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miércoles 30 de junio de 2010

CUÁNDO BAJAR LOS BRAZOS


Publicado por Pastoral SJ

No podemos luchar todo el tiempo ni en todas las causas. Hay batallas que merecen la pena y otras que no. Hay en la vida algunas historias que claman por rebeldía, y otras que quizás es mejor asumir. También en la fe. Y en el amor. Y en la esperanza. Por eso es necesario que nos des luz para acoger tu llamada, para pelear donde haga falta y no embestir contra muros insalvables.


1. EL CONFORMISMO

“Se dio la vuelta, entristecido, porque tenía muchas riquezas” (Mc 10,22)

La palabra conformismo suena mal. Evoca la falta de espíritu para luchar, para oponerse a lo que conviene derribar, para gritar contra el silencio injusto. Y ciertamente, hay que ser un poco inconformistas. Intuir nuevos caminos. Pelear. No hay que caer en una resignación derrotada, convencidos de que “Dios quiere esto” y ya está. Dios no quiere muchas de las cosas que ocurren, y ahí nos toca a nosotros imaginar otros caminos.


¿En qué quizás me siento demasiado conformista?


¿POR QUÉ LUCHAR?

Todos lo hacen.
Es lo que hay.
Nada cambia.
No puedo.
¿A quién le importa?
Es cosa de otros.
En su justa medida.
Qué más da.
Yo paso.
Sin exagerar.
Mañana.
No te líes.
¡Qué pereza!
No estoy seguro.
Quizás.

¿Hasta cuándo, Señor?

“Hasta que espabiles, hijo”.

José María Rodríguez Olaizola, sj




2. LA ACEPTACION


María dijo: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38)

Sin embargo, no todo puede ser contestación o rebeldía. Hay cosas que nos toca aceptar, por muchos motivos. A veces te exigiríamos más. Nos preguntamos por qué no has hecho el mundo un poco más plácido. Por qué las vidas tienen tormentas. Por qué la libertad es un arma de doble filo. Por qué el amor a ratos duele. Por qué los pobres, las enfermedades, las muertes prematuras. Por qué los propios demonios que a veces muerden. Y aunque brota, una y otra vez, el deseo de que algo fuera distinto, también hay una sabiduría muy humana en aceptar parte de la vida como es. Aceptar alguna que otra dosis de fracaso. Aceptar la espera. Aceptar el misterio…


¿Qué pienso que hay que “aceptar” en la vida? Y más en concreto, ¿qué pienso que tengo que aceptar en mi vida?

TODOS CUANTOS TE BUSCAN TE TIENTAN

Todos cuantos te buscan te tientan.
Y quienes te encuentran te atan
al gesto ya la imagen.
Yo en cambio quiero comprenderte
como te comprende la tierra;
con mi madurar
madura tu reino.
No quiero de ti vanidad alguna
que te demuestre.
Sé que el tiempo
no se llama como tú.
No hagas por mí milagros.
Da la razón a tus leyes
que de generación en generación
se tornan más visibles.

Rainer María Rilke

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¿POR QUÉ TIENEN MIEDO A LA SIMPLICIDAD DEL EVANGELIO?



“Oí tus pasos en el jardín, me entró miedo porque estaba desnudo y me escondí” (Gen 3,10). De ese “miedo original” a la desnudez venimos y el intento de esconderla nos viene también de lejos.

Los discípulos heredaron ese ser asustadizos pero, cuando Jesús les regañaba por sus miedos, sus reproches iban dirigidos más a su torpeza que a su maldad, cosa que es casi peor, porque ser corto es más irremediable que ser perverso.

La simplicidad del Evangelio es una forma de desnudez que tememos porque nos pone en contacto con nuestra pobreza esencial y, si tratamos de disfrazarla y disimularla, es más por escapar de esa humanidad frágil que nos constituye que por apego al lujo o por ese “desenfrenado hedonismo” que los documentos eclesiales tanto critican.

Se diría que hemos entendido al revés el dicho de Jesús sobre los lirios del campo: en vez de aprender de su sencilla belleza nos hemos quedado embobados ante las purpurinas de la corte de Salomón.

Y de ahí arrancan los problemas.

Confusión de sinónimos: palabras como dignidad, respeto o nobleza que pertenecen a lo mejor de lo humano y por tanto de lo cristiano, se han ido trasmutando en magnificencias, fastos y pompas; la solemnidad se ha confundido con lo suntuoso y a la responsabilidad del servicio se le ha adjudica un séquito de poderes y prebendas que, en plan corporación municipal bajo maza, parecen de obligada comparecencia en las apariciones públicas de los que nos representan.

Y sin embargo no será nunca esa estética barroca la que provoque respeto y atracción, sino la armonía elemental de la celda de Santa Teresa en las Edades del Hombre, o la simplicidad de San Damiano en Asís.

Torpeza en la percepción de la caducidad del código de barras de usanzas y lenguajes que arrastramos del pasado. Sólo un ejemplo: se diría que un término como “heráldica eclesiástica” es algo ajeno al Evangelio ¿no? Pues escríbanlo en Google y ahí tienen: 24.700 entradas.

Como Robert de Niro en La Misión cargamos con un pesado fardo del pasado al que, junto a lo mejor de nuestra historia y tradición, se han ido añadiendo usanzas e inercias heredadas de los venerables predecesores que nadie se decide a declarar obsoletas.

A fuerza de vivirlas, se ha difuminando el umbral de una alarma que tendría que dispararse ante comportamientos o costumbres de notoria incongruencia:
· ¿quién recuerda hoy que el rojo de los atuendos cardenalicios expresa su disposición a derramar la sangre por Cristo?
· ¿cómo es posible escuchar impertérritos lo de: “No os hagáis llamar maestros, ni padres, ni jefes…, todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8-10), y seguir luego con tantas nombraditis y titulomas?

Son indicadores que revelan una preocupante atrofia de los sensores que tendrían que avisar, por ejemplo, de que firmar un manifiesto contra la pobreza con mano ensortijada y pluma de oro, es como escribir ortografía con hache.

Las amistades peligrosas han tenido también su parte: frecuentar los ámbitos influyentes del poder político o económico ha exigido la asimilación de gran parte de sus criterios, costumbres y lenguajes y ha traído como consecuencia la pérdida del “acento galileo” de nuestra denominación de origen.

Muchos se preguntan hoy desalentados si tiene remedio tanto desatino y conviene recordar aquel graffiti de un muro de Managua:
“Dejen el desánimo para tiempos mejores”.

O las palabras llenas de frescura de Mons. Loris Capovila, ese joven cardenal de 95 años que fue secretario de Juan XXIII:
“¡Nos queda tanto para ser cristianos! No es más que el alba del cristianismo. Estamos empezando…”.

A lo mejor es eso, que la Iglesia es aún una joven discípula que está iniciándose en el seguimiento de su Maestro. Al fin y al cabo “dos mil años en Su presencia son como un ayer que pasó”, y no ha tenido tiempo para acostumbrarse al Evangelio.

Pero el más fuerte soplo de ánimo puede llegarnos en este momento de extrema debilidad de la Iglesia: lo mismo que al joven que huyó desnudo en el huerto (Mc 14,51), le han sido arrancadas las vestiduras que le vendieron otros mercaderes y aparece avergonzada ante la mirada enjuiciadora del mundo.

Y es precisamente ahora, cuando no puede ya ocultar su desnudez despojada, cuando se le presenta inesperadamente una ocasión maravillosa: la de revestirse por fin, únicamente, del manto de la gloria de su Señor.

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La vida es digna siempre

Publicado por FAST

La religiosa Carmen Bonilla, perteneciente a la congregación Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Valencia, de 62 años de edad y que permanece desde hace veinte tumbada boca abajo a consecuencia de una fibromatosis extraabdominal agresiva, ha afirmado, en declaraciones a la agencia AVAN, que “mi enfermedad, con la ayuda de Dios, hace que pueda ser feliz“.

Según ha explicado, su dolencia le ha enseñado a “valorar y disfrutar mucho más todo lo que tengo”, así como a “poder vivir no centrada en mí misma, como cuando estaba sana, sino pensando en los demás, ayudándoles en todo lo que puedo”, lo que “en realidad me ha dado una paz y una felicidad como nunca antes había sentido“. Todo ello “no sería posible si Dios y la Virgen no me ayudaran a superar los malos momentos”.

Por eso, “en cierto modo esta enfermedad, pese a ser dura, es lo mejor que me ha pasado en la vida, así que doy gracias a Dios por permitir que la tenga”, ha subrayado la religiosa, que es natural de Sevilla y permanece en Valencia desde hace más de cuarenta años.

