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lunes 31 de mayo de 2010

EL PADRE, EL HIJO Y LA SANTA RUAH



Amigos, amigas:

¡Paz y bien de Dios, El que es y somos, La que es y somos! De Dios Trinidad, Padre/Madre, Hijo/Hija, Espíritu. Dios que es Todo e infinitamente más que la suma de todo cuanto es.

Cuando éramos pequeñitos, cuando aún no íbamos a la escuela ni a la catequesis, cuando aún seguíamos estando en brazos, nuestros padres nos enseñaron a santiguarnos, tomando nuestras pequeñas manos en sus manos recias y dulces.

No sabíamos lo que decíamos, pero ya sabíamos todo sobre Dios: mientras nuestra mano era llevada suavemente de la frente al pecho y de un hombro al otro, sentíamos la oscura certeza de estar sumergidos en un océano de bondad.

También sabíamos de lágrimas, pero no estábamos solos, no estábamos perdidos. Nosotros somos, y Dios es; Dios es Amor, y nosotros somos en Dios. Eso sentíamos en el origen de todos los saberes.

Luego fuimos a la catequesis y empezamos a cavilar ingenuamente: ¿cómo puede Dios ser uno y tres a la vez? Estudiamos teología, leímos libros muy doctos, indagamos el dogma de la Trinidad, pero cuanto más sabíamos menos entendíamos: un solo ser, pero tres personas distintas; tres personas, pero no tres seres distintos; una sola esencia divina y tres sujetos, pero no tres dioses, sino un Dios único y a la vez trino.

Cada concepto plantea nuevas cuestiones, y cada explicación se convierte en nuevo atolladero. Lo único claro es que por ahí no vamos a ningún lado. Es que la Trinidad no es cuestión de números: Dios no es ni uno ni tres. El dogma de la Trinidad, tal como quedó formulado allá por el siglo IV, en el Concilio de Nicea (325) y en el de Constantinopla (381), se nos antoja un galimatías. Es un galimatías. Expresaron la fe cristiana en términos torpes, tal vez porque no pudieron hacer otra cosa y sin duda lo hicieron con la mejor voluntad.

Sea como fuere, la Santísima Trinidad no son embrollos y artificios de lenguaje. No son imaginaciones imposibles. La Santísima Trinidad es un misterio de consuelo.

¿Qué es, pues, la Trinidad? Es el Misterio de la cercanía compasiva, el Misterio de la relación cordial, el Misterio de la alteridad y de la comunión. El Misterio que llamamos Padre e Hijo y Espíritu Santo. El Misterio de Dios que nos envuelve y libera.

La Escritura, en el libro de la Sabiduría, nos lo dice con otras palabras: Dios es incesante energía creadora y engendradora, es el que (la que) engendra y el que (la que) es engendrado/a, es imaginación y sabiduría, sabor y juego de la vida, es gozo de ser y encanto mutuo.

Y todo eso somos también nosotros, porque somos en Dios. Dios es eso: creador y prójimo, amigo íntimo, amiga íntima de toda criatura. Dios no es el Ser Supremo separado y solitario. Es Padre/Madre amante, y también es Hijo amado o Hija amada. Y le llamamos Espíritu Santo, para decir que Dios es amistad y cercanía, más aun, que es nuestro aliento más hondo. El aliento de Dios es benéfico, nos libera del fardo de todas las leyes que pesan sobre nosotros, desata nuestros miedos suavemente, de uno en uno, nos hace sentirnos hijos e hijas queridas y libres. Eso es lo que hizo Jesús y así nos enseñó cómo es Dios, y por eso lo confesaron los cristianos Hijo de Dios. El Espíritu de Jesús es Espíritu de Dios, respiro en el ahogo.

¿Cómo nombre le daremos? ¿Puede haber un nombre para Dios? Cada religión le ha dado el suyo, de modo que hay tantos nombres de Dios como religiones. Más aun: hay tantos nombres de Dios como creyentes. Los nombres (o apodos) que nosotros le damos nunca son apropiados para Dios, y su nombre propio nunca lo conocemos. Por eso los judíos no han pronunciado nunca el nombre propio de su Dios, Jahvé: Dios está por encima de todos los nombres, es misterio indecible. Pero, al mismo tiempo, “Dios” es un nombre común; Dios tiene también un nombre común, se le pueden aplicar todos los nombres, podemos llamarle cada uno con nuestro nombre.

Pues bien, eso quiere decir la Santísima Trinidad. Dios es uno, pero no es solamente de unos. Es de todos, de algún modo es “todos”, todo cuanto es. Dios es en sí mismo diversidad inagotable, tan plural y universal como la vida misma. Y admite todos los nombres: el que le dio Moisés y el que le dio Muhamad, el que le das tú y el que le doy yo, el que le dan los teólogos progresistas y el que le dan los conservadores.

Y, justamente, hablar de Dios como Trinidad significa que Dios es las dos cosas a la vez: diversidad y comunión, absoluta comunión e infinita diversidad. Trasciende todos los nombres y habita en todos los nombres. Y cuando le invocamos por su nombre o sin nombre alguno, e incluso sin palabra –si eso es posible–, está con nosotros, para aliviar nuestros pesos y todos nuestros pesares.

Podemos invocarlo, como Él nos invoca. Él se invoca en nosotros, porque su amor ha sido derramado en nuestros corazones. Dios es el amor derramado y el corazón en que se derrama. Es un inmenso corazón que late eternamente, que nunca se cansa, que a nadie condena.

Amigas, amigos: ésa es la fe fundamental que aprendimos, el misterio salvador de la Santísima Trinidad en que nos supimos sumergidos cuando nuestros padres nos enseñaron a hacer y decir “En el nombre del Padre”.

Más allá de todas las palabras y de todas las explicaciones, guardémonos en esa fe, en aquella fe que nos fundó una vez en los brazos de la madre, sobre las rodillas del padre, en esa fe que ha aliviado las penas de tantas generaciones. ¿Cómo la confesaremos? Deja a un lado tus miedos, respira, y estarás confesando la Trinidad. Acércate al que está herido, y estarás confesando la Trinidad. Respeta el ser y la opinión del otro, del diferente, y estarás confesando la Trinidad.

Vive en la fe y en la paz del Padre, del Hijo y de la santa Ruah.


José Arregi

Para orar


ESCRITO A CADA INSTANTE

Para inventar a Dios, nuestra palabra
busca, dentro del pecho,
su propia semejanza y no la encuentra,
como las olas de la mar tranquila,
una tras otra, iguales,
quieren la exactitud del infinito
medir, al par que cantan…

Y su nombre sin letras,
escrito a cada instante por la espuma,
se borra por la música del agua;
y un eco queda sólo en las orillas.
¿Qué número infinito
nos cuenta el corazón?

Cada latido,
otra vez más dulce, y otra, y otra;
otra vez ciegamente desde dentro
va a pronunciar su nombre.
Y otra vez se ensombrece el pensamiento,
y la voz no le encuentra.

Dentro del pecho está.
Tus hijos somos,
aunque no lo sepamos
decirle palabra exacta y tuya,
que repita en el alma el dulce y fijo
girar de las estrellas.

Leopoldo Panero

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Son miles, y viven entre nosotros...


Son miles, están por todas partes. Viven entre nosotros y pasan inadvertidos.
En cientos de cuartos, bibliotecas, salas de estudio...
Miles de opositores, cada año, se enfrentan con exámenes que les pueden dar un pase al futuro soñado. Salidos de cualquier facultad, nacidos en cualquier familia y venidos de situaciones personales muy diferentes, todos ellos tienen algunos rasgos comunes.

Al margen de quien se haya visto atraído por la evidente seguridad laboral que representa ser funcionario; muchos, por no decir todos, han hecho un ejercicio de madurez. Se han enfrentado a la vida y han tomado una decisión: Empeñar su tiempo, sus ganas y, a veces, su juventud en una apuesta.

Se han lanzado a una piscina sin saber si estaba llena o no. Miles de aspirantes que se enfrentan cada mañana a una guerra de hormigas...Pasando las páginas de temarios interminables. La oposición es sacrificio y es riesgo. Sacrificio por aquello a lo que renunciaste, sacrificio por lo que ahora dejas de hacer…Riesgo por no saber cuándo, ni cómo terminará y si todo servirá de algo.

Sin duda el valor más repetido entre los opositores triunfantes es la constancia -unido a un mayor o menor grado de suerte. La constancia y la ilusión con la que todas las mañanas nos levantamos algunos y nos enfrentamos a 9, quizá 10 horas de estudio, y que no pueden decaer. El valor es firmeza de quien ha tomado una decisión y se enfrenta, sin más caudal que su fe, a una deriva de artículos, tesis y conceptos en un buque que avanza lentamente con un rumbo fijo, y en el que no hay más lastre que nuestros límites físicos o mentales. Hemos elegido un norte; da igual si el resto estudia o festeja. Somos solitarios corredores de fondo. Alpinistas que no temen a la montaña, sino en volver al campamento base.

La oposición es tu primer gran trabajo; eres tu jefe, tu empleado, tu secretario…Igual que algunos trabajos, la oposición te consume. Te saca del mundo real y te mete en el suyo. Por ello es muy importante optimizar al máximo el tiempo libre, pero no lo es menos, trabajar la fe.

El creyente puede enfrentarse a esta cuaresma, renunciando a muchas cosas, si; pero aprovechando muchas otras. La vida se decanta, como la botella que has dejado de agitar. Todo se va colocando donde quieres que esté. En tu escaso tiempo libre y dentro de tus posibilidades, priorizas todo lo que puedes discriminando, mucho más de lo que hacías antes, lo que quieres y lo que no quieres hacer. Ya no puedes intentarlo todo; no eres libre para hacer todo lo que quieres sino para elegir dentro de la pequeña parcela de lo que puedes. La decisión de la oposición es tan grande que deja poco espacio a las decisiones de cada día.

