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lunes, 31 de enero de 2011

SOBRA LA GENTE


Por MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@wanadoo.es
MADRID.

ECLESALIA, 31/01.- Llego a la conclusión de que sobra la gente. Sobramos todos. ¿Y quienes somos los que sobramos? Sencillamente los que no tenemos la sartén por el mango. ¿De qué sartén se trata?: del poder económico en manos de unos pocos, cada vez menos.

Este pensamiento tan triste me invadió leyendo que un grupo empresarial de medios de comunicación de este país va a reducir su plantilla en unas 2.500 personas (“gente”). Conozco trabajadores (“gente”) de la empresa líder del grupo y lo que me comentan, como la misma empresa publica ostentosamente, es que sigue dando beneficios “económicos”, que desde luego no están destinados a la “gente que sobra” según los criterios de los pocos que manejan el gran cotarro económico-mundial.

Sobran los niños, cuesta criarlos y educarlos.

Sobran los jóvenes que quieren un trabajo digno que les permita construir su vida sin dependencia de sus mayores.

Sobran los adultos que quieren mantener su puesto de trabajo para seguir atendiendo a la familia y pagando la hipoteca.

Sobran los viejos que se dejaron la piel construyendo la sociedad del bienestar y ahora parece que es molesto ocuparse de que estén bien atendidos y cuidados.

Sobran los pobres que caen en la zanja de la exclusión social, que cada día es más ancha y más profunda.

Sobran los emigrantes, salvo que se ajuste al patrón de mano de obra esclava.

Sobran, y mucho, los que denuncian la injusticia, la opresión y la falta de derechos.

Sobran… los que ya no tiene voz, ni ánimos, ni fuerzas.

Pero al mismo tiempo y leyendo las noticias sobre la muerte del Samuel Ruiz, obispo de Chiapas, defensor de los indígenas, recordé una entrevista que le hicieron hace ya bastantes años en televisión, en la que el periodista le preguntó cual era su opinión sobre el capitalismo neo-liberal. Samuel Ruiz, con una voz serena y de forma escueta, se limitó a contestar: “Es la bicha”. La vida de este obispo me elevó el ánimo.

La bicha que decía D. Samuel se está comiendo a la gente que sobra y está engordando a un ritmo peligroso. Imagino que tendrá su sitio en Davos, en estos días que hay que seguir partiendo y repartiéndose la tarta económica mundial.

Menos mal que el pasado domingo escuchamos una vez más a Mateo 5,1-12 que nos repitió, en palabras para el tiempo de hoy: “Bienaventurados los que sobran porque serán acogidos, abrazados y se les dará la creatividad, la fuerza, la solidaridad y el amor que les permita enfrentar a la “bicha”, ayudados por sus pastores que serán la voz principal en el camino de los que no tiene voz”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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La tengo en la mente…


Protesta de moradores de la favela de la Grota, en el Complejo do Alemao, contra la violencia del crimen organizado que dejó un niño herido y cinco vehículos incendiados en la madrugada de hoy en Río de Janeiro, donde los enfrentamientos entre policías y narcotraficantes se han cobrado la vida de al menos 35 personas en esta semana.
Si todos los políticos se hicieran pacifistas vendría la paz. Que no vuelva a haber otra guerra, pero si la hubiera, que todos los soldados se declaren en huelga”.

Gloria Fuertes

PAZ

La tengo en la mente y convive con otras palabras que son sus amigas,
la pinto de blanco y no le dejo que coquetee con otros colores,
la llevo en la frente y los mayores alarmados se vuelven a mirarme,
la estreno cada mañana al desayunar en casa,
la digo en la calle y los que pasan creen que estoy loco,
la vivo en la escuela aunque por ella no me avalúen,
la canto por la mañana con mi voz blanca y sonora,
la sueño de noche y me acuna con cariño,
la escribo en los cuadernos muchas veces, no como castigo sino como triunfo,
la hago volar por el mundo en un globo de muchos colores,
la regalo a los parlamentarios que me miran con cara de asombro,
la proclamo en las Iglesias para que la hagan suya,
la pongo en los programas de los partidos políticos para que la pinten en sus sedes.
la exijo a los mercados para pacificar a tantos hogares sin trabajo

Y la recojo cada noche herida, cansada, agotada de tanto esfuerzo y la curo con cariño.

Yo sólo soy un niño de color, un niño que ha sufrido la violencia y el crimen organizado.

Por Tere Iribarren
Cristianismo y Justicia

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Nadie es dueño de nadie

Bajo ningún pretexto nadie puede proclamarse dueño de otra persona. Ni por su saber, ni por su posición social, ni por tener mucho dinero. En ocasiones, las personas se ha visto obligadas por su situación de pobreza material o espiritual a ponerse a disposición de aquellos que los esclavizan, pero Dios nos ha creado libres y nos quiere libres. Liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, que gemía bajo el yugo de la opresión. Cristo nos liberó del pecado y de la muerte con su muerte y resurrección.
¿Con qué derecho uno puede declararse superior a otro por ser más listo, más rico que su semejante? Dios es Padre de todos y se inclina hacia los más desfavorecidos, hacia aquellos que no tienen quien los defienda. La Escritura lo dice claramente: “Si alguno de tus compatriotas hebreos, sea hombre o mujer, se vende a ti como esclavo, sólo te servirá seis años; al séptimo año lo dejarás en libertad” (Dt 15,12).
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y a dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos” (Is 61, 1). Estas palabras del profeta Isaías, Jesús las recogió en su discurso programático de la sinagoga de Nazaret. Él venia para liberar al hombre de toda esclavitud.
San Pablo en la carta a Filemón, todo y que se siente libre para mandar a este discípulo suyo, que acepte al esclavo que huyó de su poder, no se impone sino que le ruega en nombre de la caridad que lo vuelva a aceptar, pero no ya como esclavo sino, como si lo recibiera a él mismo.
Solamente Dios se puede levantar como dueño y Señor del hombre y de toda la creación. El salmo 8, de una gran belleza, exalta la grandeza del hombre y a Dios como dueño y Señor de todo: “Señor dueño nuestro que admirable es tu nombre por toda la tierra. ¿Qué es el hombre para que tu te acuerdes de él, el ser humano para darle poder? Lo hiciste un poco inferior a los ángeles lo coronaste de gloria y dignidad”.
Sí, con razón, el salmista puede declarar al Señor dueño nuestro, porque lo es, y al hombre un poco inferior a los ángeles.

Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Publicado por Mi Vocación

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No estoy separado



Pensar que estamos separados es una ilusión, un engaño. Posiblemente es nuestro mayor problema. Hacemos del ego una isla, creyéndonos el ombligo del mundo.

No estamos separados, estamos entrelazados. Lo que hacemos a otro nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Cuando amamos crecemos; cuando odiamos disminuimos.

El que mata a otro está cavando dos fosas.

Si cierro los ojos, me siento multitud. Como soy gota de agua, soy mar. Como uva, racimo. Como soy ausencia, soy compañía. Como vacío, plenitud.

