básicamente a la Virgen con el Niño, José, la mula y el buey (tengamos presente que las representaciones más antiguas de la Natividad se encuentran en los frescos del siglo II de las catacumbas de Santa Priscila de Roma, donde sólo aparece la Virgen con el Niño). Paralelamente a la representación del Niño en el pesebre junto a la Virgen, fue cobrando cada vez más relevancia el ciclo de los magos. Los misteriosos sabios de oriente cautivaron la fantasía popular cristiana dos siglos antes que los pastores, además de ser representados con mayor frecuencia que éstos. Desde las primeras imágenes paleocristianas, éstos se encontraban en actitud orante ofreciendo sus presentes. Sin embargo, los cristianos no se conformaron con los escasos datos que ofrecían los relatos canónicos sobre el nacimiento de Jesús; por eso, una de las fuentes iconográficas más importantes y populares de cara a las representaciones navideñas fueron los evangelios apócrifos, que describían minuciosamente hechos y detalles que no constan en Mateo y en Lucas. De esta forma, los artistas crearon un universo de personajes canónicos y apócrifos a los que unieron acontecimientos relativos a sus culturas y entornos concretos: un Salzillo plasmará a las mujeres murcianas haciendo el alioli; y la escuela madrileña, a mujeres friendo churros y rosquillas.
El ciclo de Navidad ha encontrado eco representativo en todas las épocas, especialmente durante el Renacimiento y el Barroco, a raíz, precisamente, del desarrollo del teatro y de la puesta en escena de los grandes artificios, donde la combinación entre la emoción, la religiosidad, la creatividad de los artistas y las connotaciones peculiares, cortesanas o populares, han dado como resultado excelentes conjuntos que han plasmado el misterio de la natividad en los materiales más diversos, empleando variadas técnicas. En el siglo XVII surgió la cultura de la fiesta: los conventos y las iglesias fueron y siguen siendo espacios privilegiados para mostrar estas representaciones, puesto que todavía existe un estrecho lazo entre celebración y representación, liturgia oficial y religiosidad popular. Belenes como los conservados en las agustinas de Salamanca, las descalzas de Valladolid, las jerónimas del monasterio sevillano de Santa Paula, o el de la parroquia de Melgar de Fernamental, en Burgos, así lo atestiguan.
Por otra parte, los belenes napolitanos del siglo XVIII revelan una experiencia nueva en el arte del Belén, porque dejan de estar exclusivamente circunscritos al ámbito litúrgico para ubicarse además en palacios y casas nobiliarias y burguesas. El gran belén Cucinello de la Certosa de San Martino (Nápoles), el belén del Museo de escultura de Valladolid, el belén de la colección March de Palma de Mallorca, o el belén del Príncipe del Palacio Real de Madrid, recrean un mundo en fiesta capaz de conjugar la paz del campo con la fuga del gran mundo; y plasman la coincidencia entre naturaleza y civilización, belleza y espiritualidad, sentido e intelecto. Las composiciones escenográficas, envueltas en un juego de luces y de color, mezclan elementos de la ópera, de las artes decorativas del rococó, de las excavaciones de Pompeya, de las academias ilustradas y de todo el universo popular de Nápoles. Estas fastuosas composiciones tienen la virtud de introducir lo religioso en lo mundano y de llevar lo mundano al corazón de la religión (que es el sentido último de la liturgia), permitiendo una interiorización no problemática de la simbología navideña, es decir, sin rupturas ni malentendidos.
Además del belén, las iglesias preparan una pequeña cuna con un Niño para ser adorado al final de las celebraciones. Fueron las clarisas las que extendieron la piedad al Niño Jesús. Las devociones desarrolladas en torno a Jesús Niño han tenido un particular auge entre las mujeres, especialmente en los monasterios femeninos, y en la educación de las niñas, como resultado, muchas veces, de una religiosidad edulcorada y algo ñoña. Hay que revisar y depurar esta piedad para encuadrarla en unas correctas coordenadas cristológicas que transmitan que, ya desde la infancia, en Jesús está presente el Cristo muerto y resucitado –el corazón del cristianismo–; y nada mejor que la contemplación del pesebre de Navidad para descubrir que su vida de adulto se retrotrae hasta su nacimiento. Por eso, los escultores verán en ese niño todos los atributos que tendrá de adulto: junto a los niños de cuna destacan los niños de Pasión o «pasionitos», ataviados como nazarenos; los niños gloriosos, representados como pequeños resucitados; los niños entronizados, simbolizando al rey de reyes, que es adorado el 6 de enero; o los llamados «manolitos», que son las figuras que se veneran en las iglesias y en los coros monacales el día 1 de enero. Bajo estas premisas tiene que prepararse esa adoración al Niño que se realiza al final de las celebraciones y que se hace muchas veces entre alboroto y prisas. No. Este acto tiene que hacerse con sencillez y silencio (música ambiental), precedido de una pequeña explicación o poema. En la misma dirección habría que preparar la bendición de los Niños Jesús –tradición italiana de los bambinelos–, donde cada niño/niña lleva su Niño Jesús a la iglesia el día final de la catequesis, para ser presentado en una ceremonia festiva: es la figura que colocarán en el pesebre de su casa.