Para la persona es un desierto; para el creyente una oportunidad. Una oportunidad para lanzarse a la conquista del Castillo Interior y seguir conociéndose y lanzándose. Es un buen momento para progresar en la oración y para cambiar, durante este tiempo, la acción por la meditación. Para convertir la fe en un bastón y para aprovechar esa fuente inagotable de fuerza. Para creer, aun cuando dudas de ti y de lo que estas haciendo, que hay alguien que si cree en ti.

Por Juan Silverio Sandoval
Publicado por Pastoral SJ

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Dormirse



Llegamos al final del día después de haber vivido los quehaceres normales, de habernos entregado con mayor o menor generosidad a los trabajos habituales, de haber compartido, con aquellos que tenemos cerca, ilusiones y dificultades. Y todo esto en el intento de vivirlo en la presencia de Dios, de Dios que nos ama y nos cuida aunque en tantas ocasiones sus caminos, sus manifestaciones, no corresponden a cuanto deseamos y anhelamos y hasta puede parecernos lejano.

Las Completas son nuestra oración de la noche, el momento de volver a mirar el día transcurrido, de reconocer debilidades y culpas, el malhacer que quizás ha llenado parte de nuestras acciones. Es también tiempo de dar gracias Dios por todo cuanto Él nos ha dado copiosamente, generosamente.

En ocasiones, este poema me lleva a la oración, y por ello lo transcribo ahora:

Señor, Tú alivias mis problemas y amarguras,
Tú borras las huellas de mi llanto,
Tú alivias mi cansancio.
Tú nos darás mañana nuevamente la luz y la alegría
Tu haces Señor que al llegar la noche
mi corazón, mi cuerpo y mi alma descansen en Ti
para ya desde ahora empezar el mañana.

Y ciertamente ya desde el momento final de la jornada empezamos a preparar el día de mañana, un día para mejorar cuanto hemos vivido durante el hoy acabado, deseamos que el nuevo día, la jornada que estrenaremos sea en todo una mejor respuesta al Señor que nos ha llamado a seguirle.

Por eso antes de dormirnos elevamos nuestro corazón a Dios, y así en la confianza descansamos en paz para empezar a dar ya vida al día de mañana.

Texto: Hna. Carmen Solé.
Publicado por Mi Vocacion

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Iniciación a la oración de Jesús: La mente vagabunda



Muy estimadas amigas y amigos de la oración de Jesús.
Comienzo mi relación epistolar con ustedes tratando sobre un incesante devenir, un diálogo constante, una permanente oscilación. Es nuestra mente vagabunda que se mueve como tamo llevado por el viento.
Es necesario darse cuenta del estado de nuestra mente, de qué modo no la manejamos, cuán esclavos somos de sus vaivenes.
Es que en ella se refleja el movimiento de los humores del cuerpo. A cada proceso digestivo, al ritmo respiratorio, al estado de los órganos, a cada tensión muscular, se corresponde inmediatamente y sin que nos anoticiemos, una agitación mental. Lo que llamamos pensamientos. Pero sería más preciso hablar de divagaciones, porque el pensamiento es algo ordenado y fruto de la intención.
Una aguda observación nos muestra que son escasos los pensamientos juiciosos y que en general se forman en base a las ansias que nos encadenan a diversos apetitos.
La oración de Jesús es un camino largo y profundo que sin embargo no tarda en mostrar sus efectos. Pero para ello es preciso tener claro el primer objetivo: Reemplazar la divagación por la oración.
Aunque no parezca, ese permanente rumor de fondo que constituyen los diálogos internos puede ser acallado en no mucho tiempo mediante la repetición del Santo Nombre de Jesucristo. Luego de que la oración se ha hecho un hábito mental, será el momento de nuevas etapas de profundización, adoración, silencio y contemplación.
Pero para adquirir esta santa costumbre es necesario hacer el acto interior de renuncia a la charlatanería mental. El silencio de la boca es útil siempre y cuando resulte del silencio mental. De otro modo, quién calla por fuera grita por dentro.
Hay quienes creen que la oración de Jesús, también llamada oración del corazón es un método en cuanto a su acepción de “camino” y no está mal pensarlo así. Pero aquellos que la practican con asiduidad y por largo tiempo se han convencido que es mucho más. Es una forma de vivir en la Presencia del Señor y llega a modificar de raíz la vida del practicante.
Quién llega a adentrarse en ella no puede volver atrás. Es necesario reflexionar. Produce un aumento de la propia conciencia, de tal manera que el saberse pequeño, necesitado en extremo de la ayuda divina y presa de innúmeras debilidades se hace patente.
Desde el punto de vista de la psiquis el que esta oración abraza ha de irse despidiendo de los pensamientos. La principal dificultad no es acostumbrarse a la oración sino renegar de ellos. Y esto, porque solemos identificar este discurrir de la mente con nosotros mismos.
Esto no es así, pero lleva un tiempo descubrirlo. No somos eso que habla a cada momento, no soy el que piensa eso de aquello; no soy esa opinión o juicio o creencia sobre eso otro de mas allá. Se llega a descubrir por propia experiencia y no por dichos o lecturas, que en el corazón habita Cristo como luminaria continua. Y a la luz de ese hermoso fulgor llegará a develarse el propio rostro del buscador sincero que eligió Su Nombre como herramienta, bandera y objeto de devoción.
No debería iniciar este camino quién esté muy apegado a sus pensamientos. Tampoco quién esté conforme con su vida espiritual. Es para quienes no han encontrado a Dios todavía, para quienes no se sienten satisfechos con sus progresos, para quienes a veces, sienten que fracasan de continuo en todo lo que emprenden. Y esto último no porque las cosas les vayan mal en el mundo necesariamente sino porque no se sienten completos en ninguna actividad.
El Señor nos llama por diversos caminos y todos ellos son adecuados para distintas personas. A esta vía también se es llamado. Suele manifestarse como una inclinación del corazón hacia lo simple. Como un deseo de silencio y de ausencia de complicaciones. También como un creciente amor a la persona de Jesucristo, una profunda admiración por él.
Por eso, lo primero es acostumbrar la mente a la oración. Hay quienes toman papel y lápiz y la escriben como se estilaba antiguo en los colegios, repetir la escritura de una frase. Hay quienes salen a caminar y la llevan en sus pasos como acompañando el ritmo. Otros, la pronuncian con la boca cada vez que pueden y hasta la cantan. También he visto a los que sentados en quietud buscan la lenta espiración del Nombre. El que se inicia debe encontrar su puerta de ingreso. El Padre del cielo nos hizo diversos.
En general, algo puede servir a todos:
- Al despertarse, apenas se toma conciencia del inicio de un nuevo día, pronunciar la oración de Jesús, una y muchas veces, con tranquilidad, con la boca o la mente, mientras uno se viste y se prepara para la jornada.
- En cada momento de soledad o de pausa en el frenesí cotidiano. Sea que uno esté en un ascensor, esperando el transporte o simplemente yendo al lavabo.
- Cada vez que uno se descubre inquieto o angustiado o fuera de centro. Allí, apelar con profundidad de sentimiento a la frase elegida.
- Al acostarse, mientras se desviste, al cobijarse, entrar en el sueño reparador confiando en la misericordia de Aquél a quién nombramos.
Respecto de la frase de la oración de Jesús.
La jaculatoria “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador! además de ser la forma tradicional ofrece ventajas que en otro momento trataremos. Hay quienes reemplazan la palabra piedad por misericordia entendiendo con ello que apelan más al acercamiento del Señor al propio corazón.
Puede acortarse sin problemas según la sensación que el orante perciba más adecuada. Incluso muchos, llegan a pronunciar solo¡Jesucristo!… ¡Jesucristo!… como adoración continua.
Estad atentos a decirla con sentimiento. Enfatizando con la emoción las palabras sean mentales o vocales. Pero no os desalentéis si llegáis a decirla sin haberla considerado o incluso sin conciencia en algún momento. Importa que ella se vaya esculpiendo en todo el templo interior y ella misma os hará acordar de que la estabas diciendo sin sentirla. Pero vale más repetir Su Nombre sin ser aún consciente de ello, que divagar en la misma inconsciencia en torno a cualquier viento.
En algún otro momento trataremos el misterio develado de que el mismo Nombre trae la presencia de Aquél que se nombra.
Los saludo invocando a Jesucristo fuente de todas las misericordias.
Lecturas bíblicas recomendadas: Rom.7,12-25; 8,5-17

Carta de Esteban de Emaús a grupos de la oración de Jesús
Publicado por Hesiquia

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Virgen María, termina el mes consagrado a ti. Puntos de meditación para el 31-5-10



1.- Virgen María, termina el mes consagrado a ti; el tema de mis meditaciones ha sido especialmente sobre la Resurrección, pero sabes que en la realidad has estado en mi mente y en mi corazón durante todo el mes.

2.- Sobre todo me he acordado de visitarte en distintos santuarios. Permanece, Tú, con Jesús junto a mí en toda mi vida. Hoy es la fiesta de tu caminar para visitar a Isabel; tu espíritu de servicio y cariño te acompañaron en la vida hoy yo quiero afianzarme en mis determinaciones en tiempo de Ejercicios.

3.- Todas las semanas deseo recordar algo con el fin de perseverar en aquellas santas determinaciones.

4.- Ayúdame, madre mía a luchar contra mi pasión dominante. Tú me ves a mi edad que avanzo poco y el tiempo es breve, ayúdame. Dame tu fuerza para que en casa sea exquisito en mi trato; ellas son las personas a quienes más debo amor y agradecimiento.