Leo en una entrevista con la física cuántica Sonia Fernández:

-Compagina usted la espiritualidad y la física cuántica.
-Todos los grandes científicos han tenido mucha tendencia mística. La física cuántica te lanza a algo más, que te puede dar la espiritualidad.
-¿Qué le aporta la espiritualidad?
-Sobre todo, un propósito de vida. Quieres saber el por qué. Qué estamos haciendo aquí. Qué es la verdad. Y todas esas preguntas, del alma, son una gran motivación.
-¿Una científica hablando de “el alma”?
-Sí. Es como la dama en la mitología medieval. La que transmite el mensaje al caballero. Un intermediario entre la espiritualidad y nuestra consciencia.
-¿Qué es la realidad?
-No está bien definida. Las cosas no existen por sí, de una manera aliena a ti mismo, si no que están totalmente interconectadas con tu propio ser, con tu consciencia.
-Si yo observo algo…
-Si tú observas algo esa cosa está existiendo. Es como si la consciencia crease el mundo manifiesto.
-¿Usted y yo estamos separados?
-Des de un plano macroscópico, sí. Pero en el universo cuántico no estamos separados, sino totalmente interconectados.
-¿Y el espacio que nos separa?
-Es una ilusión que crean nuestras mentes. Quizá porque lo necesitamos, para vivir nuestro día a día. De hecho, en la mecánica cuántica hay el fenómeno llamado no-localidad.
-¿Nos lo puede resumir?
-Las cosas no son afectadas y no afectan a lo que está a nuestro alrededor, sino que pueden afectar a algo que esté en la otra punta del universo. Y eso solo se puede explicar si el espacio no existe, o si todo está interconectado.
-¿Cuántos años hace que sabemos que no existe el espacio entre las personas?
-Pues un siglo, aproximadamente.
-Y sin embargo vivimos con un paradigma antiguo. Como si fuésemos seres absolutamente distintos.
-En cierto modo, lo necesitamos. Pero por suerte, estos conceptos están calando en nuestra sociedad.

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PILA DE AÑOS



Se lo preguntaba estupefacta Mafalda a su padre al enterarse de que cumplía 40: ¿Qué pila de años decís que tenés…?

Al llegar un nuevo año solemos tomar mayor conciencia de esa dichosa pila que gravita sobre nosotros y buscamos cómo encajarlo mejor.

Podemos acudir a escapatorias como ésta de Cicerón que cita Fernando Savater en un artículo reciente: "¿Qué placeres físicos se pueden comparar con la autoridad que se adquiere con la edad?". Y contesta con guasa el autor: “Pues cualquiera, Marco Tulio, cualquiera y siempre con ventaja sobre ésta”.

Mejor orientar la búsqueda en otra dirección: “Enséñanos a calcular nuestros años para que adquiramos un corazón sensato” (Sal 90,12), aconseja un salmista; pero el demasiado calcular y echar cuentas suele dar problemas.

Algo de eso debía pasarle al joven rico del Evangelio: acudió a Jesús preguntándole cómo podía conseguir una vida “eterna” porque, aunque tenía su fortuna en las Islas Caimán y un pingüe plan de pensiones, era consciente de que nada de eso le liberaba del miedo a una vejez desdentada y temblorosa.

A Jesús debió caerle bien aquel chaval majo y voluntarioso, así que le ofreció su propia fórmula antioxidante y revitalizante:

“Sacúdete tus preocupaciones por conservar la juventud, déjaselas a los mercaderes que se dedican a vender remedios anti-edad.

Te propongo otro tesoro más allá de los espejos en que observas tus arrugas: ponte a caminar entre la gente cuyo problema no es envejecer, sino llegar a vivir.

Vente conmigo y deja que sea el Padre quien se ocupe de tus años: no te doy garantías sobre dónde vas a reclinar la cabeza cada noche, pero te aseguro que si vives así, vas a mantenerte forever young”.

La propuesta no dio buen resultado en aquella ocasión, pero dicen que hay gente entre nosotros que sí la ha aceptado y les va de maravilla.

Pásalo.

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Evangelio Misionero del Dia: 01 de Febrero de 2011 - IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 5, 21-43

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y Él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva». Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré sanada». Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de Él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?»
Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero Él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.
Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». Y se burlaban de Él.
Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con Él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, Yo te lo ordeno, levántate!» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y Él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.

Compartiendo la Palabra
Por José Enrique Ruiz de Galarreta, S.J.

Se relatan dos sucesos que, al parecer, ocurrieron juntos, puesto que en los tres Sinópticos se relatan entrelazados (Mateo 9, Lucas 8). El relato forma parte de la actividad de Jesús, que pasa por toda Galilea curando a los enfermos, de tal modo que su fama se hace enorme, y acuden a él de todas partes. Es notable la diferencia entre la gente normal, que lleva sus enfermos a Jesús, y la gente importante, que le pide que acuda a su casa y los cure. Pero Jesús no se niega a nadie.
El relato de la mujer que toca la orla del manto de Jesús es bastante misterioso, y tiene ciertos ribetes semi-mágicos que nos sorprenden. Muy probablemente estamos en presencia de una amplificación semi-legendaria. La actividad de sanador de Jesús le dio fama indiscutible, y sus “hazañas” fueron sin duda engrandecidas al ser repetidas de boca en boca. El evangelista transcribe sin embargo el relato por su contenido, tan importante: el poder de la fe.


REFLEXIÓN

Dos temas importantes en estas lecturas: el Dios de la Vida y el poder de la fe.
Una interpretación ingenua y superficial de los milagros de Jesús tiende a entenderlos como manifestaciones del poder divino. Con ellos demuestra Jesús su naturaleza divina. No es suficiente, ni es esa la intención de los evangelistas. Jesús cura porque en él está el Espíritu, porque se parece a su Padre, que es compasivo, que es el Médico, que es el que nos ha creado para la vida y la salud. Lo más importante de los milagros no es que se manifiesta un poder sino qué poder se manifiesta: el poder de sanar. La acción de Jesús muestra lo acertado del Libro de la Sabiduría: No fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes; él todo lo creó para que subsistiera… El Dios de Jesús es un padre que crea por amor, no un ingeniero que fabrica para exhibir poder. El Dios de Jesús es un padre que engendra y trabaja por sacar adelante a sus hijos. Éste es el fundamento primero de nuestra confianza en Dios.
No pocas personas piensan en un dios lejano, creador hace miles de años, ausente durante nuestra vida, que espera al final como un juez implacable. No es ése el Dios que vemos en Jesús. Es una madre que sueña en tener hijos porque a ello le empuja el amor. No ama a los hijos que ya tiene y conoce, sino que engendra porque ama de antemano. Y no los abandona: trabaja por sacarlos adelante, los alimenta, los cura, los corrige. Y prepara un banquete para ellos cuando lleguen al final del camino. Estas imágenes de la vida humana son mucho más estimulantes, pero, sobre todo, son las de Jesús, no las que nosotros nos hemos inventado.
Jesús completa y fundamenta al libro de la Sabiduría. Nuestra fe en la inmortalidad no se funda en ninguna filosofía, ni en Pitágoras ni en Platón ni en ninguna sabiduría humana; se funda en que conocemos a Dios, y sabemos cómo es el corazón del Creador. La historia de la Creación se concibe a veces en tres estadios: primero, el Gran Ingeniero, solo; después, el Gran Ingeniero que crea todas las cosas como un alarde de poder y Sabiduría; finalmente, el Gran Ingeniero vuelve a estar solo, cuando todas las cosas, criaturas temporales, hayan desaparecido. El Dios de Jesús nos hace pensar en otro esquema: primero, la madre soñando en tener hijos y queriéndolos
antes de que nazcan; después, la madre trabajando por sacar a sus hijos adelante, instruyendo, alimentando, curando; finalmente, todos los hijos reunidos en casa, al final del largo viaje, fuera ya del todo peligro y de todo mal.
Evidentemente, esta imagen no explica por qué el camino es oscuro, por qué corremos tantos riesgos, por qué ha permitido el Padre tanto mal en el camino. Pero la imagen sigue siendo válida, aunque no sea completa. Y es la fuente de nuestra fe en la Vida definitiva (y de nuestra esperanza en que ninguno falte en el banquete, porque si alguno faltase, no podría ser completa la alegría del Padre)
La enorme abundancia de curaciones que consignan los evangelios, y muy en especial Marcos, revelan por tanto un aspecto básico de Jesús. El Hijo “está en las cosas de su Padre”. Las cosas de su Padre son sus hijos, y el Primogénito, el Hijo Preferido, lleno del Espíritu de su Padre, se dedica en cuerpo y alma a sanar y a iluminar, a liberar de esclavitudes, con todos los que tropieza, pobres, ricos, judíos, paganos, samaritanos, publicanos, prostitutas: para Jesús no hay ninguna diferencia: son todos hijos que necesitan la luz y la curación. Los detalles de cada curación son anecdóticos, y nos ayudan a comprender que se trata de sucesos, no de narraciones míticas, aunque estén amplificados por la leyenda. Nos importa, en todas las curaciones de Jesús, ver con los ojos de la fe: entender cómo es Dios, recordando la frase del evangelio de Juan: “El que me ve, ve a mi Padre”.
Éste es el lugar correcto de la fe. Sería ingenuo pensar que el secreto de la curación reside exclusivamente en el poder mental de alguien que está plenamente convencido de que se va a curar, o, más aún, que Dios premia la confianza que se pone en él. Esta actitud es semejante a la de los que piensan que la oración todo lo alcanza, como si pudiéramos “forzar la voluntad de Dios”. La fe de que habla Jesús no es el disparador de un efecto mágico. Jesús está alabando a la mujer y a Jairo, que han confiado en él, mientras otros sospechan o lo rechazan. Los que creen en él, se acercan y son curados.
Más significativa aún que la fe de la mujer es la incredulidad y burla en casa de Jairo.
Pero “No temas, basta con que tú tengas fe”.