Carmen Bonilla ha sido operada en 43 ocasiones para que le extirpen los numerosos quistes que periódicamente aparecen en la zona de sus glúteos y para cerrarla después con injertos de su propia carne. Además, su coxis ha sido parcialmente “cortado” y, a consecuencia de una herida crónica en él, que necesita todavía de curas todas las semanas, debe permanecer boca abajo de forma permanente. Por todo ello, su cuerpo está paralizado de cintura para abajo y, de hecho, la religiosa sufre una “invalidez permanente absoluta“, según consta en su historial médico.

Aun así, Bonilla puede incorporarse sobre sus antebrazos y mover con soltura las extremidades superiores. Gracias a ello, la religiosa lee a diario, come por ella misma y realiza muñecas de tela que después ofrece a cambio de donativos para personas sin recursos del Tercer Mundo a través de la fundación Juan Bonal, dependiente de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. Igualmente, puede trasladarse por el convento en el que vive sobre una camilla de ruedas adaptada, que incluye una estructura de hierro rodeando sus piernas para evitar que las sábanas y las mantas le provoquen llagas.

Cuando con 33 años de edad comenzaron a aparecer los síntomas de su enfermedad, “me costó aceptarlo”, ya que “sentía como si me hubieran cortado las alas o me hubieran partido por la mitad”. En aquella época, la religiosa atendía a “niños de acogida” en un centro de su congregación en el barrio valenciano de Nazaret, lo que representaba para ella “una gran satisfacción”, hasta el punto de que hoy día “es lo que más hecho en falta”.

Desde entonces, además de su discapacidad y de “fuertes molestias” crónicas, ha pasado tres años con “dolores muy severos que casi no podía soportar” e incluso “durante una temporada tuve que estar permanentemente tumbada de lado porque tenía todo el abdomen pelado”, lo que “reducía todavía más” su autonomía. “He llorado mucho, no entendía por qué me tenía que pasar esto“, ha recordado.

Bonilla comenzó a “aceptar” su enfermedad a raíz de una peregrinación a Lourdes en el año 1992. “Era la primera vez que iba y, al ver a unos enfermos y discapacitados que llevaban su sufrimiento con sosiego y alegría, me pregunté dos cosas: ¿por qué no podía tener yo también una enfermedad como ellos? y ¿por qué no iba a poder afrontarla así de bien si se lo pedía a Dios y a la Virgen con fe?”.

Desde entonces, la religiosa ha acudido todos los años al santuario francés. En las últimas ediciones, “ya no he pedido a Dios por mi curación, sino más bien por los sufrimientos de los demás”, porque “yo ahora estoy en paz, pero sé que hay mucha gente que lo está pasando mal”.

Bonilla ha añadido que, entre otros, “ofrezco también mi enfermedad al Señor especialmente por el Papa y mi congregación religiosa, por mi familia y, desde hace algún tiempo, también por las personas que se han quedado en paro con esta crisis”.

La de Lourdes es la única salida al exterior que realiza la religiosa al cabo del año porque así lo desea ella misma, a pesar de que sus hermanas de congregación se ofrecen para acompañarla a otros lugares. El motivo es que “entonces tendrían que dejar de atender otras necesidades, y yo prefiero que hagan esas otras cosas”. En las fiestas de Fallas, por ejemplo, las religiosas “me proponen llevarme” a ver algún monumento fallero, pero ella decide siempre quedarse “en casa”.

No obstante, en 2002 sus compañeras la acompañaron hasta la casa madre de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Zaragoza, como regalo por sus bodas de plata como religiosa. “Fue muy emocionante, porque allí profesé mis votos perpetuos y pude, además, visitar la basílica del Pilar”, que es la patrona de la congregación.

El testimonio de fe de la religiosa atrae desde hace años a grupos de feligreses y de estudiantes de parroquias y colegios valencianos. “Yo intento explicarles que hay que hacerse amigo de las cruces que cada uno tiene en su vida, porque si Dios las permite es porque con su ayuda podemos aceptarlas e incluso aprovecharlas para mejorar como personas, ser más felices y hacer más felices a los demás”.

Asimismo, ayuda a sus visitantes a comprender que “lo importante no está en el tener sino en el ser”. De hecho, a preguntas sobre la eutanasia o el aborto aplicados a personas con graves deficiencias físicas, responde que “la vida es digna siempre, porque lo digno es ser personas, independientemente de tener salud o no” y que “la vida la da Dios”, por lo que “la muerte debe venir de forma natural, no provocada por nadie“.

En una entrevista en la que se ha mostrado la mayor parte del tiempo sonriente, la religiosa se ha emocionado cuando ha recordado su infancia. Sus padres, “de condición humilde”, murieron siendo menor de edad, por lo que ella y sus cinco hermanos tuvieron que ser tutelados por unos tíos e internados en un colegio de la localidad sevillana de Dos Hermanas regido por la misma congregación religiosa a la que ella pertenece.

Fue en esa escuela donde Bonilla comenzó a sentir su vocación a la vida religiosa. Antes incluso de ingresar en el centro escolar, se marchaba a escondidas de la casa de sus tíos para asistir a la primera misa de la mañana y “luego volvía corriendo a mi cama para que nadie notara que me había ido”.

Ingresó en el instituto religioso en 1965. Sus primeros destinos fueron en la localidad valenciana de Utiel y en el Parque Colegio Santa Ana de Valencia. También ha estado en las casas de su congregación en Pilas (Sevilla) y Forcalls (Castellón), entre otras.

En 1984, a consecuencia de su enfermedad, tuvo que ingresar en el hospital Casa de la Salud que su instituto religioso regenta en la ciudad de Valencia. “Entonces entré por mi propio pie, apoyada en un bastón, pero la enfermedad fue cada vez a más” y a los pocos años le obligó a permanecer en la cama tumbada boca abajo.

La religiosa ha pasado más de veinte años en la habitación 414 del centro hospitalario. El pasado mes de octubre, ella misma solicitó el cambio a la casa de la congregación que hay anexa a la clínica. Su petición obedeció a que, “a pesar de que allí tenía muchos amigos y estaba a gusto, no podía hacer vida de comunidad, y yo entré a la congregación para esto, para estar junto a mis hermanas”. Pese a que la adaptación a su nuevo destino “conlleva también sus pequeñas dificultades”, ha asegurado que se siente “contenta” y que “aquí me tratan también muy bien y sigo recibiendo la ayuda de mis hermanas de sangre y de congregación”.

Bonilla se despierta todas las mañanas a las 5.30 horas para rezar. Después, participa en la misa, siguiéndola a través de un altavoz que hay en su habitación. Los domingos, sin embargo, se traslada por ella misma con su camilla hasta la capilla para la eucaristía. Por las tardes, se une también en la capilla a su comunidad religiosa para adorar al Santísimo. Y en otros momentos del día, visita el santuario a solas. “Me gusta estar allí con poca luz, en intimidad con el Señor”, ha comentado. “Necesito la oración para vivir; sin ella no sería nada“, ha remarcado.

Una de sus principales “inspiraciones” para afrontar su situación es “la Pasión de Nuestro Señor, porque Él, siendo Dios, quiso sufrir voluntariamente hasta la muerte por el amor que nos tiene a todos”.

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La mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha

Publicado por Mi Vocacion

Cuando era joven trabajaba en un barrio extremo de Barcelona en el cual había muchas antiguas alumnas que venían a prestar sus servicios en nuestra misión. Pero cuando llegaba el verano nos quedábamos sin voluntarias por aquello de las vacaciones.

Había sin embargo una señora de las más acomodadas que venían que me dijo: “Hermana cuente conmigo, yo no me voy de Barcelona, porque verá los hijos no tienen tantos días de vacaciones como mis nueras ellas se van con los niños y ellos se quedan por aquí. Pienso que los hombres solos no es plan. Yo les digo venid a comer en mi casa así os podéis encontrar con vuestros hermanos y estar un rato en familia Así que, hermana, cuando necesite algo yo estoy aquí y le puedo echar una mano".

Un día que estaba despidiendo los últimos niños de la guardería, me vino a encontrar una señora hecha un mar de lágrimas. Me contó el motivo de sus lágrimas: Su marido era cobrador de facturas de una compañía muy importante. Un día al llegar a su casa en una tarde calurosa de verano salió a tomar el fresco con unos vecinos y dejó la puerta abierta con tan mala suerte que le robaron la cartera con la recaudación del día. El hombre con el susto en vez de decir la verdad a la empresa empezó con tapujos hasta que dijo la verdad pero como no fue al momento, la compañía aseguradora ya no admitió el caso ni tampoco lo veía claro. Así que el hombre o tenía que dar una fianza de 250.000 ptas. o se iba a la cárcel y como no tenían tal cantidad, que para la época era un “pastón” para gente trabajadora, el hombre se fue a la cárcel. Quedaba en su casa la mujer con cuatro hijos pequeños. ¿Qué hacer? Yo en el mes de julio no podía dedicarme a trámites pues en la guardería hacíamos turnos con las educadoras y aquellos días me tocaba a mí. Se me ocurrió acudir a Josefina, la buena señora que no hacía vacaciones. Y de verdad que le tocó hacer un sin fin de pasos pero sin éxito. Se tenía que pagar la fianza.

