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viernes, 30 de septiembre de 2011

Evangelio Misionero del Día: 01 de Octubre de 2011 - XXVI Semana del T.O - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 17-24

Al volver los setenta y dos de su misión, dijeron a Jesús llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».
Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes, las has revelado a los pequeños. SI, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!»

Compartiendo la Palabra
Por Fernando Torres Pérez, cmf

Hay una corriente extendida por el mundo cristiano, a veces especialmente entre los jóvenes de los grupos de parroquias y colegios, en la que parece que ser cristiano es algo muy difícil, que uno siempre tiene que estar en contra de la marea y de las tendencias más generalizadas en la sociedad. Es decir, de alguna forma parece que ser cristianos hoy, vivir como cristiano en nuestra sociedad es algo así como una suerte de martirio continuo, alargado en el tiempo. Vivir así la fe genera inevitablemente una cierta tensión, estrés. No se puede estar permanentemente en contra. Y la persona que vive sometida a una situación de ese tipo es muy difícil que viva contenta y feliz.
El Evangelio de hoy nos habla de los setenta y dos discípulos a los que Jesús había enviado a predicar la buena nueva del reino por delante de él. Han ido a los lugares donde les había mandado. Ahora vuelven a encontrarse con Jesús. Y vuelven “muy contentos”. La misión en este caso al menos no parece haber generado tristeza, agotamiento, depresión, sino exactamente lo contrario. Los discípulos se sienten felices, contentos. Dicen que “hasta los demonios se someten en tu nombre.” Jesús lo confirma cuando dice que “veía a Satanás caer del cielo como un rayo.”
Jesús también se siente alegre y contento. Le sale del corazón dar gracias a su Abbá, porque ha revelado la buena nueva del Evangelio del reino a los humildes y sencillos. Termina volviéndose a los discípulos y declarándolos “bienaventurados”.
Es un Evangelio para pensar un poco que los cristianos no podemos vivir en tristeza ni cabizbajos. Es posible que en la sociedad haya muchos que no piensen como nosotros. ¿Y qué? También son hijos e hijas de Dios. También son hermanos nuestros. Es posible que tengamos algún día triste y difícil. Pero el tesoro del reino, el mensaje del amor y la misericordia de Dios está con nosotros. Por eso estamos contentos y alegres.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Lecturas y Liturgia de las Horas: 01 de Octubre de 2011

Semana XXVI DURANTE EL AÑO

Lectura del libro de Baruc 4, 5-12. 27-29

¡Ánimo, pueblo mío,
memorial viviente de Israel!
Ustedes fueron vendidos a las naciones,
pero no para ser aniquilados;
es por haber excitado la ira de Dios,
que fueron entregados a sus enemigos.
Ustedes irritaron a su Creador,
ofreciendo sacrificios a los demonios y no a Dios;
olvidaron al Dios, eterno, el que los sustenta,
y entristecieron a Jerusalén, la que los crió.
Porque ella, al ver que la ira del Señor
se desencadenaba contra ustedes, exclamó:
«Escuchen, ciudades vecinas de Sión:
Dios me ha enviado un gran dolor.
Yo he visto el cautiverio
que el Eterno infligió a mis hijos y a mis hijas.
Yo los había criado gozosamente
y los dejé partir con lágrimas y dolor.
Que nadie se alegre al verme viuda
y abandonada por muchos.
Estoy desolada por los pecados de mis hijos,
porque se desviaron de la Ley de Dios».
¡Ánimo, hijos, clamen a Dios,
porque Aquél que los castigó se acordará de ustedes!
Ya que el único pensamiento de ustedes
ha sido apartarse de Dios,
una vez convertidos,
búsquenlo con un empeño diez veces mayor.
Porque el que atrajo sobre ustedes estos males
les traerá, junto con su salvación, la eterna alegría.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 68, 33-37

R. El Señor escucha a los pobres.

Que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos. R.

Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,
y todos los seres que se mueven en ellos. R.

El Señor salvará a Sión
y volverá a edificar las ciudades de Judá:
el linaje de sus servidores la tendrá como herencia,
y los que aman su nombre morarán en ella. R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 17-24

Al volver los setenta y dos de su misión, dijeron a Jesús llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».
Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes, las has revelado a los pequeños. SI, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!»

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
SÁBADO DE LA SEMANA XXVI
Del Común de vírgenes. Salterio II. I Vísperas del Domingo XXVII

1 de octubre

SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS. (MEMORIA)

Nació en Alençon (Francia), el año 1873. Siendo aún muy joven, ingresó en el monasterio de carmelitas de Lisieux, ejercitándose sobre todo en la humildad, la sencillez evangélica y la confianza en Dios, virtudes que se esforzó en inculcar, de palabra y de obra, en las novicias. Murió el día 30 de septiembre del año 1897, ofreciendo su vida por la salvación de las almas y por el incremento de la Iglesia.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Cordero, al Esposo acompañado por el cortejo de vírgenes.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: NOS APREMIA EL AMOR, VÍRGENES SANTAS.

Nos apremia el amor, vírgenes santas,
vosotras, que seguisteis su camino,
guiadnos por las sendas de las almas
que hicieron de su amor amar divino.

Esperasteis en vela a vuestro Esposo
en la noche fugaz de vuestra vida,
cuando llamó a la puerta, vuestro gozo
fue contemplar su gloria sin medida.

Vuestra fe y vuestro amor, un fuego ardiente
que mantuvo la llama en la tardanza,
vuestra antorcha encendida ansiosamente
ha colmado de luz vuestra esperanza.

Pues gozáis ya las nupcias que el Cordero
con la Iglesia de Dios ha celebrado,
no dejéis que se apague nuestro fuego
en la pereza y el sueño del pecado.

Demos gracias a Dios y, humildemente,
pidamos al Señor que su llamada
nos encuentre en vigilia permanente,
despiertos en la fe y en veste blanca. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

Salmo 91 - ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA DIRIGE LA VIDA DE LOS HOMBRES.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera
y se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

Ant. 2. Dad gloria a nuestro Dios.

Cántico: BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO Dt 32, 1-12

Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destile como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como sereno sobre el césped;
voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.

Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿no es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre y te lo contará,
a tus ancianos y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad,
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue la parte de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo
no hubo dioses extraños con él.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dad gloria a nuestro Dios.

Ant. 3. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

Salmo 8 - MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE.

Señor, dueño nuestro,
¡que admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él;
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las aguas.

Señor, dueño nuestro,
¡que admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

LECTURA BREVE Ct 8, 7

Las aguas torrenciales no podrían apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable.

RESPONSORIO BREVE

V. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro.
R. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro.

V. Tu rostro buscaré, Señor.
R. Buscad mi rostro.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo os aseguro que, si no volvéis a haceros como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Yo os aseguro que, si no volvéis a haceros como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, esposo y corona de las vírgenes, y supliquémosle, diciendo:

Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Señor Jesucristo, a quien las vírgenes amaron como a su único esposo,
concédenos que nada nos aparte de tu amor.

Tú que coronaste a María como reina de las vírgenes,
por su intercesión concédenos recibirte siempre con pureza de corazón.

Por intercesión de las santas vírgenes que te sirvieron siempre con fidelidad, consagradas a ti en cuerpo y alma,
ayúdanos, Señor, a que los bienes de este mundo que pasa no nos separen de tu amor eterno.

Señor Jesús, esposo que has de venir y a quien las vírgenes prudentes esperaban,
concédenos que aguardemos tu retorno glorioso con una esperanza activa.

Por intercesión de santa Teresa del Niño Jesús, que fue virgen sensata y una de las prudentes,
concédenos, Señor, la verdadera sabiduría y la pureza de costumbres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Con sencillez y humildad digamos la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios y Padre nuestro, que abres las puertas de tu reino a los pequeños y a los humildes, haz que sigamos confiadamente el camino de sencillez que siguió santa Teresa del Niño Jesús, para que, por su intercesión, también nosotros lleguemos a descubrir aquella gloria que permanece escondida a los sabios y a los prudentes según el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LUZ MENSAJERA DE GOZO.