PARA NUESTRA ORACIÓN

Nuestra fe en la Vida Eterna, en la bondad de Dios, en Jesús mismo. No podemos permitirnos la ingenuidad de atribuir a todas estas convicciones la categoría de certezas racionales, de evidencias. Estamos hablando de fe y, concretamente, de fe en Jesús, es decir, de fiarse de él, de apostar por él. Todo el mundo apuesta: los “impíos” de que habla el Libro de la Sabiduría hacen su apuesta: no hay más vida que ésta, disfrutémosla. Es una apuesta, que puede salir mal. Algunos apostamos por Jesús de Nazaret, por sus criterios y valores. Y es una apuesta razonable: da sentido a la vida para todas las personas, lleva a más desarrollo personal, a más solidaridad. Y se funda en la fiabilidad de una persona admirable… De aquí en adelante, la fe, nuestra apuesta personal, por Jesús y por el Dios de Jesús, con todas sus consecuencias.
Pero hay también un desafío a la felicidad. Todo el mundo quiere curarse, porque todo el mundo aborrece el dolor, el mal, porque todo el mundo quiere ser feliz. Contra la felicidad se interpone la enfermedad y la muerte … y tantas cosas más. El desafío del ser humano es ser feliz en una vida frecuentemente hostil.
La apuesta por una felicidad basada en que todo me salga bien fracasa. El Antiguo Testamento se aferra a que a los justos todo les sale bien porque Dios les protege, pero es mentira. La realidad es que a todos les salen muchas cosas mal, y que todos mueren.
¿Es posible la felicidad en un mundo lleno de mal y abocado a la muerte?
Esta certeza existencial de fracaso global ha desesperado a muchos y se ha constituido en argumento para negar que pueda haber un dios tras tanto absurdo y tanto dolor.
Los que creen a Jesús y le siguen hacen otro planteamiento, más existencial, menos cognitivo.
Ante todo, no entienden la felicidad como algo que viene de fuera, resultado de satisfacciones recibidas, sino como una satisfacción interior, que puede ser más fuerte que la alegría o tristeza que deparen los acontecimientos.
En segundo lugar, entienden la vida no como búsqueda de la propia satisfacción sino como misión de evitar en lo posible el dolor de los demás.
En tercer lugar, no pretenden entender la providencia divina, sino que dejan su propio destino y el de todos en las manos de Dios, confiando en que el Padre sabrá los porqués y tiene en su mano el futuro de sus hijos.
Así, la búsqueda de la felicidad se transforma: ya no se busca simplemente sentirse a gusto porque todo salga bien, sino sentirse bien por tener sentido, misión y confianza en el Amor es Todopoderoso … a pesar de la infelicidad del mundo.

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 01 de Febrero de 2011

IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO -CICLO A
Lectura de la carta a los Hebreos 12, 1-4

Hermanos:
Ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta.
Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora "está sentado a la derecha" del trono de Dios.
Piensen en Aquél que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento. Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 21, 26b-28. 30abcd. 31b-32

R. ¡Los que te buscan te alabarán, Señor!

Cumpliré mis votos delante de los fieles:
los pobres comerán hasta saciarse
y los que buscan al Señor lo alabarán.
¡Que sus corazones vivan para siempre! R.

Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos
se postrarán en su presencia. R

Todos los que duermen en el sepulcro
se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra
doblarán la rodilla ante Él. R.

Hablarán del Señor a la generación futura,
anunciarán su justicia
a los que nacerán después,
porque ésta es la obra del Señor. R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 5, 21-43

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y Él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva». Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré sanada». Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de Él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?»
Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero Él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.
Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». Y se burlaban de Él.
Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con Él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, Yo te lo ordeno, levántate!» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y Él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor.

LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA IV
De la feria. Salterio IV

1 de febrero

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: ESTÁTE, SEÑOR, CONMIGO.

Estáte, Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.

Llévame en tu compañía
donde tu vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía;
si tú vida no me das
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte
temo, Señor, tu partida,
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú das,
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

Salmo 100 - PROPÓSITO DE UN PRÍNCIPE JUSTO

Voy a cantar la bondad y la justicia,
para ti es mi música, Señor;
voy a explicar el camino perfecto:
¿Cuándo vendrás a mí?

Andaré con rectitud de corazón
dentro de mi casa;
no pondré mis ojos
en intenciones viles.

Aborrezco al que obra mal,
no se juntará conmigo;
lejos de mí el corazón torcido,
no aprobaré al malvado.

Al que en secreto difama a su prójimo
lo haré callar;
ojos engreídos, corazones arrogantes
no los soportaré.

Pongo mis ojos en los que son leales,
ellos vivirán conmigo;
el que sigue un camino perfecto,
ése me servirá.

No habitará en mi casa
quien comete fraudes;
el que dice mentiras
no durará en mi presencia.

Cada mañana haré callar
a los hombres malvados,
para excluir de la ciudad del Señor
a todos los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

Ant. 2. No nos desampares, Señor, para siempre.

Cántico: ORACIÓN DE AZARÍAS EN EL HORNO Dn 3, 26-27. 29. 34-41

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza y glorioso es tu nombre.

Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros
y todas tus obras son verdad,
y rectos tus caminos,
y justos todos tus juicios.

Hemos pecado y cometido iniquidad
apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido.
Por el honor de tu nombre,
no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza,
no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abraham, tu amigo,
por Isaac, tu siervo,
por Israel, tu consagrado,
a quienes prometiste
multiplicar su descendencia
como las estrellas del cielo,
como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito,
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados;

que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos y buscamos tu rostro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. No nos desampares, Señor, para siempre.

Ant. 3. Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

Salmo 143, 1-10 - ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

LECTURA BREVE Is 55, 1

Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar: vino y leche de balde.

RESPONSORIO BREVE

V. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.

PRECES

Dios nos otorga el gozo de poder alabarlo en este comienzo del día, reavivando con ello nuestra esperanza. Invoquémosle, pues, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dios y Padre de nuestro Salvador Jesucristo,
te damos gracias porque, por mediación de tu Hijo, nos has dado el conocimiento y la inmortalidad.

Danos, Señor, un corazón humilde
para que vivamos sujetos unos a otros en el temor de Cristo.

Infunde tu Espíritu en nosotros, tus siervos,
para que nuestro amor fraterno sea sin fingimiento.

