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martes, 31 de agosto de 2010

MEDITACIÓN AGNÓSTICA SOBRE DIOS

Voy a reflexionar como un agnóstico, nos dice con sabiduría, Monseñor Jorge Hourton en este interesante artículo que ha tenido buenos comentarios y excelente acogida en variados ambientes cristianos de Chile y Latinoamérica.


I. Dios es ante todo una palabra, un término, una voz. Un signo gráfico. Cuatro letras. Un monosílabo.
¿Hay una idea tras este término? ¿Una idea clara y distinta? Claro que no. ¿Dios no es entonces más que una Palabra? Si no hay idea clara y distinta tras esa palabra, ¿no hay al menos una imagen? Sí y mucho más de una. Esa palabra se multiplica desde luego en muchos lenguajes distintos en los distintos pueblos y culturas. Antiguamente esta palabra se decía sobre todo en plural: se hablaba de dioses y diosas y tenían nombre propio e imagen: Zeus, Júpiter, Hera, Atenea, Artemisa, etc. Entre los judíos el mismo Dios podía nombrarse con términos diferentes: Yahwe, Elohim, Adonai, y su imagen era la de un supremo Hacedor, Señor que daba leyes, hablaba por medio de los profetas, conducía los ejércitos a la victoria o también a la derrota para castigar su idolatría. Era celoso de otros dioses, cruel y enojón a veces pero también enamorado de un pueblo, Israel.
Todos estos fueron hechos historizados en una colección de libros que se conserva en occidente como el best-seller de todos tiempos. En los pueblos del Africa, de la India y del Asia hubo y hay otras imágenes divinoides que se expresan en personajes, mitos, espíritus, ritos, sacrificios, danzas, culto a los difuntos, nirvana, contemplaciones, etc. Imágenes que dan origen a religiones que quieren trascender la materialidad de la vida y tocar algo sagrado.

II. Pero ¿porqué esta Idea de Dios, que no es clara y distinta, está sin embargo tan presente todavía en tantos pueblos cultos e incultos y en tanta gente culta e inculta ? Es una idea no sólo social sino psicológica e histórica, porque está durando tanto como la especie humana.
¿Por qué tiene una Historia tan larga y persistente y tanta gente la considera tan importante, valiosa, interesante, fecunda que pasan su vida pensando en ella, en función de ella y aún es capaz de dar su vida porque la cree verdaderamente, más que una palabra o una idea: un Ser real?
Ciertamente esta Idea no tiene un lugar privilegiado en el mundo moderno de las comunicaciones, de la publicidad, de la economía, (esta es nuestra “religión” en la cultura moderna), ni en las otras ciencias humanas? Pero sigue porfiadamente presente en la esfera de las creencias, en un complejo inmenso de acontecimientos, tradiciones, instituciones, personajes, de las cuales el hombre moderno sigue dependiendo mucho y a las cuales sigue ligado como a una atmósfera insoslayable. Creer parece ser tan natural que para evitarlo hay que hacer una opción negativa. Hay que decidir no creer. Y creer es otra decisión diríamos espontánea.
En efecto: desde su primera infancia el niño cree a sus padres y aprende vitalmente los valores y construye su personalidad por la confianza amorosa a sus padres. Y sufre cuando esta confiada-creencia tropieza y sufre deterioro o se pierde definitivamente.
Aquí sucede que si los padres profesan una creencia en la idea de Dios como Padre, la enseñan porque están ciertos que es necesaria y buena. Cualquiera sea el nivel de cultura esta creencia se trasmite y extiende a otros, llegando a adquirir vida propia en el otro. ¡ Qué curioso es que sin basarse en ideas claras y distintas esta creencia se auto difunde por la mediación de testigos fiables . Aparecen de pronto en cualquier parte, creyentes tan fuertes a los que llaman “santos” y hay ciertamente muchísimos más que los que se titulan oficialmente de tales. A Dios los creyentes siguen aceptándolo a pesar que es un “Dios escondido y callado” y los ambientes públicos poco hablan de él. Pero hay muchos susurros que no son Él pero que hablan de Él, con los cuales la Palabra pareciera salir de su silencio y mostrarse personalmente a quienes tienen, como dicen, “ojos para ver y oídos para escuchar.”


III. A nosotros los agnósticos puede sucedernos a veces que lamentemos no tener ojos y oídos para percibir esos susurros . Me dicen que Dios ha escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las ha revelado a los pequeños y humildes. Los “sabios” serán tal vez los orgullosos y los “prudentes” los que no se arriesgan. Pero sabios y prudentes no pueden dejar de atisbar entre las cosas que nos están escondidas la Historia de los últimos veinte siglos. Allí surgió un macrofenómeno especial que se llama “Cristianismo”. Es un campo en el que no nos gusta entrar. Sin embargo muchos historiadores, teólogos y sociólogos no eluden hacer su estudio científico desde afuera. Pero la mayoría de nosotros, no. Por diversas razones que no siempre tenemos claras. A veces porque no nos han hablado de eso, otras veces porque algo o mucho hemos oído pero otros intereses (la economía, el trabajo, la ciencia, el arte, la política, la diversión, etc.) nos han absorbido por entero y no dejan lugar para otra cosa. Surgir y progresar, ganar bien, pasarlo bien en este mundo nos pre y ocupa tanto que no tenemos tiempo ni ganas para ver y oír al cristianismo.
Muchas veces no somos propiamente ateos, pero nos mantenemos a distancia de Él, tal vez para que no nos sintamos sometidos, súbditos, obligados a acatar otras normas que las leyes civiles, que ya son hartas. Nos damos así un aire de libertad que sirve bastante a nuestro amor propio y auto estima. La religión -también la cristiana- nos molestan.
No por eso carecemos de valores morales. Conocemos la diferencia entre el bien y el mal y por cierto, preferimos el primero Respetamos sobre todo las leyes civiles, que ya limitan bastante nuestra libertad. La libertad decimos que es el atributo esencial del Hombre y por eso que la queremos lo menos limitada posible. Nuestro gusto por la libertad también nos puede autorizar, como a cualquiera, a infringir valores llamados éticos cuando nos conviene.
IV. En este mundo secular y laico convive el Cristianismo. Reconoce que Dios está “escondido y silencioso” pero trabaja para hablar de Dios y llamar a convertirse a Él aceptando la Fe. Nos cuesta bastante porque lo vemos dividido en distintas ramas que no se quieren mucho, por no decirlas enemigas. Y dicen que su fundador les mandó especialmente que fueran unidos y se amaran. Eso da la impresión de que el cristianismo está en decadencia o ha fracasado.
La que parece más grande se considera la llamada Iglesia Católica Romana. Tiene una robusta organización bastante centralizada y jerarquizada (demasiado, a juicio de algunos), Es extraño: aparece como una monarquía absoluta gobernada por un solo jefe con autoridad que dicen infalible, elegido por un grupo reducido que él mismo ha nombrado. Su Imperio territorial tiene solo unos pocos kilómetros cuadrados dentro de una república laica y democrática. Pero sus súbditos son varios centenares de millones y se extienden por todos los continentes donde hay centenares de países laicos y democráticos.
Esta gran “empresa mundial” que se autodenomina Iglesia Católica” promueve una religión que consiste en una cosmovisión que hay que aceptar con la razón y por la fe. En realidad su mayor hazaña es que armoniza bastante la razón y la fe, cosa que no podemos hacer nosotros. Vemos sin embargo que una multitud de grandes talentos, pensadores y científicos, filósofos y escritores lo hacen. Y esto a lo largo de una historia muy larga y con una psicología coherente.
Su historia coincide con la de toda la humanidad: todavía es imposible fijar cuando y donde surgieron los primeros antropoides, pero lo que conocemos mejor del origen de la civilización occidental (que está absorbiendo a todas las demás), se sitúa en la Mesopotamia y la Palestina. De ello tenemos documentos sólidos del oriente medio y del pueblo de Israel, del cual procede el cristianismo y la Iglesia Católica. Curiosamente es esta cultura occidental y cristiana la que se ha preocupado de descubrir y revelar todas las otras culturas. Lo hace hoy descaradamente imponiéndoles el sistema económico capitalista neo-liberal, a lo cual llaman “mundialización”. Ya mucho antes esta Iglesia católica había intentado lo mismo pero con objetivos y medios diferentes: hablarles de un Dios hecho hombre y con harto sacrificio, en lo que llaman “Misiones”.
Ganan mártires y porfían en hacerlo también ahora en los pueblos modernos y cultos.
V. Un amigo historiador me informa ahora que nuestro calificativo de “agnóstico” expresa lo contrario de unos herejes que hubo en los comienzos del cristianismo que se llamaron justamente “Gnósticos”. Se referían a Dios en los solos términos del conocimiento racional. Pensaban, especulaban, conocían y hasta buscaban construir una mística contemplativa. Descartaron de su interés a Jesús de Nazaret.
Sin embargo hubo cristianos notables que practicó un Gnosticismo sin extraviar la fe en Jesús de Nazaret. Pero nosotros anteponemos la partícula negativa“a” a la “gnosis”, con lo cual rechazamos el conocimiento de Dios. Mi amigo católico me dice que tenemos algo de razón: el Dios de la razón no lleva a ninguna parte: no vive, no habla, no nos dice nada a nosotros, nada prueba que se interese por nosotros, por nuestros problemas y por nuestros sufrimientos. Es un
perfecto desconocido. Pero por nuestra misma razón estamos capacitados para atender lo que dice el cristianismo sobre Él.
No es método científico estudiar toda y cualquier cosa menos el fenómeno de la fe cristiana. No es sensato excluir de partida -en nombre del razonar bien- lo que bien puede resultar bien razonable a la recta razón. Mi amigo católico aprovecha para decirme: “¡Supieras qué linda, qué verdadera, qué bienhechora es esta fe católica que profesamos!”. ¡Qué multitud de personas relevantes ha formado en la historia esta Iglesia que se ve tan consistente desde el Papa hasta la última campesina que reza su rosario y va al santuario de su devoción, pasando por hombres de ciencia, escritores, teólogos, artistas y hasta clérigos!”.
Sí, los agnósticos podemos reconocer que el Cristianismo es hermoso, valioso, fecundo, grande y vigoroso. Pero también le encontramos yayas que nos dificultan su credibilidad. A veces pensamos que está declinando y agonizando. Hace tiempo que se viene pensando así, pero los creyentes se muestran confiados en que se pueden sobreponer a sus pruebas, justamente porque saben que no son ellos los que conducen esta empresa.