Pero de repente el 14 de agosto cuando yo me encontraba encaramada en una escalera pintando la guardería vino la buena mujer diciendo: “Hermana, un milagro, mi marido ha salido de la cárcel sin pagar la fianza. Tendrá que ir a juicio pero por el momento está libre”.

Se lo comuniqué a la señora que tantos pasos había hecho, y puso cara de extrañada alegando que le habían dicho que sin fianza no había posibilidad de libertad.

Pasó el verano, un mes y otro y no llamaban a juicio al buen hombre. De vez en cuando ella me preguntaba: “Hermana, ¿y del hombre en cuestión no se sabe nada?” Mi respuesta era siempre negativa. A lo cual ella respondía: “Que extraño, que extraño”.

Pero al cabo de un año Josefina enfermó y el Señor la llamó para si. Fui a orar ante su cuerpo y allí tuve una intuición: Quien había pagado la fianza era ella; pero como la mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha, guardó siempre silencio. Se había aprendido bien la frase del Evangelio. ¡Qué mujer tan admirable y siempre tan discreta!

Jesús respondió a sus apóstoles aterrados sobre la condición de los ricos, a los cuales les era muy difícil entrar en el Reino de los Cielos: “A los hombres no les es posible pero para Dios todo es posible”. En este caso tenemos un ejemplo patente. Luego supe que ella había pagado la fianza.

Texto: M. Nuria Gaza.

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La misión es universal - XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Lc 10, 1-12.17-20) - CICLO C


Un acarreador de agua tenía dos grandes vasijas para llevar el agua a casa de su patrón.
Una vasija era perfecta y llegaba a casa llena de agua. La otra tenía algunas grietas y llegaba medio vacía. Ésta avergonzada le dijo un día a su patrón: "Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedo entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir".
El acarreador le dijo a la vasija agrietada: "Cuando regresemos a casa, quiero que mires las bellas flores que crecen a lo largo del camino". Así lo hizo. Vio las flores pero aún así se sintió apenada.
El aguador le dijo: "¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen de tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y sembré semillas de flores por donde tú ibas para que las regaras todos los días y así he podido recoger estas hermosas flores para la mesa de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todos tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.
Jesús se dirige a Jerusalén donde la gloria y el fracaso, la vida y la muerte están en juego.
Lucas nos dice que Jesús envió por delante a setenta y dos mensajeros para que prepararan a los habitantes de las ciudades y pueblos por donde iba a pasar.
Setenta y dos no es un número matemático, simboliza que la misión es universal, simboliza a toda la iglesia y a todos los cristianos.
Todos, ustedes también, son enviados como embajadores de Cristo para preparar los corazones y así puedan dar la bienvenida a Jesús que quiere visitar nuestras calles y barrios.
Ustedes y yo, a pesar de nuestros fallos, somos hoy esos setenta y dos. Jesús cuenta con nosotros para llevar el agua de su amor a todos los hermanos.
Venimos a la fuente, a la iglesia, para llenar nuestro tanque con el entusiasmo y la fe, para recordarnos que la mies es mucha y los obreros pocos. Sería estupendo si además de ganarnos el pan de cada día honradamente fuéramos testigos de Jesucristo de palabra y de obra.
Me decía un feligrés que durante la semana solía compartir el evangelio y la homilía con los compañeros de trabajo. ¿A qué es bonito? El domingo llena el tanque y luego riega a los otros en el camino de la vida. Les invito a hacer lo mismo esta semana.
La misión es universal. Es mi misión, su misión, la de todos, "Jesús los envió de dos en dos".
Vemos a los hermanos de otras religiones ir de dos en dos ofreciendo una Biblia nueva, una iglesia nueva, una fe nueva.
Para nosotros "de dos en dos" significa más que una manera de hacer prosélitos o proclamar el mensaje.
Para nosotros "de dos en dos" significa que la fe tiene que ser vivida en comunión con los hermanos, que la fe, la eucaristía y la salvación no es un asunto privado sino que pertenece a toda la comunidad.
A veces oigo a la gente que dice: yo rezo, yo creo en Dios, incluso bailo para Dios…
El "yo" tiene que disminuir y el "nosotros" tiene que crecer, si queremos hacer el trabajo de Dios. Aquí, en la asamblea eucarística, brilla el nosotros ampliado y santificado por Jesús que nos reúne y nos envía a todos como obreros de su cosecha.
Jesús los envió y nos envía sin dinero, sin talega…
Y nos envía como corderos en medio de lobos para recordarnos que siempre necesitamos escuchar, mirar y seguir al pastor, a Jesús.
Para hacer el trabajo de Dios no necesitamos poder ni millones ni doctorados ni mucho equipaje… Para hacer el trabajo de Dios necesitamos el poder de Dios. Una profunda relación con el que nos envía es más importante que cualquier otra cosa. Los discípulos tienen que recordar que es Dios quien tiene que trabajar a través de nosotros. Nunca debemos caer en la tentación de creer que la misión y el éxito es nuestro. Todos somos pecadores, tarros agrietados y el agua de la salvación que llevamos es obra de Dios.
"Paz a esta casa" sea su saludo. Este fue el saludo de Jesús. Paz es plenitud, armonía, bienestar, amistad con Dios y con los hermanos. Paz es la gran bendición de Dios. Y la tenemos que llevar a todos y ser felices constructores de la paz.
Nosotros somos tinajas agrietadas y nos usa de diferentes maneras.
No deberíamos avergonzarnos de nosotros. No es cuestión de cuanto valemos o de cuán perfectos somos, es cuestión de disponibilidad.
La gente adquiere muchas habilidades. En el servicio de Dios hay una habilidad que es la más grande y necesaria de todas. La disponibilidad. Si no estamos disponibles para Dios, por más habilidades que tengamos no sirven de nada.
Hay personas que piensan que Dios no las puede usar porque no tienen grandes habilidades o talentos especiales.
Dios nunca nos preguntará por nuestras habilidades, sólo nos preguntará si estamos disponibles para trabajar para Él, para ser su embajador.

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HOMILÍA Y RECURSOS PARA LA HOMILÍA: XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Lc 10, 1-12.17-20) - CICLO C


"ENVIADOS PARA LA MISIÓN"
Publicado por Agustinos España

Este domingo la palabra de Dios nos invita a transformarnos en mensajeros de Jesús y constructores de su paz
El Señor quiere que nos preguntemos nosotros también , ¿para qué somos llamados y para qué seguimos a Cristo, qué misión nos encomienda? Intentemos descubrir hoy, nuestro para qué
San Lucas, después de hablar de la misión de los Doce, relata que el Señor envío además otros discípulos.
Esos 72 de los que habla el Evangelio, nos representan a todos los cristianos laicos.
Cada uno de nosotros, somos misioneros, llamados a evangelizar.

Nosotros que desde el momento de nuestro bautismo somos miembros de la Iglesia de Cristo, tenemos la misión de evangelizar, por mandato de Jesús.
Quiso el Señor, que vayamos a prepararle el terreno para que quien no lo conoce le abra las puertas de su casa y de su corazón.
Cuando escuchamos hablar de misioneros o evangelizadores, inconscientemente pensamos en ciertas personas dedicadas a esa función: pensamos en sacerdotes, religiosos, o tal vez catequistas o dirigentes de algún grupo.
Y esto es un error. Esa actitud es la que tenemos que cambiar, porque en esos 72 que el Señor envió delante suyo, estamos cada uno de nosotros, con nuestros talentos y particularidades, enviado a anunciar la Buena Noticia.
Y es un serio compromiso el que nos da Jesús, porque anunciar la Buena Noticia, necesita en forma imprescindible del testimonio de vida , además de nuestra palabra. Nosotros somos responsables de actualizar el mensaje de Cristo en el mundo, primero con nuestra vida, y después con nuestra palabra.

El evangelio habla de misioneros itinerantes, como eran necesarios en las primeras épocas de la Iglesia, y también hoy cuando hay que llevar el mensaje a otros lugares.

Pero nosotros, tenemos un lugar y un ámbito dónde testimoniar nuestra fe. Primero en nuestra familia, después nuestro trabajo o la escuela. Tal vez sea en la política, si es allí dónde actuamos.

El Señor nos dice que nos envía como ovejas en medio de lobos.
Los caminos de Dios no son los caminos de los hombres. El mundo tiene un estilo, una manera de ser y ciertos criterios que nada tienen que ver con la escala de valores del cristiano. Por eso Jesús nos dice que nos envía como ovejas en medio de lobos. Y nos lo dice, porque las ovejas en medio de los lobos, corren el peligro de ser comidas por ellos.

Si se descuidan, si se distraen, si abandonan el rebaño, entonces quedan indefensas.

El Señor quiere prevenirnos de las dificultades de la misión

Pero no nos previene para que por prudencia, nos quedemos donde estamos. Muy por el contrario, Él nos manda, nos envía, pero quiere que conozcamos los riesgos.