Tú que has dispuesto que el hombre dominara el mundo con su esfuerzo,
haz que nuestro trabajo te glorifique y santifique a nuestros hermanos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Ya que Dios nos muestra siempre su amor de Padre, velando amorosamente por nosotros, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Aumenta, Señor, nuestra fe, para que esta alabanza que brota de nuestro corazón vaya siempre acompañada de frutos de vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: TÚ QUE ERES CRISTO, EL ESPLENDOR Y EL DÍA.

Tú que eres, Cristo, el esplendor y el día,
y de la noche ahuyentas las tinieblas,
Luz de Luz que a tus fieles
cual luz te manifiestas,

te pedimos, Señor, humildemente
esta noche que estés de centinela,
en ti hallemos reposo
y la paz nos concedas.

Si se entregan al sueño nuestros ojos,
en ti vigile el corazón alerta,
y rogamos tus hijos,
Señor, que nos protejas.

Defensor nuestro, míranos, rechaza
al enemigo cruel que nos acecha
y, a quienes redimiste
con tu sangre, gobierna.

A ti, Cristo, Señor del universo,
y a ti, Padre, alabanza dondequiera,
y al Amor, por los siglos
loores. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Salmo 136, 1-6 - JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Ant. 2. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Salmo 137 - HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre;

por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu izquierda contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Ant. 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA BREVE Col 3, 16

Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

RESPONSORIO BREVE

V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:

Señor, escúchanos.

Cristo, fortaleza nuestra, concede a todos tus fieles, a quienes has llamado a la luz de tu verdad,
que tengan siempre fidelidad y constancia.

Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer,
y que sus decisiones vayan encaminadas a la consecución de la paz.

Tú que con cinco panes saciaste a la multitud,
enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los hambrientos.

Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden sólo del bienestar de su nación,
sino que piensen también en los otros pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Cuando vengas en tu día a ser glorificado en los santos,
da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y la vida feliz.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús, y oremos al Padre diciendo:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Puestos en oración ante ti, Señor, imploramos tu clemencia y te pedimos que nuestras palabras concuerden siempre con los sentimientos de nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142, 1-11 - LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

LECTURA BREVE 1Pe 5,8-9

Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.


RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

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domingo, 30 de enero de 2011

Domingo IV del tiempo ordinario: Sueños de aquí y ahora


Publicado por Entra y Verás

El evangelio de este domingo nos presenta el relato de las bienaventuranzas. Feliz quien tiene su corazón puesto en Dios. feliz quien menos cosas necesita. Feliz quien se fía incondicionalmente de Dios.… Para encontrarse con Dios hay que se capaces de soñar, de ilusionarse, de esperar y de luchar porque el sueño de Dios para el mundo se haga realidad.

¿Hay que ser un soñador o un cuerdo? ¿Hay que ser loco o juicioso? ¿Hay que aspirar a todo o conformarse con algo? ¿Los pies en el suelo o la cabeza en las nubes? Si somos sólo unos soñadores, ¿a quién ayudarán nuestras imaginaciones? ¿Nos perderemos en un mundo de fábulas y deseos que jamás tocará la tierra real donde la gente llora y ríe? Pero, si todos nos volvemos prosaicos y sensatos, razonables y prudentes, reposados y consecuentes, cumplidores y amarmolados ¿quién seguirá soñando que el Reino es posible? ¿Quién mantendrá viva su lógica imposible, su locura vencedora, su debilidad fuerte? Dice Blas Otero en uno de sus poemas: Mas no todo ha de ser ruina y vacío. No todo desescombro ni deshielo. Encima de este hombro llevo el cielo, y encima de este otro, un ancho río de entusiasmo. Los soñadores han sido vilipendiados en los cuentos, criticados por los pesimistas, ridiculizado por los fanáticos de la eficacia… Pero creer en la promesa, confiar, parte de tener un horizonte, aunque parezca inalcanzable. Hay que vivir con la ilusión inocente de quien sabe que sólo quien aspira a todo alcanzará algo. Nos hacen falta soñadores, inocentes, sinceros, honestos… capaces de proponerse grandes metas, de ilusionarse con ideales de los que se rían los sensatos y los descalifiquen los leguleyos adocenados por la norma, encadenados al cumplir sin vivir. Es en los sueños donde más libremente se expresan los deseos, las búsquedas, los anhelos profundos que condicionan nuestra vida. La promesa de Dios tiene que ver con sueños que se cumplen cuyos efectos sólo los intuye quien tiene ese olfato especial que llamamos fe.

El salmo nos presenta el sueño hecho realidad, un Dios que es portador de felicidad y de liberación para las víctimas de este mundo: hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, liberta a los cautivos, abre los ojos al ciego, endereza a los que ya se doblan, ama a los justos, guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda… Un Dios que es Padre y que se comporta como tal, que no permanece impertérrito ante el sufrimiento, sino que lo que busca y procura es precisamente lo contrario, aunque no nos lo parezca. Relacionar a Dios con el sufrimiento o considerar el dolor como el camino seguro para encontrarse con Él es una aberración vil y vergonzante que por desgracia no ha estado apartada de la espiritualidad cristiana más mentecata e interesada. ¿Tendremos que seguir insistiendo en que a Dios no le gustan ni la sangre, ni las lágrimas sino que, como cualquier padre, lo que quiere es la mayor felicidad de sus hijos? Hoy el evangelio llama “bienaventurados” es decir “felices”, y aquí no se habla ni de normas ni de leyes ni de obediencias sino de que la fe no es más que un camino confiado hacia la felicidad, pues eso es lo que el Padre quiere para sus hijos y es lo que vamos a encontrar si somos capaces de centrar nuestra mirada en Dios y poner en él nuestra confianza. Ojo que en ningún momento se llama felices a los que sufren por sufrir o por llorar.

Del mensaje de las bienaventuranzas no puede desprenderse una esperanza apocalíptica reservada únicamente para la otra vida sino que a los pobres se les dice que de ellos “es”, presente, no futuro, “será”, pues con la llegada de Jesús la esperanza de la verdadera felicidad se hizo realmente presente. En ocasiones el mensaje de las bienaventuranzas se ha convertido en un catálogo de virtudes con lo que no se ha conseguido sino ensombrecer y descafeinar su mensaje transformador: Sólo en Dios está la felicidad, pase lo que pase. Según Jesús, a los que les falta todo es a los que sólo poseen cosas. A veces confundimos felicidad con bienestar y entonces no podemos entender las bienaventuranzas.

Tenemos que soñar creyendo, confiando en que si nosotros queremos el sueño de Dios se hará realidad. Como decíamos al principio, hay que vivir con la ilusión inocente de quien sabe que sólo quien aspira a todo alcanzará algo. Dios está con nosotros, aquí y ahora. Descúbrelo.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)

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LAS BIENAVENTURANZAS - Brotes de Olivo


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OTRO MUNDO ES POSIBLE...