+Jorge Hourton P.
Publicado en revista Reflexión y Liberación Nº 86
Santiago, Agosto de 2010.

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NUESTROS «IDOLOS» PRIVADOS


Por José Antonio Pagola
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 14, 25-33) - Ciclo C

Hay algo que resulta escandaloso e insoportable a quien se acerca a Jesús desde el clima de autonomía, autosuficiencia y afirmación personal del hombre del siglo veinte.

Jesús es radical a la hora de pedir una adhesión a su persona. El hombre debe saber subordinarlo todo al seguimiento incondicional a Jesús.

No se trata de un «consejo evangélico» para un grupo de cristianos selectos o una élite de esforzados seguidores. Es la condición indispensable de todo discípulo. Las palabras de Jesús son claras y rotundas. «El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío».

El hombre siente desde lo más hondo de su ser el anhelo de la libertad. La vida se nos ofrece con frecuencia como una verdadera lucha de los individuos y las comunidades por lograr su libertad y su independencia.

Y sin embargo, hay una experiencia que se sigue imponiendo generación tras generación. El hombre parece condenado a ser «esclavo de ídolos». Incapaces de satisfacernos a nosotros mismos, nos pasamos la vida entera buscando algo que responda a nuestras aspiraciones y deseos más fundamentales.

Cada uno buscamos un «dios», algo que nos parece esencial para vivir, algo que inconscientemente convertimos en lo esencial de nuestra vida. Algo que nos domina y se adueña de nosotros profundamente.

Paradójicamente, este hombre que busca ser libre, independiente y autónomo, no parece que pueda vivir sin entregarse a algún «ídolo» que oriente y determine decisivamente su conducta y su vida entera.

Estos «ídolos» son muy diversos. Dinero, salud, éxito, poder, prestigio, sexo, tranquilidad, felicidad a toda costa.... Cada uno sabe el nombre de su «dios privado» al que damos culto y rendimos secretamente nuestro ser.

Por eso, cuando en un gesto de «ingenua libertad» hacemos algo «porque nos da la gana», debemos preguntarnos honradamente qué es lo que en aquel momento nos domina y a quién estamos obedeciendo en realidad.

La invitación de Jesús es provocativa. Sólo hay un camino para acercarnos a la libertad y sólo lo entienden los que se atreven a seguir a Jesús incondicionalmente: vivir en obediencia total a un Dios Padre, origen y centro de referencia de toda vida humana, y en servicio desinteresado a los hombres sentidos como hermanos.

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Recuperación y/8. Creo en la comunión de los santos y en la resurrección de la carne


Publicado por El Blog de X. Pikaza

Éstas son las dos últimas palabras del antiguo credo de la iglesia:

Creo en la comunión de los santos
y creo en la resurrección de la carne

Con ellas quiero terminar este serie dedicada a la recuperación cristiana, propia del “verano norte” del 2010. Buen día a todos y gracias a los que me habéis seguido, a pesar de las vacaciones (en este cálído agosto de Castilla).

Creo en la comunión de los santos

El proceso de reforma y recreación eclesial sólo tiene sentido si va unido a un nuevo impulso misionero. El sistema domina nuestro mundo en un nivel económico-administrativo, pero en otro nos abandona a la improvisación familiar, a la soledad social, al puro mundo del espectáculo que distrae sin enriquecernos, que aturde sin llenar nuestros corazones. En ese contexto queremos reiniciar la misión cristiana, sin nostalgias ni retornos imposibles. No se puede reconstruir la vieja Europa cristiana, ni mantener el modelo de evangelización de América, ni defender la forma de unidad que ha impuesto el papado en los últimos siglos. Estamos llamados a crear iglesia, en dos movimientos simétricos:

 Las comunidades deben constituirse a sí mismas, desde el encuentro de los creyentes, que se descubren llamados por la Palabra y Amor de Jesús, sin más finalidad que dialogar y ser comunión de personas, compartiendo la vida. Ellas mismas deben rehacer el camino de la fe, en formas de amor liberado, desarrollando sus ministerios y liturgias del pan y vino (o sus equivalente simbólicos en plano de comida). Ningún cristiano sustituir a otro en su camino, pero todos se acompañan y ayudan en el gesto redentor del amor mutuo y la entrega gozosa de la vida .

 Las comunidades se vinculan formando federaciones que se abren y extienden hasta llenar el mundo. Un mismo amor las empuja, una experiencia de gratuidad las une, integrando así comuniones más amplias, conferencias de iglesias reunidas, sea en torno a un obispo central (obispados mayores), o en torno a un consejo de obispos (conferencia episcopal etc). Cada iglesia es por sí misma presencia de Reino (no recibe autoridad por delegación), pero todas pueden y deben unirse en comunión de espíritu y diálogo, como células de amor que se van expandiendo al mundo entero.

Es evidente que las comunidades tendrán estilos distintos para celebrar su fe y construir su unidad, sobre la base del único evangelio y la palabra clave de los primeros concilios. Pero más que la unidad en la expresión externa de la fe importará la comunión y comunicación, que supera las imposiciones de algunos o la dictadura del sistema. No será un camino fácil. Habrá que recorrer nuevamente grandes itinerarios de fe y amor, en un proceso enriquecido por el recuerdo de las viejas cristiandades. Se ayudarán unos a otros, pero cada comunidad deberá resolver sus problemas, recorriendo su propia itinerario creyente.

El camino será variado, habrá tentativas distintas, con el riesgo de perderse en las muchas experiencias, pero sólo así, dejando en libertad a los caminantes, podremos rehacer la gran marcha de la fe, como muestran los escritos del Nuevo Testamento. En ese contexto será fundamental la solidaridad misionera entre las diversas iglesias, con mayor movilidad y mayor presencia de las unas en las otras, en clima dialogal, en plano de pan, de casa y de palabra, como han mostrado laslos posts anteriores.

Para que el proceso sea novedoso y todos puedan recorrerlo en libertad, es conveniente que el poder de Roma quede por un tiempo silenciado, no por conflictos internos e impotencia (como en los siglos oscuros: IX-X EC), sino para riqueza y creatividad de las iglesias e instituciones eclesiales: que no imponga su control, que no trece directrices para todos, ni acuda al magisterio ordinario para resolver los problemas en forma de sistema; que las mismas iglesias (federaciones de iglesias) tracen planes misioneros, poniendo en marcha formas nuevas de dinámica cristiana.

Es necesario que las iglesias recuperen su identidad y responsabilidad: que se enfrenten a la tarea de actualizar su mensaje a la cultura del tiempo y de recrear su organización ministerial, compartiendo experiencias, pero sin querer hacerlo todas de la misma forma. Que no haya control teológico, ni miedo a pensar y decir lo que se piensa (como en la actualidad), ni una Congregación unitaria y secreta de Doctrina de la fe, que se atreve a decirnos lo que debemos decir... Ciertamente, tanto el Credo Romano como el Niceno-Constantinopolitano son básicos y los primeros concilios de la Iglesia universal siguen ofreciendo un canon de fe, pero después será preciso que aprendamos a dialogar sin presupuestos ni complejos de verdad con los demás cristianos (ortodoxos, protestantes) .

En este campo, me parece necesario que recuperemos, por amor al evangelio, la libertad para pensar en libertad y comunión, de manera que la misma dinámica de la verdad vaya abriendo nuevas comprensiones del misterio, sin ocultamiento o miedo, pues la "verdad del amor" (cf. Ef 4, 15) se irá sedimentando por su densidad, no por coacciones exteriores. Debemos confiar en el "sensus fidelium" o sensibilidad creyente de las comunidades, capaces de discernir y vivir la verdad, en diálogo comunitario, sin distinción de clérigos y laicos.

Sólo recorriendo su camino, en este nuevo mundo del sistema, las iglesias aprenderán a dialogar de forma evangélica, sin los miedos y reservas actuales, creando formas de vinculación, desde la fe común, en transparencia de amor. Sólo así podrá ser de nuevo importante la función petrina de la iglesia católica, pero no en clave de uniformidad, sino de diálogo entre las comunidades. Es posible que iglesia en cuanto tal tenga que dejar la inmensa mayoría de sus obras eclesiales propias (universidades y colegios, hospitales y posesiones), para mostrar mejor lo que es: comunión gratuita de personas, sin nada propio (sin bienes ni posesiones al modo del sistema).

De esa forma podrá inspirar organización de carácter mixto (de inspiración evangélica y concreción social), conforme al modelo de las ONG u OE, (=Organizaciones Eclesiales) que serán gestoras de bienes y acciones vinculadas a la iglesia: de sus edificios y organizaciones educativas (si fuere necesario), de sus obras sociales y asistenciales etc. De esa forma, la iglesia se ocupará de las cosas de Dios, pero podrá dialogar con el sistema (que se ocupa de las cosas del César), promoviendo instituciones en línea de gratuidad y ayuda social pero sin identificarse con ellas, sin identificarlas con su más honda verdad: ella es comunión gratuita, signo de perdón y amor liberador .