Luz mensajera de gozo,
hermosura de la tarde,
llama de la santa gloria,
Jesús, luz de los mortales.

Te saludamos, Señor,
oh luz del mundo que traes
en tu rostro sin pecado
pura la divina imagen.

Cuando el día se oscurece,
buscando la luz amable
nuestras miradas te siguen
a ti, lumbre inapagable.

Salve, Cristo venturoso,
Hijo y Verbo en nuestra carne,
brilla en tu frente el Espíritu,
das el corazón del Padre.

Es justo juntar las voces
en el descanso del viaje,
y el himno del universo
a ti, Dios nuestro, cantarte.

Oh Cristo que glorificas
con tu vida nuestra sangre,
acepta la sinfonía
de nuestras voces filiales. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Salmo 112 - ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Ant. 2. Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

Salmo 115 - ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

Ant. 3. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL - Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

LECTURA BREVE Hb 13, 20-21

El Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en vosotros lo que es grato en su presencia por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Cuántas son tus obras, Señor.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

V. Y todas las hiciste con sabiduría.
R. Tus obras, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel. Aleluya.

PRECES

Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor, digámosle con fe:

Escúchanos, Señor.

Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos recibido proceden de tu bondad;
haz que no sean estériles, sino que den fruto, encontrando un corazón noble de nuestra parte.

Dios nuestro, luz y salvación de todos los pueblos, protege a los que dan testimonio de ti en el mundo,
y enciende en ellos el fuego de tu Espíritu.

Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus hermanos,
y que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez más humano.

A ti, que eres el médico de las almas y de los cuerpos,
te pedimos que alivies a los enfermos y des la paz a los agonizantes, visitándolos con tu bondad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Dígnate agregar a los difuntos al número de tus escogidos,
cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que con la magnificencia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Salmo 4 - ACCIÓN DE GRACIAS.

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.

Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

Temblad y no pequéis, reflexionad
en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»

Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Ant. 2. Durante la noche, bendecid al Señor.

Salmo 133 - ORACIÓN VESPERTINA EN EL TEMPLO

Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor:

Levantad las manos hacia el santuario,
y bendecid al Señor.

El Señor te bendiga desde Sión:
el que hizo cielo y tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Durante la noche, bendecid al Señor.

LECTURA BREVE Dt 6,4-7

Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

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jueves, 29 de septiembre de 2011

XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A: Cuando venga el dueño de la viña



En una época todavía no muy lejana la célebre secuencia de Tomás de Celano, «Dies irae, dies illa» encogía el ánimo de los asistentes al oficio de difuntos: «Día de cólera aquel día... en que el mundo quedará reducido a cenizas ...¡Qué terror se apoderará de nosotros cuando se presente el Juez!» Durante mucho tiempo este lenguaje y estas imágenes tenebrosas han alimentado una «pastoral del miedo», que difícilmente ayudaba a despertar la confianza en Dios. Hoy, por el contrario, apenas se predica ya sobre el Juicio final, tal vez porque no se sabe exactamente cómo hacerlo.

Lo primero que hay que decir es que sólo se puede hablar del juicio de Dios a partir de su amor, nunca fuera de este amor. Por eso, el juicio de Dios no tiene nada que ver con el juicio de los hombres. Obedece a otra lógica porque el juicio de Dios no es sino la manifestación de su amor, su victoria definitiva sobre el mal.

Por eso hay que entender bien lo que dice la Biblia sobre la «cólera de Dios». Esta cólera divina no tiene como objetivo destruir al ser humano. Al contrario, sólo se despierta para destruir el mal que hace daño al hombre. Dios es amor, y no cólera. La cólera no es sino la reacción del amor de Dios que sólo busca y quiere el bien y la dicha definitiva del ser humano.

Un Dios que abandonara para siempre la historia humana en manos del mal y la injusticia, que no reaccionara ante la mentira y la ambigüedad que lo envuelven todo, que no restableciera la paz y la verdad, no sería un Dios Amor. El juicio es necesario para comprender el amor de Dios. Un juicio no contra del ser humano, sino contra aquello que va contra él.

Por eso, el juicio de Dios es una Buena Noticia para quienes quieren de verdad el bien y la felicidad total del ser humano. Un juicio que no se parece en nada a los tribunales humanos porque nace no de la acusación sino de su amor salvador. Un juicio que nos liberará para siempre de nuestra impotencia contra el mal y de nuestra complicidad con él.

En esto consiste el núcleo de la fe cristiana: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que quien crea no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). La última palabra de Dios sobre la historia no puede ser sino una palabra de gracia. El juicio pondrá al descubierto la verdad de nuestras vidas y la profundidad real del mal, pero también la inmensidad del amor infinito de Dios. Para ello, ante el Juicio final la reacción más cristiana no es el miedo irracional e insano, sino el reconocimiento de nuestro pecado y la confianza en el perdón de Dios. A ello nos invita la parábola de los viñadores homicidas.

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XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A: No se inquieten por nada


Por P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

En la bahía de Nápoles viven la medusa y unos caracoles. Cuando los caracoles son pequeñitos la medusa se los traga con avidez pero no los puede digerir porque están protegidos por la concha Los caracoles se adhieren con fuerza al interior de la medusa y poco a poco comienzan a comérsela. Cuando ya son grandes se han comido por completo a la medusa
Nosotros somos también como la medusa, con avidez nos comemos nuestros caracolitos y éstos poco a poco se nos comen por dentro.
Llámelo alcohol, ira, avaricia, depresión, preocupación, ansiedad… Poco a poco va creciendo y nos va mordiendo.
Vivimos agitados internamente y con el tiempo somos devorados desde dentro por ese caracolito de concha no digestible que albergamos en nuestro interior.
“No se inquieten por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión presenten a Dios sus peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias”.
Todos tenemos dentro un caracol que nos quita el sueño, que nos roba la paz, que nos produce úlceras, que nos impide saludar a los hijos, que nos pone tristes, que nos devora y ahoga.
¿Cómo ilusionar a la comunidad para vivir la fe en Jesucristo con alegría?
¿Cómo atraer a los alejados a la Iglesia?
¿Cómo hacer para que mi esposo/a supere los celos?
¿Qué hacer para que mis hijos no dejen la escuela?
¿Dónde encontrar un trabajo digno?
¿Y si tengo cáncer?
San Pablo nos dice hoy: “No se inquieten por nada”.
Según una encuesta reciente, el 40% de las cosas que nos preocupan nunca suceden; el 30% son cosas que ya pasaron y de nada sirve preocuparse; el 12% se refiere a la opinión que los otros tienen sobre mí; el 10% son preocupaciones sobre las enfermedades reales o imaginarias; sólo el 8% son cosas dignas, hasta cierto punto, de tomarse en cuenta. Y se solucionan con el esfuerzo humano.
No se preocupe por el próximo año. No ha llegado y no puede hacer nada.
No se preocupe por el destino de su equipo de fútbol. No puede hacer nada.
No se preocupe de lo que piensan de usted. No puede hacer nada.
“Presente sus necesidades a Dios y el Dos de la paz estará con usted”.
Lo que nuestra preocupación no puede conseguir se consigue por la oración y en la oración: la paz del espíritu y la liberación del peso inútil de la amargura.
Centrar las energías en lo que es “bueno, justo, verdadero, puro y amable”.
“Miren los pájaros del cielo que no”…
Dios se preocupa de nosotros. Oren en la tribulación, oren en las preocupaciones.
La oración es el antiveneno para destruir la concha no digestible del caracol que lleva dentro. Viva en la presencia del Dios de la paz.
Aquí venimos a muchas cosas, pero una muy importante es descansar en Dios, descansar del ajetreo de la vida y dejar la preocupación del ayer y del mañana en las manos del Dios de la paz y disfrutar de la paz que sólo Dios puede ofrecer.
“Escuchen otra parábola, otro cuento”.
El dueño de la viña es Dios. La viña, hoy, somos nosotros, esta comunidad del Pilar.
Es el cuento de la inversión y la alegría de Dios.
Dios no invierte su amor, sus promesas y su perdón en la bolsa de Wall Street.
Dios no invierte su palabra y su tiempo en casas o en joyas.
Dios no invierte la sangre de su hijo en negocios millonarios.
Dios invierte todo, apuesta todo, da todo en sus hijos, en nosotros.
Dios ha plantado su vida, su espíritu en el corazón de cada uno de nosotros, en esta comunidad, en su Iglesia.
Y cada domingo viene a visitar su viña, a ver cómo crece, a deleitarse con sus frutos.
Los frutos que espera son: justicia y fidelidad, amor y compasión, generosidad y perdón.
Tal vez no tenemos nada que ofrecer y no podemos pagar la renta. Dios tiene paciencia, pero volverá el próximo domingo a ver si su inversión de amor ha producido algún fruto.
Este cuento es también el cuento de la desilusión de Dios. La desilusión de una inversión inútil, de un amor no correspondido, de la falta de frutos.
Nosotros somos la viña mimada por Dios, no desánimo, nos da mil oportunidades para florecer.
Yo no quiero que el amor que Dios ha invertido en mí se malgaste. ¿Y usted?