Permitidme que tome prestado el título del estupendo libro de Gonzalez Faus (Ed. Sal Terrae). Es lo que me sugiere la liturgia de hoy. La expresión de Mateo "pobres de espíritu" la hemos utilizado a veces para edulcorar las Bienaventuranzas, pero, sin embargo, esa expresión es más fuerte que la de pobres a secas. Las Bienaventuranzas no son un elogio de la pobreza, a la que ciertamente hay que combatir. Ni la santificación de las lágrimas y del sufrimiento que hay que erradicar. Las Bienaventuranzas nos señalan un cambio total de paradigma, una subversión de los valores del mundo, una forma de vivir distinta. Nos indican que otro mundo es posible.
Corremos el riesgo de transformar este texto en canto de sirenas, en poesía romántico-mística. Sin embargo nos está señalando que hay otra forma de vivir, diferente al "tú a lo tuyo", al que más vale quien más tiene, a nuestra cacareada sociedad del bienestar..., que muchas veces no es sino la sociedad del egoísmo. Las Bienaventuranzas nos indican un camino de lucha por el compartir, el amar, consolar, compadecerse, buscar la paz...por encima de nuestros intereses. Es más, nos dicen, que si buscamos la felicidad olvidándonos de los demás, no la encontraremos.
Ese es el camino que Jesús nos indica a los cristianos y ese es el camino que deberíamos compartir y buscar con todos los hombres de buena voluntad. Nos gustaría ser una Iglesia poderosa, dominante en el mundo y...el camino de las Bienaventuranzas se acerca más a lo que nos señala el profeta Sofonías en la primera lectura: "Dejaré en tu país un pueblo humilde y pobre. El resto de Israel buscará refugio en el nombre del Señor". El "resto de Israel", ese pequeño grupo de seguidores... Y Pablo también lo entendió así y, por eso, se lo recuerda a la comunidad de Corinto, formada por gente humilde en su mayoría: "Dios, para confundir a los sabios, ha escogido a los que el mundo tiene por ignorantes..."
Esta es la lógica de Dios: el camino de la felicidad, es el camino de la sencillez. Un camino que empieza cambiando nuestro corazón. Este camino nos hará felices, aunque al transitarlo seamos incomprendidos...

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sábado, 29 de enero de 2011

ORACIONES para la EUCARISTÍA: BIENAVENTURANZAS


Publicado por Fe Adulta

ANÁFORA

Es justo reconocer, Padre Dios y Señor nuestro,
que existimos y vivimos rodeados de muestras permanentes de tu amor.
Tú quieres ver plenos de felicidad a todos tus hijos sin excepción,
ese es tu proyecto de Reino, esa es tu voluntad.
Y quieres que nos dediquemos en tu nombre a construir humanidad,
has dejado en nuestras manos la tarea de hacer felices a los hermanos.
Enséñanos a ser como Tú, Padre bueno, a interesarnos por el prójimo,
a mirar especialmente por los pobres y marginados
y ayudarles en cuanto esté de nuestra parte en lo que necesiten,
queremos ser amigos incondicionales de todos,
y pacientes, sensibles y compresivos con sus posibles equivocaciones.
Uniéndonos ahora de corazón a todos tus hijos, cristianos, musulmanes, judíos, creyentes y no creyentes, sintiéndolos a todos nuestros hermanos,
elevamos a ti este canto de acción de gracias y alabanza.

Santo, santo…

Gracias, Dios de bondad, por Jesús, tu Hijo y hermano nuestro,
que nos regaló un único y mejor mandamiento, el del amor fraternal.
Ablanda, Señor, nuestro duro corazón para que nos cale su mensaje,
la buena noticia de la liberación,
y soñemos con hacer realidad la utopía de Jesús,
para que sean felices en adelante los que ahora son pobres,
para que no sufran más los que hoy pasan hambre y sed,
para que rían de felicidad los que hoy se sienten tristes y amargados.
También queremos ser felices nosotros mismos, es lo que Tú quieres,
pero sabemos que no hay otro modo de alcanzar nuestra propia felicidad
que tratando de hacer felices a los demás.
Tu hijo nos ha dado ejemplo, ha dedicado su vida a repartir felicidad.
Recordamos ahora, como él nos pidió, su total entrega por la causa.

El mismo Jesús, la noche en que iban a entregarlo, cogió un pan,
te dio gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros;
haced lo mismo en memoria mía».

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:
«Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre;
cada vez que bebáis, haced lo mismo en memoria mía».

Dios y Padre nuestro,
la vida y la muerte de tu hijo Jesús nos han abierto el camino hacia Ti,
nos han enseñado que igual que Tú nos amas, igual que él nos amó,
hemos de amar a todos los seres humanos y luchar por su felicidad.
Jesús pudo comprobar nuestra debilidad y nuestro instintivo egoísmo,
por eso nos dejó su Espíritu fuerte,
capaz de conducirnos a la plenitud humana para la que nos has creado.
Creemos en la palabra de Jesús,
estamos seguros de que es posible otro mundo más justo y solidario
en el que reine la hermandad, la vida y la alegría.
Queremos abrirnos a cuantos se empeñan en esta misma y noble tarea,
sin importarnos su religión o ideología.
Y ahora, Padre santo, nos unimos a toda la creación
para brindar por tu mayor gloria
con este pan y vino, que representan la entrega y el amor de tu hijo Jesús.
Por él y con él, queremos bendecirte por toda la eternidad.
AMÉN.


Rafael Calvo Beca

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PRINCIPIO
Caminantes, necesitados de alimento y de luz, acudimos a tu mesa.
Gracias, Padre, porque nos llamas, nos invitas, nos acoges.
Gracias porque nos tienes preparado un sitio,
porque nos tienes preparados tu palabra y tu pan.
Gracias, Padre, por Jesús, nuestra luz y nuestro pan.

OFRENDA
Queremos ser felices a tu estilo, al estilo de Jesús.
Queremos que nuestra vida sea pan y luz, útil para alguien.
La ponemos en tu mesa, como una ofrenda, como lo hizo el mismo Jesús.

DESPEDIDA
Gracias por la eucaristía, gracias por la luz, gracias por el alimento,
gracias por la fuerza que os transmiten nuestros hermanos.
Gracias por todo, Padre, y sobre todo por Jesús, tu mejor regalo.


O R A C I Ó N

Hacemos una profesión de nuestra fe en el mensaje de Jesús...


Creo que son felices los que comparten,
los que viven con poco,
los que no viven esclavos de sus deseos.

Creo que son felices los que saben sufrir,
encuentran en Ti y en sus hermanos el consuelo
y saben dar consuelo a los que sufren.

Creo que son felices los que saben perdonar,
los que se dejan perdonar por sus hermanos,
los que viven con gozo tu perdón.

Creo que son felices los de corazón limpio,
los que ven lo mejor de los demás,
los que viven en sinceridad y en verdad.

Creo que son felices los que siembran la paz,
los que tratan a todos como a tus hijos,
los que siembran el respeto y la concordia.

Creo que son felices los que trabajan
por un mundo más justo y más santo,
y que son más felices
si tienen que sufrir por conseguirlo.

Creo que son felices los que no guardan en su granero
el trigo de esta vida que termina,
sino que lo siembran, sin medida,
para que dé fruto de Vida que no acaba.

Y creo todo esto porque creo
en el hombre lleno del Espíritu,
Jesús de Nazaret, el Señor, Amén.

José Enrique Galarreta


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HILOS PARA ENTENDER LAS BIENAVENTURANZAS


Cómo podrá alguien ayudar,
si nunca ha necesitado un hombro amigo.
Cómo podrá alguien consolar,
si nunca sus entrañas han temblado de dolor.

Cómo podrá alguien curar,
si nunca se ha sentido herido.
Cómo podrá alguien ser compasivo,
si nunca se ha visto abatido.

Cómo podrá alguien comprender,
si nunca en su vida ha tenido el corazón roto.
Cómo podrá alguien ser misericordioso,
si nunca se ha visto necesitado.

Cómo podrá alguien dar serenidad,
si nunca se ha dejado turbar por el Espíritu.
Cómo podrá alguien alentar,
si nunca se quebró por la amargura.

Cómo podrá alguien levantar a otros,
si nunca se ha visto caído.
Cómo podrá alguien dar alegría,
si nunca se acercó a los pozos negros de la vida.

Cómo podrá alguien ser tierno,
si en su vida todo son convenios.
Cómo podrá alguien acompañar a otros,
si su vida es un camino solitario.

Cómo podrá alguien compartirse,
si en su vida todo lo tiene cubierto.
Cómo podrá alguien gozar el evangelio,
si lleva cuenta hasta del comino.