Creo en la resurrección de la carne.

Siguiendo la palabra del Credo evocamos al fin: Creo en la Vida eterna. Comenzamos planteando el tema a partir de la historia de Jesús, que había interpretado el Espíritu como poder de Dios que libera a los posesos y abre a todos un camino de Reino, siendo por ello por ello perseguido (cf. Mc 3, 21-30). Los discípulos pascuales deberán seguir su gesto, siendo también perseguidos:

Cuando os lleven a entregaros (a los tribunales)
no penséis de antemano lo que habéis de contestar;
decid más bien aquello que (Dios mismo) os inspire aquella hora.
Pues no seréis vosotros los que habléis sino el Espíritu Santo
(Mc 13, 11 par).

Posiblemente, estas palabras provienen de la comunidad cristiana que habla en nombre de Jesús y sabe que el Espíritu de Dios se hará palabra de vida y asistencia en medio de las persecuciones del sistema. Pablo vincula esta certeza con la resurrección, al confesar que el mismo Espíritu de Dios que ha resucitado a Jesús de entre los muertos, resucitará a los fieles (Rom 8, 11-12). Como aquella situación es la nuestra. Los primeros cristianos se enfrentaron, impotentes pero llenos de perdón y gracia de Dios, al gran sistema del imperio, con la certeza de que encontrarían (les sería dada) la palabra y fuerza en el momento necesario.

También nosotros nos hallamos dominados por el miedo: nos ronda la angustia de la vida, nos posee la amenaza del sistema, que nos cierra en su cofre de hierro sin salida. La misma iglesia oficial nos parece dominada a veces por el miedo, buscando seguridades en su propio y pequeño sistema sacral. Pues bien, en esa situación nos llega y anima la palabra de Jesús: "no tengáis miedo, pues no seréis vosotros los que habléis sino el Espíritu Santo".

Siguiendo en esa línea, ha elevado Pablo la certeza de que el Espíritu dirige nuestra vida hacia la plenitud de toda Vida, superando así el giro constante de las cosas, que vuelven siempre a lo mismo, en círculos de eterno retorno, oprimiendo a los humanos. La razón del sistema se pierde, la mente encerrada en el mundo no encuentra respuesta ni sabe cómo pedir y/o comportarse, pero el Espíritu de Dios viene y ayuda, con palabra de oración y esperanza salvadora:

– Toda la Creación gime y sufre hasta ahora,
como en dolores de parto. Pero no sólo ella,
– también Nosotros, que tenemos la primacía del Espíritu,
gemimos por dentro, esperando la filiación,
la redención de nuestro cuerpo
– El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad,
pues no sabemos pedir como se debe,
pero el mismo Espíritu intercede por nosotros
con gemidos inefables (Rom 8, 22-26).

El camino de misión e institución cristiana, participa de este gran dolor del mundo. Donde se dice que la Creación sufre en dolores de parto podríamos traducir y afirmar que el sistema (cofre de hierro cerrado en sí mismo), padece y sufre, buscando algo distinto, aunque ni él mismo lo sepa, ni lo sepan sus servidores. Pues bien, desde todo lo anterior nos atrevemos a decir que el mismo sistema quisiera convertirse en matriz de humanidad.

La creación gime en dolores de parto y también nosotros con ella gemimos: no podemos alcanzar la plenitud a solas, ni por medio del puro sistema, que es incapaz de resolver nuestras dudas y curar nuestras enfermedades. Pero el Espíritu penetra en nuestra vida, asumiendo nuestra debilidad, animando y dirigiendo nuestra marcha hacia su Vida y Comunión eterna, por encima de los riesgos (y valores) del sistema. Desde este fondo podemos recordar la promesa del Paráclito, que evocábamos ya al tratar de Jn:

Conviene que yo me vaya, pues si no me fuere no vendrá a vosotros el Paráclito...
Cuando venga Él, el Espíritu de la Verdad, os guiará a la verdad completa (Jn 16, 7.13)
La mujer cuando está de parto se entristece, porque ha llegado su hora,
pero cuando da a luz al niño no se acuerda de la tristeza... (Jn 16, 21)

Conviene que se vaya y culmine su camino, para ofrecer a los humanos el Espíritu, que lleve a la verdad completa, no sólo al final, sino en medio de la historia. Del plano cósmico (Rom 8: el mundo gime, esperando libertad) pasamos al más antropológico y eclesial (Jn): el Espíritu es don y presencia de Dios en el amor de los humanos que nos abre (les abre) hacia el futuro de la plena Verdad, que es el perdón y comunión interhumana. En ese fondo sigue la imagen del "parto", que es dolor creador, principio de más alto nacimiento. Camino de parto de reino o resurrección es la iglesia . Los judíos más cercanos a Jesús (esenios, fariseos) esperaban la resurrección, destacando su carácter comunitario (del pueblo en su conjunto) y escatológico (será al fin de los tiempos, es decir, en la culminación de la historia).

Pues bien, avanzando en esa línea, los cristianos han vinculado la resurrección con el triunfo de Cristo (ha vencido a la muerte) y la presencia del Espíritu Santo, que es poder de resurrección y vida eterna, actuando ya en la iglesia. Ellos no creen sin más en la resurrección general (final) de los muertos, aunque esa fe pueda estar en el fondo de su confesión (cf. Rom 4, 17; Jn 11, 24), sino en el Dios que ha resucitado ya a Jesús de entre los muertos, por obra del Espíritu. No se limitan a esperar la resurrección y vida final, sino que la identifican con el triunfo de Jesús y su Espíritu en la pascua: creen que Jesús ha resucitado ya, de forma que pueden afirmar ¡Yo soy la resurrección y la Vida! (cf. Jn 11, 25).


Conclusiòn

La historia no es un eterno retorno angustioso, ni pura cárcel de sistema, sino camino abierto por el Espíritu de Dios hacia la Creación definitiva. La resurrección ha de entenderse, según eso, desde un trasfondo personal de entrega mutua y donación de vida, en amor compartido y presencia del Espíritu. La carne vieja de este mundo es lucha mutua, deseo codicioso, envidia violenta. Por el contrario, la carne abierta a la resurrección es vida compartida, es comunión personal gratuita de aquellos que tienen su vida dándola a los otros.

Resucitar en la carne significa culminar la vida en comunión, rompiendo el cofre del sistema. La resurrección pertenece al diálogo de los humanos con Dios, en gratuidad y donación: el resucitado no recupera la vida en mí mismo (en soledad), sino desde el amor de Dios, en el Espíritu. Por eso, estrictamente hablando, la resurrección consiste en dejar de vivir en mí mismo, para vivir desde Dios, en y con los otros, en gracia compartida; no es experiencia cósmica, ni triunfo del sistema, ni descubrimiento interior, sino comunicación de amor sobre la muerte .

El sistema está hecho de muerte: lucha y competencia, envidia y egoísmo; por eso nos encierra a todos en su cofre, que es destino de imposición y de violencia. Por el contrario, la libertad cristiana sólo existe y se despliega en un nivel de comunión o gracia compartida, que rompen las paredes del sistema y nos permiten descubrir y alcanzar (recibir) la Vida eterna.

En principio, enn contra de lo que creen y dicen en este blog algunos instrumentos ecleiásticos, los cristianos no creemos en la inmortalidad del alma o de la vida sino en el Dios que resucita a los muertos. El alma no es inmortal en sí, pero puede alcanzar una vida más alta y perdurable (eterna o sin fin) por gracia del Dios que la acoge y transforma en amor compartido, en comunión definitiva, tras la muerte. Desde ese fondo, la fe en la comunión de los santos y la fe en la vida eterna se identifican.

La resurrección empieza así dentro de la historia, como sabe Ap 20, 1-6 cuando habla de la primera resurrección, del Milenio que se identifica con el triunfo de los mártires, que han puesto su vida al servicio de la libertad y amor de Cristo.

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La Madre Teresa de Calcuta


Publicado por el Blog del Padre Fortea

Dado el usual despiste permanente en el que suelo vivir, se me pasó completamente el centenario del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta, que fue el pasado jueves.

Ahora, unos días más tarde, me gustaría decir que nosotros no podemos comprender a la Madre Teresa. No podemos, porque ella en vida voló a alturas para nosotros insondables. La misma religiosa seguro que conforme pasaron los años de su entrega, de su cruz, de su generosidad, del crecimiento de su vida mística, exclamaría en sus ratos de oración: ¡ahora lo entiendo! Ahora entiendo este punto, ahora entiendo este tema, el Señor me ha hecho comprender tal o cual cosa.

Al hablar de la Madre Teresa tendemos a creer que era una persona muy buena y ya está. Es decir, alguien como nosotros que se dedicó a auxiliar a los pobres. Y olvidamos que el que se entrega de forma total a Jesús, va siendo transformado por Él.

Los pensamientos de la Madre Teresa al final de su vida se hallaban tan henchidos de amor, tan llenos de una sabiduría que no es de este mundo, sino aprendida directamente del Logos Encarnado, que nosotros, como si fuéramos unos niños pequeños, podemos afirmar que sólo conocíamos una minúscula parte del iceberg que era ella. No sólo conocimos una pequeña parte de ese titán que la Madre Teresa, sino que además conocimos esa pequeña parte según las pocas fuerzas de nuestro pequeño entendimiento.

Ella fue un ángel sobre la tierra, un gigante, una reina, una luz. En realidad no nos hacemos una idea adecuada de su vida espiritual, de la intensidad de su amor, del insondable conocimiento teológico del Misterio que tuvo ella.