Y por eso Jesús, da el manual de instrucciones a sus enviados: vayan sin alforjas, sin dinero.......vayan desprendidos de todo. Porque así, va a ser más difícil caer en las tentaciones del mundo.

El mundo es el lobo que nos comerá si nos enreda con sus equívocos, si nos hace creer que la felicidad está en el poder y en el dinero y no en el amor y la libertad

Las lecturas de la misa de este domingo nos hablan también de LA PAZ

Dice el libro del profeta Isaías: Porque así habla el Señor: Yo haré correr hacia Jerusalen la paz como un río, y la riqueza de las naciones como un torrente que se desborda.

Remarca Isaías la paz integral , tanto espiritual como material. Jerusalén es la ciudad de la paz
Y nosotros seguimos a Jesús, para colaborar en la construcción de esa ciudad de paz, desbordante de armonía

Y el apóstol San Pablo escribe a los cristianos de Galacia: Lo que importa es ser una nueva criatura. Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios.

También en el Evangelio dice Jesús: Al entrar en una casa, digan primero: Que descienda la paz sobre esta casa...... El Reino de Dios está cerca de ustedes.

El Reino de Dios trae la paz, la alegría, el consuelo y el gozo.

La paz de que nos habla el Señor, no es sólo ausencia de guerras. La paz de que habla la Biblia es la paz mesiánica, es la totalidad de los bienes prometidos por Dios, la plenitud de una vida feliz
Y el Señor nos envía a cada uno de nosotros y nos pide que demos la paz. Y cuando saludamos deseando la paz de Cristo, no somos nosotros los que saludamos, es Cristo, que comunica su paz.

La Palabra de Dios produce por sí misma los buenos frutos en todos aquellos que la reciben con fe. Pero también, quienes la poseen, deben comunicarla a otros.
Por eso en la Misa, decimos que nos DAMOS la paz, y no solamente que la deseamos.

Hoy vamos a decirle al Señor que estamos dispuestos a asumir nuestra misión de renovar el mundo y facilitar que su Reino se haga presente. A ser propagadores de la paz del Señor.
Que María nuestra madre, nos ayude a entregarnos generosamente a Cristo y unirnos a su misión.



RECURSOS PARA LA HOMILÍA

Nexo entre las lecturas

Buscar en todo el fin: esta frase puede sintetizar los textos litúrgicos. El fin de la misión de los setenta y dos no es el éxito, sino el que "sus nombres estén escritos en el cielo" (Evangelio). El Isaías post-exílico ve anticipadamente el fin de todos sus sueños: la ciudad de Jerusalén que reúne a todos sus hijos, como una madre (primera lectura). La existencia cristiana no tiene otro fin sino apropiarse la vida de Cristo en toda su realidad histórica, especialmente en el misterio de la cruz. Es lo que nos enseña san Pablo con su palabra y con su vida (segunda lectura).


Mensaje doctrinal

1. Inscritos en el libro de la vida. Los 72 discípulos de Jesús, símbolo de los cristianos esparcidos por el mundo en cuanto que 72 son todos los pueblos de la tierra (cf Gén 10), están contentos de la misión cumplida y se llegan a Jesús para contarle sus proezas misioneras. Jesús les escucha, pero a la vez les hace caer en la cuenta de algo importante: las hazañas misioneras no tienen valor en sí mismas, lo que realmente vale y nos debe alegrar profundamente es nuestro destino eterno con el Dios de la vida. Esta búsqueda gozosa del verdadero fin de la existencia explica y da sentido a la alegría, en sí legítima y razonable, por los éxitos apostólicos, al igual que a las penalidades y adversidades connaturales a la misión cristiana. El discípulo de Jesús, en efecto, no predica realidades sensiblemente captables y atractivas. Predica que el Reino de Dios ya ha llegado, predica la paz mesiánica, predica en medio de un mundo no pocas veces hostil y reacio a los valores del Reino, predica valiéndose y poniendo su confianza más que en los medios humanos en la fuerza misteriosa de Dios. Indudablemente, el éxito no es un elemento esencial en el bagaje del misionero.

2. Madre de consolación y de paz. Cuando el Isaías post-exílico escribe este bellísimo texto, la diáspora judía es una grandeza extendida por todo el imperio persa y por el mediterráneo. El profeta, bajo la acción del Espíritu divino, sueña con un pueblo unido y unificado en la ciudad mística de Jerusalén. Con ojo avizor mira hacia el futuro y prevé poéticamente el momento gozoso de la reunficación. Lo hace recurriendo a la imagen de una madre de familia que reúne en torno a sí a todos sus hijos, tiene tiernamente en sus brazos al más pequeño y le alimenta de su propio pecho. Todos, al reunirse de nuevo con la madre, se llenan de consuelo y se sienten como inundados por una grande paz. Esta Jerusalén, madre de consolación y de paz, simboliza al Dios del consuelo, simboliza a Cristo, que es nuestra paz, simboliza a la Iglesia en cuyo seno todos somos hermanos y de cuyo amor brota la paz de Cristo que dura para siempre. La Iglesia, la de hoy como la de siempre, es en su esencia, aunque no siempre en sus hombres, madre de consolación y de paz para todos los pueblos.

3. Llevo en mi cuerpo el tatuaje de Jesús. Para un cristiano, nos dice san Pablo, carece de valor estar o no circuncidado, lo que vale es ser una nueva creatura. Todo ha de estar subordinado a la consecución de este fin. San Pablo es consciente de haberlo conseguido, pues lleva en su cuerpo el tatuaje de Jesús. Es decir, lleva en todo su ser una señal de pertenecer a Jesús, como el esclavo llevaba una señal de pertenencia a su patrón, o, como en las religiones mistéricas, el iniciado llevaba en sí una señal de pertenencia a su dios. Como Pablo, así deben ser todos los cristianos, por eso puede decirles: "Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo". Este es, además, el fin de la misión de Jesucristo: que el hombre se apropie la redención operada por Jesucristo y llegue así a ser y a manifestar a los demás que es pertenencia de Dios. Después de veinte siglos de cristianismo, ¿cuántos llevan grabado en su mismo ser el tatuaje de Jesucristo?


Sugerencias pastorales

1. Cristiano, o sea, misionero. La imagen del cristiano que va a misa, cree en los dogmas de fe y cumple con los mandamientos, es incompleta y algo anticuada. No basta eso, porque ser cristiano es tener una misión y realizarla con celo y ardor en los quehaceres de la vida y en la amplísima gama de tareas eclesiales hoy existentes. Más aún, el sentido de misión es el estímulo más fuerte para creer y vivir la fe, para cumplir con los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Si alguno no está convencido de que ser cristiano equivale a vivir en clave de misión, le recomiendo que lea los documentos del Concilio Vaticano II y el catecismo de la Iglesia católica. En este último se lee: "Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es enviada al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado" (CIC 863). Si amamos filialmente a la Iglesia, no dudemos de que la mejor manera de expresarle nuestro amor es mediante nuestro espíritu misionero. Y misionero significa conciencia viva de ser enviado; si bien este envío puede ser al vecino de casa, al cliente en el trabajo, al emigrante que encuentro en la parada del autobús o del semáforo, a la joven pareja que se prepara para el matrimonio. Hoy día misionar no es únicamente marchar a un país lejano a predicar la fe y el estilo de vida de Cristo, es también una tarea que se lleva a cabo en el propio barrio, en las plazas de la ciudad e incluso entre las paredes del propio hogar.

2. La misión puede más que el miedo. Parafraseando a Juan Pablo II podríamos decir: "No tengáis miedo de ser misioneros". Porque, a decir verdad, algunas veces al menos nos atenaza el temor, el respeto humano, el qué pensarán y el qué dirán. Es humano sentir miedo, pero la misión ha de superar y sobrepasar nuestros temores. El futbolista no tiene miedo de hablar de fútbol ni el médico o el maestro de hablar de su profesión. ¿Hemos de tener miedo los cristianos de hablar de Cristo: su persona, su vida, su verdad, su amor, su misterio? La fe y la misión comienzan en el corazón, eso es verdad, pero han de terminar en los hechos y en los labios. Todos hemos de vencer cualquier muestra de miedo. Los adultos, para no llamar al miedo prudencia. Los jóvenes, para no creerse seres de otro planeta entre sus coetáneos. Sobre todo, vosotros jóvenes (laicos, religiosos y religiosas, sacerdotes), que sois enviados por Cristo como apóstoles de los jóvenes. ¡Es vuestra hora! ¿La dejaréis pasar? También vosotros, maestros y educadores cristianos, que tenéis en vuestras manos la niñez y la adolescencia, ¡sed misioneros en la escuela! ¿Podremos permitir que el miedo prevalezca sobre nuestra misión cristiana? Nuestra misión ha de ser nuestra corona y nuestra gloria.