5.- Amar a Jesús de todo corazón, como Tú le amaste; saber ir sacrificando mis aficiones para más estar contigo,
para dedicarme más a la oración. Aquí estoy, ten misericordia de mí, pecador.

6.- Dadme, Virgen María , el don de oración, el don de abnegación, la perseverancia final, celo para la salvación de las almas. Oh María, madre mía, oh consuelo del mortal, amparadme y guiadme a la patria celestial.

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El P. Lorenzo y su lenguaje más profundo


Por Ron Rolheiser, omi
Publicado por Ciudad Redonda

Ahora hace un año, a las afueras de la ciudad de Guatemala, Lorenzo Rosebaugh, Misionero Oblato de María Inmaculada, murió de un tiro traidor mientras conducía su vehículo yendo a una reunión de comunidad, acompañado de algunos de sus compañeros misioneros. El verdadero motivo detrás de este crimen quizás no se conozca nunca. Mirado superficialmente, parecía que no era más que un atraco violento, pero, dadas las circunstancias de la vida de Lorenzo y su lucha de por vida por la justicia a favor de los pobres, todos, yo mismo incluido, nos inclinamos a pensar que su asesinato fue más que una cuestión de estar en el sitio equivocado en el momento inoportuno. Demasiados elementos sugieren que aquello fue más que un simple accidente fortuito. Si no otra cosa, su muerte a tiros es de alguna manera simbólica: Lorenzo no estaba hecho para morir de edad avanzada en una cama confortable.

Conocí a Lorenzo por primera vez hace diez años en nuestra casa-madre en Aix-en-Provence, en Francia. Acababa él de regresar de un largo período en Latinoamérica, donde, entre otras cosas, había vivido varios años en las calles de Récife (Brasil) con sus pobres, sin techo o dirección postal fija. Una grave enfermedad le forzó a regresar a los Estados Unidos de América; y su comunidad oblata le destinó a Francia para un tranquilo sabático. Llegó allá sin saber hablar absolutamente ni palabra de francés. Sin embargo, cuando le encontré allí, menos de un mes después de su llegada, estaba sentado en la escalinata de la Iglesia, anexa a la residencia de nuestra comunidad, con una docena de “gente-de-la-calle”, reunidos a su alrededor. Estaban compartiendo comida y cigarrillos y una cierta especie de conversación. Parecía como un picnic en el parque.

No hay nada excepcional en esto, salvo que Lorenzo no sabía hablar ni una sola palabra en francés y que la gente que le rodeaba ni entendía ni sabía hablar inglés, portugués o español (sus lenguas conocidas). Sin embargo, parecía claro que se comunicaban unos con otros, y profundamente, de tal modo que al verlos provocaría la envidia de un extraño; y Lorenzo era el punto central del encuentro.

¿Cómo? ¿Cómo podemos hablar unos con otros sin comunicarnos en las lenguas ordinarias que conocemos?

Cuando el Evangelista Lucas describe el primer Pentecostés, nos dice que, después de recibir al Espíritu Santo, los primeros seguidores de Jesús salieron al público y comenzaron a hablar, y todos, absolutamente todos, oyeron las palabras de los discípulos como si estuvieran hablando en su propia lengua, cualquiera que fuera su etnia o lenguaje nativo. Las viejas barreras de la lengua materna alenguaje nativo no bloqueaban ya el oír o el comprender. El lenguaje dado por el Espíritu trascendía etnia y lengua nativa.

Resulta demasiado fácil para nosotros descartar esto como un milagro, como una intervención fundacional excepcional de Dios que ayudó a fundar la iglesia. Puede ser así, pero hay otra observación sobre esto: El lenguaje funciona a diferentes niveles.

En su nivel más obvio, el lenguaje depende de la palabra hablada y esa palabra se presenta siempre en una lengua determinada, por ejemplo, francés, inglés, español, chino. A este nivel, las palabras tienen gran poder, aunque relativo; pero pueden también decepcionar y mentir. Las palabras no siempre reflejan con fidelidad el corazón. Además, invariablemente las palabras nos fallan justamente cuando más las necesitamos, especialmente en situaciones de sentimientos profundos en las que la tragedia, la muerte y la traición nos dejan mudos.

Pero tenemos también otras clases de lenguajes: Además de la palabra hablada está el lenguaje corporal. Nuestros cuerpos hablan más alto y con más honestidad que nuestras palabras. A través de nuestro cuerpo, por medio de sus gestos y de los matices de su semblante y compostura, hablamos con más profundidad y autenticidad que con nuestras palabras.

Pero contamos con un lenguaje más profundo todavía: Con mayor profundidad que con el cuerpo, hablamos por medio del espíritu, por medio del lenguaje del Espíritu Santo, un leguaje que trasciende la palabra hablada y los gestos de nuestro cuerpo. ¿Cuál es el lenguaje del Espíritu?

El Espíritu Santo no es solamente una persona al interior de la Trinidad, desesperadamente abstracta y que sobrepasa nuestra comprensión. La Escritura nos dice que el Espíritu Santo está también muy concreto, imaginable y palpable al interior de la caridad, alegría, paz, paciencia, bondad, mansedumbre, fidelidad, amabilidad y castidad – “frutos” del Espíritu Santo. A través de nosotros, estas actitudes hablan -por su presencia o por su ausencia- más alto y claro que todas nuestras palabras y gestos corporales.
Al fin, no nos engañamos unos a otros. Oímos más allá de las palabras dichas y de los gestos corporales expresados; más allá de lo que intentamos decirnos unos a otros explícitamente. El corazón lee al corazón y el espíritu se reconoce a sí mismo donde se ve a sí mismo reflejado. Así muchos de nosotros hablamos con pasión sobre nuestro amor a los pobres, pero los pobres no nos oyen, ni nos entienden, ni nos rodean, aun cuando nuestra dicción sea perfecta en su lengua nativa.

Mientras trabajó en Latinoamérica, Lorenzo Rosebaugh sólo chapurreaba el español y el portugués. Sin embargo, los pobres le oían, y entendían perfectamente lo que les decía. No hablaba francés, en absoluto, pero aún así era capaz de sentarse en la escalinata de la fachada de la iglesia, en Francia, y reunirse con la “gente-de-la-calle”, que sólo hablaba francés – y le entendían claramente, como si les hablara en su lengua materna.

Ése es el lenguaje de Pentecostés.

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Buscando la alegría de vivir



Aquí estoy, en la orilla del nuevo siglo, intentando orientar mi vuelo por las ofertas de la modernidad.

Me llegan los silbos de sirena televisivos con promesas de felicidad, de poder, de velocidad y hasta de ruptura rebelde. Algunas actualísimas presentadoras se han pasado al destape meretricio y provocan al personal con la carnadura que deberían reservar a sus maridos.

Demasiados programas revientan mis pupilas y mi serenidad con exacerbada violencia. ¡Como si la dura realidad no fuera suficiente! Otros me sazonan, como a estúpido espectador al horno, con el picante sabor de los famosos: intrigas, divorcios, palabrería y obscenidad. Decididamente este ídolo futurista no me lleva a la felicidad.

Me vuelvo hacia mis jóvenes amigos recién casados, con su alegría centelleante y su optimismo reventón. ¡Eso sí que es felicidad! Me voy animando. Me cuentan sus intenciones de gastar una abultada cifra en libar las mieles en La India, donde la pobreza estropajea el paladar y resquebraja el corazón. No entiendo el romanticismo de bailar cómodamente sobre la miseria. Me informo de su lista de bodas para tener un detalle. La lavadora alemana, el frigo americano, la cafetera inglesa... ¡Más abajo! ¡Algo más modesto, más adecuado a mi bolsillo prejubilado! Veamos: marco de plata, tabaquera de ébano, jarrón de murano... ¡No, no me engancharé a esta lista de superfluidad! Elegiré por mi cuenta algo con sabor a íntimo y necesario. Si no, el dúctil dinero. ¡Que lo quemen en la hoguera de su conciencia consumidora!

Sigo buscando a quién plagiar la dicha de este tecnológico milenio. Recuerdo el encuentro con ese matrimonio joven, universitarios ellos, educados en los mejores colegios, con tres hijos y maravillosos proyectos. Sincera ella, me reconoce que no necesitaría trabajar porque el sueldo del marido es más que suficiente para salir adelante. Que sus pequeños la necesitan y la reclaman como pajarillos anidados, con el pico abierto y el pío puesto. Me dice que le duele ausentarse en ese tiempo sagrado en que los niños son esponjas de quien les presencia. Que Lupe, la ecuatoriana, no tiene formación ni experiencia para educar, aunque es muy buena.

Pero, claro, las exigencias de los tiempos y de los amigos le empujan a trabajar. ¿Cómo podría, si no, pagar las salidas nocturnas, los restaurantes de moda, la ropa chic y los viajes al extranjero? ¿Cómo renunciar al pequeño poder y prestigio de su título universitario en la gran empresa? Naturalmente hay que estar a la altura y cumplir con los modernos requerimientos de la igualdad. ¿Qué altura? ¿Qué igualdad? ¿Dónde queda la prioridad de los hijos, al menos mientras son pequeños? ¿Dónde la sagrada e insustituible misión de una madre? ¡Ya me los educarán en la guardería o en el estupendo colegio o la chacha fija, que para eso la pago!

Me siento decepcionado. Tampoco me siento a gusto con este camino banal e irresponsable, con esta igualdad infanticida, con esta ambición ilustrada, con esta familia pudiente pero sin suficiente calor de hogar. Me entristece la decadencia de la familia y su progresiva degradación con el enfervorizado aplauso de una sociedad materializada y hedonista.