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SEPTIEMBRE



Cuando en las playas aparece el viento
y en el azul las nubes miran solas
el beso en despedida de las olas
que admira un sol más triste y macilento,

y aquel adiós se queda sin aliento
sobre la espuma que ríe en cabriolas,
mientras la lluvia sueña en las farolas
por un amor que sólo es sentimiento,

ha llegado septiembre y su pañuelo
melancólico y blanco en la ventana
enjuga los recuerdos suavemente,

me confirma que aquí yo voy de vuelo
y que el alma jamás se haya lejana
del mar sin fin que alienta en el presente.



Pedro Miguel Lamet

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Evangelio Misionero del Dia: 1 de Setiembre de 2010 - SEMANA XXII DURANTE EL AÑO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 38-44

Al salir de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y ésta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y Él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. De muchos salían demonios gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero Él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero Él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Jesús: un gran misionero
“Tengo que evangelizar el Reino de Dios”

Durante este período litúrgico, nos acompaña prioritariamente el evangelista Lucas. Su manera particular de introducirnos en el misterio de Jesús y de mostrarnos cómo se forma un discípulo por las rutas del seguimiento, merece toda nuestra atención y aprecio.

No perdemos de vista el planteamiento de Lucas en el relato modelo de “Los peregrinos de Emaús” (Lc 24,13-35), y en cual nos introduce -con sumo cuidado y gran intuición exegética, espiritual y pastoral- Mons. Santiago Silva en la introducción de esta revista. Allí encontramos muchos elementos que nos colocan en el punto de vista más apto para comprender la totalidad del Evangelio, en cuanto revelación del misterio de la persona de Jesús y de su obrar, y su proyección misionera, en cuanto “base sólida” del mensaje que predicamos (ver Lc 1,4).

Desde la última página del evangelio (Lc 24) retrocedemos ahora hasta el comienzo del ministerio de Jesús, para seguir el itinerario catequético completo, descubriendo paso a paso todo lo que el camino de Jesús implica. Volvemos entonces a Galilea, porque “la cosa empezó en Galilea” (Hechos 10,37).

El programa misionero de Jesús

Tengamos presente que la presentación del programa de la misión de Jesús, que es el objetivo de los pasajes que se encuentran en Lc 4,16-44, sigue el esquema didáctico de enseñanza con “Palabras” (en Nazareth, ver 4,16-30) y enseñanza con “obras” (en Cafarnaúm, ver 4,31-43). Toda esta presentación termina con una síntesis de la misión –“predicando” (lo cual incluye las acciones)- en el país entero (ver 4,44).

El texto que leemos hoy nos sitúa concretamente en Cafarnaúm.

En Cafarnaúm se muestra que es verdadero el cumplimiento de la profecía anunciada en Nazareth: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para… dar la liberad a los oprimidos” (4,18).

En Cafarnaúm, Jesús no solamente se revela por medio de acciones de poder (exorcismos y curaciones) sino que, a diferencia de lo sucedido en Nazareth, Jesús es acogido por la gente: “Quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra tenía autoridad” (4,32; traducimos literalmente). La misión de Jesús -y la de sus discípulos- conocerá momentos difíciles como el de Nazareth, pero el éxito será mayor, como lo describe la jornada misionera de Cafarnaúm.

Llama la atención cómo al comienzo y al final de esta jornada misionera, Jesús expulsa demonios. Esta acción es el signo que confirma que Jesús, en cuanto “liberador” del mal, hace presente el “Reino de Dios” prometido por los profetas (ver 4,43). Como dirá más adelante: “Si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios” (11,20).

Una jornada misionera exitosa

En la jornada de Cafarnaúm, Lucas nos enseña a contemplar al Maestro en acción –casi paso a paso- a lo largo de una jornada completa. Cada acción, cada movimiento de Jesús es una escuela para el discípulo, porque como se propondrá más adelante: “Todo el que esté bien formado será como su maestro” (6,40b).

Como lo ha hecho también el evangelio de Marcos, el evangelista Lucas nos presenta –a su manera- la “agenda” de Jesús, es decir, un día modelo del Maestro. Esto lo refleja muy bien el esquema del pasaje:
(1) Por la mañana está junto con la comunidad de Israel en la Sinagoga (4,31-37).
(2) Luego pasa al ambiente de intimidad propio de una casa de familia (4,38-39).
(3) Al final de la tarde vuelve a la vida pública, donde se encuentra con un gran número de personas, “todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias”, donde enfrenta y sana las diversas formas del sufrimiento humano (4,40-41).
(4) A la mañana siguiente se aparta de todo el mundo complejo de las relaciones con la gente para estar a solas (se sobre entiende que en oración) (4,42).
(5) Finalmente relanza la misión, una misión que abarca todo el país (4,43-44).

El motivo central de toda esta actividad misionera de Jesús, que pasa por los lugares y momentos claves mencionados, se resume en estas palabras: “Tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado” (4,43b). En una sola frase: “¡Tengo que evangelizar!”

Recorriendo despacio los diversos momentos de la jornada evangelizadora de Jesús, podemos ir captando cómo la entrada en los diversos ámbitos de la vida del pueblo va generando claras y profundas transformaciones:

(1) En la sinagoga: destruye el poder del demonio. “¡Qué Palabra es ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen” (4,36).
(2) En la casa de Simón: recupera a la persona entera, restituyéndole la salud y colocándola al servicio de los demás. “Levantándose, ella se puso a servirles” (4,39).
(3) En su encuentro con la ciudad entera: hace un gesto de imposición de manos, uno por uno, a todos los enfermos, para sanarlos. Y “También salían demonios de muchos, gritando y diciendo: ‘Tú eres el Hijo de Dios’” (4,41).
(4) En la escena de la mañana siguiente, vemos cómo combina los afanes de la misión con la soledad de la oración. “Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario” (4,42).

El pasaje nos describe el éxito de la misión no sólo en las acciones que ya hablan por sí solas sino también en dos momentos específicos en que la multitud reacciona: (1) la gente cuenta lo sucedido: “su fama se extendió por todos los lugares de la región” (4,37); (2) la gente quiere que Jesús se quede siempre con ellos: “la gente le andaba buscando y, llegando donde él, trataban de retenerle para que no les dejara” (4,42).

Cómo emerge el rostro de Jesús evangelizador

El rostro de Jesús evangelizador queda ahora mejor diseñado:

(1) Jesús es un misionero obediente al Padre: realiza la obra de la evangelización como un acto de obediencia al Plan de Dios, Padre de la humanidad. Jesús se somete a un “deber” divino (“Tengo que…”, 4,43), toda su obra se realiza según un plan preciso de salvación de Dios Padre. Esto es importante porque, en su búsqueda de la humanización de todos aquellos que sufren o están en desventaja social, Jesús nunca pierde de vista que se trata de la obra de Dios y que el Padre es la fuente última de toda su acción. Con razón, los demonios ya le gritaban correctamente: “Tú eres el Hijo de Dios” (4,41b). Sólo que no es a ellos a quienes les corresponde dar el testimonio, por eso los calla y les muestra que tienen que ceder completamente frente a él.

(2) Jesús es un misionero con una gran libertad de corazón: así como mostró que tenía un corazón libre en el momento en que le profirieron amenazas y presiones en la sinagoga de Nazareth (ver 4,30), muestra también que tiene un corazón libre frente a aquel pueblo que comprende su misión y lo acoge; y lo hace no apegándose a ellos cuando “trataban de retenerle” (4,42), diciéndoles “también a otras ciudades tengo que anunciar el evangelio” (4,43ª).

(3) Jesús es un misionero incansable, celoso de su misión: como misionero itinerante que es, anda continuamente en busca de la oveja perdida donde quiera que ésta se encuentre y por eso siempre está en movimiento. De manera programática, en este pasaje se le ve recorriendo el país entero (ver 4,44; para Lucas “Judea” no indica solamente la región que conocemos con este nombre sino todo el país). Jesús sabe que debe llegar a todos los rincones de la geografía humana, por ello ¡No se instala!

Un misionero de la misericordia

Pero el pasaje no se ocupa solamente en mostrarnos los espacios y las acciones externas de Jesús. También en el texto de hoy podemos ver rasgos distintivos del corazón misericordioso de Jesús. Este un aspecto que el evangelista Lucas ama destacar:

(1) Ante el hombre sometido por el demonio, hace el exorcismo con contundencia pero también con sumo cuidado, de manera que el demonio “salió de él sin hacerle ningún daño” (4,35).

(2) Ante la mujer enferma (la suegra de Simón), Jesús “se inclinó sobre ella” (4,39). ¡Qué gesto tan hermoso de aproximación ante quien está postrado!

(3) Ante la afluencia de público (la masa), Jesús no pierde de vista al individuo, sino que se aproxima a la realidad de cada uno: “Cada uno de ellos… los curaba” (4,40).

(4) Ante todo el cuadro de sufrimiento que le ponen delante, Jesús no siente repugnancia, no siente aversión, no toma distancia, sino que al contrario toma contacto físico, en una inmensa cercanía a la realidad humana: “Él ponía las manos sobre cada uno de ellos” (4,40).

Esta es la manera como Jesús “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10,38).

Repasemos ahora este pasaje, mirándonos en el espejo de Jesús. El discípulo está llamado a “ser como su maestro” (6,40b), por lo tanto a vivir a fondo la misión y trabajando por su eficacia. Pero para lograrlo tendrá que entrar en el camino formativo que comienza mañana.



Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Cómo nos describe Lucas una Jornada de Jesús? ¿En qué se parece a mis jornadas?