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XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Lc 10, 1-12.17-20) - CICLO C: La cosecha es abundante


Publicado por Servicios Koinonia

Is 66, 10-14c: Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz
Salmo 65: Aclamen al Señor, tierra entera.
Gal 6, 14-18: Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús
Lc 10, 1-12, 17-20: La cosecha es abundante


Is 66, 10-14: Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo.

La alegría del pueblo de Israel cuando contempla su renacer después de todas las amarguras del destierro la muestra el tercer Isaías con la figura del parto y los hijos recién nacidos que necesitan de la madre para mamar de sus pechos y recibir sus consuelos, los llevaran en sus brazos y sobre las rodillas los acariciarán. Están en la mano del Señor y como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo.

La figura de Dios Madre es muy querida para los profetas. Sin duda la experiencia familiar del padre, de la madre y de los hijos, es quizás la más admirable y comprensible para todos, cuando se quiere hablar del amor de Dios.

Cuando la Biblia habla de Dios Padre, ciertamente no está determinando el género masculino de la divinidad. Es cierto que esta denominación y esta traducción están condicionadas sociológicamente y sancionadas por una sociedad de carácter varonil. Pero, realmente, a Dios no se le quiere concebir simplemente como a un varón. Sobre todo en los profetas, Dios presenta rasgos femeninos maternales. La noción de Padre aplicada a Dios, debe interpretarse simbólicamente. Padre es un símbolo patriarcal -con rasgos maternales-, de una realidad transhumana y transexual que es la primera y la última de todas.

El profeta Oseas en el capítulo undécimo, trae uno de los textos más bellos del Antiguo Testamento. La experiencia del amor de Dios hace decir al profeta que el Señor ha ejercido las tareas de un padre-madre con el pueblo. También otros profetas presentan a Dios con características materno-paternales: un Dios que consuela a los hijos que se marchan llorando, porque los conduce hacia torrentes por vía llana y sin tropiezos (Jer 31,9); un Dios a quien le duele reprenderlos: ¡Si es mi hijo querido Efraim, mi niño, mi encanto! Cada vez que le reprendo me acuerdo de ello, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión. (Jer 31,20).

Esa ternura del amor de Dios queda expresada de manera inigualable en la figura de la madre:

¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré (Is 49,15).

Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo (Is 66,13).

Realmente el pueblo se sentía hijo de Yahveh. Desde la primera experiencia salvífica de Dios en la salida de Egipto, el Señor ordenó a Moisés decir al Faraón: Así dice el Señor. Israel es mi hijo primogénito, y yo te ordeno que dejes salir a mi hijo para que me sirva (Ex 4,23). Y esa seguridad que la experiencia de Dios-Padre daba a los israelitas no les permitía sentirse huérfanos porque, si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá (Sal 27, 10).

La paternidad de Dios evocaba también una atención especial y una relación de protección de frente a aquellos que necesitaban ayuda y cuidado. Los profetas muestran la predilección de Dios por los pobres, los pecadores, los huérfanos y las viudas, en una palabra por todos aquellos que sólo podían esperar la salvación de la intervención amorosa del Padre-Madre que se preocupa más por los hijos desprotegidos y abandonados que por los demás.

Salmo 65 (66): Bendito sea Dios que no me ha retirado su amor

Se trata de un salmo cuya primera parte es un himno de alabanza y luego, a partir del versículo 13 continúa con una acción de gracias.

Los motivos de la alabanza son el poder soberano de Dios en favor de la humanidad, los prodigios que vivió el pueblo a la salida de Egipto, el paso del Mar Rojo y como se fueron rindiendo los enemigos.

Se invita a todos los pueblos a alabar al Señor, ya no por las acciones pasadas sino por los beneficios a la comunidad del salmista que se convierten entonces en motivos para la acción de gracias, peligros y pruebas ante las cuales la comunidad acude al Señor quien los escucha.

Todo el salmo es una invitación a los oyentes: la tierra entera, el pueblo de Israel, y los fieles a Dios, para alabar al Señor y dar gracias, porque Dios nos salva y nos protege aunque nos haga pasar por fuertes pruebas.

Gal 6, 14-18: ¿Para qué ser bien vistos en lo humano si no puedo gloriarme en la cruz de Cristo?

En la despedida de su carta a los Gálatas, Pablo de manera muy sintética reafirma dos de sus temas preferidos. La salvación no se da por la ley, y el hombre en Cristo es una nueva criatura.

La circuncisión era una muestra clara del cumplimiento de la Ley, pero Pablo les dice a los Gálatas que la salvación no proviene de la ley sino de Cristo. Y se apoya en la Cruz, signo de ignominia para los romanos, los paganos y los judíos, que ahora es el signo de la victoria y de la salvación, y por eso Pablo se gloría en ella, como también todos los cristianos, porque de ella brota la vida.

Circuncidarse o no circuncidarse no es lo importante. Lo importante es renacer como nueva criatura. El mundo de la ley ha muerto. Ya no hay diferencia entre judíos y paganos. Ya no hay circuncisos e incircuncisos, lo único que cuenta es el hombre nuevo, el hombre que es capaz de superar la tragedia del pecado y realizar el proceso de la resurrección de Jesús, para vivir como una persona nueva.

Lc 10, 1-12.17-20: Envío de los 72 discípulos.

Por segunda vez en el evangelio de Lucas, Jesús envía a sus discípulos a la misión. Ahora la época de la cosecha ha llegado y es necesario muchos obreros para recoger la mies; son setenta y dos, un número que evoca la traducción de los Setenta en Génesis 10, en donde aparecen setenta y dos naciones paganas. Jesús va camino hacia Jerusalén, el camino que debe ser modelo del camino de la Iglesia futura. Salen de dos en dos para que el testimonio tenga valor jurídico según la ley judía (cfr. Dt 17,6; 19,15).

La misión no será fácil; debe llevarse a cabo en medio de la pobreza, sin alforjas ni provisiones. La misión es urgente y nada puede estorbarla, por eso no pueden detenerse a saludar durante el camino; tampoco los discípulos deben forzar a nadie para que los escuchen pero sí es el deber anunciar la proximidad del Reino.

Este modelo de evangelización es siempre actual. Ciertamente es una tarea difícil si se quiere ser fieles al evangelio de Jesús. Muchas veces por una falsa comprensión de la inculturación se hacen concesiones que van contra la esencia del evangelio.

Cuando los discípulos regresan de la misión están llenos de alegría. Hay una expresión que merece un poco de atención: Hasta los demonios se nos someten en tu nombre. ¿Qué significado tienen los demonios? Una breve explicación del término se dará al final.

Jesús manifiesta su alegría porque se han vencido las fuerzas del mal, porque él rechaza cualquier forma de dominio, y exhorta a sus discípulos a no vanagloriarse por las cosas de este mundo. Lo importante es tener el nombre inscrito en el cielo, es decir participar de las exigencias del Reino y vivir de acuerdo con ellas (cfr. Ex 32,32).

Hay otro motivo de alegría para bendecir la Padre. Sus discípulos son una muestra de que el Reino se revela a los sencillos y humildes. No son los conocimientos lo que permite la experiencia del Reino. Es esa experiencia de Dios por medio del contacto íntimo con Jesús y su seguimiento.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella (untaljesus.net) puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese evangelio.


Para la revisión de vida

-¿Podría ser yo -un cualquiera como soy- uno de los discípulos comunes que Jesús envió? ¿O considero que sólo los grandes pueden ser «apóstoles»?
-¿Tengo capacidad para captar, desde mi pequeñez, «estas cosas del Reino de Dios», que muchas veces los grandes y sabios no captan? ¿Me ayudan mi sencillez y humildad? ¿Estoy feliz de saborear en el corazón esta sabiduría?
-«Como un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo a ustedes» (Is 66,13). ¿Son todas masculinas las imágenes con que yo me relaciono con Dios? ¿O casi todas? Aparte del número, en realidad, mi imagen de Dios es masculina, patriarcal? ¿Qué significa eso?


Para la reunión de grupo

- ¿Vale este texto para aplicarlo a nuestra situación actual, cuando en realidad, más que hora de cosechar es hora de sembrar?
- «Los pobres y los ricos están en igualdad de oportunidades ante la salvación de Dios». Discutir esa frase. ¿Es verdad? ¿En qué aspectos sí y en cuáles no? ¿Tiene Dios acepción de personas? ¿Es irrelevante ante Dios ser rico o pobre?
- ¿Qué será eso que en teología se llama el «privilegio hermenéutico» de los pobres? [«hermenéutico» = interpretativo, de interpretación].
- ¿A qué se referirá Jesús cuando habla de «estas cosas» que han sido reveladas a los pequeños y que no logran captar los sabios e inteligentes?