Brujuleo en mi memoria. Recorro los fulgores de mis conocidos más brillantes, más poderosos, más futuristas. Ninguno me llega a entusiasmar. Me siento perdido en este tiempo de tanto estreno vacuo y tanta ambición espiral. ¿Será que la honradez, la austeridad, la justicia, el trabajo bien hecho, la fidelidad, la relación auténtica y profunda, el amor de verdad, ya no valen en el nuevo tiempo?

Agotado en mi intento, me sumerjo en la quietud de mis íntimos sentimientos. Sin darme cuenta, surge en mi interior la imagen de mi abuelo con su bondad, su sencillez, su contagiosa alegría, su paz y suavidad de nimbo. Me invade la extrañeza. ¿Qué haces dentro de mí abuelo? ¡Hace tantos años que te fuiste! Tu recuerdo me hace sentirme bien, como aquel niño inocente e ilusionado al que enseñabas a pintar, a jugar y a respetar.

Se me vuela la imaginación. Iré con el abuelo a la bodega… Quiero disfrutar de su paz, de su sosiego, de su cuidado, de su bondad y, sobre todo, de su alegría. Quiero volver a ser niño, a disfrutar de la vida, a creerme que desde la viña burgalesa se ve el estrecho de Gibraltar. No quiero competir. Quiero convivir y ser bueno, como tú abuelo. Y sencillo. Y alegre. Y juguetón.

Precisamente ahora, cuando ambicionaba un futuro descansado y feliz, me sorprendes con tu amplia y arrugada sonrisa dentro de mí. ¡Me atrae tu sonrisa abuelo, y tu complicidad con mis pequeños deseos! Me atrae tu pacífica suavidad, tu sencillez, tu permanente dar sin que se note, tu humildad, tu permanente alegría, tu poner a la familia lo primero. ¿Y yo qué he hecho? Me olvidé de ti, me metí en un mundo de ambiciones, tensiones, farsas e imágenes fatuas. Tenía que conseguir una externa seguridad, prosperar a cualquier precio, figurar, tener dinero. Ahora me doy cuenta de que eso no me hace feliz. Empiezo a recuperar tu pobre herencia luminosa y sencilla, la que llenó de calor, espontaneidad y alegría mi infancia.

La noria del tiempo gira imparable sobre un nuevo milenio. ¿De qué servirá su giro si no empapa mi vida del agua que limpia y regenera? Resuena en mi memoria aquella copla popular: "Peldaños de eternidad me ofrece el tiempo en su huida, si, ascendiendo paso a paso, lleno mis manos vacías. Como una sombra se esfuman del hombre vano los días, pero uno solo ante Dios cuenta mil años de espigas. Lo bueno y noble perdura eternizado en la dicha. Sembraré, mientras es tiempo, aunque me cueste fatigas".

Tu recuerdo, abuelo, ha devuelto la paz a mi inquieta búsqueda. Empiezo a redescubrir la alegría de ser, de darme sencilla y naturalmente, empezando por la familia. ¡Gracias abuelo! ¡Gracias porque nos sigues acompañando con los tesoros de tu intangible herencia!

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El número de la Bestia: 6.6.6, un número humano (Ap 13, 18)


Publicado por El Blog de X. Pikaza

Terminado el mini-ciclo de la Trinidad, vuelvo al Apocalipsis, para “calcular” el Número de la Bestia (Ap 13, 18), siguiendo mis reflexiones de días anteriores. He tratado ya de la Primera Bestia (13, 1-10) y de la Segunda Bestia (13, 10-17), el poder político-militar y el poder ideológico. Quiero ya de tratar del “numero” de la Primera Bestia:

Ésta es la sabiduría
Quien tenga entendimiento
Calcule el número de la Bestia,
Pues se trata de un número humano:
666.

A modo de introducción repetiré venido ya diciendo:

a) El Apocalipsis no trata de algo simplemente futuro, sino del sentido y condición del presente, en tiempo del autor (hacia el 90 d. C.) o en la actualidad. Por eso se puede aplicar a una persona (realidad humana) de entonces o a una realidad humana de ahora.

b) El cálculo del número del Apocalipsis no sirve para conocer cuando acabará al mundo, sino para interpretar y conocer mejor nuestro mundo, el de hoy (año 2010). Es normal que se hayan dado diversas interpretaciones.

c)El 666 pudo se y fue en otro tiempo el imperio/emperador de Roma; hoy puede ser y es aquel poder económico/político/militar que quiere y no puede divinizarse. Conocer el 666 significa conocer que por encima de todos los poderes perversos (¡humanos!) está Dios, que es divino... y principio de verdadera humanidad. Éste no es numero de brujería, sino de consuelo. No es número de mágia y adivinación, sino de fe en el Dios de la vida, por encima de todos los posibles poderes de muerte, por fuertes que sean (lo del código de barras es objeto también de cálculo).

Buen día a todos los que quieran seguir adivinando este número, calculando, orando, gozando, porque saben que sólo Dios es Siete (Dios)... y que todos los poderes del mundo acaban, como el seis-seis-seis..

1. Introducción.

Parece evidente que ese número (666, seis-seis-seis) podían entenderlo los cristianos de aquel tiempo con facilidad. Sin duda, su sentido está relacionado con la lista de reyes (emperadores) que, partiendo del modelo que ofrece Dan 7, 25-27, esbozará después Ap 17, 11-14. Este es un número que puede calcularse por los métodos normales de gematria, utilizada por judíos y griegos: cada número es una letra y viceversa, de manera que el conjunto puede traducirse, como en código cifrado... El problema empieza cuando se pasa al cálculo concreto, dividiendo 6.6.6 (666 ó 606, según algunos manuscritos) en posibles cifras inferiores, utilizando, el alfabeto griego o hebreo (arameo) para calcular la suma o sentido de conjunto.

El número de la Bestia (6.6.6) se compone de tres 6. ¿No habrá en ello una insistencia deliberada, que trata de poner de relieve el hecho de que la persona o realidad de que se trata se halla marcada de manera definitiva por el número 6, esto es, una cifra que por ser contigua al 7 sin llegar a alcanzarlo, simboliza el mal, la rebelión contra Dios, la idolatría, es decir, simplemente la finitud...

Este tipo de simbolismo que, señalando con claridad el carácter satánico de la realidad significada, excluye definitivamente todo intento de identificación concreta, es quizá el camino explicativo más seguro de este texto misterioso. Además, tiene el mérito de extinguir la ardiente y peligrosa fascinación que ejerce en el espíritu humano la posibilidad de ver en la historia contemporánea las señales que el plan de Dios hubiera establecido de antemano.

Dios es el Siete, número perfecto
666... es el número de lo finito que quiere hacerse Dios, el número del poder que quiere divinizarse.

Cf. P. Prigent, El Apocalipsis, en Varios, Escritos de Juan y Carta a los Hebreos, Cristiandad, Madrid 1985, 239.
Ese número se ha calculado hasta el infinito, sin lograr consenso. Comentarios: Lohmeyer, Charles, Allo. Cf. también: W. G. Baines, The Number of the Beast in Rev 13, 18, HeythJ 16 (1975) 195 ss; B. Newmann, Die Zahl 666, Telos-Bücher 177, Bad Liebenzell 1977; Van Hartingsveld, L. Die Zahl des Tieres, die Zahl eines Menchen. Ap 13, 18, Misc. Neotest. II, Leiden 1978, 191-201.

Las combinaciones propuestas desde antiguo son variadas y no concordantes. Las más significativas son: Titán Latino, Nerón Cesar, Cayo (=Calígula) César... Pero ninguna ha logrado convencer a la comunidad de los sabios exegetas, lo cual significa que el secreto se ha perdido con el autor y primeros destinatarios o que es muy sencillo: es número humano, es decir, de finitud. Con esto puede bastar para el lector menos interesado. El lector interado y curioso puede seguir con la lectura de mi texto.

Nota preliminar

Muchas veces, en la Biblia, los números tienen un valor simbólico vinculado al orden de la creación, en la perspectiva del tiempo (siete días, siete astros), del espacio (cuatro puntos cardinales) y de la organización social (doce tribus…). Especial importancia recibe el seis, relacionado con las obras de Dios y los días de trabajo de la semana, trascendidas en el sábado, que está más allá de todo número (el siete es de Dios). En ese sentido, humanamente hablando, los judíos sólo cuentan hasta seis, pues todas las cosas de este mundo son seis. El siete pertenece a Dios. Por eso, no se junta con los seis anteriores, que son números humanos.

Una parte considerable de la especulación de los libros apocalípticos judíos (como los libros de Daniel, 1 Henoc y Jubileos) y en especial de algunos textos de Qumrán está relacionada con cálculos numéricos y fijación de tiempos sagrados. En el Nuevo Testamento el libro que más ha insistido en los números ha sido el Apocalipsis. Este es el sentido de alguno de sus números:

Uno. Significa excelencia y autoridad y puede aplicarse a Dios (que Es, Era y Viene: Ap 1, 4.8) y a Cristo (Primero y último...: Ap 1, 17; 2, 8; 22, 13).

Dos. Implica cooperación, tanto positiva (en los profetas: Ap 11, 1-13) como negativa (en las bestias: Ap 13, 1-18).

Tres y medio (= mitad de siete) es el tiempo que pasa, momento breve de persecución de los fieles. Partiendo de cálculos tomados de Dan 7, 25; 12, 7, Juan lo identifica con un tiempo (=año), dos tiempos y medio tiempo: los 42 meses o 1260 días simbólicos de la crisis final (Ap 11, 9-13; 12, 14).