2. ¿Cómo seguidor/a de Cristo que soy, siento en mí la imperiosa necesidad de anunciar con las palabras y con los hechos a Jesús? ¿Cómo lo he hecho hasta ahora? ¿Cómo lo haré?

3. La entrada de Jesús en los diversos ámbitos de la vida del pueblo ha generado claras y profundas transformaciones. ¿Qué transformaciones ha generado la presencia de Jesús en mi familia, en mi grupo, en mi comunidad?

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 1 de Setiembre de 2010


SEMANA XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto 3, 1-9

Hermanos:
Yo no pude hablarles a ustedes como a hombres espirituales, sino como a hombres carnales, como a quienes todavía son niños en Cristo. Los alimenté con leche y no con alimento sólido, porque aún no podían tolerarlo, como tampoco ahora, ya que siguen siendo carnales. Los celos y discordias que hay entre ustedes, ¿no prueban acaso, que todavía son carnales y se comportan de una manera puramente humana?
Cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y el otro: «Yo de Apolo», ¿acaso no están procediendo como lo haría cualquier hombre?
Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo? Simples servidores, por medio de los cuales ustedes han creído, y cada uno de ellos lo es según lo que ha recibido del Señor. Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios. Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer. No hay ninguna diferencia entre el que planta y el que riega; sin embargo, cada uno recibirá su salario de acuerdo con el trabajo que haya realizado. Porque nosotros somos cooperadores de Dios, y ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 32, 12-15. 20-21

R. ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que Él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres. R.

Él mira desde su trono
a todos los habitantes de la tierra;
modela el corazón de cada uno
y conoce a fondo todas sus acciones. R.

Nuestra alma espera en el Señor;
Él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Nuestro corazón se regocija en Él:
nosotros confiamos en su santo Nombre. R.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 38-44

Al salir de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y ésta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y Él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. De muchos salían demonios gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero Él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero Él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Palabra del Señor.


LITURGIA DE LAS HORAS
TIEMPO ORDINARIO
MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXII
De la feria. Salterio II

1 de septiembre

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: NACIDOS DE LA LUZ, HIJOS DEL DÍA.

Nacidos de la luz, hijos del día,
Vamos hacia el Señor de la mañana.
Su claridad disipa nuestras sombras
y alegra y regocija nuestras almas.

Que nuestro Dios, el Padre de la gloria,
nos libre para siempre del pecado,
y podamos así gozar la herencia
que nos legó en su Hijo muy amado.

Honor y gloria a Dios, Padre celeste,
por medio de su Hijo Jesucristo,
y al Don de toda luz, el Santo Espíritu,
que vive por los siglos de los siglos. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Salmo 76 - RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL.

Alzo mi voz a Dios gritando,
Alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?

Y me digo: ¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, ¡oh Dios!, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, ¡oh Dios!,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el fragor de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Ant. 2. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Cántico: ALEGRIA DE LOS HUMILDES EN DIOS 1S 2,1-10

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.

No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quién pesa las acciones.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos no tienen ya que trabajar;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos se marchita.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó el orbe.

Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.

El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Ant. 3. El Señor reina, la tierra goza.

Salmo 96 - EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS DIOSES.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor reina, la tierra goza.

LECTURA BREVE Rm 8, 35. 37

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? En todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Bendigo al Señor en todo momento.

V. Su alabanza está siempre en mi boca.
R. En todo momento.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendigo al Señor en todo momento.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.

PRECES

Oremos a nuestro Señor Jesucristo, que prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, y digámosle confiados:

Escúchanos, Señor.

Quédate con nosotros, Señor, durante todo el día:
que la luz de tu gracia no conozca nunca el anochecer en nuestras vidas.

Que el trabajo de este día sea como una oblación sin defecto,
y que sea agradable a tus ojos.

Que en todas nuestras palabras y acciones seamos hoy luz del mundo
y sal de la tierra para cuantos nos traten.

Que la gracia del Espíritu Santo habite en nuestros corazones y resplandezca en nuestras obras
para que así permanezcamos en tu amor y en tu alabanza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Envía, Señor, a nuestros corazones la abundancia de tu luz, para que, avanzando siempre por el camino de tus mandatos, nos veamos libres de todo error. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: SEÑOR, TÚ ERES SANTO: YO ADORO, YO CREO.

Señor, tú eres santo: yo adoro, yo creo;
tu cielo es un libro de páginas bellas,
do en noches tranquilas mi símbolo leo,
que escribe tu mano con signos de estrellas.

En vano con sombras el caos se cierra:
tú miras al caos, la luz nace entonces;
tú mides las aguas que ciñen la tierra,
tú mides los siglos que muerden los bronces.

El mar a la tierra pregunta tu nombre,
la tierra a las aves que tienden su vuelo;
las aves lo ignoran; preguntan al hombre,
y el hombre lo ignora; pregúntanlo al cielo.

EI mar con sus ecos ha siglos que ensaya
formar ese nombre, y el mar no penetra
misterios tan hondos, muriendo en la playa,
sin que oigan los siglos o sílaba o letra.

Señor, tú eres santo: yo te amo, yo espero;
tus dulces bondades cautivan el alma;
mi pecho gastaron con diente de acero
los gustos del mundo, vacíos de calma.

Concede a mis penas la luz de bonanza,
la paz a mis noches, la paz a mis días;
tu amor a mi pecho, tu fe y tu esperanza,
que es bálsamo puro que al ánima envías. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro salvador.

Salmo 61 - DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro salvador.

Ant. 2. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

Salmo 66 - QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

Ant. 3. Todo fue creado por él y para él.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Todo fue creado por él y para él.

LECTURA BREVE 1Pe 5, 5b-7

Sed humildes unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os eleve. Descargad en él todas vuestras preocupaciones, porque él se interesa por vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

V. A las sombras de tus alas escóndenos.
R. Como las niñas de tus ojos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

PRECES

Aclamemos, hermanos, a Dios, nuestro salvador, que se complace en enriquecernos con sus dones, y digámosle con fe:

Muéstranos, Señor, tu amor y danos tu paz.

Dios eterno, mil años en tu presencia son como un ayer que pasó;
ayúdanos a recordar siempre que nuestra vida es como una hierba que se renueva por la mañana y se seca por la tarde.

Alimenta a tu pueblo con el maná para que no perezca de hambre
y dale el agua viva para que nunca más tenga sed.

Que tus fieles busquen y saboreen los bienes de arriba
y te glorifiquen también con su descanso.

Concede, Señor, buen tiempo a las cosechas,
para que la tierra de fruto abundante.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Que los difuntos puedan contemplar tu faz
y que nosotros tengamos un día parte en su felicidad.

Confiemos nuestras súplicas a Dios nuestro Padre, terminando nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, tu nombre es santo y tu misericordia llega a tus fieles de generación en generación; atiende, pues, las súplicas de tu pueblo y haz que pueda cantar eternamente tus alabanzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Salmo 30 - SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;

ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.

En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

Salmo 129 - DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

LECTURA BREVE Ef 4,26-27

No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que eres manso y humilde de corazón ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado: que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

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El Archivo Jesuita conserva las primeras cartas escritas por San Ignacio de Loyola

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lunes, 30 de agosto de 2010

La Sombra Siniestra del Suicidio se Cierne sobre los Amigos y la Familia


Por Ron Rolheiser (Traduccuón Carmelo Astiz, cmf))
Publicado por Ciudad Redonda

Cada año escribo una columna sobre el suicidio. No es que sea mi tema favorito, pero lo hago porque en el foro público hay una producción demasiado escasa que trate este tema doloroso. El suicidio permanece como uno de los grandes temas que no deben mencionarse; y la gente que pierde a seres queridos a causa del suicidio busca, generalmente en vano, cualquier cosa que pueda proporcionarle comprensión y consuelo.
Este año, más que en años anteriores, estoy lidiando conmigo mismo para escribir esta columna, porque últimamente unos cuantos lectores me han escrito aconsejándome que mis escritos proyecten luz sobre el tema, ya que estoy ofreciendo un consuelo falso y peligroso y, peor todavía, que mis escritos (al suavizar el tabú que ve el suicidio como una desesperación final) contribuyen a aumentar el número de suicidios.
Al suavizar este tabú -me sugieren-, usted da permiso a la gente para eliminar su vida. Dios perdona, ¿entonces, por qué no? También, los católicos romanos citan con frecuencia el Catecismo de la Iglesia Católica para defender su crítica.
A pesar de todo esto, es necesario todavía tratar la cuestión: El hecho terriblemente cruel es que, sólo en los Estados Unidos, se dan tres o cuatro suicidios por hora, más de noventa al día, sobrepasan los 33,000 al año; y cada una de esas muertes afecta profundamente a mucha gente.
En el fondo, todo el mundo queda afectado. Nadie va por la vida sin sentirse tocado, asustado e irrevocablemente transformado por el suicidio de otro ser humano.
En medio de todo esto, se da generalmente un tranquilo estoicismo. ¡Silencio, no hablemos de eso! Pero, oculta bajo el estoicismo, se asienta una amarga ambivalencia: se descuelgan fotografías, se borran memorias, y nosotros lidiamos con una culpabilidad no resuelta, luchamos con la vergüenza, con el miedo por la salvación del suicida y, en gran parte, con un cierto mal-estar sobre la vida misma. Si puede pasar esto, ¿de qué nos podemos fiar?
¿Qué hay que decir sobre el suicidio, aparte de lo que intenté decir en mis escritos anteriores?
En primer lugar, que el miedo que expresan mis críticos tiene que tomarse en serio: El suicidio es algo realmente terrible. El tabú radical con que la sociedad y las iglesias han rodeado al suicidio -lo mismo que el tabú que rodea al incesto- alguna justa razón tendrá para estar ahí… El suicidio es un acto terrible del que no hay retorno. Destruye, y de modo permanente, mucho más que la vida sola de quien comete ese acto. Quizás nunca podamos arrojar luz suficiente sobre el suicidio. Por eso se ha atrincherado en este terrible tabú.
Pero este tabú se toma como un aviso antes del hecho del mismo suicidio. Hay que decir algo también sobre qué ocurre después del hecho. Cuando uno toma su propia vida por su mano, los que quedan en este mundo se esfuerzan, hasta literalmente, por respirar oxígeno humano y teológico. Es necesario decir algo a “los-que-quedan” en este mundo.
Con mis escritos sobre el suicidio intento dirigirme a “los-que-quedan-aquí”, y no para que mis páginas sirvan como un instrumento de orientación para alguien clínicamente deprimido. Además, creo que nada de lo que hasta ahora he dicho sobre el suicidio vaya contra la enseñanza contenida en el Catecismo de la Iglesia Católica. Lo que enseña irradia de hecho profunda compasión y comprensión: El Catecismo destaca la gravedad del asunto, afirma claramente que el suicidio es un acto que va contra todo lo que Dios designó para la vida humana; sigue afirmando que la responsabilidad del acto puede quedar radicalmente reducida por el estado sicológico del suicida; y entonces nos invita a confiar en la comprensión y compasión de Dios. Por otra parte, la Iglesia en su práctica pastoral, prácticamente sin excepciones, refleja lo que yo he escrito.