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LECTIO: 27º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A)


Publicado por Los Carmelitas
Lectio: Domingo, 2 Octubre, 2011

1. Oración inicial
Señor, en este domingo quiero rezarte con una de las imágenes más bellas del Antiguo Testamento: “no abandones la viña que tu diestra ha plantado”. Continúa cultivándola y enriqueciéndola con tu amor de predilección. Los fragmentos de tu Palabra en esta liturgia dominical sean motivos de esperanza y consolación. Que yo pueda meditarlos y dejarlos cantar en el corazón, hasta el último día de mi vida; que mi humanidad, se convierta en seno en el que pueda germinar la fuerza de tu palabra.

2. Lectura

a) Contexto:
La parábola de los labradores homicidas está colocada por Mateo en la cornisa de otras dos parábolas: la de los dos hijos (21,28-32) y la del banquete de bodas (22,1-14). Juntas las tres parábolas contienen una respuesta negativa: la del hijo al padre, la de algunos campesinos al dueño de la viña, la de ciertos invitados al rey que celebra las bodas de su hijo. Las tres parábolas intentan mostrar un único punto: se trata de aquéllos que como no han acogido la predicación y el bautismo de Juan, ahora están de acuerdo unánimemente en rechazar el último enviado de Dios, la persona de Jesús. La introducción a la primera parábola de 21,28-33 sirve también para la parábola de los labradores homicidas: Llegó al templo y mientras enseñaba los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se le acercaron y le preguntaron: ¿Con qué autoridad obras así? ¿Quién te ha dado esta autoridad? Es la aristocracia sacerdotal y aquella otra secular la que se acerca a Jesús cuando Él entra en el templo. Están preocupados por la popularidad de Jesús y hacen sus preguntas a Jesús para saber dos cosas: qué tipo de autoridad se atribuye para hacer aquello que hace, y el origen de esa autoridad. En realidad la segunda resuelve lo que se pide en la primera. Lo sumos sacerdotes y los jefes del pueblo exigen una prueba jurídica: no se recuerda jamás que los profetas tengan autoridad directamente de Dios.

b) El texto:
33 «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. 34 Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.35 Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. 36 De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. 37 Finalmente les envió a su hijo, diciendo: `A mi hijo le respetarán.' 38 Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: `Éste es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia.' 39 Y, agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron.
40 Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» 41 Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.» 42 Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? 43 Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.

3. Un momento de silencio orante
La palabra de Dios no puede ser comprendida si Dios mismo no abre el corazón (Act 16,14). Pero a nosotros compete la escucha que es adhesión, asentimiento silencioso. Para no hacer prevalecer la curiosidad sobre la escucha, quedémonos en silencio delante de la Palabra...

4. Interpretar el texto

a) Invitación a la escucha:
La parábola se abre con una invitación a escuchar: Escuchad otra parábola (v.33) . Jesús parece reclamar la atención de los dirigentes del pueblo a la parábola que está por pronunciar. Es un imperativo, “escuchad”, que no excluye un sentido amenazador (Gnika), si se atiende a como termina la parábola: “Por esto os digo que el reino de Dios os será quitado y le será dado a un pueblo que lo hará fructificar” (43). Por el contrario, a sus discípulos Jesús explica la parábola sin amenazas (Mt 13,18).
¿Cuál sería la explicación de esta invitación amenazante para escuchar? El presupuesto se ha de buscar en las condiciones económicas de la Palestina del siglo 1º después de Cristo: grandes extensiones de terrenos pertenecían a latifundistas extranjeros, los cuáles arrendaban los terrenos a grupos de arrendatarios. El contrato de arrendamiento preveía que parte de lo que se cosechaba era para el patrón el cual ejercía su derecho enviando a gente de confianza a recaudar lo debido. En esta situación se puede comprender cómo estaría probado el estado de ánimo de los campesinos: existía un fuerte descontento que alguna vez acababa en revuelta.
Jesús en su parábola toca esta situación concreta, pero la transporta a un estado de comprensión más alto: aquella situación se convierte en un compendio de la historia de Dios con su pueblo. Para Mateo, al lector se le invita a hacer una lectura simbólica de la parábola: detrás del “patrón” está la figura de Dios; detrás de la viña Israel.

b) El atento cuidado del dueño por su viña (v.33):
Ante todo existe la iniciativa de un dueño que planta una viña. Tal atención y cuidado se describe por Mateo con cinco verbos: plantó... rodeó... cavó... construyó... arrendó. El dueño, después de haber plantado la viña, la arrienda a unos labradores y se ausenta.

c) Los diversos intentos por parte del dueño de recaudar los frutos de la viña (vv.34-36):
En esta segunda escena el dueño envía por dos veces a los siervos que, encargados por el dueño de recaudar los frutos de la viña, son maltratados y asesinados.. Tal acción agresiva y violenta se subraya con tres verbos: golpearon... mataron... apedrearon... (v.35). Enviando otros siervos, más numerosos que los primeros, e intensificando los ultrajes padecidos, Mateo intenta aludir a la historia de los profetas, pues también ellos tuvieron que sufrir tales ultrajes. Sólo para recordar: Uria es asesinado con la espada (Jer 26,23); Jeremías es puesto en el cepo (Jer 20,2); Zacarías es lapidado (2Cr 24,21). Una síntesis de este particular de la historia profética se encuentra en Nehemías 9,26: “han matado a tus profetas...”

d) Por último envía al hijo:
También se le invita al lector a reconocer en el hijo mandado por “último”, al enviado último de Dios a quien tendrán respeto y le entregarán los frutos de la viña. Es el último intento del dueño. La indicación de “último” lo define como Mesías. No se excluye, además, que este proyecto de eliminación del hijo sea modelado sobre otra historia del Antiguo Testamento: los hermanos de José que dicen: “¡Ea, matémosle y echémoslo en cualquier cisterna ¡” (Gén 37,20).
El relato de la parábola toca su vértice dramático con el éxito de la misión del hijo: que viene matado por los arrendatarios-viñadores con el intento de posesionarse de la viña y usurpar la propiedad. El destino de Jesús se acerca al de los profetas, pero, en cuanto que es hijo y heredero, es superior a ellos. Tal acercamiento crsitológico se puede encontrar en la Carta a los Hebreos, donde, sin embargo, se demuestra la superioridad de Cristo como hijo y heredero del universo: “Dios, que había hablado muchas veces en los tiempos antiguos y de diversos modos a los padres por medio de los profetas, últimamente... ha hablado a nosotros por medio de su Hijo, a quien ha constituido heredero de todas las cosas... (vv. 1-2)
Hay un particular en este final de la parábola que no se ha de descuidar: Mateo anteponiendo el gesto “lo echaron fuera de la viña” y haciéndolo seguir de este otro “lo mataron”, intenta decididamente aludir a la pasión de Jesús que fue conducido fuera para ser crucificado.

e) La entrega de la viña a otros labradores (v.42-43):
La parte final del relato evangélico afirma la pérdida del reino de Dios y su cesión a otro pueblo capaz de llevar fruto, o sea, capaz de una fe viva y operante en una praxis de amor. La expresión “por esto os digo...será quitado y será dado..” indica la solemnidad de la acción de Dios con la que viene signada la historia del antiguo Israel y la historia del nuevo pueblo.

