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lunes, 28 de febrero de 2011

Los hijos de Ismael



Que un profesor, el primer día de clase, pregunte sus nombres a los alumnos es más que mera cortesía, y nada tiene que ver, por de pronto, con un control de lista. Antes de preguntarle a alguien “¿Cómo te llamas?”, debería descalzarme como Moisés en el Horeb, la tierra pagana y sagrada de la Zarza Ardiente. Al escuchar a alguien decirme su nombre propio, debería conmoverme tanto como Moisés ante la revelación del sagrado Tetragrama (JHWH), el misterioso nombre propio del Dios bíblico que los judíos no pronuncian jamás. Cuando alguien me dice su nombre, me confía su ser, su misterio inviolable, su historia secreta incluso para él, hecha de sueños y de miedos, modelada con la arcilla más frágil y el agua más pura. Así es el nombre propio de cada uno, y cuando lo escucho me convierto en su portador y responsable. Cuando alguien nos dice su nombre, deberíamos entrar literalmente en trance, como Dios en el primer día de la Creación o de la Revelación.
Hace tres semanas, al comienzo del segundo semestre, pedí a los alumnos que se presentaran por su nombre. Una vez más, de nombre en nombre, compusieron el poema más bello, la melodía más armoniosa, la oración más inspirada. Una chica dijo: “Yo me llamo Eva” (que significa “Viviente” o “Vivificante”). Yo hubiese querido decirle: “¡Oh, qué bonito, Eva!”, pero tuve que reprimirme, y simplemente pregunté: “¿Conoces la historia de tu nombre? ¿Conoces la historia de Eva?”. Solo fue una relativa sorpresa que ni ella ni nadie en la clase conociera la historia de Eva. Sin embargo, es nuestra historia, la historia de todos los que vivimos porque una mujer nos dio a luz. Otra chica dijo: “Yo me llamo Saray”. No sé si logré disimular la emoción, pero también esta vez me limité a preguntar: “Y tú, ¿conoces la historia de Saray?”. Tampoco ella la conocía, ni ella ni nadie entre los cincuenta de la clase. Es una pena que nuestros jóvenes no conozcan la historia de sus nombres, por ejemplo esas historias bíblicas que nunca sucedieron pero son tan nuestras y tan verdaderas, pues, si las conociéramos a fondo, no solo nos permitirían entender el pasado, sino sobre todo comprender el presente y recrearlo.
Quiero contaros la historia de Saray y de Hagar, y la de sus hijos Isaac y de Ismael, aunque el Génesis la cuenta mucho mejor en los capítulos 16 y 21. Quiero contaros sobre todo la historia de Ismael, que aun se prolonga en la plaza de Tharir en el corazón de El Cairo. Abrahán tuvo dos mujeres: Saray, que significa “Mi princesa”, y “Hagar”, que significa “Extranjera”; en realidad, la Biblia pretende que sólo Saray era esposa de Abrahán y que Hagar no era sino una esclava egipcia de la esposa, pero eso se debe simplemente a que la Biblia cuenta la historia desde el lado de Saray la Princesa, y no desde el lado de Hagar la Extranjera, o si se quiere, desde el lado judío y no desde el lado árabe. Tan esposa era la una como la otra, pero ambas sufrieron, y se hicieron sufrir. El sistema patriarcal de la poligamia las hizo primero émulas, luego rivales y al final enemigas. Y, como dice el Eclesiástico, “ninguna pelea como la de las rivales, ninguna venganza como la de las émulas” (25,13).
Saray era estéril y “no había dado” –así se decía entonces– descendencia a Abrahán. Y, sin consultar para nada con Hagar, dijo a su marido: “Ahí tienes a Hagar, mi esclava; tómala y que ella te dé el hijo que deseas”. Y así hizo, y Hagar quedó embarazada. Entonces, a la pobre Princesa Saray le entraron unos celos terribles y tanto maltrató a Hagar, que ésta tuvo que huir de su casa y ser lo que su nombre indica, una extranjera. Dios la encontró en el desierto junto a un manantial, y no se lo explicaba, y le preguntó: “Hagar, ¿de dónde vienes y a dónde vas?”. ¿Cómo podía saberlo ella, si Él no lo sabía? Pero Hagar respondió: “Huyo de Saray”. Y Dios le dijo: “Vuelve a casa, mi Hagar, vuelve a tu casa. Y haz como si asumieras tu rol de esclava y concubina, pero sé libre, cree en ti y cree en ese hijo que llevas en tus entrañas, y llámalo Ismael, es decir, ‘Dios escucha’, pues es así: yo escucho a la extranjera, en contra de lo que todos los hombres y pueblos que se sienten elegidos se imaginan por un fatal malentendido. Sé libre, mi Hagar, y da a luz la libertad”. Y Hagar volvió a casa, transfigurada. Y dio a luz a Ismael.
Los celos de Saray arreciaron. Pero años después sucedió que la Princesa, a sus noventa años, también quedó embarazada de Isaac, que significa “Risa”, y dijo: “Dios me ha hecho reír”, pero lo que quería decir en el fondo era que “la última que ríe ríe mejor”, y que Hagar lo oyera. Un día vio Saray que los dos niños, Isaac e Ismael, estaban jugando. ¿Qué otra cosa podían hacer dos niños sino jugar y reír? ¿Qué les importaba a ellos la rivalidad de sus madres y los líos de la herencia y la teología de la elección divina? Los niños ven las cosas simplemente como son, y juegan, y así revelan el rostro de Dios, sencillo como un niño. Pero Saray no estaba para risas y se dijo “Esta es la mía”. Y, ni corta ni perezosa, le dijo a Abrahán: “Pongamos ya de una vez por todas las cosas en su sitio, aclaremos quién es quién en esta casa: quién es la esposa libre y quién la esclava concubina, quién el hijo heredero y quién el segundón, quién el elegido de Dios y quién el relegado. No aguanto que sigas haciéndote el bien-queda y el bueno. Decídete ya: si crees en la promesa de Dios, echa de esta casa a Hagar y a su hijo. Te lo exijo”.
A Abrahán se le partía el alma, pero tuvo que acceder a la exigencia de su esposa, como más de una vez sucede. Al día siguiente se levantó, tomó una hogaza de pan y un odre de agua, se los dio a Hagar, puso al niño sobre sus hombres y los despidió con inmenso dolor. Con más inmenso dolor se fueron Hagar e Ismael por el desierto de Berseba, solos y a pie y sin saber a dónde. Y cuando se les acabó el pan y se agotó el odre, el niño lloraba a gritos, y a la madre no le quedaban fuerzas ni para llorar, y cada grito del hijo le desgarraba las entrañas más que al parir. ¿Dónde estaba Dios? Dios estaba con ellos, perdida y sola como ellos. Y dijo a la mujer: “No temas, mi Hagar. Juntos atravesaremos todo el desierto. Tu hijo será un gran pueblo, será mi pueblo y hermano de todos los pueblos. Y no temas, un día será libre”. Y así fue, quiero decir: así debemos hacer que sea.
Ismael (que la paz sea con él) creció y vivió en el desierto de Farán, cerca de la Meca y de la Kaaba, según cuenta el Corán. Y encontró nuevos manantiales. Y tuvo 12 hijos –cada nombre una promesa–: Nebayot, Quedar, Abdeel, Mibsán, Mishmá, Dumá, Masá, Jadad, Temá, Yetur, Nafís y Quedma, que son los doce patriarcas de los pueblos árabes, y se extendieron desde Asiria (Irak) hasta Egipto y desde Egipto hasta el Sahara, por todo el Máshreq (que significa Levante) y todo el Magreb (que significa Poniente).
Y de desierto en desierto, de manantial en manantial, se extienden la promesa de Dios y el grito de Ismael, el hijo de la esclava egipcia. Desde la plaza de Tahrir, que significa “Liberación” y que tradicionalmente se ha llamado plaza de Ismael, en el corazón de El Cairo, en el corazón del mundo árabe, se expande imparable el inmenso movimiento de la Juventud, del Pueblo y de la Libertad, a pesar de la vergonzosa lentitud, por no decir cobardía (Vargas Llosa dixit) de nuestros gobiernos occidentales.
¡Mabruk (Enhorabuena), hijos de Ismael!