Cuatro. Es el mundo perfecto y peligroso: cuatro son los Vivientes del cielo (4, 6.8; 5, 6 etc.), los caballos destructores de la historia (6, 1-8), los elementos cósmicos (8, 7-12; 16, 1-9), los ángulos del mundo con sus ángeles y vientos (7, 1-3; cf. 9, 14-15; 20, 8), lo mismo que los cuernos del altar (cf. 9, 13) y los ángulos o muros de la Ciudad nueva (21, 16).

Seis. Es la imperfección del mundo (del hombre) que, oponiéndose al siete de Dios y su Mesías, acaba encerrándose a sí mismo, en violencia destructora. Es el número de la Bestia: 6.6.6 (Ap 13, 18) y del 6º emperador, que ahora reina (tras los cinco pasados), siendo incapaz de permanecer, pues no puede hacerse siete (cf. 17, 10-11).

Siete. Es la plenitud divina que se expresa en los espíritus (Ap 1, 4; 3, 1; 4, 5; 5, 6), ángeles (1, 20; 8, 2. 6), candelabros (1, 12.20; 2, 1), astros (1, 16.20; 2, 1), iglesias (1, 4.11.20) y en los cuernos y ojos del Cordero, que reflejan su poder (5, 6). Siete son también los acontecimientos finales que marcan el juicio de Dios sobre el mundo: los sellos (5, 1.5; 6, 1), las trompetas (8, 2.6), los truenos (10, 3.4) y las copas destructoras (15, 1.6.7). Hay también un siete negativo que se expresa en las cabezas del Dragón y de la Bestia (12, 2; 13, 1; 17, 3.7), en las colinas (de Roma) que forman el asiento de la Prostituta, en los reyes perversos de la historia (17, 9) y, sobre todo, en el 7º emperador, que permanece poco tiempo…, pues un siete humano es siempre perversión, es idolatría. Cuando este emperador desaparezca volverá como octavo uno de los anteriores, pero Cristo lo destruirá (17, 10-11).

Diez. Es número del poder perverso: los cuernos de Dragón y Bestia (13, 3; 13, 1; 17, 3.7), los reyes de la tierra (17, 12.16) y los días de prueba que Daniel y compañeros han de padecer porque no aceptan la comida impura del imperio (2, 10). Se opone probablemente al doce de la perfección israelita y cristiana.

Doce. Número perfecto de los cielos, como muestran las estrellas de la corona de la Mujer (12, 1), y de la historia mesiánica, que se expresa por los hijos de Israel y los apóstoles del Cristo, vinculados a los ángeles de Dios y a los cimientos y puertas de la Jerusalén perfecta (21, 12-14), con sus medidas y piedras preciosas (21, 16.21). Desde ese fondo han de entenderse sus múltiplos: los 24 Ancianos (dos por doce) que forman la corte de Dios (4, 4) y los 144.000 triunfadores (doce mil por doce mil) del Monte Sión (14, 1; cf. 7, 4).
Mil. Es signo de una gran multitud (millares de millares forman la muchedumbre incontable de los ángeles 5, 11). Se emplea de un modo especial para indicar el milenio: los años del tiempo del reino de los elegidos; frente al breve tres y medio de la persecución se eleva el mil de gloria de los elegidos (20, 2-7).

Seis, seis, seis. Sentido básico del número.

Desde lo anterior se puede interpretar mejor el Número de la Bestia, que es un número muy concreto, vinculado a la vida económica del imperio, a la injusticia de los ricos. Así se dice que el Falso Profeta, que es la propaganda (filosofía, religiones, medios de comunicación), que se pone al servicio de la primera Bestia, «hizo también que todos, grande y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos llevasen grabada una marca en la mano derecha o en la frente. Y sólo quien llevaba grabado el nombre de la bestia o la cifra de su nombre podía comprar o vender. Aquí se debe aplicar la sabiduría. Quien se sienta inteligente pruebe a descifrar el Número de la bestia, que es Número humano: seis, seis, seis» (Ap 13, 16-18).

Éste es el texto básico, que sigue haciéndonos pensar y sufrir. La identidad de la Bestia y el posible sentido cifrado de su número (6-6-6) ha sido y es tema apasionante de estudio y adivinación para estudiosos y curiosos (especialmente para curiosos). Como veremos, en su origen debía ser (y es) un número bastante fácil de entender para los cristianos de las siete iglesias a las que va dirigido el Apocalipsis (cf. Ap 2-3). El conocimiento de ese número servía para mantener el compromiso cristiano; no era objeto de erudición abstracta, sino de experiencia de cada día.

Ese número de la Bestia no podía aludir a una cualidad interior, o a un pecado espiritual, pues va asociado a comprar y vender, en ámbito social y económico. No aludía tampoco a un acontecimiento o suceso imprevisible que no se puede evitar, vinculado con la magia o las apariciones astrales, sino que pertenece a la vida social y está relacionado con el dinero (comprar y vender), pues aquellos que no llevaban la marca de la Bestia (el seis.seis.seis) no podían comerciar, ni enriquecerse, ni formar parte de la sociedad dominadora de los favorecidos por el poder romano (cf. Ap 13, 17). La cosa es muy sencilla: el mismo dinero injusto, el comercio de aquellos que se aprovechan del Sistema Romano para comprar y vender y enriquecerse a costa a los pobres, es el Seis-Seis-Seis. Según eso, los que han vendido su alma al sistema romano llevan el signo la Bestia. En el fondo, eso es lo mismo que dice Mt 6, 24 par: la Mamona es Satán objetivado.

Ésta es la paradoja. Buscamos el número como si fuera algo externo, con grandes adivinaciones y teorías esotéricas o mágicas, como si aquel que supiera descifrar el número pudiera resolver problemas superiores. Pues bien, el Apocalipsis dice todo lo contrario: aunque no quieran advertirlo ni confesarlo, todos los que “compran y venden” y se enriquecen a costa de los pobres llevan el número en la mano o en la frente, como si fuera su carné de identidad, su pasaporte. Los otros, los que no pueden conseguir ese número (o no quieren llevarlo, por honradez y opción cristiana) están condenados a ser unos parias, sin derechos, sin oportunidades, como los fieles de la iglesia del Apocalipsis.

Entendido así, ese número indica dinero y todo aquello que se puede comprar por dinero: es la marca completa de aquellos que asumen el sistema del imperio. Los fieles de Jesús conocen el número, no quieren llevarlo, porque es número de opresión.

Ésta es la realidad que está al fondo del tema: el Falso Profeta (2ª Bestia) ofrece la marca de la Primera Bestia a los privilegiados de la sociedad, para que puedan comprar y vender, para bien común del imperio (no de sus pobres) (por eso he puesto como imagen un código universal de barras, con un seis-seis-seis...
. En esa línea ha de entenderse el 6-6-6, el número más simple, más vulgar de este mundo malo: el número de los que se aprovechan del sistema y viven a costa de los otros.

Recordemos que el imperio romano quiso presentarse como primera sociedad global, capaz de ofrecer cauces de comunicación entre tribus, pueblos, lenguas y naciones (cf. Ap 13, 7). Aparecía así como milagro de convivencia, ámbito de paz para los hombres. No era una Nación-estado, sino el Estado-imperio donde cabían todas las naciones, cada una con su propia identidad y diferencias. Ese fue su “milagro”, aquello que nunca se había conseguido sobre el mundo, de tal forma que muchos veneraron a Roma como Diosa, como revelación de Dios en la historia. Por eso, su Número y signo debía ser la eternidad: la Roma Eterna, sentada en el trono de las grandes aguas (cf. Ap 17, 3).

Pues bien, en contra de esa divinización resisten y protestan los cristianos, en contre de ella se eleva el Apocalipsis, mostrando a través de este Número que, en el fondo, Roma no es más un signo de impotencia y muerte, un número incapaz de ofrecer plenitud y salvación a los hombres. Los romanos se creían enviados por Dios (por los dioses) para fundar y expandir su orden divino sobre el mundo, de manera que ellos deberían ser 7-7-7 (como los astros del cielo, como la semana sagrada, como Dios). Pues bien, en contra de eso, los cristianos saben que el número de Roma es un simple 6-6-6, el número de una criatura mala, que quiere divinizarse oprimiendo a los demás, pero que terminará destruyéndose muy pronto.

3. ¿Hay más secretos? Descifrar el Número.

La identidad básica del número de la Bestia (seis.seis.seis) es la que acabamos de indicar: es un número de injusticia y muerte. En sentido estricto, nuestro argumento podría terminar aquí. Pero, con el mismo libro del Apocalipsis y con la tradición posterior podemos dar un paso más. Es muy probable que el mismo autor del libro y sus oyentes y lectores más antiguos hayan querido jugar con ese número, de un modo humorista, en voz baja, para así consolarse: éste no es un número para meter miedo, sino todo lo contrario, para quitar el miedo. Es un número para decir a los cristianos y a los pobres: no os preocupéis, ese mismo emperador que parece divino, ese mismo imperio que se cree Dios, no son más que simples criaturas impotentes, condenadas a la muerte.

Desde ese fondo, la cuestión de la identidad más concreta del Número (666, 6-6-6), aplicado al nombre de algún emperador, resulta secundaria. Lo importante era lo anterior: el seis.seis.seis es la expresión de la impotencia del imperio divinizado. Pues bien, partiendo de eso, muchos cristianos pudieron aplicar en voz baja ese número a alguno de los emperadores, alegrándose con ello, pues al identificar al imperio/emperador con ese número se estaba diciendo que tenía los días contados, que llegaba ya el tiempo de la liberación para los pobres.