5. Pistas meditativas para la praxis eclesial
- El símbolo de la viña es para nosotros el espejo en el cuál se puede ver y reflexionar la historia personal y comunitaria de nuestra relación con Dios. Hoy es la Iglesia esta gran viña que el Señor cultiva con esmero y que confía a nosotros, viñadores (= colaboradores), con el deber de continuar la misión por Él comenzada. Ciertamente la propuesta es grande. Sin embargo, como Iglesia, somos conscientes de la tensión que existe entre fidelidad e infidelidad, entre el rechazo y la acogida que la Iglesia puede experimentar. El evangelio de este domingo nos muestra que, no obstante las dificultades y la aparente fragilidad, nada puede detener el amor de Dios por los hombres, ni siquiera la eliminación de su Hijo, al contrario, este sacrificio nos procura a todos la salvación.
- Somos llamados a estar con Jesús para continuar la misión de ayudar al hombre a encontrarse con Él para ser salvado; luchar cada día para contener las fuerzas del mal que intentan eliminar el deseo de obrar el bien y promover la justicia.
- Como Iglesia somos llamados a aprender, en el ejemplo de Jesús, a experimentar la contestación y a ser capaces de soportar las dificultades en nuestro empeño de evangelizar. ¿Estás de acuerdo en que las pruebas educan nuestro corazón? ¿Y que las dificultades pueden ser un instrumento para medir nuestra autenticidad y la madurez de nuestra fe?

6. Salmo 80 (79)
El salmista expresa el deseo de todo hombre del contacto de la mano de Dios que prepara el terreno para plantar y trasplantar la viña predilecta.
De Egipto arrancaste una viña,
expulsaste pueblos para plantarla,
luego cuidaste el terreno,
echó raíces y llenó la tierra.
Su sombra cubría las montañas,
sus pámpanos, los enormes cedros;
extendía sus sarmientos hasta el mar,
hasta el Gran Río sus renuevos.
¿Por qué has hecho brecha en sus tapias,
para que la vendimie cualquiera que pase,
la devasten los jabalíes del soto
y la tasquen las alimañas del campo?
¡Oh Dios Sebaot, vuélvete,
desde los cielos mira y ve,
visita a esta viña, cuídala,
la cepa que plantó tu diestra!
Como a basura le prendieron fuego:
perezcan amenazados por tu presencia.
Que tu mano defienda a tu elegido,
al hombre que para ti fortaleciste.
Ya no volveremos a apartarnos de ti,
nos darás vida e invocaremos tu nombre.
¡Haz que nos recuperemos, Yahvé Sebaot,
ilumina tu rostro y nos salvaremos!

7. Oración final
¡Señor, cuántas veces el amor es pagado con la ingratitud más negra! No hay nada tan destructivo como sentirse traicionado, verse burlado, saber que hemos sido engañado. Todavía más difícil es el constatar que tanto gestos de bondad, de generosidad, de apertura, de tolerancia, como tantas palabras dichas con sinceridad y hasta el empeño de ser solidarios y sinceros, no ha servido de nada.
Señor, tú que has conocido la ingratitud de los hombres; Tú que has sido paciente con quien te ofendía; Tú que has sido siempre misericordioso, manso, ayúdanos a combatir nuestra inflexible dureza hacia los otros. También nosotros te dirigimos la invocación del salmista: “No abandones la viña que tu diestra ha plantado”. Nuestra oración, después de este encuentro con tu Palabra, se convierta en súplica siempre más penetrante hasta llegar a tu corazón. “Levántanos Señor, muéstranos tu rostro y seremos salvos”. Señor, tenemos mucha necesidad de tu misericordia y mientras que en nuestro corazón esté el deseo y la búsqueda de tu rostro, el camino de la salvación está siempre abierto. Amén.

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XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A: Responsabilidad


Por J. Garrido

1. Situación

Estos domingos va resonando un terna de fondo: responsabilidad. ¿Qué hacemos de nuestra vida? ¿Qué hacemos de los dones de Dios? ¿Qué respuesta damos a su Amor?
No son preguntas teóricas. El amor de Dios es gratuito, y nada responsabiliza tanto como ser amado.
Pero a veces tenemos un corazón tan duro que utilizamos el amor de Dios como un seguro de vida, que nos permite quedarnos tranquilos, egoístamente pasivos, sobre todo a nivel social.
No es «responsabilidad» la última palabra para justificarnos, sino Gracia. Pero la Gracia sin responsabilidad es «caradura».
Se nos ha encomendado a nuestra responsabilidad nada menos que la viña del Señor, es decir, nuestros hermanos, un mundo más justo y feliz. ¿Qué hacemos?


2. Contemplación

La palabra nos dice lo que solemos hacer de nuestras responsabilidades y nos urge, al mismo tiempo, a tomarlas en serio.
En la voz de Is 5 resuena:
- El amor apasionado y dolorido de Dios.
- La ingratitud del hombre en su corazón y en sus obras.
Echemos una mirada al mundo: ¿Qué hemos hecho de la obra de Dios, de sus hijos, nuestros hermanos, del mundo, su criatura?
En la voz de Jesús resuena otro tanto, pero tocando fondo, tocando las entrañas mismas del Padre:
- Hemos asesinado a su Hijo.
- Hemos pretendido apropiarnos de su viña, hacer del mundo nuestro capricho. Son las víctimas de siempre, los inocentes perseguidos, los desfavorecidos, los que nos dicen con su grito silencioso la dureza de nuestro corazón y la atrocidad de nuestras obras.


3. Reflexión

¿Es demagogia la Palabra de Dios? Cuando oímos ciertas cosas tendemos a defendernos. En efecto, son «los otros» los que cometen atrocidades; los políticos que buscan el poder, las multinacionales que roban a los más pobres, los delincuentes de las calles...
No es fácil asumir responsablemente la culpabilidad social. Nos resulta abstracta, no personal; o por el contrario, si la hago mía, no puedo soportarla, es demasiado grande.
Culpabilidad social quiere decir que yo comparto con otros la responsabilidad de la injusticia y de la violencia del mundo. Tengo mi parte en ello, y debo descubrirla, reconocerla y transformarla en justicia y paz.
¿Cómo? No basta, a mi juicio, cambiar de actitudes, aunque esto es lo más importante. Hace falta además:
— Conocer objetivamente cómo funcionan la injusticia y la violencia a través de las estructuras económicas, sociales y culturales. Las ciencias humanas ayudan a ello.
Ejemplo: No basta apelar a la fidelidad moral en las relaciones heterosexuales para combatir el sida. Hace falta darse cuenta del cambio cultural en el significado de la sexualidad.
— Comprometerse con acciones concretas que ayuden no sólo al cambio de actitudes en las personas, sino también de las condiciones que están produciendo objetivamente la injusticia y la violencia.