COMPASIÓN DE UN SACERDOTE, el P. Miguel Schatz

Recuerdo siempre aquel tiempo en que la práctica de la Iglesia no era así. Cuando yo era adolescente, uno de nuestros vecinos se suicidó. En aquel tiempo todavía formulábamos una pregunta penosa en torno al suicidio: ¿Habríamos de ofrecer a ese hombre los ritos y oraciones finales de la Iglesia, y permitir que se le enterrara en cementerio eclesiástico?
Nuestro párroco, el P. Miguel Schatz, un hombre tranquilo, modesto, amable, sin pretensiones, religioso Oblato de María Inmaculada, rápidamente eliminó toda duda e hizo lo que hubiera hecho Jesús: Mostró a aquel hombre herido y a su afligida familia la plena compasión de Dios, de la Iglesia y de la comunidad. Si yo soy ahora sacerdote, lo debo mucho más a esta experiencia que a cualquier otra razón. La respuesta del P. Miguel me ayudó a entender el corazón de Dios y lo que debería ser la compasión humana y eclesial.
Al fin, todo se reduce a la cuestión de Dios: Dios es perfecto amor, compasión y comprensión. Si Dios es infinita misericordia y puede, como nos enseña nuestra fe cristiana, descender al mismo infierno, entonces es una afrenta a la naturaleza de Dios y una afrenta a nuestra propia fe creer que tal Dios hubiera de aislar de la vida a alguien, durante toda la eternidad, porque esa persona era frágil, estaba tan herida, tan magullada, era tan hipersensible o quizás simplemente tan desequilibrada bioquímicamente, que, en un momento de depresión o de pánico, decidió acabar con su vida. En el hondón de nuestro corazón, todos aceptamos eso. Necesitamos, pues, proclamarlo bien alto.
Estamos en manos seguras -en las de Dios-, manos mucho más amables que las propias nuestras. Podemos fiarnos de Dios, y en ningún otro lugar o en ningún otro momento es esto más conmovedor que en el hecho del suicidio.

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¿Tuvo Jesús discípulas mujeres?


Alejadas de los problemas sociales, excluidas de la vida pública, las mujeres eran grandes perdedoras en la sociedad judía de los tiempos de Jesús. Por eso no deja de sorprender la osadía del Maestro, que contaba con algunas en el grupo itinerante de sus discípulos.


Que Jesús tuvo discípulos varones es algo que ningún estudioso ha negado nunca. Sabemos que durante su vida pública se rodeó de un grupo de hombres que lo seguían a todas partes. Pero ¿tuvo también discípulas mujeres? De ser así, habría constituido un fenómeno sorprendente y escandaloso, ya que entre los judíos del siglo I estaba mal visto que un maestro enseñara la Biblia a mujeres y que, además, se dejara acompañar por ellas.
Si leemos el primer evangelio que se escribió, el de san Marcos, veremos que Jesús sólo aparece rodeado de varones, nunca de mujeres. Pero el final del evangelio nos depara una sorpresa. Cuando Jesús se halla clavado en la cruz, después de morir, Marcos dice que “había allí unas mujeres, mirando desde lejos: María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé. Ellas seguían a Jesús y lo servían cuando estaba en Galilea. Y había también muchas otras, que habían subido con él a Jerusalén” (Mc 15, 40-41).

¿Quiénes son estas mujeres? Marcos da el nombre de algunas de ellas, las más conocidas en su ambiente, y nos señala tres características.

La primera es que “seguían” a Jesús. El verbo “seguir” es un verbo especial, que los evangelios suelen reservar para los discípulos de Jesús. Por ejemplo, cuando Jesús llamó a Pedro y Andrés, que estaban pescando, ellos dejaron las redes y “lo siguieron” (Mc 1, 18). Cuando llamó a Santiago y a Juan, también dejaron a su padre y “lo siguieron” (Mt 4, 22). Cuando invitó a Leví, sólo le dijo “sígueme” y él “lo siguió” (Mc 2, 14). Y al hombre rico lo llamó, diciendo: “Sígueme” (Mc 10, 21).

Es que, según Marcos, una de las condiciones que Jesús había puesto a sus discípulos era que “lo siguieran” (Mc 8, 34). Se trataba de algo tan fundamental y la idea estaba tan arraigada en los Doce, que una vez se cuenta que el apóstol Juan encontró por el camino a un hombre muy bueno, creyente, que hasta realizaba milagros, pero no fue considerado discípulo porque “no seguía” a Jesús (Mc 9, 38). Y cuando aquellos Doce quisieron recordarle a Jesús que eran verdaderos discípulos, le dijeron: “Nosotros te hemos seguido” (Mc 10, 28).

CON LA ESCUELA A CUESTAS

Pero no era un seguimiento simbólico, como cuando decimos “yo sigo a tal autor” para decir simplemente que somos adeptos a sus ideas. No. Jesús pedía el seguimiento físico, literal, por los lugares y pueblos que él recorría predicando y curando enfermos. Esa era la principal diferencia con los demás maestros y rabinos de su época. Éstos reunían a sus discípulos en un edificio o centro de estudio, donde les enseñaban la Ley, y después los mandaban de vuelta a sus casas. Además, el plan de estudios que les ofrecían duraba una cantidad fija de años. En cambio, Jesús había inventado algo novedoso. No los convocaba a ninguna escuela ni les ofrecía un curso fijo: los invitaba a experimentar en su propia vida la Buena Noticia que él predicaba. Y para eso los llevaba a todas partes para que vieran cómo aparecía el Reino de Dios entre la gente.

Ahora bien, si Marcos nos dice que aquellas mujeres que estaban al pie de la cruz “seguían a Jesús”, es porque formaban parte del grupo itinerante de sus discípulos.

NO SÓLO LAVAR LOS PLATOS

Lo segundo que el evangelista dice de ellas es que “servían” a Jesús cuando estaba en Galilea. Pero ¿qué clase de servicio prestaban en el grupo? Normalmente, se piensa que hacían trabajos “de mujeres”, es decir, cocinar, servir la mesa, lavar los platos, coser la ropa. Un grupo itinerante, como el de Jesús, necesitaría de alguien que se ocupara de estos menesteres.

Y bien podían haber sido ésas la tarea de ellas. Pero vemos que muchas de estas funciones las cumplían los varones. Así, los discípulos aparecen sirviendo la comida (Mc 6, 41), recogiendo las sobras (Jn 6, 12), comprando alimentos (Jn 4, 8). En el evangelio de Marcos, la palabra “servir” no significa hacer tareas domésticas, sino anunciar el Evangelio. Al hablar de su misión en este mundo, Jesús dijo que no vino “a ser servido, sino a servir y a dar su vida” (Mc 10, 48). O sea, servir, en lenguaje evangélico, significa dar la vida por los hermanos, pero cumpliendo una misión evangelizadora. Ésa, dice Jesús, es la misión de todo discípulo (Lc 12, 35-48; 17, 7-10). Incluso la perfección cristiana se obtiene con el servicio (Mt 25, 44).

En otras palabras, si estas mujeres “servían” a Jesús es porque de alguna manera predicaban el Evangelio, sanaban enfermos, expulsaban demonios y realizaban las mismas funciones de los demás discípulos, no porque cumplían tareas de cocina y limpieza.

Por último, Marcos dice que ellas “habían subido con Jesús a Jerusalén”. Es decir, no eran mujeres locales que al enterarse de su muerte se habían reunido espontáneamente a contemplar el macabro espectáculo, sino mujeres de Galilea que habían viajado con Jesús y sus discípulos a Jerusalén para celebrar la fiesta de Pascua. Habían hecho, pues, el largo viaje relatado en Mc 10, 1 - 11, 11.

OTROS NOMBRES PERO LA MISMA FUNCIÓN

Si Jesús tuvo durante su vida pública, además de los Doce, un grupo de mujeres que lo acompañaban en sus viajes y en su misión, ¿por qué Marcos guardó silencio sobre ellas durante todo su evangelio y sólo al final las menciona? Posiblemente, porque su presencia en el grupo de Jesús era un dato escandaloso para los lectores. Por eso prefirió no nombrarlas. Pero el hecho de que ellas hubieran estado presentes durante su muerte, e incluso durante su resurrección, era tan conocido que Marcos ya no pudo callarlo.