Parece que en aquel tiempo podía interpretarse sin dificultad; más aún, es muy posible que pudiera aplicarse de diversas maneras, conforme a los métodos de gematría (cálculo de letras y número), común en aquel tiempo. Sin duda, su sentido está relacionado con la lista de reyes (emperadores) que, partiendo del modelo ofrecido por Dan 7, 25-27, el mismo autor del Apocalipsis ha esbozado más tarde en su libreo (Ap 17, 11-14). Se trata de un Número que puede calcularse siguiendo varios modelos de gematria, como hacían entonces judíos y helenistas: cada número es una letra y viceversa, de manera que el conjunto puede descifrarse como código cifrado... La riqueza del tema (y para algunos el problema) empieza cuando se quiere dividir 666 (o 606, según otros manuscritos) en posibles cifras inferiores, utilizando, el alfabeto griego o hebreo (arameo) para calcular la suma o sentido de conjunto.

Las combinaciones y lecturas propuestas desde antiguo son variadas y no concordantes. Las más significativas son:

Titán Latino, Nerón Cesar, Cayo (=Calígula) César...

Pero ninguna ha logrado convencer a la comunidad de los sabios exegetas, lo cual significa que el secreto se ha perdido con el autor y con los destinatarios del libro… o que no había tal secreto, pues se dejaba a cada uno buscar aplicaciones, sabiendo todos que el seis.seis.seis es la expresión y anuncio de la caída de un tipo de imperio destructor, que eleva a los ricos-comerciantes por encima de los pobres y que mata a los inocentes. Un imperio así no puede persistir, ese imperio es un simple seis.seis.seis… y su representante puede ser Nerón, Calígula… o simplemente Roma, emperadores y ciudad condenada a la muerte, para bien de los pobres del mundo.

Es muy posible que el autor del Apocalipsis haya querido dejar abierto el tema del sentido concreto del Número. Sólo ha querido indicar que se trata de un signo y un Número que es puramente humano, finito. Recordemos de nuevo el sentido de algunos números. La plenitud es Cuatro (hay cuatro vivientes, vientos, elementos: Ap 4, 8; 7, 1; 20, 28); la revelación escatológica es Siete (hay siete espíritus, candelabros, astros): el número de prueba es Tres y medio (mitad de siete) con sus equivalentes (42 meses, 1260 días). Pues bien, el Número del imperio perverso (que parece divino, pero que tiene pies de barro, manchados de sangre: cf. Dan 2) es un seis repetido, que nunca llega a Siete, que nunca puede alcanzar la plenitud.

Por eso, cuando decimos seis.seis.seis… podemos seguir añadiendo números de “seis” hasta el infinito (la repetición triple del “seis” es indicación de algo que se puede seguir diciendo sin fin). Eso significa que Roma no es Cuatro (no es el cosmos entero), ni es Siete (no es Dios). Roma es un simple seis repetido, impotente, un “seis” que destruye a quienes se apoyan en su fuerza brutal pero inhumana, en si riqueza inmensa pero sangrienta.

Éste es el Número de aquellos que ponen su seguridad en el Imperio, entregándole su libertad humana. Los cristianos más sencillos lo sabían y lo saben. Por el contrario, aquellos investigadores o curiosos que buscan con inmensa erudición el sentido más oculto de ese Número lo pueden estar repitiendo a lo largo de toda su vida, sin darse cuenta de pueden haber caído bajo el poder del 6-6-6, que es la impotencia y violencia de la finitud, que es la injusticia de la historia humana. Aquellos que se hacen ricos a costa del miedo del seis.seis.seis han caído en su trampa. Quienes quieren convertir el seis.seis.seis en objeto de magia o de cálculos curiosos pierden simplemente el tiempo.

Por eso, todos aquellos que, de un modo o de otro, quieren aplicar el seis.seis.seis un día concreto (como el seis de junio del 2006 o el seis de diciembre del 2016) van en contra de la Biblia cristiana. Pueden saciar una curiosidad, pero su gesto no tiene nada que ver con el evangelio del Apocalipsis de Juan.

Resumen

En este contexto ha de entenderse el texto clave sobre el número (666) y nombre de la Bestia con su signo (13, 18). Juan ofrece ese número para que los cristianos puedan entenderlo con cierta facilidad y por eso su sentido debe ser muy sencillo, muy claro. Eso significa que todos los esfuerzos sabios de aquellos que dedican especulaciones complejas para interpretarlo deben ser equivocados. Este es el número y signo periodístico más fascinante de nuestra historia occidental: 6.6.6. Este es uno de los signos más importantes de toda la cultura humana. Por eso queremos entenderlo y para ello comenzamos ofreciendo unas consideraciones generales:

– El signo de la Bestia no puede ser una cualidad interior, pecado espiritual, pues va asociado a comprar y vender, en ámbito social y económico.

– No es tampoco un acontecimiento o suceso imprevisible que no se puede evitar, asociado con la magia o las apariciones astrales.

– Pertenece a la vida social y está relacionado con el dinero (comprar y vender). En algún sentido se puede afirmar que el mismo dinero, tal como se emplea en el imperio, es signo de Satán, en la línea de Mt 6, 24 par (mamona: Satán objetivado). Pero, en otro sentido, esa señal es más amplia que el dinero: es la marca completa de aquellos que se integran al sistema del imperio, expulsando a los fieles de Jesús .

El Signo de la Bestia se opone al Sello del Dios vivo, de los combatientes de Israel (7, 1-8) y debe entenderse de una forma externa, relacionada con la economía y política del imperio.

La 2ª Bestia, a través de su propaganda ideológica, transformada en principio de imposición social y económica, ofrece su marca a los privilegiados de la sociedad, para que pueden comprar y vender, para bien común del imperio (no de sus pobres y/o cristianos): Seis, seis, seis. Sólo quienes llevan esa marca, sólo quienes aceptan el poder de la Bestia, pueden vivir y medrar en el imperio. El poder ideológico del Pseudoprofeta se ha convertido en principio de control y esclavitud.

Pues bien, Juan, autor del Ap, se opone a ese control ideológico, que implica discriminación y muerte. Recordemos que el imperio romano quiso presentarse a sí mismo como la primera sociedad global, honda experiencia de comunicación entre tribus, pueblos, lenguas y naciones (cf. Ap 13, 7), prodigio de convivencia, la primera sociedad pacífica del mundo, ámbito de encuentro para todos los humanos Roma misma puede presentarse de esa forma como Diosa, el imperio como la verdad suprema. Eso es lo que dice la 2ª Bestia.

Roma no es una nación estado, sino un Estado-Imperio donde caben todas las naciones, cada una con su propia identidad y diferencias. Ella ha ofrecido así el gran milagro, lo nunca conseguido sobre el mundo; así viene a presentarse como revelación de Dios en la historia. La propaganda imperial del Ministerio de Información de la 2ª Bestia tiene razones para defender su postura.

Pues bien, frente a las razones de la Bestia, frente a la divinización falsa del imperio resisten y protestan los cristianos. Saben un número especial, tienen un secreto que pueden compartir: 666. Están seguros. Los romanos se creían enviados por Dios (los dioses) para fundar y expandir el orden divino sobre el mundo; por eso su misma tarea resultaba religiosa. En ese fondo era secundario el hecho de que unos emperadores se dejaran divinizar más que otros. En principio, a los ojos de la 2ª Bestia, todos los emperadores son divinos.Divino es el imperio entero; divina su cabeza (Roma). Por eso deben venerarla y aceptarla todos los pueblos de la tierra.

Pues bien, a los ojos del autor del Ap, esa divinidad de Roma es resultado de la fuerza, es signo de opresión e injusticia sobre el mundo. Ciertamente, Roma deja espacio para todos, pero sólo a condición de que todos acepten su orden del conjunto, se sometan a sus ritos, adoren a su mismo imperio. Roma deja espacio para todos, pero a unos eleva y a otros esclaviza, sin crear comunión de fidelidad entre sus miembros.

El Ap podría haber optado por la doctrina de doble verdad: por un lado es verdad Roma, en un nivel externo, de política y dinero, economía y convivencia social jerarquizada; por otro lado, en plano interno y de futuro, es verdad el evangelio. Pues bien, Juan no lo ha hecho, pues ha creído en la verdad única del evangelio, es decir, de la libertad universal que se ofrece por igual a todos, sin imposición de unos sobre otros. Pues bien, esta verdad del evangelio (de la humanidad) se opone al señorío sagrado de Roma.Los sabios del imperio (todos los que forman el Ministerio de propaganda de la 2ª Bestia) han divinizado a Roma. En contra de ellos, Juan, profeta cristiano, creyente en Jesús y heredero de la tradición profética israelita, ha elevado su protesta, diciendo que sólo es sagrado el ser humano, en su misma debilidad, en su verdad personal. Desde el fondo de su protesta puede y debe entenderse el número de la Bestia.

El Día de la Bestia.

Se han hecho numerosas interpretaciones artísticas (literarias, pictóricas, fílmicas) del tema de la Bestia de Ap 13. Esta es una de las más significativas. Nos referimos a una famosa película dirigica por Álex de la Iglesia (1965). Ella nos ayuda a entender el impacto cultural que sigue ejerciendo el tema del Ap dentro de nuestro mundo moderno.

Ángel, sacerdote y profesor de Teología de la Universidad de Deusto, cree haber descubierto el lugar y fecha del nacimiento del Anticristo: Madrid, Navidad de 1995. Con el deseo de salvar a la humanidad se traslada a Madrid, para hacerse "amigo" de Satanás y matar a la Bestia recién nacida. Le ayuda en sus fechorías José Maria, un "heavy" muy puesto en tribus urbanas de gusto satánico, y un adivino falsario llamado Cavan. Con la receta del conjuro diabólico y cumpliendo a la letra sus estipulaciones sólo consiguen que un negro macho cabrío les haga una visita. En medio queda la "comedia apocalíptica", con escenas de humor y un Madrid convertido en ciudad del fin de los tiempos.