Para la oración de los fieles

- Coloquemos nuestras peticiones en la mesa eucarística, con la seguridad de que el Padre-Madre del cielo las acogerá con ternura y amor.
- Te pedimos por tu Iglesia, para que sea reveladora de tu voluntad y acoja a los sencillos y humildes como portadores de tu palabra para el mundo de hoy. R/ Te rogamos, óyenos.
- Por todos los aquí reunidos, para que seamos capaces de comunicar el amor de Dios, Padre-Madre, a todos nuestros hermanos. R/ Te rogamos, óyenos.
- Te pedimos que envíes evangelizadores comprometidos con el evangelio, que sepan irradiar con sus vidas el amor que han recibido del Señor. R/ Te rogamos, óyenos.


Oración comunitaria

Te rogamos, Padre Bueno que acojas las súplicas que te hemos presentado y nos recibas y consueles a nosotros mismos de la misma manera que una madre acoge y consuela a sus pequeños hijos. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

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EL ARTE DE DESCANSAR

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Lc 10, 1-12.17-20) - CICLO C
Por Jose Antonio Pagola

Paz a esta casa

Pide Jesús a sus discípulos que pasen por los pueblos y lugares contagiando paz. Tarea nada fácil, pues sólo quien la posee en su corazón puede comunicarla de verdad.

Las vacaciones son, sin duda, momento privilegiado para reconstruir esa paz interior, a veces, tan maltrecha. He aquí algunas sugerencias para quien quiera descansar de una manera diferente.

Experimentar el silencio. Tal vez sea bueno olvidarnos por unos días de la TV y la radio. Nuestro espíritu lo agradecerá. Mejor todavía si sabemos encontrar de vez en cuando algún rincón tranquilo (la sombra de un bosque, la orilla de un río, la paz de una ermita...) para «estar en silencio», sin prisas.

El silencio nos revelará muchas cosas. Descubriremos nuestra agitación interior y nuestras tensiones. Sentiremos la necesidad de vivir de otra manera. El silencio relajado es siempre fuerza transformadora y fuente de paz.

Sentir nuestro cuerpo. La mayor parte del tiempo vivimos «en nuestra cabeza», olvidados absolutamente de nuestro cuerpo, crispado y tenso por las mil preocupaciones de cada día.

Hagamos una experiencia nueva al menos durante unos días: sentir nuestro cuerpo, respirar conscientemente y con calma, tomar conciencia de las diversas sensaciones, sentarnos de manera relajada, pasear sintiendo nuestro caminar. Descubriremos con más fuerza la alegría de sentirnos vivos.

Gustar la vida. Por lo general, tendemos a acumular en nuestro interior las experiencias negativas, sin detenernos ante lo bueno y bello de la vida.

¿Por qué no dedicar unos días a vivir más despacio, gustando las cosas pequeñas y saboreando agradecidos tantos placeres sencillos que ofrece el vivir diario? Quedaremos sorprendidos de todo lo que se nos regala de manera constante.

Aprender a mirar. Casi siempre corremos por el mundo sin captar apenas la vida que llena el cosmos y sin abrirnos al misterio que nos envuelve.

Es bueno tomarse tiempo para aprender a mirar el entorno más despacio y con más hondura. No se trata de afinar los sentidos, sino de captar la vida que palpita dentro de las personas, los seres y las cosas, y escuchar su eco en nosotros.

Sanar los recuerdos dolorosos. Para recuperar la paz es necesario curar las heridas que nos hacen sufrir interiormente. Liberarnos de los recuerdos dolorosos del pasado y de las amenazas del futuro.

Es un verdadero arte vivir plenamente el momento presente, aquí y ahora. El creyente lo aprende desde la fe: el pasado pertenece a la misericordia de Dios; el futuro queda confiado a su bondad.

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Es imprescindible ser ecuménico

Por Ron Rolheiser, omi
Publicado por Ciudad Redonda

“Es en el hogar donde comenzamos”. Fue T.S. Eliot quien escribió esas palabras, que son válidas para todos nosotros en cuanto a la religión y a nuestra comprensión de la confesión cristiana concreta dentro de la cual crecimos.
Yo nací y me crié, con profundas raíces, como católico romano. Mis padres tenían una fe firme y se aseguraron de que la fe y la práctica religiosa fueran centrales en cada aspecto de nuestras vidas. Íbamos a misa siempre que podíamos, hasta diariamente cuando la celebración estaba a mano, nos confesábamos al menos cada dos semanas, todos los días rezábamos el rosario en familia, recitábamos todos juntos el “Ángelus” al menos dos veces al día, aprendimos un buen número de oraciones, memorizamos el catecismo católico, teníamos instalado en casa un cuadro con la foto del Papa, y creíamos que el catolicismo romano, entre todas las religiones y confesiones cristianas, era la única fe verdadera, la única religión plenamente válida. No llegamos a creer que los otros, protestantes y gente de otras religiones, no irían al cielo, pero no estábamos totalmente seguros sobre cómo sucedería eso, dado que creíamos que ellos no pertenecían a la fe verdadera. Por eso vivíamos con una cierta desconfianza de otras confesiones cristianas y de otras religiones, seguros de nuestra propia verdad, pero siempre cautelosos para no entremezclarnos religiosamente con otros, temerosos de que de alguna manera nuestra fe se debilitara o contaminara por el contacto religioso con no-católicos romanos.

Y efectivamente el hogar era, y es, un buen lugar por donde comenzar. Yo estoy profundamente agradecido por haber tenido tales raíces religiosas, fuertes y conservadoras. Pero han cambiado para mí cantidad de cosas desde que era joven, idealista, joven católico y romano que crecía en una comunidad de inmigrantes en las praderas de Canadá. En mis primeros años de seminario, mis profesores, expertos honestos -mayoría de ellos sacerdotes católicos romanos-, me introdujeron a algunos formidables profesores bíblicos y teólogos anglicanos y protestantes, cuyas intuiciones, actitudes y compromiso profundizaron mi conocimiento de Jesús y me ayudaron a afianzarme con mayor firmeza en mi propia vida religiosa.

Más tarde, en mis años posteriores de seminario, me junté en clase con hombres y mujeres de diversas confesiones cristianas, todos ellos estaban estudiando para el ministerio y todos estaban profundamente comprometidos con Cristo. Mi amistad con ellos y mi respeto por su fe no me llevaron a abandonar el catolicismo romano e ingresar en otra confesión cristiana, pero comenzaron realmente a remodelar mi pensamiento sobre lo que constituye la verdadera fe y la religión auténtica. Esta experiencia me ayudó también a percatarme de que lo que tenemos en común como cristianos hace parecer muy pequeñas nuestras diferencias.

Desde mi ordenación sacerdotal he enseñado y ejercido el ministerio en varios países y en diversas universidades y seminarios. He orado y compartido mi fe con ellos; les he dado clases e impartido conferencias; y he llegado a tener profunda amistad con hombres y mujeres de toda clase de persuasión “confesional” o religiosa: anglicanos, episcopalianos, protestantes, evangélicos, budistas, musulmanes, hindúes, y sinceros buscadores humanitarios.

Me he educado profundamente, tanto en mi fe como en mi espiritualidad, con pensadores anglicanos y protestantes tales como C.S Lewis, Paul Tillich, Dietrich Bonhoefer, Jim Wallis, Jurgen Moltmann y Alan Jones, entre otros. Hoy, junto a mi comunidad católica romana, hay entre otros un buen número de anglicanos, episcopalianos, protestantes, evangélicos y personas de otras religiones -almas gemelas en la fe-, que me ayudan a fundamentar mi entrega y compromiso religioso. Su fe y su amistad me han ayudado a interiorizar algo que la famosa novelista americana Virginia Woolf expresó sabiamente una vez: “¿Por qué somos tan duros unos con otros, cuando la vida es tan difícil para todos nosotros, y cuando, al fin, valoramos sumamente las mismas cosas?” Ella se refería a la falta de empatía entre los sexos, pero se podía haber referido exactamente igual a la falta de empatía entre diferentes confesiones cristianas y diferentes religiones.

Con esto no intento sugerir que todas las religiones son iguales o que todas las denominaciones dentro del cristianismo son senderos iguales hacia Dios. No hay nada pueblerino o estrecho de miras en creer que la propia religión es la correcta o en creer que, perteneciendo a una cierta iglesia, es más que puro accidente histórico o simple gusto eclesial. Sentir profunda lealtad a la verdad tal como uno la percibe es una señal de fe genuina.

Pero todo esto sí que sugiere que tenemos que estar abiertos a una nueva empatía hacia aquellos cuya iglesia es diferente de la nuestra y a una comprensión más amplia de lo que significa pertenecer a una confesión o religión particular. A veces también tenemos que arrepentirnos de nuestro estrecho “confesionalismo”.