José Arregi


Para orar.
AL FATIHA (“La que abre”, primera sura del Corán)
En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo.
Bismi Allahi alrrahmani alrraheemi.
Las alabanzas a Allah, Señor de los mundos.
Alhamdu lillahi rabbi alAAalameena.
El Misericordioso, el Compasivo
Alrrahmani alrraheemi.
Rey del Día de la Retribución.
Maliki yawmi alddeeni.
Sólo a Ti te adoramos, sólo en Ti buscamos ayuda
Iyyaka naAAbudu wa-iyyaka nastaAAeenu.
Guíanos por el camino recto,
Ihdina alssirata almustaqeema.
El camino de los que has favorecido, no el de los que son motivo de ira, ni el de los extraviados.

Sirata allatheena anAAamta AAalayhim ghayri almaghdoobi AAalayhim wala alddalleena.

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El obispo J. Gaillot


Por Francisco Margallo

Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada

Su credo no cesa de ser proclamado y acogido, porque es el evangelio y la palabra de Cristo, pero despojados de los oropeles del poder temporal y de las virtudes de la moral clerical. Es el obispo de los cristianos sin Iglesia, como le dijera un niño. El "prelado fronterizo" le llaman otros.
Bogar mar adentro es arriesgado. Lo es también acercarse a hombres y mujeres que viven, sufren y luchan cotidianamente. Sin embargo, es un camino de humanidad que crea vínculos muy fuertes. Siguiendo el ejemplo de Cristo, el obispo se sienta a la mesa con los pecadores para que escuchen el evangelio que también les pertenece. Para el evangelio no hay excluidos, no hay tierras prohibidas para el mensaje de Cristo, llega a los lugares más alejados, incluso a los que parecen sospechosos.
Defender los derechos humanos. Ir a Sudáfrica a visitar a un preso, escribir en revistas que no figuran en los anaqueles de las iglesias y participar en un programa de televisión que lleva a las cárceles, es acercarse incansablemente a los que sólo ven una Iglesia distante. Caminar, no por el camino medieval de Santiago, como quieren algunos, sino por el que caminan los hombres y mujeres de nuestro tiempo, es una aventura de fraternidad y no una conquista. No se trata de llevar al redil, sino de andar con humildad y los ojos abiertos por la vida.
La ruta evangélica es así. Obliga a avanzar hacia lejanas tierras que no siempre son hermosas. Jesús repita a sus discípulos: "Remad már adentro" y eso produce escándalo. Como Él, el obispo Gaillot cree que hay que comprometerse y acompañar a gentes mal vistas en territorios sospechosos. Fue a ver la película prohibida de Martin Scarsese, La última tentación
de Cristo. Concedió entrevistas a la revista Lui o a la de los homosexuales Gai Pied Hebdo. Con todo eso quería internarse en aguas profundas para encontrarse con los desconocidos de la Iglesia.
Este paso a otras riberas le llevaba mucho tiempo, pero era una labor evangélica...Reconce que tuvo que romper muchas barreras en su vida para empezar este itinerario espiritual. Y cada vez que pensaba detenerse, algo le impulsaba más allá, más lejos de lo que imaginaba. Hasta tal punto que los que le conocían anteriormente no le reconocen ahora. La vida de un obispo, dice, no es un "largo río sosegado".
Admirable la Iglesia del Vaticano II. Como Iglesia de Pentecostés, pierde su lengua de trapo. Se acabó el tiempo de los silencios y las censuras. La palabra circula. Los cristianos la utilizan. Un soplo de fraternidad anima a las comunidades. Una Iglesia así suscita la esperanza. Muchos laicos y sacerdotes respiran a pleno pulmón este aire fresco. Depositan su confianza en su Iglesia cuando ella abre todas sus fuerzas.

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Evangelio Misionero del Dia: 01 de Marzo de 2011 - VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 28-31

Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.
Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros».

Compartiendo la Palabra
Por Silvia Ugarte

Queridos amigos:
La primera lectura de hoy podría resultar contradictoria con la gratuidad que comentábamos ayer. “No te presentes a Dios con las manos vacías; esto es lo que pide la ley…” (Eclo. 35, 4-6). A simple vista parece que sólo es valorado ante Dios aquel que realiza sacrificios y se acerca a Él con ofrendas. Muchas veces nos sucede así, nos consideramos aceptados por Dios -o incluso por las demás personas- porque hacemos esto, aquello, y esto otro; y así, cumplimos con una lista de normas “buenas” que nos dan el “derecho” de estar entre los escogidos.
En realidad, el texto no intenta opacar el amor gratuito y la bondad inherente de Dios para con nosotros. Más bien intenta recordarnos que, profesar la fe no es sólo presentarnos ante Él y tener unas dosis de culto religioso, sino que todo ello debe ir acompañado de justicia social. Vivida la misma –primeramente- en el entorno más cercano, en los detalles cotidianos y simples que a veces se nos escapan.
En el evangelio, continuación del pasaje de ayer, Pedro “recuerda” a Jesús que ellos lo han dejado todo y le han seguido. También podemos pensar que su comportamiento es similar al del joven rico: si hago (o he hecho), ¿qué voy a recibir a cambio? Pero entre ambos hay una diferencia: orden cronológico en las frases de inicio en sus respectivos diálogos con el Maestro. Pedro se ha aventurado a seguir a Jesús sin saber muy bien a dónde. No sabe lo que ello implica, pero se lanza. Mientras que el otro está dispuesto a seguirle si las condiciones de Jesús no difieren de las suyas.
En nuestra vida siempre hay curiosidad por el mañana, un intento de planificarlo; y es lo que vemos en Pedro. La respuesta de Jesús puede ser un buen aliciente aunque incluye esa dimensión de lo no previsto que aporta vida a la vida. Aporte que no excluye los momentos difíciles y las situaciones incomprensibles para nuestros esquemas: porque “muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros."

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 01 de Marzo de 2011

SEMANA 8º DURANTE EL AÑO
Lectura del libro del Eclesiástico 35, 1-12

Observar la Leyes como presentar muchas ofrendas,
y ser fiel a los mandamientos
es ofrecer un sacrificio de comunión;
devolver un favor es hacer una oblación de harina,
y hacer limosna es ofrecer un sacrificio de alabanza.
La manera de agradar al Señor es apartarse del mal,
y apartarse de la injusticia es un sacrificio de expiación.
No te presentes ante el Señor con las manos vacías,
porque todo esto lo prescriben los mandamientos.
Cuando la ofrenda del justo engrasa el altar,
su fragancia llega a la presencia del Altísimo.
El sacrificio del justo es aceptado
y su memorial no caerá en el olvido.
Glorifica al Señor con generosidad
y no mezquines las primicias de tus manos.
Da siempre con el rostro radiante
y consagra el diezmo con alegría.
Da al Altísimo según lo que Él te dio,
y con generosidad, conforme a tus recursos,
porque el Señor sabe retribuir
y te dará siete veces más.
No pretendas sobornarlo con un don, porque no lo aceptaría,
y no te apoyes en un sacrificio injusto.
Porque el Señor es juez
y no hace distinción de personas.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 49, 5-8. 14. 23

R. ¡El Señor es el único Juez!

Al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios.
El Dios de los dioses, el Señor,
habla para convocar a la tierra
desde la salida del sol hasta el ocaso. R.

«Reúnanme a mis amigos,
a los que sellaron mi alianza con un sacrificio».
¡Que el cielo proclame su justicia,
porque el Señor es el único Juez! R.

«Escucha, pueblo mío, Yo te hablo;
Israel, voy a alegar contra ti: Yo soy el Señor, tu Dios.
No te acuso por tus sacrificios:
¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!». R.

«Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza
y cumple tus votos al Altísimo.
El que ofrece sacrificios de alabanza me honra de verdad;
y al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios». R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 28-31

Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.
Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros».

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
MARTES DE LA SEMANA VIII
De la feria. Salterio IV

1 de marzo

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: ESTÁTE, SEÑOR, CONMIGO.

Estáte, Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.

Llévame en tu compañía
donde tu vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía;
si tú vida no me das
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte
temo, Señor, tu partida,
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú das,
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

Salmo 100 - PROPÓSITO DE UN PRÍNCIPE JUSTO

Voy a cantar la bondad y la justicia,
para ti es mi música, Señor;
voy a explicar el camino perfecto:
¿Cuándo vendrás a mí?

Andaré con rectitud de corazón
dentro de mi casa;
no pondré mis ojos
en intenciones viles.

Aborrezco al que obra mal,
no se juntará conmigo;
lejos de mí el corazón torcido,
no aprobaré al malvado.

Al que en secreto difama a su prójimo
lo haré callar;
ojos engreídos, corazones arrogantes
no los soportaré.