La recreación de la natividad de Jesús en un escenario tridimensional se remonta a la representación de los autos sacramentales en iglesias y abadías. Las escenificaciones más antiguas, llamadas «tropos», tuvieron lugar en los monasterios franceses y suizos de la primera mitad del siglo IX. Consistían en textos breves que se intercalaban en las celebraciones litúrgicas aprovechando una frase musical sin letra en el canto, o con melodía propia; posteriormente, se fueron componiendo textos dialogados que interpretaban los clérigos en las celebraciones. En Alemania se compusieron los misterios de Benedictberwen relativos a la Navidad y a la Pasión, y en la Provenza destacaron los misterios (mystères), que dramatizaban de forma sencilla algunos pasajes de la Escritura, destinados a la liturgia. Lo que comenzó siendo una escenificación en torno al misterio de la natividad fue incluyendo, a partir de los siglos XI y XII, diversos personajes que se encaminaban hacia el pesebre; entre ellos se establecía un diálogo cantado, cuyo tema se tomaba de leyendas y de los relatos de los apócrifos. El auto del nacimiento de Jesús más antiguo es la Vita Christi de Fray Iñigo de Mendoza (1482), que versificaba la infancia de Cristo hasta la degollación de los inocentes, alternando himnos, romances, villancicos y una égloga dramática. En los albores del Renacimiento tuvieron una gran importancia las églogas al nacimiento de Jesús de Juan del Encina (1469-1529), así como el teatro de Torres Naharro y de Gil Vicente, con su Auto del Nacimiento, en el que mezcla Antiguo y Nuevo Testamento, personajes propios del Renacimiento y del mundo clásico como las sibilas, personificaciones de los elementos naturales y personajes costumbristas: van a ser el preludio de los Autos Sacramentales de Calderón de la Barca. Desgraciadamente, la costumbre de representar estos pasajes ha ido desapareciendo, aunque todavía quedan reminiscencias en las catequesis y las escuelas rurales, donde los niños suben al altar la noche de Navidad para interpretar los textos populares de su comarca: preciosa es la recreación que Garci realizó en la película You’re the one. Sin embargo, algunas agrupaciones belenistas están llevando a cabo interesantes investigaciones sobre las tradiciones navideñas de sus lugares, con el fin de poder ponerlas en práctica nuevamente.
Sirva como apunte el trabajo desarrollado por «La Morana» (Zamora) sobre las celebraciones de Navidad y Epifanía. «La Cordera» es una representación teatral durante la misa del Gallo, donde los pastores entran en el templo ataviados con capas pardas y zurrones con la cordera blanca, que llevan al belén del altar interpretando villancicos tradicionales; previamente, el ángel, situado en el coro o en el púlpito, anuncia el nacimiento del Mesías. En muchos pueblos de la Tierra de Alba, el 6 de enero, los Reyes Magos, vestidos con indumentaria de la zona, llegan a caballo a la iglesia para la Misa de Epifanía. Al llegar al ofertorio, los Magos hacen entrega de sus dones ante el Nacimiento; pero, avisados por el ángel de que Herodes planea matar al Niño, se retiran por otra puerta. Al terminar la Eucaristía, en el exterior, Herodes muere desesperado, ante la algarabía de los presentes.