4. Praxis

Al final, la cuestión es muy concreta: ¿Cuál es mi responsabilidad social aquí y ahora para que el mundo sea más justo y pacífico? No será la misma la de un parlamentario o la de un obrero anónimo en una multinacional.
Pero, ¿se puede ser coherente con una opción cristiana de vida sin algún compromiso social organizado (que no tiene por qué ser confesional, desde luego)?
No conviene absolutizar, pues se puede luchar y hay que luchar por un mundo mejor, en primer lugar, mediante el compromiso anónimo de la vida ordinaria. Pero, ¿no estás llamado/a a ningún compromiso organizado, aunque sea algo tan sencillo como participar en la asociación de vecinos?

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XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A: EL FIN DE LA IGLESIA



¿Cuál es el fin de la Iglesia? ¿Para qué está en el mundo la comunidad cristiana? ¿Cuál debe ser la preocupación prin­cipal de los miembros de la misma? He aquí algunas preguntas que, por no haber sido resueltas acertadamente, han provocado algunos de los mayores errores de la historia de la Iglesia.

LA VIÑA

De nuevo, como el domingo pasado, Jesús utiliza la ima­gen de la viña para referirse al pueblo de Dios, al reino de Dios. La imagen era clásica en la literatura del Antiguo Testa­mento (Is 5,1-7; Jr 2,21; Ez 15,1-8; Os 10,1-8; Sal 80,9-19). De hecho, las palabras con las que comienza la parábola perte­necen a un hermoso poema del profeta Isaías: «... plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la torre del guarda...» (Is 5,1-2). En aquel poema el profeta reflejaba la desilusión de Dios, que después de haber cuidado con todo cariño a su viña -su pueblo: «la viña del Señor de los Ejér­citos es la casa de Israel» (5,7)-, cuando llegó la hora de la vendimia aquélla sólo produjo uvas amargas: «Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos» (5,7).

Jesús aplica aquel poema a la situación en la que vive. Y mediante la parábola que estamos comentando denuncia que Dios sigue desilusionado porque tampoco ahora puede disfrutar de los frutos de su viña. Pero en esta ocasión Jesús señala además quiénes son los responsables de la situación: los labradores a los que el dueño arrendó la viña, que repre­sentan a los dirigentes del pueblo de Israel. Su misión era tra­bajar para que Israel diera el fruto que corresponde al pueblo de Dios: la justicia y el derecho, el amor a Dios y el amor al prójimo, pero...


LOS LABRADORES

Cuando llegó el tiempo de la vendimia, el dueño de la viña envió por dos veces a sus criados a recoger la renta; pero las dos veces los labradores no sólo no se la dieron, sino que los apalearon, los mataron y los apedrearon.

En el poema de Isaías la reacción del dueño de la viña es terrible: «Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la poda­rán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella» (5,5-6). Pero Isaías no conocía del todo al dueño de aquella viña, no conocía al Dios/Padre de Jesús. Según la parábola, el dueño de la viña da una tercera oportunidad a aquellos labradores. Y les envía su hijo para ver si, al menos a él, le hacen caso: «Por último les envió a su hijo, diciéndose: A mi hijo lo respetarán». Y es entonces cuando la intención de aquellos labradores se deja ver con toda claridad: «Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: Este es el heredero: venga, lo matamos y nos quedamos con su herencia». Ellos querían ocupar el lugar del dueño de la viña, pretendían quedarse con la herencia. Y echan de la viña al heredero. Y la renta que le dan es la muerte. «Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos» (Is 5,7).

La acusación es terrible: son ellos, los dirigentes religio­sos del pueblo, los que han impedido conscientemente que el proyecto de Dios -un pueblo organizado sobre los pilares de la justicia y el derecho- se hiciera realidad en Israel. Son ellos los que han impedido que el pueblo sea de verdad el rei­no de Dios, porque han querido ser ellos los reyes.

Y, ahora sí, Dios, el dueño de la viña, pronuncia su sen­tencia definitiva: «... se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».


OTRO PUEBLO

Dios no va a destruir a su pueblo, como parecía anunciar Isaías. Pero va a ofrecer a otro pueblo la posibilidad de reali­zar su proyecto, el reino de Dios.

De ese pueblo, que estará formado por todos los que den su adhesión a Jesús Mesías y se pongan de su parte, se espera lo que se esperó del antiguo: que dé el fruto debido a su tiempo.

Ese pueblo somos nosotros. Y el fruto que el Padre espera es todo aquello que contribuye a ir transformando este mundo hasta convertirlo en un mundo de hermanos: la justicia, la libertad y la liberación de los hombres y de los pueblos, la igualdad, la paz, la vida, el amor y la fraternidad...

Ese pueblo es la Iglesia, la comunidad cristiana. Y cuando pensamos en ella, eso es lo que nos debe preocupar: no su prestigio humano, ni sus éxitos políticos, ni sus privilegios en la sociedad civil. Sólo debe preocuparnos de verdad si el fruto que estamos dando es el que el Padre espera: ser para los hombres el lugar en el que ellos puedan vivir como hijos de Dios y hermanos de sus hermanos. Sin convertir jamás a la Iglesia en fin en sí misma. Eso sería volver a traicionar al due­ño de la viña.

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Comentario Bíblico y Pautas para la Homilía: XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A


Publicado por Dominicos.org

“Por sus frutos los conoceréis”

“Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,20), afirma el evangelio de Mt hacia el final del Sermón del Monte. Dos mil años más tarde de este sermón, es interesante hacer balance y ver cuáles han sido los frutos de dos milenios de existencia del cristianismo. Aún sin prestar oídos a los profetas de calamidades que ahogan toda esperanza, observamos cómo la sociedad mundial ha evolucionado hasta el actual sistema socio-económico global de neoliberalismo feroz que está llevando a la humanidad a situaciones extremas en todo orden, especialmente de pobreza y miseria. Como bien conocen los expertos, este sistema ha sido generado y aventado en las sociedades occidentales, aquellas que han sido tradicionalmente cristianas. ¿Es este el fruto el que esperaba Jesús? ¿Hay alguna razón que explique cómo hemos podido llegar a producir tales frutos desde el evangelio de Jesús? Probablemente hay muchas y, a la vez, ninguna.

Fray Ángel Romo Fraile


Comentario Bíblico

Primera lectura: (Isaías 5,1-7)

Marco: El contexto son los oráculos sobre Judá e Israel (1,1-12,6) con dos secciones: oráculos de condenación y salvación, que culminan con la vocación de Isaías y oráculos que se han convenido en llamar “el libro del Enmanuel”. La lectura recoge la bella imagen de la viña como símbolo de Israel para describir su existencia y su misión y los cuidados que Dios le dispensa.

Reflexiones

1ª) ¡Canto de amor a la viña del amigo!

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado... La imagen de la viña o la cepa, para significar el pueblo, es frecuente en la Escritura (incluso en otras culturas próximas a Israel). Tanto Jeremías como Ezequiel recurren también a esta imagen (Jr 2,21). Los cantores de Israel, los salmistas, utilizan el mismo tema convirtiéndolo en oración y alabanza a Dios, o de exhortación y advertencia al pueblo, como los profetas (Sl 80,9ss).

El recurso del profeta a esta imagen de la vid para simbolizar al pueblo de Dios evoca un símbolo entrañable para significar el conjunto de realidades que reflejan el sentido del bienestar. La fuerza de la imagen está en relación con la proximidad de la cepa o la parra. Sabemos por la Escritura que cuando se quiere expresar el bienestar y la tranquilidad se afirma, más o menos, que es como llevar una vida tranquila debajo de la higuera y de la parra. Y cuando se quieren magnificar las bondades de la tierra prometida se afirma que es una tierra que mana leche y miel, es decir, tierra de pastos (leche de las ovejas y cabras alimento fundamental) y de viñedos (por el vino y por los panes de pasas tan apreciados en la antigüedad). Y todavía cuando se quiere describir la alegría suma se recurre al banquete en el que abunda el vino que alegra el corazón del hombre.