Pongo mis ojos en los que son leales,
ellos vivirán conmigo;
el que sigue un camino perfecto,
ése me servirá.

No habitará en mi casa
quien comete fraudes;
el que dice mentiras
no durará en mi presencia.

Cada mañana haré callar
a los hombres malvados,
para excluir de la ciudad del Señor
a todos los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

Ant. 2. No nos desampares, Señor, para siempre.

Cántico: ORACIÓN DE AZARÍAS EN EL HORNO Dn 3, 26-27. 29. 34-41

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza y glorioso es tu nombre.

Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros
y todas tus obras son verdad,
y rectos tus caminos,
y justos todos tus juicios.

Hemos pecado y cometido iniquidad
apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido.
Por el honor de tu nombre,
no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza,
no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abraham, tu amigo,
por Isaac, tu siervo,
por Israel, tu consagrado,
a quienes prometiste
multiplicar su descendencia
como las estrellas del cielo,
como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito,
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados;

que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos y buscamos tu rostro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. No nos desampares, Señor, para siempre.

Ant. 3. Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

Salmo 143, 1-10 - ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

LECTURA BREVE Is 55, 1

Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar: vino y leche de balde.

RESPONSORIO BREVE

V. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.

PRECES

Dios nos otorga el gozo de poder alabarlo en este comienzo del día, reavivando con ello nuestra esperanza. Invoquémosle, pues, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dios y Padre de nuestro Salvador Jesucristo,
te damos gracias porque, por mediación de tu Hijo, nos has dado el conocimiento y la inmortalidad.

Danos, Señor, un corazón humilde
para que vivamos sujetos unos a otros en el temor de Cristo.

Infunde tu Espíritu en nosotros, tus siervos,
para que nuestro amor fraterno sea sin fingimiento.

Tú que has dispuesto que el hombre dominara el mundo con su esfuerzo,
haz que nuestro trabajo te glorifique y santifique a nuestros hermanos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Ya que Dios nos muestra siempre su amor de Padre, velando amorosamente por nosotros, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Aumenta, Señor, nuestra fe, para que esta alabanza que brota de nuestro corazón vaya siempre acompañada de frutos de vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: TÚ QUE ERES CRISTO, EL ESPLENDOR Y EL DÍA.

Tú que eres, Cristo, el esplendor y el día,
y de la noche ahuyentas las tinieblas,
Luz de Luz que a tus fieles
cual luz te manifiestas,

te pedimos, Señor, humildemente
esta noche que estés de centinela,
en ti hallemos reposo
y la paz nos concedas.

Si se entregan al sueño nuestros ojos,
en ti vigile el corazón alerta,
y rogamos tus hijos,
Señor, que nos protejas.

Defensor nuestro, míranos, rechaza
al enemigo cruel que nos acecha
y, a quienes redimiste
con tu sangre, gobierna.

A ti, Cristo, Señor del universo,
y a ti, Padre, alabanza dondequiera,
y al Amor, por los siglos
loores. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Salmo 136, 1-6 - JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Ant. 2. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Salmo 137 - HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre;

por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu izquierda contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Ant. 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA BREVE Col 3, 16

Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

RESPONSORIO BREVE

V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:

Señor, escúchanos.

Cristo, fortaleza nuestra, concede a todos tus fieles, a quienes has llamado a la luz de tu verdad,
que tengan siempre fidelidad y constancia.

Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer,
y que sus decisiones vayan encaminadas a la consecución de la paz.

Tú que con cinco panes saciaste a la multitud,
enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los hambrientos.

Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden sólo del bienestar de su nación,
sino que piensen también en los otros pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Cuando vengas en tu día a ser glorificado en los santos,
da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y la vida feliz.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús, y oremos al Padre diciendo:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Puestos en oración ante ti, Señor, imploramos tu clemencia y te pedimos que nuestras palabras concuerden siempre con los sentimientos de nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142, 1-11 - LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

LECTURA BREVE 1Pe 5,8-9

Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.


RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

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Sin cuerpo no hay rituales


Por Diana Wang*
Publicado por La Nación Revista

Cuando falta un cuerpo se rompen los rituales que inscriben esa muerte en la cadena de lo humano. Desde el comienzo mismo de la historia todas las culturas han generado rituales funerarios. En el ritual actual del velorio, los familiares y amigos hablan del que ya no está, de sus sueños y esperanzas, logros y frustraciones; reconstruyen juntos su vida, relaciones y realizaciones. El velorio brinda un espacio de relatos: el momento de la muerte y su causa, los recuerdos compartidos, los rezos y el consuelo coral tejen un entramado social de recuperación de sentido que permite la lenta acomodación a la nueva vida sin el que ya no está y su inscripción en la historia familiar y social. El ritual y el relato instituyen una nueva entidad jurídica y, con el entierro o la cremación, se establece un sitio y una fecha para su memoria.

Sin cuerpo no hay duelo ni rituales. Queda un hueco ininteligible que impide la construcción de un relato con sentido. Tampoco se instituye un lugar y una fecha. El muerto queda exiliado en un limbo siniestro, sin representación social y humana. El Holocausto, los genocidios o politicidios como nuestra pasada dictadura militar, han producido un tendal de muertos sin sepultura: los que ya no están, pero como -según aquel dictador de triste memoria- son desaparecidos y no tienen entidad, no están ni vivos ni muertos, son seres incorpóreos disueltos y esfumados entre la noche y la niebla.

Algunos familiares de desaparecidos y de víctimas del Holocausto han inventado rituales para incluir de algún modo esta ausencia en la trama familiar. En el film Kadish (Kononovich, 2009) un hombre recita la plegaria judía del momento del entierro al encontrar un documento con el nombre de su pariente asesinado en la Shoá. Placas individuales o colectivas, espacios de memoria, fotos, libros, ceremonias, son dispositivos paliativos, parches que malcierran el dolor. Aunque, sin la constatación del cuerpo, persiste la cruel incertidumbre: ¿habrá muerto? Hay padres de desaparecidos que aún hoy se sobresaltan cuando suena el teléfono esperando oír la voz del hijo cuyo cuerpo nunca pudieron enterrar.

Siempre espero conocer a mi hermano Zenus. Entregado en Polonia en 1942 a una familia cristiana con la esperanza de que sobreviviera al nazismo, mis padres lo buscaron terminada la guerra, pero nunca dieron con él. "Murió de tifus -les dijeron-. No recordamos dónde está enterrado." Sin su cuerpo, ¿cómo convencer a mis padres de su muerte? Puedo dar fe del peso y la presencia que tiene este muerto sin sepultura en mi vida, una especie de fantasma que mantiene perversamente abierta la eterna expectativa de que alguna vez podría aparecer.

* La autora es presidenta de Generaciones de la Shoá en la Argentina

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Monseñor López Marañón: ‘La Iglesia no está en las nubes, está en la tierra’


Por Fernando Andrade C.
Publicado por Adital

El 30 de noviembre de 2010, monseñor Gonzalo López Marañón, obispo de Sucumbíos, recibió una notificación del Vaticano en la que se le informaba que debía abandonar inmediatamente la ciudad a la que sirvió durante 40 años. El rechazo de la comunidad no se hizo esperar y ésta ha tenido eco en varias regiones del país y del mundo.

Su labor y vocación misionera le llevó a participar activamente en el desarrollo de la provincia y promover la organización de la comunidad. Fue un destacado defensor de los derechos humanos y de los derechos de los pueblos indios, de los afroecuatorianos, de los campesinos y de las mujeres. Su participación a favor de los campesinos fue decisiva en el caso denominado "Los once del Putumayo".

Por esta razón, la Universidad Andina Simón Bolívar como parte de su compromiso con la sociedad decidió otorgarle el reconocimiento como Profesor Honorario. En el marco de esta designación, que se realizará el 23 de febrero de 2011, Spondylus pone a disposición de sus lectores esta entrevista a monseñor López Marañón.


Usted se ordenó como sacerdote, en Burgos, en 1957 y en 1970 ya es nombrado Prefecto Apostólico de Sucumbíos. ¿Cómo asumió ese nombramiento para un país pequeño y en una provincia alejada?


¡Qué tiempos aquellos! Me dieron un susto fenomenal. Había venido yo de paso en 1969 con el Secretario de los Carmelitas de Burgos. Entonces ya había conocido el territorio y al superior provincial le dije "en la vida hay que hacer algo y esto me parece tan duro, tan terrible que sería bueno venir por aquí un tiempo de la vida para hacer algo”. Esta fue la excusa con la que el superior se basó para que al año siguiente yo viniera de prefecto apostólico.