La música de Def con Dos ofrece el tema de la película, recogido en El día de la Bestia. Libro de la película, Madrid 1996:

– Siguiendo el rastro del Ángel caído
yendo tras los pasos de un macho cabrío,
derribando el muro que encierra las tinieblas,
hasta notar el aliento de la Bestia.
– Sabiendo que el caminoa está lleno de trampas
para corromper las almas.
Sufrir por saber que el Mal no es el pecado.
Soñando con sentir el Espíritu malvado.
– Seis, seis, seis ¡El día de la Bestia! Seis, seis, seis
– Explorando el laberinto
para ejecutar al Anticristo.
Abriéndose camino con hierro y con fuego
hasta tocar las puertas del Averno.
– ¡Textos! Que ocultan otros textos.
¡Datos! Que ocultan el infierno.
Cábalas confusas, cálculos falllidos,
errores que sentencian el mundo de los vivos.
– Seis, seis, seis ¡El día de la Bestia! Seis, seis, seis

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DE LAS CASAS LLENAS A LOS TEMPLOS VACÍOS



Es sabido que en la Iglesia primitiva no había templos. Los cristianos se reunían en las casas, ya que la casa era la estructura base del cristianismo primitivo. Es decir, la Iglesia era la institución que aglutinaba a las iglesias domésticas (R. Aguirre).

Esta situación duró hasta el s. IV, cuando (a partir de Constantino) se construyeron los primeros templos cristianos. Fue el concilio de Laodicea (del 360 al 370) el que prohibió la celebración de las eucaristías domésticas.

Hasta entonces, o sea durante tres siglos, la Iglesia no tuvo templos, es decir, no tuvo espacios sagrados. Porque lo sagrado, para la Iglesia de aquellos tiempos, no estaba en determinados edificios o locales concretos, sino que lo sagrado eran las personas. Vale la pena explicar esto y sacar las debidas consecuencias.

Por lo que cuentan los evangelios, Jesús no levantó ningún templo ni capilla. Ni organizó un centro de espiritualidad o una casa de retiros. Jesús fue un laico que vivió laicamente como un profeta itinerante. Un profeta además que, como sabemos, tuvo serios conflictos con el templo de Jerusalén y sus sacerdotes. Hasta que aquello terminó trágicamente en la Pasión y en la cruz.

Después de la Resurrección y de Pentecostés, el libro de los Hechos cuenta que, cuando mataron al primer mártir, Esteban, éste, precisamente cuando lo iban a matar, dijo que "el Altísimo no habita en edificios construidos por hombres" (Hech 7, 48).

Y, lo que es más importante, San Pablo afirma con toda claridad que la morada propia de Dios no está construida por manos de hombres (2 Cor 5, 1). Es más, la carta a los hebreos dice de forma terminante que el templo "no hecho por manos de hombres" se instaura a partir de Cristo (Heb 9, 11).

Los primeros cristianos tenían razones muy serias para decir estas cosas. Aquellos cristianos no querían templos. El motivo de este rechazo no era económico (aunque no tenían dinero para tales edificios), ni político (aun teniéndose que ocultar en tiempos de persecuciones). El motivo por el que rechazaban los templos era teológico.

Porque una de las convicciones más fuertes de la Iglesia de aquellos primeros siglos cristianos era que el templo de los cristianos es la comunidad (1 Cor 3, 16-17; Ef 2, 21) o cada cristiano en particular (1 Cor 6, 19; 2 Cor 6, 16).

Lo cual quiere decir, lógicamente, que para los cristianos (los de entonces y los de ahora) no hay más templo que la comunidad misma o cada ser humano en concreto. Es decir, el lugar del encuentro con Dios no es un espacio material (geográfico), sino el espacio humano del encuentro entre las personas.

Donde los humanos se encuentran, se comunican, se unen y conviven, ahí es donde se encuentra a Dios. Los cristianos se reunían en las casas, ya que la casa era la estructura base del cristianismo primitivo.

Esta manera de pensar, tan revolucionaria, duró algún tiempo, no mucho. Sólo aguantó tres siglos. A partir del momento en que la Iglesia se vio con poder, expresó ese poder (entre otras cosas) en los edificios, es decir, levantando iglesias, templos, basílicas y capillas.

Con lo cual se conseguían varias cosas:

1)
A Dios se le encerraba en el templo, que podía ser grandioso, señal de que quien estaba allí era el Todopoderoso, pero ya no era el Dios humanizado, al que se le encuentra entre los humanos y humanizándose.

Una cosa que ha sido fatal. Porque así los cristianos descargamos las conciencias acudiendo un rato al templo, mientras que en la calle, en la casa, en el trabajo..., nos portamos como si Dios no existiese.

El respeto se guarda en el templo, lo que hace más tolerables las frecuentes faltas de respeto que cometemos en la convivencia a todas horas y en todas partes. Nos espanta la profanación de un templo. Y no nos impresionan las constantes profanaciones de toda clase de personas que cometemos, incluso con la conciencia tranquila, del que hace lo que tiene que hacer.

2)
Es más fácil construir un templo que construir una comunidad. Se maneja mejor el ladrillo que la convivencia. Y así nos encontramos ahora con muchos templos y tan pocas comunidades. Enseñamos monumentos, pero no podemos enseñar grupos humanos que se quieren y en los que no haya secretos que ocultar.

3)
Los templos suelen dar un buen rendimiento económico. Cosa que se sabe desde que se empezaron a levantar templos. Uno de los favores que Constantino le hizo a la Iglesia fue la concesión de recibir herencias y legados, cosa de la que da cuenta el Código de Teodosio (CTh. 16. 2. 4 = CJ 1.2.1, del 321).

Así se abrió la puerta al enriquecimiento de la Iglesia, mediante las enormes donaciones de la gente rica, que dejaba sus bienes al templo y así se moría en paz, tal como lo explica el reciente y magnífico estudio del profesor Ennio Cortese en su estudio sobre las grandes líneas de la Historia Jurídica Medieval (Roma, 2008).

Uno de los muchos problemas que la Iglesia tiene que afrontar es éste:

¿Creemos en el Dios que hemos encerrado en los templos
o creemos en el Dios que está en cada ser humano?

He aquí dos modelos de Iglesia que desencadenan dos formas de entender el cristianismo y la fe en Jesús el Señor.

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Evangelio Misionero del Dia: 01 de Junio de 2010


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 13-17

Le enviaron a Jesús unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?»
Pero Él, conociendo su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario».
Cuando se lo mostraron, preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».
Respondieron: «Del César».
Entonces Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».
Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Los conflictos que enfrenta Jesús (I):
La imparcialidad de un corazón centrado en Dios
Marcos 12, 13-17
“Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios”


Jesús está en Jerusalén, en la explanada del Templo, donde propone su enseñanza (ver Marcos 11,27). Precisamente en esta ciudad, Jesús se mueve en medio de un campo conflictivo, de fuertes tensiones entre personas que detentan el poder y gente orgullosa.

Frente a Jesús pasan diversos grupos de presión política y religiosa. Los intereses de cada uno de los grupos se van haciendo sentir: las autoridades (11,27), la coalición religioso política de los fariseos y los herodianos (12,13), los saduceos (12,18) y los maestros de la Ley (12,28). En el ir y venir de la plaza del Templo se habla también de los intereses de la potencia dominadora romana, de las fricciones con la autoridad judía, del estado de ánimo del pueblo.

La gente toma partido por algunos de estos grupos o corrientes e incluso está dispuesta a usar la violencia para defender o promover sus intereses. El ambiente conflictivo envuelve a Jesús cuando, al principio del pasaje que leemos hoy se dice: “Y envían donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra” (12,13).

Con una pregunta tratan de encasillarlo en alguna de las tendencias políticas conocidas (12,14b). Pero frente a todos ellos Jesús se presenta como determinado solamente por Dios, cuando al final dice: “Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios” (12,17). Este es el tema del pasaje de hoy.


1. La valoración que los adversarios hacen de Jesús y la pregunta (12,13-15)

Los “fariseos y herodianos” ya habían sido presentados al comienzo del evangelio de Marcos como los enemigos de Jesús: “Los fariseos se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle” (3,6). Y en una ocasión, en la mitad del evangelio, Jesús le pidió a sus discípulos que no imitaran el comportamiento de ellos: “Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes” (8,15).

Cuando se dice que éstos vinieron “para cazarle en alguna palabra” (12,13a), sabemos que pretenden arrinconarle –como ya se había dicho- “para eliminarle” (3,6). La intención es violenta.

Los adversarios afirman inesperada pero correctamente que Jesús es “veraz”, que no mira “la condición de las personas”, sino que enseña “con franqueza el camino de Dios” (12,15a). Es como si le dijeran, en otras palabras: “Tú no estás preocupado por la apariencia y el poder de los hombres sino que te atienes únicamente a la verdad; tú enseñas el camino recto de Dios sea que le agrade o no a los poderosos y sin mirar las consecuencias que pueda tener para ti; la voluntad de Dios está por encima de tu misma seguridad, comodidad y tranquilidad”. Se reconoce así la imparcialidad de Jesús.

Por primera vez los enemigos de Jesús dicen lo contrario de lo que siempre han afirmado sobre Él: que actúa en contra de Dios (ver 2,17.16; 3,22; 7,5; y la acusación final de 14,64). Pero es claro que se trata de una adulación, no de una convicción, que arrastra hacia la trampa. Jesús es puesto en medio de dos poderes en conflicto:
(1) Si se pronuncia a favor del impuesto de vasallaje, se gana la enemistad del pueblo.
(2) Si se pronuncia en contra, da pretexto para que lo acusen ante el imperio romano y lo eliminen.