Quizás lo que todo esto nos indica, más que nada, es que tenemos que estar abiertos a una comprensión más profunda de la inefabilidad de Dios y de la humildad que Dios mismo pide de nosotros. Yo todavía soy un católico romano convencido y comprometido, pero, como el evangelista Juan, ahora sé que Jesús tiene otras ovejas que no son de este rebaño. Por ello me alegro, y me alegro también por las palabras del poeta persa del siglo XIV, Hafiz: “¿Te parecería extraño que Hafiz dijera: amo a todas las iglesias, mezquitas, templos y a cualquier clase de lugar sagrado, porque sé que es allí donde el pueblo proclama los diversos nombres de un único Dios?”.

Traducido por: Carmelo Astiz, cmf

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Evangelio Misionero del Dia: 01 de Julio de 2010 - XIII Semana del T.O. Ciclo C


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 1-8

Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados».
Algunos escribas pensaron: «Este hombre blasfema». Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo del, hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados ,ti -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
El se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

Compartiendo la Palabra
Por Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:

En nuestra cultura de superespecialización han ido desapareciendo los médicos integrales, aquellos que ejercían simultáneamente la medicina y el humanismo. Para ellos el ser humano no era simplemente la más lograda combinación de elementos químicos o una feliz chiripa biológica. Tampoco profesaban ningún dualismo espíritu-materia, sino que percibían esos dos aspectos en la más harmónica síntesis.

Cuando ante Jesús aparece un enfermo, un sufriente, él le contempla con esa profundidad, percibiendo una trabazón profunda entre lo biológico y lo espiritual. Se considera a sí mismo llamado a sanar integralmente, comenzando por lo más íntimo del hombre: su harmonía con el creador. Los desequilibrios físicos son para Jesús “somatizaciones”, muestra exterior de lo que acontece en lo profundo del hombre. Por eso su primera receta es la “anulación” del pecado.

Cierto que en esa concepción puede introducirse a veces algún rasgo mítico, considerando que toda dolencia tiene un origen moral y hasta pudiera ser castigo divino. Pero más allá de ese condicionante de la época, tenemos que salvar la gran intuición: el ser humano es un todo harmónico e interdependiente en el que una carencia particular afecta al conjunto.

Desgraciadamente en la actualidad, influenciados por un mundo de sentidos y de estímulos exteriores, con frecuencia se olvida esa profundidad humana y se llega a considerar que unos cuantos bienes materiales, junto con una suficiente salud biológica y algo de reconocimiento social, son capaces de llevarnos a la plenitud.
Hoy Jesús nos invita a ver las cosas de otra forma; él cura nuestras cegueras o, al menos, miopías. El verbo utilizado para indicar que el paralítico “se levanta” es el mismo que se usa en las narraciones de “resurrección”; más allá de la mera curación física, Jesús “resucita” a quien se sitúa ante él con disponibilidad y apertura. Todos quedamos invitados a experimentar un “estremecimiento” ante el poder de Jesús, y, desde ese estupor, a “dar gloria a Dios”, como hicieron los testigos de la curación del paralítico.

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 01 de Julio de 2010


SEMANA XIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Lectura de la profecía de Amós 7, 10-17

Amasías, el sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboám rey de Israel: «Amós conspira contra ti en medio de la casa de Israel; el país ya no puede tolerar todas sus palabras. Porque él anda diciendo: "Jeroboám morirá por la espada e Israel irá al cautiverio lejos de su país"».
Después, Amasías dijo a Amós: «Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque éste es un santuario del rey, un templo del reino».
Amós respondió a Amasías: «Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicomoros; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: "Ve a profetizar a mi pueblo Israel". Y ahora, escucha la palabra del Señor.
Tú dices: "No profetices contra Israel,
no vaticines contra la casa de Isaac".
Por eso, dice el Señor:
"Tu mujer se prostituirá en plena ciudad,
tus hijos y tus hijas caerán bajo la espada;
tu suelo será repartido con la cuerda,
tú mismo morirás en tierra impura
e Israel irá al cautiverio lejos de su país"».

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 18, 8-11

R. Los juicios del Señor son la verdad.

La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple. R.

Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos. R.

La palabra del Señor es pura,
permanece para sIempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos. R.

Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal. R.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 1-8

Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados».
Algunos escribas pensaron: «Este hombre blasfema». Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo del, hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados ,ti -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
El se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

Palabra del Señor.

LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA XIII
De la feria. Salterio I

1 de julio

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: CRECE LA LUZ BAJO TU HERMOSA MANO.

Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.

El hizo amanecer ante tus ojos
y enalteció la aurora,
cuando aún no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.

El es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.

Él es quien nos reanima y fortalece,
y hace posible el himno
que, ante las maravillas de tus manos,
cantamos jubilosos.

He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en la claridad de la mañana,
el signo de tu rostro.

Envía, Padre eterno, sobre el mundo
el soplo de tu Hijo,
potencia de tu diestra y primogénito
de todos los que mueren. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Salmo 56 - ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO.

Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Ant. 2. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Cántico: FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO Jr 31, 10-14

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.»

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con manjares sustanciosos,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Ant. 3. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

Salmo 47 - HIMNO A LA GLORIA DE JERUSALÉN.

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;

allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.

¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza
llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión,
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,

para poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor, nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

LECTURA BREVE Is 66,1-2

Así dice el Señor: «El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme? ; ¿o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío -oráculo del Señor-. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.»

RESPONSORIO BREVE

V. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.
R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

V. Guardaré tus leyes.
R. Respóndeme, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.

PRECES

Demos gracias a Cristo que nos ha dado la luz del día y supliquémosle diciendo:

Bendícenos y santifícanos, Señor.

Tú que te entregaste como víctima por nuestros pecados,
acepta los deseos y las acciones de este día.

Tú que nos alegras con la claridad del nuevo día,
sé tú mismo el lucero brillante de nuestros corazones.

Haz que seamos bondadosos y comprensivos con los que nos rodean
para que logremos así ser imágenes de tu bondad.

En la mañana haznos escuchar tu gracia
y que tu gozo sea hoy nuestra fortaleza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Fieles a la recomendación del salvador, digamos llenos de confianza filial:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos a ti, al empezar el día, a media jornada y al atardecer, para pedirte que, alejando de nosotros las tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VENGO, SEÑOR, CANSADO.

Vengo, Señor, cansado;
¡cuánta fatiga
van cargando mis hombros
al fin del día!
Dame tu fuerza
y una caricia tuya
para mis penas.

Salí por la mañana
Entre los hombres,
¡y encontré tantos ricos
que estaban pobres!
La tierra llora,
Porque sin ti la vida
es poca cosa.

¡Tantos hombres maltrechos,
sin ilusiones!;
en ti buscan asilo
sus manos torpes.
Tu amor amigo,
todo tu santo fuego,
para su frío.

Yo roturé la tierra
y puse trigo;
tú diste el crecimiento
para tus hijos.
Así, en la tarde,
con el cansancio a cuestas,
te alabo, Padre.

Quiero todos los días
salir contigo,
y volver a la tarde
siendo tu amigo.
Volver a casa
y extenderte las manos,
dándote gracias. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Salmo 29 - ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuándo bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Ant. 2. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Salmo 31 - ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto
un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Ant. 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA BREVE 1Pe 1, 6-9

Saltad de júbilo, aunque de momento tengáis que sufrir un poco en diversas pruebas. Así la pureza de vuestra fe resultará más preciosa que el oro (que, aun después de acrisolado por el fuego, perece) y será para vuestra alabanza y gloria y honor en el día de la manifestación de Jesucristo. A él no lo habéis visto, y lo amáis; en él creéis ahora, aunque no lo veis; y os regocijaréis con un gozo inefable y radiante, al recibir el fruto de vuestra fe, la salud de vuestras almas.

RESPONSORIO BREVE

V. Nos alimentó el Señor con flor de harina.
R. Nos alimentó el Señor con flor de harina.

V. Nos sació con miel silvestre.
R. Con flor de harina.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nos alimentó el Señor con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y digámosle:

Escucha, Señor, nuestra oración.

Dios de amor que has hecho alianza con tu pueblo,
haz que recordemos siempre tus maravillas.

Que los sacerdotes, Señor, crezcan en la caridad
y que los fieles vivan en la unidad del Espíritu y en el vínculo de la paz.

Que el mundo prospere y avance según tus designios
y que los que lo construyen no trabajen en vano.

Envía, Señor, operarios a tu mies
para que tu nombre sea conocido en el mundo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

A nuestros familiares y bienhechores difuntos dales un lugar entre los santos
y haz que nosotros un día nos encontremos con ellos en tu reino.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Tú, Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora comienza, nos veamos exentos de toda culpa y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia para darte gracias nuevamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. Mi carne descansa serena.

Salmo 15 - CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Mi carne descansa serena.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 23

Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

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lunes 28 de junio de 2010

Evangelio Misionero del Dia: 29 de Junio de 2010 - Fiesta de San Pedro y San Pablo


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-19

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».