El susto fue fantástico, pasé un mes noqueado hasta que el superior me dijo "déjate ya de historias hermano y vámonos a presentarte a Roma”. Yo tenía 37 años, pero mi aspecto era de muchacho. De forma que cuando llegué a Roma y me presenté al Cardenal de la Evangelización de los Pueblos, en los tiempos de Pablo VI, se quedó mirando y pregunto "¿dónde está el prefecto de Sucumbios?” El padre que me acompañaba dijo "este es” y el cardenal respondió ¿este muchacho es el prefecto?” Así que este muchacho se vino aquí en 1970.


Esos fueron los prolegómenos.


¿Cómo tomó ese cambio de ambiente?


Vine como tiene que venir alguien que ha hecho una profesión, que se ha comprometido y que, en un momento dado, le colocan en una batalla inesperada sin armas, sin experiencia. Pero tenía una convicción, eso sí lo tenía. Y la convicción mía era que yo voy a América y dejo España y al hacerlo, dejo mi familia, mis amigos, mi historia y dejo también aquella forma de hacer Iglesia de España.
Al llegar fue como un flash que le deslumbra a uno porque aquellos tiempos eran muy lindos en América Latina, tenían una cantidad de desafíos, se soñaba tanto, habían movimientos revolucionarios. Esto era el eco de lo que pasaba en Europa: el París del 68, la Revolución de los Claveles en Portugal, la Primavera de Praga, es decir había un ambiente de que el mundo tenía que cambiar.
La primera cosa que tuve clara era que estaba en América y yo no debería hacer lo que se hacía en España. Esa convicción para mí fue fundamental porque de inmediato había que hacer sentir a los misioneros que había un cambio de época. Y nos metimos en esa onda con mucha inconsistencia juvenil, como los chicos, sin saber lo que nos esperaba. Se hablaba entonces del Vaticano Segundo, se hablaba de Medellín recién acabado en 1968, se hablaba de teología de la liberación, se hablaba de cambios de América Latina.


¿Cómo encontró al Ecuador?


Me sentí un poquito desubicado. Tuve en los primeros tiempos la oportunidad de asistir a un Encuentro de Misiones del Alto Amazonas en Iquitos y ahí conocí, por ejemplo, a monseñor Samuel Ruíz, que murió recién y que es conocido a nivel mundial. Había otros obispos ilustres y había también obispos que habían hecho un camino quieto, un poco oriental, amazónico, en la forma de pastoral tradicional, asistencial, etc. Yo tenían en el alma el deseo de que algo se debía hacer.
Pero atención que Sucumbíos era entonces un puntito en la zona cercana al Carchi, en Puerto el Carmen había un grupo de misioneros. El resto del territorio estaba sin presencia misionera. Es cuando yo les protesto porque habían estado tranquilitos, enterraditos en una pastoral de poco relieve, pero se asustaron y una buena parte de ellos se marcharon. Me quedé casi solo, pero le metí mano a todo y ahí pasamos una especie de túnel oscuro durante largo tiempo hasta que se fueron incorporando misioneros que tenían otra mentalidad y, como los jóvenes de Europa y los jóvenes de América, aspiraban a los cambios. Entonces a mí me tocó ser el motorista de esa canoa y ver cómo manejaba a gente con la sangre tan caliente y podíamos hacer un camino de iglesia acorde a lo pasaba en América Latina y, por supuesto, en el Ecuador. No hay que olvidar que aquí en Quito funcionaba el IPLA, el Instituto de Pastoral Latinoamericana, que venía a ser el lugar donde se venía cocinando la nueva iglesia.
Pero bueno, empezamos un nuevo camino que es el que hemos llevado en 40 años, un camino de comunidades, de los laicos participando en la Iglesia, de una mirada muy especial a los pobres y de plantear una fe de seguimiento a Jesús, como él lo hizo o como entendimos que lo hizo.
Han pasado 40 años desde que usted se hizo cargo de la Iglesia en Sucumbíos. ¿Cómo ha visto el desarrollo de esa zona que ha sido siempre marginada del país?
Ha sido formidable la aventura que hemos vivido porque ahora se puede ir a Sucumbíos, la gente lo conoce. Se han hecho 40 años de publicidad no controlada. Cuando he llegado allá era todo selva, inimaginable para quienes no han vivido.
Hay elemento importantísimo que es la colonización, por sugerencia del gobierno, con la llegada de los lojanos, 25 familias que tenían la intuición que allí se abría un mundo, es decir fueron pioneros y visionarios. El gobierno qué había dicho: "ahí hay tierras baldías y el que llegue se las coja”. Era una enorme tentación y llegaron aquellos hombres y empezaron a hacer sus vidas. Lo mejor que hizo el gobierno fue encomendar al IERAC la distribución de las tierras. A cada colono se le dieron 50 hectáreas.


Los lojanos llegaban deslumbrados porque no habían tenido nunca ni media hectárea. Solo que les esperaba la lucha de cómo se hace al ambiente amazónico. La cantidad de fiebres que se generaban entonces en un ambiente primitivo. ¡Cómo se metían a caminar por aquella selva! Era muy valiente aquella gente y eso le ha dado una característica a Sucumbíos, le ha hecho luchador. El gobierno hizo eso y se acostó, de forma que se generó una colonización espontánea.
Aquí llegaron y se encontraron con una iglesia. Y la Iglesia qué hizo, ¿construyó una gran iglesia para que vengan todos? No, nosotros entendimos que teníamos que ir donde vivían ellos. No que ellos tengan que venir donde estaban los misioneros y eso ha sido una característica invalorable de aquella Iglesia. Hasta hoy los misioneros saben cualquier camino para llegar hasta la última comunidad.
Otros piensan que lo bonito es tener una gran catedral. Nosotros decimos que lo bonito y lo que todos quieren es tener una Iglesia viva y esta se hace donde la gente vive. Por lo mismo, usted haga el favor de salirse de su casa, póngase un caucho porque va a llover, cálcese esas botas y pise barro hermano. Y los misioneros hasta la fecha participan, son gente que ha pisado todos los senderos, sabe lo que es pasar los ríos nadando o como sea. No ha sido un grupo que se haya quedado cómodamente en la misión como lo hacían en aquellos tiempos. Y allá se genera la dinámica de una Iglesia nueva donde uno ve lo que les pasa, lo que les ocurre, las necesidades que tienen.
Entonces la Iglesia de El Carmen es de comunidad y vida vivida, no de cartas enviadas. Nadie creerá que había lugares que a mí me costaba cuatro días para ir y cuatro para regresar, y no en avión, como sea. Es decir empleaba ocho días de viaje para visitar un grupo.


Uno de los hechos destacables en el Oriente ecuatoriano fue la presencia de las empresas petroleras. ¿Cómo vivió esto?


Una cosa que yo quiero destacar es que en Sucumbíos se ha dado como un matrimonio entre la Iglesia y el pueblo. Eso ha sido una fusión importante, interesante. Ha sido además con todos los agravantes porque empieza la explotación petrolera y tenemos una dictadura que alcanza los diez años. En ese momento la gente no tenía palabra, no nos podíamos reunir, todo estaba controlado y es ahí cuando hacemos la Primera Asamblea de Ciudadanos del Nororiente. Para hacernos una idea de que tiempos eran aquellos, yo tuve que convocar esa reunión porque no había autoridades. El único que de alguna manera alcanzaba el territorio era el obispo.
Aquel fue el primer momento de toma conciencia de una población a la que nadie miraba porque el resto de ecuatorianos le tenían miedo al Oriente. Entonces quedamos en manos de las petroleras, en malas manos, porque el gobierno lograba hilvanar unos contratos para la explotación de recursos y las compañías por largos años nunca miraron al pueblo. Ellos decían: "nosotros hemos hecho un contrato con el gobierno de darles lo que le toca” y la gente nunca aceptó eso.
El lugar del pueblo donde está Lago Agrio está colocado junto a lo que llamábamos la Texaco y que ahora es Petroecuador. ¡Qué curioso! Tuvieron la intuición de que para forzar de alguna manera los cambios tenían que estar al lado de las compañías. El gobierno se puso muy enfadado, las compañías también. Cerraron la vía de acceso a Lago Agrio, toda casa que se construía se quemaba. Y poco a poco el pueblo fue ganando la batalla. Fue bien interesante.
Entonces empieza un diálogo interminable de mutua implicación entre Iglesia y sociedad. Y los paros que hemos hecho no han tenido fin. El último que hicimos hace diez años fue formidable porque fue la primera vez que pudimos sentar a las compañías a una deliberación, antes ellas nunca aparecían. Finalmente se dieron cuenta que no podían caminar así. Se sentaron gobierno, compañías y la Iglesia en su papel con la ciudadanía, esto es importante.