Cómo podrá alguien encontrar,
si nunca ha estado perdido.

¡Cómo podrá alguien si no ser dichoso…!

Florentino Ulibarri

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QUÉ NOS DICEN LAS BIENAVENTURANZAS


IV Domingo del T.O. (Mt 5,1-12a) - Ciclo A
Por Fray Marcos

Imposible entender nada de las bienaventuranzas, si no tenemos en cuenta lo que dijimos el domingo pasado del “Reinado de Dios”. Dios dentro de ti es lo esencial. Todo lo demás es accidental. La falta de lo externo, lo secundario, nunca podrá anular lo esencial, pero tampoco lo accidental podrá sustituirlo.

Para todo el que no haya tenido esa experiencia interior, las bienaventuranzas son un sarcasmo. Es completamente absurdo decirle al pobre, al que pasa hambre, al que llora, al perseguido: ¡qué suerte tienes! ¡enhorabuena!

Intentar explicarlas racionalmente es una quimera, porque su dinámica está más allá de toda lógica. Se trata sin duda del mensaje más original y provocativo de todo el evangelio. No son nada fáciles de entender. Las bienaventuranzas empezaron a necesitar explicación cuando los cristianos abandonaron la vivencia interior.

Sobre las bienaventuranzas se ha dicho de todo. Para Gandhi eran “la quintaesencia del cristianismo”. En cambio para Nietsche eran una maldición, ya que atentan contra la dignidad del hombre. Entre estos dos extremos podemos encontrar explicaciones para todos los gustos.

Sería un verdadero milagro hablar de las bienaventuranzas y no caer, en demagogia barata para arremeter contra los ricos, o en un espiritualismo que las deja completamente descafeinadas y por lo tanto inofensivas. En los dos extremos hemos caído a través de la historia.

Las bienaventuranzas son los textos que mejor expresan la radicalidad del evangelio. Tal vez la formulación, un tanto arcaica, nos impide descubrir su importancia. En realidad lo que quiere decir Jesús es que seríamos todos mucho más felices si saliéramos de la dinámica del consumismo egoísta y entrásemos en la dinámica del compartir.

Mateo coloca las bienaventuranzas al principio del primer discurso programático de Jesús. Bien entendido que es un montaje de Mateo. No es verosímil que Jesús haya comenzado su predicación con un discurso tan solemne y radical como este.

También el escenario que prepara para este sermón nos indica hasta qué punto lo considera importante. El “monte” está haciendo clara referencia al Sinaí. En el AT, el monte es el lugar de Dios, el ámbito de lo divino.

Jesús es considerado como el nuevo Moisés, que promulga la “nueva Ley”. Pero hay una gran diferencia. Las bienaventuranzas no son mandamientos o preceptos. Son simples proclamaciones que invitan a seguir un camino inusitado hacia la plenitud humana.

No tiene importancia que Lucas proponga cuatro y Mateo, nueve. Se podrían proponer cientos, pero bastaría con una, para romper los esquemas de la vida humana planteada desde el falso yo.

No se trata de buscar a uno que es pobre, a otro que llora, a otro que pasa hambre o a otro que es perseguido. Se trata del ser humano que sufre limitaciones materiales o espirituales por caprichos de la naturaleza o por causa de otro, y que unas veces se manifiestan por el hambre y otras por las lágrimas. La circunstancia concreta de cada uno no es lo esencial. Por eso no tiene mayor importancia explicar cada una de ellas por separado. Todas dicen exactamente lo mismo.

La inmensa mayoría de los exegetas están de acuerdo en que las tres primeras bienaventuranzas de Lucas, recogidas también en Mateo, son las originales e incluso se puede afirmar con cierta probabilidad que se remontan al mismo Jesús.

Parece que Mateo las espiritualiza, no sólo porque dice pobre de espíritu, y hambre y sed de justicia, sino porque añade: bienaventurados los pacíficos, los limpios de corazón etc.

Esta diferencia se atenúa mucho en cuanto descubramos qué significaba en tiempo de Jesús “pobres” (aniwim). En la Biblia hay una riquísima tradición sobre este concepto, que puede ayudarnos a comprenderlo. Sin este trasfondo bíblico, puede resultar sorprendente e incluso reaccionario.

Con su despiadada crítica a la sociedad injusta, los profetas Amos, Isaías, Miqueas, denuncian una situación que clama al cielo. Los poderosos se enriquecen a costa de los más pobres. No es una crítica social, sino religiosa. En efecto, todos pertenecen al mismo pueblo cuyo único Señor es Dios; pero los ricos, al esclavizar a los demás, no hacen caso a Yahvé, no reconocen su soberanía. Dios no puede tolerar esta rebelión, y reaccionará, dicen los profetas.

Después del destierro se habla del resto de Israel, un resto pobre y humilde. Simplificando mucho, podríamos decir que los pobres bíblicos son aquellas personas que, por no tener nada ni nadie en quien confiar, su única escapatoria es confiar en Dios, pero confían. El “resto” bíblico es siempre el oprimido, el marginado, el excluido de la sociedad. Incluía, por tanto, a los que hoy llamaríamos socialmente pobres: a los enfermos y poseídos, a los ‘impuros’, a los que ejercían oficios incompatibles con la pureza legal.

La distinción entre pobre sociológico y pobre teológico no tenía sentido, cuando nos referimos a los evangelios. En tiempo de Jesús no había separación posible entre lo religioso y lo social.

Las bienaventuranzas no están hablando de la pobreza voluntaria aceptada por los religiosos a través de un voto. Está hablando de la pobreza impuesta por la injusticia de los poderosos. Los que quisieran salir de su pobreza y no pueden, son los que Jesús considera bienaventurados si descubren que nada les puede impedir ser más humanos.

Otra trampa que debemos evitar al tratar este tema es la de proyectar la felicidad prometida para el más allá. Así se ha interpretado muchas veces en el pasado y aún hoy lo he visto en algunas homilías. No, Jesús está proponiendo una felicidad para el más acá. Aquí y ahora puede todo ser humano encontrar la paz y la armonía interior que es el paso a una verdadera felicidad, no basada en el tener y consumir más que los demás, sino en la búsqueda de un equilibrio que elimine las diferencias entre todos los seres humanos.

Esta reflexión nos abre una perspectiva nueva. Ni el pobre ni el rico se pueden considerar aisladamente. Siempre existe una relación entre ambas situaciones. La riqueza y la pobreza son dos términos correlativos, no existiría una sin la otra. Es más, la pobreza es mayor cuanto mayor es la riqueza, y viceversa. Si desaparece la pobreza, desaparecerá la riqueza.

Tal vez la irracionalidad de los ricos es que queremos que desaparezca la pobreza manteniendo nosotros nuestra riqueza. Es imposible. Si tenemos en cuenta que la tendencia es a aumentar el abismo ya existente entre ricos y pobres, descubriremos que la predicación de hoy está abocada al fracaso.

Las bienaventuranzas quieren decir:

· es preferible ser pobre, que ser rico opresor
· es preferible llorar a hacer llorar al otro
· es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros mueran de hambre
· dichosos no por ser pobres, sino por no ser ricos egoístas
· dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores

La clave sería: el valor supremo no esta en lo externo sino dentro del hombre.

Hay que elegir entre la confianza en el placer o la confianza en el Reino de Dios. Si elegimos el ámbito del dinero, habrá injusticia e inhumanidad. Si estamos en el ámbito de lo divino, habrá amor, es decir humanidad.

Ahora bien, si el ser pobre es motivo de dicha, por qué ese empeño en sacar al pobre de la pobreza. Y si la pobreza es una desgracia, por qué la disfrazamos de bienaventuranza. Ahí tenemos la contradicción más radical al intentar explicar racionalmente las bienaventuranzas.