Paralelamente a las dramatizaciones navideñas, se desarrolló el canto navideño llamado «villancico», que se integró en las representaciones de Navidad. Para nuestra mentalidad, el villancico es una canción de poco más de dos siglos, en la que se evoca el belén, los aguinaldos, los turrones, la Nochebuena y la noche de Reyes. En algunos lugares se llaman «coplas del Niño Dios» o «coplas y canciones de Nochebuena y Navidad». Sin embargo, el villancico es una forma poética que arranca del siglo XV; significa «canción popular» (canción a la manera villana, o canción que cantan los habitantes de las villas, con sus variantes de «villancejo» y «villancete»), compuesta por una copla de dos o tres versos que se repite después de las estrofas. En los orígenes, es un canto profano que se ejecuta en los salones cortesanos, en las iglesias, en los corrales de comedias y en las comunidades religiosas. A partir de finales del siglo XV, comenzó a practicarse un género de música en lengua vernácula que se intercalaba en el oficio litúrgico dentro de las catedrales y de las iglesias conventuales, denominado «villancico» por su concomitancia con el ya descrito. Se componían para ser cantados y bailados en las fiestas de Navidad, Corpus, Pascua, Pentecostés, fiestas de La Virgen, etc. Era costumbre imprimir los textos de los villancicos para repartirlos entre los fieles y poder cantar el estribillo. Las letras resultan variadísimas, y siempre se recurría a símbolos y alegorías en los que tenían cabida las alusiones al ciclo navideño, a la creación del mundo y a elementos culturales de muy diferentes partes, ya que, al tener siempre éxito el tema navideño, la mayor parte de sus fuentes de inspiración eran los apócrifos y las leyendas que giran en torno al nacimiento de Jesús, desde el casamiento de la Virgen hasta el hallazgo del Niño perdido. Por eso son de obligada referencia para el estudio de los villancicos los romances de ciegos y los coros de los aguinalderos, que justificaban su petición de aguinaldo recurriendo a la caridad existente en Navidad. El gran éxito de este canto hizo que los grandes maestros de capilla del Renacimiento y del Barroco, tanto de catedrales como de monasterios y oratorios cortesanos, compusieran piezas musicales destinadas al tiempo navideño: el repertorio del coro de la abadía de Westminster en Londres, el Cancionero de Palacio en Madrid, o el Cancionero de Uppsala en Suecia, son algunos ejemplos. Al tener un origen popular, populares son también los instrumentos musicales que se tocan –al margen del órgano–: panderos y panderetas, rabeles, crótalos, flauta dulce, zambombas, tambores, y castañuelas (todos ellos los portan las figuras de los belenes). Todo esto indica que en la liturgia de Navidad también se bailaba al son de la música: Juan de la Cruz y Teresa de Jesús cantaban en las celebraciones de Navidad y Epifanía con sus comunidades las letrillas que ellos mismos componían, mientras tocaban las palmas y danzaban. Hoy se ha sustituido la liturgia de Navidad por una cena desmesurada «en familia», y la liturgia de Epifanía por un circo de regalos que ha perdido el sentido del ofrecimiento al Niño del oro, el incienso y la mirra.
Junto al belén y el pesebre hay otro elemento muy importante que en el mundo católico se ha considerado, erróneamente, la antítesis del nacimiento: el árbol de Navidad. Es difícil situar el origen de este motivo navideño, pero ciertamente es bastante más antiguo que el belén. El árbol es un objeto que simboliza lo divino, que apunta, igual que la montaña, hacia el sol que nace de lo alto. Por eso, los antiguos europeos decoraban un árbol con flores y frutos en las festividades religiosas importantes, como Navidad, Pascua o Pentecostés. Paulatinamente, se generalizó el uso del abeto piramidal, que, además de los vegetales, poseía velas –y luego bombillas– para ser encendidas en la Nochebuena. Un árbol iluminado en Navidad simboliza a Cristo. El árbol se colocaba tanto en las casas como en las iglesias. Evidentemente, esta costumbre fue perdiendo su hondo sentido religioso hasta convertirse en un simple objeto decorativo y comercial; pero ya en 1740 el reverendo Dannhauer de Estrasburgo criticaba que se colgaran del árbol muñecas, golosinas y otras bagatelas que distraían a la gente del cedro espiritual que es Jesucristo.
Me gustaría haber subrayado suficientemente la enorme riqueza de este patrimonio artístico, cultural, religioso y litúrgico. El reto ante el que estamos los cristianos de este Occidente extrañamente híbrido de nostalgia de lo sagrado y una secularización rampante, es repensarlo a fondo, discernirlo y recuperarlo –recreándolo– al servicio de la proclamación inexcusable de la alegría de la Salvación.

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Bibliografía de interés

COUNT & LAWSON COUNT, Historia de la Navidad, Olañeta, Palma de Mallorca 2000.
Navidad en Palacio: Reales Monasterios y Salzillo, Patrimonio Nacional, Madrid 1998.
Navidad en Palacio: Belenes Napolitanos, Patrimonio Nacional, Madrid,1999.
Navidad en Palacio: de Nazaret a Belén, Patrimonio Nacional, Madrid 2000.
Navidad en Palacio: Y el Verbo se hizo hombre, Patrimonio Nacional, Madrid 2001.
Revista Belén (Segunda época), publicación anual de la Asociación de Belenistas de Madrid, n. 22 (2003); n. 23 (2004); n. 24 (2005); n. 25 (2006); n. 26 (2007); n. 27 (2008, en imprenta)
SÁNCHEZ HERNÁNDEZ, Mª L., «La Navidad: un camino iniciático del arte al espíritu»: Arbor 689 (2003) 773-811.

* Conservadora del Patrimonio Nacional. Licenciada en Teología.
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