¿Y la influencia cada vez mayor de la violencia generada por el conflicto bélico colombiano?


El tema petrolero ha sido una constante negativa para la región, deja de una herencia terrible de contaminación. Todavía suena por ahí el caso Texaco, que es una pelea simbólica.
Lo de Colombia. Yo he dicho a los ecuatorianos, porque no lo sabían, que no se pongan tan estirados porque los que han colonizado Sucumbíos han sido los colombianos, en toda la línea de frontera. Pero cuando llega el momento del Plan Colombia ahí se generan unas situaciones muy particulares, una es la migración. A mí me llamaron del Ministerio de Relaciones Exteriores para plantear que la Iglesia con el ACNUR hagan algo por los refugiados. Yo les dije "nosotros vamos a ayudar a los refugiados con ustedes, sin ustedes o contra ustedes”. Se quedaron asustados. Está claro tenemos una misión de ayudar a los refugiados, de ayudar a los pobres y eso no lo discutimos porque es un imperativo del evangelio. Cuando yo dije eso el pueblo de Lago Agrio, que estaba muy en contra, empezó a suavizar y al momento tenemos una convivencia pacífica y positiva en términos generales.
El colombiano es muy creativo. Eso le viene muy bien al ecuatoriano. De manera que lo que se ve de comercios ahora en Lago Agrio tiene que ver con la inspiración colombiana porque si no se despiertan los ecuatorianos se quedan sin almuerzo. Entonces yo veo que es muy bueno que los pueblos se encuentren, se complementen. Pero esto nos ha traído una agresividad de la violencia, hay mucho problema colateral a la migración colombiana. Y luego todo este mundo de la droga que se ve que no hay nadie que lo pueda parar.


Desde la década de los 60 se evidenció la presencia de una Iglesia identificada con los sectores más necesitados, que inició en Medellín, en la Conferencia Episcopal Latinoamericana de 1968. En el Ecuador es paradigmático el caso de Monseñor Leonidas Proaño. Pero a la vez tenemos una Iglesia que defiende los principios de la tradición, de la propiedad privada; una iglesia conservadora, vinculada con sectores de derecha. ¿Cómo ve usted este panorama?


Aquí hay una cosa, la Iglesia no está en las nubes, está en la tierra. Y en la tierra hay muchas variantes políticas, sociales, etc. Es malo que la iglesia se quede pensando en sí misma. Esto no lo digo yo, lo ha dicho el Papa Benedicto XVI cuando era cardenal y que se le tenía en plan de sospecha por parte de los grupos progresistas. El problema de la Iglesia es cuando se queda mirando a sí misma. Cuando somos misioneros o queremos plantearnos la utopía de Jesús nos damos cuenta de que no es simplemente estar en el lugar sino reproducir lo que hizo Jesús.
Unos dicen este obispo es rojo, este es amarillo, este es gris, este qué será. Al final, nos van calificando de acuerdo a criterios sociológicos predominantes, pero un cristiano al final se mide por Jesús. Usted me puede preguntar cómo se siente después de toda esta aventura. Me siento muy bien porque tuve 40 años para trabajar en un lugar que es parte de mí. Otros dirán qué maldición y qué desgracia. Yo he tenido la oportunidad de ver nacer una sociedad y una Iglesia desde los pobres. Un seguidor de Jesús, empieza con Jesús y termina con él, y va a donde vaya él. Nosotros tenemos un dicho en la palabra de Dios que dice "Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre” y yo he estado mirando a Jesús en el latido de la Iglesia de Latinoamérica. Y eso es lo que me ha mantenido vivo y con temple.
Dadas las condiciones políticas actuales en el continente, su salida de Sucumbíos parece evidenciar una clara división de la Iglesia entre esos dos modelos de Iglesia y una provocación.
Esa es una realidad en este momento. Yo salí el día 30 y ahora me encuentro en el Carmelo del Inca (en Quito). Yo soy Camelita y se me pidió un servicio que cumplí durante 40 años. Ahora estoy aquí, mi tiempo en Sucumbíos se acabó. Pensaron quienes montaron semejante bochinche que yo me iba y que venía otro más, y no ha pasado nada. Eso pasa en las diócesis en general: viene un obispo y después otro y después otro y no pasa nada. Pero ahí han pasado las cosas que han pasado porque hay una iglesia que no es de arriba. Allí se quedó la Iglesia del pequeño pueblo de Dios, de la gente humilde y la masa aguantadora.
Más allá de lo que haya podido pasar, yo cumplí los 75 años y cuando uno cumple esa edad debe presentar la renuncia al Papa. Después de los 75 me dieron otros dos. Entonces yo cumplí el trámite normal, ahí no hay nada qué decir. Cuando se pone la cosa muy mal es cuando me dan cuatro días y medio, en vez de los seis meses que les dan a otros obispos. Eso implica que tuvieron intenciones particulares. Si a eso se le añade que se me dice desde Roma que salga inmediatamente y que me vaya si es posible a mi país de origen. Eso nadie lo ha podido entender.
Los que creyeron que yéndome se acababa aquello deben estar sorprendidísimos. La iglesia si nace en buenas raíces está bien asentada y está mantenida por gente que no tiene intereses como son los pobres. Dios dirá lo que puede hacer.

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Acabar el día

Al apagar la última luz de la casa, antes de acostarse, es bueno recorrer mentalmente el día terminado. Un día más en la vida y seguramente un día similar a los demás.
Casi siempre la jornada suele transcurrir entre luces y sombras, aciertos y desaciertos, palabras pronunciadas, silencios mantenidos, encuentros deseados, experiencias que quizás no han llenado nuestras expectativas, pero con sus limitaciones este ha sido el día vivido, el día lleno de posibilidades y que habremos aprovechado o no para hacer el bien y evitar el mal.
Para mañana nos queda continuar con lo bueno y procurar reparar los males, la experiencia de hoy debería ayudarnos a que ese mañana ya cercano fuera realmente mejor. El compromiso de cada uno con su propia vida es una invitación a ser hoy mejor que ayer.
Difícilmente alcanzaremos las metas propuestas, esta realidad no debe desanimarnos, al contrario, es bueno proponerse unas metas que pretendan mejorar nuestro día a día y cada día descubrir que no lo hemos alcanzado, así constatamos que el camino no ha terminado, mañana Dios nos ofrecerá una posibilidad nueva para ser mejores.
Acabar el día, apagar la última luz es ya una preparación para ese día de mañana que confiamos será mejor que el hoy terminado. Apagar la luz nos acerca ya a volver a encenderla para con la ayuda de Dios vivir otro amanecer y otra jornada más llena de su presencia, más llena de su Amor.

Texto: Hna. Carmen Solé.
Publicado por Mi Vocación

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Paro juvenil (I)


A niveles históricos. Así lo dice la Organización Internacional del Trabajo. Nunca se había conocido una situación parecida. Más de 80 millones de jóvenes están actualmente desempleados, y con no muy buenas perspectivas para el futuro. En España, más del cuarenta por ciento de ellos están en paro.

Que la situación, desde el punto de vista laboral, social y económico sea grave, no hace falta esforzarse mucho para comprenderlo. Pero a ello hay que añadir el estado personal del joven sin trabajo, las frustraciones de todo tipo que ello supone, las presiones familiares, la falta de recursos para organizar libremente su vida, formar una familia y vivir con algo de dignidad…

Junto a esta lacra del desempleo, hay otras también metidas en la persona, del joven, que no sé si también son efecto de esa penuria laboral. Tienen sus espacios, sus noches y movidas, sus galas y sus happening, pero en la vida cultural, política, social y religiosa tienen poca presencia. Están en la sociedad casi, y nada más, que como visitantes ocasionales. Para una campaña de esto o de lo otro, para un encuentro particular y para un programa de voluntariado, pero que dure poco tiempo.