Pero por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús, tiene como objetivo el que deje de haber pobres.

El enemigo numero uno del Reino de Dios es la ambición, el afán de poder, la necesidad de oprimir al otro. Recordad las palabras de Jesús: “no podéis servir a Dios y al dinero”.

La praxis de Jesús en su vida diaria, es el único camino para entender las bienaventuranzas.

El Reino de Dios es el ámbito del amor, pero para llegar a ese nivel, hay que ir más allá de la legalidad o falsa justicia. Mientras no haya verdadera justicia, el amor será falso. Decía Plotino: “Hablar de Dios sin una verdadera virtud es pura palabrería”

El evangelio nos está diciendo que toda acumulación de bienes, mientras haya un solo ser humano que muera de hambre, es injusta. Ya sé que no lo queremos entender. Los economistas dirán que no puede haber progreso sin acumulación de capital. Los sociólogos dirán que la organización de la sociedad sería imposible, si no hubiera alguien que mandara y alguien que obedeciera.

Lo que intentan decir las bienaventuranzas es precisamente que la sociedad tal como está hoy montada a nivel mundial es radicalmente inhumana e injusta, aunque cumplamos al pie de la letra todas las normas legales que nos hemos dado a nosotros mismos.

Las bienaventuranzas nos están diciendo que otro mundo es posible. Un mundo que no esté basado en el egoísmo sino en el amor.

¿Puede ser justo que yo esté pensando en vivir cada vez mejor (entiéndase consumir más), mientras millones de personas están muriendo, por no tener un puñado de arroz que llevarse a la boca? Si no quieres ser cómplice de la injusticia, escoge la pobreza.



Meditación-contemplación


Dichosos los que viven sin ambición, porque en ellos reina Dios.
Si en vez de acaparar, reparto, entro en el ámbito de lo divino.
Si pongo mi felicidad en el consumir,
olvido mi verdadero ser y oprimiré a otros.
....................

Acaparar lo que otros necesitan para vivir, es negarles la vida.
Pero es también impedir nuestra verdadera Vida.
Compartir lo que tengo con el que lo necesita, es alcanzar humanidad.
Pero es también dar al otro la posibilidad de hacerse más humano.
......................

Cada vez que me aprovecho de los demás, me alejo de lo humano.
Cuando pienso que soy más porque tengo más que los demás, soy menos.
Me equivoco cuando pienso que oprimir a los demás
me coloca por encima de ellos.
Solo hay un camino hacia la plenitud: el servicio.
.........................


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Evangelio Misionero del Dia: 30 de Enero de 2011 - IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

"BIENAVENTURADOS LOS QUE DESCUBREN A DIOS
DENTRO DE ELLOS"

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25—5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».

Compartiendo la Palabra
Por Santiago Agrelo ofm

Sólo para pobres

Bajo el sol de Galilea:

Así dice el profeta: “Buscad al Señor los humildes… quizás podáis ocultaros el día de la ira del Señor”. No es contradicción, es paradoja: Si quieres ocultarte del Señor en el día de su ira, búscalo, conviértete a él, encuéntralo.

El que dice, buscad al Señor, dice también: “Buscad la justicia, buscad la moderación”.

Busca la justicia, busca al Señor, busca su Reino, y te encontrarás hijo de una humanidad nueva, hijo de “un pueblo, que no comete maldades ni dice mentiras”. Tal vez por esto solo ya se te pueda decir dichoso.

Luego el profeta habla de pan y de paz, que no faltarán al pueblo de los que buscan al Señor: “Pastarán y se tenderán sin sobresaltos”. «Dichosos ellos», sugiere entonces a tu mente el corazón.

Jesús de Nazaret lo dijo de otra manera: “Buscad sobre todo el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura”. Antes había dicho: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. «Dichosos ellos», porque el Reino de Dios les pertenece. «Dichosos ellos», porque Jesús –la gracia, la libertad, la vida, el Reino-, ha venido para ellos.

Bajo el sol de Galilea, Jesús es la evidencia corporal de las bienaventuranzas: Él es de los pobres; lo es cuando enseña, lo es cuando cura, lo es cuando muere: ¡Dichosos los pobres!

Ahora la misión de Jesús es misión de la Iglesia. Ella, en su cabeza, ha sido ungida por el Espíritu y ha sido enviada para llevar a los pobres la buena noticia, para ser Iglesia de los pobres cuando enseña, cuando cura, cuando muere, siempre cerca de ellos, siempre tan desvalida y tan de corazón entre ellos como lo estuvo Jesús.

Bajo la cruz:

Pero necesitamos poner las bienaventuranzas bajo otra luz, proclamarlas bajo la cruz, en las horas de agonía de Jesús, cuando las tinieblas vinieron sobre toda la tierra.

“Los que pasaban, lo injuriaban, y meneando la cabeza, decían: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz»”. “Confió en Dios, que lo libre, si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios»”.

En esa hora de nona, de rodillas ante Cristo crucificado, silabea las palabras del Maestro en la montaña: “Dichosos los pobres… dichosos los sufridos… dichosos los que lloran…”.

Tú las dices de rodillas buscando en ellas consuelo.

“Los que pasaban”, las dirían meneando la cabeza y blasfemando.

Bajo el sol de Galilea, las bienaventuranzas desvelaban el secreto de la mirada de Dios sobre los pobres. Bajo la cruz, las bienaventuranzas nos acercan al misterio de la mirada de Dios sobre su Hijo.

Bajo otro sol, bajo otra cruz, en otra hora de tinieblas:

Amadou relata así la muerte de su compañero sucedida en el domingo 23 de enero: “Habíamos estado cuatro días al borde del mar esperando montar en la zódiac para irnos a España. Decidimos volver al bosque porque no podíamos aguantar más. Estábamos sin comer, escondidos y hacía un frío tremendo. Cuando volvíamos comenzó a sentirse mal, cansado. Al llegar a una zona del bosque se tumbó en el suelo y dijo que no podía más, se quedó allí encogido, con sus manos sobre las rodillas como un bebé y nos dimos cuenta de que dejó de respirar. No lo había soportado” (Tomado del blog Pandoras invisibles).

Necesitamos, Jesús, tus bienaventuranzas; necesitamos oírlas “al borde del mar”, en los claros del bosque, en ese camino, “hecho de cadáveres”, por el que transitan los parias de nuestro mundo; necesitamos oírte y verte, Jesús, en quien “muere de sufrimiento”; necesitamos recordar que tú eres de los pobres.

Los ojos van de tu cruz a este calvario, y el corazón aprende a creer que hay esperanza, también para los muertos: “Dichosos los pobres… dichosos los sufridos… dichosos los que lloran…”.

Feliz domingo.

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IGLESIA MÁS EVANGÉLICA


IV Domingo del T.O. (Mt 5,1-12a) - Ciclo A
Por José Antonio Pagola

Al formular las bienaventuranzas, Mateo, a diferencia de Lucas, se preocupa de trazar los rasgos que han de caracterizar a los seguidores de Jesús. De ahí la importancia que tienen para nosotros en estos tiempos en que la Iglesia ha de ir encontrando su estilo cristiano de estar en medio de una sociedad secularizada.

No es posible proponer la Buena Noticia de Jesús de cualquier forma. El Evangelio sólo se difunde desde actitudes evangélicas. Las bienaventuranzas nos indican el espíritu que ha de inspirar la actuación de la Iglesia mientras peregrina hacia el Padre. Las hemos de escuchar en actitud de conversión personal y comunitaria. Sólo así hemos de caminar hacia el futuro.

Dichosa la Iglesia "pobre de espíritu" y de corazón sencillo, que actúa sin prepotencia ni arrogancia, sin riquezas ni esplendor, sostenida por la autoridad humilde de Jesús. De ella es el reino de Dios.