El profeta indica la viña estaba plantada en fértil collado; Dios realizó con ella los esmerados cuidados de un labrador solícito que entrecava, descanta y mima. Por parte de Dios su actuación por el pueblo es de exquisita solicitud. La obra ha quedado completa por su parte.

Hoy, como ayer, es necesario anunciar que Dios cuando proyecta algo para el hombre lo hace de modo acabado y pleno para que el hombre sea feliz. Dios no se deja vencer en detalles y en generosidad. En un mundo en el que las relaciones se hacen cada vez más distantes y más frías e interesadas, es necesario insistir en esta labor delicada y gratuita de Dios con el hombre. Y los creyentes han recibido la misión de hacerlo creíble y aceptable. ¡Dios lo hace todo bien para del hombre!

2ª) ¡Increíble respuesta de un pueblo a tanto derroche de bondades y finezas!

Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones... ¡Con qué fuerza de imágenes y con qué profunda decepción habla el profeta!... Isaías es el profeta que más insiste en la santidad y en la fidelidad de Dios, por eso recoge con más intensidad los lamentos del viñador por la respuesta infiel a tanto derroche y esmero. La grandeza y belleza de las imágenes que describen los cuidados del viñador se convierten en decepción profunda en la segunda parte que cristaliza en las amenazas. Pero como el amor de Dios por su viña es eterno, las amenazas son una advertencia y una solicitación insistente a convertirse y a cambiar de actitud frente a las relaciones con él.

Esta imagen recoge admirablemente la dolorosa y desconcertante historia de la salvación realizada por Dios con su pueblo. La simbología a que recurre el profeta es la traducción en imágenes de la realidad trágica de Israel. El profeta termina identificando la viña con el pueblo de Israel. Esta presentación en dos movimientos recoge admirablemente la gratuidad y suma delicadeza de Dios y la respuesta tosca, ruda y rebelde de un pueblo que no sabe acoger los dones gratuitos con responsabilidad y disfrutarlos en la fidelidad.

Hoy, como ayer, Dios sigue teniendo proyectos de paz y de bienestar y no de aflicción para con los hombres. Dios sigue tomando muy en serio a los hombres, imágenes y semejanzas suyos y, por medio de Jesús, sus hijos. Es necesario seguir proclamando esta realidad fundamental y consoladora. Que Dios no abandona al mundo. Que su proyecto es para todos y para siempre. En nuestra predicación y en nuestro testimonio, podemos ofrecer una imagen de nuestro Dios atrayente e irrepetible. Dios no puede ser suplantado por nada, porque nada ni nadie quiere más sinceramente el bien del hombre y de todos los hombres que él.

Segunda lectura: (Filipenses 4,6-9)

Marco: Seguimos proclamando la carta a los Filipenses. El fragmento proclamado hoy recoge algunas exhortaciones concretas.

Reflexiones

1ª) ¡Es necesario el sosiego interior fruto de la esperanza y confianza en Dios!

Nada os preocupe... Pablo centra ahora la atención en el sosiego y la paz que debe reinar en cada uno y entre todos. Pablo, que es un ejemplo acabado de oración, sabe de las riquezas que se derivan de la misma. Podría parecer sorprendente que en una persona de la actividad de Pablo se diera a la vez la honda riqueza del diálogo permanente con Dios que es su más breve y mejor definición.

Pablo insta a los Filipenses a que nada les preocupe, cuyo sentido matizado equivaldría a decir que no es conveniente anticiparse a los acontecimientos o vivir en una solicitud angustiosa, ni tampoco una actitud de cálculo exagerado que condujera al desasosiego interior, a la desconfianza o al abandono de la confianza. Pablo quiere que los filipenses eviten toda preocupación y angustia que se adelantasen a los acontecimientos. En el fondo interpreta el consejo del Maestro: ¡Cada día tiene bastante con sus propios problemas! (Mt 6,13s). Y, sobre todo, la imagen de las aves del cielo y las flores del campo. También allí el evangelista utiliza la misma expresión: no os preocupéis, no os inquietéis, no os angustiéis, no os adelantéis a los acontecimientos.

Pero Pablo exhorta a ocuparse sosegadamente en las tareas fundamentales del reino y de una vida humana correcta. Como ya lo había indicado también el Maestro: las aves del cielo no almacenan, no cosechan pero todo el día buscan incasablemente el alimento. Están ocupadas todo el día en lo que es propio de su naturaleza. Siempre buscadoras pero sin angustia.

Hoy, como ayer, esta palabra invita a contemplar la actividad humana, en todos los órdenes y planos, como una urgencia de la propia naturaleza social del hombre, pero es necesario corregir el exceso de activismo también en todos los órdenes. Esta palabra de Pablo es una llamada de atención para ocuparse y poner todos los dones en acción, pero con sosiego y con alegría.

2ª) ¡Buscad siempre lo verdadero, lo noble, lo amable, lo virtuoso!

Todo lo que aprendisteis ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros. Estos pensamientos los comparten también otros autores del Nuevo Testamento (1Tm 2,1-3; 2Pe 1,5-8). Desde su origen, la Iglesia tuvo que estar muy atenta a los movimientos gnósticos que no tenían aprecio por el compromiso ético. Y, en concreto, Pablo los tuvo cerca. Y lo mismo los responsables de las Iglesias que vivían de la tradición joánica. Para los gnósticos el Evangelio no implicaba ningún compromiso moral o social.

Ya el Maestro nos advirtió insistentemente que nos conocerían por los frutos. Y estableció el mandamiento del amor fraterno a la altura del amor a Dios. Huir del compromiso moral o social en todos los planos y en todos los órdenes nos alejaría de la voluntad de Dios. Hoy como ayer los creyentes debemos insistir una y otra vez en el compromiso moral y social: haciendo posible la justicia, facilitando a todos el conocimiento de la verdad, promoviendo la paz y la solidaridad, trabajando por la dignidad y respeto de la persona humana.

La Iglesia nunca ha abandonado esta preocupación, renovada recientemente con insistencia singular. El creyente, en medio del mundo, no está eximido de su responsabilidad social para construir el reino de Dios que entraña siempre un mundo mejor para todos los hombres. La esperanza final del reino trascendente prometido no exime del quehacer temporal e histórico sino que, por el contrario, urge trabajar y asumir esta tarea con empeño y solicitud. El hombre es un rico complejo integrado en la historia con todas sus consecuencias mientras, y a la vez, abierto a la esperanza en un nuevo y definitivo reino donde la paz y la comunión de todos será una realidad gozosa y para siempre.

Evangelio: (Mateo 21,33-43)

Marco: Seguimos en la última semana de la vida de Jesús centrada en su actividad misionera en Jerusalén. El rechazo del Mesías en Jerusalén se agrava cada día. El fragmento proclamado hoy es una parábola a través de la cual Jesús exhorta de manera urgente a los dirigentes de Israel. La parábola está incluida naturalmente en un diálogo polémico en el que Jesús inicia la ofensiva contra los sumos sacerdotes y senadores. Describe su situación dramática.

Reflexiones

1ª) ¡Nueva advertencia sumamente grave a los dirigentes espirituales!

Había un propietario que plantó una viña... El relato, en sus líneas principales, es natural y realista por lo que resulta muy verosímil, si tenemos en cuenta las condiciones del país en aquel tiempo. Sabemos que las fincas importantes estaban a menudo en manos de extranjeros, por lo que podemos suponer que el descontento agrario iba de mano con el sentimiento nacionalista. Se daban, pues, todas las condiciones para que la negativa a pagar la renta fuera el preludio del asesinato y de la ocupación violenta de la tierra por el campesinado.