¿Se han automarginado los jóvenes? ¿No les gusta esa sociedad o la sociedad se encuentra a disgusto con ellos? ¿Prefieren sus noches y sus movidas, porque son suyas? ¿Huyen porque no pueden competir? ¿En esta comedia de la vida no aceptan ser comparsa porque se creen los únicos protagonistas? ¿No aceptan el tener que ser minutantes antes que llegar a jefes de despacho? ¿Se creen ser libres y no son conscientes de que están siendo llevados y traídos, no precisamente por gente joven?

Las generalizaciones son tan equivocadas como injustas. Pero ahí están esos millones de jóvenes parados. Algo tendrá que decir y hacer la sociedad ante un asunto tan importante, del presente y de cara al futuro. Se ha adueñado de muchos jóvenes el triste convencimiento de que, antes de trabajar, ya perteneces a una clase pasiva, necesitada de ayudas sociales.

De los 620 millones de jóvenes económicamente activos, más de 80 millones están en paro. Algo más que preocupante y escandaloso. Pero conformarse simplemente con recoger estos alarmantes números tampoco resuelve nada. Habría que buscar las causas y las responsabilidades, asumiendo cada uno la carga que le pertenece.

El joven no puede esperar, sin más, que le llegue un empleo; tiene que buscarlo, prepararse dura y conscientemente para desempeñar el oficio con la competencia necesaria y las obligaciones y responsabilidades que lleva consigo.

Decía el papa Benedicto XVI hace unas semanas que se necesita una verdadera “escuela de formación y crecimiento social, cultural, moral y espiritual (…). Éste es el camino que se ha de recorrer con sabiduría para construir un tejido social sólido y solidario, y preparar a los jóvenes para que, con un espíritu de comprensión y de paz, asuman su propia responsabilidad en la vida, en una sociedad libre” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1-1-2011).

Carlos Amigo Vallejo

Artículo publicado en la revista Vida Nueva nª 2742.

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El mayor osbtáculo

Cuenta el poeta persa Farid al-Din Attarque hace muchos años, en una pequeña aldea, vivía un joven muy curioso que tenía muchas ganas de aprender. Su búsqueda le llevó ante un sabio muy respetado que vivía en la montaña, y en cuanto le tuvo delante, le preguntó:
- "Maestro, ¿cuál es el mayor obstáculo que un hombre tiene que vencer para avanzar en su camino hacia la libertad y la sabiduría?"
El sabio, impasible, le respondió:
- "Él mismo. Su falsa concepción de identidad es el obstáculo más difícil de salvar". Cuando el joven le preguntó cómo había llegado a esa conclusión, el sabio anciano contestó:
"Un día, paseando por el bosque, vi a un perro que se moría de sed estando en la misma orilla del río. Me detuve a observar, y descubrí que el animal veía en el agua su propio reflejo y lo tomaba por otro perro. Ladraba y luego escapaba sin haber bebido, temeroso ante la imagen de ese otro perro que le estaba mostrando sus afilados colmillos. Así estuvo durante varias horas. Al final, sin embargo, la sed le hizo perder toda la prudencia y se lanzó al agua. En ese mismo instante, el otro perro, que era su obstáculo, desapareció".

Leído en Ciudad Redonda

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HIJAS DE LA CARIDAD: “REZAMOS POR LOS NIÑOS QUE DEJAMOS EN TRÍPOLI”

Publicado por Mas de Cerca

(Levante.-) Evacuadas. Dos monjas misioneras de Xàtiva y Bétera llegaron ayer a Valencia tras escapar de Trípoli por la inseguridad en que está sumida Libia. Estas Hijas de la Caridad atendían un centro de ayuda a los inmigrantes subsaharianos y apoyaban a los presos de la capital. Lamentan haber dejado a los suyos y sólo piensan en poder volver pronto. Lo cuenta Paco Cerdá en Levante.

Cuando alguien logra escapar de un país ajeno subyugado por un dictador paranoico y deja atrás una ciudad fantasmal en plena revuelta violenta entre mercenarios, soldados fieles al régimen y rebeldes belicosos, es normal que llore. De alegría, de alivio o por la tensión acumulada. Pero las lágrimas que humedecen los ojos y resbalan por las mejillas de Inmaculada Martí (malagueña criada en Xàtiva) e Inmaculada Moya (de Bétera), monjas misioneras de las Hijas de la Caridad, proceden de un manantial amargo.

Ayer a mediodía llegaron a Valencia tras escapar precipitadamente de Trípoli en el… avión fletado el miércoles por Repsol para evacuar al personal de la petrolera. Lo decidieron a última hora del martes, después de haberse pasado el día visitando en Trípoli a la congoleña Ani y sus siete hijos, a la eritrea Letebriel y sus cuatro mochuelos, y a la también eritrea Askalu y su bebé. Les llevaban -como siempre- comida, algo de dinero y pañales.

Ésa es su misión en Libia: ayudar a los inmigrantes africanos que se agolpan en este país magrebí con el sueño de alcanzar Europa. Cada viernes, desde la Iglesia Católica de San Francesco de Trípoli, las hermanas atienden a unos 120 subsaharianos. Les reparten bolsas de comida y les ayudan en las gestiones hospitalarias o burocráticas con la embajada. También visitan siete cárceles de Trípoli y sus aledaños para echar una mano a los presos, y hacen posible que 71 niños extranjeros puedan estudiar en escuelas privadas de Trípoli, ya que la educación pública no los admite. Ahora, todo eso, que es su vida (Moya lleva casi 11 años en Libia, y Martí suma un año y medio intenso), queda a 1.400 kilómetros de sus manos. Y por eso no pueden contener las lágrimas.

“Esto -explica la hermana Martí- es como un duelo, porque hemos dejado en Trípoli a mucha gente que no nos tiene más que a nosotras”. “Nos ha costado decidir si volvíamos o no -añade Inmaculada Moya- y ahora estamos sufriendo mucho por la gente que hemos dejado allí. Por ejemplo, rezamos por que no echen a los niños que hemos dejado en las casas, y estamos pensando en los presos que han soltado de las cárceles para usarlos como mercenarios”, cuenta con preocupación.
Ellas han conseguido mantenerse al margen de las situaciones más peligrosas. Desde que empezaron las manifestaciones a mitad de la semana pasada, han procurado acatar las órdenes de la embajada española en Trípoli y han salido lo menos posible de su casa, situado en el humilde barrio del Bedri, a unos 8 kilómetros del centro de la capital libia. Ahora bien: el lunes, un chófer se negó a recoger a una monja filipina de su misma congregación en el hospital donde prestaba ayuda y las dos Inmaculadas tuvieron que coger el coche y marcharse a por su compañera. “Entonces fue cuando vimos los coches destrozados, los contenedores quemados, los letreros de los comercios en el suelo, los carteles del Jefe habían desaparecido. Y eso no ocurre nunca en Trípoli”.

Excepto en un par de ocasiones en toda la conversación, ninguna de las dos religiosas valencianas pronuncia el nombre de Muamar el Gadafi. Se refieren al dictador libio como “Él”, sobre todo, o como “el Jefe”. El hecho se le hace notar a Inmaculada Moya, que responde que en Libia, como medida de seguridad, ellas nunca pronuncian el nombre de Gadafi. “Para no crearnos problemas, cuando hablamos entre nosotras o por teléfono, siempre nos referimos a él como ‘Manolo’”. Risas aparte, es un buen termómetro del clima político de un país que lucha por seguir la estela de Túnez y Marruecos.

Inmaculada Moya lo cuenta mientras su hermana Inmaculada Martí saca el ordenador portátil de las maletas -aún no deshechas- para mostrar unas fotos de Libia tomadas recientemente. Habla como si nada (bueno, con orgullo) de una mujer que posa con un hijo fruto de una violación, o de chicas que viven en la pobreza cargados de niños y sin marido. Así se han acostumbrado a vivir.

Ahora sólo piden dos cosas. Primero, que la revuelta sea lo menos cruenta posible. Y segundo, que acabe pronto. “En cuanto veamos que la situación se arregla, volveremos a Trípoli”, sostiene una de las dos mientras la otra asiente. Ya está más que hablado. De hecho, sólo hace falta mirarles el reloj de pulsera, que aún marca la hora libia.

Pero no sólo es el reloj. A ambas les queda la espina de no haberse despedido de su gente. “Sabemos que mucho más no podemos hacer por ellos, porque tal como se estaban poniendo las cosas, nosotras estaríamos encerradas en nuestra casa y ellos en la suya. La sensatez te hace pensar que es mejor marcharse y volver a ayudar cuando mejore la situación. Y seguro que ellos lo comprenderían. Pero no nos pudimos despedir. Porque tener que decirles ‘nos vamos, nosotras que podemos’É pues no. Porque ahí se mezcla el sentimiento de culpabilidad: ellos se han quedado allí y nosotros nos hemos marchado”, masculla Inmaculada Martí.