2. Una respuesta brillante que causa admiración (12,15-17)

Jesús había planteado antes una pregunta embarazosa (ver 11,30), ahora le devuelven una similar. Pero, a diferencia de la anterior, esta vez Jesús suscita admiración con su respuesta: “Y se maravillaban de él” (12,17b).

Jesús se comporta exactamente como lo han descrito: no trata de ganarse el favor de ninguno. Y lo mejor: tampoco cae en la trampa. Procede así:
(1) Percibe y desvela la hipocresía (12,15a).
(2) Pide que le traigan un “denario” (moneda equivalente a un día de salario) para verlo y les pregunta por la identidad de la figura que aparece acuñada –que debía ser la del emperador Tiberio- y la inscripción –que debía decir “Tiberio César, Augusto hijo de Dios Augusto”- (12,15b-16a).
(3) Frente a la respuesta evidente, hace una declaración que los deja a todos en silencio (12,16b-17a).

Analicemos bien este procedimiento:
(1) Jesús eleva la pregunta a otro nivel: no contrapone a Dios con el emperador, puesto que lo político y lo religioso tienen su propio ámbito de competencia. En otras palabras: la fidelidad a Dios no se demuestra con el rechazo del pago del tributo al emperador.
(2) Jesús acude al mismo comportamiento de quienes lo interrogan y les exige coherencia entre enseñanza y vida. Si ellos tienen la moneda e identifican en ella al emperador, es porque se han estado sirviendo de él, en la práctica viven bajo su señorío; por tanto, ¿si usan su moneda cotidianamente, por qué no la quieren usar para el pago del tributo? Si eso era un problema, ¿por qué no comenzaron por ahí? Hay una incoherencia entre la pregunta y el comportamiento personal.

Cuando Jesús dice “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (12,17a) quiere decir:
(1) Por una parte, que la fidelidad a Dios, a quien Él conoce y anuncia, no excluye el tributo al César. La responsabilidad con Dios no descarta la responsabilidad política ciudadana.
(2) Por otra, y en esto no debe haber equívocos, precisamente porque son diferentes, lo que se le da a Dios no se le debe dar al César: la divinidad y el poder absoluto sólo es de Dios y no de ningún hombre ni autoridad terrena. Las exigencias de Dios superan abismalmente las del César. Si bien Dios respeta el ámbito de las autoridades terrenas, estas últimas se relativizan puesto que nunca deben pretender para sí los atributos de Dios: “¡Dad a Dios lo que es de Dios!”.


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Qué nos quiso enseñar Jesús con la expresión: “Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios?”¿Cómo es posible hacerla vida en el mundo de hoy?

2. A Jesús lo “determinó” únicamente la Voluntad de Dios. ¿En mi vida diaria, qué me impulsa a actuar? ¿De qué tipo son mis motivaciones personales? (humanas, sociales, políticas, de fe, etc.)

3. ¿En qué forma favorezco en mi familia o comunidad la vivencia de una ciudadanía evangélica que no excluya la responsabilidad frente a una política ciudadana?


“Corazón admirable de mi Jesús, me llena de alegría contemplar en ti las grandezas, tesoros y maravillas de todos los seres creados e increados” (San Juan Eudes, “Llamas de amor”).

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 1 de Junio de 2010


Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pedro 3, 11b-15a. 17-18

Hermanos:
¡Qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia.
Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que Él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche. Tengan en cuenta que la paciencia del Señor es para nuestra salvación.
Hermanos míos, ustedes están prevenidos. Manténganse en guardia, no sea que, arrastrados por el extravío de los que hacen el mal, pierdan su firmeza. Crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A Él sea la gloria, ahora y en la eternidad!

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 89, 2-4.10. 14.16

R. ¡Tú eres nuestro refugio, Señor!

Antes que fueran engendradas las montañas,
antes que nacieran la tierra y el mundo,
desde siempre y para siempre,
Tú eres Dios. R.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos».
Porque mil años son ante tus ojos
como el día de ayer, que ya pasó,
como una vigilia de la noche. R.

Nuestra vida dura apenas setenta años,
y ochenta, si tenemos más vigor:
en su mayor parte son fatiga y miseria,
porque pasan pronto, y nosotros nos vamos. R.

Sácianos en seguida con tu amor,
y cantaremos felices toda nuestra vida.
Que tu obra se manifieste a tus servidores,
y que tu esplendor esté sobre tus hijos. R.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 13-17

Le enviaron a Jesús unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?»
Pero Él, conociendo su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario».
Cuando se lo mostraron, preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».
Respondieron: «Del César».
Entonces Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».
Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA IX

Del Común de un mártir - Salterio I
1 de junio

SAN JUSTINO, mártir. (MEMORIA)

Justino, filósofo y mártir, nació a principios del siglo II en Flavia Neápolis (Nablus), la antigua Siquem, en Samaria, de familia pagana. Una vez convertido a la fe, escribió profusamente en defensa de la religión, aunque, sólo se conservan de él dos «Apologías» y el «Diálogo con Trifón». Abrió una escuela en Roma, en la que sostuvo públicas disputas. Sufrió el martirio, junto con sus compañeros, en tiempos de Marco Aurelio, hacia el año 165.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: PALABRA DEL SEÑOR YA RUBRICADA.

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir, ofrecida
como prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que en la alegría
de servir al Señor es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos has dado. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.

Salmo 23 - ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
El la fundó sobre los mares,
El la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.

Ant. 2. Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.

Cántico: ESPERANZA DE ISRAEL EN BABILONIA Tb 13, 1-10

Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.

Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro Padre por todos los siglos.

Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre todas las naciones
por donde estáis dispersados.

Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.

Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos.

Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador.

Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.

Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su grandeza.
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus elegidos en Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.

Ant. 3. El Señor merece la alabanza de los buenos.

Salmo 32 - HIMNO AL PODER Y A LA PROVIDENCIA DE DIOS

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando vuestra música con aclamaciones:

que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales,
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.

Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó, y surgió.

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros esperamos en el Señor:
él es nuestro auxilio y escudo,
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor merece la alabanza de los buenos.

LECTURA BREVE 2Co 1, 3-5

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios. Porque si es cierto que los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo rebosa nuestro consuelo.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor es mi fuerza y mi energía.
R. El Señor es mi fuerza y mi energía.

V. Él es mi salvación.
R. Y mi energía.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi fuerza y mi energía.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Al ofrecer nuestro sacrificio, alabamos al Creador de todo, por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Al ofrecer nuestro sacrificio, alabamos al Creador de todo, por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.

PRECES

Celebremos, amados hermanos, a Jesús, el testigo fiel, y al recordar hoy a los santos mártires sacrificados a causa de la palabra de Dios, aclamémosle diciendo:

Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

Por la intercesión de los santos mártires que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe,
concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.

Por la intercesión de los santos mártires que proclamaron la fe hasta derramar su sangre,
concédenos, Señor, la integridad y constancia dela fe.

Por la intercesión de los santos mártires que soportando la cruz siguieron tus pasos,
concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.

Por la intercesión de los santos mártires que blanquearon su manto en la sangre del Cordero,
concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que enseñaste a san Justino a descubrir en la locura de la cruz la incomparable sabiduría de Jesucristo, concédenos, por la intercesión de éste mártir, la gracia de alejar los errores que nos cercan y de mantenernos siempre firmes en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: OH DIOS, QUE ERES EL PREMIO

Oh Dios, que eres el premio, la corona
y la suerte de todos tus soldados,
líbranos de los lazos de las culpas
por este mártir a quien hoy cantamos.

El conoció la hiel que está escondida
en la miel de los goces de este suelo,
y, por no haber cedido a sus encantos,
está gozando los del cielo eterno.

Él afrontó con ánimo seguro
lo que sufrió con varonil coraje,
y consiguió los celestiales dones
al derramar por ti su noble sangre.

Oh piadosísimo Señor de todo,
te suplicamos con humilde ruego
que, en el día del triunfo de este mártir,
perdones los pecados de tus siervos.

Gloria eterna al divino Jesucristo,
que nació de una Virgen impecable,
y gloria eterna al Santo Paracleto,
y gloria eterna al sempiterno Padre. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. El Señor da la victoria a su Ungido.

Salmo 19 - ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY.

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión;

que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

Ant. 2. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Salmo 20, 2-8. 14 - ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Ant. 3. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap. 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA BREVE 1Pe 4, 13-14

Queridos hermanos: Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros: porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.
R. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

V. Nos refinaste como refinan la plata.
R. Pero nos has dado respiro.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Un fuego ardiente se apoderó de mi espíritu y el intenso amor de los profetas y de aquellos hombres que son amigos de Cristo invadió mi alma.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Un fuego ardiente se apoderó de mi espíritu y el intenso amor de los profetas y de aquellos hombres que son amigos de Cristo invadió mi alma.

PRECES

En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos, presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey de los mártires, diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Te damos gracias, Señor, principio, ejemplo y rey de los mártires, porque nos amaste hasta el extremo.

Te damos gracias, Señor, porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos y les das parte en los premios de tu reino.

Te damos gracias, Señor, porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el perdón de los pecados, la sangre de la alianza nueva y eterna.

Te damos gracias, Señor, porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe durante el día que ahora termina.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Te damos gracias, Señor, porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu muerte.

Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que enseñaste a san Justino a descubrir en la locura de la cruz la incomparable sabiduría de Jesucristo, concédenos por la intercesión de éste mártir, la gracia de alejar los errores que nos cercan y de mantenernos siempre firmes en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.




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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142, 1-11 - LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

LECTURA BREVE 1Pe 5,8-9

Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.


RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

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