Compartiendo la Palabra
Por Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:
Con muy buen criterio, la liturgia concede al recuerdo de los Apóstoles categoría de “fiesta”; pero, tratándose de Pedro y Pablo, el rango es superior: Solemnidad. Desde los orígenes, la iglesia vio en estos dos Apóstoles los dos puntales de su existencia y de su fe, los primeros eslabones de su rica Tradición (con mayúscula), creadores incluso de gran parte de esa Tradición. Parece que es a ellos a quienes se refiere el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, al hablar de “los dos testigos”, “los dos olivos”, y “los dos candelabros”, que sufrieron el martirio y fueron glorificados por Dios, ya que habían sido el tormento de los habitantes de la tierra (Ap 11,3-12). Como Jesús, también Pedro y Pablo trajeron fuego, y espada (cf. Lc 12,49s). Entregaron sus vidas al plan de Dios y resultaron socialmente incómodos, insoportables, y, por eso, mártires.
Pablo es el personaje mejor conocido del Nuevo Testamento, y, seguramente, el que más cooperó a la difusión del cristianismo y a la comprensión del proyecto de Dios. Fue misionero y teólogo. Nos seguimos nutriendo de su saber, plasmado en sus deliciosas cartas. La causa de Jesús fue para él más importante que la propia vida. Hoy nos es presentado como el “hombre fiel”, perseverante en el camino que Jesús le marcó.
Pedro destacó entre los seguidores de Jesús por su entusiasmo; frecuentemente hizo de “portavoz” del grupo, y hasta “fanfarroneó” un poco de ser más fiel que los otros seguidores: “aunque todos te abandonen, yo no” (Mc 14,29). Pero a la hora de la verdad le pudo la cobardía, y negó ser discípulo de Jesús. La nobleza no elimina la debilidad. Sin embargo Jesús, como no había venido a apoyarse en grandezas humanas, renovó a Pedro su confianza, y, después de las negaciones y la pasión-resurrección, le confirmó en la primacía: “apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-17); no le retiró la función de “atar y desatar”.
Pedro y Pablo fueron hombres débiles. Pablo no siempre supo dominar sus modales, no se distinguió por su mansedumbre. Y Pedro fue de cortas entendederas: por no haber aprendido lo de “la otra mejilla”, sacó la espada para defender (?) al Maestro. En algún momento estos dos grandes Apóstoles no se entendieron en cuanto a cómo liderar lo de Jesús (Gal 2,11-15). Pero amaron intensamente lo que se les había encomendado, se entregaron a ello en cuerpo y alma, y así echaron para la iglesia cimientos perdurables en los que nosotros nos seguimos apoyando.
Pedro y Pablo nos invitan a no cejar en nuestros intentos, a seguir ofreciendo suelo sólido a los creyentes del futuro, sin que nuestras limitaciones nos acobarden al enfrentarnos con tan noble tarea. Lo importante es que, a la pregunta que Jesús dirigió a Pedro y que hoy nos dirige a nosotros, respondamos también valientemente (y humildemente): “Señor, tú sabes que te quiero”. Asegurado esto, lo demás corre por su cuenta.


Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 29 de Junio de 2010


SEMANA XIII DEL TIEMPO ORDINARIO
SANTOS PEDRO Y PABLO, APÓSTOLES
Solemnidad

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

El rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de «los panes Ácimos».
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: «¡Levántate rápido!» Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.
El Ángel le dijo: «Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias» y Pedro lo hizo. Después de dijo: «Cúbrete con el manto y sígueme».
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Ángel, sino que creía tener una visión.
Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Ángel se alejó de él.
Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora sé que realmente el Señor envió a su Ángel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío».

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 33, 2-9

R. El Señor me libró de todos mis temores.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloria en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: Él me respondió
y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia Él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El Ángel del Señor acampa
en tomo de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en Él se refugian! R.



Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo
a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Querido hijo:
Ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
El Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A El sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra de Dios.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-19
.
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA XIII
De la solemnidad.

29 de Junio

SANTOS PEDRO Y PABLO, apóstoles. (SOLEMNIDAD).

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: CUANDO EL GALLO, TRES VECES.

Cuando el gallo, tres veces
negaste a tu Maestro;
y él tres veces te dijo:
«¿Me amas más que éstos?»

Se te puso muy triste
tu llanto y tu silencio:
pero la Voz te habló de apacentar corderos.

Tu pecado quemante
se convirtió en incendio,
y abriste tus dos brazos
al madero sangriento.

La cabeza hacia abajo
y el corazón al cielo:
porque, cuando aquel gallo,
negaste a tu Maestro. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Sé en quien he puesto mi fe, y estoy seguro que es poderoso para guardar hasta el último día lo que yo le he confiado.

SALMO 62, 2-9 - EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sé en quien he puesto mi fe, y estoy seguro que es poderoso para guardar hasta el último día lo que yo le he confiado.

Ant. 2. La gracia de Dios no quedó infecunda en mí, sino que su gracia permanece siempre en mí.

Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR - Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. La gracia de Dios no quedó infecunda en mí, sino que su gracia permanece siempre en mí.

Ant. 3. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.

Salmo 149 - ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.

LECTURA BREVE 1Pe 4, 13-14

Queridos hermanos: Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros: porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. Consagraron sus vidas al servicio de nuestro Señor Jesucristo.
R. Consagraron sus vidas al servicio de nuestro Señor Jesucristo.

V. Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje.
R. Al servicio de nuestro Señor Jesucristo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Consagraron sus vidas al servicio de nuestro Señor Jesucristo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dijo Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir?. Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios.» Aleluya.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dijo Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir?. Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios.» Aleluya.

PRECES

Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, que quiso edificar su Iglesia sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y digámosle confiados:

Bendice, Señor, a tu Iglesia.

Tú que rogaste por Pedro para que no se apagara su fe,
da firmeza a la fe de tu Iglesia.

Tú que, después de la resurrección, te apareciste a Simón Pedro y te revelaste a Saulo,
ilumina nuestras mentes para que confesemos tu resurrección.

Tú que elegiste al apóstol Pablo para que anunciara tu nombre a los paganos,
haz de nosotros verdaderos apóstoles de tu Evangelio.

Tú que misericordiosamente perdonaste las negaciones de Pedro,
perdónanos también nuestras culpas y pecados.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que nos llenas de santa alegría con la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de estos apóstoles, de quienes recibió el primer anuncio de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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II VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LA HERMOSA LUZ DE ETERNIDAD INUNDA.

La hermosa luz de eternidad inunda
con fulgores divinos este día,
que presenció la muerte de estos Príncipes
y al pecador abrió el camino de la vida.

Hoy lleváis la corona de la gloria,
padres de Roma y jueces de los pueblos:
el maestro del mundo, por la espada;
y, por la cruz, el celestial portero.

Dichosa tú que fuiste ennoblecida,
oh Roma, con la sangre de estos Príncipes,
y que, vestida con tan regia púrpura,
excedes en nobleza a cuanto existe.

Honra, poder y sempiterna gloria
sean al Padre, al Hijo y al Espíritu
que en unidad gobiernan toda cosa
por infinitos e infinitos siglos. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Yo he rogado por ti, Pedro, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.

Salmo 115 - ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Yo he rogado por ti, Pedro, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.

Ant. 2. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Salmo 125 - DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Ant. 3. Tú eres pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; a ti te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Tú eres pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; a ti te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.

LECTURA BREVE 1Co 15, 3-5. 8

En primer lugar os comuniqué el mensaje que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y fue sepultado; resucitó al tercer día y vive, según lo anunciaron también las Escrituras. Que se apareció a Cefas y luego a los Doce. Por último, se apareció también a mí.

RESPONSORIO BREVE

V. Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía.
R. Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía.

V. Y daban testimonio de la resurrección del Señor.
R. Con valentía.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Pedro, apóstol, y Pablo, maestro de los gentiles, nos han anunciado tu palabra, Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Pedro, apóstol, y Pablo, maestro de los gentiles, nos han anunciado tu palabra, Señor.

PRECES

Oremos hermanos, a Cristo, el Señor, que quiso edificar su Iglesia sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y digámosle confiados:

Socorre, Señor, a tu pueblo.

Tú que llamaste a Pedro para hacerlo pescador de hombres,
no dejes de llamar obreros a tu mies para que el mundo se salve.

Tú que increpaste a los vientos y al mar para que la barca de los discípulos no se hundiera,
protege a tu Iglesia de toda perturbación y fortalece al sucesor de Pedro.

Tú que, después de la resurrección, congregaste en torno a Pedro tu grey dispersa,
reúne a tu Iglesia en un solo aprisco.

Tú que enviaste a Pablo a evangelizar a los paganos,
haz que el anuncio de la salvación llegue a todos los pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que diste a la Iglesia las llaves del reino de los cielos,
abre las puertas de la felicidad a los que durante su vida confiaron en tu misericordia.

Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que nos llenas de santa alegría con la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de estos apóstoles, de quienes recibió el primer anuncio de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

Salmo 90 - A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.»

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.

Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

LECTURA BREVE Ap 22, 4-5

Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

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