Mientras las dos religiosas valencianas -que han arriesgado y seguirán arriesgando su vida en Libia- hablan casi con vergüenza de ese sentimiento de culpabilidad, y su hermana Juana, de Mallorca, está en el piso de arriba llorando y sin fuerzas para hablar con el periodista, Europa seguía ayer preocupada por la posible avalancha de inmigrantes libios y los efectos sobre el precio del barril de Brent.

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domingo, 27 de febrero de 2011

LA “PELIGROSA” SEGURIDAD DE LA FE RELIGIOSA



Cada día veo más clara la enorme importancia que tiene la tesis, que tan vigorosamente defendió el concilio Vaticano I (año 1870), sobre la “libertad de la fe”, contra las teorías de Georg Hermes.

El concilio afirma que, mediante el acto de fe, “el hombre presta obediencia libre a Dios, ya que asiente y colabora con su gracia, a la que podría resistir” (DH 3010).

La fe cristiana es, por tanto, un acto libre. De forma que, de no serlo, dejaría de ser un acto religioso.

La fe no puede ser nunca el resultado de una evidencia que se nos impone, sino que es una convicción que se acepta y se asume libremente.

Además, si todo esto se piensa detenidamente, pronto se da uno cuenta de que la fe en Dios no puede ser de otra manera, ni puede tener otra estructura. Porque, si hablamos de Dios, estamos hablando, desde nuestra “inmanencia”, de algo que se sitúa en el ámbito de la “trascendencia”. Pero la “trascendencia”, por definición, es aquello que nos trasciende, es decir, que está más allá del límite último al que nosotros (desde nuestra inmanencia) podemos llegar con nuestro conocimiento.

Por tanto, nosotros no podemos conocer a Dios en sí. Sólo podemos conocer de Dios las “representaciones” que de él nos hacen las religiones.

Desde la “inmanencia”, todo lo que sabemos, pensamos o decimos, es necesariamente e inevitablemente “inmanente”. También la Biblia y todos los libros sagrados pertenecen al ámbito de la “inmanencia”.

Resignémonos a que es así. Y siempre tiene que ser así. Dejemos, pues, a Dios ser Dios. Y no hagamos de él un “objeto” mental que nos da seguridad o que nos libra de no sé qué sentimientos de miedo o de culpa.

Hay gente que habla de Dios como si hubiera estado desayunando con Él esta mañana. No, por favor. Aceptemos que Dios es Dios, o sea que no es un “otro” al que nosotros le hemos puesto todas las cualidades que nosotros apetecemos (poder, saber, bondad…). No. Eso no es Dios.

Por lo demás, no es lo mismo certeza que seguridad. Yo tengo certeza en mis convicciones más firmes. Pero, sobre esas convicciones, no puedo tener la certeza que me da una ecuación matemática pura. Yo estoy convencido de que mi madre me quiso mucho. Pero sobre esa convicción no tengo la seguridad que tengo cuando digo que dos y dos son cuatro.

Es lamentable que muchas personas, por ignorancia de los principios más básicos de la hermenéutica, se aferren a una seguridad que les hace daño a ellos. Y desde la que pueden hacer daño a otros.

Todo acceso a la realidad es, por eso mismo, una interpretación de la realidad. Y mucho más cuando hablamos de una realidad que nos trasciende. Nunca insistiremos bastante en la relación inevitable que existe entre “conocimiento” e “interés”, como ya explicó con enorme profundidad J. Habermas, hace más de cuarenta años.

Los “intereses rectores de conocimiento” funcionan en todos nosotros sin que nosotros seamos conscientes de ello. El que piensa que él ve la realidad “tal cual es” y que, por tanto, las cosas son “como él las ve”, lo que en realidad está pensando es que todo el que no ve las cosas como él las ve, está equivocado.

Una persona que piensa así y se aferra a semejante seguridad, aunque no se dé cuenta de lo que le pasa, es una persona que se ve superior a los demás.

Y que, por tanto, piensa que los demás tienen que aprender de él, en tanto que él está llamado a enseñar. Y no tiene por qué modificar sus criterios, sus puntos de vista, sus propias seguridades.

De una postura así, al fundamentalismo o incluso al fanatismo, hay sólo un paso. Por esto exactamente, creo yo, son tan peligrosas ciertas posturas religiosas.

Para terminar, que nadie piense que yo me siento seguro en todo lo que pienso, en lo que creo, en lo que vivo o en lo que decido. Tengo mis convicciones firmes y fuertes.

Y conste que una de esas convicciones es que constantemente debo luchar para saber armonizar, en mí, mis propias convicciones y mis propias certezas con las convicciones y las certezas de los demás. Sólo así - creo yo - se puede ser verdaderamente humano y siempre buena persona, por encima de todo lo demás.

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Teólogo: un ser casi imposible


Leonardo Boff
Publicado en Atrio

A mucha gente le extraña que siendo teólogo y filósofo de formación me meta en asuntos ajenos a estas disciplinas como la ecología, la política, el calentamiento global y otros.

Yo siempre respondo: hago teología pura, pero me ocupo también de otros temas justamente porque soy teólogo. La tarea del teólogo, ya lo enseñaba el mayor de todos, Tomás de Aquino, en la primera cuestión de la Summa Teológica es estudiar a Dios y su revelación, y después todas las demás cosas «a la luz de Dios» (sub ratione Dei), pues Él es el principio y el fin de todo.

Por lo tanto, corresponde a la teología ocuparse también de otras cosas que no son Dios, pero haciéndolo «a la luz de Dios». Hablar de Dios y también de las cosas es una tarea casi irrealizable. La primera: ¿Cómo hablar de Dios si Él no cabe en ningún diccionario? La segunda: ¿cómo reflexionar sobre todas las demás cosas, si los saberes sobre ellas son tantos que nadie individualmente puede dominarlos? Lógicamente, no se trata de hablar de economía como un economista o de política como un político, sino de hablar de tales materias en la perspectiva de Dios, lo que presupone conocer previamente esas realidades de forma crítica y no ingenua, respetando su autonomía y acogiendo sus resultados más seguros. Solamente después de esta ardua labor, puede el teólogo preguntarse: ¿Cómo quedan esas realidades cuando son confrontadas con Dios? ¿Cómo encajan en una visión más trascendente de la vida y de la historia?

Hacer teología no es una tarea como cualquier otra, como ir al cine o al teatro. Es una cosa serísima pues se trabaja con la categoría «Dios», que no es un objeto tangible como todos los demás. Por eso no tiene ningún sentido la búsqueda de la partícula «Dios» en los confines de la materia o en el interior del «Campo Higgs». Eso supondría que Dios sería parte del mundo. De ese Dios soy ateo. Sería un pedazo del mundo y no Dios. Hago mías las palabras de un sutil teólogo franciscano, Duns Scotus (+1308) que escribió: «Si Dios existe como las cosas existen, entonces Dios no existe».

Es decir, Dios no es del orden de las cosas que pueden ser encontradas y descritas. Él es la Precondición y el Soporte para que esas cosas existan. Sin Él las cosas habrían quedado en la nada o volverían a la nada. Esta es la naturaleza de Dios: no ser cosa sino el Origen de las cosas.

Aplico a Dios como Origen lo que los orientales aplican a la fuerza que les permite pensar: «la fuerza por la cual el pensamiento piensa, no puede ser pensada». El Origen de las cosas, no puede ser cosa.

Como se deduce, es muy complicado hacer teología. Henri Lacordaire (+1861), el gran orador francés, dijo con razón: «El doctor católico es un hombre casi imposible pues tiene que conocer todo el depósito de la fe y los hechos del papado y también lo que san Pablo llama los Elementos del mundo, es decir, todo todo». Recordemos lo que afirmó René Descartes (+1650) en el Discurso del Método, base del saber moderno: «si yo quisiera hacer teología, tendría ser más que un hombre». Y Erasmo de Roterdam (+1536), el gran sabio de los tiempos de la Reforma, observaba: «existe algo de sobrehumano en la profesión de teólogo». No nos admira que Martin Heidegger haya dicho que una filosofía que no se ha enfrentado a las preguntas de la teología, no ha llegado plenamente a sí misma. Digo esto no como automagnificación de la teología sino como confesión de que su tarea es casi impracticable, cosa que siento día a día.