La parábola puede tomarse como una muestra de lo que pasaba en Galilea durante el medio siglo anterior a la rebelión general del año 66 d.C. La finalidad de esta parábola, como la de otras muchas, es la de justificar por qué el Evangelio es ofrecido a los pobres. Vosotros, los viñadores, los jefes del pueblo, no habéis querido recibir el mensaje evangélico, habéis acumulado rebeliones contra Dios; rechazáis, incluso, a su último Enviado; por eso, el Dueño entregará su viña a otros (Mc 12,9).

Es muy posible que ésta parábola haya sido dirigida a los sanedritas. Porque a partir del texto de Is 5,1-7, la viña es una imagen ya consagrada para significar el pueblo de Israel. Puesto que Jesús no habla de la viña, sino sólo de los viñadores, se puede pensar que no habla al pueblo, tomado en su conjunto, sino a sus responsables. También hoy esta referencia tiene especial sentido para los responsables encargados de llevar adelante la evangelización y la vida de la Iglesia. Es necesario tomar en serio las propias responsabilidades para el crecimiento en la fe auténticamente evangélica.

2ª) ¡La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular!

Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?... Las parábolas de Jesús terminaban habitualmente con un interrogante explícito o implícito, porque una de las características de las parábolas de Jesús es suscitar en los oyentes la reflexión y la entrada en juego de lo que se pretende decir o enseñar con la parábola. Lo que sigue son reflexiones de la comunidad cuando aplicaba las parábolas a los que habían abrazado la fe. Jesús quiere que sus oyentes, los senadores y los sumos sacerdotes, entren en el desarrollo narrativo de la parábola y, desde la narración, al sentido.

Ellos eran los dirigentes del pueblo, de la viña del Señor. ¿Qué habían hecho con la viña? ¿Cómo habían cumplido la misión que se les había encomendado como dirigentes del pueblo? Necesitan reflexionar detenidamente. El relato les ha puesto ante la realidad desnuda de sus vidas y de su ministerio. La misión de Jesús, a la que se habían opuesto unos y otros, está llegando a su fin. Él representa la última oferta de Dios a su pueblo y a los hombres. Es necesario reaccionar con sabiduría y pronto. Es necesaria la vigilancia y la decisión.

Hoy, como ayer, esta parábola sigue siendo una denuncia a cuantos ostentan una misión de dirigentes en la sociedad y, especialmente, en la Iglesia. Es necesario leer esta parábola desde nuestra situación e interrogarnos qué estamos haciendo con el carisma y la misión recibidos en favor de los hombres y mujeres que constituyen la Iglesia, la viña del Señor.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)


Pautas para la Homilía

Resulta de particular interés indagar a quién va dirigido un texto bíblico. En el caso concreto del evangelio de hoy, el texto forma parte de una diatriba que Jesús mantiene con los sacerdotes y los maestros de la ley. Los capítulos 21 a 23 de Mt constituyen una unidad que comienza con la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén, cuando es identificado como el “profeta Jesús” (Mt 21,11), como el auténtico profeta de Dios contrapuesto a los falsos profetas, aquellos que “ni entran en el reino de los cielos ni dejan entrar a los que quieren entrar” (Mt 23,13), y cuyos frutos de hipocresía conducirán a la ruina de Jerusalén (Mt 23, 38). Dos textos significativos respecto a esto preceden al evangelio de hoy: el rechazo del Templo y su culto, declarado “cueva de ladrones” (Mt 21, 12-13); y el rechazo de los estudiosos de la ley, de los “sabios”, en la imagen de una higuera (símbolo del estudio en Israel), que Jesús maldice (“nunca más brote de ti fruto alguno”), pues no da más que “hojas” (palabras vacías) y no frutos (auténtica fe) (Mt 21, 18-22).

Y he aquí que la parábola del evangelio de hoy, junto a los textos anteriores, está dirigida a un público formado por los “jefes de los sacerdotes y los fariseos” - según reza el versículo final omitido en la liturgia de hoy (Mt 21,45) - así como lo que sigue en los capítulos 22 y 23 y que culmina con la ruina de Jerusalén. En otras palabras, todas estas acusaciones de Jesús no van dirigidas al pueblo, sino a sus líderes, particularmente a sus líderes espirituales, al culto y a la ley, esto es, a la expresión y a la interpretación de la Revelación de Dios. Jesús no culpa al pueblo de la ruina de Jerusalén – de la ruina de la fe – sino a los sacerdotes y a los “teólogos” del momento, porque no dan fruto e impiden a otros darlo.

La clave es darse cuenta de que esos “frutos” que Jesús reclama son frutos de fe, es decir, personas con fe, con auténtica fe. La ruina de la religión –esto es, de la relación de la humanidad con su Dios-, y con ella, de la sociedad, se debe a la falta de personas, hombres y mujeres con auténtica fe. Y Dios ha confiado en manos de algunos - “los labradores arrendatarios” - cultivar esa fe, cultivar a las personas en la fe auténtica. Pero ni el culto, ni la teología, ni la moral, ni el derecho canónico,… son garantía de ese cultivo en la auténtica fe. Aún más, como obra de manos humanas que son, tienden, en demasiadas ocasiones, a ocultar, envueltos en excesos de gestos y palabras, lo que debieran hacer patente, secuestrando así “la herencia”, los frutos que debieran ser para Dios. Cuántas veces tantos y tantos constructos elaborados a lo largo de la historia del cristianismo – también hoy - no han conseguido que la fe de los hombres y mujeres, que debía llegar hasta Dios mismo, se haya quedado en las excesivas mediaciones humanas que los labradores han puesto entre medias, impidiendo, más que facilitando, la entrada en el reino de los cielos, como Jesús denuncia. Ante tanto abandono de la Iglesia, ¿acaso podemos culpar a nuestros hermanos de deserción?

¿Y cuál es la propuesta de Jesús? Él mismo; Él es el heredero; Él es el camino, la verdad, la vida. Si matamos al heredero, ya no habrá camino, ni verdad, ni vida; ya no habrá herencia.
Pero, ¿cuál es esa alternativa que plantea Jesús, en sí mismo, frente al Templo y a la Ley, para que el fruto verdaderamente fructifique, para que hombres y mujeres alcancen, mediante la auténtica fe, a su verdadero Señor, que es Dios mismo? Sólo una observación: Jesucristo se ha encarnado en esta tierra, en hombres y mujeres, en realidades y proyectos, en comunidades e individuos, haciendo de nuestra realidad vital, la mediación definitiva de Dios. Empañar o desviar la atención de esta revelación de Dios encarnado en las realidades del mundo, es “matar al heredero”. Aún con todo, la sangre del heredero derramada en esta tierra ha abonado las realidades de este mundo para que produzcan frutos de verdadera fe: a nosotros, el pueblo “de Dios”.

En tanto, y para que no se me tilde de profeta de calamidades, aún en la situación actual, estoy convencido de que Dios se ha valido para que, a pesar de tantos obstáculos interpuestos a la entrada en su reino, éste continúe creciendo y engrosándose en una sociedad que igual crece en descristianización que en pobreza y miseria. Porque, en definitiva, ¿acaso no es el reino de Dios de los pobres? Y, bien sabemos, pobres siempre tendremos entre nosotros. Es más cada día crece su número de forma exponencial, gracias a la sociedad que procede del cristianismo.

Un “mea culpa” escapa de mis labios, pues, aunque parte de ese pueblo que busca la fe auténtica, no me puedo excluir de mi condición de “labrador arrendatario”.

Fray Ángel Romo Fraile

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Evangelio Misionero del Día: 30 de Setiembre de 2011 - XXVI Semana del T.O - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 13-16

Jesús dijo:

¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes me rechaza a mí; y el que me rechaza rechaza a Aquél que me envió.