Pero Marcos no es el único evangelista que las menciona. También Mateo, al relatar la muerte de Jesús, agrega: “Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo” (Mt 27, 55-56).

Mateo, al igual que Marcos, da el nombre de tres de ellas. Sólo cambia el de la tercera mujer. Mientras Marcos cita a Salomé, Mateo habla de la madre de los hijos de Zebedeo (es decir, la madre de Santiago y Juan). Posiblemente, Mateo lo hace porque no sabía quién era Salomé. En cambio, sabía que la madre de los Zebedeo estuvo siguiendo a Jesús durante su vida; de hecho, la menciona en una escena (Mt 20, 20). De todos modos, lo que nos dice de ellas es lo mismo que Marcos: que seguían al Señor, y que le servían.

AUNQUE PERJUDICABA A SU MARIDO

También Lucas menciona a las mujeres discípulas al final de la vida de Jesús (Lc 23, 49; 23, 55). Pero este autor nos depara una sorpresa, pues hizo algo que ningún otro evangelista se animó a hacer: las menciona como acompañantes de Jesús “durante” su vida pública.

En efecto, en cierta ocasión en que Jesús iba de viaje por Galilea, dice Lucas: “Recorría las ciudades y pueblos, proclamando y anunciando el Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana, y muchas otras que lo servían con sus bienes” (Lc 8, 1-3).

Notemos cómo el evangelista coloca tanto a los Doce como a las mujeres en un mismo nivel, puesto que une a los dos grupos con la conjunción “y”, que sirve para igualarlos. Nos dice además que eran mujeres de buena posición económica, puesto que ayudaban material y económicamente el movimiento de Jesús con su propio dinero.

Pero sobre todo resulta interesante ver los nombres que aparecen en la lista, especialmente el de una tal Juana. De ella se nos explica que estaba casada con Cusa. Ahora bien, éste era nada menos que el administrador de Herodes Antipas, gobernador de Galilea, con quien Jesús se llevaba tan mal. La tensión entre ambos se debía a que Antipas había hecho degollar a Juan el Bautista, por considerarlo su enemigo.

¿Qué habrá dicho ahora Antipas al enterarse de que la esposa de su gerente general andaba deambulando atrás de Jesús, un Maestro revolucionario radical y, para colmo, ex discípulo de Juan el Bautista? Para empeorar las cosas, en cierta ocasión Jesús mismo criticó públicamente a Antipas, llamándolo “zorro”, por su temperamento pérfido y codicioso (Lc 13, 31-32). Todo esto, ¿habrá hecho peligrar la situación laboral de Cusa? ¿Se habrá enojado el gobernador con él y lo habrá expulsado de su trabajo? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que Juana, a pesar de que su seguimiento a Jesús ponía en riesgo la carrera de su marido, nunca abandonó al Maestro y lo siguió hasta el final (Lc 24, 10).

LAS LECCIONES FEMENINAS

El hecho de que los evangelios mencionen nada menos que en cinco oportunidades a un grupo de mujeres que seguían a Jesús es, sin duda, un indicio de que estamos ante un valioso testimonio histórico. Pero falta responder a unas preguntas: ¿estas mujeres escuchaban también las enseñanzas privadas de Jesús, o no? ¿Estaban, también en ese sentido, al mismo nivel que los discípulos varones?

La cuestión es importante porque en tiempos de Jesús los judíos no permitían que las mujeres estudiaran la Palabra de Dios. Se pensaba que ellas estaban en condiciones intelectuales inferiores y que era peligroso enseñarles algo tan sagrado por los errores que podían sacar de las Escrituras. Sabemos, por ejemplo, que los rabinos decían: “Es preferible quemar el Libro de la Ley, antes que enseñarle a una mujer”. Otro maestro judío, Rabí Eliezer, en el siglo I d.C. comentaba: “Quien le enseña a su hija la Ley, le enseña obscenidades”. También decían los rabinos: “Todos los males que existen en el mundo entran por el tiempo que los hombres pierden hablando con las mujeres”. Frente a este clima adverso hacia la enseñanza de las mujeres, ¿cómo actuó Jesús?

Los evangelios no nos dicen nada. Sin embargo, cuando ellas van a su tumba la mañana de Pascua y la encuentran vacía, cuenta san Lucas que se les aparecen dos ángeles y les dicen: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden cómo les habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo: ‘Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite’”. Y Lucas continúa: “Ellas entonces recordaron sus palabras” (Lc 24, 5-8). En este pasaje se repite dos veces la palabra “recordar”. O sea que, según Lucas, las mujeres habían escuchado las enseñanzas privadas que Jesús impartió en Galilea sobre los últimos acontecimientos de su vida y que en los evangelios aparecen como transmitidas sólo a los varones (Lc 9, 18-27). Igualmente Marcos (16, 6-7) da a entender que ellas participaron de esas enseñanzas.

UNA OSADÍA ESCANDALOSA

Durante su vida, Jesús conformó un nuevo tipo de discipulado itinerante. Pero su actitud más innovadora y audaz fue la de haber admitido en ese grupo a mujeres que viajaban con él, compartiendo esas instrucciones.

En su época, a las mujeres no se les permitían semejantes libertades. No era bien visto que tuvieran trato directo con hombres que no fueran sus propios familiares (Jn 4, 27). Y, cuando asistían al templo con motivo de una fiesta religiosa, no podían ingresar en el patio donde estaban los hombres, debiendo permanecer en un claustro exclusivo. Asimismo, cuando iban a rezar a las sinagogas, permanecían separadas de los varones.

Alejadas de los problemas sociales, excluidas de la vida pública, apartadas de los debates religiosos, sin competencia en cuestiones políticas, eran las grandes perdedoras en la sociedad judía de los tiempos de Jesús. Su función se reducía al cuidado de la casa y de los hijos. Por eso no deja de sorprender la osadía del Maestro de Nazaret.

LA APTITUD DEL CORAZÓN

Ya de por sí la gente criticaba a Jesús diciendo que era un comilón y un borracho, amigo de pecadores (Mt 11, 19) y de prostitutas (Lc 7, 39); lo tildaba de loco (Mc 3, 20-21) y endemoniado (Jn 8, 48). Pero verlo además acompañado de un séquito de mujeres sin maridos, algunas de las cuales eran antiguas endemoniadas, que lo sostenían económicamente y que viajaban con él por las zonas rurales de Galilea, escuchando y aprendiendo sus enseñanzas, debió ser algo escandaloso y, sin duda, debió de haber aumentado la desconfianza hacia su persona. La gente seguramente se preguntaría cómo era posible que un maestro afamado como él admitiera a personas que la tradición judía consideraba no capacitadas para el estudio y el servicio religioso. Pero la respuesta de Jesús, al aceptarlas en su grupo, fue que toda persona es apta para el servicio de Dios.

En las manos de Jesús, en el grupo de Jesús, en la escuela de Jesús, todos somos valiosos e importantes. Más aún, todos somos necesarios. De aquellas mujeres, a quienes la sociedad de su época no consideraba, Jesús supo sacar enormes riquezas y descubrir un potencial impresionante. Porque nuestro valor como personas no depende de la aceptación de los demás, ni de que los otros nos reconozcan o aprueben. Depende del llamado de Jesús a cada uno. Eso es lo que vuelve a alguien extraordinariamente importante. Y él sigue hoy llamándonos a hacer cosas grandiosas. A todos. Basta con escucharlo y preguntarle: ¿a dónde nos quieres llevar?
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Ariel Álvarez Valdés. Doctor en Teología Bíblica, Santiago del Estero, Argentina. Artículo publicado en revista Mensaje, www.mensaje.cl

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Recuperación 7. Un camino de voluntarios (con ocasión del Año Sacerdotal)


Publicado por El Blog de X. Pikaza

Debemos pasar con toda urgencia del ministerio-honor, entendido en clave ontológica, sacral y jerárquica (como valioso en sí, con independencia de la comunidad), al ministerio-servicio, que sólo se muestra cristiano al hallarse integrado en una comunidad, de la que depende y a la que sirve, en gesto de animación (ministros que surgen de la comunidad) o creación (ministros-misioneros que crean comunidades nuevas).

A partir de una visión más pagana (platónica) que cristiana, cierta iglesia ha desarrollado una visión ontológica y jerárquica del ministerio-honor (válido en sí mismo, independiente de la comunidad) y lo ha vinculado a la primera burocracia de occidente, creando así uno de los mejores sistemas de organización sacral del mundo (con mística de fondo cristiana y orden social romano).

Pero el tiempo de esa burocracia y ese orden ha pasado, no sólo por razón externa (ha triunfado y se ha impuesto el sistema, con su burocracia total), sino también y sobre todo por una causa interna: la visión ontológica de los ministerios (como algo absoluto, vinculado a la persona en sí) ha pasado, de manera que los cristianos deben llamar y nombras a su ministros desde el don de Dios, para servicio comunitario como he venido indicando en los posts anteriores.

En esta línea propongo unas reflexiones para este “año sacerdotal”, muy necesitado de aliento. No se trata de recrear sin más el tipo de sacerdotes actuales (sin duda, beneméritos), sino de crear nuevos tipos de ministerios al servicio del evangelio.

Presento estas reflexiones siguiendo un libro mío que no cito (no quiero aquí propaganda), pero respondiendo a las preguntas básicas que me han venido planteando los comentaristas del blog. Gracias a todos los que tienen nombre y apellido. A los puros entes virtuales, que no dicen qué son, ni dan nombre, no puedo responderles. No sé si existen. Buen domingo.