Lógicamente, hay una teología que no merece este nombre porque es perezosa y renuncia a pensar en Dios. Solamente piensa lo que los otros han pensado o lo que han dicho los papas.

Mi sentimiento del mundo me dice que hoy la teología en cuanto teología tiene que proclamar a gritos: tenemos que conservar la naturaleza y entrar en armonía con el universo, porque son el gran libro que Dio nos ha entregado. Ahí se encuentra lo que Dios nos quiere decir. Porque dejamos de leer este libro, nos dio otro, las Escrituras, cristianas y de otros pueblos, para que reaprendiésemos a leer el libro de la naturaleza. Hoy está siendo devastada. Y con ella destruimos nuestro acceso a la revelación de Dios. Tenemos pues que hablar de la naturaleza y del mundo a la luz de Dios y de la razón. Sin la naturaleza y el mundo preservados, los libros sagrados perderían su significado que es reenseñarnos a leer la naturaleza y el mundo. El discurso teológico tiene, pues, su lugar junto con los demás discursos.

Leonardo y Clodovis Boff han escrito Cómo hacer Teología de la Liberación, Vozes 2010, publicado en español por Sal Terrae.

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¿Preparados o domesticados?

Por Enrique Pinti
Publicado por La Nación Revista

He oído decir durante toda mi vida a mucha gente esta frase: "No estoy preparado para ésto". El ésto podía ser la democracia, un hijo, una pérdida económica o afectiva y la desaparición física de algún ser querido. Y a pesar de todo, la vida, en su constante fluir, nos hace superar lo que parece insuperable.

"Se hace camino al andar", dijo el poeta, y pocas verdades son tan contundentes. Todo parece imposible hasta que se concreta y uno, con menor o mayor éxito, debe enfrentarlo. ¿De dónde sale la fuerza? Nunca se sabe. Gente fuerte y dura se derrumba ante golpes que personas aparentemente débiles afrontan con entereza inaudita.

Somos una caja de sorpresas los humanos, y nuestro instinto de supervivencia es tan grande que sacamos fuerza de nuestra debilidad y nos sobreponemos a los golpes de la vida.

En catástrofes, guerras y otras calamidades nos brota, vaya a saber desde qué recóndito lugar de nuestro espíritu, una potencia que en condiciones normales no saldría nunca a relucir.

Como animales de costumbres que somos nos adaptamos a lo aparentemente inadaptable. Claro que todo tiene un límite y cuando vemos al pueblo de Haití explotar en gritos de rebeldía ante el cruel destino de catástrofes naturales y pésimos gobiernos nada naturales, comprendemos a esa muchedumbre y a sus violentos reclamos. La tradicional mansedumbre de esos seres castigados por siglos de injusticia se transforma en violencia y desesperación, que son la otra cara del mismo instinto de conservación que durante años se ha traducido en la pacífica inercia del fatalismo y ahora estalla en clamor como último intento de sobrevivir.

Por eso uno se pregunta: ¿hasta cuándo se puede aguantar el maltrato o, peor aún, el destrato? ¿Es mejor gritar a tiempo que tener que recurrir a la violencia a veces asesina? Y las respuestas no son claras.

Muchas cosas se consiguen con la paciencia y muchas otras por la fuerza. Es el eterno tira y afloje entre el débil y el poderoso, entre la indiferencia del que manda y la ignorancia del que debe obedecer. Cuando uno ve cuadros de miseria horrorosa donde la condición humana es llevada a niveles bajísimos, no puede menos que pensar y preguntarse cómo se llega a esos límites, cómo se instalan en las sociedades esas situaciones de subdesarrollo no sólo material, sino -y principalmente- moral, y por qué son aceptadas como naturales

la falta de educación, el hambre, la desocupación, para luego con arbitrariedad juzgar a los que en ese contexto de miserabilidad erran el camino y optan por el crimen para sobrevivir con las mismas pautas que se aplican a los que delinquen con premeditación y alevosía, habiendo tenido formación suficiente como para poder ser honestos. Y uno llega a conclusiones espantosas con justificaciones inadmisibles resumidas en expresiones como y, así es la vida, era el destino, es lo que hay y demás lugares comunes.

Nadie está preparado para nada, todo es sorpresivo, caprichoso e insólito. Todo está en orden, calmo y sereno, y de pronto, a la vuelta de la esquina, está el punto de inflexión, el accidente, el cambio, la curva peligrosa y nuestro mundo se derrumba. Y uno tiene que seguir. Debe ser por eso que los verdaderamente sabios disfrutan de lo poco o mucho que tienen, valoran sus afectos, se abrazan a sus ideales de vida, expresan su amor y gozan de un atardecer, una brisa cálida, una caricia o alguna cabriola de ese perro que pasa o de la risa espontánea de algún bebé que desde su cochecito mira al mundo como un espectáculo nuevo que no presenta más que promisorias sensaciones. Ellos no están preparados para lo que vendrá, pero ya comprenden que mientras alguien los quiera no correrán peligro.

Para lo único que nadie debería estar preparado es para la aceptación de la injusticia como norma de vida. Reclamar es existir; acostumbrarse a la falta de respeto es una mala manera de ir muriendo.

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La justicia de Dios


Publicado por Pastoral SJ

¿Cuántas personas se han sentido desvalidas, y quizás un poco abandonadas por Dios? ¿Cuántas veces, en el nombre de Dios, unos hombres han pisoteado a otros? ¿Cuántas leyes humanas han querido legitimarse desde Su Santa voluntad?

Y cuántas veces, bajo el paraguas de una justicia injusta, se hiere al hombre y se niega al Evangelio. Así que aquí estamos, nosotros, preguntándonos, una vez más, Señor, qué es justo y qué no lo es; qué quieres para este mundo, y para sus gentes; cómo debemos vivir, y qué importancia tiene vivir de una forma u otra… Y posiblemente todo cambiará el día que comprendamos cuál es tu justicia.

1. La Misericordia

“Misericordia quiero, y no sacrificios” (Mt 9,13)

Esa es una buena propuesta. La capacidad de intentar comprender cada vida en su complejidad. La intención honesta de buscar lo mejor para cada ser humano. La determinación firme de tratar de ayudar a las personas. La ilusión por ir haciendo del mundo –cerca y lejos- un hogar donde a nadie le falte un trozo de pan, un verso, unas manos amigas y sueños que soñar.

Esa es tu justicia. La que busca formas para que cada quién encuentre su camino. Para que cada persona descubra el tesoro escondido que hace ricos a quienes lo encuentran. Para que cada historia, en la que se entretejen aciertos y errores, rupturas y reconciliaciones, amor y desamor, perdón y dicha, hambre y saciedad, sea una historia digna.

-------> Pienso en alguien con quien tengo problemas, o con quien me llevo mal. ¿Puedo, quizás, intentar entender, respetar, y hasta bendecir –decir bien- a esa persona?


Oración a la justicia

Señora de ojos vendados
que estás en los tribunales
sin ver a los abogados,
baja de tus pedestales.
Quítate la venda y mira
cuánta mentira.

Actualiza la balanza
y arremete con la espada,
que sin tus buenos oficios
no somos nada.

Lávanos de sangre y tinta,
resucita al inocente
y haz que los muertos entierren
el expediente.

Espanta a las aves negras,
aniquila a los gusanos
y que a tus plantas los hombres
se den la mano.

Ilumina al juez dormido,
apacigua toda guerra
y hazte reina para siempre
de nuestra tierra.

Señora de ojos vendados,
con la espada y la balanza
a los justos humillados
no les robes la esperanza.
Dales la razón y llora
porque ya es hora.

María Elena Walsh


2. Tapemos las grietas

“Abrir las prisiones injustas, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo...”

Es verdad que a menudo no es fácil. Que hay historias en las que pesa el odio, el dolor, la violencia. Es verdad que a menudo el egoísmo campa a sus anchas por la tierra, y deja detrás vidas rotas. Es verdad que a menudo se echa en falta un poco más de ternura en el mundo. Y que en bastantes circunstancias no estamos muy seguros de si la última palabra la tendrá la vida o la muerte.

Pero en nuestra mano está sembrar, construir, vendar, ayudar a sanar... Porque la justicia de Dios nos necesita a nosotros para echar raíz en esta tierra. Esa es una misión increíble.

------> ¿Dónde, y cómo, trabajo para construir un mundo como el que Dios sueña?


Tristes guerras

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.

Miguel Hernández


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