La persona no existe sino en sociedad. Todos necesitamos sentirnos acogidos y, de alguna manera, queridos porque aquellos con los que nos relacionamos. De esa manera logramos superar la radical soledad en que vivimos y nos sentimos miembros y parte de un cuerpo mayor: la familia, el grupo de amigos, los que seguimos a un equipo de fútbol, los nativos de una región o los que compartimos una cultura. En esa especie de círculos concéntricos es donde nos sentimos bien, nos sentimos cómodos, nos sentimos en casa.
Por eso no hay peor castigo que sentirse rechazado, excluido, marginado. Peor todavía cuando la persona es excluida a pesar de haber luchado por una mayor justicia y fraternidad en el grupo o sociedad a la que pertenece. Porque a veces, muchas veces, el precio de sentirse en casa es callar ante la injusticia y ante la opresión y el abuso de los poderosos sobre los débiles. Eso en el ámbito de los amigos, de la familia, del club de fútbol y de la nación.
La experiencia de sentirse rechazado es muy dolorosa. La soledad del que no puede contar con nadie es dura. Mantener la coherencia y la fidelidad a los principios y valores por los que se ha luchado es un tarea sobrehumana. Quizá las palabras de Jesús se entienden en este contexto.
Jesús ha conocido el rechazo de su pueblo. Les ha ofrecido un mensaje nuevo y diferente, el Reino. Una forma de relacionarse con Dios capaz de quebrar para siempre las estructuras de opresión que existen dentro y fuera del pueblo. Pero nadie, o casi nadie, le ha seguido. Le rechazan los poderosos y le condenan los dirigentes espirituales del pueblo. Hasta el pueblo sencillo le abandona. No quieren revoluciones. Prefieren mantenerse como están aunque tengan que pagar un alto precio.
Jesús no condena a nadie. Simplemente pone de manifiesto que, al rechazarle, están optando por no salir de su propio infierno. Porque rechazar a Jesús es rechazar la Vida.

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 30 de Setiembre de 2011

Semana XXVI DURANTE EL AÑO

Lectura del libro de Baruc 1, 15-22

Al Señor, nuestro Dios, pertenece la justicia; a nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como sucede en el día de hoy: vergüenza para los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén, para nuestros reyes y nuestros jefes, para nuestros sacerdotes, nuestros profetas y nuestros padres. Porque hemos pecado contra el Señor, le hemos sido infieles y no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, que nos mandaba seguir los preceptos que Él puso delante de nosotros.
Desde el día en que el Señor hizo salir a nuestros padres del país de Egipto, hasta el día de hoy, hemos sido infieles al Señor, nuestro Dios, y no nos hemos preocupado por escuchar su voz. Por eso han caído sobre nosotros tantas calamidades, así como también la maldición que el Señor profirió por medio de Moisés, su servidor, el día en que hizo salir a nuestros padres del país de Egipto, para darnos una tierra que mana leche y miel. Esto es lo que nos sucede en el día de hoy.
Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, conforme a todas las palabras de los profetas que Él nos envió. Cada uno se dejó llevar por los caprichos de su corazón perverso, sirviendo a otros dioses y haciendo el mal a los ojos del Señor, nuestro Dios.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 78, 1-5. 8-9

R. ¡Líbranos, Señor, por el honor de tu Nombre!

Señor, los paganos invadieron tu herencia,
profanaron tu santo Templo,
hicieron de Jerusalén un montón de ruinas;
dieron los cadáveres de tus servidores
como pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus amigos, a las fieras de la tierra. R.

Derramaron su sangre como agua
alrededor de Jerusalén, y nadie les daba sepultura.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre?
¿Arderán tus celos como un fuego? R.

No recuerdes para nuestro mal
las culpas de otros tiempos;
compadécete pronto de nosotros,
porque estamos totalmente abatidos.
Ayúdanos, Dios salvador nuestro, por el honor de tu Nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados, a causa de tu Nombre. R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 13-16

Jesús dijo:

¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes me rechaza a mí; y el que me rechaza rechaza a Aquél que me envió.

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA XXVI
Del Común de doctores de la Iglesia. Salterio II

30 de septiembre

SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor de la iglesia (MEMORIA)

Nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Abrazó la vida ascética, marchó al Oriente y fue ordenado presbítero. Volvió a Roma y fue secretario del papa Dámaso. Fue en esta época cuando empezó su traducción latina de la Biblia. También promovió la vida monástica. Más tarde se estableció en Belén, donde trabajó mucho por el bien de la Iglesia. Escribió gran cantidad de obras, principalmente comentarios de la sagrada Escritura. Murió en Belén el año 420.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: PARA VOSOTROS, EL MISTERIO DEL PADRE.

Para vosotros, el misterio del Padre;
con vosotros, la luz del Verbo;
en vosotros, la llama del Amor
que es fuego.

¡Hontanares de Dios!,
¡hombres del Evangelio!,
¡humildes inteligencias luminosas!,
¡grandes hombres de barro tierno!

El mundo tiene hambre de infinito
y sed de cielo;
las criaturas nos atan a lo efímero
y nos vamos perdiendo en el tiempo.

Para nosotros,
el misterio que aprendisteis del Padre;
con nosotros, la luz que os dio el Verbo;
en nosotros, el Amor ingénito.

¡Hombres de Cristo, maestros de la Iglesia!
dadnos una vida y un anhelo,
la angustia por la verdad,
por el error el miedo.

Dadnos una vida de rodillas
ante el misterio,
una visión de este mundo de muerte
y una esperanza de cielo.

Padre, te pedimos para la Iglesia
la ciencia de estos maestros. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

Salmo 50 - CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

Ant. 2. En Tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

Cántico: JUICIO DE DIOS - Ha 3, 2-4. 13a. 15-19

¡Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra!
En medio de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día,
su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas al andar.
Tranquilo espero el día de la angustia
que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el establo,
yo exultaré con el Señor,
me gloriaré en Dios mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. En Tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

Ant. 3. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Salmo 147 - RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Glorifica al Señor, Jerusalén.

LECTURA BREVE Sb 7, 13-14

Aprendí la sabiduría sin malicia, reparto sin envidia, y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que lo adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.

RESPONSORIO BREVE

V. El pueblo cuenta su sabiduría.
R. El pueblo cuenta su sabiduría.

V. La asamblea pregona su alabanza.
R. Cuenta su sabiduría.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El pueblo cuenta su sabiduría.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.

Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
haz que por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo,
no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
haz que nunca falten en tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.

Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Oh Dios, que concediste a san Jerónimo saber gustar de la sagrada Escritura y vivirla intensamente, haz que tu pueblo se alimente cada vez más en tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VERBO DE DIOS, ETERNA LUZ DIVINA.

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el seno de Virgen, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad la verdad en los caminos. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.

Salmo 114 - ACCIÓN DE GRACIAS

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.

Ant. 2. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 120 - EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Ant. 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA BREVE St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

V. En la asamblea le da la palabra.
R. En la asamblea le da la palabra.

V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
R. Le da la palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Jerónimo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Jerónimo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Oh Dios, que concediste a san Jerónimo saber gustar de la sagrada Escritura y vivirla intensamente, haz que tu pueblo se alimente cada vez más en tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CRISTO, SEÑOR DE LA NOCHE

Cristo, Señor de la noche,
que disipas las tinieblas:
mientras los cuerpos reposan,
se tú nuestro centinela.

Después de tanta fatiga,
después de tanta dureza,
acógenos en tus brazos
y danos noche serena.

Si nuestros ojos se duermen,
que el alma esté siempre en vela;
en paz cierra nuestros párpados
para que cesen las penas.

Y que al despuntar el alba,
otra vez con fuerzas nuevas,
te demos gracias, oh Cristo,
por la vida que comienza. Amén.

SALMODIA

Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.

Salmo 87 - ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE ENFERMO

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.

Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.

Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.

Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.

Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de pesar.

Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla
o tu justicia en el país del olvido?

Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?

Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de tus terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han consumido:

me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las tinieblas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.

LECTURA BREVE Jr 14, 9

Tú estás en medio de nosotros, Señor, tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor Dios nuestro.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, lo imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

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