1. Lo primero es Crear comunidad: amor mutuo.

El ministro cristiano está al servicio del amor comunitario. No tiene finalidad administrativa ni poder social. No vale por sí mismo, como si tuviera un poder u honor distinto al de otros fieles, sino en cuanto se vuelve signo de trasparencia comunitaria y promueve (suscita, celebra) el amor en la iglesia. Tan pronto como se eleva y destaca a sí mismo, como persona valiosa y no aparece como signo de envío y amor comunitario pierde sentido cristiano. Este es su grandeza: un ministro eclesial sólo tiene autoridad en la medida en que su autoridad individual desaparece, apareciendo como mediador del "nosotros" de la comunidad, es decir, el amor mutuo de todos los creyentes, en Cristo.

Por eso es normal que pertenezca a la comunidad, siendo elegido por ella, por un tiempo o para siempre. Es secundario que sea mujer o varón, soltero o casado: lo que importa es que sea persona de transparencia eclesial. Quizá no es bueno que sepa hacer todo, pues podría impedir el despliegue de aquellos carismas eclesiales, de que hablaba 1Cor 12-14; pero debe ser persona de amor y concordia. Dentro de nuestra tradición es normal que el ministro más significativo de la comunidad sea presbítero u obispo, pero sin que asuma demasiadas funciones, pues la misma iglesia es la que debe recorrer su camino de amor comunitario.

2. Lo segundo es animar la oración: signo contemplativo.

El ministro (mujer o varón) ha de ser al mismo tiempo un animador de fe y experiencia contemplativa. El hecho de que sea varón o mujer, célibe o casado, temporal o para siempre resulta secundario: lo que importa es que sea referencia orante. La situación actual en que un obispo o presbítero sigue siéndole por siempre, pase lo que pase (como un conde o marqués), de manera que los fieles de la comunidad han de "soportarle" me parece no sólo contrario al evangelio, sino a la racionalidad normal. Puede llegar un caso en que no sea el ministros para la comunidad, sino la comunidad para el ministro. Algunos tienen la impresión de que la iglesia la forman una serie de jerarcas (obispos, presbíteros) a los que se debe "colocar" (encontrar un lugar donde ejerzan), pues no se les puede "quitar" su ministerio.

En contra de eso, quiero insistir en lo ya dicho: el ministro cristiano ha de ser un hombre de fe y experiencia de evangelio; pero, al mismo tiempo, siendo elegido por la comunidad y hablando desde su propia experiencia creyente, ha de presentarse como portavoz de una llamada y una gracia que le desborda, tanto a él como al conjunto de la comunidad. Ha de ser hombre o mujer de oración, alguien que ofrece su ejemplo de oración, acompañando a los demás en la plegaria. Debe estar al servicio de la comunidad, pero sin imponerse sobre ella, sin tener su ministerio como un "orden" valioso en sí mismo, sino como un servicio que se emplea mientras sea necesario o conveniente, y que luego cesa.

Estos dos rasgos (amor mutuo y oración) resultan inseparables y no se aprenden o adquieren con estudio en los actuales seminarios, sino en la escuela de Jesús y en la vida concreta de las comunidades cristianas, en contacto con los excluidos del sistema. Hasta ahora, el ministerio ha parecido una carrera y profesión, un modo de vida, lleno de honor, vinculado a un reconocimiento social externo (de carácter sacral más que evangélico) y a una estabilidad económica. Pues bien, ha llegado el momento de abandonar esa visión del ministerio como carrera y su vinculación con una forma de estabilidad económica... (conseguida con otros trabajos o funciones), para que el ministerio cristiano en cuanto tal pueda ser gratuito..

3. No hay carrera eclesiástica.

El modelo de honores y ascensos religiosos pertenece al sistema sacral, va contra el evangelio. Todo intento de presentar los "órdenes" eclesiásticos (desde diácono y presbítero al obispo o papa) como grados de un orden ascendente es anticristiano, como las partes anteriores de este libro han indicado. Todo los signos de distinción y jerarquía cristiana (por colores y vestidos, nombramientos y retribuciones, dignidades y cargos, con o sin separación de mujeres o varones) es sencillamente equivocado.

Sin duda, se puede justificar con razones ontológicas pertinentes, en la línea del mejor platonismo o de la tradición sacral del judaísmo de la comunidad del templo. Pero cuanto más y mejor se justifique más anticristiano resulta el argumento. El evangelio no es una buena filosofía, ni un orden sacral, en línea de sistema religioso, sino revelación de la gracia de Dios, que libera al ser humano de las leyes y honores del mundo, para conducirle al espacio de la plena libertad y el amor mutuo, abierto a los excluidos del sistema.

4. Autonomía económica de los ministros.
La distinción de sistema y libertad cristiana nos permite trazar unas consecuencias fundamentales en el campo de los ministerios. Conforme a la visión de Pastorales, los servidores de la iglesia han de tener en principio autonomía económica, en plano de sistema: casa (espacio familiar), independencia. No van a buscar a la iglesia un trabajo, ni dependen económicamente de ella (aunque después ella les puede ofrecer una retribución). Solo así pueden "dejarlo todo", poniéndose al servicio del evangelio, para acoger a los que nada tienen, a los excluidos del sistema. La iglesia en cuanto tal debe regalar sus posesiones a los pobres (cf. Mc 10, 21), como institución sin métodos ni fines económicos, a nivel de gratuidad.

Los bienes pertenecen al sistema (al César) y a ese plano se mantienen. La iglesia en cuanto tal no puede poseerlos (en ella todo es común), pero pueden poseerlos las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), vinculadas a ella, como vimos ya en la primera parte de este libro. En esa misma línea, hablábamos de OE, organización eclesiales que no son iglesia en sí, pero derivan de ella y se insertan en el mundo del mercado y leyes de este mundo. En ese aspecto quiero destacar que, en cuanto tal, el ministro de la iglesia no debe actuar como dueño de unos bienes. Es claro que puede recibir gratuitamente ayuda, si gratuitamente ofrece su palabra y evangelio; pero esa situación no se puede legalizar, ni el ministro puede "exigir", ni la iglesia "está obligada" a dar, porque es relación de estricta gratuidad.

Por eso, es normal que el ministro posea autonomía en línea de sistema: tenga su trabajo (con independencia económica y afectiva), de manera que "sirva" a la iglesia libremente, sin buscar ganancia ni temer pérdida alguna (no mantiene el servicio eclesial por causa de dinero). Resulta anti-evangélico (aunque humanamente comprensible) el caso de aquellos "eclesiásticos" que mantienen su función y ministerio por economía, porque la parroquia o diócesis les paga y no sabrían que hacer si lo dejaran. Es también anti-evangélico (y cristianamente incomprensible) el caso de aquellos que mantienen su función por honor, por el prestigio social que les ofrece el "sacerdocio".

5. Gratuidad evangélica.

La nueva situación del sistema, que puede ofrecer autonomía económica a gran parte de la población, me parece muy positiva para la iglesia, pues permite separar el ministerio cristiano de toda carrera de honores y ventajas económicas. La vieja situación en que los cardenales eran príncipes de la iglesia, los nuncios embajadores, los obispos señores de su territorio y los párrocos autoridad del pueblo ha pasado ya o debe pasar. Los ministros de la iglesia han de ser lo que siempre debían haber sido: simple creyentes.

Normalmente, deben resolver su situación laboral en el sistema, como los demás ciudadanos, sin ventaja alguna, pero en un segundo momento se pueden "liberar" para el evangelio, si escuchan la voz de Jesús (como apóstoles) o reciben la llamada de la comunidad (ministros). Han de hacerlo libremente, en gratuidad, al servicio del amor comunitario, sin buscar ni recibir por ello honores ni salarios especiales. El amor no se paga, el servicio de iglesia no se vende. Voluntarios del amor han de ser los ministros eclesiales en una sociedad (sistema) que tiende a organizarlo todo en perspectiva económica.

En ese contexto hemos dicho que los ministros de la iglesia son señal contemplativa: expresión de la gracia original del Cristo. No sirven para nada especial en el sistema, pues lo que ofrecen y celebran pertenece al mundo de la vida de Dios sobre el sistema. Ellos son, al mismo tiempo, delegados de la iglesia. Una comunidad que no puede elegir a sus ministros y ordenar la comunión fraterna no es iglesia, sino sucursal o delegación de un sistema sagrado, como actualmente sucede en muchas comunidades cristianas, que viven en estado de dictadura religiosa . Esta situación no puede durar. Ha llegado el momento de que las comunidades sean autónomas, capaces de buscar y recorrer su vía cristiana: es tiempo bueno para que un tipo de jerarquía "dimita", dejando su autoridad en manos de las mismas comunidades, de manera que ellas asuman su responsabilidad e inicien un camino de búsqueda compartida .

Con su gesto profético en el templo, Jesús pidió a los sacerdotes de Jerusalén que se disolvieran, que abandonaran su poder sacral, volviéndose hermanos de sus hermanos, en camino compartido de búsqueda evangélica. Ellos se opusieron, le mataron. Los jerarcas de la iglesia actual han de responder de otra manera, en diálogo con sus comunidades. Los modos variarán de iglesia a iglesia, de comunidad a comunidad. Pero es hora de iniciar un camino compartido, donde los actuales asuman con gozo y dignidad el cambio, para que el proceso fluya sin traumas inútiles.

Es triste que muchos ciudadanos sean más libres y responsables en política o mercado que en la iglesia, que es lugar de Palabra compartida (cf. Jn 1, 1), pues en ella sólo hablan los jerarcas, que resuelven desde arriba los temas referentes a la fraternidad cristiana (en plano moral y doctrinal, jurídico y litúrgico), como si tuvieran una autoridad secreta, que les separa de los fieles, que son como huéspedes en casa ajena.

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