Dichosa la Iglesia que "llora" con los que lloran y sufre al ser despojada de privilegios y poder, pues podrá compartir mejor la suerte de los perdedores y también el destino de Jesús. Un día será consolada por Dios.

Dichosa la Iglesia que renuncia a imponerse por la fuerza, la coacción o el sometimiento, practicando siempre la mansedumbre de su Maestro y Señor. Heredará un día la tierra prometida.

Dichosa la Iglesia que tiene "hambre y sed de justicia" dentro de sí misma y en el mundo entero, pues buscará su propia conversión y trabajará por una vida más justa y digna para todos, empezando por los últimos. Su anhelo será saciado por Dios.

Dichosa la Iglesia compasiva que renuncia al rigorismo y prefiere la misericordia antes que los sacrificios, pues acogerá a los pecadores y no les ocultará la Buena Noticia de Jesús. Ella alcanzará de Dios misericordia.

Dichosa la Iglesia de "corazón limpio" y conducta transparente, que no encubre sus pecados ni promueve el secretismo o la ambigüedad, pues caminará en la verdad de Jesús. Un día verá a Dios.

Dichosa la Iglesia que "trabaja por la paz" y lucha contra las guerras, que aúna los corazones y siembra concordia, pues contagiará la paz de Jesús que el mundo no puede dar. Ella será hija de Dios.

Dichosa la Iglesia que sufre hostilidad y persecución a causa de la justicia, sin rehuir el martirio, pues sabrá llorar con las víctimas y conocerá la cruz de Jesús. De ella es el reino de Dios.

La sociedad actual necesita conocer comunidades cristianas marcadas por este espíritu de las bienaventuranzas. Sólo una Iglesia evangélica tiene autoridad y credibilidad para mostrar el rostro de Jesús a los hombres y mujeres de hoy.

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IV Domingo del T.O. (Mt 5,1-12a) - Ciclo A: ¡Felices, felices, felices!...


Por Pedro Garcia cmf

El Evangelio de hoy nos lo sabemos todos de memoria: el de las Bienaventuranzas.
Bienaventurado es lo mismo que decir feliz o dichoso. Lo que hoy leemos es la página clave de toda la enseñanza de Jesús.
Vamos, ante todo, a lanzar la mirada muy atrás: al Sinaí. El antiguo Israel ha salido de Egipto y se halla en medio del desierto. La montaña que tiene delante es abrupta, reseca, empinada... Casi da miedo subir a ella. Y allí está Moisés, que entre relámpagos, truenos y fuego humeante recibe la ley de Dios. El pueblo tiembla, y le dice con terror a su caudillo:
- ¡Háblanos tú, pero que no nos hable directamente Dios!...
Era la promulgación de la ley antigua, madre de esclavos por el miedo que infundía.
Viene ahora Jesús, el nuevo Moisés, el Caudillo y Jefe del nuevo Israel de Dios, y nos ofrece un cuadro bien diferente. Como es tan bueno, le sigue una gran multitud, llegada de todas las regiones limítrofes.
En vez del austero y pavoroso Sinaí, Jesús escoge una montaña encantadora, bella, verdeante, que domina todo el lago de Genesaret. Flores en la ladera, pájaros cantores por los aires, gentes felices en los poblados de la llanura...
Se sienta Jesús rodeado de aquel gentío, y empieza la promulgación de la Constitución del Reino, del Pueblo de Dios, sin más asamblea constituyente que el mismo Jesús, sólo Jesús. En vez de amenazas estremecedoras, comienza con la palabra de más embrujo:
- ¡Felices, felices, felices!...
Felices, ¿quiénes? ¿Los ricos? No... ¿Los que ríen? No... ¿Los violentos y poderosos? No... ¿Los que están hartos de bienes? No... ¿Los que se revuelcan en el placer? No... Todo lo contrario:
- ¡Dichosos los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos!... ¡Dichosos los afligidos, porque ellos serán consolados!... ¡Dichosos los bondadosos, porque ellos poseerán la tierra prometida!.. ¡Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios!... ¡Dichosos si os persiguen, y calumnian y os tratan mal por causa mía, porque vuestro premio va a ser muy grande en el Cielo!...
La gente casi no cree lo que oye. Esto no lo habían escuchado nunca de los maestros de Israel.
Y hoy en nuestro mundo de hoy , esto casi parece la escena de una novela divertida, dictada por un escritor con mucha imaginación. Porque el mundo se sigue diciendo todo lo contrario de Jesucristo:
¡Con lo bien que va el dinero!... ¡Con lo que nos reímos y nos divertimos!... ¡Con lo bien que la pasamos!...
Pero Jesús, que no está de acuerdo con este pensar de la sociedad opulenta, alaba la pobreza del espíritu, el desapego de los bienes de la tierra, la ilusión por los gozos eternos...
Para Jesucristo, el centro de la vida es Dios, no el mundo.
La felicidad suprema es la Gracia, vida de Dios en el corazón, y no el culto del dinero y del placer.
La seguridad de la vida está en Dios, que permanece, no en el mundo que pasa...
Éste es el Evangelio de Jesús. Ésta es su doctrina revolucionaria. Ésta es la más pura de sus enseñanzas. Ésta es la mayor esperanza de los que le siguen... Para los que no piensan como Jesucristo, el centro de la vida es el mundo y no Dios. O sea, todo lo contrario. Por eso, la felicidad hay que buscarla y gozarla aquí, antes de que se escape de entre las manos. Son las flores, antes de que se marchiten, como dice con expresión poética la Biblia.
El marxismo, sin tanta poesía como la Biblia, lo estableció como un principio que no admite discusión: Ni Dios, ni religión, ni nada que sea opio o droga que nos aliene de este mundo con una esperanza inútil de otra vida. Por eso, el enemigo primero del marxismo era la religión...
Hoy muchos repiten con otras palabras la misma idea: El paraíso está en la tierra, y el infierno está en la tierra. Por lo mismo, a huir del dolor aquí, y a disfrutar aquí... ¿Oímos o no oímos esto mil veces?...
Jesucristo viene hoy a tomar una posición definitiva para Sí y para su Iglesia.
Los pobres, para Jesús, son los que no tienen apoyo humano y ponen toda su confianza en Dios.
Los ricos, según Jesús, son los satisfechos de la vida, porque, al no necesitar a Dios, ni les interesa Dios, ni lo buscan, ni se contentan con Él. Viven sin Dios, y sin Dios se quedarán para siempre...
Y no es que Jesús quiera ni busque ni proclame la pobreza y el dolor como el ideal de la vida cristiana. Eso, no. Porque todo lo que oprime al hombre está en contra de la voluntad de Dios.
Por lo tanto, Dios quiere que luchemos por eliminar del mundo el hambre. Quiere que enjuguemos las lágrimas de muchos ojos. Quiere que trabajemos por la paz. Quiere como nos dirá después San Pablo , que nos ganemos en una vida tranquila nuestro sustento de cada día, y que la vida cristiana sea alegría, gozo y paz en el Espíritu Santo...
Pero las realidades del mundo, por culpa de los hombres y no de Dios, son a veces muy diversas. Y entonces, ¿quiénes son los felices? ¿Los ricos satisfechos, o más bien son felices los pobres en su espíritu, que, no teniendo otro en quien apoyarse, confían solamente en Dios?...
¡Señor Jesucristo!
¡Gracias por la esperanza que nos infunden tus palabras!
Ahora sabemos dónde está la dicha verdadera.
¡Dios, sólo Dios puede ser nuestra felicidad!
En este mundo, porque ya lo llevamos en el corazón. En el mundo venidero, porque Dios será para quienes se han contentado sólo con Dios...

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